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El Ejército de Ucrania también logra avances en el este de Kiev que se suman a los conseguidos en los últimos días en el noroeste. Las tropas rusas están perdiendo posiciones en las dos principales vías que han tratado de abrir desde que comenzó la invasión el pasado 24 de febrero para intentar llegar al corazón de la capital. Una base militar atacada entonces a la entrada de Brovari, en la orilla oriental del río Dnieper y a las puertas de Kiev, es el recuerdo del rápido avance ruso en los primeros días de contienda. Pero nunca lograron pasar de ahí y en el último mes no han hecho más que perder terreno. En medio de ese estancamiento, Moscú ha dado un giro en su intención inicial de asestar un golpe rápido a Kiev y al Gobierno del presidente Volodímir Zelenski y asegura ahora que su objetivo es tomar solo la región de Donbás, al este del país, y que los separatistas prorrusos controlan en parte desde hace ocho años.

En la zona de Brovary y Borispyl, al este de Kiev, “el enemigo se está moviendo” pero no está listo “para una ofensiva”, dijo este viernes Oleksandr Hruzevich, vicejefe de las Fuerzas Terrestres de Ucrania, durante una comparecencia pública. Pese a que se ha superado ya el primer mes de guerra, el centro de Kiev, objetivo principal ruso, sigue lejos de estar en la línea de fuego. En todo caso, las tropas rusas “todavía tienen fuerzas para atacar y lo van a hacer en un futuro próximo”, apuntó Hruzevich. Los contraataques ucranios y los problemas de suministro de las fuerzas rusas “han permitido a Ucrania volver a ocupar ciudades y posiciones defensivas hasta a 35 kilómetros al este de Kiev”, según datos de las autoridades del Reino Unido citados por la agencia Reuters.

“Hemos salido con nuestro coche de Shevchenkove por un pasillo humanitario que organizó el Gobierno. Al salir pasamos por tres controles con los rusos armados que revisaban los documentos”, relata Volodímir, de 68 años. “Un matrimonio joven de mi pueblo que trabajaba en el mercadillo ha sido fusilado a tiros por los soldados rusos, el coche con todo lo que estaba dentro destrozado, les hemos enterrado”, añade.

Volodímir es uno de los que espera su turno junto a varias decenas de personas para registrarse en la plaza central de Brovari ante las dependencias municipales. Algunos están enojados porque quieren recibir mejores ayudas. Son ciudadanos que han escapado o han sido evacuados en los últimos días de localidades en disputa entre los dos ejércitos.

“Bohdanivka estaba toda llena de soldados rusos”, cuenta Irina, de 58 años, otra de las que hace cola para registrarse y que fue evacuada a Brovari en la noche del pasado 23 de marzo. “Hemos dejado las casas abiertas para que no rompan nada al querer entrar, porque están destruyendo las ventanas y las vallas”. Irina, acogida en casa de una hermana, lamenta no haber recibido todavía nada y critica que el ritmo de la atención no es el que ella esperaba. “Prometen ayuda para la gente con enfermedades oncológicas, como yo, medicinas, ayuda humanitaria, productos y ayuda material de 2.000 grivnas por persona (unos 70 euros al cambio) y 3.000 (unos 105 euros) para personas con discapacidad, como es mi caso”.

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Algunos milicianos armados ordenan en la plaza el flujo de las peticiones de ayuda mientras la sirena que alerta de un posible ataque desde el aire dirige a algunos de los refugiados a un refugio próximo. Otros no se dan por aludidos. “Estaban bombardeando los almacenes y la calle central. En la casa de un amigo han destruido la puerta de entrada. Eran las dos de la madrugada y menos mal que los niños estaban en el sótano, porque los rusos entraron a la casa y tiraron una granada al dormitorio. Quemaban las casas”, rememora Volodímir, que llegó a Brovari el 20 de marzo desde Shevchenkove.

Una columna de humo sobre el cielo de Kiev este viernes.
Una columna de humo sobre el cielo de Kiev este viernes.Luis de Vega

Unas 20.000 personas han abandonado Borispol, un suburbio al este de Kiev cerca de donde se encuentra el aeropuerto de la capital, para facilitar las tareas del Ejército ucranio frente al ruso, según explicó el alcalde, Volodímir Borisenko, a la agencia Reuters.

La estrategia del Ejército local es dificultar la llegada de suministros a los rusos y tratar de rodear cerca de Kiev a sus tropas una vez desabastecidas, según un portavoz militar. Calcula que el Kremlin tiene desplegados unos 19.000 hombres en el noroeste de la capital ucrania, que ha sido el principal objetivo militar y político del presidente ruso, Vladímir Putin, desde que ordenó la invasión. Las fuerzas de tierra que comanda el general Oleksandr Sirskii llevan días logrando frenar el avance de las tropas del Kremlin al noroeste de la capital en torno a las disputadas localidades de Irpin, Gostomel, Bucha y Makariv.

Al este de la principal orbe del país, desde la entrada de la base militar de Brovari, se observa que los daños son evidentes en distintos edificios tras el ataque ruso al comienzo de la guerra. Varios vehículos destrozados en la refriega, entre ellos un blindado del Ejército ucranio, sirven ahora de barricada para ralentizar el paso de los vehículos por la carretera. Uno de los que controla el lugar es Serguéi, de 27 años, empleado de una empresa tecnológica de EE UU al que le han permitido unirse a la defensa civil de su país y, al mismo tiempo, seguir percibiendo el mínimo de su sueldo. El joven, armado y pertrechado con toda la parafernalia militar, no escucha de fondo más disparos que los de sus compañeros que realizan prácticas de tiro dentro de las instalaciones militares.

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Gabriel Boric es desde este viernes el presidente más joven de la historia de Chile. Con 36 años cumplidos en febrero, alcanzó por poco la edad mínima que la Constitución de su país exige a los jefes de Estado. Pero la edad no es el único hito de su presidencia. Boric está acostumbrado a romper las reglas. El atuendo informal que lució cuando juró como diputado en 2014 le valió el repudio de sus pares de traje. Ocho años después, Boric se puso camisa y saco, pero no una corbata. Son detalles, algunos pequeños, otros no tanto, cargados de simbolismo político. Chile tendrá que acostumbrarse a ellos.

Los tatuajes que luce Boric son toda una novedad para un presidente de Chile. Boric lleva grabados un árbol, un faro y el mapa de Magallanes, la región del extremo sur del país donde nació. Yumbel Góngora, una artista del tatuaje en Chile, contó en una entrevista reciente que diseñó el mapa que Boric lleva en el brazo cuando ya era diputado. “Todos sus tatuajes giran en torno a su región de origen”, contó. Los tatuajes van acorde con la generación del nuevo presidente, lo mismo que el uso que hace de las redes sociales. Una de las estrellas del mundo digital de Boric es Brownie, su perro, titular de sus propias cuentas en Instagram y Twitter. “Me encuentro aquí frente a ustedes, en la que es una de las grandes sorpresas del destino, yo, un perrito quiltro, me convierto, por elección popular en el Primer Perro de la República”, se lee en un mensaje publicado este mismo viernes en la cuenta de la mascota presidencial, que tiene más de 90.000 seguidores.

Pero no solo se trata de tatuajes, vestuario y redes sociales caninas. Desde que ganase la segunda vuelta electoral, Boric y los integrantes de su Gobierno han sumado una serie de hitos que ya dan forma a una nueva forma de ejercer el poder. La elección de un Gabinete con mayoría de mujeres es la evidencia más obvia. La elección de algunos nombres no lo es tanto. Al frente del ministerio de Defensa, Boric nombró a Maya Fernández, nieta del presidente Salvador Allende. Fernández nació en Santiago, pero cuando Augusto Pinochet derrocó a su abuelo debió exiliarse en Cuba, donde vivió su infancia y su adolescencia.

Durante la investidura presidencial de este viernes se sumaron nuevos símbolos. Izkia Siches y Camila Vallejo, dos de las ministras más poderosas del Gabinete, eligieron para la ceremonia en el Congreso ropa morada, el color que identifica la lucha de las mujeres contra la violencia de género. La jefa de protocolo del presidente, Manahi Pakarati, se vistió de blanco, pero llamó la atención por su atuendo tradicional Rapa Nui, como también se conoce a la Isla de Pascua, donde nació. Los hombres también tuvieron un detalle particular en sus ropas: un prendedor en forma de ciprés que está inspirado en “el árbol de Boric”. El ciprés en cuestión está ubicado en Punta Arenas, región de Magallanes, y se hizo famoso por la afición del nuevo presidente a subirse a sus ramas. Para los seguidores de Boric, el árbol es símbolo de su meteórica carrera política.

La Ministra del Interior, Izkia Siches, viste de morado, el color de la lucha de las mujeres contra la violencia de género.
La Ministra del Interior, Izkia Siches, viste de morado, el color de la lucha de las mujeres contra la violencia de género. Alberto Valdes (EFE)

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Boric rompió otra tradición con la elección del conductor del Ford Galaxie descapotable desde el cual los presidentes chilenos saludan a sus seguidores tras su investidura en el Congreso. Puso al volante a una mujer, la suboficial Lorena Cid, escolta del jefe de Estado desde noviembre del año pasado. La banda presidencial que lució Boric también fue fruto de una innovación. Si el presidente saliente, Sebastián Piñera, encargó la suya a un sastre de París, su sucesor optó por las mujeres del Sindicato Revolucionario Textil y su taller de Santiago. Otro detalle: en el menú que se sirvió a los presidentes invitados hubo una opción de comida vegana muy a tono con los tiempos.

El protocolo no será el fuerte de Boric. Tras la ceremonia de este viernes, la custodia de La Moneda habrá tomado nota del desafío que enfrenta. El presidente se esforzó por respetar las formas, pero las rompió en cuánto lo creyó necesario. A la salida del Congreso en Valparaíso, ya investido en el cargo, ordenó detener el auto para saludar con apretones de manos a la gente que le vitoreaba tras las rejas de seguridad colocadas por la policía. Más tarde, cuando atravesó la plaza de la Constitución para llegar a La Moneda se salió del libreto para sacarse selfies con sus seguidores.

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