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La influenciadora barranquillera contó cuál es su razón de peso.

Noticias Colombia.

Andrea Valdiri tiene acostumbrados a sus seguidores a participar en los diferentes desfiles del Carnaval de Barranquilla.

En su última participación, la instagrammer barranquillera tuvo algunos inconvenientes con los organizadores de «La Guacherna» , evento que abre las Carnestolendas.

Fue en el 2020, el último Carnaval antes de la pandemia. En esa ocasión, Andrea se quejó de ser una de las últimas en aparecer en el evento, ya cuando la gente se disponía a abandonar el cumbiódromo de la carrera 44.

A pesar del «desplante» muchos de los seguidores de la barranquillera, más de 7 millones en Instagram, esperaron hasta bien tarde en la noche para observar el baile y el disfrute de ‘La Valdiri’.

Aunque no fue como ella hubiese querido, logró cumplir su propósito y gracias a su baile y su lujoso vestuario, su show estuvo en boca de todos los carnavaleros.

Al día siguiente Valdiri contó su experiencia a través de un video y criticó la organización del Carnaval.

Para ella, en este evento existen algunas personas privilegiadas y otras no.

Sus polémicas palabras tomaron eco y una ex reina de las Carnestolendas, Marcela García, no estuvo de acuerdo con su punto de vista.

La exsoberana del año 2016, le mencionó a Andrea que ella no provenía de familia adinerada y a pesar de ellos, fue elegida como reina.

Pues bien, hoy dos años después de aquella disputa, Andrea anunció que no estará en los Carnavales de Barranquilla 2022.

Su ausencia ha sido notada por usuarios de redes sociales.

Según Andrea, el no hacer presencia en los Carnavales, nada tiene que ver aquella mala experiencia.

La generadora de contenidos contó que se encuentra en Bucaramanga, adelantando algunos proyectos que se vienen muy pronto para el deleite de sus fans.

Al parecer, se trataría de un reality show que la barranquillera está a punto de lanzar.

Esta es la explicación a su ausencia y así lo dio a conocer en sus historias de Instagram.

A continuación las declaraciones de la influenciadora barranquillera:

 





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Modelo rusa asesinada.

Su exnovio confesó el crimen. La joven era detractora del Gobierno de Vladimir Putin.

Noticias Colombia.

Gretta Vedler, modelo rusa de 23 años de edad, fue hallada sin vida dentro de una maleta luego de un año de haber sido reportada como desaparecida.

La rubia de ojos azules presuntamente fue estrangulada y depositado su cuerpo en la valija por su expareja sentimental, Dmitry Korovin.

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De acuerdo al medio inglés The Mirror, el exnovio confesó que la había asesinado por aparentes problemas financieros que ambos tuvieron en Moscú.

Gretta Vedler, modelo rusa asesinada.

Korovin contó a las autoridades que durmió en un cuarto de hotel durante tres noches con el cuerpo sin vida de Gretta.

Luego, introdujo el cadáver en una maleta recién comprada.Después de salir del hotel,  llevó el cuerpo a la región de Lipetsk en la parte occidental de Rusia y dejó la maleta en el baúl de un carro. El pasado martes, un años después de su desaparición, la Policía rusa halló el cuerpo de Gretta en dicho baúl del automóvil.

Las autoridades continúan la investigación de estos hechos. Mientras se recolectan pistas y testimonios, el exnovio de la modelo permanece detenido.

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Modelo rusa que fue hallada en uann maleta.

Se conoció que Gretta era fuerte detractora del Gobierno del presidente ruso Vladimir Putin, mandatario que ha sido cuestionado estas últimas semanas por sus ataques a Ucrania.

Hace un año, en enero del 2021, publicó en una de sus cuentas de redes sociales el siguiente mensaje:

«Solo puedo suponer, en mi opinión, que se ve en él una clara psicopatía o sociópata», afirmó la joven, según el diario ‘Daily Mail’.

Gretta Vedler, hallada en una maleta.

Y agregó según The Mirror: «Para los psicópatas, es importante sentir de forma constante una sensación de plenitud y adrelanina en su vida, por lo que aman el riesgo, las experiencias intensas, la comunicación intensa, la actividad intensa, una vida intensa y dinámica”, escribió, según The Mirror».

Autoridades locales no creen en la hipótesis de que su desaparición y muerte estén relacionadas con su apatía con el Gobierno de Putin.

Foto de portada: @gretta.vedler

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El periodista Armando Linares ha sido asesinado este martes en Zitácuaro, en el Estado de Michoacán, según ha confirmado la Fiscalía estatal. El ataque ha ocurrido esta tarde “en un domicilio particular”, de acuerdo con el ministerio público. El reportero, director del portal Monitor Michoacán, había denunciado amenazas de funcionarios tras el asesinato en enero del informador Roberto Toledo, que colaboraba con su medio. El de Linares es el octavo crimen del año contra la prensa en México, el país más letal ejercer la profesión fuera de las zonas de guerra.

“Las llamadas de alerta y auxilio de Armando no fueron escuchadas”, han escrito sus colegas en un pronunciamiento difundido este martes tras el atentado y dirigido al presidente Andrés Manuel López Obrador, “las autoridades fueron omisas”. En el escrito, los reporteros exigen al Gobierno “tomar con toda la seriedad debida los asesinatos, agresiones y violaciones de derechos” contra periodistas en el país. “La rabia, impotencia e indignación no encuentran ya palabras frente a los homicidios de periodistas que se acumulan en México y Michoacán”, se lee.

Medios locales han informado de que Linares fue asesinado en su casa de ocho disparos frente a su familia. El periódico El Sol de Morelia ha asegurado que el reportero había recibido amenazas desde 2019 y responsabilizaba al fiscal del Estado, Adrián López Solís, de actos de corrupción y amedrentamiento. El mismo medio ha afirmado que Linares se había acogido al Mecanismo de Protección a Periodistas “pero por solo unas semanas y después se desistió de la protección”.

Tras el homicidio de Toledo, que fue acribillado a la salida de su oficina el 31 de enero, Linares había reiterado en un vídeo que el equipo que dirigía había recibido amenazas. “El equipo de Monitor Michoacán ha venido sufriendo una serie de amenazas de muerte. Finalmente, estas amenazas se cumplieron y el día de hoy asesinaron a uno de los miembros de nuestro equipo”, denunció entonces Linares. Toledo era el cuarto comunicador asesinado en México este año.

“Exhibir corrupciones de gobiernos, de funcionarios y de políticos nos llevó a la muerte de uno de nuestros compañeros”, había dicho Linares antes de quebrarse en ese video y de quedarse en silencio unos segundos. “No estamos armados, no traemos armas. Nuestra única defensa es una pluma, un lapicero, una libreta”, había dicho, y había asegurado que llevaría las denuncias “hasta las últimas consecuencias”. “Vamos a seguir denunciando corrupciones aunque la vida nos vaya en ello”, había expresado.

Casi una decena de reporteros murieron de forma violenta solo en 2021 en el país, según el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés), y en las últimas tres décadas han sido más de 140. Pero más del 95% de los crímenes en México acaban en la impunidad. Los periodistas locales como Linares son los más expuestos a la violencia contra la prensa. La organización Artículo 19, que lleva un conteo de los homicidios de comunicadores, apunta además a que el 40% de los asesinatos recae en funcionarios públicos.

Este año, las noticias sobre las muertes han dado la vuelta la mundo y los cuestionamientos han llegado también desde el exterior. El Gobierno de Estados Unidos criticó en febrero la ola de violencia y las condiciones de trabajo de los reporteros mexicanos. El secretario de Estado Antony Blinken expresó en Twitter que eran “preocupantes” las amenazas que reciben. El jueves, el Parlamento Europeo comunicó que “observa con preocupación las duras y sistemáticas críticas formuladas por las más altas autoridades del Gobierno mexicano contra los periodistas y su labor”.

Pero además las manifestaciones de reporteros en el país y los reclamos de asociaciones de derechos humanos han obligado al Gobierno a comprometerse a aclarar atentados como el que sufrió la periodista Lourdes Maldonado, que fue asesinada en la puerta de su casa en Tijuana después de haber pedido ayuda personalmente y en público al presidente. El mandatario encargó investigar los últimos casos y en las conferencias matutinas ha informado sobre algunos avances, que señalan sobre todo a los autores materiales, pero no a los intelectuales. La violencia, sin embargo, no ha frenado.

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El multimillonario ruso Roman Abramóvich es también, entre otras muchas cosas, portugués. En abril de 2021, el Gobierno luso le concedió la nacionalidad en virtud de unas raíces sefardíes que nunca fueron bien esclarecidas. En aquel momento, cuando la invasión de Ucrania parecía un argumento distópico, pesaba más el dinero que la transparencia. El procedimiento para otorgar la ciudadanía portuguesa al oligarca ruso duró apenas seis meses y estuvo avalado y gestionado por la Comunidad Israelí de Oporto, cuyo rabino, Daniel Litvak, fue detenido por la policía judicial este jueves, mientras se preparaba para volar a Israel, según el diario Público, que hace unos meses destapó anomalías en la actividad de esta comunidad para lucrarse con la tramitación de ciudadanías lusas.

La Policía Judicial confirmó a última hora del viernes en un comunicado la operación que dirige la Unidad Nacional de Combate a la Corrupción, que también incluyó registros en domicilios y despachos de abogados. La Fiscalía General del Estado emprendió una investigación en enero para aclarar posibles irregularidades en la tramitación de expedientes para facilitar la nacionalización con el argumento de los antecedentes históricos de judíos ibéricos en los que se podrían haber cometido tráfico de influencias, corrupción activa, falsificación de documento, blanqueamiento de capitales, fraude fiscal y asociación criminal.

La Ley de la Nacionalidad permite desde 2015 nacionalizar como portugueses a los descendientes de la antigua comunidad judía que residió en el país hasta su expulsión por orden del rey Manuel I en 1496, cuatro años después de que los Reyes Católicos los echasen de los territorios de las coronas de Aragón y Castilla. El Gobierno luso atribuyó en exclusiva a las Comunidades Israelíes de Lisboa y Oporto la potestad para certificar los antecedentes sefardíes de los solicitantes. Desde entonces se han tramitado 86.500 peticiones, de las cuales el Ministerio de Justicia ha concedido más de 32.000. El 90% de las solicitudes se han presentado en la organización judía de Oporto, entre ellas la del oligarca Roman Abramóvich. Aunque su nacionalidad se concedió hace un año, no se conoció este hecho hasta mediados de diciembre, gracias a una noticia de Público. Solo por la tramitación de estos expedientes, la comunidad hebrea ha ingresado más de 19 millones de euros.

El multimillonario ruso, que también tiene las nacionalidades israelí y lituana, fue uno de los principales contribuyentes del Museo del Holocausto de Oporto, que se abrió al público en abril de 2021, apenas un mes antes de que Abramóvich visitase la ciudad para acudir a la final de la UEFA en el estadio del Dragón, que disputaron a finales de mayo el Manchester United y el Chelsea, club que pertenece al oligarca. Uno de los comisarios del Museo del Holocausto es Hugo Miguel Vaz, que se encargó de introducir en la Wikipedia información sobre los antecedentes judíos de Abramóvich al tiempo que se tramitaba ante la administración lusa su expediente. Según el diario Público, editó en 18 ocasiones el perfil del multimillonario en sus versiones inglesa y portuguesa para hacer constar datos sobre sus abuelos judíos.

La modificación de la Ley de la Nacionalidad, que incorporó en 2013 la propuesta para descendientes de sefardíes ibéricos, fue propuesta por la diputada socialista Maria de Belém Roseira, tía del abogado Francisco de Almeida Garret, una de las principales figuras de la Comunidad Judía de Oporto, que ahora está bajo sospecha. En un artículo reciente, Roseira defendió que “se combata el fraude” y “se defienda” la ley “que constituye una reparación histórica de crímenes y acciones ignominiosas”.

Esta semana, el Gobierno de Reino Unido ha impuesto restricciones al dueño del club de fútbol Chelsea y ha congelado sus activos. Este sábado, la liga inglesa, la Premier, ha descalificado al oligarca ruso al frente del club, lo que facilita la venta de la entidad como estaba previsto.

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Pasoancho inundada en Cali
Este viernes tras el aguacero de la madrugada, el canal que pasa por la zona se volvió a desbordar.

Autoridades piden prudencia en medio de la emergencia por inundación en la Pasoancho con 80, sur de Cali.

Noticias Cali.

En marzo del 2021 las calles 13 (Pasoancho) y 14 con 80 en el sur de Cali se vieron inundadas tras un fuerte aguacero y el desborde de la canal por la zona, y aunque muchos pensaron que no era nada grave, un domiciliario por poco muere ahogado al ser arrastrado por la corriente, carros y motos apagados y el paso restringido por varias horas, este 4 de marzo del 2022, la emergencia es parecida.

Este viernes tras el aguacero de la madrugada, el canal que pasa por la zona se volvió a desbordar.

A las 7:32 a.m., agentes de la Secretaría de Movilidad mantenían el paso restringido para evitar mayores emergencias mientras el agua baja.

En medio de la emergencias, algunos vehículos más grandes si han logrado pasar, sin embargo, motorizados han preferido devolverse o parar, para evitar caídas, y varios carros se han apagado porque el agua alcanzó los motores.

Hasta ahora no hay un reporte oficial sobre por qué este canal de aguas lluvias sigue desbordándose a pesar de su canalización y mantenimiento.

No aguanta la gran cantidad de agua que alcanza a caer en algunas horas durante las fuertes olas invernales que se registran en los períodos entre marzo y junio.

Un año después, otra inundación

El 27 de marzo del 2021, en esa zona se vivió otra emergencia, cuando se desbordó el canal.

Ese día, algunas motos fueron arrastradas y sus dueños alcanzaron a sacarlas y ponerse a salvo, pero un domiliciario en moto si terminó cayendo. 

Para ese día, algunas personas alcanzaron a grabar cuando don Albeiro, terminó arrastrado por la corriente, intentaba no dejar perder su bicicleta que era su herramienta de trabajo.

Danny Zorrilla fue el caleño, psicólogo de profesión, que finalmente se bajo de su carro y corrió en auxilio de la persona que necesitaba ayuda.

En medio de la fuerte corriente producida tras la inundación de la Pasoancho con 80, ese día, socorrió a don Albeiro y su bicicleta que sufrió daños.

Luego de ello, Gane le regaló un celular nuevo al domiciliario porque lo perdió en medio de la situación, y hasta bicicleta nueva le dieron días después.

 





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Una bailarina de la escuela de samba Mangueira desfila este domingo por la noche en Río de Janeiro, en un anticipo del desfile oficial de abril.
Una bailarina de la escuela de samba Mangueira desfila este domingo por la noche en Río de Janeiro, en un anticipo del desfile oficial de abril.ANDRE COELHO (EFE)

La purpurina, los tocados de plumas y el resto de la parafernalia del Carnaval han vuelto este fin de semana a Río de Janeiro, pero en formato reducido porque, en realidad, es un aperitivo de la fiesta grande. De nuevo, por culpa de la pandemia. En abril celebrarán los festejos oficiales la principal capital del carnaval brasileño y el resto del país tras un aplazamiento debido a los estragos de la variante ómicron. Este anticipo carnavalesco ha sido peculiar, pero de trascendencia para quienes la vida es casi una cuenta atrás hasta la próxima edición. “Estar aquí es una victoria, una resurrección”, decía el domingo por la noche Erika Souza, 34 años, ayudante de coreografía de la escuela Viradouro, lista para ver desfilar a sus colegas. Sin mascarilla, miles de personas han retomado el Carnaval después de que 2021 entrara en la historia como el primer año sin desfiles ni fiestas callejeras.

El aperitivo carnavalesco carioca ha consistido en muchas fiestas privadas para quien pudiera pagarlas, aglomeraciones ilegales en torno a comparsas callejeras y un minidesfile de las clásicas escuelas de samba.

En torno a la medianoche, con 24 grados de temperatura, la Ciudad del Samba era un reino de tacones y escotes imposibles, pechos de silicona, lentejuelas, purpurina, mucha piel, selfies por doquier y canciones cantadas con emoción por un público que se sabe de memoria de la primera a la última estrofa. Para entrar todos tuvieron que demostrar estar vacunados del coronavirus. El conjunto de almacenes donde durante el resto del año confeccionan los disfraces y las carrozas fue el lugar elegido para un desfile organizado por la liga de escuelas de samba que pretendía matar el ansia de fiesta y abrir boca. Roseni de Souza, 56 años, había llegado como cada año, salvo el pasado, desde Canoes (Río Grande do Sul). “Era importante estar aquí para dar apoyo a la comunidad carnavalesca”, explicaba en un descanso del minidesfile.

Fue una versión jibarizada del que cada año se televisa a todo el mundo desde el Sambódromo diseñado por Óscar Niemeyer, convertido por la pandemia en centro de vacunación. Danzaron solo 150 integrantes por cada grupo, que en circunstancias normales puede rondar las 4.000 personas. Cada uno, con su enredo, la historia y la coreografía que se diseñan expresamente para cada edición. Desfilaron las siempre impresionantes bailarinas que despliegan un ritmo endiablado bajo inmensos y elaboradísimos tocados de plumas, los abanderados, el cuerpo de bailarines, músicos y los veteranos de las comparsas.

Entre los que desfilaron, Mangueira, con su abanderada Squel Jorgea, que un año atrás recibió a este diario en la entonces desangelada sede de la escuela para hablar de un momento que nadie imaginó y ya ha entrado en la historia como tantos otros por culpa de la pandemia.

Miles de personas desoyeron a las autoridades en línea con el espíritu transgresor al que está consagrado el Carnaval. Algunos blocos, una especie de charangas, salieron aunque las autoridades municipales no las habían autorizado, a diferencia de las fiestas privadas. Motivo por el que algunos lo han bautizado como el Carnaval de la desigualdad.

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Para De Souza es importante viajar cada año a Río porque el Carnaval es “un espacio para mostrar nuestra cultura, la cultura negra”. El samba es parte del riquísimo legado artístico de los esclavos que contribuyeron a construir Brasil. Fue perseguido durante muchas décadas como otras muchas expresiones culturales, incluida la capoeira.

Y también es un importante sector económico en Río y en otras ciudades de Brasil con famosos Carnavales como Salvador de Bahía o Recife porque crea decenas de miles de empleos. Implica la elaboración de composiciones musicales, coreografías, disfraces… y un público masivo. Son, para muchos brasileños, las fechas más esperadas del año.

Una aglomeración ilegal en torno a una comparsa este domingo en el centro de Río. Las fiestas privadas estaban autorizadas, las callejeras no.
Una aglomeración ilegal en torno a una comparsa este domingo en el centro de Río. Las fiestas privadas estaban autorizadas, las callejeras no.Antonio Lacerda (EFE)

El Carnaval es la culminación de muchos meses de trabajo. Todo estaba listo en diciembre para celebrarlo en las fechas señaladas en el calendario, ahora, a finales de febrero, pero la variante ómicron dio al traste con todos los planes. Los alcaldes decidieron curarse en salud y aplazar los desfiles y los blocos para abril. Fue un mazazo para las comparsas que el año pasado tuvieron el primer año en blanco en más de un siglo de historia. En 1892 y 1912 tuvo que ser atrasado por una epidemia de fiebre amarilla y en señal de duelo por la muerte del padre de la diplomacia brasileña, el barón de Rio Branco, respectivamente pero finalmente pudo celebrarse.

“Lo de esta noche es un minicarnaval. Si Dios quiere, en abril estaremos de vuelta para el Carnaval completo”, aseguraba Maximiliano Leite, de 42 años, un compositor llegado como cada edición desde Porto Alegre, que esperaba la salida de su escuela, Salgueiro. Los brasileños suelen ser devotos de una escuela de samba, un amor similar al que se profesa por un equipo de fútbol. Leite es de Salgueiro porque es rojiblanca, como los el Internacional de Porto Alegre, el club de fútbol de sus amores.

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cayó de un séptimo piso

El niño cayó de un séptimo piso, un policía lo auxilió de inmediato y lo trasladó a un centro médico.

Noticias Atlántico.

Una familia en Soledad, Atlántico, pasó del susto de vivir de una tragedia a un milagro, porque el niño que cayó de un séptimo piso en un edificio residencial, sobrevivió confirmaron desde el hospital que está estable.

El incidente se registró este 14 de febrero a la 1 de la tarde, en el conjunto Portal de Soledad.

Cayó desde un séptimo piso, al parecer de manera accidental en un descuido de segundos de su madre quien limpiaba el apartamento.

Lo que TuBarco Noticias Caribe ha conocido, es que el niño de 1 y medio de edad, en cuestión de segundos salió al balcón mientras su madre estaba haciendo aseo, cuando corrió no alcanzó a sostenerla.

El menor cayó desde el séptimo piso hasta el suelo, sin embargo habría dismuido el impacto un techo de una caseta.

Trascendió que fue un policía, quien auxilió al menor herido e inconsciente y lo trasladó de inmediato al Hospital Universidad del Norte, donde permanece.

Parte médico 

«El paciente se encuentra en condición estable. Sin embargo, se encuentra bajo
estricta vigilancia y con pronóstico reservado, teniendo en cuenta las condiciones
circunstanciales descritas al momento de su ingreso», informó de manera oficial el hospital.

Y agregaron que: «El Hospital ha dispuesto su equipo profesional y tecnológico para atender todos los requerimientos de este caso, brindando acompañamiento humanizado tanto al paciente como a su familia».

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Cuando las tropas del Ejército tomaron el poder por la fuerza en Myanmar (antigua Birmania) el 1 de febrero de 2021, creían tenerlo todo calculado para poner fin a una década de incipiente democracia. Con el argumento —falso— de que se había perpetrado un fraude electoral en los comicios presidenciales tres meses atrás, arrestaron a la líder de facto del Gobierno civil, la premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, y a los parlamentarios de su bando. Los militares llevaban semanas espiando, como se supo más tarde, sus comunicaciones. Buscaron en sus domicilios a activistas, a académicos non gratos. Acusaron a Suu Kyi de cargos que incluían desde el supuesto uso ilícito de walkie-talkies al tongo electoral. Pero hubo algo con lo que no contaron: la férrea resistencia de la sociedad civil.

Desde el primer día, la población birmana, muy especialmente los jóvenes que se habían criado en una era de mayor conexión con el resto del mundo y apenas tenían memoria de lo que era vivir bajo una dictadura, se lanzó a la protesta contra un ejército que ya había controlado el poder en Myanmar durante medio siglo desde su primer golpe de Estado en 1962.

Primero llegaron caceroladas, manifestaciones y huelgas. Después —y mientras la junta militar encabezada por el general Min Aung Hlaing reprimía con violencia las concentraciones populares que surgían en todo el territorio birmano—, unos autoproclamados Gobierno de Unidad Nacional en la sombra y una asociación de guerrillas denominada Fuerzas de Defensa Populares.

Con la junta encabezada por el general Min Aung Hlaing enrocada en el poder y la mayor parte de la población en su contra, un año después del golpe el panorama en Myanmar es desolador. “Ha habido una intensificación de la violencia, una profundización de las crisis humanitaria y de derechos humanos y un rápido aumento de la pobreza”, denunciaba este lunes en un comunicado el portavoz del secretario general de la ONU, Antonio Guterres. Al mismo tiempo, el gobierno militar anunciaba una prórroga de seis meses del estado de alarma que proclamó al tomar el poder, con el argumento de que es “necesario para establecer el camio correcto para una democracia genuina, disciplinada y multipartidista”.

La junta militar ha matado al menos a 1.500 personas y ha detenido a 11.838 desde el golpe, según la Asociación birmana de Asistencia para los Presos Políticos. Más de 320.000 desplazados internos por la violencia se han sumado a los 340.000 de larga duración que ya existían en el país debido a conflictos previos, calcula la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios. La economía se contrajo un 18% en 2021, según el Banco Mundial. Los apagones y los cortes de servicio de internet están a la orden del día. Grandes conglomerados internacionales que habían acudido al reclamo de los abundantes recursos naturales, un mercado de 54 millones de personas y un clima de inversión favorable han anunciado su retirada, entre ellos, las petroleras Chevron y Total. La comunidad internacional ha impuesto sanciones económicas; Estados Unidos, Reino Unido y Canadá las ampliaban este lunes a más altos cargos birmanos. Tras una década de apertura, el país del sureste asiático vuelve a encontrarse aislado.

Pero la resistencia popular continúa. Ya no en forma de manifestaciones masivas, una actividad demasiado peligrosa. Pero sí en pequeñas manifestaciones rápidas, que tan pronto se forman como se disuelven, y de otros modos. Los que pueden permitírselo, boicotean los productos de las empresas propiedad del ejército o del Estado, generalmente más baratos. Este martes, en el primer aniversario del golpe, está convocada una nueva huelga general, para la que el movimiento de desobediencia civil ha pedido que la gente no salga de casa y los comercios no abran, entre amenazas de la Junta de graves represalias para quienes se sumen.

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Desde la asonada, médicos, maestros y otros funcionarios se han adherido al movimiento de resistencia civil y se niegan a trabajar para la junta. Algo que, a su vez, ha repercutido en la economía: los sistemas de enseñanza y sanitario se encuentran semiparalizados, en el mejor de los casos.

Las Fuerzas de Defensa Populares llevan a cabo una guerra de guerrillas que mantiene en jaque al Ejército birmano, también conocido como Tatmadaw. A la mezcla hay que añadir también las milicias étnicas que ya existían previamente en las zonas fronterizas, hogar de numerosas minorías en difícil convivencia, o enfrentadas, al ejército de mayoría étnica bamar, la dominante en Myanmar. Varias de ellas cooperan activamente con los grupos de resistencia. Algún analista militar ha descrito la situación actual como un “equilibrio del caos”.

“El conflicto va en aumento, [las tácticas de] los militares se van haciendo más desesperadas, a medida que se dan cuenta de que están perdiendo. Pese a todas las armas y los soldados que tienen a su disposición, no han podido hacerse con el control territorial del país. Y el control del territorio es su prioridad”, afirma Debbie Stothard, de la organización Alternative Asean Network for Burma, en una videconferencia organizada por Institute of Southeast Asian Studies (ISEAS).

Matanzas de civiles

Las tácticas de la junta se han ido endureciendo a medida que ha ido encontrando resistencia. En diciembre, en la región de Sagaing, los militares quemaron a 11 residentes de un poblado, entre ellos, varios menores. Algunos vivían cuando les prendieron fuego. En Nochebuena se repitió una escena similar en un puesto de control cuando los soldados quemaron a 31 personas que trataban de huir de un enfrentamiento armado entre el ejército y la resistencia. Días más tarde, el Tatmadaw lanzó un ataque aéreo contra Loikaw, la capital de Kayah, la región donde se había producido la matanza.

“Si comparamos las cifras de ataques en los que ha resultado herida población civil en septiembre, octubre, noviembre y diciembre hemos visto más casos en Myanmar que en Siria y Afganistán juntos”, denuncia Stothard. En el caso birmano, su organización contabiliza 2.500; Siria y Afganistán acumulan 2.324 en el mismo periodo.

Esa tendencia va a continuar, a todas luces. La junta prepara una nueva ley de seguridad nacional que, según la ONG Access Now, supondrá la “muerte del espacio cívico online en Myanmar, extinguiendo cualquier resto de derechos de la gente a la libertad de expresión, asociación, información, intimidad y seguridad”. Ya ha prohibido el uso de VPN [tecnología de red], que policía y ejército buscan en los móviles de ciudadanos en constantes controles callejeros. El acceso a internet y datos se ha visto sumamente restringido. Los periodistas independientes han quedado en su mayoría detenidos o forzados a huir del país.

Min Aung Hlaing ha prometido elecciones para mediados de 2023 y entregar el poder al ganador. Pero Suu Kyi permanece detenida, y condenada ya a años de prisión, es probable que las causas que aún mantiene abiertas le acarreen penas aún más largas. Su partido, la Liga Nacional para la Democracia (LND), afronta una posible disolución. La junta planea una reforma del sistema electoral que le garantice mantener el control entre bambalinas.

“Es difícil ver cómo el régimen podría celebrar elecciones cuando casi todo el país se le revuelve. Es aún más difícil ver cómo unas elecciones podrían terminar la crisis política. La ira popular contra los militares es tal que nadie podría concebir como un paso adelante un nuevo gobierno constituido por militares retirados en traje de civil… Unas elecciones serían un detonante para la disensión y disturbios, no un paso hacia la estabilidad”, escribe el analista Richard Horsey, de la organización especializada en prevención de conflictos Crisis Group, en un comentario.

Es complicado también ver una intervención significativa de la comunidad internacional, cuya atención durante estos 12 meses ha estado dominada por la pandemia u acontecimientos como la actual crisis en torno a Ucrania. Su inacción supuso un duro golpe para los birmanos que suplicaban ayuda al comienzo de las protestas. Ahora, tras haber llegado “a la conclusión de que están casi por completo solos, la gente ha optado por hacerse cargo ellos mismos, incluido a través de la lucha armada”, apunta Horsey.

Pero “derribar al régimen —que está temeroso de la venganza que encararía por parte de una nación furiosa— es mucho más difícil de conseguir”, agrega el experto. “Sin ninguna de las partes en posición de asestar un golpe decisivo a la otra, una confrontación prolongada y cada vez más violenta parece inevitable”.

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Jorge líder comunal Patos y Putumayo
Durante muchos meses, Jorge le ‘rogó’ a la EPS para que le practicaran un procedimiento quirúrgico que necesitaba con urgencia, creen que el deterioro de su salud se debió a esa espera.

Durante muchos meses, Jorge le ‘rogó’ a la EPS para que le practicaran un procedimiento quirúrgico que necesitaba con urgencia, creen que el deterioro de su salud se debió a esa espera.

Noticias Putumayo

De luto se encuentran los habitantes del municipio de Puerto Asís, Putumayo, por cuenta de la muerte del reconocido líder comunitario Jorge Bravo.

Como se recordará, el líder comunal presentaba quebrantos de salud y complicaciones por las demoras en la atención.

Y producto de su situación, en el 2018 el dirigente fue trasladado hasta un centro asistencial de Pasto en donde estuvo hospitalizado por más de un año.

En ese entonces, TuBarco Noticias Pasto, habló con el dirigente, quien contó que practicamente ‘vivía’ en el hospital.

Don Jorge había llegado a la capital nariñense confiado en que encontraría una solución a las dolencias en una de sus piernas; esto debido a que presentaba una grave infección.

Un año hospitalizado

Sin embargo manifestó que pasaron los días, las semanas y hasta los meses, esperando por una cirugía.

Fue tal el punto, que se cumplió un año desde su ingreso y el dirigente seguía sin procedimiento.

Ante la insistencia y el desespero, que por fin atendieron su llamado y luego de estar otros meses internado durante su recuperación, pudo regresar a su departamento.

Siguió con sus actividades, sin embargo, con el pasar de los meses, su salud se fue deteriorando, la movilidad en sus piernas se fue perdiendo.

Y ya en las ultimas horas, autoridades confirmaron su deceso.

«Lamentamos el triste fallecimiento del líder comunal Jorge Bravo, presidente de la Junta del barrio El Jardín, ahora su alma descansa en la paz del señor», indicaron.

La situación ha generado conmoción entre la comunidad, que destacó la labor del dirigente Jorge.

Así había sido su estadía en el hospital en Pasto:



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Joe Biden llegó a la Casa Blanca hace justo un año arropado por la poesía de Amanda Gorman, el himno emocionado de Lady Gaga y un índice de popularidad del 57%, cota nada despreciable para los Estados Unidos del desgarro político. El país tiritaba aún por el asalto al Capitolio, culmen de la tormentosa era Trump, y Biden, un demócrata de la vieja guardia, veterano del Capitolio, con merecida fama de moderado, prometió la reconciliación. “A todos los que no me apoyaron, escuchen lo que tengo que decir conforme avanzamos y, si todavía están en desacuerdo, eso es la democracia, esto es Estados Unidos”, dijo aquella mañana. “Empecemos de nuevo, todos, escuchémonos unos a otros”, insistió.

Los primeros 100 días transcurrieron al galope. Impulsó un nuevo plan de estímulos de 1,9 billones de dólares con medidas estructurales históricas para combatir la pobreza infantil, firmó el regreso de Estados Unidos al Acuerdo contra el Cambio Climático, levantó el veto de Trump a las personas transgénero en el Ejército, firmó la paz con las potencias aliadas tras el giro aislacionista del republicano y cumplió con creces las metas de vacunación prometidas a los votantes. El ruido desapareció de la Casa Blanca. Estados Unidos recuperó su nivel de actividad económica previo a la pandemia. Había prometido una suerte de restauración, pero aquello parecía el inicio de una revolución social.

Biden llega al primer aniversario de su Gobierno, sin embargo, con un índice de aprobación del 40%, según los datos de Gallup, referente en este tipo de sondeos. Se trata del peor dato sufrido por cualquier presidente a estas alturas de mandato, con la excepción de Donald Trump. La persistencia de la pandemia, el desmadre de la inflación, los problemas del mercado energético y la caótica retirada de tropas de Afganistán han sumido al demócrata en una delicada crisis a apenas nueve meses de unas elecciones legislativas que pueden hacerle perder el control del Congreso y acabar de maniatar su obra de Gobierno hasta 2024.

Las evocaciones del New Deal de Franklin Delano Roosevelt han dado paso a maliciosas comparaciones con Jimmy Carter (1977-1981), el demócrata que solo gobernó un mandato, el previo al imperio de Ronald Reagan. La inflación, la crisis energética, la política exterior traen malos recuerdos a Washington. Pero una de las diferencias sustanciales con Biden es que Carter gobernó con una holgada mayoría en las dos Cámaras legislativas, la de Representantes y el Senado, y la del actual presidente resulta muy frágil.

Biden, senador durante tres décadas, tenía credenciales de pragmático, capaz de llegar a acuerdos con la oposición y, sobre todo, de experimentado intérprete del ánimo del Congreso y contador de votos. Dos grandes proyectos de ley en los que ha invertido su capital político han quedado varados en el Capitolio porque no ha logrado convencer a dos senadores demócratas díscolos -Joe Manchin y Kirsten Sinema- ni arrimar a su costado a ningún republicano moderado. Se trata de la nueva ley nacional de voto (que frene las restricciones impuestas por Estados republicanos) yb su gran programa social Build back better, que supone la mayor expansión del Estado de bienestar en medio siglo. La apuesta política por estos proyectos ha sido tan elevada que ha deslucido una conquista legislativa reciente, y también de calado histórico, como el gran plan de inversiones en infraestructuras, de apoyo bipartito. Trump lo buscó y no lo consiguió.

El fiasco de Afganistán, el pasado agosto, marca una especie de punto de inflexión a partir del cual todo empieza a deteriorarse. Los estadounidenses estaban a favor de ese repliegue, pero la operación fue un desastre y el mismo presidente que prometió poner los derechos humanos en el corazón de su política exterior contempló la toma de control inmediata por parte de los talibanes. El avance de la vacunación tocó un techo de escépticos que no ha logrado romper mientras las nuevas variantes de la covid volvieron a lastrar la vida diaria y disparar los contagios. La derrota en las elecciones a gobernador de Virginia encendieron las alarmas y agitaron un relato de crisis. El rápido avance de los precios empieza a pasar factura a la población pese al récord de empleo. Y ha tocado ya los límites del poder presidencial ante el bloqueo (de propios y ajenos) en el Congreso.

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Dijo que llegaría a acuerdos, pero le han fallado los cálculos. Para el analista e historiador Michael Kazin, que publica en marzo un libro sobre la historia del Partido Demócrata, Biden ha pecado de “exceso de ambición” en unas reformas que necesitan mayorías mucho más robustas. “Si mira el pasado, el partido que ha llevado a cabo reformas profundas a través del Gobierno federal sólo lo ha hecho cuando contaba con supermayorías en ambas Cámaras: los republicanos durante la Reconstrucción y la Guerra Civil y los demócratas en los años treinta y los sesenta”, explica.

Para buena parte de las leyes, son necesarios 60 de los 100 votos del Senado y los demócratas solo cuentan con 50. Dos de ellos, Manchin y Sinema, se han negado desde el principio a cambiar esta regla (el llamado filibusterismo) y Biden se equivocó al pensar que los convencería.

El demócrata tenía ante sí un dilema sin ganadores: apostar por proyectos legislativos más modestos -olvidándose de la reforma electoral, para empezar- o tratar de satisfacer al ala de izquierda de los demócratas, que ha ganado mucho peso. El programa de Biden incluye medidas como un permiso de maternidad pagado de cuatro semanas, algo común en buena parte de las democracias occidentales, pero que en el país más rico del mundo se antoja como una revolución social. En el voto, hay quien le critica por lanzarse y exponerse en una batalla perdida, y hay quien le reprocha que lo haya hecho demasiado tarde.

Aun así, Kazin pide prudencia: “Solo llevamos un año, el mandato de Biden no está acabado. A la gente se le olvida que la popularidad de Ronald Reagan estaba en el 35% a principios de 1983, justo después de que a los republicanos les fuera mal en las elecciones legislativas, y luego arrasó en las presidenciales”, advierte. “Hoy en día es diferente porque la gente está más polarizada, pero si las noticias [sobre la pandemia y sobre la economía] cambian y los demócratas consiguen unirse para aprobar algo más, Biden va a mejorar”.

“Es pronto para escribir obituarios”, coincide el politólogo Alan Abramowitz, experto en proyecciones electorales. Hoy en día, con el elevado grado de polarización política, “es muy difícil que ningún dirigente mantenga una popularidad por encima del 50%”, apunta, si bien el actual índice de aprobación de Biden se encuentra ya en lo que se considera “zona de peligro” y las elecciones legislativas, que están a la vuelta de la esquina (noviembre), suelen castigar al partido en el poder. Aun así, recalca que el índice de aprobación de Ronald Reagan “no llegaba al 50% después de su primer año en el cargo”. “Y hemos visto a presidentes recuperarse de eso y salir reelegidos, como Bill Clinton en 1996 y Barack Obama en 2012″, añade.

La pérdida de control de las Cámaras dejará el resto de la era Biden maniatada, de ahí la sensación de carrera contrarreloj que inunda el 1600 de la Avenida Pensilvania, dirección de la Casa Blanca. ¿Qué tiene que pasar para contener el golpe? ¿Qué puede cambiar el estado de ánimo de los estadounidenses? Si no salen adelante el plan social o la ley de voto, ¿está 2024 perdido para los demócratas? O al revés, ¿es lo elevado de la apuesta, el exceso de promesas, lo que ha lastrado a Biden?

Para Abramowitz, el futuro no se decide tanto en esos proyectos de ley como con lo que pase con la economía y la pandemia. Kazin coincide en la vieja idea “es la economía, estúpido”, acuñada por James Carville, asesor del demócrata Bill Clinton, en su exitosa campaña de 1992.

Pero la economía se ha convertido en una criatura extraña, difícil de lidiar. Estados Unidos recuperó el nivel de actividad previo a la pandemia en un tiempo récord, el pasado verano, tras la recesión más breve de su historia. La creación de empleo ha superado las expectativas, el nivel de paro acabó el año en el 3,9% (se esperaba cerca de un 6%) y las empresas planean para este año unas subidas de sueldo que no se habían visto en una década. Es difícil imaginar un escenario tan provechoso para un presidente, pero el desmadre de los precios ha arruinado la capitalización política de esta buena marcha. La inflación se desbocó hasta un 7% el pasado diciembre, en tasa interanual, un nivel inédito desde 1982, debido a un auge de demanda que no encuentra suficiente oferta y problemas en las cadenas de suministros.

Ambos problemas suceden a escala global, pero los mismo Gobiernos que se atribuyen el éxito de los indicadores económicos que les sonríen, cargan también con la penitencia de los ciclos negativos. Los republicanos le acusan de sobrestimular la economía y engordar la deuda pública y, por supuesto, rechazan en bloque su gran programa social. Biden, que tardó en reconocer la gravedad de la inflación, planteó recientemente la cuestión de este modo: “Si los precios de los coches son muy altos, hay dos soluciones. Aumentamos la oferta de coches, fabricando más, o reducimos la demanda de coches empobreciendo a los estadounidenses. Y lo crean o no, hay mucha gente que prefiere la segunda opción”. Cuando comenzaron las quejas de algunos empresarios sobre las dificultades para encontrar empleados, respondió: “Páguenles mejor”.

David Madland, experto en el mercado laboral del Center for American Progress, destaca que Biden ha sido “el presidente que más ha apoyado a los sindicatos en décadas”, aunque la inflación está erosionando buena parte de las mejoras. A su juicio, “existe la posibilidad de que mucha de esta inflación termine a corto plazo y en el plazo de un año pueda sacar rédito político de la economía”.

Al parón legislativo y la incertidumbre sobre la economía y la pandemia, se añade este 2022 una agenda complicada en política exterior. Las expectativas para un acuerdo nuclear con Irán son magras, China prosigue en su escalada autoritaria sin que las protestas de Occidente le hagan mella, el romance con los aliados se vio interrumpido por el acuerdo militar con Australia y el Reino Unido, que tomó a los europeos por sorpresa. Y la frontera de Ucrania y Rusia vuelve a ser un polvorín con el Kremlin al acecho. Para Rachel Rizzo, analista del Atlantic Council, tanto Washington como sus aliados se están preparando “para lo peor” y, si la vía diplomática fracasa, y Moscú decide invadir el país, “el reto va a ser enorme”.

Cualquier paso en falso es munición para la oposición republicana. Eso explica también el mantenimiento de las políticas de mano dura sobre Venezuela y Cuba, así como las restricciones que mantiene en inmigración irregular, ante el récord de llegadas de sin papeles a la frontera. El desgaste ha castigado también a Kamala Harris, primera mujer en llegar a la vicepresidencia de Estados Unidos, cuyos índices de popularidad son peores que los de Biden.

“Se habla mucho de decepciones y de cosas que no hemos hecho, pero vamos a hacer muchas más y hemos hecho otras como esta”, dijo el presidente la semana pasada en un acto relacionado con el plan de infraestructuras. Le quedan por delante unos meses críticos, en lo que depende de él y en lo que no, ante el acecho de Trump, cuya influencia no se ha borrado durante todo este año. Biden sí ha cambiado de estrategia a este respecto y, tras meses ignorándolo, ha empezado atacar directamente. Esa es otra realidad que el demócrata tardó en asumir.

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El presidente de EE UU, Joe Biden, habla con periodistas el pasado 15 de diciembre en la Casa Blanca.
El presidente de EE UU, Joe Biden, habla con periodistas el pasado 15 de diciembre en la Casa Blanca.NICHOLAS KAMM (AFP)

El primer año del presidente Joe Biden en la Casa Blanca ha estado marcado por un plan de rescate de la economía sin precedentes, la cuestionada retirada de las tropas de Afganistán y una elevada inflación, la mayor tasa registrada en los últimos 40 años. Estos son los 12 momentos que definen los primeros 365 días del demócrata al frente de la Administración estadounidense.

1. Biden llama a los estadounidenses a “empezar de nuevo” (20 de enero de 2021)

Joe Biden jura como presidente de Estados Unidos, frente al Capitolio, el 20 de enero de 2021 en Washington.
Joe Biden jura como presidente de Estados Unidos, frente al Capitolio, el 20 de enero de 2021 en Washington.Europa Press (Europa Press)

Joe Biden asumió la presidencia de Estados Unidos con un país ―y un Congreso― dividido en dos. El demócrata de 78 años juró el cargo en una capital militarizada y frente al mismo Capitolio asaltado dos semanas antes por una turba de simpatizantes de Donald Trump. En una ceremonia todo lo emotiva que permitió la pandemia, Biden clamó por la “unidad” y llamó a los estadounidenses a “empezar de nuevo”. Kamala Harris, por su parte, se convirtió en la primera mujer en ocupar la vicepresidencia del país en medio de una gran expectación.

2. La primera gran victoria en el Congreso: el plan de rescate (10 de marzo de 2021)

La secretaria del Tesoro de EE UU, Janet Yellen, junto al presidente Joe Biden, conversan sobre el plan de rescata en la Casa Blanca, Washington.
La secretaria del Tesoro de EE UU, Janet Yellen, junto al presidente Joe Biden, conversan sobre el plan de rescata en la Casa Blanca, Washington.Pete Marovich / POOL (EFE)

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Sin el apoyo de los republicanos, Joe Biden logró que el Congreso aprobara un histórico paquete de rescate a la economía por valor de 1,9 billones de dólares (1,67 billones de euros). En el corazón del plan figuraban las familias de ingresos bajos y medios. Incluía una nueva ronda directa de pagos a los ciudadanos (de 1.400 dólares, algo más de 1.200 euros), complementos a la prestación de desempleo y fondos para acelerar la campaña de vacunación. También impulsó medidas sin precedentes para combatir la pobreza infantil, para el cuidado de los niños, alimentación y alquiler de vivienda.

3. La crisis migratoria desborda la frontera (21 de marzo de 2021)

Migrantes cruzan el río Bravo hacia EE UU vigilados por agentes de la Patrulla Fronteriza estadounidense en Texas.
Migrantes cruzan el río Bravo hacia EE UU vigilados por agentes de la Patrulla Fronteriza estadounidense en Texas.GO NAKAMURA (Reuters)

La frontera de Estados Unidos está cerrada. Ese fue el mensaje de la Casa Blanca desde que Joe Biden llegó al poder, pero el aviso no caló en los migrantes. La apertura de algunas fronteras por razones humanitarias motivaron a miles de personas en situación irregular, que huían de la pobreza, la violencia y la falta de oportunidades, a intentar cruzar. Este año las cifras de aprehensiones por parte de la Patrulla Fronteriza batieron el récord en las dos últimas décadas. Además, la decisión de permitir entrar a menores no acompañados y a ciertos padres con niños pequeños saturó la capacidad de acogida.

4. Los frenéticos primeros 100 días (24 de abril de 2021)

El presidente Joe Biden, durante su discurso del Estado de la Unión. Atrás, la vicepresidenta Kamala Harris y la líder del Congreso, Nancy Pelosi, en el Capitolio.
El presidente Joe Biden, durante su discurso del Estado de la Unión. Atrás, la vicepresidenta Kamala Harris y la líder del Congreso, Nancy Pelosi, en el Capitolio.Chip Somodevilla (AP)

La luna de miel de Biden fue fructífera. Los primeros 100 días estuvieron marcados por un bombardeo de órdenes ejecutivas e iniciativas legislativas destinadas a romper con el trumpismo. La vacunación masiva, la vuelta al multilateralismo, la modernización del país y el giro en las políticas sociales definieron su campo de maniobra personal. También hubo discursos llenos de moral y épica. El mandatario asumió un país azotado por una devastadora pandemia, sumido en la mayor crisis económica desde la Gran Depresión y con el prestigio internacional por los suelos.

5. Estados Unidos se acerca otra vez a Europa (14 de junio de 2021)

El presidente Joe Biden, junto al secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, durante una cumbre de la OTAN, en Bruselas.
El presidente Joe Biden, junto al secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, durante una cumbre de la OTAN, en Bruselas.POOL (Reuters)

No todas las prioridades de Joe Biden estaban en casa. El demócrata tenía que reconstruir las relaciones diplomáticas con los aliados después de cuatro años de tensiones con Trump. El presidente estadounidense aprovechó la cumbre de los 30 jefes de Estado y de Gobierno de la OTAN para reforzar el compromiso de Washington con la Alianza Atlántica, y también para impulsar un frente contra los dos países que centran las preocupaciones de la primera potencia: Rusia y, sobre todo, China. “Quiero que toda Europa sepa que Estados Unidos está ahí”, dijo durante la cita.

6. La pandemia de los no vacunados lastra a Estados Unidos (20 de julio de 2021)

Un hombre vestido de superhéroe administra este mes una dosis de la vacuna contra la covid-19 en Lansdale, Pensilvania.
Un hombre vestido de superhéroe administra este mes una dosis de la vacuna contra la covid-19 en Lansdale, Pensilvania.HANNAH BEIER (REUTERS)

Joe Biden tomó medidas pensadas para tiempos de guerra para acelerar el proceso de producción de las vacunas. El pasado abril, el país llegó a inocular a más de tres millones de personas al día. Los esfuerzos frenaron la expansión del virus. Sin embargo, cerca del 30% de la población no ha querido aún recibir la vacuna, y las nuevas variantes tienen a la potencia mundial con los mayores picos de contagios desde el inicio de la crisis. El mandatario lo llama “la pandemia de los no vacunados”.

7. El punto de inflexión: la desastrosa retirada de Afganistán (30 de agosto de 2021)

El presidente Joe Biden agacha la cabeza, mientras escucha una pregunta sobre los atentados con bombas en el aeropuerto de Kabul, el 26 de agosto en la Casa Blanca.
El presidente Joe Biden agacha la cabeza, mientras escucha una pregunta sobre los atentados con bombas en el aeropuerto de Kabul, el 26 de agosto en la Casa Blanca.JONATHAN ERNST (Reuters)

Estados Unidos se retiró de Afganistán después de dos décadas de presencia militar. El caos en Kabul empañó toda la épica que la Casa Blanca quiso inyectarle al fin de la guerra más larga de EE UU. El cierre de la misión supuso el mayor puente aéreo de la historia estadounidense, pero las imágenes de centenares de afganos en el aeropuerto desesperados por salir del país perseguirán a la Administración de Biden. La decisión del demócrata de no ampliar el plazo para la retirada también supuso un quiebre de confianza con aliados internacionales, que se lo solicitaron explícitamente.

8. Fuego amigo contra Joe Biden (17 de octubre de 2021)

Los senadores demócratas Kyrsten Sinema y Joe Manchin, en un ascensor en el Capitolio.
Los senadores demócratas Kyrsten Sinema y Joe Manchin, en un ascensor en el Capitolio.Kent Nishimura (Los Angeles Times via Getty Imag)

Con ambas Cámaras controladas por la mínima por el Partido Demócrata, se daba por descontado que sería difícil sacar adelante las leyes progresistas. Pero el mayor problema ha sido que dentro del propio partido de Biden existe una fractura que ha impedido aprobar algunas normativas que solo exigen mayoría simple. El senador Joe Manchin y la senadora Kyrsten Sinema, ubicados en el ala más a la derecha de los demócratas, han rechazado propuestas como el Build Back Better, un programa que supondría la mayor ampliación de la cobertura social en medio siglo. Las negociaciones continúan, pero el presidente llega a su primer aniversario sin poder celebrar su aprobación.

9. La simbólica derrota de los demócratas en Virginia (3 de noviembre de 2021)

El republicano Glenn Youngkin, tras ganar las elecciones que le convirtieron en nuevo gobernador de Virginia.
El republicano Glenn Youngkin, tras ganar las elecciones que le convirtieron en nuevo gobernador de Virginia. JONATHAN ERNST (Reuters)

Las elecciones a gobernador de Virginia fueron la primera toma de temperatura en las urnas sobre el desempeño del presidente Biden, justo un año después del triunfo del demócrata. La suerte de plebiscito le dio el triunfo al republicano Glenn Youngkin, quien se convirtió en el primer gobernador conservador del Estado en 12 años. La victoria del amigo personal de Donald Trump se interpretó como un adelanto de lo que podría ocurrir en las elecciones de medio mandato, que tendrán lugar el próximo noviembre, momento en que los republicanos intentarán hacerse con el control de ambas Cámaras.

10. El plan de infraestructura da oxígeno a Biden (6 de noviembre de 2021)

El presidente Joe Biden, junto a la vicepresidenta Kamala Harris, poco antes del acto de la firma de la ley de infraestructuras.
El presidente Joe Biden, junto a la vicepresidenta Kamala Harris, poco antes del acto de la firma de la ley de infraestructuras.DPA vía Europa Press (Europa Press)

Una de las grandes apuestas económicas de Biden, su plan de infraestructuras cifrado en 1,2 billones de dólares (1,03 billones de euros) logró aprobarse en el Congreso tras meses de debate en el seno del Partido Demócrata. El paquete destinado a modernizar el país supone una de las mayores inversiones públicas desde la Gran Depresión: incluye medidas para reconstruir y reparar carreteras, vías de ferrocarril o puertos anticuados, así como la mejora de las conexiones a internet, la calidad del agua, la seguridad del transporte público o las líneas eléctricas.

11. La inflación alcanza su récord en 40 años (12 de enero de 2022)

Los estantes de un supermercado parcialmente vacíos en Fairfax, Virginia.
Los estantes de un supermercado parcialmente vacíos en Fairfax, Virginia.OLIVIER DOULIERY (AFP)

El dinamismo de la economía y los problemas en la cadena de suministros han elevado progresivamente los precios en Estados Unidos. La inflación aumentó un 7% en diciembre en la tasa interanual, un nivel nunca visto desde 1982, impulsado por la subida de los precios en sectores como la venta de automóviles usados, alimentos y vivienda. El dato ha elevado la presión sobre la Reserva Federal para que comience a subir los tipos de interés en marzo, actualmente situados en cero.

12. El rechazo de dos demócratas deja herida de muerte la reforma electoral (13 de enero de 2022)

Joe Biden y Kamala Harris, después de pronunciar un discurso sobre los derechos electorales, el 11 de enero en Atlanta, Georgia.
Joe Biden y Kamala Harris, después de pronunciar un discurso sobre los derechos electorales, el 11 de enero en Atlanta, Georgia.ERIK S. LESSER (EFE)

Entre el 1 de enero y el 7 de diciembre de 2021, casi una veintena de estados han aprobado leyes que restringen el voto diseñadas, según señalan numerosos activistas, para privar de sus derechos civiles a las minorías. Para frenar esta estrategia republicana, Biden ha liderado una aguerrida campaña para aprobar antes de las legislativas del próximo otoño la Ley de Libertad de Voto. La normativa, que necesita 60 votos en el Senado para pasar, se enfrenta a la obstrucción republicana. Además, dos senadores demócratas se oponen a acabar con la mayoría cualificada, conocida como filibusterismo, lo que impide que la reforma se apruebe por mayoría simple.

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