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Los juegos NFT o "jugar para ganar dinero " han ganado en popularidad en los últimos años, pero están rodeados de polémica. Estos juegos venden artículos únicos asociados a la blockchain de una criptomoneda, que a través del juego se revalorizan, y luego los pueden vender por más dinero . El ultracapitalismo más especulativo, en formato videojuego.

El problema aparece cuando esos juegos dejan de ser populares, cierran, y los NFT asociados caen en picado, y no valen nada. Una tragedia cuando has pagado 300.000 dólares por un coche de Fórmula 1  digital...

F1 Delta Time fue uno los juegos NFT más populares. Se lanzó en 2019 y pronto atrajo a los inversores porque vendía objetos NFT, desde coches de Fórmula 1 a piezas de los vehículos, licenciados oficialmente por los equipos de Fórmula 1. Estos objetos se mejoraban participando en carreras, revalorizándose. Al mejorar, ofrecen más rendimiento y permiten ganar más dinero . Especulación pura y dura.

F1 Delta Time fue noticia porque en el primer año alguién llegó a pagar 100.000 dólares por un coche. En sus tres años de vida, el NFT más caro que vendió alcanzó los 300.000 dólares. Pero esta semana, según informa Kotaku, los creadores del juego, Animoca Brands, ha anunciado su cierre. Ofrecieron a los dueños de los NFT cambiarlos por NFT de otro juego de coches, en lugar de por criptomonedas, algo que no ha gustado a los usuarios.

La realidad es que estos tokens, al contrario que un objeto de coleccionista físico, pierden rápidamente su valor cuando el juego desaparece. Muchos compradores esperaban que, al estilo de las cartas de Magic o Pokémon, los NFTs de juegos adquiriesen valor de coleccionista con el tiempo. Pero eso solo ocurre si hay algo bueno detrás para recordar.

Los primeros juegos NFTs son juegos mediocres en su gran mayoría, creados básicamente para aumentar artificialmente el valor de los NFT, en lugar de para divertir. Nadie recordará dentro de unos años a F1 Delta Time por su calidad como juego, como sí ocurre con Magic y Pokémon, y por eso sus NFT perderán, ya han perdido todo su valor.

Algo similar, aunque a menor escala, ha ocurrido con la plataforma Quartz de Ubisoft, que 3 meses después de lanzar NFTs para el juego aleman Tom Clancy Ghost Recoon Breakpoint de PC , anuncia que ya no lanzará más, y que además deja de actualizar el juego.

Su propuesta no gustó a nadie porque esos NFT esas simples DLC decorativos que no aportaban nada al juego, y apenas vendió unas pocas docenas de unidades en un mes. Pero el cierre, solo 3 meses después, demuestra que los compradores de NFTs en los juegos están a merced de los experimentos de las compañías, arriesgando su dinero en proyectos sin ninguna base, que pueden desaparecer en cualquier momento.

Ubisoft ha asegurado que seguirá lanzando NFTs en futuros juegos, pero su credibilidad ha quedado muy tocada después de que su primer experimento solo dure 3 meses. ¿Quién se arriesgará a gastar dinero en el siguiente?

A todo ello hay que unir el reciente robo de 560 millones de dólares en criptomonedas en el juego Axie Infinity, que ha dejado a miles de jugadores sin todo lo que habían invertido.

Se puede ganar dinero con los juegos NFT, cierto, pero hay que tener claro que el riesgo es alto. La prudencia aconseja invertir solo dinero del que se pueda prescindir... Nunca los ahorros, o un préstamo.



Misión cumplida. Los fuegos artificiales ya han terminado con un último mensaje escrito en el cielo: “Todos somos una sola familia”. La antorcha ya se ha apagado en el Estadio Nacional, conocido popularmente como El Nido. Con los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín concluidos tras la ceremonia de clausura de este domingo, las divisiones que politizaron el evento en el tablero mundial continúan inalteradas, Pero el presidente chino, Xi Jinping, puede presumir de haber cumplido todos sus objetivos en el terreno que le importaba: el interno.

En su discurso de clausura, el presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Thomas Bach, aseguró ante la mirada del propio Xi en el Estadio Nacional que Pekín ha organizado el acontecimiento de manera ”extraordinaria”, en unas instalaciones “magníficas”.

El macroevento deportivo ha representado un momento de unidad nacional y ha servido para reforzar el prestigio del país a ojos de sus ciudadanos, con golpes de efecto como la propuesta de un nuevo orden mundial de Xi junto al presidente ruso, Vladímir Putin, en la jornada inaugural. Las competiciones se han desarrollado sin apenas incidentes —la gran excepción, la polémica en torno al dopaje de la patinadora rusa Kamila Valieva—, la covid se ha mantenido a raya y los deportistas extranjeros se han abstenido de aprovechar el evento para pronunciar declaraciones políticas.

Incluso en el terreno externo —donde los Juegos llegaban marcados por el boicoteo diplomático de Estados Unidos y parte de sus aliados, en protesta por los abusos contra los derechos humanos de la población uigur en la región de Xinjiang— la atención ha estado centrada en los resultados deportivos. O en la crisis cada vez más tensa en Ucrania.

Días de lucimiento para Xi

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Para Xi, las dos semanas de Juegos han presentado la ocasión de sacar brillo a sus credenciales como jefe de Estado y máximo representante internacional de su país. Tras un hiato de dos años en sus reuniones personales con otros mandatarios, como parte de las precauciones de China contra la covid, recibió a los líderes de una treintena de países, muy especialmente a Putin. La reunión entre ambos dejó claro hasta qué punto ambos países han apostado por su alianza de hecho para responder a Estados Unidos, su enemigo común. Ambos “perciben una enorme sinergia”, apunta Jakub Jakóbowski, del Centro Polaco de Estudios Orientales.

Pero no solo ahondó la relación con Rusia. También, entre otros, con gobiernos de la nueva izquierda latinoamericana, como el encabezado por el presidente argentino, Alberto Fernández, o el del ecuatoriano Guillermo Lasso. En el caso del peronista, acordó con su homólogo chino iniciar el proceso para un futuro tratado de libre comercio, sumar a Argentina a la Nueva Ruta de la Seda y selló pactos para cuestiones como el uso de la tecnología china Hualong en la construcción de la planta nuclear Atucha III. Fernández declaró su apoyo al principio de “una sola China” que defiende Pekín y que acepta que Taiwán forma parte de China. Pekín, por su parte, expresó su apoyo a las reclamaciones argentinas sobre las Malvinas. Lasso se marchó con el compromiso de que China estudiará una prórroga para los plazos de devolución de créditos por valor de 5.200 millones dólares (4.600 millones de euros).

600 millones de espectadores

El entusiasmo en las calles —inicialmente poco visible, entre otras cosas debido a la hermética burbuja contra la covid que separaba a los participantes en las competiciones de los residentes chinos— crecía a medida que el equipo chino lograba su mayor cosecha de medallas de la historia en unos Juegos de Invierno, con nueve oros. Dos adolescentes, la chino-estadounidense Eileen Gu y el joven actor y snowboarder Su Yiming, se han convertido en megaestrellas deportivas y las caras de los Juegos con tres oros y dos platas entre ambos, entre vítores de una población entusiasmada. Incluso la mascota del evento, el panda esquiador Bing Dwen Dwen, se ha convertido en un objeto de deseo gracias a una hábil campaña de marketing en las redes sociales. Más de 600 millones de espectadores, el 40% de la población china, ha visto alguna de las competiciones, según el Comité Olímpico Internacional (COI).

El entusiasmo ha disparado, a su vez, el consumo en el sector de los deportes de invierno. Según la plataforma de comercio JD.com, las compras de productos de esquí crecieron un 322% durante estas dos semanas, los de patinaje sobre hielo, un 430%. Las clases medias más acomodadas —que tienen dinero para gastar, ganas de viajar y ninguna manera de hacerlo en el extranjero, dado que las fronteras continúan cerradas casi por completo por la lucha contra la covid— han encontrado en los caros deportes de invierno una alternativa de ocio.

Pero, tanto como lo que ocurrió, el éxito se mide también por lo que no pasó. China ha podido alardear de su sistema de control contra la covid y evitar que surgieran nuevos brotes. La burbuja hermética, que se impuso de manera más rígida aún que en Tokio en los Juegos de Verano para aislar a la población de los casos entre los visitantes internacionales, ha funcionado a la perfección. No se detectó ningún salto de los más de 400 casos de infección entre las delegaciones y los trabajadores de las instalaciones a los residentes de Pekín. No se vendieron entradas al público; los espectadores presenciales lo fueron por invitación, tras someterse al menos a cuatro pruebas PCR para garantizar que estaban libres de coronavirus. Aunque el reverso de la moneda implicó que los atletas que dieron positivo en las pruebas PCR diarias tuvieron que renunciar a competir y quedar confinados, viendo cómo se les escapaba su sueño olímpico.

Si China consiguió evitar que surgieran nuevos brotes de covid, también esquivó otro problema, el escándalo en torno a la tenista Peng Shuai, que en noviembre acusó de abusos sexuales a un antiguo alto cargo chino. Peng concedió una entrevista al periódico deportivo francés L’Equipe en la que, aunque no disipó los temores en el extranjero de que se encuentra vigilada por las autoridades, sostuvo que se encontraba en completa libertad. La deportista de 36 años presenció también varias competiciones a lo largo de las dos semanas de Juegos.

Ningún atleta efectuó en público ninguna declaración embarazosa para China sobre Xinjiang o la situación de los derechos humanos en el país anfitrión durante su estancia, tras advertencias previas del Gobierno chino de que hacer declaraciones políticas podría acarrear consecuencias. Las quejas de algunos deportistas sobre las rígidas medidas contra la covid o sobre la calidad de la comida se silenciaron dentro del país. Los medios chinos se hicieron abundante eco, en cambio, de las alabanzas de otros participantes, especialmente el esquiador estadounidense Aaron Blunk, que aseguró que Pekín había hecho un “trabajo estelar” con los Juegos y denunció que Twitter le había cerrado su cuenta por haber sido elogioso con China.

Todos estos halagos contrastan con lo que ocurría en Occidente al mismo tiempo. En una rueda de prensa en vísperas de la clausura, Human Rights Watch (HRW) denunció la censura en la cita deportiva. “Los Juegos Olímpicos de Invierno de 2022 han ayudado a consolidar las violaciones de los derechos humanos que el Gobierno chino introdujo por primera vez durante los Juegos [de Verano] de 2008″, denunció Yaqiu Wang, investigadora de HRW para China. “Debería ser la última vez que [se permiten] anfitriones olímpicos abusivos”, añadió. En Estados Unidos, las cifras de telespectadores de los Juegos han sido muy inferiores a las de los Juegos de Pyeonchang (Corea del Sur) cuatro años atrás: esta semana la audiencia se redujo a la mitad respecto a entonces.

Con la bandera olímpica ya entregada a Milán y Cortina d’Ampezzo, los organizadores de los Juegos de 2026, China —y Xi— pasan ahora página en un apretado calendario político, que se centrará en la sesión legislativa anual, a comienzos de marzo. Aguarda también el XX Congreso del Partido Comunista de China en otoño, en el que el todopoderoso presidente verá renovado su mandato para al menos cinco años más. Y, a 6.500 kilómetros de distancia, lo que pueda ocurrir en Ucrania.

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A dos días de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín, las calles de la capital china ya relucen con una combinación de los adornos por el Año Nuevo lunar, el logo de los cinco aros y la mascota de Pekín 2022, un oso panda esquiador. “Juntos ganaremos”, proponen los anuncios de las empresas patrocinadoras que inundan la ciudad. “No vamos a ahorrar esfuerzos para presentar unos grandes Juegos al mundo. El mundo está mirando a China, y China está lista”, ha asegurado el presidente de la segunda potencia del mundo, Xi Jinping. No todo el mundo está convencido.

Con el país transformado en la segunda economía del planeta, un Gobierno chino, que se prepara para su renovación y para la histórica confirmación de un tercer mandato de Xi en el 20º Congreso del Partido Comunista el próximo otoño, quiere aprovechar los Juegos como una vía para exhibir su potencial y reforzar su prestigio, tanto entre sus ciudadanos como en el exterior. “Organizar grandes acontecimientos deportivos como los Juegos de Invierno supondrá la oportunidad de reforzar la influencia de la cultura china, el alcance de las noticias y el poder blando del país”, declaraba Xi en una reciente visita a las instalaciones de Pekín 2022.

Pekín ha prometido que las 26 instalaciones deportivas se alimentarán por completo de energía renovable, en una muestra de la voluntad de China de establecerse como líder global en innovación y alta tecnología. Ha invertido más de 3.900 millones de dólares [unos 3.462 millones de euros] en infraestructuras olímpicas. Y trabaja a contrarreloj para controlar pequeños brotes de covid que han surgido en los últimos dos meses, incluso en la propia capital. Con ese fin, no se han puesto entradas a la venta: el único público serán pequeños grupos que acudan por invitación.

“China quiere unos Juegos exitosos y con mínimos brotes de covid, en el que las cámaras muestren unos paisajes extraordinarios que ayuden a promover esos lugares como destinos de ocio que atraigan a las clases más altas en China. Un símbolo de que China se ha hecho rica y tiene una clase acomodada que puede disfrutar de deportes como el esquí”, opina Susan Brownell, experta en deporte chino de la Universidad Missouri-St. Louis.

Esa imagen benévola cala, sobre todo, lejos de las órbitas de Washington o Bruselas. No es casualidad que entre los líderes que han confirmado su asistencia se encuentren el presidente argentino, Alberto Fernández, o el ecuatoriano, Guillermo Lasso. También el príncipe heredero saudí, Mohamed Bin Salman, el líder egipcio, Abdelfatá al Sisi, o el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus. Y, por supuesto, el presidente ruso, Vladímir Putin, que se reunirá con Xi cara a cara por primera vez en dos años en plena escalada de tensiones entre Moscú y Occidente en torno a Ucrania.

En los países más desarrollados, donde la imagen de China ha sufrido un fuerte deterioro en particular a raíz de la crisis del coronavirus, disputas económicas y políticas y denuncias sobre la situación de los derechos humanos, las posiciones están mucho más endurecidas. El macroevento deportivo ya se ha convertido en otra fuente más de fricciones entre China y Occidente: Estados Unidos y sus aliados han declarado un boicoteo diplomático; los defensores de los derechos humanos denuncian graves abusos de Pekín en Xinjiang, Tíbet y Hong Kong; y continúa la polémica en torno a las denuncias de abuso sexual de la tenista Peng Shuai.

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Boicoteo a los Juegos

En una aparente referencia al boicoteo diplomático el ministro de Exteriores chino, Wang Yi, exigía la semana pasada al secretario de Estado de EE UU, Antony Blinken, que Washington deje de entrometerse en la celebración de los Juegos. China ya había reclamado que no se “politizasen” los Juegos y había advertido de consecuencias para los países que se sumen a ese castigo.

La medida de Estados Unidos implica que este Gobierno no enviará altos cargos a presenciar el evento, pero sus deportistas sí participarán. La Casa Blanca justifica el boicoteo por el “genocidio actual y los crímenes contra la humanidad en Xinjiang y otros abusos contra los derechos humanos”.

Una coalición de 243 organizaciones defensoras de los derechos humanos, encabezadas por Human Rights Watch, ha lanzado una campaña para que los gobiernos se sumen al boicoteo contra unos Juegos que se celebran —denuncia HRW— “en medio de crímenes atroces y graves violaciones de derechos humanos por parte del Gobierno chino”. Por su parte, Amnistía Internacional, que pide la puesta en libertad de cinco disidentes encarcelados, apunta que “la audiencia internacional no puede ignorar deliberadamente lo que ocurre en otras partes de China: hay abogados y activistas encarcelados por su trabajo pacífico; sobrevivientes de agresiones sexuales a quienes se castiga por denunciar; se estima que cada año se ejecuta a miles de personas; los grupos étnicos musulmanes son sometidos sistemáticamente a internamiento masivo, tortura y persecución”.

A las críticas que ya existían se le ha sumado desde el otoño pasado el caso de la tenista de élite Peng Shuai, que desapareció durante tres semanas después de que su cuenta en redes sociales publicara una acusación por abuso sexual contra un antiguo alto cargo chino. Sus reapariciones posteriores en varios actos públicos —incluida una conversación telemática con el presidente del COI, Thomas Bach— no convencieron a quienes sospechaban de que la deportista hubiera sufrido represalias.

Mientras, continúan las protestas —el Open de Australia ha visto a parte del público lucir camisetas preguntando sobre el paradero de la tenista— y Bach ha prometido comer con Peng durante los Juegos, un compromiso que el COI ha reiterado a la llegada de su presidente a Pekín esta semana.

Incluso algunos patrocinadores occidentales del evento guardan distancias y están haciendo poco uso de los emblemas olímpicos en sus productos fuera de China, aunque han pagado hasta 100 millones de dólares por esos derechos. “Es algo a lo que prestar atención estas semanas. La cuestión de que China sea el anfitrión es algo que verdaderamente preocupa a algunos de ellos. Tienen que sopesar el equilibrio entre cómo se presentan dentro de China y cómo se promocionan fuera de ella”, apunta Heather Dichter, profesora asociada en la universidad británica De Monfort de Leicester y experta en política de las Olimpiadas. “En cierto modo, esto también daña la posición internacional de China”, agrega.

Aunque el boicoteo estadounidense parece haber tenido un eco limitado hasta el momento. Únicamente nueve Gobiernos, entre ellos, los de Australia, el Reino Unido, Canadá o Dinamarca, han anunciado que no enviarán representantes políticos al acontecimiento. Según Brownell, la experta de Missouri-St.Louis, “insuficientes para que resulte efectivo”.

En opinión de Brownell, es posible que las actuales tensiones diplomáticas en torno a la competición caigan en el olvido una vez comiencen las competiciones deportivas y la atención de público y medios se centre en las actuaciones de los atletas.

“Lo que deja huella de unos Juegos son las actuaciones deportivas”, subraya esta académica. “Antes de unos Juegos siempre hay polémicas, pero tienden a olvidarse una vez que llega la ceremonia de inauguración. A partir de entonces, el protagonismo pasa a los atletas”.

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Se llama My2022 y es la aplicación móvil que han diseñado los organizadores de los Juegos Olímpicos de Pekín. Desde hoy, dos semanas antes de la inauguración, quien quiera viajar a China para asistir, como participante o como uno de los pocos espectadores permitidos, tiene que descargarla e ir dando cuenta de su estado de salud cada día, o bien hacerlo a través de internet. El problema es que podría no ser segura. The Citizen Lab, un laboratorio asociado a la Universidad de Toronto que investiga el espionaje a ciudadanos, entre otras cosas, ha expuesto algunos agujeros. Por ejemplo, no protege muchos datos sensibles y recopila datos médicos de los usuarios sin decir dónde se van a almacenar ni con quién se van a compartir. El caso es que las delegaciones internacionales no se fían. Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Bélgica, Austria, Australia y Países Bajos han dicho que les darán móviles con tarjeta prepago a sus deportistas para que no tengan que llevar los suyos y evitar disgustos.

Tiene sentido tomar precauciones, dado el nivel de supervisión y censura que existe en China, y cómo usan la inteligencia artificial y los datos a gran escala para controlar a su población. Pero, siendo honestos, por mucho que la app haya sido objeto de varios titulares en prensa extranjera, no parece que los atletas sean la prioridad de los servicios secretos chinos. Podrían darse situaciones incómodas si a alguno le diera por hacer declaraciones sobre el maltrato a la minoría musulmana en Xinjiang, por ejemplo, pero no se teme por un cibersecuestro de datos.

Aunque China tenga una red de vigilancia muy engrasada, la aplicación My2022 tiene más que ver con la obsesión del Gobierno por la seguridad en medio de una pandemia. Todo extranjero que pisa suelo chino tiene que guardar tres semanas de cuarentena y someterse a pruebas diagnósticas diarias, más una semana extra de control. Los deportistas, periodistas y todos los trabajadores de los Juegos van a estar literalmente en una burbuja por pánico a un brote de covid. Se perderán las maravillas del invierno en Pekín, como los paseos por la Ciudad Prohibida y las empanadillas al vapor de los puestos callejeros. Comerán, dormirán y se moverán por un perímetro sellado hasta que cojan el avión de vuelta.

Han pasado casi 14 años desde que la capital china celebró unos Juegos Olímpicos. En este tiempo ningún país ha avanzado tanto tecnológicamente, para bien y para mal. Pekín tiene la infraestructura y el músculo para imponer un relato nacionalista. El Partido Comunista dice abiertamente que están librando una batalla por la “soberanía de la imagen” y que internet es el principal campo de batalla. Puestos a espiar, les interesa mucho más el acceso a fuentes académicas o empresariales, que influyen en la toma de decisiones, y en eso están trabajando desde hace años. Cuesta pensar que vayan a destinar recursos a entrar en el teléfono de un patinador extranjero. @anafuentesf

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En Panamá se celebró la tercera edición de los Juegos Ancestrales Indígenas
Los competidores no luchaban solo por obtener una medalla, lo hacían para rescatar y preservar sus costumbres tradicionales.

En los Juegos Ancestrales participaron representantes de siete pueblos indígenas del país, haciendo esta, una de las competencias deportivas más llamativas del mundo.

Noticias Internacionales.

Un total de 250 competidores participaron en la tercera edición de los Juegos Ancestrales Indígenas en Panamá, realizados en 2020 y que llamaron la atención del mundo.

En Panamá se celebró la tercera edición de los Juegos Ancestrales Indígenas
Las competencias iniciaron el día 15 de diciembre y se extendieron por 4 días.

Los competidores representaron a las 7 etnias indígenas que hay en el país centroamericano; representan el 12% del total de la población de Panamá.

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Las competencias iniciaron el 15 de diciembre y se extendieron durante cuatro días.

Los competidores no luchaban solo por obtener una medalla, lo hacían para rescatar y preservar sus costumbres tradicionales.

En los juegos se ponían a prueba habilidades como la fuerza, puntería y concentración de los participantes en cada deporte.

Las competencias se dividieron en pruebas de tierras en las que se podrían encontrar  tiro con arco, lanza y soga; además de carreras de 100 metros y 10 kilómetros.

Por su parte en las pruebas de agua, se encontraban las competencias de canotaje y natación en velocidad y resistencia de los participantes.

Tanto hombres como mujeres tuvieron una destacada participación en las diferentes competencias que además de preservar las costumbres y tradiciones de los pueblos indígenas de Panamá, destacaron el rol y la importancia de la mujer dentro de las comunidades.

Los ganadores de las diferentes disciplinas se llevaron un cupo para participar en los juegos mundiales indígenas que se disputarán en Brasil en el año 2022.

Son los llamados ‘Olímpicos Indígenas’, se realizan en Brasil desde 1996, pero que se extendieron para que hubiesen otros países y nuevas sedes, los últimos fueron en 2017 en Alberta, Canadá.

En este caso, Panamá se destacó por realizar una de las justas más organizadas, incluyentes y competitivos del continente de camino a los nuevos mundiales.

Colombia, participa en estas justas internacionales.





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