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El caso de una niña sola en una habitación en Villavicencio, en precarias condiciones ha generado más que indignación, conmoción y tristeza.

El caso de una niña sola en una habitación en Villavicencio, en precarias condiciones ha generado más que indignación, conmoción y tristeza, y piden a las autoridades que antes de separar a la mamá y la niña, «revisen si la pueden ayudar a mejorar sus condiciones».

Noticias Colombia.

Una mujer y su pequeña hija viven en una habitación de inquilinato en el barrio San Benito, de Villavicencio, allí, la niña ha sido dejada varias veces encerrada pero hace unas horas la policía acudió al lugar tras el llamado de un vecino, y la rescató.

La habitación es un solo ‘ambiente’, ahí, tienen la cama, sus cosas personales, la cocina y cuando la madre sale a trabajar, le deja una especie de vasenilla para que la menor haga sus necesidades.

«Es pipí», le respondió la menor a la policía que le preguntó que había en la olla.

La parecer, la mujer es una vendedora ambulante, y al no tener con qué pagar un jardín o con quién dejar a la pequeña, la encierra en la habitación.

Para evitar alguna situación de riesgo con otras personas, procede a dejarla encerrada, con algo de comida.

La niña, de 6 años de edad, les indicaba donde estaban las cosas.

Cuando le preguntaron por la mamá, dijo que estaba trabajando. Por lo que pudieron hablar con testigos, la menor es encerrada frecuentemente, la alimentación es precaria.

Por eso, habrían llamado a la policía para que atendieran el caso.

Al sitio llegó una patrulla de Infancia y Adolescencia, al no poder ubicar a la progenitora ni otro familiar, procedieron a llevar a la niño. El caso fue notificado al ICBF.

Si bien hay indignación por las condiciones del lugar, y los riesgos que la niña podría correr ahí sola, muchos también han pedido revisar la situación de la madre.

Ayuda para la mujer

No presentaba, aparentemente, signos de maltrato ni comportamiento extraños, por eso presumen que la madre cuida «lo mejor que puede a la niña».

Muchos han pedido a la Alcaldía, intervenir y que se ayude a la madre.

Hasta ahora, el caso está en proceso de restitución de derechos de la menor en manos de Bienestar Familiar. Las condiciones en que fue sacada de la habitación y cómo estaba, la Policía de la capital del Meta dejó el registro en vídeos.

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Cora Mohr empuja el carrito de su bebé de 11 meses mientras pasea por la estación central de Berlín enseñando el cartel que ha improvisado en casa con un rotulador negro: “Una habitación libre para una madre y un niño”. A su alrededor, decenas de voluntarios ayudan a poner en contacto a quienes como ella ofrecen alojamiento con los refugiados ucranios recién llegados que necesitan un lugar en el que quedarse. Mohr, empleada en una empresa de márketin de 27 años, confía en encontrar rápidamente a las dos personas que cree que caben con cierta comodidad en la pequeña habitación del bebé, que ella y su novio han reacondicionado con un colchón recién comprado en Wallapop. En caso de emergencia, podría acoger a alguien más, dice: “No tengo mucho dinero para donar, pero quería ayudar de alguna forma. Es muy triste ver el sufrimiento de las familias ucranias”.

Lo que empezó como un goteo se ha convertido con el paso de los días en un flujo constante de llegadas de trenes a rebosar de mujeres y niños que huyen de la guerra de Ucrania. La necesidad ha transformado esta estación de Berlín en un centro de bienvenida improvisado, donde un ejército de voluntarios ayuda a los recién llegados en todo lo que puedan necesitar. Hay traductores, se sirve comida y bebida calientes, se reparte ropa de abrigo, zapatos, pañales y tarjetas SIM para que puedan comunicarse con sus familias. Ya han llegado a Alemania más de 80.000 personas, pero esta cifra es aproximada y seguramente está infraestimada, porque no hay controles fronterizos en las fronteras internas de la UE.

La estación central de trenes de Berlín se ha convertido en el punto neurálgico de la asistencia a los refugiados que llegan por miles a la capital alemana.
La estación central de trenes de Berlín se ha convertido en el punto neurálgico de la asistencia a los refugiados que llegan por miles a la capital alemana. Patricia Sevilla Ciordia (Foto: Patricia Sevilla Ciordia)

Junto al lugar donde berlineses, y otros alemanes llegados de ciudades distantes como Aquisgrán, ofrecen sus casas, se ha instalado un pequeño jardín de infancia donde los niños se entretienen con juguetes. El centro de acogida ocupa prácticamente una planta entera de la estación. Franzi, una voluntaria de 16 años, estudiante de secundaria, se encarga de recoger las donaciones, que no dejan de llegar. “Muchos vienen, preguntan qué necesitamos y vuelven al rato con bolsas llenas. Es increíble cómo está respondiendo la gente”. Es su cuarto día seguido en la estación. Vio en la televisión lo que ocurría y no pudo quedarse en casa, relata.

Cora Mohr, de 27 años, ofrece una habitación libre en su casa a refugiados ucranios que llegan a la estación central de Berlín, el lunes pasado.
Cora Mohr, de 27 años, ofrece una habitación libre en su casa a refugiados ucranios que llegan a la estación central de Berlín, el lunes pasado.E. S.

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La escena —asegura una voluntaria que lo vivió— recuerda a 2015, cuando más de un millón de personas llegaron a Europa huyendo de la guerra en Siria, sobre todo a Alemania, que acogió a la mayoría de refugiados. Las ONG aseguran estar ahora mejor preparadas, aunque en esta ocasión mucha ayuda se está canalizando por vías informales, en redes sociales, en grupos de mensajería como Telegram, en parroquias y tiendas.

Las infraestructuras públicas de la ciudad empiezan a sobrecargarse, por lo que la estación central de Berlín se ha convertido también en un punto de distribución. A los refugiados que llegan en trenes desde la capital polaca, Varsovia, y que no tienen un destino claro se les ofrecen trenes o autobuses para seguir viaje hacia otros Estados federados. Muchos continúan hacia otros países de la UE o hacia otras ciudades alemanas donde les esperan familiares o amigos. La empresa pública de ferrocarril, Deutsche Bahn, entrega billetes gratuitos.

Estudiantes extranjeros

Pero otros no tienen a dónde ir. Waleed, paquistaní de 22 años, espera en la estación con su mujer y una amiga a que alguien les ofrezca un lugar para dormir. Los tres estudiaban en Kiev y salieron con poco más que lo puesto. Llegan después de tres días de viaje, sin dormir, y contando cómo en la frontera fueron discriminados por no ser ciudadanos ucranios. “Nos dejaban al final de las colas y casi nos quedamos sin subir al autobús”, dice este estudiante de ingeniería aeronáutica.

Voluntarios reparten comida y bebidas a refugiados ucranianos llegados a la estación central de Berlín.
Voluntarios reparten comida y bebidas a refugiados ucranianos llegados a la estación central de Berlín. Patricia Sevilla Ciordia (Foto: Patricia Sevilla Ciordia)

“Vinimos a Europa para construirnos un futuro y nos encontramos como refugiados de guerra y con un futuro muy oscuro”. Ahora que han dejado atrás las sirenas antiaéreas y los bombardeos, su mayor preocupación es poder acabar la carrera. Lo intentarán en Berlín, asegura, aunque teme que su nacionalidad —su mujer, a la que conoció en Kiev, es tunecina; su amiga, iraní— les dificulte la estancia. La ministra del Interior alemana, Nancy Faeser, aseguró el domingo que el país acogerá a todos los refugiados de la invasión de Ucrania, sin importar su nacionalidad.

Acoger a una familia de seis

Svitlana Savkevych, bibliotecaria de 42 años, llegó a Berlín hace unos días con su hermana, Tatiana, y los hijos adolescentes de ambas. En la ciudad de Avdíivka, en el este de Ucrania, han dejado a su madre, que no quiso abandonar su casa, y a sus maridos que no pueden salir. “Fue una decisión muy difícil”, asegura. Cuando empezó la invasión pasaron varias noches en el sótano de su madre, más caliente que el suyo, hasta que se convencieron de que era mejor huir. Al principio dudaban: llevan años viviendo a pocos kilómetros del frente de la guerra del Donbás y casi se habían acostumbrado a convivir a las puertas de un conflicto armado. La primera etapa del viaje consistió en 36 horas sofocantes en un vagón de tren atestado y con las ventanas cerradas que se iba parando continuamente. “Por la noche se oían disparos”, recuerda.

En Lviv, al oeste del país, durmieron en un gimnasio y, una vez cruzaron la frontera con Polonia en autobús, pernoctaron en una parroquia. Allí les recogió un amigo que les llevó en furgoneta hasta Berlín. En total les costó cinco días. “Volveremos en cuanto sea posible”, asegura convencida Svitlana en el salón de Elena Jerzdeva, que ha acogido por tiempo indeterminado a los seis refugiados en su casa del barrio berlinés de Hansaviertel. Jerzdeva, periodista bielorrusa que lleva casi 20 años viviendo en Alemania, trata ahora de conseguir ordenadores para que los cuatro adolescentes puedan seguir sus clases, y ya les ha buscado un profesor de alemán.

Ayuda espontánea

Como está ocurriendo con muchas iniciativas solidarias en Alemania, los grupos de Telegram y Whatsapp o las páginas web creadas específicamente para apoyar a los refugiados se han convertido en el mejor punto de encuentro. Así se pusieron de acuerdo Oleksii Burlachenko y Thomas Wehner para conducir juntos desde Berlín casi 1.000 kilómetros hasta la frontera entre Polonia y Ucrania. Quedaron en una parroquia en Friedenau, al suroeste de Berlín, donde la comunidad ucrania lleva días recogiendo comida, ropa, medicamentos, hasta colchones. Burlachenko, ucranio de 29 años residente en la ciudad alemana, iba al encuentro de su madre, hermana y sobrina, que huían de Kiev. Wehner, empleado de una consultora, se ofreció a acompañarle y conducir una furgoneta prestada cargada de suministros médicos (batas quirúrgicas, inyecciones, desinfectante) con la que después traer de vuelta a Berlín a quien lo necesitase.

Un voluntario carga en la parroquia de Philippus-Nathanael, en Berlín, cajas de material médico que Oleksii y Thomas van a llevar hasta la frontera de Polonia con Ukrania con un coche y una furgoneta.
Un voluntario carga en la parroquia de Philippus-Nathanael, en Berlín, cajas de material médico que Oleksii y Thomas van a llevar hasta la frontera de Polonia con Ukrania con un coche y una furgoneta. Patricia Sevilla Ciordia (.)

“Llamé a mi jefe ayer por la noche y le pedí permiso para viajar a la frontera. No me puso ningún problema”, contaba Wehner antes de salir. El viaje se organizó en menos de un día y la carga de los vehículos, en poco más de una hora. Mientras varios voluntarios acarreaban cajas, las donaciones seguían llegando a la iglesia, cedida durante el mes de marzo por la comunidad evangélica a la iglesia ortodoxa ucrania para centralizar la ayuda a los refugiados. “Hemos traído comida y pañales. ¿Dónde lo dejamos?”, preguntaron dos jubiladas a la entrada del templo, cargadas con bolsas de supermercado. “¿Salís para la frontera?”, inquirió un hombre mayor, llevándose la mano a la cartera. Sacó 30 euros y se los dio sin más a Burlachenko. “Toma, para gasolina. Buena suerte”.

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Bruselas no es un cajero, y si un país quiere recibir fondos debe cumplir ciertas reglas. Este argumento suele usarse para explicar la Unión Europea, con dos elefantes en la habitación: Hungría y Polonia. Los dos países llevan años a la deriva minando el Estado de derecho, y sin embargo siguen accediendo al presupuesto común. La buena noticia es que ese problema empieza a encarrilarse: el Tribunal de Justicia de la UE ha avalado que sin respeto a la democracia no habrá ayudas.

La condicionalidad se había pactado a finales de 2020, pero Budapest y Varsovia, que reivindican el estatus de democracias iliberales e incluso antiliberales, la habían recurrido para ganar tiempo. Sabían que la UE tenía instrumentos limitados para frenar las leyes homófobas y antiabortistas, la injerencia en el Poder Judicial, el tráfico de influencias, la compra de los medios de comunicación. Ahora los gobiernos de Viktor Orbán y el de Mateusz Morawiecki van a tener que rendir cuentas y, según la gravedad de lo que incumplan, se les irán congelando los fondos. A la oposición de esos países esto les permitirá hacer palanca, pero ¿qué hay de los ciudadanos húngaros y polacos?

Ese es un punto clave: la Comisión debería hilar fino para garantizar que la condicionalidad se aplica sin perjudicar, por ejemplo, a los agricultores y ganaderos polacos que reciben ayudas de la Política Agraria Común, o a los estudiantes húngaros que quieren marcharse de Erasmus. El reglamento dice que Bruselas va a velar por que los programas sí se ejecuten. Pero si, pongamos, Polonia tiene que seguir manteniendo las ayudas a sus agricultores y no se le dan fondos para ello, entramos en un bucle infinito. ¿Qué precauciones se van a tomar para presionar a los gobiernos sin restarle derechos a los ciudadanos?

Tanto Budapest como Varsovia están usando un argumentario muy duro ―Hungría, por cierto, celebra elecciones parlamentarias el 3 de abril― y amenazan con bloquear las instituciones. El propio Tribunal Constitucional polaco dictaminó hace cuatro meses que la ley polaca tenía prioridad sobre la de la UE. Ya se les paralizaron los fondos de recuperación de la pandemia y ahora ven que se les va a cerrar aún más el grifo. Y tienen cada vez más espacio para colocar sus mensajes: en Hungría los medios independientes los han ido comprando empresarios cercanos a Orbán. En Polonia, los medios públicos que se llaman “nacionales” directamente se han vuelto canales de propaganda.

Se abren dos frentes delicados para la Unión: por un lado, ganarse los corazones de polacos y húngaros. Por otro, presionar a los gobiernos no solo cuando amenacen los intereses de los contribuyentes europeos, sino también cuando arrasen con derechos que no se cuantifican en un excel. @anafuentesf

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lagarto en un hotel en Talilandia Dragon de Komodo
El animal empezó a asomarse, y sacó medio cuerpo por la tasa del baño. Estuvo casi 3 minutos, los turistas en silencio solo lo observaban y grababan, y él, hacia lo mismo, y decidió devolverse por la tubería del baño.

No es la primera vez que un animal sale de un retrete, desde culebras hasta roedores, y esta vez el lagarto salió y volvió a meterse por el mismo baño.

Noticias Internacionales.

Una historia ha empezado a viralizarse, una pareja de turistas en Taliandia tuvo en encuentro muy particular, para un país en el que en algunas zonas es comun encontrarse lagartos hasta en supermercados, para visitantes y en su baño, fue un susto.

Una pareja de britanicos que estaba de paseo en el país asiático, decidió documentar parte del extraño encuentro en la provincia de Pathum Thani.

lagarto monitor en un hotel en Talilandia Dragon de Komodo
El lagarto, que además señalan tienen una mordedura venenosa, en el retrete.

Todo empezó según han revelado algunos, cuando la mujer se había quedado en la habitación del hotel y cuando iba a entrar al baño vio que algo se movía, decidió llamar a su pareja, Jason Kingma, que estaba trabajando relativamente cerca.

Al llevar y levantar la tapa del retrete, vieron que el agua se movía intensamente, así que decidieron poner a grabar y esperar.

A los segundos se asomó un visitante: un lagarto monitor, que viene de la familia del Dragon de Comodo.

El animal empezó a asomarse, y sacó medio cuerpo por la tasa del baño.

Estuvo en el baño casi 3 minutos, los turistas en silencio solo lo observaban y grababan, y él, hacia lo mismo, y al parecer al no sentirse seguro en el lugar decidió no salir sino, devolverse.

Por el mismo retrete se devolvió.

A pesar de que el visitante se fue, los turistas pidieron cambiar de habitación.

El año pasado en Tailandia, se registraron varios episodios de lagartos, algunos de gran tamaños en zonas muy pobladas. Uno de los más virales, fue uno subiendo por estantes de un supermercado.

Lo que se ha dicho, es a qué altura estaba la habitación del hotel, por donde salió el reptil.

Tras el vídeo, muchos han señalado que entre sus temores está encontrarse algún animal saliendo de su baño.

Otros recomiendo siempre prender la luz y revisar, «mantener la tapa abajo».

Para otros más este tipo de encuentros, «es mi peor pesadilla».

 



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Ana Karina Soto y su esposo.

La pareja fue víctima de inescrupulosos.

Noticias Colombia.

La presentadora Ana Karina Soto y el actor Alejandro Aguilar dieron a conocer que fueron víctimas de ciberacoso en su propia casa.

A través de un video, la pareja contó que en su casa se encunetran instaladas cámaras de vigilancia para la seguridad de cada rincón de su hogar. No obstante, estos dispositivos fueron vulnerados por hackers que tomaron los videos y los publicaron en redes sociales, exponiendo su vida íntima.

Se enteraron de esta situación, una mañana que recibieron un extraño correo que contenía imágenes de las cámaras de seguridad de su hogar. El remitente colocó en el asunto del mensaje: «Te observamos».

Esta situación fue manejada en primera instancia con hermetismo por al pareja pero al ver que los videos rodaban por plataformas como Telegram, quisieron hacer la denuncia pública.

La pareja ya instauró al denuncia ante al Policía y la Fiscalía para hallar a los responsables de la divulgación de las imágenes.

Apoyo en redes

Soto y Aguilar lamentan esta situación desafortunada que están viviendo como familia. Ante este momento de adversidad, ellos han recibido el apoyo de otros famoso y personas del común que reprochan y se muestran indignados con esta situación.

Un proyecto de ley

Es preciso indicar que ante el Congreso de la República se radicó un proyecto de ley para sancionar y condenar a aquellas personas que compartan videos íntimos sin permiso.

Vea: Videos íntimos publicados en redes terminarían con multa y cárcel

Este proyecto fue radicado en el órgano legislador por el senador Richard Aguilar, de Cambio Radical.

Lo que proponen es que aquella persona que comparta videos íntimos sin permiso pague entre 5 y 8 años de cárcel.

Foto de portada: @karilamas

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