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El Mercado de Liniers es lo más parecido al campo que queda en Buenos Aires. Minutos antes de las ocho de la mañana, cada martes, miércoles y viernes, cerca de 7.500 cabezas de ganado bovino están separadas por corrales en las 34 hectáreas de este predio situado en el sur de la ciudad. Los compradores esperan que suene la campana de la subasta para comenzar a pujar por los animales que les interesan. Quedan pocas semanas para un ritual que se ha repetido durante 121 años: el mayor mercado de comercialización de ganado de Sudamérica será trasladado en abril a Cañuelas, a 70 kilómetros de la capital.

En 1901, cuando el mercado se inauguró, la hacienda llegaba hasta allá arreada por reseros a través de caminos y campos. Poco después, la construcción de una estación de tren en el interior del predio permitió que se comercializase también el ganado de productores mucho más distantes. La actividad atrajo a cientos de trabajadores, que se instalaron en los alrededores y fundaron un nuevo barrio de Buenos Aires. Se lo bautizó como Nueva Chicago por la ciudad estadounidense, que en ese momento era el centro de la industria cárnica de Norteamérica y a la que se pretendía emular.

Más de un siglo después, la ciudad rodea al Mercado y las sucesivas normativas han prohibido o expulsado a la periferia muchos de los negocios que florecieron en sus primeras décadas de funcionamiento, como mataderos, saladeros, triperías, curtiembres y hervideros de sangre vacuna. El ganado ya no llega en tren, sino en camiones, que ingresan a lo largo de la madrugada y se retiran a partir de las diez de la mañana, cuando la hacienda recién adquirida sale camino a los frigoríficos donde será faenada.

“Vamos para allá, al fondo, que ahora comienza un remate”, dice Eduardo Crouzel, gerente del Centro de consignatarios del Mercado de Liniers, durante una recorrida con EL PAÍS. La mayor parte del predio está al descubierto y se embarra en los días de lluvia, a diferencia del que se ha construido en Cañuelas, todo techado. Se avanza a través de pasarelas elevadas —las primeras de madera, las demás de metal— desde las que se puede ver el ganado bovino a la venta. Cuando está por terminar una subasta, comienza otra. En dos horas todos los animales tienen nuevo dueño. Medio siglo atrás, el volumen de cabezas era casi el triple.

Los consignatarios actúan como intermediarios entre los productores agropecuarios y los frigoríficos. Son garantes de pago y se quedan una comisión del 3% por la venta, pero a menudo actúan también como prestamistas para los dueños de la hacienda debido a las dificultades para obtener un crédito en Argentina. “Acá se acuerda de palabra, se basa en la confianza”, cuenta Crouzel, tercera generación de consignatarios del Mercado. “A veces el productor pide fondos para comprar un campo o que se le adelante dinero”, continúa.

En el Mercado de Liniers operan 45 casas consignatarias. Sus representantes madrugan para pesar el ganado y clasificarlo en distintos lotes. A partir de las ocho de la mañana, avanzan sobre un carrito motorizado o a caballo por los pasillos que hay entre los corrales para ir rematando cada lote. Desde las pasarelas, los compradores pujan. Se lo lleva quien ofrece más.

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Las estrellas son los novillitos livianos y las vaquillonas, animales jóvenes, de menos de dos años. Esta semana rondaron los 300 pesos (2,6 dólares al precio oficial) por kilo los primeros y 295 (2,5 dólares) las segundas. En promedio pesan 320 kilos los machos y poco menos de 300 las hembras.

Su carne, muy tierna, es la más demandada por los clientes argentinos, que comparten el podio de los más carnívoros del mundo con los uruguayos: cada año devoran 48 kilos de carne vacuna per cápita, frente a los 5,4 kilos consumidos en España. En las carnicerías de Buenos Aires, un kilo de asado, uno de los cortes más comunes para echar a la parrilla los fines de semana, ronda los 1.000 pesos (unos nueve dólares).

En el otro extremo están los corrales que albergan a vacas flacas—”cuando se les empiezan a caer los dientes no pueden comer”, detalla Crouzel— cuyo destino final será China, el mayor importador de carne argentina. Del 20% de la producción que exporta el país suramericano, más del 70% va a ese mercado asiático. La mayoría de esa carne, más dura, no se venderá en la carnicería sino que irá a la industria cárnica para ser transformada en salchichas, hamburguesas y otros productos ultraprocesados.

“La importancia de este mercado es que aporta transparencia a la cadena y actúa como fijador de precios”, destaca Crouzel. Hay muchos otros canales de venta —como la venta directa entre productores y frigoríficos o las ferias que se organizan en localidades ganaderas— pero el precio que se toma como referencia para las operaciones es el de Liniers. Por ejemplo, la carne que llega a las mesas europeas a través de la cuota Hilton, de gran calidad, no pasa por el mercado.

Reseros arrean al ganado en el interior del Mercado de Liniers.
Reseros arrean al ganado en el interior del Mercado de Liniers.Enrique García Medina

Más vacas que habitantes

Argentina tiene 45,3 millones de habitantes y cerca de 53,5 millones de cabezas de ganado bovino, según el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca. La provincia con mayor stock ganadero es Buenos Aires, que concentra casi el 35% del total, seguido de Santa Fe (11%) y Córdoba (9%). La enorme extensión de las fértiles llanuras pampeanas —en el centro del país— permitió durante décadas la alimentación a pasto de las vacas argentinas, pero la mayor rentabilidad de la agricultura desde el boom de la soja en los años noventa, hizo crecer el negocio del engorde en corral y desplazó la ganadería tradicional hacia tierras menos productivas. En la actualidad, más del 80% de la producción es en feedlot.

“A los porteños [habitantes de Buenos Aires] les gusta más la carne de feedlot”, dice, no sin sorna, el productor Guillermo Urruti, pro tesorero de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap), que agrupa a cientos de ruralistas de estas dos provincias. Urruti tiene sus campos en Coronel Suárez, casi 550 kilómetros al suroeste de Buenos Aires. Con la mudanza del Mercado de Liniers a Cañuelas, la distancia que tendrá que recorrer su hacienda se reducirá 70 kilómetros, lo que significará también una disminución de costos. “El flete en Argentina es muy caro. Y hay que entrar la hacienda en Buenos Aires y después el frigorífico tiene que volverla a sacar”, indica al referirse a las ventajas sobre la nueva ubicación. Urruti explica que los productores están muy pendientes del índice de precios de Liniers, pero tienen un estrecho margen para decidir cuándo vender una vez que el ganado ha llegado al peso deseado. A diferencia del mercado agrícola, que puede almacenar los granos en silobolsas, a los animales hay que seguir alimentándolos y eso aumenta los gastos.

En el barrio de Mataderos —el nombre que al final se impuso a Nueva Chicago, aunque este se mantuvo en el equipo de fútbol local, que entrena al lado del Mercado— hay esperanza y temor sobre el cambio que se avecina. Los ruidos de los camiones y los olores asociados a la comercialización ganadera molestan a los vecinos, pero a su vez muchos tiene dudas sobre lo que ocurrirá detrás del muro blanco que rodea las 34 hectáreas. El plan oficial es destinar una parte a viviendas sociales y crear un polo gastronómico, cultural y turístico alrededor de la carne que recuerde los orígenes del barrio y favorezca el desarrollo de la zona. La popular Feria de Mataderos, que se celebra cada domingo frente al Mercado, pasaría a realizarse en su interior.

“No sabemos qué pasará. Ojalá que sea para bien, para mejorar, pero si no actúan rápido tomarán los terrenos”, dice el dueño de un kiosko cercano. Lo mismo repiten otros vecinos y también puertas adentro, mientras señalan con disimulo a la cercana villa miseria de Ciudad Oculta. “Imaginá que acá dentro está loteado y hay superficies techadas. Olvidate, ya lo tienen repartido”, dice un excomisario de policía que se encarga de la seguridad del Mercado. Pase lo que pase, ese último pedazo de campo será engullido por la ciudad.

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Los peritos argentinos han dado con la aguja en el pajar. Este jueves, identificaron la droga responsable de matar, la semana pasada, a 24 adictos a la cocaína en la periferia de Buenos Aires. Tras ocho días de pruebas a ensayo y error sobre la droga consumida por las víctimas, encontraron carfentanilo, un opiáceo 10.000 veces más potente que la heroína o el fentanilo, de donde deriva. El uso sedativo del carfentanilo está limitado a animales grandes, como elefantes o rinocerontes, y su uso en humanos está prohibida. La justicia argentina deberá ahora reconstruir cómo llegó ese opiáceo a la droga adulterada: si como elemento de corte para “estirarla”, por contaminación accidental o como parte de una mezcla que salió mal.

El martes de la semana pasada por la noche, los hospitales de la periferia oeste de Buenos Aires recibieron a un centenar de personas con graves problemas respiratorios. 24 de ellas murieron y el resto se salvó tras responder a la naloxona, un antídoto a opiáceos como el fentanilo, de uso común en los quirófanos como anestesia pero potencialmente mortal si se lo consume sin control médico. Durante una semana, los peritos buscaron fentanilo o alguno de los más de 200 opiáceos posibles en ensayos a ciegas que demandaron largas jornadas de trabajo. Una fuente judicial adelantó a EL PAÍS que, finalmente, los peritos habían tenido éxito: “Tenemos dos estudios que nos están dando carfentanilo”.

Un comunicado posterior de la Procuración General de la Provincia de Buenos Aires confirmó que “dos estudios periciales independientes han arribado a la conclusión de que la sustancia para estirar el clorhidrato de cocaína encontrada en diversas muestras secuestradas se trata de carfentanilo, un opiáceo extremadamente fuerte cuyos efectos son 10.000 veces más fuertes, o más, que la heroína o el fentanilo”.

Los intoxicados con la cocaína envenenada la habían comprado en un barrio marginal llamado Puerta 8, famoso por ser epicentro del narcomenudeo en esa zona del extrarradio de Buenos Aires. Eran todos muy pobres, dedicados a la venta de cartones y botellas recogidos de la basura, que pagaban por sus dosis menos de un euro.

La presencia de carfentanilo en el mercado de drogas ilegales en Argentina no tiene precedentes. Resta dilucidar qué buscaron los narcos con su uso. La manipulación de esa droga sintética es tan peligrosa que hasta el contacto con la piel puede causar la muerte por absorción. El cuadro de intoxicación por carfentanilo es similar al que produce cualquier opiáceo y por eso su antídoto es la naloxona. La reacción que los intoxicados tuvieron a la naloxona ya había hecho sospechar a los médicos de que estaban ante una droga más potente que el fentanilo, siempre primera en la lista de sospechosas porque, si bien en Argentina no se consigue en farmacias, circula en hospitales y sanatorios. “Nos llamó la atención su potencia, porque el fentanilo tiene una vida media corta y hemos visto que los pacientes a los que se le aplicó la naloxona se despertaban y volvían a dormirse. Hubo que aplicar el antídoto por goteo para que hiciese efecto, y eso hablaba de un opiáceo de vida más larga”, explicaba Carlos Damin, jefe de Toxicología del Hospital Fernández.

El capítulo del carfentanilo no está cerrado. Los peritos deberán ahora buscar su presencia en las muestras biológicas forenses extraídas de los muertos. Solo así podrán establecer una relación causa – efecto entre la sustancia encontrada y las víctimas de la cocaína envenenada.

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Daniel Ramírez habla lento. Sorprende la cantidad de cicatrices que tiene en sus antebrazos, recuerdos de cortes realizados con paciencia, en orden, siempre paralelos uno de otro. Dice que vive de la venta del cartón que junta en la calle. El martes por la noche consumió una de las 20.000 dosis de cocaína adulterada que ya mataron a 23 personas en la periferia oeste de Buenos Aires. “Consumí solo y me empezó a agarrar mareo, se me nublaban los ojos”, dice ante la puerta del Hospital Carlos Bocalandro, en San Martin. Acaba de recibir el alta. “Hay siete, ocho que fallecieron tomando la cocaína esa. Tengo un amigo que falleció por esto, se llamaba Pata, y otros se sentían mal”, relata con una voz sin sentimiento.

La esposa de Daniel Ramírez tiene el cabello rojo fuego y gesticula cuando habla. “No vivimos en Puerta 8, nada que ver. Puerta 8 es para allá”, señala hacia el oeste, “y nuestra casa es para el otro lado”. Su esposo asiente con la cabeza, y sin dar detalles dice que compró la droga “en otro lado, bien lejos”. Nadie quiere hablar de Puerta 8, una barriada minúscula de calles de tierra y pasillos angostos donde se cortó la droga mortal. Las autoridades encontraron enseguida la casilla donde se había “cocinado” la cocaína, porque cuando se produjeron las muertes llevaba cuatro meses tras la pista de los narcos del lugar.

Este jueves, diluvió en Buenos Aires y para ingresar a Puerta 8 hay que caminar sobre barro. Unas 200 familias viven hacinadas en solo cuatro manzanas, ubicadas en un triángulo entre la autopista del Buen Ayre, un arroyo y la antigua ruta 8. El centro de la ciudad de Buenos Aires está a poco más de una hora en coche. Hay un almacén improvisado tras una ventana y una mujer vende frutas y verduras en un garaje. En la misma calle hay una iglesia evangélica. “Aguante Boca”, dice un joven que pasa delante de un mural con el escudo del club River Plate. Es todo lo que dirá. En Puerta 8 nadie habla, nadie ve y nadie escucha. El miércoles, la policía detuvo a una decena de personas a las que vinculó con la droga adulterada. Caminó entre casas de colores chillones mezcladas con otras de ladrillo a la vista. Un día después, los niños se ocultan detrás de las cortinas o hacen señas a los visitantes desde los pasillos. Una madre joven con un bebé en brazos pide no hablar. “Preguntá a otra vecina”, dice.

Vista aérea de la barriada Puerta 8, con el río y las autopistas que la rodean a las afueras de Buenos Aires.
Vista aérea de la barriada Puerta 8, con el río y las autopistas que la rodean a las afueras de Buenos Aires.EMILIANO LASALVIA (AFP)

El temor a los narcos se respira en el aire. Puerta 8 es un centro de narcomenudeo, adonde acuden en su mayor parte cartoneros y recicladores de basura que trabajan en el llamado “cinturón del Ceamse”, creado en esa zona en los años ochenta por la dictadura para administrar los residuos de la ciudad de Buenos Aires. La cocaína de Puerta 8 es barata, menos de la mitad del valor de mercado. A cambio, el cliente recibe una droga muy “estirada” con algún polvo inocuo, como ibuprofeno. Pero esta vez, fue distinto. Una decena de miembros del personal sanitario de la municipalidad intentaba este jueves detectar casa por casa a posibles víctimas de la droga adulterada, aunque saben que la mayoría no son del barrio. Como Ramírez, el cartonero que sobrevivió de milagro. El ministro de Seguridad, Sergio Berni, y el ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, Nicolás Kreplak, recorrieron el hospital que lo atendió. “Los vecinos sabemos dónde está la droga, sabemos todo”, le dice una mujer a Berni. Tiene a un familiar en grave estado y pide ayuda. Los funcionarios le dan ánimo y siguen su camino.

A media hora de allí está el hospital de Hurlingham, otro de los que recibió intoxicados. Mauro está ingresado, pero fuera de peligro. Su madre dice que desde el miércoles vive un calvario. “Lo trajimos después de ver las noticias. Es común verlo raro, pero esto era algo distinto. Mi hijo tiene 33 años, es un hombre, pero está pasando por una mala situación. Él está vivo, ¿pero los que perdieron a sus hijos? ¿Cómo se sigue?” Yo le pido a Dios que ayude a mi hijo”, dice entre lágrimas. Paola lleva una noche sin dormir por acompañar a su hermano Manuel, de 32 años, otro superviviente. “Están matando a los chicos como ratas y los transas (narcos) se llenan los bolsillos”, dice.

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Ochenta personas seguían ingresadas 24 horas después de consumir la droga, 20 de ellas en estado crítico, conectadas a un respirador. Qué sustancia los dejó al borde de la muerte aún no está claro. Las autoridades saben que la cocaína estaba mezclada con un potente opiáceo, posiblemente fentanilo, una droga sintética similar a la morfina que es 50 veces más potente que la heroína. Por qué los narcos usaron fentanilo para estirar la cocaína es aún un misterio: tiene efecto sedativo, es más cara y no se produce en Argentina. Se pensó entonces en una guerra entra bandas, que pronto fue descartada porque “nadie atenta contra su propio trabajo”, dice el ministro de Seguridad, Sergio Berni. O un ensayo para introducir el fentanilo en la provincia que salió mal. Lo único seguro, a la espera de los detalles de laboratorio, es la presencia de un opiáceo, porque los pacientes respondieron de inmediato a su antídoto, la naloxona. “Cuando el fentanilo se sintetiza en un laboratorio medicinal tiene garantías. Cuando se produce en una cocina ilegal puede tener cualquier efecto. Un mal cálculo y por estas mezclas que se están haciendo con las drogas sintéticas pasan estas cosas”, agrega Berni.

En Argentina, el fentanilo es de uso habitual en los quirófanos, como anestesia, y solo circula en hospitales y clínicas. “No se consigue en farmacias, como en Estados Unidos”, dice Carlos Damin, jefe de Toxicología del Hospital Fernández, uno de los profesionales que más sabe de opiáceos en Argentina. “Primero tenemos que ver si realmente la cocaína adulterada tenía fentanilo o algún otro opiáceo”, dice Dami. “Si se confirma que es fentanilo estaremos ante un hecho totalmente nuevo en el país, porque aquí nunca hubo ni siquiera heroína. No tenemos hospitales preparados para una epidemia de opiáceos”, advierte, “y sería un desastre”.

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Policías durante el allanamiento a un búnker del asentamiento Puerta 8, en la periferia de Buenos Aires.
Policías durante el allanamiento a un búnker del asentamiento Puerta 8, en la periferia de Buenos Aires.ELIANA OBREGON (AFP)

La distribución de cocaína adulterada en el conurbano de Buenos Aires ha provocado una tragedia. Al menos 17 personas han muerto y más de medio centenar han tenido que ser hospitalizadas debido al consumo de droga que había sido procesada con alguna sustancia “con alto nivel de toxicidad” aún por identificar. Las autoridades sanitarias de la provincia bonaerense han lanzado una alerta epidemiológica mientras que la policía rastrea el origen de la droga envenenada y ha detenido hasta el momento a diez personas.

Las detenciones se han producido en un búnker del asentamiento conocido como Puerta 8, en la periferia de Buenos Aires. Era el lugar señalado como el punto de venta de la cocaína envenenada, según el ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Sergio Berni. “Hemos encontrado el mismo envoltorio que familiares de víctimas nos dieron para investigar”, dijo Berni al canal de noticias TN. “Es muy importante que nos ayuden a mostrar el envoltorio. Es de nailon y de color rosa. Parecería que estuvieron cerrados a termo fusión”, agregó al hablar ante las cámaras sobre la droga incautada.

Policía con parte de la droga incautada en el asentamiento Puerta 8.
Policía con parte de la droga incautada en el asentamiento Puerta 8.ELIANA OBREGON (AFP)

La preocupación de las autoridades por el caso es muy elevada, lo que ha llevado al ministro de Seguridad provincial a hacer un pedido a todos los consumidores de estupefacientes: “Quienes compraron droga en las últimas 24 horas tienen que descartarla”. Se trata, según dijo, de una sustancia con “alto nivel de toxicidad”.

Los investigadores aguardan el resultado de las pericias toxicológicas para conocer la sustancia letal con la que se mezcló la cocaína. “Esto es excepcional, no tenemos ningún antecedente, lo cual lleva a pensar que la sustancia que sea ha sido incluida intencionalmente. No es un error en el procesamiento del material, o no parece serlo porque todavía la pericias no están”, ha declarado el fiscal general de la localidad bonaerense de San Martín, Marcelo Lapargo.

Los principales síntomas de los consumidores internados son “signos de shock, depresión del sensorio, dificultad respiratoria y excitación psicomotriz”, según la alerta epidemiológica emitida por el Ministerio de Salud al personal médico. Las autoridades sanitarias sospechan que “podría tratarse de cuadros de intoxicación por opiáceos y se desconoce la existencia de otro producto vinculado”, aunque están a la espera de las pericias toxicológicas para confirmar o descartar esa hipótesis.

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Los investigadores buscan esclarecer también en qué eslabón de la cadena de distribución de la droga se adulteró y cuáles fueron las razones para hacerlo. Según fuentes citadas por el diario La Nación, una posibilidad es que esté vinculado a una guerra entre bandas de narcotraficantes. “Una hipótesis sugiere que un lote de estupefacientes sufrió una adulteración por parte de un narco para arruinar el negocio de un rival y despejar el territorio de competidores. No hay dudas de que la sustancia tóxica fue puesta a propósito”, dijeron las citadas fuentes.

Las autoridades temen que la cifra de víctimas aumente con el paso de las horas, ya que algunos de los pacientes hospitalizados están en grave estado y llegan aún nuevos intoxicados.

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El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, con el líder iraní Mohsen Rezai, en enero de 2022.
El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, con el líder iraní Mohsen Rezai, en enero de 2022.GOBIERNO DE NICARAGUA

La invitación de Mohsen Rezai, vicepresidente de Asuntos Económicos de Irán, a la cuarta toma de posesión de Daniel Ortega el pasado lunes ha levantado ampollas en Buenos Aires. Rezai forma parte de los imputados por su participación en el atentado terrorista de 1994 contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), que dejó 85 muertos. En un comunicado de la Cancillería, el Gobierno de Alberto Fernández expresó su “más enérgica condena” por la presencia de Rezai en Managua, a quien se le ve sonriente en las fotos de la ceremonia de investidura junto a Ortega, su esposa y vicepresidenta Rosario Murillo y otros invitados como el venezolano Nicolás Maduro.

“El Gobierno argentino lamenta profundamente tomar conocimiento de la presencia en la República de Nicaragua del Sr. Rezai, debiendo recordar que sobre este último pesa una orden de detención internacional, librada por la Justicia argentina, en tanto se encuentra imputado en el marco de la causa que investiga el peor atentado terrorista que la República Argentina ha sufrido en su territorio y que costó la pérdida de 85 ciudadanos argentinos y cientos de heridos”, afirma la Cancillería argentina en la nota de reclamo.

Tras la ceremonia del lunes, Ortega y Murillo sostuvieron un encuentro con Rezai, quien, según declaraciones divulgadas por medios oficialistas, ofreció a la pareja su apoyo para “vencer el imperialismo norteamericano”, en momentos cuando Washington ha impuesto fuertes sanciones a funcionarios nicaragüenses, a Rosario Murillo y a los hijos de ambos. “Estamos juntos en este camino. Tenemos toda la disposición de colaborar y cooperar para que podamos vencer al imperialismo norteamericano, y ese es nuestro deber como hermanos, nuestra obligación como hermanos, venir y cooperar juntos, nosotros lo consideramos nuestra obligación estar aquí con ustedes”, expresó el funcionario iraní.

El iraní Mohsen Rezai, en una fotografía de archivo.
El iraní Mohsen Rezai, en una fotografía de archivo. ABEDIN TAHERKENAREH ABEDIN TAHERKENAREH (EFE)

El régimen de Daniel Ortega sufre un fuerte aislamiento internacional debido a las denuncias de violaciones de derechos humanos, la represión de las manifestaciones (que ha dejado más de 350 muertos), el encarcelamiento de candidatos de la oposición y otras voces críticas con el régimen y la organización de unas elecciones consideradas como una “farsa” tanto por la oposición como la mayoría de países del continente, que rechazaron sus resultados. Argentina ha expresado en varias ocasiones su preocupación por la crisis de Nicaragua. El año pasado llamó a consultas a su embajador en Managua y esta semana se negó a enviar una delegación oficial a participar en la investidura de Ortega. Debido a ese aislamiento, el mandatario nicaragüense ha vuelto la vista a países como Rusia e Irán en busca de apoyos y, de forma más reciente, hacia China, tras la ruptura de relaciones con Taiwán, que fue uno de los principales cooperantes del régimen.

Sobre Rezai pesa una orden de detención internacional, por lo que Argentina alertó de que su presencia en Nicaragua era suficiente para su captura. “Los hechos que se le imputan al Sr. Rezai constituyen un crimen de lesa humanidad en virtud del derecho internacional consuetudinario, razón por la cual, su presencia en la ciudad de Managua, aun cuando sea en su carácter de Vicepresidente de Asuntos Económicos de Irán, no lo exime de responder ante la Justicia argentina, lo que nos obliga a expresar nuestro enérgico reclamo”, explica la Cancillería en su reclamo.

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El jueves, la prensa argentina cuestionó al Gobierno por no haber actuado contra Rezai tras su paso por Managua. La portavoz de la presidencia, Gabriela Cerruti, ha criticado el trabajo de la Interpol. Según ella, ese organismo debió capturar al funcionario iraní. “Habría que preguntarle a Interpol por qué no sabía que iba a estar ahí o por qué no llevó adelante la detención que tenía que llevar adelante”, ha dicho Cerruti en declaraciones difundidas por Efe. “Correspondía más a Interpol que a los servicios de inteligencia de Argentina resolver esa situación”, ha afirmado.

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