Mostrando entradas con la etiqueta Joe. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Joe. Mostrar todas las entradas


Joe Biden, durante una videollamada con Emmanuel Macron, Boris Johnson y Olaf Scholz el pasado 7 de marzo.
Joe Biden, durante una videollamada con Emmanuel Macron, Boris Johnson y Olaf Scholz el pasado 7 de marzo.Adam Schultz (AP)

La Casa Blanca ha redoblado este lunes el frente diplomático occidental ante la guerra de Ucrania mediante una conferencia telefónica del presidente Joe Biden con su homólogo francés, Emmanuel Macron; el canciller alemán, Olaf Scholz, y los primeros ministros del Reino Unido, Boris Johnson, e Italia, Mario Draghi. El objetivo de la llamada, que se produce dos días antes de que Biden viaje a Europa para abordar in situ la situación con los aliados, era “discutir respuestas coordinadas al ataque injustificado y no provocado por parte de Rusia contra Ucrania”.

Según el comunicado difundido por la Casa Blanca, “los líderes intercambiaron su profunda preocupación sobre las tácticas brutales de Rusia en Ucrania, incluidos sus ataques contra civiles. [Los cinco] Subrayaron su continuo apoyo a Ucrania, brindando asistencia de seguridad a los valerosos ucranios que defienden su país de la agresión rusa y ayuda humanitaria a los millones de personas que han huido de la violencia. Los líderes también revisaron los esfuerzos diplomáticos recientes en apoyo del esfuerzo de Ucrania por alcanzar un alto el fuego”, explica lacónicamente el texto.

En Bruselas, Biden participará este jueves en una cumbre extraordinaria de la OTAN, en la que coincidirán todos ellos, así como en el Consejo Europeo. El único que no estará presente será Johnson. El mandatario demócrata, que acude en calidad de invitado, también asistirá a una reunión del G-7. El viernes y el sábado viajará a Polonia, donde mantendrá un breve encuentro con su homólogo, Andrzej Duda.

Desde el inicio de la guerra, hace casi un mes, Biden ha venido manteniendo contactos con dirigentes europeos de forma periódica varias veces por semana. Además de con los mandatarios citados, en algunas ocasiones se han sumado a las videollamadas la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel.

A medida que se prolonga la contienda —este jueves hará un mes de la invasión—, entre las preocupaciones de EE UU y sus aliados figura la imprevisible respuesta de Moscú, que ha hallado mucha más resistencia en Ucrania de la prevista. Por eso, entre las amenazas potenciales que contemplan destaca la posibilidad de una nueva andanada de ciberataques para yugular infraestructuras básicas en Occidente. Antes de conversar con los dirigentes europeos, Biden ha alertado este lunes de que Moscú podría redoblar sus ciberataques contra objetivos estratégicos estadounidenses a causa del “coste económico sin precedentes que hemos impuesto a Rusia”, ha dicho, en alusión a la batería de sanciones adoptadas contra el Kremlin.

La advertencia de Biden se producía al tiempo que la Casa Blanca recomendaba a las empresas que brindan servicios esenciales reforzar su defensa cibernética “por amenazas digitales en curso de Rusia”, explicó Ane Neuberger, responsable de ciberseguridad de la Casa Blanca. El Gobierno de EE UU ha visto una “actividad preparatoria de piratería [de Rusia] contra numerosas empresas estadounidenses”, aunque “no tiene certeza” de que los ataques vayan a concretarse. La potencial amenaza se basa en “datos de inteligencia actualizados”, indicó la funcionaria. La Administración ha impartido recientemente sesiones informativas a cientos de empresas que pueden ser objetivo de los piratas informáticos rusos. Los ataques contra uno de los mayores oleoductos del país, en mayo pasado, y una importante planta procesadora de carnes, un mes después, mostraron la vulnerabilidad de infraestructuras críticas para el aprovisionamiento de energía y alimentos en el país. Ambos fueron atribuidos a ciberpiratas rusos.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

Suscríbase aquí a la newsletter de EL PAÍS América y reciba todas las claves informativas de la actualidad de la región



Source link


El senador demócrata Joe Manchin junto a legisladores republicanos durante el primer discurso sobre el Estado de la Unión de Joe Biden ante una sesión conjunta del Congreso en el Capitolio, Washington.
El senador demócrata Joe Manchin junto a legisladores republicanos durante el primer discurso sobre el Estado de la Unión de Joe Biden ante una sesión conjunta del Congreso en el Capitolio, Washington.J. SCOTT APPLEWHITE (AFP)

Joe Biden estaba preparado para que, al acabar su primer discurso del Estado de la Unión ante el Congreso de este martes por la noche, tanto republicanos como demócratas evaluaran sus compromisos. Sin embargo, la primera declaración, al menos de intenciones, fue cortesía del senador Joe Manchin, miembro del partido del mandatario. El representante del Estado de Virginia Occidental se sentó a escuchar la intervención de Biden junto a la bancada de los conservadores, rompiendo con la tradición de que cada partido atienda el mensaje junto a sus compañeros.

En un Senado partido por la mitad, Manchin ha sido la piedra de tope para que Biden saque adelante su gran programa social del Gobierno. “El senador Manchin se sentó con su colega, el senador [republicano Mitt] Romney, para recordarle al pueblo estadounidense y al mundo que el bipartidismo funciona y está vivo y coleando en el Senado de Estados Unidos”, afirmó Sam Runyon, su director de comunicación, a The New York Times.

El senador de Virginia Occidental ha votado más leyes con los republicanos que con sus compañeros de partido. El lunes, por ejemplo, fue el único demócrata que rechazó un proyecto de ley para consagrar el derecho al aborto en la ley federal. Los demócratas necesitaban de 60 votos para sacar adelante la propuesta, pero la decisión de Manchin resultó otra muestra de que su postura pone en jaque la agenda partidista, que goza de una limitada mayoría en la Cámara de Representantes y de la mínima en el Senado (en caso de empate, el voto decisivo lo tiene la vicepresidenta Kamala Harris).

La jugada de Manchin no fue la única muestra de rebeldía del lado demócrata. Otra tradición arraigada desde la década del sesenta es que un líder del partido contrario al Gobierno haga una réplica al presidente tras su discurso. Sin embargo, este año una de las respuestas vino de la congresista demócrata Rashida Tlaib, miembro del ala más progresista del partido, quien habló en representación del Partido de las Familias Trabajadoras.

“No podemos buscar la paz si seguimos gastando tres cuartos de billones de dólares cada año en armas de guerra, enriqueciendo a las empresas de defensa y los contratistas. Debemos anteponer los derechos humanos y la dignidad y priorizar la cooperación y la diplomacia”, sostuvo la representante de Michigan tras el discurso del presidente estadounidense marcado por el apoyo a Ucrania ante la invasión rusa.

Incluso antes de que Tlaib pronunciara su réplica, miembros de su partido la criticaron por considerar que una respuesta a Biden desde sus filas era “contraproducente”. “Es como conducir tu propio auto y pinchar tus propios neumáticos”, afirmó a Axios el congresista demócrata Josh Gottheimer. “Esto solo resalta la tensión real entre la extrema izquierda socialista y el ala moderada de sentido común”, agregó el representante de Nueva Jersey.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

La gobernadora de Iowa, Kim Reynolds, se encargó de la réplica oficial del Partido Republicano y enfocó su discurso en la libertad de individuo, particularmente en la de los padres para decidir qué se le enseña a sus hijos en la escuela. El tema ha estado candente desde que consejos escolares conservadores han vetado libros que abordan el racismo y la sexualidad. “Nunca ha sido más importante que ahora decir en voz alta: los padres importan”, afirmó Reynolds. “Tienen derecho a saber y opinar sobre lo que se les enseña a sus hijos”, agregó sobre uno de los debates que marcarán la campaña para las elecciones legislativas, donde los republicanos se juegan el control del Congreso y el Senado.

Suscríbase aquí a la newsletter de EL PAÍS América y reciba todas las claves informativas de la actualidad de la región



Source link


El presidente Biden ha tomado velocidad de crucero y pasa de un tema a otro con mucha rapidez. El nombramiento histórico de una mujer negra para el Tribunal Supremo, Ketanji Brown Jackson, quien si resulta finalmente elegida (aún tiene que pasar por el trámite de su aprobación en el senado) será la sexta jueza y la tercera persona de raza negra en sus 233 años de historia.

El derecho al aborto, consagrado en la constitución bajo la sentencia conocida como Roe sontra Wade, «está bajo ataque como nunca antes», asegura Biden. «Si queremos avanzar, no retroceder, debemos proteger el acceso a la atención médica. Preservar el derecho de la mujer a elegir».

Nuestra compañera Antonia Laborde ha tuiteado respecto al aplauso que ha recibido el juez del Supremo Stephen Breyer, quien se retira a los 83 años.





Source link

Joe Rogan has put Spotify in a tough spot, but the streaming giant is not ready to part ways with the popular podcast host despite intense criticism over his anti-coronavirus vaccine comments and use of racial slurs.

Spotify CEO Daniel Ek also said in a message to employees Sunday that Rogan’s racist language was “incredibly hurtful” and that the host was behind the removal of dozens of episodes of “The Joe Rogan Experience.”

“While I strongly condemn what Joe has said and I agree with his decision to remove past episodes from our platform, I realize some will want more,” Ek said in the note. “And I want to make one point very clear — I do not believe that silencing Joe is the answer.”

The letter is the clearest indication yet of where Spotify stands on Rogan’s fate with the company as some musicians, including Neil Young and India.Arie, have pulled their work from the streaming service in protest and others could follow. Spotify reportedly paid $100 million to exclusively host Rogan’s podcast, which now threatens the bottom line but is also a key part of the company’s strategy to be a one-stop shop for audio.

“We should have clear lines around content and take action when they are crossed, but canceling voices is a slippery slope. Looking at the issue more broadly, it’s critical thinking and open debate that powers real and necessary progress,” Ek wrote.

He said he was “deeply sorry” for the impact the controversy was having on Spotify’s employees. Rogan apologized Saturday for his use of the N-word on some past episodes.

Spotify’s move likely won’t sit well with one side of an increasingly polarized country where there are heightened sensitivities on race and vaccine misinformation, experts say.

“If Spotify says, ‘We can’t drop him. He has the right to say what he wants,’ that continues on the line where there is this implicit support to say racist things on these platforms,” Adia Harvey Wingfield, a sociology professor at Washington University in St. Louis, said before Ek’s letter was released.

The streaming site also has to decide whether offensive words are allowable elsewhere on its app, where songs with racist, homophobic and anti-immigrant messages are available, said John Wihbey, a Northeastern University professor and specialist in emerging technologies.

“There’s some real self-examination to be doing beyond Joe,” Wihbey said Sunday. “This is a big moment of reckoning for entertainment and streaming platforms to see where the window is, what’s over the line.”

In his letter, Ek announced an investment of $100 million to license, develop and market “music and audio content from historically marginalized groups,” without giving more details.

Rogan’s public troubles started on Jan. 24 when Young asked to have his music removed over concerns Rogan was promoting skepticism about the COVID-19 vaccines. Other artists followed suit, including Joni Mitchell and Roxane Gay.

Spotify said it would soon add a warning to all podcasts that discuss COVID-19, directing listeners to factual, up-to-date information from scientists and public health experts.

The scrutiny intensified when a video compilation emerged last week showing Rogan repeatedly using the N-word. Arie posted it on her Instagram account, using the hashtag #DeleteSpotify.

“They take this money that’s built from streaming, and they pay this guy $100 million, but they pay us like .003% of a penny,” the Grammy winner wrote. “I don’t want to generate money that pays that.”

Rogan apologized in an Instagram video Saturday, saying that the slurs were the “most regretful and shameful thing” he has ever had to address and that he hasn’t used the N-word in years.

Ek told The Wall Street Journal last week that he took responsibility for being “too slow to respond” to the criticism over vaccine misinformation. It took the company five days to respond publicly to Young.

“It’s become clear to me that we have an obligation to do more to provide balance and access to widely accepted information from the medical and scientific communities guiding us through this unprecedented time,” Ek continued in a statement.

Rogan is an odd mix of shock jock and host who leads discussions of public policy, arts and culture, Wihbey said, describing his brand as conservative “bro America.”

His comments were clearly racist, Wihbey said, but he hopes that Rogan will see this as a chance to substantively discuss race and vaccine issues in future episodes. His audience may not hear the discussions otherwise, Wihbey said.

“I do think that assembling this kind of audience is important,” he said. “He can say things that I think can move the needle.”

Wingfield said the controversy could be positive if it starts a shift to discussions of racial stereotypes.

“I think that if Joe Rogan kind of learns from this experience and becomes a driving voice for that conversation, that could be really valuable,” she said. “But I want to stress again that that’s a pretty big if, and I don’t know if it will come to that.”

Spotify reports having 406 million active monthly users, up nearly 20% from last year, and advertising has grown largely because of podcasts. Musicians still generate the bulk of Spotify’s profits, experts say. The company had 31% of the 524 million music streaming subscriptions worldwide in the second quarter of 2021, more than double that of second-place Apple Music, according to Midia Research.

Spotify Technology’s share price fell 0.5% early Monday in after-hours trading. It jumped 9.2% on Friday.



Joe Biden dio la bienvenida el 21 de diciembre al invierno de su descontento con el discurso que ningún presidente querría dar en estas fechas. No habló de buenos deseos ni de Santa Claus, sino de dosis de refuerzo y de la distribución de 500 millones de pruebas gratuitas para detener el avance de ómicron, la variante que también domina el paisaje coronavírico estadounidense (con un 59% de los casos, según los últimos datos de las autoridades sanitarias).

El último giro de guion de la pandemia ha puesto un broche sombrío a su 2021, marcado por la caótica salida de Afganistán, la división en el partido demócrata y el enrocamiento republicano, el consiguiente bloqueo legislativo de sus planes estrella, un rearme del trumpismo, la insólita crisis de desabastecimiento en el país de la abundancia y la inflación, que registra cifras nunca vistas en 40 años. El panorama lo completan, fuera de casa, el desafío ruso en Ucrania y la cada vez más alargada sombra de China en el tablero geopolítico.

Los niveles de aprobación del presidente están en mínimos desde que juró el cargo en enero. El último sondeo de Gallup, publicado el día del discurso-ómicron, le da un 43% (llegó a tener un 57%, a principios de enero y de abril). Ningún presidente, salvo Donald Trump (36%), había caído tan bajo al final de su primer año. Y pocos partieron más apoyados por el amanecer de un nuevo día como Biden. Tal vez no fue recibido con tanto entusiasmo como Barack Obama, pero sí con alivio entre grandes sectores de la población por dejar atrás los cuatro agitados años anteriores.

Diez meses después, otro sondeo, publicado en noviembre por la cadena NBC, fijó en un 71% (ocho puntos más que en agosto) los estadounidenses que consideraban que el país va por mal camino. La sensación de pesimismo la subrayó a los pocos días The New York Times, con la publicación en su edición impresa un suplemento especial titulado ¡Anímate América!, en el que se lamentaba por un país “antes ágil y excitante”, que “ahora renquea y se retuerce”, cuya “imaginación política audaz y expansiva se ha atrofiado” y solo es capaz de “soñar sueños pequeños”.

El artículo principal lo firmaba Daniel Immerwahr, historiador de la Northwestern University, cerca de Chicago, y autor de How to Hide An Empire (Cómo ocultar un imperio, 2019), best-seller sobre la imagen expansionista de su país en el mundo. Immerwahr explica en una entrevista telefónica que Estados Unidos ha sido “desde la Segunda Guerra Mundial una nación optimista que además era percibida como la más poderosa”. “Eso está cambiando. Hace ocho años, cuando se planteó la pregunta sobre si este era el mejor país del mundo, el 70% de los encuestados contestó afirmativamente. Un reciente estudio del Chicago Council on Global Affairs muestra que solo el 54% lo piensa ya. Y es cosa también de la edad: un estudio similar del Centro Pew concluyó que los encuestados menores de 30 años estaban mucho menos enamorados de su país que los mayores de 50. En general, nuestro excepcionalismo está en retirada”, afirma Immerwahr.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

“El estado de ánimo es aciago, y es comprensible”, escribió este jueves Susan B. Glasser en su resumen del año en la revista The New Yorker. “No se puede decir que la cordura, la competencia y la cortesía hayan regresado precisamente a Washington; tampoco se adivina una vuelta de la normalidad. Biden, ahora está claro, prometió lo que no podría cumplir a una nación dividida”. Y eso se transparenta en el ánimo de republicanos (el 93% se sienten defraudados), independientes (90%) y demócratas (48%), según la encuesta de la NBC.

¿Cambiarán las cosas en 2022, año en que el control parlamentario se resolverá en las elecciones legislativas de medio mandato? De momento, enero arrancará con el recuerdo del ataque al Capitolio, la hora más oscura de la historia reciente de la democracia estadounidense. Será también el momento de la verdad para su ambicioso paquete de medidas de gasto social, bautizado como Build Back Better (en noviembre salió adelante el plan de infraestructuras). Empezó como un proyecto de 3,5 billones de dólares (unos tres billones de euros), ha quedado reducido a 2,2 billones y aún parece incapaz de vencer la oposición del senador demócrata de Virginia Occidental Joe Manchin, que afirmó en una entrevista reciente que no piensa votar a favor, como no sea tras despojarlo aún más de contenido. Tanto en esa ley como en la trascendental reforma del voto, los demócratas se enfrentan a una mayoría magra (los 100 escaños de la Cámara alta están divididos al 50%) y a la rampante polarización de Washington, que en la práctica hace casi imposible un acuerdo entre partidos, imprescindible para sacar adelante una reforma legislativa de calado (que exige 60 votos).

A la gangrena parlamentaria se une la inflación, tal vez el indicador económico que más incide en el ánimo colectivo. Un 61% de los estadounidenses, según Gallup, tiene la impresión de que la economía marcha mal (una desconfianza inédita desde abril de 2020), por más que destacados analistas publiquen estos días desmentidos en forma de artículos. “Mejoró más en los primeros 12 meses de Biden que en los de cualquier presidente durante los últimos 50 años”, escribió Matthew Winkler, exdirector de Bloomberg News, la semana pasada. Hasta que la realidad de 2022 se pronuncie, es cierto que la economía se ha expandido un 5,5%, el paro cayó al 4,2%, los salarios han subido, la Bolsa ha batido récords y las ganancias empresariales son las mayores desde 1950.

Hasta la Navidad se ha salvado: las compras han llegado a tiempo a sus destinos, según ShipMatrix, consultora de la industria logística, pese a los negros presagios de la crisis de abastecimiento global que estalló este otoño y pese a advertencias como las del congresista republicano Jim Banks (Indiana), que escribió en una carta interna a los miembros de su partido: “Tenemos que explicar al electorado lo que los grinches que viven en el 1600 de Pennsylvania Avenue [dirección de la Casa Blanca] le han hecho a la Navidad”.

Lo que no previó Blanks es que el Grinch, agorero personaje de ficción concebido en los años cincuenta por Dr. Seuss, que ha terminado por aguarle las fiestas a Biden ha sido en realidad la combinación de dos variantes del coronavirus, delta y ómicron. El presidente ha pasado esta semana sus vacaciones en Rehobot, playa de su Delaware natal, recibiendo informes sobre un récord diario de contagios detrás de otro, noticias de suspensiones de miles de vuelos de vuelta a casa por Navidad y críticas porque los tests que prometió en su comparecencia del 21 de diciembre no llegarán en realidad hasta entrado el mes de enero.

Ha disfrutado al menos estos días del consuelo de Commander, un pastor alemán de 16 semanas que su hermano le regaló por su 79º cumpleaños. Por completar la socorrida cita del Ricardo III de Shakespeare, ese perro es lo más parecido que el líder estadounidense ha contemplado en el invierno de su descontento a un atisbo del sol de York, que está por ver que salga para su Administración, y para Estados Unidos, en 2022.

Suscríbase aquí a la newsletter de EL PAÍS América y reciba todas las claves informativas de la actualidad de la región.



Source link

El número de congresistas e invitados fue reducido por las restricciones por la pandemia.

1-Un multimillonario «plan de familia»

Biden utilizó su discurso para presentar a los congresistas el llamado «Plan de Familias Estadounidenses«, una propuesta legislativa con un costo de aproximadamente US$1,8 billones que incluye:

  • Ayuda a las familias para pagar el cuidado infantil
  • Hacer que los colegios comunitarios sean gratuitos en sus primeros dos años
  • Mejorar el sistema de becas para estudiantes de bajos ingresos.
  • Proporcionar licencia familiar y médica pagada

2- Un nuevo programa para incentivar el empleo

El mandatario aprovechó también la ocasión para presentar a los congresistas su programa laboral, llamado «Plan de Empleo Estadounidense», en el que no solo se propone aumentar la producción industrial en Estados Unidos, sino hacerlo de una forma sostenible.

Según el mandatario su proyecto pondrá a los ingenieros y empleados de la construcción a trabajar en obras «más eficientes» desde el punto de vista energético.

«Trabajadores eléctricos que instalan 500.000 estaciones de carga a lo largo de nuestras carreteras. Los agricultores que plantan cultivos de cobertura, para que puedan reducir el dióxido de carbono en el aire y que se les pague por hacerlo», dijo Biden.

El programa, para el que pidió también un aumento del salario mínimo a US$15, también aboga por que los estadounidenses compren productos locales y que las empresas locales que produzcan bienes lo hagan en EE.UU.

«No hay razón para que las aspas de las turbinas eólicas no se puedan construir en Pittsburgh en lugar de Pekin», afirmó.

El mandatario aseguró que el proyecto -que incluye una enorme inversión en infraestructuras- «creará millones de empleos bien remunerados, empleos con los que los estadounidenses pueden cuidar a sus familias».

biden
Biden encargó a Harris la solución de la crisis migratoria en la frontera.

3-Otra mirada a la migración

Biden presentó también ante el Congreso su visión para lidiar con la imigración, defendiendo su propuesta de invertir en las naciones centroamericanas para que las personas no sientan la necesidad de emigrar.

Destacó en ese sentido la labor de la vicepresidenta Harris, a quien designó para dialogar con los gobiernos de Honduras, Guatemala y El Salvador.

Asimismo, instó al Congreso a tomar medidas para solucionar de forma definitiva la situación migratoria de los llamados «dreamers«, los jóvenes que emigraron como niños a Estados Unidos.

También pidió a los congresistas aprobar legislación para permitir que los trabajadores agrícolas obtengan un estatus legal, igual que aquellos que se encuentran en el país bajo un estatus de protección temporal.

biden
Biden instó a tomar medidas para plantearle cara a China.

4-Una mirada crítica a China

El primer discurso de Biden ante el Congreso dio también claves sobre sus planes de política exterior, entre los que se encuentra plantarle cara a China, tanto económica como militarmente.

El mandatario abogó por mantener una fuerte presencia militar estadounidense en el Pacífico e impulsar el desarrollo tecnológico y el comercio tras calificar a China como un «importante desafío estratégico».

«China y otros países se están acercando a nosotros rápidamente. Tenemos que desarrollar y dominar los productos y tecnologías del futuro», dijo Biden», cuestionando directamente al presidente chino, Xi Jinping.

«(China) está resuelta a convertirse en la nación más importante del mundo. Él (Xi) y otros, autócratas, piensan que la democracia no puede competir en el siglo XXI con las autocracias», dijo.

Así mismo, expresó que su país «resistirá las prácticas comerciales injustas» y tomará medidas para evitar «el robo de tecnología y propiedad intelectual estadounidenses», una acusación frecuente de los gobiernos de EE.UU. hacia Pekín.


TE PUEDE INTERESAR

top