Mostrando entradas con la etiqueta Fridman. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fridman. Mostrar todas las entradas


Mijaíl Fridman, en 2019.
Mijaíl Fridman, en 2019.LETTERONE (Europa Press)

El oligarca Mijaíl Fridman (ciudadano de Rusia e Israel nacido hace 57 años en la ciudad ucrania de Lviv) se muestra escéptico sobre la utilidad de las sanciones que Occidente ha impuesto al empresariado ruso, entre ellos él mismo, como respuesta a la invasión de Ucrania. “El populismo es muy atractivo, pero desde el punto de vista práctico las sanciones son contraproducentes porque empujan a estos empresarios a volver a Rusia, puesto que no pueden ir a otra parte”, señala en una conversación con este periódico desde Londres, donde reside desde 2015.

Fridman se siente confinado. El magnate ha dejado sus cargos en empresas, incluido el consejo de administración de LetterOne, grupo de inversión en el que él y su socio Petr Aven controlan algo menos del 50%. LetterOne posee el 77% de la cadena de supermercados Dia. Sus tarjetas de crédito han sido bloqueadas y no puede desplazarse a países de la Unión Europea. “Las autoridades de Gran Bretaña deben asignarme una determinada suma para que pueda ir en taxi y comprar comida, pero será una cantidad muy limitada en relación al coste de la vida en Londres. No sé aún si me bastará para vivir normalmente, sin excesos. Ni siquiera puedo invitar en un restaurante. Tengo que comer en casa y prácticamente me encuentro bajo arresto domiciliario”, dice.

Cuenta el empresario que no sabe aún si podrá seguir manteniendo la casa que compró y restauró cuando se trasladó a la capital británica junto con su familia en una época en la que ya había comenzado el clima de inestabilidad para las inversiones en Rusia. Uno de los fines de su mudanza a Londres era diversificar los activos que había obtenido en la venta (a la empresa estatal Rosneft) de su participación en el gran consorcio petrolero privado TNK-BP. “No está claro que pueda seguir viviendo en Londres o si me veré obligado a irme, algo que ahora no puedo y no quiero hacer por muchas causas”, señala.

“A Occidente no le irá mejor si obliga a muchos brillantes e interesantes empresarios a marcharse a Rusia, en lugar de integrarlos más e intentar que adopten alguna posición, aunque es evidente que el empresariado privado tiene una influencia nula sobre [Vladímir] Putin”, afirma.

Fridman califica de “idiotez” la opinión según la cual los oligarcas pueden obligar al presidente ruso a interrumpir la guerra, una palabra que elude, ya que prefiere referirse a esta realidad sangrienta con eufemismos y expresiones tales como “catástrofe” o “lo que sucede (en Ucrania)”.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

“No estoy dispuesto a que corran riesgos las numerosas personas que dependen de mí”, dice, refiriéndose al contingente de 400.000 a 500.000 empleados que, según él, trabajan o están relacionados con sus compañías en Rusia.

Opina Fridman que, si bien los empresarios privados no pueden influir sobre Putin, sí podrían, en cambio, “intentar trasmitir su punto de vista si tuvieran más libertad de elección”. En las actuales condiciones “los sancionados tendrán que volver a Rusia, donde no les quedará más salida que ser absolutamente leales, y donde seguirán trabajando, porque son gentes enérgicas, brillantes y con talento, y fundarán negocios y crearán puestos de trabajo”, señala.

La conversación se asemeja a un paseo por la cuerda floja, en el que cualquier pérdida del equilibrio —en este caso verbal— puede tener graves consecuencias, sea cual sea la dirección de la caída. En Occidente, las sanciones; en Rusia, la reacción de sus irascibles dirigentes. Fuentes moscovitas afirman que el personal de diversos empresarios rusos residentes en Occidente ha comenzado a ser interpelado por los servicios de seguridad, interesados en saber si sus patrones tienen intención de regresar a la patria.

Insiste el oligarca en la necesidad de que Occidente comprenda que “existen distintos rusos y que no se puede castigar a todos”. “Occidente debe ser más inteligente, porque castigar a los rusos solo por el hecho de ser rusos incrementa la confrontación y también el número de partidarios de la política antioccidental en Rusia”.

“Llevo ocho años en Londres, he invertido miles de millones de dólares en Gran Bretaña y otros países europeos y la respuesta a esto es que me lo confiscan todo y me echan”, se queja. Los oligarcas no están unidos por un sentido gremial. “No existe un club de oligarcas. Todos somos gente diferente. Para tener una iniciativa hay que hablar con alguien y lo más horrible es que nadie aquí habla con nosotros”, exclama Fridman,

“Nos dedicábamos exclusivamente a los negocios y nunca quisimos acercarnos al poder, siempre intentábamos mantenernos a distancia y no participábamos en ninguna discusión que no se refiriera directamente a las condiciones de gestión del negocio. Nos propusimos mantener una relación constructiva con las autoridades y no entrar en ningún conflicto con ellas. Putin no admitía ninguna discusión sobre política interior”, explica sobre sus actividades empresariales en Rusia.

En 2003, cuando Putin marcó los límites al oligarca Mijaíl Jodorkovski (que acabó encarcelado), quedó claro que “cualquier participación en la vida política era inaceptable”. “A partir de entonces no apoyamos a ningún político, porque considerábamos que hubiera sido una transgresión del marco que el Kremlin exigía del empresariado”, continúa.

Aunque asegura no haber financiado a partidos políticos, Fridman afirma haber hecho una excepción con Boris Nemtsov, de la Unión de las Fuerzas de Derechas (SPS, en su abreviatura rusa) cuando esta formación estaba aún representada en la Duma Estatal (Cámara baja del Parlamento). Lo hizo, dice, “porque esta fuerza estaba orientada a la empresa privada”. Y por un segundo motivo: “Nemtsov era muy buen amigo mío, un verdadero político, absolutamente honrado, incorruptible y abierto”. El político fue asesinado al lado del Kremlin en febrero de 2015.

El oligarca admite que “algunas sanciones económicas pueden ser eficaces, porque presionan sobre la economía rusa y en consecuencia influyen en la opinión de los líderes del país. “Pero las sanciones contra empresarios privados no tienen sentido, porque la mayoría de ellos han hecho su negocio gracias a su talento, esfuerzo y cualidades personales”, continúa.

Después de que Bruselas incluyera a Fridman en su lista negra de empresarios sancionados por su supuesta vinculación con Putin, el oligarca ha abandonado todos los cargos que detentaba, tanto en sus empresas como en entidades culturales en las que participaba. Esto incluye el consejo de administración del conglomerado LetterOne, (inversor en la cadena de supermercados Día en España y de Alfa Bank, el primer banco privado de Rusia). El empresario, varios de cuyos antepasados perecieron en el Holocausto, se retiró también del consejo de supervisión del Centro Conmemorativo del Holocausto Babi Yar, un proyecto inaugurado en octubre de 2021, en presencia del presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski. El memorial se encuentra en el lugar cercano a Kiev donde los ocupantes nazis exterminaron a cerca de 100.000 judíos de 1941 a 1943.

En enero, Fridman asistió en Madrid a una proyección de la película Babi Yar. Contexto, del ucranio Serguéi Loznitsa, organizada por la Fundación Hispano Judía. Entre los proyectos que el oligarca estaba dispuesto a cofinanciar poco antes de ser afectado por las sanciones, está una exposición de material gráfico inédito de la Guerra Civil Española, planeada por la Asociación de Aviadores de la República española (ADAR).

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.

Contenido exclusivo para suscriptores

Lee sin límites





Source link


Mikhail Fridman, máximo accionista de Dia.
Mikhail Fridman, máximo accionista de Dia.

Uno de los oligarcas rusos con más lazos con España también está entre la lista de sancionados por la Unión Europea. Mijaíl Fridman, dueño de la cadena de supermercados Dia a través del grupo de inversión LetterOne, aparece en el borrador de sanciones que prepara el Consejo de Asuntos Exteriores de la UE y al que ha tenido acceso EL PAÍS. “Ha cultivado fuertes lazos con la Administración de Vladímir Putin y ha sido uno de los financieros de referencia en el círculo estrecho de Putin”, justifica el documento.

Fridman, nacido en el oeste de Ucrania en 1964, no podrá entrar en los países de la UE y sus bienes serán congelados, según el borrador. El empresario, cuya fortuna asciende a unos 12.000 millones de dólares, según la revista Forbes, es uno de los fundadores del grupo Alfa, en el que está incluida una de las mayores entidades financieras rusas, Alfa Bank, que ya ha sido golpeada con las sanciones de la UE. En el borrador con la lista de sancionados, también se incluye a Igor Sechin, consejero delegado de la petrolera Rosneft; a Nikolai Petrovich, primer ejecutivo de la compañía de oleoductos Transneft; o Pyotr Aven, socio de Fridman y, como él, fundador del grupo Alfa.

“Además, ha apoyado material y financieramente y se ha beneficiado de las decisiones sobre la anexión de Crimea o la desestabilización del este de Ucrania. También ha apoyado políticas que minan o amenazan la integridad territorial, la soberanía y la independencia de Ucrania”, señala el mismo documento. La congelación de activos persigue que su propietario no pueda venderlos ni lucrarse con ellos o su actividad (los beneficios también se congelan) mientras la sanción esté en vigor, pero no se trata de una confiscación. A través de LetterOne, con sede en Luxemburgo, Fridman tiene un 77,7% del capital de Dia, empresa cotizada en Bolsa, y el resto está en manos de pequeños inversores.

Fridman, que se hizo con el control de Dia en 2019, está considerado un hombre cercano a Putin. Normalmente evita los comentarios políticos, pero este fin de semana se ha convertido en el primer empresario que habla de forma crítica sobre la escalada bélica en Ucrania. El empresario ha enviado una carta a los empleados de LetterOne en la que pide el fin del conflicto: “Nací en el oeste de Ucrania y viví allí hasta los 17 años. Mis padres son ciudadanos ucranianos y viven en Lviv, mi ciudad favorita”, escribe. “Pero también he pasado gran parte de mi vida como ciudadano de Rusia, construyendo y haciendo crecer negocios. Estoy profundamente apegado a los pueblos ucraniano y ruso y veo el conflicto actual como una tragedia para ambos”, añade. Londres ha sido uno de sus domicilios habituales en los últimos años, aunque también reside parte del año en Moscú. El año pasado The Sunday Times lo clasificó como el undécimo hombre más rico del Reino Unido.

“Si bien una solución parece terriblemente lejana, solo puedo unirme a aquellos cuyo ferviente deseo es que termine el derramamiento de sangre y estoy seguro de que mis socios comparten mi opinión”, añade en la carta. Una muestra de la importancia de Fridman en el mundo empresarial ruso es que su socio Pyotr Aven asistió la semana pasada a una reunión en el Kremlin con Putin y otros 36 importantes empresarios rusos, según publica el Financial Times. Además, el magnate y sus socios poseen la cadena de supermercados X5 y la operadora de móviles Veon. Fridman también es dueño de Holland & Barrett, una cadena de tiendas de alimentos saludables.

Conoce en profundidad todas las caras de la moneda.

Suscríbete

Otro millonario, Oleg Deripaska, usó este fin de semana una publicación en Telegram (y en su cuenta oficial de Twitter) para pedir que las conversaciones de paz entre Ucrania y Rusia comiencen “lo más rápido posible”. “La paz es muy importante”, dijo Deripaska, quien es el fundador del gigante ruso del aluminio Rusal, en el que todavía posee una participación a través de sus acciones en su empresa matriz, En+ Group. Washington impuso sanciones a Deripaska, entre otros, por su lazos con Vladimir Putin tras la supuesta injerencia rusa en las elecciones estadounidenses de 2016, un hecho que Moscú niega.

Por lo general pocos rusos con poder están expresando su opinión sobre la guerra. Las críticas suelen provenir del mundo del cine y el periodismo, como el caso la actriz Liya Akhedzhakova, el presentador de televisión Ivan Urgant y el periodista Dmitry Muratov, premio Nobel de la Paz en 2021. Roman Abramovich, propietario del Chelsea, que tampoco ha salido de momento en ninguna lista de sanciones, anunció el sábado pasado la cesión de la administración del club de la Premier inglesa a su fundación benéfica.

De los grandes empresarios rusos que amasaron millones de manera vertiginosa en la loca y despiadada década de los noventa, Fridman y Deripaska son de los pocos que no ha caído. Otros, como Mijaíl Jodorkovski o Boris Berezovsky, se han exiliado o se han muerto.



Source link

top