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El padre Tadeus imparte la bendición a dos feligreses a los que ha sacado en su coche de Irpin tras varios días de asedio de las tropas rusas. La despedida es rápida en la carretera que lleva a Kiev. Esta vía se ha convertido en un torrente por el que escapan miles de personas. Vestido con sotana y estola, este sacerdote católico de 62 años se da media vuelta y regresa decidido en sentido contrario del que toma el éxodo que huye de la guerra y que está vaciando el casco urbano. El cura asegura que no tiene intención de dejar su iglesia.

El padre Tadeus imparte la bendición a dos feligreses a los que ha sacado en su coche de Irpin.
El padre Tadeus imparte la bendición a dos feligreses a los que ha sacado en su coche de Irpin.luis de vega

Los combates se han recrudecido en esta localidad de alrededor de 60.000 habitantes situada a unos 25 kilómetros del centro de la capital de Ucrania. Las bombas han caído este fin de semana junto a la estación de trenes y una parte importante de la población ya no dispone de agua, electricidad o gas, según el testimonio de varios de los ciudadanos. “Tenemos que quedarnos a proteger esta ciudad, aunque yo no tengo arma”, explica Dimitri, de 40 años, que ejerce de conductor voluntario para las personas que desean salir.

Las detonaciones se escuchan con frecuencia y las columnas de humo negro se elevan tanto al este como al oeste. Un misil surca el cielo disparando aún más el estado de nervios de los presentes. Grupos de militares ucranios se dirigen a pie hacia el frente preparados para entrar en combate con los rusos, que hostigan esta zona al noroeste de Kiev desde hace una semana. Con inmenso dolor y cierto orgullo patrio, los ven pasar los civiles que dejan atrás su ciudad. Los habitantes comprueban con la incredulidad dibujada en el rostro que la guerra ha llegado a la misma puerta de sus casas. No saben cuándo regresarán, cuándo podrán normalizar su vida de nuevo.

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Desde antes de llegar a Irpin por la carretera que conduce desde Kiev, se intuyen las dimensiones del movimiento de refugiados por los nutridos grupos de personas que caminan por el arcén y el carril bici. Artem, de 30 años, avanza junto a su mujer y un grupo de conocidos. Cuenta que la ciudad está tomada por el Ejército, pero que no ha visto a uno solo de los soldados rusos. “Lo peor han sido los tres últimos días”, comenta sobre los combates.

El Ejército local se divide las tareas en Irpin. En el frente, trata de frenar el avance de las tropas rusas. En la retaguardia, ayudan junto a los milicianos a evacuar la población. Miles de personas se agolpaban este sábado entre los restos del puente que los propios soldados ucranios dinamitaron la semana pasada para intentar retrasar el avance hacia Kiev de las tropas del Kremlin. Los pilares que todavía aguantan forman un corredor bajo la carretera por el que acceden los refugiados al cauce del río por un vomitorio que se queda estrecho ante la gran afluencia. Pese a la muchedumbre, apenas un puñado de militares van dando paso porque, de manera sorprendente, el orden apenas se ve alterado en el tumulto. Eso sí, los cascotes de ese puente volado en el pueblo de Romanov hacen ahora de embudo cuando los civiles necesitan escapar.

Miles de personas intentan escapar de Irpin bajo un puente que las tropas ucranias dinamitaron para retrasar el avance del Ejército ruso.
Miles de personas intentan escapar de Irpin bajo un puente que las tropas ucranias dinamitaron para retrasar el avance del Ejército ruso.luis de vega

Este sábado se multiplican los testimonios del horror dejado atrás. Como el de María, de 22 años, que viene casi con lo puesto desde Bucha, cinco kilómetros más allá de Irpin. Ese ha sido en la última semana otro escenario de los más feroces combates con imágenes de una columna de blindados rusos calcinada en una de las calles principales. María, que apenas se detiene a hablar con el reportero, trata de llegar junto a su prima a la estación de tren de Kiev y después a Polonia.

Jóvenes uniformados del Ejército ucranio se afanan en ayudar a pasar a los bebés, a los niños, a los ancianos y a los que han huido con más equipaje del que pueden transportar por sí mismos. Son muchos los que no dejan atrás a sus mascotas. Los perros y gatos son también protagonistas de la escapada. Para otros, lo que no hay que dejar atrás son iconos religiosos y la Biblia. La más absoluta incredulidad se dibuja tras las gafas de Shirley, originaria de Hong Kong y casada con Jan, un ucranio, como ella, de 33 años. Ambos, residentes en Irpin, van fuertemente cogidos de la mano hacia donde la marea humana les lleve.

Todo vale para ayudar a trasladar a las personas con dificultades por encima de los tablones habilitados sobre el cauce del río Irpin. Hay mujeres, sin fuerza para seguir avanzando, que son alzadas sobre mantas en la parte más agreste; a otras directamente las recogen los militares y las cargan sobre ellos. Algunos necesitan todavía más ayuda, pues llegan en silla de ruedas. Superado el puente, hay varias carretillas de las que los voluntarios tiran con personas que avanzan casi desfallecidas por la carretera de Romanov. Oxana, una doctora militar, está atenta para asistir a los que ve más derrumbados.

Salida de ciudadanos de Irpin, cerca de Kiev (Ucrania).
Salida de ciudadanos de Irpin, cerca de Kiev (Ucrania).luis de vega

En uno de los cruces, delante de un carro de combate, espera una veintena de personas que apenas pueden desplazarse por sí mismos. Son pacientes evacuados del hospital de Irpin a primera hora del sábado, confirma Serguéi, de 33 años, un doble amputado que se mueve sobre dos prótesis. Explica que están esperando a que los trasladen a un centro médico de Kiev. Muchos a su alrededor van sobre muletas o caminan con piernas ortopédicas. Uno, incluso, lleva su pierna de plástico sobre la bolsa de deporte donde porta sus pertenencias.

Cerca de la iglesia de Romanov, Vlod, un militar de 19 años, trata de calmar el llanto de Emma, una niña de cinco meses que lleva en sus brazos. Julia, su madre, llora desconsolada porque la situación le supera. Por unos instantes no encuentra a su marido, Oleg. “Estos últimos 11 días han sido los más terroríficos de mi vida”, cuenta en el momento en que logran acomodarla en el asiento delantero de una furgoneta con el bebé en su regazo. “Nuestra vida era perfecta en Irpin. Sus parques… ahora es una ruina. Esto es muy duro”, lamenta Julia todavía con el rostro bañado en lágrimas.

Vlod, militar de 19 años, sostiene a Emma, de cinco meses, hija de Julia (izquierda), desesperada en medio de la evacuación de Irpin.
Vlod, militar de 19 años, sostiene a Emma, de cinco meses, hija de Julia (izquierda), desesperada en medio de la evacuación de Irpin.luis de vega

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La embajadora nominada por el Gobierno de Joe Biden para representar a su país en Honduras, Laura Dogu, llegará a Tegucigalpa con una misión que Washington considera estratégica: convencer a la presidente Xiomara Castro de que mantenga sus relaciones con Taiwán, la isla que China considera rebelde y cuya diplomacia ha estado centrada en repartir millones de dólares a los países centroamericanos a cambio de que reconozcan su soberanía. A pesar de ese apoyo, Centroamérica cada vez más vuelve a ver a China y Taiwán pierde poco a poco sus aliados en la región. El último en romper relaciones con la isla ha sido el régimen de Daniel Ortega, que incluso embargó la sede diplomática taiwanesa en Managua. Ortega, desesperado por hallar apoyos tras el aislamiento impuesto por la comunidad internacional, incluso ha enviado a sus hijos a China como emisarios, con la esperanza de obtener un nuevo salvavidas que le permita mantener su régimen autoritario.

La abrupta ruptura de Ortega tomó por sorpresa al Gobierno taiwanés, que se había convertido en el principal aliado del régimen, en una relación muy criticada en Nicaragua: mientras la comunidad internacional aislaba a Ortega, Taiwán mantuvo su financiamiento en Managua a pesar de la brutal represión contra multitudinarias manifestaciones que exigían un cambio de timón, el asesinato de centenares de manifestantes, el encarcelamiento de opositores, el cierre de medios de comunicación y las denuncias sucesivas de violaciones a los derechos humanos.

La sede diplomática taiwanesa, interesada en mantener el reconocimiento de Managua, mantuvo un elocuente silencio frente a estas atrocidades. Taiwán financiaba 27 proyectos en áreas de producción de alimentos, cultivos de frutales y cría de cerdos de calidad superior, por valor de entre 30 millones y 50 millones de dólares, según datos del Gobierno nicaragüense. “Lamentamos que el Gobierno del presidente Ortega haya hecho caso omiso de los muchos años de amistad entre los pueblos de Taiwán y de Nicaragua”, expresó el ministerio de Exteriores taiwanés. “Como miembro de la comunidad internacional, Taiwán tiene el derecho a intercambios y al desarrollo de relaciones diplomáticas con otros países”, agregó. Washington fue el primer país en criticar la decisión de Ortega y aseguró que Taiwán da “beneficios económicos y de seguridad significativos a los ciudadanos de aquellos países” con los que mantiene lazos diplomáticos.

La ruptura fue violenta y humillante, a tal punto que Ortega ordenó la confiscación de la sede diplomática de Taiwán en Managua, que la Isla había vendido de forma simbólica a la Iglesia católica nicaragüense. “Taiwán emprenderá los procedimientos legales internacionales apropiados para proteger su propiedad diplomática y garantizar que Nicaragua rinda cuentas por su acto, ilícito desde el punto de vista del derecho internacional”, informó el Ministerio de Relaciones Exteriores en un comunicado. Para Taipei, la confiscación de su embajada “forma parte de la intención explícita y agresiva de China de anexionarse Taiwán, lo que contraviene gravemente las normas internacionales y daña la paz y la estabilidad regionales.

Aunque las relaciones con una potencia como China pueden traer beneficios económicos a Nicaragua (se trata de un mercado inmenso de 1.400 millones de personas y con una industria que exporta productos a un menor costo), Tiziano Breda, analista para Centroamérica del International Crisis Group, estima que también puede tener ventajas políticas para un régimen autoritario como el de Ortega. “China ofrece una oportunidad de respaldo en foros multilaterales como el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, o la misma ONU. También puede hacer contrapeso a la crítica internacional sobre ciertas cuestiones internas de parte de Estados Unidos o Europa”, explica Breda, en referencia a las exigencias de Washington y Bruselas de liberar a los presos políticos, denunciar los abusos a los derechos humanos y exigir elecciones libres y transparentes en Nicaragua. “Cuando se intentó llevar a Nicaragua ante el Consejo de Seguridad de la ONU, China y Rusia se opusieron, vetaron un proyecto de resolución”, recuerda Breda. “Creo que al final de cuentas lo que busca Daniel Ortega es insertar a Nicaragua en esta contienda geopolítica entre estas tres potencias [EE UU, China y Rusia] e incomodar a Estados Unidos”, advierte el analista.

A Taiwán le ayuda cada vez menos su diplomacia del dólar y el derroche de millones entre sus aliados, principalmente latinoamericanos. Nicaragua es el octavo país que abandona a Taiwán por China en cinco años, después de Burkina Faso, República Dominicana, Sao Tomé y Príncipe, Panamá, El Salvador, las islas Salomón y Kiribati. Ello deja al Gobierno de Taipei con solo catorce países con los que mantiene relaciones diplomáticas formales, concentrados principalmente en América Latina y el Caribe, informa Macarena Vidal Liy. A inicios de febrero, el presidente de Argentina, Alberto Fernández, inició una gira de cinco días por Rusia y China para atraer inversiones. China aspira a invertir miles de millones de dólares en el país sudamericano, en proyectos que incluyen desde represas en la Patagonia a una central nuclear en la provincia de Buenos Aires.

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Este avance de China en la región mantiene preocupada a la Administración del presidente estadounidense Joe Biden, quien ha encargado a la embajada Laura Dogu, designada como su representante en Tegucigalpa, una estrategia de contención para evitar que el Gobierno de Xiomara Castro rompa relaciones con Taiwán, una decisión que la mandataria había contemplado durante su campaña, aunque tras su toma de posesión aseguró que mantendrá los lazos con la isla.

Durante su audiencia de confirmación ante el Senado, en Washington, el 9 de febrero, Dogu aseguró que trabajará para “fomentar” la relación de Honduras con Taiwán. “Si soy confirmada, dejaré en claro la importancia de la relación Honduras-Taiwán y haré todo lo posible para mejorar las asociaciones de Honduras con otras democracias”, dijo la diplomática. Para Washington el tema es tan importante que hasta algunos senadores han hecho un llamado a Castro para que no se deje convencer por las promesas de Pekín. El republicano Marco Rubio, férreo crítico de gobiernos de izquierda en la región, catalogó a la isla como “un modelo” y exigió a Dogu “usar su amplia experiencia diplomática previa, incluidos en lugares muy difíciles como Nicaragua”, para que Honduras se mantenga como aliada de Taiwán.

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En tiempos de creciente competencia geopolítica y de rivalidades cada vez más broncas con China y Rusia, la Unión Europea quiere cortejar a África y redoblar su presencia en el continente vecino. La cumbre de la UE con la Unión Africana, que ha reunido durante este jueves y viernes en Bruselas a cerca de 70 jefes de Estado y de Gobierno de ambos lados del Mediterráneo, ha concluido con una declaración conjunta que celebra una “asociación renovada para la solidaridad, la seguridad, la paz y el desarrollo económico sostenible” y promesas de inversiones de calado en todo tipo de sectores, desde la energía a las vacunas, pasando por la conexión a internet vía satélites de última tecnología.

La nueva comunión de intereses nace con un goloso paquete de inversiones bajo el brazo, de 150.000 millones de euros hasta 2027. La suma conforma un buen pedazo del programa Global Gateway (puerta global), desplegado en diciembre por Bruselas para financiar infraestructuras físicas y tecnológicas en distintos rincones del globo y contrarrestar el programa chino de la Nueva Ruta de la Seda, con el que Pekín ha ido ganando presencia en África en las últimas dos décadas. Tras ser presentado, este paquete de inversiones fue duramente criticado por su falta de concreción y por contener escaso dinero nuevo contante y sonante. Hubo hasta un célebre artículo de The Economist sobre el asunto, titulado Why bullshit rules in Brussels (algo así como: Por qué la patraña reina en Bruselas).

“La Unión Europea es el primer socio comercial y el primer inversor en África”, ha destacado la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en una comparecencia tras la cumbre. La líder alemana ha subrayado que no es casualidad que el plan africano sea el primero de la nueva estrategia de inversión europea y ha enfatizado también el compromiso de donar 450 millones de dosis de vacunas contra la covid para este verano; hasta la fecha se han entregado unas 150.000, aunque en Bruselas son conscientes del reto logístico y de lucha contra la desinformación que implica que esas vacunas no solo lleguen a los países, sino que acaben en el brazo de los africanos. La UE y la UA también se han emplazado a buscar una solución de compromiso sobre un posible levantamiento de la propiedad intelectual de las vacunas, algo que desde el bloque comunitario siempre se ha mirado con recelo.

El presidente de Senegal y líder de turno de la UA, Macky Sall, definió esta nueva relación con la UE no como una actualización del sistema operativo, sino como “un nuevo software”, según dijo en su discurso inaugural del jueves. Sus palabras fueron una respuesta contundente a los grandes valores y principios —y hasta proverbios africanos de tono aspiracional— que habían manejado los líderes europeos en sus intervenciones. Sall reclamó salir de la cumbre “con algo concreto”.

El líder de la UA recordó que 600 millones de africanos, la mitad de la población del continente, vive sin acceso a la luz eléctrica. Cifró las necesidades de financiación de África en una horquilla de entre 130.000 y 170.000 millones de dólares anuales (de 115.000 a 150.000 millones de euros) y pidió inversiones en carreteras, trenes, puertos, aeropuertos y centrales de generación eléctrica. “La energía es algo en lo que estamos interesados”, aseveró. Y también mostró interés por el proyecto europeo de conectividad a internet de alta velocidad a través de una nueva constelación de satélites de órbita baja, que ha desvelado Bruselas esta misma semana. “Es algo que quizá podríais compartir con África”, dijo.

La cumbre —la sexta de este tipo entre la UE y la UA— se ha celebrado con dos años de retraso por la pandemia y la actualidad, surcada por la máxima tensión con Rusia. La tensión con el Kremlin ha logrado eclipsar esta cita. El jueves, justo antes de encontrarse con los líderes africanos, los Veintisiete aprovecharon que estaban en Bruselas para organizar un brevísimo Consejo Europeo para analizar el desarrollo de la crisis en Ucrania y revisar el paquete de posibles sanciones.

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Macky Sall saluda a su llegada a la sesión a puerta cerrada donde fue elegido nuevo presidente de la Unión Africana, el domingo en Adís Abeba.
Macky Sall saluda a su llegada a la sesión a puerta cerrada donde fue elegido nuevo presidente de la Unión Africana, el domingo en Adís Abeba.AMANUEL SILESHI (AFP)

El retroceso democrático que implica la reciente oleada de golpes de Estado y el avance yihadista, junto al reto de extender la vacunación frente a la covid-19 y la recuperación económica, son los grandes desafíos a los que se enfrenta África en 2022, según han puesto de manifiesto los líderes del continente reunidos en la cumbre de la Unión Africana (UA) celebrada el pasado fin de semana en Adís Abeba. El encuentro ha servido también para elegir nuevo presidente, el senegalés Macky Sall, que sustituye en el cargo a Félix Tshisekedi, de la República Democrática del Congo, cuya presidencia ha terminado sin grandes avances en los temas más candentes.

Los líderes africanos condenaron el domingo con firmeza la reciente ola de golpes de Estado en África, citando los de Malí, Guinea-Conakry, Burkina Faso y Sudán, países todos ellos suspendidos de participación en este organismo continental. “Cada dirigente africano de la asamblea ha condenado sin equívoco el modelo, el resurgir, el ciclo, la ola de cambios de gobierno anticonstitucionales”, aseguró Bankole Adeoye, comisario de Asuntos Políticos, Paz y Seguridad de la UA. Sin embargo, los dirigentes africanos pasaron una vez más de puntillas y sin condenar el golpe de Estado en Chad, donde el hijo del fallecido presidente Idriss Déby, el general Mahamat Idriss Déby, tomó el poder tras la muerte de su padre sin respetar el proceso de relevo establecido en la Constitución.

El avance del yihadismo en el Sahel ante la incapacidad de los ejércitos nacionales y el fracaso de las intervenciones militares extranjeras, sobre todo de Francia, está en el origen de dos de las asonadas militares, las de Malí y Burkina Faso. La UA ha expresado su preocupación ante este fenómeno que gangrena a estos dos países pero también a Somalia, Uganda, Mozambique, Níger o la República Democrática del Congo. El avance de la actividad de estos grupos armados, sobre todo vinculados a Al Qaeda y Estado Islámico, hacia el norte de Costa de Marfil, Togo, Benín o Ghana es una realidad que inquieta a los líderes africanos y que requiere de nuevos enfoques.

La baja tasa de vacunación que mantiene África frente a la covid-19, en torno al 11% de la población con la pauta completa, fue evocada durante los debates por el presidente sudafricano Cyril Ramaphosa, quien insistió en la necesidad de hacer esfuerzos suplementarios para alcanzar al menos el 30% de la población a finales de 2022 y recordó la necesidad de apostar por la autonomía vacunal. Distintos proyectos en la propia Sudáfrica, Ruanda y Senegal están en marcha para contar con fábricas de vacunas que permitan aliviar la dependencia del continente en esta materia.

Los jefes de Estado de la UA también insistieron en la necesidad de buscar estrategias conjuntas que permitan al continente salir lo más rápido posible de la crisis económica derivada de las duras medidas adoptadas para combatir la covid-19 y que ha supuesto un frenazo en seco para el crecimiento estable que mantenía buena parte de las economías africanas. Finalmente, un polémico tema se ha colado en la agenda de la UA y ha vuelto a reflejar las profundas divisiones entre los países africanos. Estaba previsto votar la acreditación de Israel como observador en los órganos de la UA, pero la presión ejercida por Argelia y Sudáfrica lo evitó in extremis. La votación fue finalmente aplazada para evitar la escenificación de una nueva ruptura.

La decisión que sí se adoptó fue respaldar el nombramiento del senegalés Macky Sall como nuevo presidente de turno del organismo continental. Llega al cargo cuando le quedan dos años como presidente de Senegal y tras haber sufrido un serio aviso en las elecciones locales celebradas hace dos semanas en su país, con una oposición que logró hacerse con el poder o mantenerlo en importantes ciudades. Sall, ingeniero de 60 años, tratará de imprimir un marcado carácter económico y de inclusión social a su presidencia de la UA, así como trabajar por la paz y la seguridad en el continente.

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El presidente de EE UU, Joe Biden, observa su reloj durante la conferencia de prensa de este miércoles 19 de febrero.
El presidente de EE UU, Joe Biden, observa su reloj durante la conferencia de prensa de este miércoles 19 de febrero.Oliver Contreras / POOL (EFE)

El Gobierno de Joe Biden ha redoblado sus esfuerzos esta semana para tratar de atajar la crisis del coronavirus. La Casa Blanca ha puesto en marcha el reparto de millones de pruebas de antígenos y mascarillas N95, que comenzarán a ser entregados gratis en todo el país a partir de la próxima semana. El ambicioso despliegue coincide con el primer año del mandatario al frente del país y se suma a una serie de medidas con las que el demócrata quiere revertir las críticas a la gestión de la pandemia. El coronavirus se ha cobrado la vida de casi 860.000 estadounidenses y el avance de la variante ómicron ha incrementado los ingresos hospitalarios en las últimas semanas. Hay 159.000 personas en hospitales actualmente, un nuevo récord.

Washington ha anunciado este miércoles que pondrá a disposición del público 400 millones de mascarillas N95, que comúnmente cuestan entre uno o dos dólares. Estas serán distribuidas a 19.000 farmacias de las cadenas CVS y Walgreens, además de centros de salud comunitarios, para que sean recogidas desde la próxima semana con un límite de tres máscaras por persona. El incremento de los casos ha traído también un agudo aumento en la demanda de este tipo de mascarillas, una de las más eficientes para frenar el ritmo de los contagios, de acuerdo al Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC).

Las autoridades han intentado trasladar la calma y esfumar temores por la falta de abasto en un país con 329 millones de habitantes. Hasta mediados de diciembre pasado, el país tenía en sus manos 747 millones de mascarillas, un número 59 veces superior a la reserva que se tenía antes de los tiempos pandémicos. La empresa 3M, el principal fabricante de este tipo de accesorios, ha dicho que tiene capacidad de hacer 2.000 millones cada año en sus plantas en Dakota del sur, Nebraska y en otras partes del mundo. Una portavoz ha asegurado recientemente que tanto los gobiernos federal como los locales “tienen en sus manos cientos de millones de máscaras” y que estas pueden ser reabastecidas cuando se necesite.

El Gobierno demócrata también habilitó recientemente un sitio web, covidtests.gov, para que millones de estadounidenses soliciten y reciban en sus casas una de las 500 millones de pruebas rápidas para detectar el virus. “Este histórico plan aumenta las acciones, significativas y agresivas, que ha tomado la Administración desde su inicio para expandir la capacidad de hacer pruebas”, explicó hace unos días un portavoz de la Casa Blanca.

Lograr ese número de pruebas disponibles requirió a la FDA, la oficina encargada de validar los alimentos y medicinas, aumentar el número de pruebas autorizadas para su uso en el país. También necesitó una inversión de 3.000 millones de dólares para fabricar 420 millones de pruebas. Estas, junto a las “decenas de millones” que tiene el Ejecutivo en su poder, forman parte de la reserva.

El programa, explicó la Casa Blanca, limita a cuatro el número de pruebas que puede recibir cada domicilio. “Estas llegarán entre 7 y 12 días después de haber sido ordenadas”, añadió, explicando que los paquetes serán timbrados como correo prioritario. Quienes deseen recibirlas solo deben ingresar en la página citada su nombre, dirección postal y correo electrónico. La iniciativa pretende quitar presión sobre los 20.000 sitios de pruebas gratuitas que hay en todo el país. Muchos se han visto saturados en las últimas semanas ante el incremento de los casos positivos.

Además, el Gobierno estadounidense exige desde mediados de enero a las aseguradoras cubrir el costo de hasta ocho pruebas mensuales compradas a domicilio por los usuarios que ya tienen síntomas o que no quieren esperar siete días para poder realizarse el primer raspado nasal.

“Ha sido demasiado para soportar”, ha dicho Biden este miércoles sobre el desgaste que la pandemia en los estadounidenses. En una conferencia de prensa que coincidió con su primer aniversario en la Casa Blanca, el mandatario ha dicho que su lucha contra el virus “es un trabajo incompleto”. Esto a pesar de que el propio Biden decretó la independencia del coronavirus el 4 de julio pasado.

“La situación mejorará”, ha prometido esta tarde el presidente. Estados Unidos registra casi 21.000 ingresos diarios a los hospitales, un incremento de casi 25% comparado con la semana pasada. La mayoría de los nuevos pacientes no están vacunados, pero el panorama puede complicarse gracias a la nueva variante, más contagiosa, quien ya es señalada como la culpable de que la nación reporte cada día en promedio más de 700.000 nuevos positivos. El doctor Anthony Fauci ha dicho este miércoles que es probable que este nuevo pico pase para mediados de febrero.

Biden, quien tiene una aprobación de 40%, considera que corregir el rumbo de la pandemia es vital para la batalla de los comicios de medio mandato de noviembre. Los republicanos usarán la crisis del coronavirus como uno de los argumentos para recuperar el control del Congreso. Los sondeos han arrojado que los votantes que hicieron triunfar a Biden frente a Trump —blancos, de los suburbios y con estudios universitarios— están entre los desencantados. Aún hay tiempo para la reconquista. Esta parece empezar con cientos de millones de mascarillas y pruebas.

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