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Un helicóptero de ataque estadounidense Apache aterriza en el aeropuerto de Lielvarde, en Letonia, el pasado día 24.  (Latvia),
Un helicóptero de ataque estadounidense Apache aterriza en el aeropuerto de Lielvarde, en Letonia, el pasado día 24. (Latvia),TOMS KALNINS (EFE)

El Comité Militar de la OTAN —formado por los jefes de Estado Mayor de los 30 países aliados— celebrará hoy una reunión extraordinaria por vía telemática. El objetivo del encuentro —que sigue al celebrado el pasado viernes por los jefes de Estado y Gobierno de la Alianza Atlántica— es analizar la invasión de Ucrania por fuerzas rusas y la respuesta militar de la OTAN. Descartada una intervención directa en el conflicto —más allá de la donación de equipos militares al Gobierno de Kiev que están haciendo muchos países aliados—, los máximos responsables militares de la alianza estudiarán el refuerzo de su presencia en los países aliados más próximos a Rusia, para disuadir a Putin de cualquier agresión contra ellos.

El plan que está sobre la mesa de los mandos militares, y cuya puesta en práctica se acelerará con toda seguridad, consiste en extender hacia el sudeste de Europa los grupos multinacionales de combate (Battlegroups) que se formaron en 2017 en las tres repúblicas bálticas y Polonia dentro de la operación Presencia Adelantada Reforzada (EPF en sus siglas en inglés), como respuesta a la anexión de Crimea por parte de Rusia en 2014.

Además de reforzar los cuatro que ya existen, la OTAN quiere poner en marcha nuevos batallones multinacionales en Rumania, Bulgaria, Hungría y Eslovaquia. Francia se ha ofrecido a encabezar el nuevo grupo de combate de Rumania y, para acelerar su puesta en marcha, está previsto que envíe el batallón que estaba adscrito a la Fuerza de Reacción Rápida de la OTAN. Los mandos aliados han puesto en alerta la Fuerza Conjunta de Muy Alta Disponibilidad (VJTF son sus siglas en inglés) para el caso de que el conflicto de Ucrania se desborde. Las tropas que el presidente estadounidense Joe Biden ha prometido enviar a Europa del Este servirán para poner en marcha los nuevos grupos de combate, según las fuentes consultadas.

En el caso de España, la posibilidad que se plantea, aunque no hay ninguna resolución tomada, es reforzar su presencia en el batallón multinacional de Letonia, en el que actualmente cuenta con un contingente de 350 militares, además de seis carros de combate Leopardo y 15 blindados Pizarro. No obstante, aunque se produzca dicho incremento, el contingente más numeroso seguirá siendo el canadiense, que ostenta el mando del grupo de combate y va a duplicar su aportación.

Además, España cuenta con cuatro cazas Eurofighter en misión de policía aérea en Bulgaria hasta el 31 de marzo y otros seis en Lituania a partir del 1 de abril, así como tres buques en las flotas permanentes aliadas en el Mediterráneo Oriental. En conjunto, la actual contribución española al despliegue de la OTAN en el este de Europa suma casi 800 militares.

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A medida que el presidente ruso, Vladímir Putin, eleva sus amenazas sobre la soberanía de Ucrania, Kiev se prepara para afrontar los peores escenarios. El Gobierno ucranio ha comenzado a reforzar las tropas destacadas en la zona del Donbás, después de que Rusia, inmediatamente tras reconocer como Estados a las regiones separatistas de Donetsk y Lugansk, dictase el envío allí de fuerzas militares. El nuevo despliegue ucranio busca cubrir más terreno de una línea del frente de 400 kilómetros de largo en la que luchan desde hace ocho años contra los secesionistas prorrusos apoyados por el Kremlin. Mientras, los bombardeos siguen en el este de Ucrania. Zelenski ha convocado a algunos grupos de reservistas por un periodo especial, pero descartado una movilización general.

Este martes, Putin subió su apuesta en el desafío a la legislación internacional al recalcar que Rusia reconoce las “repúblicas populares” de Donetsk y Lugansk dentro de sus “fronteras constitucionales”. Los secesionistas prorrusos reclaman con esa delimitación el total de las dos regiones —incluidas las principales ciudades controladas por el Gobierno, como la portuaria Mariúpol—; ahora manejan un tercio de ese territorio. Así, el jefe del Kremlin, que instó a Kiev a negociar directamente las “fronteras” con los jefes separatistas, fuerza otra palanca de presión contra Ucrania y contra Occidente.

Tras una jornada de frenesí diplomático para tratar de arañar sanciones más duras contra Moscú, el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, ha alertado de que la decisión de Putin y el despliegue ruso en la zona sientan las bases para una mayor agresión armada rusa —entre otras cosas para capturar el territorio reclamado por los separatistas prorrusos— y ha advertido que no cederá ni un palmo de territorio.

En un emotivo mensaje, el ministro de Defensa ucranio, Oleksi Reznikov, instó al ejército a estar preparado. “El Kremlin ha dado un paso más hacia la resurrección de la Unión Soviética, con un nuevo Pacto de Varsovia y el Muro de Berlín. Lo único que se interpone es Ucrania y su ejército”, dijo. “A continuación habrá un juicio difícil. Habrá pérdidas. Habrá que atravesar el dolor y superar el miedo y el desánimo”, añadió Reznikov.

Los intensos disparos de artillería y morteros que desde hace cinco días sacuden el Donbás han continuado este martes a lo largo de toda la línea del frente. En la ciudad de Schastia, que significa “felicidad” en ucranio y en ruso, los bombardeos continuos forzaban una y otra vez las alarmas de los coches aparcados, que se sumaban a un ruido atronador. Los ataques, que el ejército ucranio atribuyó a los separatistas prorrusos, que tienen sus posiciones a solo unos kilómetros de la ciudad, alcanzaron una planta de energía y causaron un incendio que empeoró el precario suministro que sufre toda la zona en los últimos días. Un humo negro pegajoso y denso se extendió por la ciudad de 10.000 habitantes, que ha estado bajo fuego desde el jueves.

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“Llevo días histérica”, se lamentaba Veronika Melnik, de 53 años, cuando trataba de salir del portal de su casa, lleno de desconchones. En su calle, los disparos de artillería han alcanzado varios edificios. Uno de los apartamentos recibió el disparo de un francotirador, que atravesó el cristal limpiamente e hirió a una mujer. “Mi gato se escapó el sábado y no ha vuelto por casa. Esto es insoportable”, comentaba una vecina. Las autoridades locales se preparan para evacuar la ciudad, de unos 10.000 habitantes, si los ataques siguen a este ritmo, señala el jefe de la administración regional, Serguéi Gaidai.

Imagen de la ciudad de Schastia, donde han caído fuertes bombardeos, este martes. / MARÍA R. SAHUQUILLO
Imagen de la ciudad de Schastia, donde han caído fuertes bombardeos, este martes. / MARÍA R. SAHUQUILLO

En la línea del frente más cercana a Schastia, una zona de senderos culebreantes y carreteras convertidas en un enorme socavón, los soldados apenas se han podido mover de sus posiciones. “Ahora estamos bajo el fuego día y noche”, comenta Bogdan. Las nuevas reglas de protección del ejército dictan que los soldados, como el joven de 23 años, no den su apellido. En un puesto avanzado de las Fuerzas Armadas ucranias, en medio del barro, Bogdan ahonda en su teoría de que Rusia y sus “marionetas” —los separatistas— no lanzarán una invasión a gran escala, pero sí “pequeñas operaciones” para ganar terreno en las regiones de Donetsk y Lugansk. Unos 2,5 millones de personas viven en las zonas controladas por el Gobierno.

Fuentes del ejército creen que el incremento de los ataques de los últimos días es una forma de “disfrazar” el movimiento de tropas al otro lado de la línea de contacto, donde algunos observadores han visto ya numerosos vehículos armados entrando desde Rusia.

En la carretera que une Severodonetsk y Schastia, una larga comitiva de vehículos militares aguarda en un punto de control. Varios soldados apuran un cigarrillo tras otro, fuera de los camiones. El ejército ucranio ya estaba en alerta máxima. “Ucrania está reforzando su defensa y lo seguirá haciendo”, remarca Anton Gerashchenko, exviceministro del Interior y ahora asesor del Gobierno, que habla sobre el refuerzo de las tropas en una zona que ya estaba altamente militarizada. Cuántos son y cuántos llegan es información confidencial, afirma. “No cederemos. Si Putin mueve sus tropas hacia una ofensiva los confrontaremos”, añade.

En una estación de servicio de Severodonetsk, a una hora de la línea del frente de Lugansk, Galina Bondarchuk carga el tanque de su coche apresuradamente para salir hacia Jarkiv. Primera parada. Y de allí a Kiev. “Llevamos así casi una década. Yo ya no puedo más”, lamenta. Hace una semana llevó a sus dos hijas con su madre a Kiev. “Los políticos insisten en que no hay que tener miedo, que el pánico daña el país, pero yo lo tengo. Tengo miedo”.

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Boris Johnson entró en Downing Street empujado por el ala euroescéptica del Partido Conservador, que apostó por él para culminar el viaje del Brexit. En sus horas más bajas de popularidad y acorralado por el escándalo de las fiestas durante el confinamiento, el primer ministro regresa a sus aliados de primera hora para que le ayuden a permanecer en Downing Street. El Gobierno británico comunicaba este martes el nombramiento de Jacob Rees-Mogg, quien fuera presidente del European Research Group (Grupo de Investigaciones Europeas, ERG en sus siglas en inglés), como nuevo secretario de Estado para las Oportunidades del Brexit.

El nombre del departamento, recién inventado, da una idea del efecto de imagen que persigue Johnson. Al frente de esa poderosa corriente interna de opinión, el ERG, dentro del grupo parlamentario conservador, Rees-Mogg fue actor fundamental en la tarea de acoso y derribo a la ex primera ministra Theresa May, para colocar en su lugar a Johnson. No había entre ellos una relación de especial amistad, pero Rees-Mogg fue recompensado con el puesto de líder de la Cámara de los Comunes. Es un cargo similar al de secretario general de Relaciones con las Cortes del Gobierno español: la figura encargada de la coordinación entre Gobierno y grupo parlamentario para el impulso de los proyectos legislativos. En el caso británico, el puesto tiene rango ministerial y derecho a sentarse en el Cabinet Room, la sala de deliberación del Gobierno.

Más allá de su eterno traje cruzado de raya diplomática (un atuendo ya casi de especie protegida), su forzado acento inglés de clase alta o su forma displicente de sentarse a lo largo en la bancada corrida de la Cámara de los Comunes, Rees-Mogg navegaba desde 2019 hacia una plácida irrelevancia política. Hasta que durante el escándalo de las fiestas prohibidas en Downing Street, cuando muchos diputados conservadores han arremetido contra Johnson o han metido la cabeza bajo el ala, el político euroescéptico ha sido un defensor acérrimo del primer ministro.

Cuando el exlíder de los conservadores de Escocia y diputado Douglas Ross pidió públicamente la dimisión de Johnson —en el momento álgido de la crisis—, Rees-Mogg le definió como un “peso ligero” de la política que no tenía la menor relevancia. Y cuando comenzaron a acumularse las “cartas de retirada de confianza” enviadas por diputados conservadores a la dirección del grupo parlamentario, y estaba cada vez más cerca la posibilidad de una moción de censura interna contra Johnson, Rees-Mogg surgió con una peregrina tesis constitucional, según la cual, en un sistema como el británico en el que cada vez las elecciones son más personalistas y “presidencialistas”, derribar a un primer ministro supondría obligatoriamente la necesidad de convocar nuevas elecciones. Era un modo de advertir a los diputados rebeldes de que estaban poniendo en juego sus escaños, a pesar de que la idea no se sostenía por ningún sitio. En una democracia parlamentaria como la británica, el partido en el poder puede cambiar de primer ministro si retiene la mayoría necesaria de diputados. El propio Johnson sustituyó a May y permaneció casi un año en Downing Street antes de convocar los comicios generales.

Con el nombramiento de Rees-Mogg, Johnnson premia su lealtad inquebrantable, pero envía además un mensaje de complicidad a los euroescépticos. Cuando el pasado diciembre abandonó su puesto de ministro para el Brexit David Frost, el político encargado de negociar con Bruselas, el mensaje de despedida fue un mazazo considerable a Johnson. Frost, que protestaba en teoría por la rigidez de las restricciones sociales del confinamiento y por las propuestas contra el cambio climático elaboradas por el Gobierno, lanzaba en la práctica un grito de guerra y de protesta al que se adherían cada vez más euroescépticos, y que venía a decir algo así como “este no es el Brexit por el que peleamos”. “El Brexit ya es algo asegurado. El desafío que tiene ahora el Gobierno es el de hacer realidad las oportunidades que nos brinda. Ya conoces mi preocupación por la deriva actual, y confío en que avancemos rápido hacia los objetivos necesarios: hacia una economía empresarial con poca regulación e impuestos bajos”, escribió Frost en su carta de dimisión, jaleada por el ala dura de los conservadores. Se entiende así el doble guiño de Johnson, que crea un departamento “de las Oportunidades del Brexit” y pone a su frente a un euroescéptico de primera hornada como Rees-Mogg.

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Pero además, el primer ministro rescata del Ministerio de Exteriores a Christopher Heaton-Harris, que ocupaba actualmente la secretaría de Estado para Europa, y lo coloca de chief whip (látigo jefe, literalmente). Es decir, jefe del grupo parlamentario y encargado de imponer la disciplina de votación en una manada tan rebelde como es la de los diputados británicos. Heaton-Harris ocupó también en su día el puesto de presidente del ERG, como Rees-Mogg, y es un ferviente defensor del Brexit. Fue acusado de quebrar el Código Ético Ministerial al recibir en el Parlamento, en marzo de 2019, a una delegación de VOX encabezada por Iván Espinosa de los Monteros.

Johnson ha recuperado como jefe de Gabinete a un político con fama de serio y riguroso como Steve Barclay, quien ya ocupó en su día el puesto de ministro para el Brexit; y se ha vuelto a traer a Downing Street como director de Comunicación a Guto Harri, quien ya ocupó ese puesto durante la época en la que el político conservador fue alcalde de Londres. En apenas una semana, Harri ya ha cometido un primer error —o acierto, porque el efecto que provocan las extravagancias de Johnson es impredecible— al contar en una revista que se edita en idioma galés, Golwg.360, que el primer ministro le dio la bienvenida al equipo cantando el estribillo de I Will Survive (Sobreviviré) de Gloria Gaynor. “No es un completo payaso, es alguien muy entrañable… no es el personaje malvado que algunos presentan”, explicaba Harri a la revista. A las pocas horas, el titular en los medios británicos era el de que “no es un completo payaso”.

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