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Una nana siniestra acuna cada noche la transición al sueño de Yana. La mujer, que vive casi de manera perenne con los párpados echados, se duerme entre los avisos de la sirena que alerta de la posibilidad de un bombardeo. A su lado, como un testigo inmóvil, el viejo andador sobre el que se sostenía hasta que una pulmonía los primeros días de la guerra la dejó aletargada en la cama. “Paren todo esto”, balbucea con un hilo de voz casi imperceptible Yana Nikolaevna, de 80 años. Su esbelta figura retratada en blanco y negro décadas atrás, observa desde la vitrina a la que fue traductora de inglés para Naciones Unidas y en la universidad. “God bless you”, (Dios les bendiga, en inglés), es la fórmula que adopta como saludo ante la visita. A veces pronuncia algunos vocablos en esa lengua, pero casi siempre las fuerzas se limitan a la propia, el ucranio.

Katia, una vecina de 50 años, es el principal sustento de Yana después de que la única hija que tenía en la capital ―la otra reside en Alemania― huyese al comenzar la invasión del Ejército ruso el pasado 24 de febrero. Es ella la que la lava, la que le da de comer y la que le administra las medicinas. También la que, con ayuda de los integrantes del proEnglish Theatre, un centro cultural de la zona que estos días sirve de refugio vecinal, decidió apartar la cama de la ventana y cambiarla de sitio con el armario, que ahora sirve de parapeto. Así, en caso de ataques en el barrio, no le saltan encima los vidrios rotos que tan amigos son de las guerras. El sol ilumina la cinta de embalar amarilla que hace dibujos en forma de aspas sobre los cristales de la ventana de la cocina. Son como tiritas puestas antes de que se produzca la herida y es, a la vez, una solución aplicada en miles de viviendas. En casa de Yana faltan pañales de adulto, que ella necesita, pero, de momento, tienen algo que consideran más importante: electricidad y calefacción.

La vecina también explica que, una vez que la mujer pilla el sueño, ella se baja al refugio y allí pernocta junto a parte de su familia. Tiene marido, dos hijos, sus mujeres y tres nietos. No todos están estos días en Kiev, lo que facilita su principal prioridad estos días: amortiguar la soledad de la anciana durante las largas horas del día. Lo cuenta entre lágrimas mientras le acaricia la frente a Yana sin lograr ocultar el dolor que le causa dejarla sin nadie en este piso de la quinta planta de un edificio de la época estalinista del barrio de Shuliavka de Kiev.

Con el nudo en la garganta y los surcos brillando mejillas abajo, la vecina se ve obligada a ausentarse unos segundos de la estancia antes de regresar para ayudar a seguir dando testimonio que ayude a comprender que los conflictos también se enquistan lejos de la línea del frente, que no ha llegado todavía al centro de Kiev.

Retrato de hace varias décadas de Yana Nikolaevna, que ha trabajado como intérprete de inglés con Naciones Unidas y en la universidad
Retrato de hace varias décadas de Yana Nikolaevna, que ha trabajado como intérprete de inglés con Naciones Unidas y en la universidadLuis de Vega

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A las puertas de la actual guerra, el pasado febrero, un tercio de los 2,9 millones de ucranios que necesitaban entonces ayuda eran personas mayores, según datos de la organización humanitaria HelpAge International. Una cuarta parte de los 44 millones de ucranios superan los 60 años, lo que hace de este país el que tiene el mayor porcentaje en todo el mundo de personas mayores afectadas por un conflicto, según esa misma fuente.

Una de ellas es Ana, historiadora y maestra jubilada de 80 años que vive sola en un piso de un edificio del centro de Kiev que comparte con otras personas necesitadas de ayuda más todavía que ella. “Yo no voy al refugio. Una vez bajé, pero allí es difícil respirar”, explica sobre el sótano donde, cuando suenan las alarmas, los habitantes se resguardan. “Además, aquí hay cuatro personas que necesitan que yo esté a su lado. Son mis vecinos”, añade.

Un taxista voluntario les trae estos días la comida. Es Vladímir, de 28 años, que, con la llegada de la guerra, ha mandado a su mujer embarazada y a sus dos hijos pequeños a Polonia. Ahora recorre las calles de la capital ucrania en su coche eléctrico, lo que le ahorra las cada vez más largas colas de las gasolineras, y alterna los clientes que capta a través de una aplicación de teléfono móvil con las carreras solidarias. Lleva desde personas impedidas a comida para mascotas, medicinas o alimentos. Se entera de los servicios que es necesario llevar a cabo a través de las redes sociales.

Ana, de 82 años, recibe comida en su casa del centro de Kiev de manos de Vladímir, un conductor voluntario que la recoge en un restaurante y la reparte a personas que necesitan ayuda
Ana, de 82 años, recibe comida en su casa del centro de Kiev de manos de Vladímir, un conductor voluntario que la recoge en un restaurante y la reparte a personas que necesitan ayudaLuis de Vega

“Con las armas no soy útil realmente. Hasta el final no me gustaría utilizarlas. Confío en la paz y en que esto acabe con conversaciones diplomáticas. Destruirnos los unos a los otros no es lo más adecuado”, comenta Vladímir en el descansillo de casa de Ana. “Me sorprendió que fuera gratis”, señala ella agradecida mientras, a cambio de su testimonio, obliga al reportero a degustar la contundente sopa, los crepes rellenos y el zumo de frutos secos que acaba de recibir.

La mujer vería herido su orgullo si permitiera la entrada del periodista en su casa, que asegura que está muy desordenada. Insiste en que de la puerta no pasa. Y lo cumple. Pero dedica todo el tiempo necesario a conversar. “Rusia siempre ha dicho que es nuestro hermano mayor. ¿Acaso los hermanos se comportan de esta manera?”, se pregunta. “Imaginen los autobuses llenos de personas, las familias refugiadas en los sótanos con los niños, allí abajo sin luz, sin agua con mucho frío… ¿cómo se puede soportar?”, insiste. “Aquí queremos la paz, pero resolver esto ahora de forma pacífica no es fácil”. Y rememora bucólica el Kiev “lindo, verde y próspero, con sus jardines, el río, los castaños..”.

Esa realidad luminosa y lejana tras más de dos semanas de guerra y la ciudad militarizada se ha evaporado también en el barrio de Shuliavka de la capital ucrania. Allí Yana a veces delira, como la víspera de la mañana en la que se realizó este reportaje mediada esta semana. Ese día, al despertarse, la traductora le dijo a su vecina Katia que preparase las maletas, que se iban, que habían venido a buscarlas… Desde las ventanas no se atisbaba nada ni nadie. Abajo, el mismo paisaje nevado entre las ramas desnudas de los árboles. Recuperada poco después la consciencia, la señora acepta la cruda realidad de su vida sometida a una ciudad en guerra. “Nadie me espera, solo mi cama. No tengo adónde ir”.

Cinta adhesiva para evitar que una posible rotura de cristales por la guerra haga saltar los cristales de la cocina del piso de Yana Nikolaevna
Cinta adhesiva para evitar que una posible rotura de cristales por la guerra haga saltar los cristales de la cocina del piso de Yana NikolaevnaLuis de Vega

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Cuando en otoño de 1999 inicié mi mandato como comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, acababa de empezar la que sería la segunda guerra de Chechenia.

Un enfrentamiento armado provocado por un grupo de chechenos, al mando de un fanático como Shamil Basayev, acompañado de milicias islamistas, que invadieron la vecina república de Daguestán, y proclamaron el objetivo último de establecer un califato del Cáucaso.

Una locura que, además de dar al traste con los esfuerzos de los más moderados, de construir una República Chechena en paz, permitió al ejército ruso tomarse una cruel y sangrienta revancha, por la humillación de la primera guerra, perdida bajo el mandato de Boris Yeltsin. Y al recién llegado presidente de la Federación Rusa, Vladímir Putin, forjarse una imagen de gobernante duro e implacable, que reivindicaba el honor nacional mancillado. En esos tiempos empezó a forjarse el presidente que es hoy, un presidente de guerra, que desprecia a los gobernantes débiles de Occidente y parece solo creer en la fuerza como medio para alcanzar objetivos que se fija como gobernante.

Con aquel recién llegado presidente Putin fue con el que tuve que tratar durante aquellos años de guerra y posguerra. Fueron varias largas conversaciones que me permitieron vislumbrar que, debajo de aquella frialdad con la que me escuchaba relatarle las brutalidades del Ejército ruso en tierra chechena y la necesidad de poner fin a aquella barbarie y hacer justicia a los crímenes contra la población indefensa, aún valoraba la utilidad de hacer algunos gestos, en línea con lo que se le solicitaba, aunque fuese por puros motivos tácticos.

Recuerdo que, a la vuelta de una de aquellas visitas a la república chechena, me recibió en la famosa mesa alargada, pero esta vez frente a frente y, en un aparte, ya sin los micrófonos que grababan toda la conversación. Le dije que tenía que poner fin a las barbaridades que cometía su ejército en Chechenia, al reprimir cualquier atentado, con el inmediato bombardeo indiscriminado de una población en la montaña o donde fuere. Creando más víctimas y odio.

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Me escuchó atentamente y me respondió que él no tenía otro ejército, pero que se comprometía a sacarlo de la primera línea en dos meses y entregar esa responsabilidad de velar por la seguridad general a los hombres de Ramzán Kadirov. Conociendo la brutalidad y crueldad de estas unidades chechenas fieles a Rusia, le pregunté si se fiaba de ellos para terminar con estos abusos, y me respondió tajante que él nunca se fiaba de nadie.

Cumplió su palabra y terminaron los bombardeos indiscriminados, pero se reforzó el poder de Kadirov, y su dictadura en Chechenia. Hoy utiliza las fuerzas a sus órdenes para atemorizar a los ucranianos. Como un arma en parte psicológica, por su conocida crueldad y violencia.

Aquel presidente Putin de hace más de 20 años aún escuchaba y mantenía un espacio para el diálogo. También estaba rodeado de personas con otro talante, como el entonces ministro de Asuntos Exteriores, Ígor Ivánov, antiguo embajador en España, hábil y fino negociador, respetuoso con sus interlocutores, sin utilizar nunca lenguaje de matón. O Vladímir Lukin, exembajador en Estados Unidos con Yeltsin y comisario para los Derechos Humanos, con el que tanto trabajé y me ayudó. Personas moderadas y con hilo directo con el Kremlin. Hoy esto es historia. El presidente parece estar rodeado solo de aduladores, que le dicen lo que quiere oír, halcones militares y los oligarcas que se han enriquecido con él.

He de reconocer que conmigo fue muy correcto en las formas y duro en el fondo (nunca accedió a mi solicitud de derogación de la pena de muerte, aunque mantuvo la moratoria), pero permitió conversaciones informales de paz en Estrasburgo, la puesta en marcha de un Defensor del Pueblo “de guerra”, para recibir e investigar denuncias sobre desapariciones o violaciones de derechos humanos, o dio su conformidad a que se iniciase la búsqueda de los desaparecidos de ambos bandos, su identificación y entrega a las familias, con el apoyo de la Unión Europea. Operación que abortaría el secretario general del Consejo de Europa, a poco de terminar mi mandato.

Accedió a otras varias recomendaciones que le hice. Pero no es menos cierto que, a lo largo de aquellas extensas conversaciones, se podía percibir a una persona profundamente dolida con Occidente y lo que él llamaba su incomprensión para con Rusia, al menos para con su visión de Rusia. Con un arraigado pensamiento nacionalista, añorando una Rusia fuerte y respetada en el mundo, como en la época soviética.

Y desde luego, muy lejos de compartir los valores democráticos que caracterizan a Europa y que representa el Consejo de Europa, del que la Federación de Rusia era miembro. Toda una contradicción. La última declaración conjunta con China deja ya clara su creencia en otro tipo de valores que, desde luego, no giran en torno al humanismo, ni al respeto de la dignidad de las personas, la libertad, el Estado de derecho y el respeto de los derechos humanos que caracteriza nuestro modelo de sociedad democrática europea.

Pero aquel presidente que conocí y con el que negocié ya no existe. Los que, en torno a él, buscaban la paz y la consolidación de una mínima democracia han sido barridos.

Con el tiempo hemos podido constatar una deriva autoritaria sin disimulos, persiguiendo a quienes le hacían oposición política, disolviendo a organizaciones civiles que le eran incómodas, sobre todo aquellas que trabajaban con instituciones occidentales o recibían fondos de ellas. La última en sucumbir a esta política totalitaria ha sido la histórica Memorial. Le precedió la entonces Escuela de Estudios Políticos de Moscú, que desarrollaba un extraordinario trabajo de formación de miles de jóvenes en la democracia, con el apoyo del Consejo de Europa y la Unión Europea, y con la que siempre he colaborado, que ha sido cerrada y su dirección exilada en Lituania.

La justicia es un aparato institucional cuya independencia brilla por su ausencia. El Parlamento, un juguete en las manos del partido único. Los medios de comunicación oficiales lo dominan todo. Los pocos independientes que quedaban los ha cerrado y perseguido penalmente a los periodistas, con una ley que una Duma servil ha aprobado en 24 horas.

Radio ECO de Moscú, a la que tantas veces fui para hablar de la situación de derechos humanos en Rusia y en especial en Chechenia, acaba de ser cerrada. Era la última voz interna de información en libertad. Como en la época soviética, que el presidente admira, no se admite la disidencia y la verdad oficial es la única que se transmite al pueblo. En suma, hoy Rusia se desliza hacia una dictadura, pura y dura.

Pero también en eso se equivoca Putin. Hoy existe un mundo paralelo de canales de información, prácticamente incontrolable. Y por mucho que intente intoxicar a su pueblo, se sabrá la verdad sobre esta agresión a Ucrania, sobre esta guerra imperialista, y violadora del orden internacional. Cierto que no es la única ilegal a la que hemos asistido en los últimos tiempos, pero no por ello resulta menos condenable.

De otra parte, ha conseguido que la Unión Europea dé un paso de gigante, con todas las medidas adoptadas para afrontar esta agresión a un país europeo. Y ha crecido en la opinión pública y entre las fuerzas políticas, la convicción de que es necesario reforzar una política exterior y de defensa común.

Pero no debemos cometer el error de juzgar al pueblo ruso por los desvaríos y actitudes de su actual presidente, que, no se engañen, no está loco. En absoluto. Todo lo que hace y cómo lo hace responde a su concepción profunda del ejercicio del poder, de las relaciones de poder en el mundo. Lo único que hoy entiende y respeta. Tampoco se aprecia por parte del pueblo ruso el mismo apoyo que suscitó la invasión de Crimea. No hay manifestaciones espontáneas de apoyo a la guerra. Al contrario, una parte significativa de la ciudadanía nos está mostrando su coraje, manifestándose en contra, y son miles los detenidos. Dando testimonio de resistencia a la dictadura.

Por último, no olvidemos que, pese a todo el horror que estamos viendo, debemos hacer un esfuerzo por dejar abierta una posibilidad de negociación para terminar esta guerra; y sigo pensando que Occidente debería poder utilizar la plataforma del Consejo de Europa, del que Rusia ha sido suspendida, pero no expulsada, para abrir ese espacio de diálogo, por muy difícil que sea. Se hizo con la guerra de Chechenia y debemos intentarlo nuevamente hoy. Se lo debemos a las víctimas de esta barbarie, incluidas las propias rusas, las de los jóvenes soldados que están muriendo y que, como relataba la novelista Svetlana Alexievitch, pronto empezarán a ser entregados a sus madres, en ataúdes de zinc.

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De Nancy Pelosi pasarán a la historia un buen puñado de imágenes. No solo la de cuando debutó como presidenta de la Cámara de Representantes en 2007 —primera mujer en lograrlo y, no solo una, sino dos veces— o de su sonado voto contra la guerra de Irak. También la turbulenta galería de los últimos años: Pelosi rasgando con desprecio los folios de la intervención escrita de Donald Trump en su discurso del estado de la Unión en el Congreso en 2020; Pelosi golpeando con el mazo para proceder a dos juicios de impeachment contra el presidente republicano en poco más de un año (2019 y 2021); Pelosi con su ya icónico abrigo rojo de Max Mara saliendo de la Casa Blanca tras haber hecho perder los papeles al mandatario en directo (2018); o Pelosi desgañitándose por teléfono mientras asistía a un partido de béisbol cuando trataba de desencallar el plan de inversiones de infraestructuras (2021). Salió adelante.

Al margen del reciente caso de Kamala Harris, no ha habido en la historia de Estados Unidos una política electa tan poderosa como ella, tercera autoridad de la nación, directora de orquesta de la bancada demócrata en el Capitolio, recaudadora infatigable de fondos para el partido y coronada campeona en el arte de sacar de quicio a Trump.

Pero de Pelosi hay que seguir hablando en presente, porque a los 81 años —cumplirá 82 el próximo 26 de marzo— ha decidido presentarse a la reelección en los comicios legislativos de noviembre. En enero de 2021, cuando se erigió de nuevo presidenta de la Cámara, prometió que este sería su último mandato. Sin embargo, se ha lanzado de nuevo apelando a lo “crucial” de la contienda. No es un tópico trillado: los demócratas se juegan este año su débil control de la Cámara baja y del Senado, lo que marcará el resto de la era de Joe Biden y decidirá la suerte de su ambiciosa agenda de reformas. “Nosotros”, dijo Pelosi, “no agonizamos, nos organizamos, y por eso me postulo a la reelección”.

El año pasado, cuando Pelosi debía ser confirmada para un nuevo mandato al frente de la Cámara, la joven congresista Alexandria Ocasio-Cortez, epítome de la nueva ola izquierdista del Capitolio, afirmó que probablemente era el momento de que la veterana política diese paso a otros, pero que esos otros quizá no estaban aún ahí. “Lo que me preocupa, y admito que es un fracaso, es que no tenemos un plan. Si dejamos ese vacío, hay muchas fuerzas malignas que lo pueden llenar con algo peor”, dijo Ocasio-Cortez en una entrevista en The Intercept.

Blanca, de clase acomodada, muy religiosa y criada en las cocinas del poder político, Pelosi encarna para muchos la más pura esencia del establishment de Washington, pero su trayectoria reivindica que durante años fue una de las voces más liberales del Partido Demócrata: no solo por el famoso voto sobre Irak, sino también porque se convirtió es una de las primeras en apoyar el matrimonio entre personas del mismo sexo —antes que Barack Obama o Hillary Clinton— y en 1987, cuando llegó al Congreso y el sida era un tabú, se erigió desde su escaño en una de las principales defensoras para la investigación del VIH y la asistencia a los enfermos.

Es hija de Thomas D’Alesandro, congresista, alcalde de Baltimore y aspirante a gobernador de Maryland. Nancy se casó muy joven con el financiero Paul Pelosi, se mudó a California y tuvo cinco hijos. Fue después cuando entró en política como legisladora de este Estado.

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La periodista Susan Page, autora de una excelente biografía publicada en 2021, Madam Speaker. Nancy Pelosi and the lessons of power (Señora portavoz. Nancy Pelosi y las lecciones del poder), destaca que la líder de los demócratas es, esencialmente, “una pragmática, pero no una centrista”. “Sus políticas son progresistas, pero también quiere conseguir que se hagan cosas. Eso la ha perfilado a veces como una centrista, aunque no lo es, porque sabe que para que los demócratas controlen la Cámara de Representantes y la Casa Blanca no deben imponerse solo en los distritos liberales, sino también en los centristas”.

Obsesionada con amarrar leyes a toda costa, “conseguir que se hagan cosas”, como dice Page, ha sido calificada como “la portavoz más efectiva de la historia moderna” por expertos de la jungla de Washington como el académico Thomas Mann, estudioso de la gobernanza de EE UU en la Brookings Institution, o el intermediario republicano Bruce Mehlman, quien el pasado noviembre escribió en su cuenta de Twitter: “¿Es Nancy Pelosi la portavoz más efectiva de la historia (tanto si te gusta su agenda como si no)?”.

Impulsora del Obamacare

En 2005, capitaneó la oposición demócrata a los planes de privatización de las pensiones del presidente George W. Bush, con una guerra de guerrillas que supuso más de un millar de eventos por el país. Los republicanos tuvieron que retirar el plan. En 2008, ya como presidenta de la Cámara, aseguró la aprobación final a un plan sumamente antipático en las calles como el rescate a la banca, salvando los muebles de Bush. El demócrata Obama le ha reconocido que, sin ella, no habría sido podido sacar adelante su histórica reforma sanitaria, Obamacare. Pelosi insistió en que debía perseguir la cobertura universal, pero enfadó a los activistas proaborto al permitir el voto de una enmienda que negaba el subsidio público a esas intervenciones. Es lo que desbloqueó los recelos de los demócratas provida, imprescindible porque ningún republicano iba a apoyar la norma.

Para los demócratas, esas “fuerzas malignas” que citaba Ocasio-Cortez se ciernen sobre la posible pérdida del control de la Cámara en las elecciones legislativas de noviembre. J. Miles Coleman, analista del Center for Politics de la Universidad de Virginia, recuerda que Pelosi “es universalmente reconocida como una gran recaudadora de fondos para el partido y también es muy buena manteniendo la disciplina de voto en el Congreso, y, de cara a los comicios, eso es muy importante”. “Necesitan ir a esa elección con una líder fuerte, de gran cilindrada. Si se retira antes, dará la sensación de que los demócratas se están marchando porque la Cámara de Representantes es una causa perdida”, añade.

Las noticias de demócratas que renuncian a presentarse en noviembre, la mayoría porque se retiran, se han multiplicado en los últimos meses. Según el recuento de FiveThirtyEight, una plataforma de referencia en información electoral, hasta 28 miembros de la Cámara baja han decidido no luchar por la reelección. Entre ellos no figuran los dirigentes: además de Pelosi, Steny Hoyer, de 82 años, líder de la mayoría, y Jim Clyburn, de 81, el guardián de la disciplina de voto, que en Estados Unidos se conoce como whip (látigo).

Aun así, Coleman cree probable que, una vez pase noviembre y salga reelegida, se marche y se tenga que celebrar una elección especial para relevarla, o en enero, tras la toma de posesión. Es lo que hizo el republicano Newt Gingrich, presidente de la Cámara baja: ganó de nuevo su escaño en 1998, pero renunció en enero de 1999.

Pelosi no es especialmente buena oradora, ni aguda en las entrevistas y puede resultar tremendamente arisca cuando le molesta la pregunta de un reportero. Pero en el Congreso ha sido una garantía para el Partido Demócrata en un momento de convulsión interna, cuando hubo que conciliar al sector moderado con una nueva ola a la izquierda que tenía ganas de marcar el paso a los demás. “El poder”, advierte la veterana demócrata, “no es algo que te vayan a dar, es algo que tú debes tomar”. Es una de las villanas favoritas de los republicanos, lo que también supone un riesgo en las urnas del próximo otoño. En el cálculo de riesgos y beneficios, sin embargo, se ha impuesto volver a pelear por el escaño y una de las cosas que se le dan bien a la hija de Thomas D’Alesandro es eso de contar. Por eso también, los pelosiólogos creen que tiene en mente ser ella quien renuncie en 2023, cuando todo esté atado y bien atado.

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guardias de la Brinks
Los dos guardias de la Brinks hasta ahora capturados, dicen que son inocentes según sus familiares, pero hasta ahora las autoridades no han explicado entonces, quién se robó las tulas con dinero.

Los dos guardias de la Brinks hasta ahora capturados, dicen que son inocentes según sus familiares, pero hasta ahora las autoridades no han explicado entonces, quién se robó las tulas con dinero. El sistema del camión fue alterado.

Noticias Barranquilla.

Ha pasado casi una semana desde el hurto a un camión blindado que llevaba dinero, en Barranquilla, pero hasta ahora, las autoridades no han dado claridad sobre la captura de dos supuestos implicados, que eran los guardias que ese día tenían a cargo el vehículo.

El pasado varias patrullas de la policía llegaron al norte de Barranquilla, afuera de un centro comercial, por un llamado al 123 que alertaba de «un movimiento sospechoso» con un camión de valores.

Allí, terminaron capturando a los dos guardias que iban en el camión.

La versión de la policía en ese momento fue: «Al sitio arribaron las unidades del Blindaje Zonal de desplazaron, pero unos hombres, al parecer funcionarios de la empresa de seguridad, manifestaron que no había ocurrido nada».

Sin embargo, «algunos testigos informaron que uno de los guardias, al parecer, bajó del vehículo blindado unas tulas con dinero, y las entregó al conductor de un automóvil particular que abandonó el sector».

Es decir, si hubo hurto de dinero. 

«Al verificar las cámaras de seguridad del lugar y del sector se pudo constatar esta información y por tal motivo, dos guardias fueron capturados como presuntos responsables de la entrega del dinero», indica.

«Son inocentes»

Esta semana sin embargo, familiares y amigos de los guardias capturados fueron a protestar a la empresa Blinks para reclamarles «por dejarlos solos» y a denunciar que ellos no se robaron el dinero.

Una de las familiares dijo que, «no eran ellos, los que sacaron la plata fueron otros vestidos de gris».

Luego, Impacto News reveló el vídeo del hurto.

Desde dentro de la zona de bodegas del centro comercial, se alcanza a ver cuando están bajando las tulas con dinero, que tampoco hasta ahora, se ha revelado cuánto se llevaron.

guardias de la Brinks
Momento en que los dos guardias, ingresan a las bodegas del centro comercial. El camión está estacionado en la bahía.

Y en efecto, son dos sujetos vestidos como los guardias de seguridad de la Brinks.

Esto ocurría mientras los dos guardias que habían llegado en el vehículo estaban dentro del establecimiento. Luego, alguien les avisó y salieron, pero ya los que bajaron la plata se habían ido.

El camión blindado lo abrieron como si nada, no sonó alarma, bajaron las tulas con tranquilidad, no amenazaron a nadie.

Esto ha generado sospechas, porque este tipo de vehículos normalmente deben dejarlos conseguro, y son monitoreados satelitalmente y detectan cuando los fuerzan para abrirlos. Por eso, la mayoría de hurtos a los carros de valores son violentos y hasta explosivos han usado.

Alteraron el sistema

La razón por la que los ladrones pudieron abrir sin problema el vehículo, es que habían alterado el sistema, al igual que la cámara de seguridad del camión estaba desconectada, «tenía los cables rotos», indicaron en la audiencia.

La puerta se podría bloquear desde la central en Bogotá, pero al estar alterado el sistema, no pudieron.

La jueza le dijo este miércoles a los dos capturados, que participaron «a titulo de autoría y en modalidad dolosa» del hurto.

guardias de la Brinks Barranquilla hurto tulas
Los guardias entraron, y luego llegaron los dos ladrones.

Señaló que descartan la participación de muchas personas y de que el plan, lo hayan manejado con muchos días de anterioridad. Por eso los uniformes.

Los dos capturados, siguen privados de la libertad.

Este es el vídeo del hurto:

 



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Llegaron, les dispararon pero nadie vio nada: los atacaron en Nápoles y afuera del Colegio Nuevo Latir, en Cali

Una de las víctimas se encontraba al interior de una camioneta cuando le dispararon. Con estos la cifra de muertes violentas en Cali llega a 59 en lo corrido del año.

Noticias Cali.

Las balas volvieron a retumbar en diferentes barrios de la capital vallecaucana, las víctimas fueron dos hombres a los que atacaron con armas de fuego en zona de ladera y el oriente de la ciudad.

El primero de los casos se presentó sobre las 3:45 de la tarde de este martes 25 de enero.

Cuando en la calle 2C con carrera 76C en el barrio Nápoles, zona de ladera de la ciudad, desconocidos propinaron varios disparos con arma de fuego a un hombre.

La víctima se encontraba en el interior de una camioneta y tras el ataque; los responsables huyeron.

El segundo caso se presentó al otro extremo de la ciudad, en el oriente.

Los hechos se presentaron sobre las 5:00 p.m. a las afueras de la Ciudadela Nuevo Latir, la víctima también fue un hombre, aunque de acuerdo a otros reportes se precisaba «era una femenina»; sin embargo se estableció era un hombre.

Al hombre le dispararon y quedó tendido sobre el andén.

4 homicidios en los últimos dos días y 59 en el mes

A estas dos muertes violentas se le suman las dos que se registraron este lunes 24 en las comunas 7 y 13.

Las víctimas eran hombres y también las atacaron con armas de fuego.

Hasta el momento enero del 2022 es el inicio de año con menor número de homicidios de los últimos 30 años.

Comunas como la 6, 12, 13, 14 y 15 siguen siendo las que más muertes violentas registran en Cali.

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López de Micay sin energía
En López de Micay continúan sin energía desde el 8 de enero, temen una grave crisis económica por todas las pérdidas que han tenido estos días. A esta zona del Cauca no hay soluciones.

En López de Micay continúan sin energía desde el 8 de enero, temen una grave crisis económica por todas las pérdidas que han tenido estos días. A esta zona del Cauca no hay soluciones.

Noticias Cauca

Desde hace más de 18 días están sin el servicio de energía en López de Micay, lo que ha provocado el decaimiento del comercio y cierre de entidades públicas.

TuBarco Noticias Cauca, conoció que una de las torres que está ubicada en la comunidad indígena de Giagüi, sufrió un daño.

CEDENAR que es la empresa encargada del servicio de energía en esta zona, no ha podido ingresar a realizar las respectivas reparaciones.

La comunidad indígena no los deja ingresar, señalan.

En este tiempo se ha buscado establecer acuerdos con los indígenas, no han habido avances.

Desde la comunidad, se dice que no ven compromisos reales, por esto no quieren entrar a diálogos con la empresa de CEDENAR ni el Ministerio de Minas y Energía.

Otras medidas

Para el 26 de enero, CEDENAR citó a una reunión para la socialización del proyecto fase 2 de interconexión rural.

Los convocados fueron la comunidad indígena del resguardo Giangüi, Ministerio de Minas y Energía DISPAC, Gobernación del Cauca, Alcaldía de López de Micay y Timbiqui.

La reunión se programo para en horas de la tarde en el polideportivo de Timbiqui Cauca.

En la reunión se espera que a parte de la socialización del proyecto se llegue a un acuerdo para darle el ingreso al personal técnico y proceder a la reparación de la falla que está impidiendo que haya energía en este municipio.

La situación a golpeado gravemente al municipio, más de 5000 personas no han podido acceder a servicios.

No hay servicios de la Alcaldía, bancos y el hospital no presta un servicio adecuado.

Las pérdidas económicas continúan siendo significativas, estando paralizado el comercio.

No hay pronunciamiento de la Gobernación del Cauca, lo que  genera más preocupación.

Este municipio ha sido golpeado por entre otras cosas, la ola invernal y ahora, sin servicio de energía.





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El hurto se registró durante la mañana de este sábado en la calle 13 con 75 al sur de la ciudad.

Noticias Cali.

Durante la mañana de este sábado hubo un vídeo que se hizo viral a través de redes sociales y en el que se observaba a varios hombres cometiendo un hurto a un vehículo en el sur de Cali.

El vídeo de acuerdo a lo reportado, fue grabado sobre la calle 13 con carrera 75, sur de la capital vallecaucana.

La escena que captaron testigos no era una ‘normal’.

Pues el hurto lo estaban cometiendo hombres que estaban vestidos y portando uniformes de uso privativo de la fuerza público.

Todos con instintivos de la Policía Nacional.

Los sujetos de cuerdo a lo observado, habrían interceptado a los ocupantes de un vehículo particular que por la zona transitaba.

Habrían las puertas y del carro al parecer extraían varios elementos.

Tal como se observa en uno de los vídeos compartidos en diferentes portales:

Aún no hay denuncias: Policía de Cali

Luego de varias horas de diferentes versiones y sin tener información clara u oficial por parte de las autoridades, desde la Policía Metropolitana se pronunciaron.

Informando que en efecto los hechos tuvieron lugar en la Comuna 17 sobre las 10:00 a.m., los delincuentes huyeron en un carro y una motocicleta.

Las víctimas no han denunciado.

Sin embargo, más allá de las imágenes, «hasta el momento no se han presentado denuncias por hurto en este sector, relacionadas con lo que registra el vídeo», indicó Juan Carlos León Montes, comandante Policía Metropolitana de Cali.

Agregando que se encuentran adelantando investigación, recogiendo, verificando información de testigos y recopilando vídeos de cámaras de seguridad.

Sin embargo, pidió a las personas que hayan sido afectadas en este hecho, a interponer «las denuncias pertinentes que nos permitan dar con judicialización de los presuntos responsables de esta conducta punible».

Lea también:

Dos hurtos masivos denuncian en Cali y Buga, en uno de los casos llegaron ‘disfrazados’ de policías





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Fernando Valera ha sido asaltado 5 veces en su casa, pero se resiste a abandonarla.

Son muchas las propiedades disponibles aquí. La mayoría las venden por muy poco dinero o los propietarios las ceden solo a cambio de que alguien se ocupe de ellas.

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Raúl López, que fue secretario de Desarrollo Económico del estado Miranda, que engloba la región de Barlovento, recuerda que «en la buena época, las casas aquí costaban por lo menos US$80.000».

«Ahora supe de alguien que vendía dos casas y una lancha por US$30.000».

Pero, pese a las facilidades, no aparecen los interesados.

Una de las zonas más abandonadas es la de los Canales de Río Chico. Desarrollada en la década de 1970, sus promotores querían emular a algunas de las urbanizaciones exclusivas de Miami y otros lugares costeros de Estados Unidos, en las que los dueños de casas de lujo pueden llegar en lancha directamente hasta su entrada.

Se construyeron cursos de agua, embarcaderos y hasta un campo de golf. El negocio dio pronto resultados.

«En los 80 hubo un auténtico boom en Río Chico de gente que compraba aquí viviendas vacacionales y venía a pasar fines de semana y temporadas de descanso», dice López.

Casa en Río Chico, Venezuela
Casas como esta están a la venta por US$3.000, cuando hace algunos años su valor era mucho mayor.

Qué cambió

Pero las cosas empezaron a cambiar dramáticamente a partir de 2013 cuando el gobierno del entonces presidente Hugo Chávez comenzó un proceso de negociación con decenas de bandas criminales para impulsar su desarme y reinserción social.

Lo llamaron Cuadrantes de Paz, territorios en los que, a cambio de que abandonaran la violencia, el Estado dejaría de perseguir a los delincuentes y les entregaría recursos para que fueran económicamente viables sin delinquir.

Barlovento fue uno de esos cuadrantes.

«Esas zonas de paz pronto se convirtieron en un refugio para las bandas y desde Barlovento manejaban sus actividades criminales en Caracas», afirma López.

Para los propietarios de las viviendas comenzó un calvario. «Primero se encontraban con pequeños robos, con que cada vez que llegaban a su casa a pasar el fin de semana se encontraban con que faltaba algo, pero luego la cosa se agravó y empezaron los secuestros».

Sumado al deterioro económico del país, que desde hace varios años vive una crisis económica sin freno que ha empujado a emigrar a millones de venezolanos, y las crecientes dificultades para conseguir gasolina, hizo que muchos renunciaran para siempre a sus escapadas a Barlovento.

«Muchas son buenas casas con piscina y solo el mantenimiento de la piscina ya costaba un buen dinero», subraya López.

Casas junto al mar en Barlovento.
Esta imagen de hace unos años muestra algunas de las casas de la zona.

Fernando Valera es de los pocos que no se rindió. «Me han robado aquí cinco veces», cuenta.

«La primera vez fueron entre 15 y 20 hombres con armas largas y ropa militar. Salieron del monte, encañonaron a mi mujer y a mis sobrinas, que estaban en la piscina, y a mí me sacaron de la ducha».

Valera recuerda que actuaron con disciplina militar. «Había un líder que nos daba las órdenes y nos trató correctamente. Los demás obedecían; cargaron todo y se lo llevaron».

Otros no fueron tan «profesionales». «En unos de los asaltos estaban muy nerviosos y le colocaron un machete en el cuello a mi mujer».

«Se lo llevaron todo»

Después de tanto robo, su amplia propiedad luce casi vacía. Los enseres indispensables en la cocina; y en la sala, un par de sillones y un viejo reproductor de discos compactos. «No quiero tener nada que llame la atención, porque entonces vienen y se lo llevan todo».

Como otros muchos que vivieron experiencias similares en la zona, su familia no quiere regresar al lugar que él soñaba convertir en el lugar de descanso ideal para ellos.

Fue en 2010 cuando invirtió lo que le pagaron de indemnización al dejar de trabajar como mecánico textil en Caracas para retirarse a un lugar en el que «uno se podía olvidar de todo».

Escuchando el canto de las aves tropicales que revolotean por las palmeras de su jardín, uno podría creerle.

Pero, mientras hablamos, un agente de la Guardia Nacional aparece en moto para recordar que los equipos de grabación no deben permanecer mucho tiempo a la vista. «Esta zona no es muy segura», advierte.

Delincuentes «eliminados»

La presencia policial en la zona de Río Chico se ha incrementado en los últimos tiempos y Fernando dice vivir más tranquilo desde que instalaron un comando de la Guardia Nacional cerca de su casa. Pasan a menudo por allí y están pendientes de él.

Pero algunas de las tácticas policiales han causado polémica y críticas internacionales al gobierno de Nicolás Maduro.

«Las cosas están mejorando porque a muchos de los malandros (delincuentes) que tenían azotada esta zona los han ido eliminando», asegura Fernando.

Dice que pocos días antes de nuestro encuentro, tres supuestos delincuentes fueron abatidos por la Fuerza de Acciones Especiales de la Policía. No es el único en Río Chico que da cuenta de incursiones de los agentes en los escondites boscosos de los delincuentes para acabar con ellos.

La Oficina de Derechos Humanos de Naciones Unidas ha reportado miles de estas «ejecuciones extrajudiciales» en Venezuela en los últimos años.

El gobierno no respondió cuando BBC Mundo pidió información.

Policía en Venezuela
La Fuerza de Acciones Especiales de la Policía ha sido acusada de cometer ejecuciones extrajudiciales. (Imagen de archivo)

«No es que me alegre de que los eliminen, pero al menos espero que haya tranquilidad», dice Valera sobre los delincuentes abatidos.

Ruinas modernas

En el municipio de Río Chico no cuesta encontrar antiguas villas vacacionales reducidas a la ruina.

Villa vacacional abandonada en Río Chico.
Río Chico está salpicado de villas vacacionales hoy abandonadas.

Algunas eran propiedad de grandes empresas del país que las ofrecían a precios ventajosos a sus empleados, o del Estado, que dejó de ocuparse de su mantenimiento tiempo atrás.

Familias muy pobres han encontrado cobijo en ellas y por sus calles agujereadas pueden verse grupos de niños descalzos que acarrean cubos de agua a merced de los mosquitos del atardecer.

Cerca de allí está Caño Copey, la playa inmensa y desierta en la que pasa los días Carlos Quintana.

Cuenta que en su día sirvió en la escolta personal del fallecido Hugo Chávez. Ahora es el socorrista de una playa a la que casi nunca va nadie.

«Me paso todo el día sentado, viendo el agua, la arena y la brisa».

Los folletos turísticos que sobreviven en la red describen Caño Copey como «un lugar donde contará con los servicios turísticos necesarios para pasar un tranquilo día de playa».

También en la red hay videos que muestran a vista de pájaro las casas con piscina, las playas y la red de canales que recorre la zona.

Playa en Barlovento hace unos años.
Barlovento ha sido un tradicional destino de vacaciones para venezolanos de clase media y alta.

Ninguna de esas imágenes idílicas coincide con las escenas a las que está acostumbrado el socorrista.

«Una vez vi cómo asaltaban a punta de cuchillo a unos turistas que acababan de llegar a la playa. Quise intervenir pero podía haber salido lastimado».

Sin visitantes urbanos a los que extorsionar o asaltar, ahora son los productores de cacao de la zona los que tienen que pagar a las bandas que han hecho de Barlovento su fortín.

Quienes se quedaron aquí han tenido que adaptarse a la desaparición del turismo, que hizo aún más duro el impacto de la crisis económica.

Quintana, por ejemplo, alimenta a sus dos hijos con los plátanos que crecen en su jardín y las sardinas que logra pescar en este solitario litoral porque su salario no le alcanza más que para unos paquetes de arroz.

El socorrista Carlos Quintana.
Carlos Quintana es el socorrista en una playa en la que casi nadie se baña.

Añora el tiempo en que las cosas eran diferentes.

«En carnavales o en fin de semana venían montones de turistas y había mucho movimiento en torno a las quintas de la playa», explica, mientras señala con el dedo lo que queda de las casas bajas junto al mar.

Quintana me guía hasta una de ellas. Queda poco más que la fachada y el suelo, pero su ubicación privilegiada a pocos metros de donde rompen las olas y sus generosas dimensiones dan idea de su esplendor pasado.

«Los dueños solían subir al techo al final del día para ver el atardecer y compartir unos tragos mientras escuchaban música», recuerda.

Cuando dejaron de venir, aparecieron los saqueadores. «Se llevaron los inodoros, las puertas, las ventanas, todo…»

Y pudo haber sido peor. «En cuanto aparece alguien que tiene aspecto de llevar una vida normal, lo asaltan o lo secuestran y le obligan a pagar una extorsión».

«¿Así quién va a querer una casa aquí?», se pregunta Quintana.


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