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El cliente no sospecha que el barbero que en estos momentos le afeita a cuchilla tiene la cicatriz de un balazo en la pierna izquierda. No sabe que hace cuatro años tuvo que salir huyendo de Nicaragua, su país natal, perseguido por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. No puede imaginarse que el joven que esta mañana de febrero le corta el pelo de forma gratuita en un parque de San José, la capital de Costa Rica, tuvo que esconderse en la montaña junto a una veintena de campesinos después de que la policía asesinara a dos de sus compañeros y a él le hiriera de un disparo. Que cruzó la frontera ilegalmente y ha sobrevivido los últimos cuatro años con trabajos mal pagados, cambiando de casa cada pocos meses, aterrado ante la creencia de que pueda haber espías de Ortega tras sus pasos. No se hace una idea de que hoy, David Montenegro, un treintañero de gesto afable, barba y cara pecosa, se gradúa en un curso especial de peluquería impulsado por una ONG que ayuda a exiliados nicaragüenses a integrarse en la vida laboral de Costa Rica, el país de acogida.

David Montenegro, exiliado nicaragüense, una mañana de febrero en un parque de San José, Costa Rica.
David Montenegro, exiliado nicaragüense, una mañana de febrero en un parque de San José, Costa Rica. Alejandro Santos

El sol abrasa sobre San José, pero Montenegro no se inmuta y maneja la cuchilla con soltura sobre el cuello de su cliente. Le limpia la cara con una toalla y da por concluida su labor. Como examen de final de curso, este sábado él y sus compañeros han acudido al parque Centenario, al costado de una iglesia con el descriptivo nombre de Nuestra Señora de los Desamparados. Espera que el título de barbero le ayude a conseguir un trabajo mejor, o por lo menos, le genere un ingreso extra. Ahora mismo se gana la vida como repartidor, pero también ha sido mecánico, jardinero o albañil. Cualquier cosa con tal de sobrevivir.

“Lo más difícil fue abandonar el país donde tenía esperanzas y una vida planeada. La llegada fue muy dura: no conoces a nadie; nadie te espera; apenas tienes dinero. Buscas de obrero con lo poco que sepas. Son países muy distintos” Nicaragua y Costa Rica, dice Montenegro.

San José se ha convertido en la capital del exilio nicaragüense después de que el régimen de Ortega, antiguo revolucionario sandinista reconvertido en autócrata, reprimiera con brutalidad una insurrección popular que se alzó en contra de una polémica reforma del sistema de pensiones en 2018. Las fuerzas policiales y paramilitares asesinaron a 355 personas, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Luego de desarticular la rebelión ciudadana, el Gobierno inició una persecución judicial y política que derivó en éxodo hacia el país vecino: 121.850 nicaragüenses han solicitado refugio en Costa Rica desde entonces, el 88% de todas las peticiones que recibe el país centroamericano, de acuerdo con los datos de enero de 2022 de la Dirección General De Migración y Extranjería. Pero menos de un 30% se conceden.

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Mientras esperan una respuesta, los exiliados se buscan la vida como pueden. Montenegro empezó el curso de barbero en 2019 por una iniciativa de S.O.S. Nicaragua, una ONG fundada por otros exiliados que asegura que ya ha atendido a más de 200.000 nicaragüenses. Ofrece cosas tan básicas como proporcionar alimento, un techo, asistencia sanitaria o acompañamiento jurídico para moverse por el laberinto burocrático que recorren los solicitantes de refugio. También conseguir trabajo, una de las batallas más arduas a las que se enfrentan en un país donde la xenofobia se ha generalizado en los últimos cuatro años de la mano de una grave crisis de desempleo profundizada por la pandemia.

Cuando estallaron las protestas de abril de 2018, Montenegro había retomado sus estudios de secundaria en Estelí. Ya había tenido que abandonarlos más joven para emigrar a Honduras. “Fue una explosión social, una revolución no armada”, dice de las movilizaciones. “Me fui a apoyar un tranque [barricada]. Nos mandaron a la policía y a los paramilitares. Nos enfrentamos con ellos, pero teníamos piedras y valor más que todo”. Fue ahí cuando asesinaron a sus amigos. Pasó en la montaña dos meses y medio, con una herida de bala que no pudo curar bien y armado con un fusil de caza. “Fueron días de hambre, frío, sueño. No podíamos encender una fogata porque el ejército te detecta”.

“Solo nos da para sobrevivir”

Después de la huida llega el exilio. Un camino que para muchos es casi tan crudo como la vida que han dejado atrás. “Subsistimos, solo nos da para sobrevivir”, sintetiza Pablo Hernández (58 años), que malvive junto a su amigo Antonio Silva (50 años) en una cuartería, una nave repleta de habitaciones de apenas un metro de ancho por dos de largo en la que se hacinan decenas de personas. Hernández trabaja por menos de 10 dólares diarios en un puesto callejero de frutas y verduras cerca de la Catedral, en el centro de la ciudad. La cuartería queda a cinco minutos.

Antonio Silva, exiliado nicaragüense, junto a su hijo Edison en la cuartería en la que vive en San José, Costa Rica, este febrero.
Antonio Silva, exiliado nicaragüense, junto a su hijo Edison en la cuartería en la que vive en San José, Costa Rica, este febrero.Alejandro Santos

Por fuera es un edificio naranja con puertas de chapa, pintura raída y grietas en las paredes. Por dentro hay dos pisos en los que se reparten los cuartos. Algunos son individuales, en otros viven familias enteras. Apenas hay luz natural. Una habitación enrejada hace las veces de lavandería. Varias cuerdas cuelgan de un lado a otro y conforman una madeja de ropa tendida. Al fondo, otro espacio funciona como cocina común. En la pared, iluminado por la luz blanca de una bombilla, hay un dibujo de una ventana con un paisaje que trata de aportar un poco de verde entre tanto gris.

Las habitaciones de Hernández y Silva, como todas, no cuentan con ventilación, y al abrir la puerta se nota el ambiente recargado. En varias baldas se acumulan las pocas posesiones que les quedan: ropa, fotografías de la familia que quedó en Nicaragua, calendarios, estampas religiosas… Hernández viste unos vaqueros salpicados de lejía y de su cuello asoma una cruz; Silva lleva ropa de faena. Tiene manos gruesas de obrero manchadas de pintura blanca y un corte de pelo a cepillo.

El exilio se ha hecho presente en sus rostros en forma de marcadas arrugas. “Estamos fregados”, resume Hernández. “El problema es que no solo somos nosotros, tenemos familia allí y también sobreviven. Hay que mandar algo”. Las cuentas no salen: un ingreso mensual de menos de 250 dólares, un alquiler de 142. “Es un estrés constante para juntar cada dólar”. En un cartel encima de su cuarto, el eslogan de una marca de supermercados, “cumple tus deseos”, se burla de ellos.

Antonio Silva, exiliado nicaragüense, en su habitación de una cuartería en San José, Costa Rica, este febrero.
Antonio Silva, exiliado nicaragüense, en su habitación de una cuartería en San José, Costa Rica, este febrero. Alejandro Santos

Los dos amigos también se involucraron en las protestas de 2018. “Estuvimos tres meses en los tranques. Solo íbamos a casa a ducharnos, comer y salir otra vez”, recuerda Hernández. Se enteraron de que se habían convertido en un objetivo del régimen y salieron del país de incógnito ese mismo año. “En Nicaragua un solo hombre [Ortega] domina todos los poderes. Su palabra es ley. Solo lo apoya un 15%, pero tienen las armas”. Ambos llegaron sin papeles y con apenas unos pocos cientos de dólares en el bolsillo.

“En vez de presos, estamos aquí libres. Con un poco de hambre, pero seguros”, dice Silva. Lo hace como si no se lo creyera demasiado, después de cuatro años como albañil en jornadas que empiezan de madrugada y acaban ya de noche cerrada. Estos días está visitándole su hijo, Edison, que sigue viviendo en Nicaragua y a los 18 años ha tenido que dejar sus estudios y convertirse en vendedor callejero para contribuir al ingreso familiar. Cuando se les pregunta si se puede sacar fotos, exigen ver el carnet de prensa y el pasaporte. El terror a que los brazos de Ortega les alcancen aun en el exilio es constante.

Pablo Hernández, exiliado nicaragüense, en su habitación de una cuartería en San José, Costa Rica, este febrero.
Pablo Hernández, exiliado nicaragüense, en su habitación de una cuartería en San José, Costa Rica, este febrero.Alejandro Santos

Un rato después, en el puesto en el que trabaja, Hernández rebuscará entre las verduras que vende para sacar un cuaderno cuadriculado con pegatinas infantiles en la primera página. Dirá que en su juventud luchó en la Contra, un grupo armado financiado por Estados Unidos que intentó acabar en la década de los 80 con la revolución sandinista.

En el cuaderno enseña el diseño de una operación militar escrita a bolígrafo azul y asegura que forma parte de un grupo de 25 excontras que están buscando financiación para luchar contra Ortega. “Lo que sobra es gente, lo que faltan son armas”. Una alternativa fruto de la desesperación que la mayoría de sus compatriotas exiliados entrevistados para este reportaje no comparten. “Nosotros no queremos estar aquí, queremos volver a nuestro país. Es como decía Rubén Darío: ‘Si pequeña es la patria, uno grande la sueña”, concluye Hernández.

Crisis migratoria

En la otra punta de la ciudad, se encuentra una nave azul a la que se llega por un camino de tierra. El Gobierno costarricense la ha habilitado como centro para solicitar el estatus de refugiado. Decenas de personas esperan sentadas en sillas colocadas a un metro de distancia como precaución ante la pandemia. Allí se encuentra la oficina de Allan Rodríguez, jefe de la Unidad de Refugio, que confiesa que en 2018 la administración se vio superada, y que tras años de recortes no cuentan con los fondos suficientes para afrontar un problema de tal calibre.

Exiliados nicaragüenses rellenan sus solicitudes de refugio en San José, Costa Rica, este febrero.
Exiliados nicaragüenses rellenan sus solicitudes de refugio en San José, Costa Rica, este febrero. Alejandro Santos

Rodríguez rechaza hablar de crisis migratoria: “El Estado tiene capacidad para atender el tema, pero necesitamos mayor apoyo de la comunidad internacional”. Sin embargo, reconoce que el 95% del personal y la infraestructura empleadas han sido aportadas por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Carlos Huezo, presidente de S.O.S. Nicaragua, discrepa con Rodríguez. Considera que el sistema de asilo sí que está desbordado, una opinión que comparten otros expertos y oenegés: “Si hubiera un sistema ágil, habría una inserción más rápida. Es una crisis humanitaria que viene de antes”. La realidad es que el proceso de refugio puede alargarse años. El carnet de solicitante otorga de por sí cierta seguridad jurídica, pero encontrar trabajo solo con él es complicado, coinciden todos los entrevistados.

Yolanda Morales, exiliada nicaragüense, muestra su carnet de solicitante de refugio, este febrero en San José, Costa Rica.
Yolanda Morales, exiliada nicaragüense, muestra su carnet de solicitante de refugio, este febrero en San José, Costa Rica. Alejandro Santos

Yolanda Morales (33 años) señala que su solicitud de refugio puede no resolverse hasta 2027. Aun así, muestra con una sonrisa radiante su carnet de solicitante mientras hace cola en el recinto habilitado por Migración. Se gana la vida como trabajadora del hogar. En Nicaragua era empleada del Gobierno, pero después de la represión de 2018 renunció. Ahí comenzó “el asedio”, explica: acoso de la policía, pedradas contra su casa. Decidió huir con su hijo en agosto de 2021. “Sufrimos discriminación por ser migrantes. Y no podemos ayudar a nuestra familia, apenas vivimos aquí como para mandar plata”, narra.

Las miles de historias personales repartidas por la ciudad aportan la dosis de realidad que las cifras oficiales no pueden contar. Y el goteo de exiliados no cesa. Manuel Salvador (22 años) cruzó a Costa Rica en una lancha hace un mes y quiere retomar los estudios que tuvo que abandonar por oponerse al régimen. Devanire Cárdenas (36 años) formaba parte de la Juventud Sandinista; renunció después de ver la represión y ahora solo le da para pagar el alquiler y la comida. José Huerta (47 años) trabaja de estibador, pero el dinero no le alcanza; necesita un empleo estable y con el carnet de solicitante no lo consigue. Sandra (43 años) ni siquiera se atreve a dar su nombre real. Ha dejado en Nicaragua a sus dos hijos universitarios, y teme que sean un objetivo fácil para la policía. Dice que han sido años muy duros. Y que ojalá ocurra un milagro que se lleve a Ortega.

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Rodrigo Chaves, candidato a la presidencia de Costa Rica, el pasado 6 de febrero.
Rodrigo Chaves, candidato a la presidencia de Costa Rica, el pasado 6 de febrero.RANDALL CAMPOS (AFP)

En 2020, la Asamblea de Costa Rica tipificó como delito el acoso callejero. Silbidos, palabras o incluso gestos con connotación sexual son castigados con multas o cárcel. La decisión fue vista entonces como un paso importante para frenar la violencia de género. Dos años después, los grupos feministas dicen que gran parte de la población todavía no entiende la gravedad del acoso sexual ni le importa proteger a las mujeres. Lo dicen porque Rodrigo Chaves, a pesar de haber sido señalado por acoso, está cerca de alcanzar la presidencia. Fue una sorpresa electoral y una muestra de que la violencia de género sigue sin ser un tema principal en el debate político del país centroamericano.

Chaves, candidato del movimiento Progreso Social Democrático, fue sancionado por el Banco Mundial por hacer “insinuaciones sexuales” y llevar “un patrón de comportamiento inapropiado”. Su mala conducta le costó una sanción en 2019, que terminó en su salida del organismo. “Que Chaves esté cerca de llegar a la presidencia del país es el reflejo de una sociedad que todavía no trata a la violencia sexual con la seriedad que amerita”, dice por teléfono Larissa Arroyo Navarrete, abogada costarricense experta en derechos humanos y de género. “Es preocupante que alguien con esos antecedentes sea el presidente. ¿Cuál será el rumbo de Costa Rica en materia de derechos humanos? ”, cuestiona la abogada.

Chaves era un “conocido acosador” dentro del Banco Mundial, según un testimonio recogido por el mismo organismo en el informe que le costó la sanción. Según reveló en 2021 The Wall Street Journal , el comportamiento del aspirante a la presidencia siguió un patrón de hostigamiento que duró al menos cuatro años e involucró a mujeres menores que él. El candidato ha minimizado las denuncias diciendo que los actos que se le reprocha solo fueron “bromas”. “Yo no digo que no cometí errores, pero no era mi intención. Eso es muy tico [los comportamientos por los que el banco le sancionó]. “Así somos los ticos”, dijo a inicios de este mes. Su defensa ha sido decir que los “chistes” con connotación sexual son parte de la cultura de los costarricenses. “Es desalentador darse cuenta de que para un gran grupo de la población ese comportamiento no tiene peso a la hora de votar, es frustrante saber que, a pesar de que llevamos años haciendo un esfuerzo para hablar de la violencia de género, es aceptado e incluso aplaudido el comportamiento de un hombre que tiene un discurso abiertamente misógino”, dice Sofía Álvarez, del colectivo feminista Acción Respeto.

El enfrentamiento, cuyo escenario ha sido Twitter, entre los grupos de derechos humanos y el candidato ha escalado tras la revelación del diario nacional Extra de los extractos de una sentencia del juicio de divorcio del economista con su primera esposa. En varios textos, sobre los que todavía Chaves no confirma su autoría, el candidato se refiere a las mujeres con desprecio. “El hombre exige menos de lo que merece, la mujer merece menos de lo que exige” o “la mujer es el animal de pelo largo, pero de inteligencia corta”, son algunos de los mensajes que se han vuelto virales en redes sociales.

El candidato ha dicho que la publicación hace parte de una campaña sucia y, a inicios de febrero, difundió una carta en la que insinuaba que estaban usando a las mujeres con fines electorales. Sin decir mucho más, pedía perdón por las “incomodidades” que causaron los actos por los que fue suspendido del Banco Mundial. Para los grupos feministas, sus excusas no han sido suficientes. “El candidato ha empoderado a ese sector de la sociedad que cree que la mujer tiene menos valor. Los vemos en redes sociales, los mensajes son violentos y están respaldados por el discurso de un hombre que aspira a ser presidente”, dice Sofía Álvarez. “Ha sido un golpe el resultado de la primera vuelta, fue una bofetada para las mujeres darnos cuenta de que, aunque lo sabíamos, el país no nos escucha. La sociedad ignora las violencias que sufrimos las mujeres poniendo a un candidato como Chaves, contra el que no solo están las acusaciones que se hicieron por parte de subalternas”.

El economista, que tras su salida del Banco Mundial estuvo un corto periodo como ministro de la anterior presidencia, se ha ubicado en las últimas semanas como el favorito para ganar las elecciones del próximo 3 de abril. Según una encuesta de Opol Consultores, de la primera semana de febrero —la única publicada hasta el momento desde la primera vuelta—, a Chaves lo apoya el 49% de los votantes, frente a su rival José María Figueres del Partido Liberación Nacional, que obtendría el 33% de los votos. “La candidatura de Rodrigo Chaves a la presidencia de la República en este país es una verdadera ofensa para las mujeres costarricenses”, decía en un video publicado este mes Gloria Valerín, exdiputada y expresidenta del Instituto Nacional de la Mujer. “Es grave, además de ofensiva esa candidatura. Significa un retroceso en nuestros derechos. Ninguna mujer en este país debería votar por este señor y ningún hombre, que apoye y entienda los derechos de las mujeres como personas, debería apoyarlo”, señalaba la exdiputada.

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La abstención marcó la primera vuelta de las elecciones, celebradas a principios de febrero. Fue la más alta en 60 años. En la primera vuelta, más del 40% de costarricenses se quedaron en sus casas. “La decisión sobre los candidatos que pasaron a segunda vuelta quedó en pocas manos, pero no esperábamos que a Chaves le alcazaran los votos para llegar hasta acá, fue una sorpresa”, dice la vocera de Acción Respeto. La segunda vuelta de las elecciones en Costa Rica enfrentará al expresidente Figueres, señalado por sus opositores de tener prácticas corruptas, contra Chaves.

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El expresidente de Costa Rica(1994-1998) y actual candidato, José María Figueres, este domingo en San José.
El expresidente de Costa Rica(1994-1998) y actual candidato, José María Figueres, este domingo en San José.LUIS ACOSTA (AFP)

El expresidente de Costa Rica José María Figueres se ha impuesto este domingo en las elecciones presidenciales de Costa Rica, al sumar el 27,3% de los votos con el 79% del conteo. El exmandatario, del histórico Partido Liberación Nacional (PLN), se batirá en la segunda vuelta, que se celebrará el 3 de abril, con el exministro de Hacienda Rodrigo Chaves, que ha cosechado el 16,7% de los votos. El predicador evangélico Fabricio Alvarado, con el 15,4%, y que ya pasó a la segunda vuelta hace cuatro años, es el tercer contendiente más votado. Los comicios registraron la mayor abstención en 60 años, con más del 40%.

“Estamos a un paso de empezar la transformación de Costa Rica. Ganamos esta primera ronda por un robusto margen y eso nos da también una enorme responsabilidad. Mañana mismo continuaremos el trabajo incansable para el triunfo final el próximo 3 de abril”, dijo Figueres, que ya gobernó el país en los 90, al conocer los resultados.

El de Chaves es un partido nuevo que escaló sorprendentemente en las últimas semanas. Si se confirman los resultados, el contendor de Figueres para gobernar Costa Rica entre 2022 y 2026 sería un economista que fungió seis meses como ministro de Hacienda en el Gobierno actual, tras llegar al país en 2019, cuando renunció a un cargo en el Banco Mundial después de ser sancionado por conductas inapropiadas de tipo sexual. Chaves aparecía en cuarto lugar en intención de voto en la última encuesta del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica (UCR), solo una semana antes de los comicios de este domingo, en los que también se eligieron los 57 escaños de la Asamblea Legislativa. El 32% de indecisos que había en la última semana ha podido favorecer al exministro, un hombre con discurso de mano dura que alojó su aspiración presidencial en el debutante Partido Social Democrático (PSD). “El partido más joven de esta campaña pasa a segunda ronda”, aseguró el candidato al verse segundo.

Costa Rica celebró este domingo una jornada electoral a la usanza, con ambiente tranquilo y algo de colorido de banderas en las calles, a pesar de la oferta partidaria tan amplia como insatisfactoria para los electores, reflejada en los elevados índices de indecisión que mostraban las encuestas a pocos días de los comicios presidenciales y legislativos. Todo el mundo daba por hecho que habría una segunda vuelta, que solo se habría impedido si alguno de los candidatos hubiera alcanzado el 40% de los votos.

A las seis de la tarde se cerraron las puertas de los 2.100 centros de votación habilitados en el país. La incertidumbre no evitó que al final de la jornada comenzaran caravanas festivas en varios centros urbanos del país. Los costarricenses, cuyo apoyo a la democracia supera los promedios del continente, confirmaron la ventaja del expresidente José María Figueres Olsen en las encuestas. La cantidad récord de 25 candidaturas para un padrón de solo 3,5 millones de personas ha complicado la decisión para escoger al sustituto del mandatario Carlos Alvarado.

“Mire, yo era el único de mi familia que estaba decidido desde hace dos meses, pero hoy al tomar la papeleta con las manos pensé que no podía arriesgarme y cambié como con una corazonada”, contó Alberto Arroyo, un oficinista bancario de 46 años en La Garita de Alajuela, al oeste de San José, mientras la fila para la votación se mantenía constante. Junto a él, otro hombre llamado Emilio Eduarte, transportista de carga, aseguró que lo suyo sigue siendo fácil: “siempre he votado por el PLN y moriré votando por el PLN”.

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La sensación entre propios y extraños en los centros de votación era que el PLN sí tenía ventaja, pero no la suficiente para triunfar en primera rondas. A pesar del mensaje optimista que dio Figueres al votar a las 7.20 de la mañana, en el que dio por hecho que ganaría en primera vuelta, pocos veían realista que superara el 40%.

“No podemos darnos el lujo de posponer las decisiones importantes”, dijo el expresidente. “Ir a una segunda ronda nos costaría más de 3.000 millones de colones (4,6 millones de dólares) en la organización y dos meses más de indecisión y parálisis”, ahondó al salir de su centro de votación en San Cristóbal Sur de Desamparados, antes de cumplir el rito de visitar la tumba de su padre, el caudillo, estadista y tres veces gobernante de la Costa Rica del siglo XX, José Figueres Ferrer.

El deseo de Figueres, sin embargo, contrastaba con el de sus adversarios, que menos ambiciosos aseguraban que lograrían el acceso al balotaje. El ambiente en las calles no permitía pronosticar el nombre del contendor de Figueres para el 3 de abril. Menos aún la composición de la nueva Asamblea Legislativa, con la previsión de que se perpetúe la fragmentación y de que el nuevo presidente, sea quien sea, gobierne con minoría parlamentaria.

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Simpatizantes del expresidente y candidato José María Figueres se reúnen frente a una estatua en honor del padre del candidato, este sábado en San José.
Simpatizantes del expresidente y candidato José María Figueres se reúnen frente a una estatua en honor del padre del candidato, este sábado en San José.Bienvenido Velasco (EFE)

En Costa Rica le llaman ‘feria del agricultor’ a los mercadillos de frutas y verduras los fines de semana en cada municipio. Comercian, claro, pero también socializan y se miden los humores populares. Se palpa el costo de la vida, bromean sobre el fútbol, reparten bendiciones o piropos y en campaña electoral tampoco le zafan a la política, sea en broma o en serio. Es un pequeño laboratorio que confirma el desánimo de la mayoría de la población con los partidos políticos que compiten por el poder en las elecciones de este domingo, o al menos por entrar a una inevitable segunda vuelta: nunca ha habido tantas candidaturas —25— y nunca una campaña tan difusa y con tan altos niveles de indecisión, según reflejan las encuestas.

De alguna manera, la campaña electoral ha sido el Partido Liberación Nacional (PLN), el más grande del país fundado apenas después de la última guerra que vivió Costa Rica, en el ombligo del siglo XX, con el expresidente José María Figueres (1994-1998) al frente, contra un menú variadísimo y confuso de 25 candidatos. En él hay desde partidos recién hechos, tránsfugas persistentes, emprendedores de nicho y aspirantes sacados del sombrero al ver frente a sí un amplio terreno de nadie. Este vacío se refleja en la enorme masa de indecisos que se reportaba aún cinco días antes de las elecciones: 32% de los decididos a votar, de los cuales un tercio probablemente llegue a resolver su voto solamente cuando tenga la papeleta en la mano, con el instinto.

Por eso, los analistas insisten en señalar la gran incertidumbre sobre los resultados, acentuada por los escasos márgenes de apoyo de las candidaturas que escoltan a Figueres y rivalizan con él: cinco nombres que oscilan entre los 13 puntos y los cinco puntos de apoyo en los sondeos, pequeños sacos de apoyo electoral que, sin embargo, pueden alterarse por cientos de miles de votos que se decidirán ‘in extremis’ por las razones más variadas.

Vuelve el predicador evangélico Fabricio Alvarado

En las urnas y sin sospechas de fraudes o violencia, la norma en la resistente democracia costarricense, se medirá de nuevo el poder de los movimientos evangélicos con el candidato Fabricio Alvarado, (el predicador que sorprendió a todos en 2018) y la añoranza por el bipartidismo con Figueres y con Lineth Saborío (una conservadora del Partido Unidad Social Cristiana con propuestas ambiguas que se resumen en ‘unir a Costa Rica’), pero también la crítica populista al sistema político mismo, encarnado por un raro político llamado Rodrigo Chaves, que ha crecido en las últimas semanas y activa las alertas.

Chaves es un economista de 61 años que en las últimas encuestas mostró una tendencia al alza hasta un 8% de respaldo, suficiente para presentarse como una de las opciones para la segunda vuelta. Crece a pesar de que fue sancionado por conductas inapropiadas sexuales cometidas cuando fue funcionario en el Banco Mundial, justo antes de renunciar y volver a Costa Rica para un fugaz paso como ministro de Hacienda en el Gobierno actual. Todo en los últimos dos años. Su partido se llama Progreso Social Democrático (PSD), tan nuevo como desconocido, pero importa poco porque el peso de imagen lo lleva una periodista famosa llamada Pilar Cisneros, voz ácida contra la clase política, quien que va de candidata a diputada y parece tener garantizado a partir de mayo uno de las 57 escaños de la Asamblea Legislativa unicameral, elección sobre la que hay más incertidumbre que en la presidencial.

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Angie Monge es una de las vendedoras de fruta de la feria. Los fines de semana lleva al centro del país los aguacates, fresas y manzanas que produce su familia en Copey de Dota, una región montañosa al suroeste de San José, que por décadas ha sido un fuerte del tradicional del PLN. Representa a los grupos que quieren cambios, cómo no, pero ‘a la tica’, es decir, paulatinos, sin remezones. Sus padres y abuelos fueron liberacionistas cuando ello significaba apoyar la socialdemocracia, la centro izquierda o todas esas ideas que abogaban por un Estado fuerte y protagónico en la economía. Ella, en cambio, ha crecido en tiempos de reconfiguración política y apoya al Frente Amplio, el único partido de izquierda con representación legislativa. “Tiene las ideas más frescas y PLN es algo añejo, pero si tengo que votar en segunda ronda por PLN cierro los ojos y lo hago, para que no queden otros”, dice alzando los hombros, como resignada.

Votar por el PLN es votar por el candidato Figueres, que parece tener ya un pie en la segunda vuelta programada para abril. Es votar por la carta más tradicional del juego, la más cuestionada por su largo pasado, pero también la menos chocante para un sector del país poco dado a cambios abruptos. Es el partido más ubicado al centro del espectro ideológico con el que se identifica la mayoría de la población, una bandera que defiende el papel de las instituciones públicas a pesar de las críticas populares por su ineficiencia. Y es, sin embargo, una de las agrupaciones más rechazadas en un clima de enojo por la corrupción y por el deterioro de las condiciones de vida de la gran clase media de la que se ufanaba Costa Rica, bien representada en vendedores y compradores de las ‘ferias del agricultor’.

Ya no importa sacar al impopular Partido Acción Ciudadana (PAC, progresista) del poder; ya está liquidado en las encuestas. Ahora priman criterios como la búsqueda de un nuevo cambio, después de la desilusionante llegada del PAC en 2014, en el fin del bipartidismo de décadas. Unos quieren un partido que defienda el Estado fuerte y otros quieren candidatos que lo limpien radicalmente, que lo intervengan o directamente que lo recorten hasta su mínimo posible, sobre todo un grupo de derecha moderna que lo considera un estorbo. Este ha sido el debate en el subsuelo de la campaña, apenas expresado cuando se habla de impuestos, de exoneraciones o no para atraer inversión, de la obligatoriedad de la vacuna contra COVID-19 o de dónde deben estar los motores que generen trabajos para bajar del 14% el desempleo.

“Costa Rica es un país que ha sabido llevar el peso de lo público con el sector privado, pero si se impone el conflicto le será difícil encontrar la salida. La solución pasa por un nuevo paradigma de beneficio en ambos sentidos, una sinergia adaptada a las nuevas condiciones”, dice a EL PAÍS, Daniel Zovatto, director en el continente del Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA), con sede en Suecia. Se refiere a la discusión de baja intensidad entre interés público y poder privado, aunque la conversación electoral ha sido una nube de humo entre 25 candidaturas que solo han confundido más al electorado.

Solución por las urnas

Las circunstancias tampoco son exclusivas de Costa Rica. “Hemos visto recientemente en América Latina una tendencia de segundas vueltas, rupturas del sistema de partidos y el valor del voto-castigo, además de un contexto difícil que la pandemia ha complicado más. Hay frustración y problemas en la casa, pero también en el barrio centroamericano, aunque al mismo tiempo los costarricenses tienen en su ADN un apoyo sólido a la democracia, una de las tres mejores de América Latina”, comenta desde Panamá. “Será crucial el resultado para la gobernabilidad y evitar que los problemas acumulados lleven a turbulencias que hemos visto en otros países”, añade.

En la feria de las frutas y verduras se palpa ese dilema, aunque cada quién cree que su candidato es el que puede esquivar la crisis. Sonia F., una maestra al borde de la jubilación, cree que conviene dar un golpe de timón. “Voy a votar por ella”, dice mientras escoge las naranjas, pero “ella” significa “ella y él”. Se refiere a la periodista Cisneros que repudia a la clase política y que acompaña al economista Chaves. El populista de formas rudas atribuye a “grupos económicos poderosos” locales la divulgación de las denuncias en su contra por acoso sexual, publicadas también en The Wall Street Journal el 18 de octubre. Sonia dice que está harta de los políticos de siempre, que confió en el PAC hace ocho años y que ahora quiere apoyar a Cisneros para ver si este experimento resulta mejor. “No me vengan con que hay coronavirus (Costa Rica registró en esta semana la mayor cantidad de casos nuevos durante la pandemia); tenemos que ir a votar para evitar que gane Figueres. Yo soy maestra y me acuerdo bien de su Gobierno”, justifica.

Lo que Sonia no olvida es una gran huelga de maestros en 1995, uno de los episodios de un Gobierno políticamente convulso del que sin embargo se enorgullece Figueres cuando recuerda tres hitos relevantes para la Costa Rica actual. No se cansa de repetir que trajo al gigante de microprocesadores Intel, que abrió trecho para la industria tecnológica en el país, que creó una red de más de mil clínicas básicas que han resultado vitales para enfrentar la pandemia y que ideó un programa de pagos estatales a finqueros que conserven el bosque, una de las políticas aplaudidas por el mundo ecologista y bien aprovechadas por la industria del turismo.

Eso le reconocen algunos, pero a Figueres lo acompaña la sombra de la corrupción por casos que nunca han llegado a estrados judiciales, como las millonarias consultorías que dio a la empresa francesa Alcatel denunciadas por la prensa en 2004 como actos de influencia para que el Estado le otorgara contratos de líneas telefónicas. El hijo del estadista del siglo XX que abolió el Ejército en 1948, Pepe Figueres, era ya expresidente y ejercía como director del Foro Económico Mundial, cargo al que renunció por los cuestionamientos en Costa Rica, aunque tardó ocho años más en regresar al país para intentar eso que ahora parece factible: la reelección a pesar de su pasado, de su partido desgastado y del nuevo rompecabezas político. Ni siquiera ha podido garantizarse el apoyo de su hermana Christiana, connotada líder internacional contra el cambio climático, con quien se enfrascó en una disputa pública por la herencia familiar.

José María Figueres programó comenzar su jornada electoral votando en el pueblito llamado ‘La lucha’, en la hacienda histórica donde está sepultado su padre, a 26 kilómetros de la finca de la familia de Angie. Los 2.100 centros de votación en territorio nacional se abren a las 6 de la mañana y la tradición indica que los mayores votan por la mañana y los jóvenes por la tarde, pero las cosas han cambiado y analistas incluso prevén que el abstencionismo supere el 34,3% de la primera ronda del 2018. Unas 50 mesas se abren también en consulados fuera del país para atender a votantes en el extranjero, una cantidad ínfima en relación con otros países latinoamericanos. Costa Rica sigue siendo sobre todo un país destino (migración, turistas, inversiones), con indicadores sociales superiores a los promedios de la región, pero con tendencias preocupantes. Por eso la vendedora de aguacates y la compradora de naranjas coinciden en recuperar algo que Costa Rica tuvo. Pero una prefiere resignada el camino de siempre y la otra prefiere seguir probando nuevos senderos, ya verá hacia dónde.

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Lineth Saborío, candidata del Partido Unidad Social Cristiana, el pasado 18 de enero durante un acto en San José.
Lineth Saborío, candidata del Partido Unidad Social Cristiana, el pasado 18 de enero durante un acto en San José.MAYELA LOPEZ (REUTERS)

Con la cifra récord de 25 candidaturas presidenciales y casi la mitad del electorado aún indeciso, Costa Rica pone a prueba su sólida democracia en los comicios del 6 de febrero para designar al Gobierno y a los diputados que enfrentarán tareas cruciales en la recuperación de la “pura vida”, el lema que se refleja en el modelo de bienestar y en las postales turísticas.

Escasas banderas en los barrios y abundantes vallas sobre las carreteras con candidatos maquillados que se ofrecen como la solución del desempleo, la corrupción o la ineficiencia del Estado, son el escenario de una campaña electoral que Costa Rica vive con agobio, muy lejos de las llamadas “fiestas electorales” del siglo XX, cuando el país bipartidista se preciaba de la baja desigualdad social, de su seguridad y de sistemas de salud y educación dignos del primer mundo.

Sin que todo se haya perdido en la única nación centroamericana que al celebrar sus 200 años de Independencia entró a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), sobresale una de las pocas coincidencias en la difusa discusión electoral: la acumulación de quehaceres no atendidos en años recientes y los efectos de la pandemia provocan un deterioro de hondas repercusiones que han provocado que la mayoría de la población viva peor que antes, aunque no todos.

El país, que aún aparece en los escalafones de “naciones más felices del mundo”, presenta la pobreza en 26% y un ritmo de recuperación económica que ensancha las desigualdades entre sectores, sin que mucho pueda hacer el Gobierno saliente de Carlos Alvarado, políticamente liquidado. La crisis fiscal y la tendencia de aumento de informalidad de los empleos (44%) amenaza también la sostenibilidad del sistema sanitario universal, mientras el país enfrenta también un “apagón educativo”. Así le llaman especialistas a los graves efectos mezclados de la pandemia y del desgaste de escuelas y colegios públicos donde hasta hace pocas décadas los pobres hallaban una firme escalera social y los ricos un sentido de comunidad.

“El país está embarcado en un acelerado proceso de construcción de un riesgo de proporciones históricas: que durante estos años se produzca regresiones, más o menos permanentes, en los logros de Costa Rica en desarrollo humano, debido a la falta de respuestas frente a la ampliación de las profundas desigualdades económicas y sociales prepandémicas, el debilitamiento de su Estado de bienestar y de las políticas de sostenibilidad ambiental”, resumió en noviembre el informe anual de Estado de la Nación, un centro de pensamiento formado por universidades estatales.

Para noviembre apenas empezaba la campaña electoral, pero ya se evidenciaban en las encuestas los sentimientos de agobio de la población ante una oferta electoral amplia como nunca antes, pero igualmente insatisfactoria y troceada, propensa a llevar el pulso hasta una segunda ronda en abril, advierten los estudios de opinión. Pese a la la reconfiguración política de Costa Rica y al fin del bipartidismo del siglo XX, son los partidos históricos los que encabezan las encuestas, junto al partido nuevo que formó el predicador evangélico Fabricio Alvarado después sacudir las elecciones de 2018 al ganar la primera vuelta como abanderado del discurso más conservador.

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El Partido Liberación Nacional (PLN, nacido hace 70 años en las aguas de la socialdemocracia) y el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC, centroderecha) se ofrecen como opciones para volver a la Costa Rica anterior al Partido Acción Ciudadana (PAC, centroizquierda), la agrupación que nació a inicios del siglo XXI y quebró el bipartidismo al recoger la demanda popular por valores que hoy se le cobran, como ética, eficiencia y capacidad de gestión política.

En 2021, detonó un escándalo de corrupción por una aparente red de sobornos a funcionarios a cargo de la construcción de carreteras, lo que tiene en prisión preventiva a los dos principales empresarios del sector y frenó las obras que el Gobierno de Alvarado ofrecía como legado, aunque afectó también a otros partidos. También reventaron casos judiciales relacionados con la penetración de grupos de narcotraficantes en sectores políticos, un tema evadido en la campaña. Mientras, diputados de oposición que controlan el Congreso ponen cuesta arriba las medidas de ajuste fiscal que el Gobierno de Carlos Alvarado propuso en 2021 para cumplir un acuerdo financiero con el Fondo Monetario Internacional (FMI) presentado como un salvavidas para las finanzas públicas.

Tras el triunfo de Luis Guillermo Solís (2014-2018) y Alvarado (2018-2022), ambos con mandatos accidentados y un creciente rechazo social, el PAC prácticamente desaparece ahora en las encuestas, mientras el PLN y PUSC recogen la añoranza por las glorias pasadas y la esperanza de enfrentar también nuevos desafíos ambientales y tecnológicos o la complejidad social. Los rostros son los del enérgico expresidente José María Figueres (1994-1998), hijo del estadista del siglo XX José Figueres Ferrer, y en el PUSC el de una abogada apaciguadora llamada Lineth Saborío, vicepresidenta en el cuatrienio 2002-2006 gobernado por Abel Pacheco.

El candidato del PLN, José María Figueres, durante un mitin en San José, el pasado 21 de enero.
El candidato del PLN, José María Figueres, durante un mitin en San José, el pasado 21 de enero.EZEQUIEL BECERRA (AFP)

Figueres, Saborío y Fabricio Alvarado se disputan el liderato en las encuestas publicadas 20 días antes de las elecciones, pero con porcentajes que no alcanzan ni siquiera la mitad del 40% mínimo para ganar en primera vuelta, por lo que especialistas advierten probable ir un balotaje el 3 de abril para designar el gobernante que tomará funciones el 8 de mayo en el país de 5 millones de habitantes. Tampoco se descartan las opciones para el diputado de izquierda llamado José María Villalta y para el economista Rodrigo Chaves, exdirector del Banco Mundial que tuvo un fugaz paso como Ministro de Hacienda en el Gobierno actual, al que ahora critica sin reservas. Las restantes 20 candidaturas reciben menos del 3% cada una, pero complican el escenario en debates, entrevistas y propaganda. Tal vez por ello el 74% de la población dice que la decisión de voto es más difícil que en elecciones anteriores y la mitad dice que le genera estrés, señala la encuesta del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica.

Todo depende, sin embargo, de cómo se decante un millón de probables votantes todavía indecisos, entre quienes predominan mujeres, votantes de regiones costeras y la población juvenil, que pesa 36% en el padrón y es aún más ajena a las lealtades partidarias. En promedio son cuatro de cada 10 encuestados los que señalan que irán a votar, pero que aún se debaten entre las opciones. Y si se miran las preferencias para renovar los 57 escaños de la Asamblea Legislativa, la neblina es mayor: 60% no sabe cómo votará, dice el reporte del CIEP.

“He cambiado de candidato como tres veces. Antes era más fácil porque uno votaba a un partido y ya, pero ahora es difícil. Entiendo que algunos prefieran no votar, pero así tampoco se arregla nada”, dijo el viernes una ama de casa, Luisa Brenes, madre de dos niñas a quienes quiere dar el ejemplo de ejercicio cívico. Las encuestas hacen prever que votarán dos tercios del padrón electoral, nada mal para el entorno de confusión y para las semanas en que los contagios de covid-19 tocaron cifras máximas en toda la pandemia, con más de 6.000 casos nuevos en el país de cinco millones de habitantes.

Es “un proceso complejo”, advirtió en octubre el presidente del Tribunal Supremo de Elecciones, Luis Antonio Sobrado, al presentar su renuncia al cargo que ejerció por 20 años porque una cuñada se postuló para diputada y él prefirió evitar un eventual conflicto de interés. Parecía exagerado, pero Sobrado justificó que lo hacía para no arriesgar la confianza sobre el árbitro del proceso electoral en momentos frágiles.

“Dos años de pandemia han generado sufrimiento, desempleo, quiebra de emprendimientos ciudadanos y luto en muchas familias. Eso se suma a los efectos psicológicos y se crea un caldo de cultivo para la desesperanza y el enojo, sentimientos que si no se manejan de manera adecuada pueden llevar la discusión a niveles que no son los acostumbrados”, dijo Sobrado sobre el funcionamiento democrático del país que todavía, a pesar de la pandemia, atrae a turistas y migrantes.

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Luiza Trajano, presidenta del consejo de administración de Magazine Luiza, una cadena de comercio minorista, en la sede de la empresa en São Paulo.
Luiza Trajano, presidenta del consejo de administración de Magazine Luiza, una cadena de comercio minorista, en la sede de la empresa en São Paulo.Rodrigo Capote (Bloomberg)

Luiza Trajano, de 73 años, es rica, poderosa y atípica. Es raro que un empresario con un éxito como el suyo —levantó un imperio de comercio minorista en Brasil a partir de una pequeña tienda de la familia— hable abiertamente sobre asuntos políticos tan espinosos como el racismo sistémico. Que defienda la discriminación positiva. O que confiese con absoluta naturalidad que hasta hace cinco años no se había percatado de que entre las amigas a las que cada año invitaba a su fiesta de cumpleaños no había ninguna negra. La mujer más rica de Brasil, según Forbes, es así, franca y espontánea. Ella misma recalca que esto de ser la más rica es tan volátil como la Bolsa, donde hace una década cotiza Magazine Luiza.

Pero lo más asombroso de Trajano es que exhibe con orgullo su conciencia política incluso ahora, en un Brasil polarizado como nunca. En conferencias, eventos o entrevistas, defiende con entusiasmo sus causas, sea combatir el racismo, la violencia machista o impulsar la igualdad de género. Predica y actúa, dentro y fuera de la empresa. Time la incluyó entre las 100 personas más influyentes del mundo en 2021.

Estudió derecho, pero donde realmente se siente cómoda desde siempre es vendiendo. Se estrenó como dependienta en la primera tienda, abierta por su tía Luiza en 1957 en Franca, el interior de São Paulo. Allí estaba hace unos días atendiendo a la clientela como cada año al inicio de la gran liquidación.

Hija única y sobrina única, vibra con los asuntos políticos. A las frecuentes especulaciones sobre su entrada en política, responde tajante que no quiere, que ella es apartidaria, proBrasil. Años atrás rechazó la invitación de Dilma Rousseff de unirse a un Gobierno del Partido de los Trabajadores (PT). Ahora sería la vicepresidenta soñada para casi todos los candidatos a las próximas presidenciales, pero mantiene su negativa. Aunque, con la misma convicción, añade que seguirá dando sus batallas políticas como ciudadana y empresaria.

“Siempre estuve a favor de Bolsa Familia, y decían ‘es del PT’. Y cuando digo que estoy a favor de la privatización de Correos, dicen que soy de derechas”, contaba en una entrevista televisiva en 2020. Trajano, que viene a ser a escala brasileña un Amancio Ortega o un Jeff Bezos —padres de Inditex y Amazon— se sometió a preguntas durante más de una hora.

Exponerse no le asusta. Una iniciativa de su empresa, conocida también como Magalu, metió el año pasado el dedo de lleno en la herida por la que Brasil supura a diario. La dirección anunció un programa para formar directivos internos abierto solo a candidatos negros o mestizos. “¡Cómo!”, se preguntaron muchos de sus compatriotas, indignados.

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La polémica fue formidable. La llegaron acusar de racismo inverso. “Tenemos que entender mejor lo que es el racismo estructural. Yo creía que no era racista”, confesó ella antes de explicar que los 350 años de esclavitud dejaron sin oportunidades a los negros. Que alguien con tantísima influencia hable en la tele en esos términos resulta extraordinario en un país donde las personas negras suponen el 54% de la población aunque eso no se refleja en el Congreso ni en los directivos de empresas. Su presencia en la publicidad comercial, en cambio, sí se parece más a la realidad.

Trajano, que levantó un gigante del comercio minorista a partir de una tienda familiar, en la sede de la empresa en São Paulo.
Trajano, que levantó un gigante del comercio minorista a partir de una tienda familiar, en la sede de la empresa en São Paulo.Rodrigo Capote (Bloomberg)

Aquella controversia por el curso de directivos que no admitía gente blanca no arredró a Trajano: “Me asusta mucho más un cliente que me escribe para decirme que fue mal atendido”, dijo en la citada entrevista. Y le escriben, vaya si le escriben, porque sus redes sociales están abiertas para quien tenga una queja. Instagram se ha convertido en un buzón de reclamaciones. Responde aunque sea Nochebuena y haya celebrado un almuerzo familiar en familia digno de las páginas del Hola! Siempre solicita al comprador cabreado los datos de la compra y un teléfono de contacto. A menudo, después de pedirles perdón. Porque, como explicó en 2017 durante una charla sobre el éxito de su empresa, el secreto de un buen negocio —requisito necesario, pero no suficiente— es mimar a la clientela e innovar.

Trajano aún preside el consejo de administración aunque en 2015 dejó las riendas de la compañía al único varón entre sus tres hijos, Federico, de 45 años. Una hija se dedica a la culinaria, la otra es pedagoga. Cortesía del confinamiento, el primer año de la pandemia impulsó como nunca la venta por Internet de esta empresa que ya en los noventa tenía tiendas virtuales que anunciaba en televisión y en los dos mil empezó a vender por Internet.

Magazine Luiza suma 1.400 tiendas físicas que venden desde cremas hasta cazuelas o cámaras de vídeo. Sus 40.000 empleados empiezan la semana cantando el himno antes de abrir. Es uno de los rituales que implantó para hacer equipo (y patria). Así de atípica es.

La batalla por la igualdad la da a través del Grupo Mulheres do Brasil, que reúne a más de 100.000 socias de lo más diversas para estimular la participación femenina en la construcción de Brasil, un país que tuvo presidenta y tiene cuotas de género pero donde las parlamentarias son solo el 15%. Dice que a menudo la llaman “cuando buscan una mujer” para cualquier tipo de iniciativa.

Derrocha simpatía. Adora las perlas, usa carmín intenso. Y aunque a veces hable como una activista, se ríe de la imagen que proyecta. “Luiza está volcada en las causas, suelen decir algunos, como si yo fuera una ONG que no da beneficios”, dijo en aquella entrevista. En 2021 le fue mal en Bolsa pero el año anterior fue realmente espectacular.

Eso sí, se declara preocupada con la arraigada desigualdad y es partidaria de la redistribución de renta, pero rechaza que las grandes fortunas paguen más impuestos en este país donde la carga tributaria de los pobres es muchísimo mayor que la de los ricos como ella. “No se trata de gravar, gravar, gravar y echar en el cazo (común), donde no sabes a dónde va. Tenemos que hacerlo bien”, decía, mientras defendía la enorme ola de donaciones realizadas por los empresarios durante la pandemia y recordaba que ella lideró una iniciativa para evitar despidos y otra para comprar vacunas.

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Costa Rica dará gratis la

El país lanzó la campaña que busca asegurar el derecho a la salud sexual y reproductiva de todas las mujeres.

Deutsche Welle

07.05.2021

La estatal Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) anunció que brindará de manera gratuita la pastilla anticonceptiva de emergencia a las mujeres que la requieran, como parte de los esfuerzos para garantizar el derecho a la salud sexual y reproductiva, según trascendió este jueves.

«A partir de hoy la CCSS habilita otorgar anticoncepción de emergencia para toda mujer que lo requiera. Este método previene el embarazo del mismo modo que las pastillas anticonceptivas regulares. Un importante avance para la salud sexual y reproductiva de las mujeres», escribió el 5 de mayo el presidente de Costa Rica, Carlos Alvarado.

La CCSS detalló que introdujo la opción de acceder a la anticoncepción de emergencia -conocida como pastilla del día después– para cualquier mujer que haya tenido una relación sexual con posibilidad de embarazo. Hasta ahora este tipo de anticoncepción estaba disponible solamente para las mujeres víctimas de agresión sexual.

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«Es importante aclarar a la población que estos medicamentos no son abortivos. Como parte de la educación es necesario decir que impiden la concepción, pero no malogran una concepción ya realizada», afirmó en un comunicado de la CCSS la ginecóloga Angélica Vargas.

El anticonceptivo de emergencia previene el embarazo de la misma manera como lo hacen las pastillas anticonceptivas regulares: impide o demora la liberación de un óvulo de los ovarios de una mujer o impide que el espermatozoide fertilice al óvulo, indicó la CCSS.

Según el lineamiento oficial, la anticoncepción de emergencia puede ser usada por cualquier mujer en edad fértil que la necesite y debe tomarse lo antes posible después del coito sin protección y dentro de un plazo máximo de 120 horas. «El objetivo de abrir el acceso a este recurso anticonceptivo es brindar diversas posibilidades para ajustarse a la situación, las características y las necesidades de cada persona y para impactar de forma positiva en la salud sexual de la población», explicó la CCSS.

La entidad detalló que, según la Organización Mundial de la Salud, las mujeres con riesgo de embarazo indeseado tienen derecho a la anticoncepción de urgencia y por eso los métodos deben integrarse en todos los programas nacionales de planificación familiar. La CCSS también explicó que la anticoncepción de emergencia pretende favorecer la disminución de la alta tasa de embarazos no deseados en el país.

La Encuesta Nacional de Salud Sexual y Reproductiva de 2015 reveló que entre las personas entrevistadas el 49,8 % de las mujeres y el 32,2 % de los hombres no deseaban su último embarazo. Por ello, quienes trabajan en Salud brindarán a las pacientes información acerca de la anticoncepción de emergencia, así como asesoría sobre el uso de los métodos anticonceptivos regulares disponibles.

El procedimiento de consejería para realizar un acompañamiento integral busca que la usuaria tome una decisión informada, autónoma y responsable, agregó la CCSS y dijo que también se podrá activar el protocolo de atención a víctimas de violación sexual, en caso de descubrir hechos de ese tipo durante las charlas con las pacientes.


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