Mostrando entradas con la etiqueta Kremlin. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Kremlin. Mostrar todas las entradas



Vladímir Putin amenazaba con que la Unión Europea pagaría su gas en rublos tras las sanciones por la invasión de Ucrania, y el bloque comunitario advertía de que Moscú no vería un kopek si cambiaba sus contratos. Al final, el Kremlin ha ideado una vía para que los europeos paguen en euros, pero Rusia reciba rublos por su gas. El presidente ruso ha firmado este jueves el decreto por el que se establece el nuevo mecanismo que permitirá a los Veintisiete abonar sus facturas en euros mientras el monopolio estatal del gas, Gazprom, recibirá rublos.

La norma, que entra en vigor el viernes, faculta al brazo financiero de Gazprom para ejercer de mediador con sus clientes. En concreto, los llamados “países hostiles”, entre los que están todos los de la UE por las sanciones impuestas, tendrán que abrir unas cuentas especiales en Gazprombank, única entidad autorizada por el Gobierno, donde pagarán el gas con sus monedas. Acto seguido, la entidad cambiará los euros o dólares por rublos en el mercado de divisas de Moscú, y ese dinero será transferido de inmediato al suministrador del gas, que solo puede ser Gazprom porque ostenta el monopolio estatal para su exportación fuera de las fronteras rusas.

Gazprombank es uno de los pocos bancos rusos que no había sido sancionado por Occidente. Rusia, que también vio congelado su fondo de 640.000 millones de dólares (unos 576 millones de euros) en divisas extranjeras para contingencias, mantiene así abierta la entrada de monedas extranjeras, fundamentales para pagar en plena guerra sus importaciones.

Además, la ley incluye otras trampas. La comisión del Gobierno para el control de inversiones extranjeras podrá expedir permisos a los compradores extranjeros para que paguen el suministro de gas “sin cumplir con el procedimiento”, y el banco central tendrá permiso “para determinar otros procedimientos para la venta de divisas”. Es decir, el Kremlin tendrá margen para sortear su propia ley según avance el conflicto.

Sin embargo, el Kremlin insiste en que esta es una respuesta firme a las sanciones occidentales. “Si los países hostiles no pagan en rublos, los contratos vigentes serán suspendidos”, dijo este jueves Putin, que una semana antes anunció la medida a bombo y platillo tras denunciar que las monedas occidentales no son de confianza, y, “como se sospechaba, las obligaciones en dólares y euros pueden ser incumplidas”. “Suministrar nuestros productos a la Unión Europea y a Estados Unidos y recibir el pago en dólares, euros u otras monedas no tiene ningún sentido para nosotros”, añadió entonces el mandatario. No obstante, el presidente ruso ya adelantó al Gobierno alemán que los países europeos podrían pagar el gas en euros, y también se lo garantizó al primer ministro italiano, Mario Draghi, en una conversación el miércoles por la noche, informa Daniel Verdú.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

Por otra parte, Putin ha insistido este jueves en su tesis de que las autoridades europeas actúan contra los intereses de sus ciudadanos. “Si simplificamos, el gas ruso es la energía más barata, el calor y la luz en los hogares de los europeos, el coste asequible de los fertilizantes para sus agricultores y, por tanto, de los alimentos. Al final, es la competitividad de las empresas europeas y, por tanto, de los salarios de los ciudadanos europeos”, afirmó.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.





Source link



Cuando Vladímir Putin ordenó a sus tropas “desnazificar” toda Ucrania el pasado 24 de febrero, los partidarios más acérrimos de la guerra pensaron que había llegado el momento de su cruzada por la defensa del “mundo ruso”. El mandatario, que denigraba al Gobierno de Volodímir Zelenski tildándolo de “régimen” liderado “por drogadictos y neonazis”, había prometido recuperar Ucrania para su causa. Y un año antes, en un artículo que escribió sobre la hermandad de ambos países, Putin decía que Kiev era “la madre de todas las ciudades rusas” y su pueblo, una nación con 1.000 años de historia. Por ello, unas negociaciones con el enemigo que podrían derivar en un statu quo prácticamente idéntico al de antes de la guerra han provocado conmoción entre los ciudadanos que defienden la invasión y el entorno económico, militar e ideológico del presidente ruso.

Uno de los rostros más visibles del enfado ha sido el del presidente checheno, Ramzán Kadírov, también uno de los protagonistas de la hasta ahora “liberación de Ucrania” en la prensa rusa. “Salam Aleikum [que la paz sea con vosotros], queridos amigos. Leo en distintos canales de Telegram que Ucrania ha ganado, Rusia se marcha y habrá negociaciones”, arrancaba el vídeo que grabó Kadírov por la noche. “Somos luchadores y no estamos de acuerdo ni con estas negociaciones ni con sus acuerdos. Esto es voluntad política de nuestro presidente y así debe ser, pero somos combatientes que combaten y pedimos al Gobierno, al presidente, que nos permita dar fin a lo que él comenzó”, concluía su mensaje.

Horas antes, el jefe del equipo negociador ruso, Vladímir Medinski, bendecía el tono “constructivo” de sus conversaciones con los ucranios, que a cambio de que se garantice su soberanía estarían dispuestos a renunciar a solicitar su ingreso en la OTAN, a negociar el estatus de la región de Donbás ―reconocida independiente por el Kremlin justo antes de su ofensiva―, y a abordar en un periodo de 15 años la situación de Crimea, anexionada por Rusia en 2014. Es decir, una situación muy parecida a la que había antes del ataque, con la salvedad de la franja sur de Ucrania que une la península del mar Negro con Donbás, prácticamente ocupada por Rusia en su ofensiva sobre Mariupol. Como muestra de confianza, el Ministerio de Defensa ruso anunció que iba a “reducir drásticamente las operaciones militares” en las zonas de Kiev y Chernihiv.

Sin embargo, no todo el mundo está de acuerdo con renunciar a la capital ucrania, amenazada desde hace más de un mes por las fuerzas rusas. “Debemos completar lo que comenzamos, no detenernos. Tenemos que llegar hasta Kiev. Si nos situamos alrededor, estoy seguro de que entraremos en Kiev y pondremos las cosas en orden”, dijo también Kadírov este martes en un mitin multitudinario de militares en Grozni. Una vez que conoció el avance de las negociaciones, el líder checheno endureció su tono pese a hablar con una sonrisa cínica. “En Ucrania hay terroristas y extremistas de 52 países. Mientras haya banderistas [colaboradores de los alemanes contra Stalin], nazis o combatientes del shaitán islámico [espíritu maligno], Ucrania no podrá tener una vida normal. O los destruimos o los encarcelamos de por vida”.

Destino histórico

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

Aparte de Kadírov, que pasó de luchar junto con su padre contra los rusos en las guerras chechenas a dirigir su propia república y ejército tras dar su apoyo a Putin, en el entorno del Kremlin hay dos camarillas. Una la forman los liberales y oligarcas, más abiertos a Occidente y recelosos de la guerra por las duras sanciones impuestas, y la otra la compone el ala más nacionalista. El sociólogo de ultraderecha Alexánder Dugin es un exponente de este sector. Uno de los referentes ideológicos de Putin, defensor acérrimo de que Rusia es una civilización con un proyecto euroasiático frente al bloque occidental y sus valores, mostró el martes su decepción, igual que hizo en 2015, por no haber avanzado por toda Ucrania en la entonces guerra de Donbás.

“Entiendo la preocupación de todos, pero Kadírov no habla solo en su nombre, ni en nombre de todos los chechenos, ni en nombre de todos los soldados, ni en nombre de nuestro pueblo, sino también en nombre del comandante en jefe supremo [Putin]”, escribió el pensador en su canal de Telegram. “Esto es solo el comienzo de la operación. (…) Debemos hacer acopio de valor. Y adelante, solo adelante”, subrayó.

Menos claro lo tiene el coronel Ígor Girkin Strelkov, antiguo miembro del Servicio Federal de Seguridad (FSB) ruso, el antiguo KGB, que irrumpió en una operación encubierta en Donbás en 2014 para comenzar la guerra. El exministro de Defensa de la República Popular de Donetsk, que aún tiene su público, fue muy crítico en un debate del canal Roi TV. “En el Kremlin hay muchos que proponen rendirse, pero es imposible. Cualquier desescalada será un paso a la capitulación. Como pasó con los protocolos de Minsk, Kiev firmará y no cumplirá nada”, afirmó.

“Las Fuerzas Armadas rusas han sufrido pérdidas serias. No pueden tomar Kiev, no pueden tomar Járkov, no han podido tomar Mariupol durante varias semanas y Europa observa todo esto. ¿Dónde está el tercer mayor ejército del mundo, tras EE UU y China?”, se preguntaba Strelkov tras afirmar que Moscú tiene dos opciones: la movilización masiva de las tropas y las fábricas de armamento o una tregua que, en su opinión, permitirá a Ucrania rearmarse. “Creo que el Kremlin no ha tomado una decisión aún”, afirmó tras puntualizar que debe llamar “a los reservistas, a 200.000 hombres o más, porque movilizar menos y enfrentarlos a un enemigo armado con un arsenal de gran calidad sería un sinsentido”.

Otro de los impulsores de la primera ofensiva de 2014 fue el empresario ultraortodoxo Konstantín Maloféyev, una más de las voces nacionalistas del Kremlin. Su canal Tsargrad TV (Constantinopla, en eslavo antiguo), abría su portal web con el titular “Ruso, no traiciones al ruso”. “Los resultados de las negociaciones de Estambul con los representantes de la junta de Kiev han causado conmoción entre millones de rusos. ¿Es estupidez, una traición o, incluso peor, un error?”, arrancaba el artículo donde trataba de averiguar “si el pueblo ruso está preparado para rendirse”. En cualquier caso, advertía de que “es demasiado pronto para dar por concluida la operación especial en Ucrania”.

Mensajes en la prensa

En la misma línea iban ayer las opiniones de los lectores de medios favorables al Kremlin en las noticias sobre el encuentro de Estambul. Entre los cientos de comentarios del artículo en la versión rusa de Russia Today destacaba la palabra “traición”. “¿Primero hace falta liquidar a los nazis, y luego llegar a un acuerdo con ellos?”, decía un lector. Otro destacaba que esto era firmar un “Minsk 3.0″ para volver a otro problema no resuelto. Y en el portal Roi TV destacaban frases como: “Muchos patriotas están abatidos con estas negociaciones. ¿Cuántas declaraciones de victoria hubo hoy en la propaganda enemiga?”, y: “¿Resulta que Kadírov es más patriota que nuestros generales?”.

A estas críticas se ha sumado también la confusión entre los ciudadanos por una campaña que ha oscilado entre “la desnazificación de Ucrania” y la “operación especial para la protección de las repúblicas de Donetsk y Lugansk”. “¿Para qué fue emprendida entonces?”, se preguntaba un lector. “Esto significa que nuestros soldados han dado la vida en vano”, lamentaba otro.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.

Contenido exclusivo para suscriptores

Lee sin límites





Source link



A Vladímir Putin no le gusta la presencia de consejeros pacifistas en el aparato de dirección del Estado. Pese a todo, a la vista de la situación bélica, humanitaria y económica, es posible que el presidente de Rusia se vea obligado a seguir las recomendaciones de prestigiosos especialistas que se pronunciaron a favor de un alto el fuego en Ucrania.

De momento, sin embargo, Putin ha echado del consejo científico del Consejo de Seguridad (CS) de la Federación Rusa a cuatro respetados expertos con brillantes carreras profesionales. De forma expeditiva y sin dar explicaciones, el presidente los excluyó mediante un decreto con fecha del 28 de marzo por firmar un texto que expresaba “extrema preocupación” por la “mayor crisis en Europa desde la II Guerra Mundial”.

El llamamiento firmado por estos cuatro expertos en un total de 126 personas —según la página web del Instituto de EE UU y Canadá, formado por expertos rusos; incluido en la Academia de Ciencias de Rusia; y especializado en estudios estadounidenses y canadienses— fue redactado en una larga sesión de trabajo entre el 2 y el 3 de marzo. El texto no mencionaba la palabra “guerra” —prohibida en Rusia en el actual contexto— y constaba de cuatro puntos. Además del alto el fuego y la desescalada, pedía cooperación humanitaria urgente en la zona de conflicto, contención en los temas relacionados con armas nucleares y en la “retórica nuclear amenazante”, reanudación de las negociaciones estratégicas entre EE UU y Rusia; además de otras medidas para prevenir incidentes entre la OTAN y EE UU, por una parte, y Rusia por la otra. También reclamaba el establecimiento de contactos militares entre ambas partes.

El consejo científico del CS es un órgano asesor formado por cerca de 150 especialistas —en su mayoría del mundo político, diplomático y académico— que asesora a la entidad encargada de preparar las decisiones presidenciales, así como la orientación de la política exterior y militar y también las evaluaciones y análisis en estas materias.

Los excluidos son Alexéi Gromiko, director del Instituto de Europa y nieto del célebre ministro de Exteriores de la URSS Andréi Gromiko; Serguéi Rógov, director científico del Instituto de EE UU y Canadá; Alexandr Panov, profesor y exviceministro de Exteriores de Rusia; y Alexandr Nikitin, director del centro de seguridad euroatlántico del Instituto de Relaciones Internacionales (MGIMO). Tanto el Instituto de Europa (creado en 1987 en plena perestroika, el proceso de apertura encabezado por Mijaíl Gorbachov) como el Instituto de EE UU y Canadá pertenecen a la Academia de Ciencias de Rusia.

El documento, confeccionado por una asociación internacional de expertos creada para mantener los contactos entre Rusia y Occidente (“Diálogo Rusia-OTAN para la reducción de riesgos militares”), iba suscrito por ciudadanos rusos y extranjeros. Por parte rusa había politólogos, profesores y especialistas de diversos institutos y universidades, así como el presidente de la Asociación de Aseguradores de Rusia, Igor Yurgens, y el director general del Consejo de Relaciones Exteriores, Andréi Kortunov. Por parte occidental, firmaban numerosos ex altos cargos, exdiplomáticos y cargos militares retirados. Entre ellos había dos exministros de Exteriores del Reino Unido, el exministro de Exteriores de Suecia y exdirector del Organismo Internacional de la Energía Atómica, Hans Blix, el exministro de Defensa estadounidense William Perry y dos españoles: Josep Piqué, exministro de Industria y Exteriores, y el almirante en la reserva José María Treviño Ruiz.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

El texto inicial mostraba su desacuerdo “con la posición oficial rusa de una tregua basada en la capitulación”. Era algo más contundente que el documento final, consensuado para recoger el máximo apoyo, según afirmó Kortunov, uno de los inspiradores de la iniciativa. Varios medios de comunicación rusos se negaron a publicarlo por temor a las restricciones vigentes, señala este especialista. Fuentes próximas a los firmantes opinaron que el llamamiento pudo ser interpretado por Putin como una declaración “de falta de lealtad”, aunque señalaron que al presidente ruso tal vez no le guste que los expertos “se hayan adelantado en reivindicar una política que finalmente al Kremlin no le quedará más remedio que adoptar”.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.

Contenido exclusivo para suscriptores

Lee sin límites





Source link


Rusia combate en dos frentes a la vez. En uno es el atacante como invasor de Ucrania, lo que el Kremlin llama “operación militar especial para la liberación de las repúblicas de Donetsk y Lugansk”; y en otro se presenta como víctima de lo que llama una “guerra económica” de Occidente contra la misma existencia del país. Ambos escenarios están interconectados: los últimos días de la “primera etapa” de la ofensiva de Vladímir Putin en Ucrania han pasado factura a Moscú. La huida del país de decenas de miles de profesionales, la constatación en los supermercados del aumento vertiginoso de los precios tras las sanciones contra Moscú, un primer dato preocupante del desempleo y un creciente rechazo social a la invasión representan algunos de esos costes. Son señales de una crisis que también influye en las pautas de la delegación rusa que negocia con Kiev un final al conflicto, cuyo objetivo principal ha pasado a ser ahora “proteger” la región de Donbás en el este, en parte controlada ya por separatistas prorrusos.

“Unas 59.000 personas han sido declaradas libres, un 10% más que el 1 de marzo”. La viceministra de Trabajo, Elena Mujtiyarova, no se refería así a ninguna población de Ucrania, sino a los rusos que se han quedado en paro en las primeras semanas de conflicto. Un eufemismo que contrasta con la retórica del Kremlin y su entorno al hablar de las sanciones occidentales. “Embargan los bienes de las entidades financieras y del banco central. Se habla de su nacionalización. Esta es una guerra sin reglas y su consecuencia será la destrucción de toda la estructura económica mundial”, ha criticado el expresidente Dmitri Medvédev en una entrevista concedida a varios canales estatales.

“Guerra económica” es un término que ya emplearon antes el propio Putin y su portavoz, Dmitri Peskov. La desconexión de la banca rusa del sistema financiero y la suspensión de los negocios con el país empiezan a hacer mella en su industria, que se ve seriamente amenazada por la falta de suministros, según su banco central. Y esto no es solo responsabilidad de Occidente: las empresas chinas también han disparado los precios de sus productos y el socio asiático ya no exporta piezas para sectores clave como el aeronáutico. Por ejemplo, una de las aerolíneas más populares de Rusia, Pobeda, ha anunciado a través de un comunicado que reducirá su flota de 45 a 21 aviones B737 “para cubrir la necesidad de repuestos en el futuro” y garantizar la seguridad de sus vuelos “hasta que se restablezcan las cadenas de suministro perdidas”.

Suavizar el castigo económico será determinante en las negociaciones que mantienen casi a diario por videoconferencia las delegaciones de Ucrania y Rusia. “Esta locura de las sanciones, que parece una guerra económica en toda regla, a gran escala y sin precedentes contra Rusia, es uno de los temas clave de la negociación”, sostuvo el 16 de marzo el jefe de la comitiva rusa, Vladímir Medinski.

Putin lanzó la ofensiva alegando que pretendía “desmilitarizar y desnazificar” Ucrania, además de sugerir en los primeros días al ejército rival que diese un golpe de Estado para negociar con un Gobierno más afín al Kremlin. Un mes después, la delegación rusa incide en que las demandas básicas son lograr un estatus neutral para Ucrania y que reconozca la anexión rusa de Crimea de 2014 y la independencia de Donbás.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

En paralelo, la creciente parálisis industrial amenaza con despidos y un empobrecimiento general de la población. Según el Ministerio de Trabajo, “la situación es estable” ahora porque hay 660.000 ciudadanos registrados en los servicios de empleo nacionales, mientras que la bolsa de trabajo tiene más de 1,6 millones de vacantes. La agencia de estadísticas Rostat estimaba en febrero una tasa de paro del 4,4% de la población activa.

Sin embargo, la cuestión es qué empleo habrá y si se producirá una fuga de cerebros ante la tensión política rusa y la devaluación de los salarios en rublos. El comité de tecnología de la Duma Estatal mantuvo el martes un encuentro donde el director de la Asociación de Telecomunicaciones de Rusia, Serguéi Plugotarenko, advirtió de que entre 50.000 y 70.000 informáticos habían abandonado el país en el primer mes de la guerra, pero lo peor está por venir. “La segunda ola se ha visto frenada solo por el alto coste de los billetes aéreos, los problemas con las transacciones de dinero y que nadie esperaba a los rusos”, afirmó tras prever que unos 100.000 programadores más se marcharán en abril.

Las imágenes de desabastecimiento en los supermercados no son diferentes a las vistas en España con la huelga de camioneros. Hasta ahora, la ausencia de algunos productos básicos, como el azúcar, ha tenido más relación con el pánico por acaparar que con la carestía real. Asimismo, los bancos tuvieron problemas en los primeros días de desconexión para migrar a sus clientes a las nuevas tarjetas con el sistema Mir, alternativa rusa a Visa y Mastercard, debido a la falta de plástico para cubrir esa demanda masiva. Sin embargo, este problema fue resuelto poco después.

Clientes de un banco hacen cola la semana pasada en Moscú.
Clientes de un banco hacen cola la semana pasada en Moscú.Konstantin Zavrazhin (Getty Images)

Un problema enorme es la revisión de los precios. El salario medio ruso era de 54.687 rublos en septiembre del pasado año, según la agencia de estadísticas Rostat. Unos 490 euros al cambio de ahora y 640 al de entonces, pocos meses antes de comenzar el despliegue ruso a lo largo de la frontera junto a Ucrania previo a la invasión del pasado febrero.

Muchas multinacionales han suspendido la venta de sus productos hasta que se estabilice el valor de la moneda rusa, especialmente cadenas de ropa y tecnología. Otros artículos siguen a la venta, pero sus precios se han disparado. Unilever y Nestlé, por ejemplo, han anunciado esta semana que elevarán sus precios entre un 10% y un 45%. Antes, Procter & Gamble encareció sus artículos un 44% de media, aunque llegó a elevar hasta un 99% el coste de varias de sus marcas, como su detergente ruso Mif. Por poner otros ejemplos, los botes de desodorante y gel de baño de marcas comunes ahora valen entre 500 y 850 rublos, hasta 7,5 euros al cambio, o más del 2% del salario mensual.

Sociedad dividida

El pasado 18 de marzo, aniversario de la anexión de Crimea, Vladímir Putin se dio un baño de masas en un estadio, y cinco días después el Centro para el Estudio de la Opinión Pública de toda Rusia (VtsIOM), dependiente del Gobierno, publicó que el 74% de los rusos apoya la “operación especial”, aunque apenas un 17% pensaba que es para “proteger Donbás”.

“Me llama la atención que la gente diga que los rusos apoyan la guerra en las encuestas de opinión. Acabamos de encargar un sondeo de 31.000 llamadas; en 29.400 nos colgaron el teléfono. Es imposible hacer sociología durante una movilización militar, la gente tiene miedo”, escribía en Twitter Maksim Katz, político del partido Yábloko y director del fondo Proyectos de Ciudad.

Hasta el momento no ha habido protestas masivas debido a la represión. Más de 15.100 personas han sido detenidas desde que comenzó el conflicto, según el portal especializado en manifestaciones OVD-Info, y el Gobierno aprobó una ley que castiga con hasta 15 años de cárcel difundir lo que el Kremlin considere desinformación sobre la guerra o “desacreditar a las fuerzas armadas”. Decenas de personas están siendo juzgadas por esos cargos, como Marina Ovsianikova, la periodista que mostró un cartel en directo en televisión para protestar por la guerra; mientras que muchas otras han decidido dejar el país por su oposición a la invasión, como Anatoli Chubáis, alto cargo de Putin y arquitecto de las privatizaciones de los años noventa.

Mientras tanto, el Ejército ruso ofrece con cuentagotas sus cifras de bajas. Este viernes informó por segunda vez de las víctimas que ha sufrido entre sus filas, 1.351 fallecidos y 3.825 heridos, aunque las fuentes ucranias y occidentales multiplican varias veces estas cifras.

“Algunos se sorprenden de que no haya aún un movimiento contra la guerra a gran escala”, añadía Katz en Twitter. El político mostró a continuación un gráfico sobre el apoyo estadounidense a su guerra en Vietnam (1964-1971) y recordó que en aquel entonces no había internet. “Cambiaría los años por meses”, señaló tras recalcar que la oposición estadounidense a la guerra superó al apoyo de sus defensores en el segundo año de conflicto, cuando tras la llamada ofensiva del Tet resultó imposible ocultar las bajas estadounidenses a la opinión pública.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.

Contenido exclusivo para suscriptores

Lee sin límites





Source link



El Kremlin apunta al punto débil de Occidente: las importaciones energéticas. El presidente ruso, Vladímir Putin, obligará a los países que sancionaron a sus bancos a que compren rublos para poder pagar el suministro de gas y petróleo. El mandatario ha ordenado que la medida afecte a todos los “países hostiles” a su Gobierno, entre los que está incluida España como miembro de la Unión Europea. “Algunas naciones occidentales han adoptado en los últimos días varias decisiones ilegítimas sobre la congelación de activos rusos. En realidad, el colectivo occidental ha marcado una línea en la fiabilidad de sus divisas, ha acabado con la confianza en ellas”, ha afirmado Putin este miércoles durante una reunión con varios miembros de su Gobierno.

Más allá del golpe político de obligar a los países que han aislado al sistema financiero ruso a volver a tratar con él para poder adquirir los hidrocarburos, la iniciativa del Kremlin busca reabrir el grifo de divisas extranjeras que las sanciones occidentales ha cortado de raíz tras la invasión rusa de Ucrania. Con esta medida, los clientes de Gazprom se verán obligados a pasar por caja y cambiar euros y dólares por rublos, con un cambio más favorable para el Kremlin. La maniobra se interpreta como un órdago que pretende debilitar el efecto de las sanciones impuestas por Occidente.

El anuncio de Putin fue recibido con una notable revalorización del rublo, aunque los mercados cerraron finalmente con un tipo de cambio de 112 rublos por euro, apenas un fortalecimiento del 1,7% respecto al día anterior. El anuncio de Moscú también disparó la cotización de gas y petróleo en los mercados internacionales.

La primera respuesta procedente del bloque comunitario, que adquiere entre el 40% y el 50% de su gas del país eslavo, ha llegado de Alemania. Berlín, uno de los principales clientes del gas ruso, calificó de “violación de contrato” la decisión de Vladímir Putin de exigir el pago de las importaciones de hidrocarburos rusos en rublos. La dependencia energética de Alemania de los hidrocarburos rusos es una de las más elevadas del bloque. Más de la mitad del gas que consume su potente industria y con la que se calientan las calefacciones de sus 83 millones de habitantes se importa de Rusia; y ocurre lo mismo con más de un tercio del petróleo.

El ministro de Economía, Robert Habeck, de Los Verdes, aseguró en una rueda de prensa este miércoles que el anuncio demuestra, una vez más, que Rusia “no es un socio fiable” y adelantó que Berlín va a tratar con sus socios europeos una respuesta común al anuncio de Moscú. Los líderes de la Unión celebran este jueves y viernes un Consejo Europeo en Bruselas en el que se debatirá el próximo paquete de sanciones para seguir aislando a Moscú. Los mandatarios europeos tendrán que decidir también si cumplen con las nuevas exigencias de Putin o se arriesgan a seguir pagando como hasta ahora.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

Mientras tanto, la vía diplomática con el Kremlin sigue abierta. El canciller alemán, Olaf Scholz, volvió a hablar por teléfono con Putin este miércoles por la tarde. Su portavoz resumió la llamada con una frase: “El canciller ha instado al presidente ruso a un alto el fuego y una mejora de la situación humanitaria lo antes posible”. Scholz habló también con el presidente ucranio, Volodímir Zelenski.

Entre otras medidas de castigo por la guerra, las naciones occidentales, incluida Suiza, congelaron los cientos de miles de millones de dólares del fondo en divisas extranjeras que tenía el Kremlin para situaciones de emergencia, y a esto se han unido diversas sanciones más, como la confiscación de bienes de oligarcas en sus territorios y la retirada de Visa y Mastercard de la banca rusa. Como respuesta, una de las primeras medidas de Moscú fue obligar a las empresas exportadoras a convertir en rublos el 80% de sus ingresos en otras monedas.

El presidente ruso ha dado ahora una semana de plazo al Gobierno de Mijaíl Mishustin y al Banco Central del país para idear la forma en que los “países hostiles” podrán cambiar sus divisas por rublos. “Rusia continuará suministrando gas natural de acuerdo con los volúmenes y precios fijados”, dijo Putin, “aunque los cambios solo afectarán a la moneda de pago, que se cambiará a rublos rusos”. “A diferencia de algunos socios, valoramos nuestra reputación comercial como proveedor fiable”, añadió el mandatario. “Suministrar nuestros productos a la Unión Europea y a Estados Unidos y recibir el pago en dólares, euros u otras monedas no tiene ningún sentido para nosotros”, afirmó.

Alemania es uno de los países que hasta ahora se ha opuesto a imponer un embargo al gas ruso, al contrario de lo que han decidido Estados Unidos y el Reino Unido, mucho menos dependientes de las importaciones energéticas de Moscú. Berlín trata de reducir lo más rápido posible su dependencia buscando proveedores alternativos y acelerando la construcción de regasificadoras en su territorio para poder importar directamente gas natural licuado (GNL). Este miércoles el canciller, Olaf Scholz, reiteró en un discurso en el Parlamento alemán que Alemania no puede permitirse cortar el grifo del gas y el petróleo rusos de un día para otro porque su economía entraría en recesión. Un día antes de la crucial reunión en Bruselas, la poderosa Federación de la Industria Alemana (BDI) emitió un comunicado reiterando el mensaje del canciller. “La industria alemana advierte a los países europeos en contra de reacciones precipitadas de consecuencias incalculables”, aseguró su presidente, Siegfried Russwurm.

“Lo primero que va a hacer todo el mundo es mirar la letra pequeña, porque por ahora solo tenemos el anuncio de Putin”, asegura Carsten Brzeski, economista jefe de ING en Alemania. El término empleado por Habeck “insinúa el hecho de que no hay contrato oficial entre Gobiernos sino entre empresas y que las condiciones de ese contrato no se pueden cambiar sin más”, añade. Si Putin lleva a cabo lo anunciado y compañías como Gazprom bloquean el pago en euros o en dólares, “en Alemania se considerará una provocación y una maniobra ofensiva”. “La pregunta ahora es si Alemania dejaría entonces de importar gas ruso o si cumplirá las nuevas condiciones impuestas por Putin”, afirma el experto en un correo electrónico.

El director de la sociedad de inversión rusa LokoInvest, Dmitri Polevoi, publicó un análisis en su canal de Telegram en el que asegura que la modificación de los contratos a rublos “supondrá cargas adiciones que recaerán sobre los compradores de gas”. “Además, el resto de dificultades podrían afectar temporalmente al volumen de exportaciones”, agregó el analista. Es decir, Europa podría recibir menos suministros de los esperados a corto plazo.

El golpe de efecto pierde fuerza si se tiene en cuenta que tanto Estados Unidos como la Unión Europa ya habían hecho público que se preparan para no depender de los recursos energéticos del Kremlin. La Casa Blanca prohibió la importación de gas y petróleo rusos el pasado 8 de marzo. El presidente Joe Biden reconoció entonces que esto encarecería su consumo, pero aseguró que “defender la libertad tendrá un coste”. Por su parte, la presidenta de la Unión Europea, Ursula Von der Leyen, instruyó a los países miembros a no importar energía rusa a partir del año 2027.

Precisamente uno de los grandes proyectos de Berlín y Moscú de la última década, el gasoducto ruso-germano Nord Stream 2, ha sido uno de los principales motivos de discordia dentro de la Unión Europea. El proyecto enfrentó incluso a Alemania con Estados Unidos hasta que el reconocimiento por parte de Putin de las repúblicas separatistas ucranias de Donetsk y Lugansk el pasado 21 de febrero provocó un giro de 180 grados en Berlín. La capital que hasta ahora había sido la gran valedora de las relaciones comerciales con el Kremlin paralizó el proyecto. Un par de semanas después, la constructora de la canalización, por la que nunca pasó una molécula de gas, se declaraba en quiebra.

Por su parte, España podría notar el encarecimiento de la energía por el impacto de esta medida en los mercados aunque no dependa directamente de Rusia. Según la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Energéticos (CORES), un 8,9% del gas importado por España en 2021 procedía del país eslavo.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.





Source link



Si el axioma militar dice que descabezar al enemigo es uno de los objetivos básicos de la guerra, entonces la ofensiva rusa sobre Ucrania atraviesa importantes dificultades tras haberse confirmado la muerte de varios de sus altos mandos en el frente. El Gobierno ucranio asegura haber acabado con hasta cinco generales y un puñado de comandantes del enemigo. Sobre algunos se guarda un sepulcral silencio y otro resucitó en un desafiante vídeo. Algunas estimaciones elevan la magnitud del impacto al hablar de miles de muertes entre los militares rusos. Esas bajas representan un duro golpe en una campaña que el Kremlin calificó de “quirúrgica”, pese a que se cumplirá un mes desde el primer ataque en los próximos días.

“Todo marcha acorde al plan”, dijo el presidente Vladímir Putin sobre la “operación militar especial para la defensa de las repúblicas de Donetsk y Lugansk”, eufemismo con el que Moscú se refiere a esta campaña bélica. El último alto mando fallecido ha sido el jefe adjunto de la Flota del Mar Negro, el capitán de primer rango Andréi Palii. Su muerte la confirmó el pasado domingo por Telegram el gobernador de Sebastopol, Mijaíl Razvozháyev. “Era amigo de Andréi Nikolayévich. Era una persona muy abierta y buena, un verdadero oficial descendiente de una dinastía de militares. Gozaba de una gran autoridad en la flota, era comprensivo y atento, sabía cómo ser cercano con cualquier persona”, afirmó el político en una de las raras confirmaciones de altos mandos fallecidos en esta guerra.

Palii nació en Kiev en 1971, pero tras la ruptura de la URSS decidió servir en la marina rusa y se negó a prestar juramento a Ucrania. Además, durante su dilatada carrera llegó a ser jefe adjunto de las Fuerzas Armadas de Rusia en Siria. Según el medio Forpost, el capitán había recibido la misión de asegurar el corredor humanitario de la ciudad portuaria de Mariupol, el frente principal en esta fase de la guerra, una urbe devastada por los bombardeos y donde se lucha ahora casa por casa, un escenario muy lejano de lo que había sido dibujado como una rápida operación quirúrgica. Según el Gobierno ucranio, un francotirador acabó con su vida.

Fuentes oficiales del Gobierno ucranio también han anunciado el cese de ocho altos mandos oficiales rusos, una purga que varios medios han tratado de confirmar. La última destitución que se ha sumado a esta supuesta lista y que sí que ha sido confirmada es la del subcomandante de la Guardia Nacional Román Gavrílov. El general, antes responsable de su departamento de seguridad interna y con mando sobre fuerzas especiales, deja la dirección de la Guardia Nacional en plena ofensiva, pese a que sus fuerzas tienen una participación activa en la guerra. Las autoridades rusas atribuyeron el cese a su antigüedad, aunque Gavrílov, ascendido el pasado verano, podría haber seguido al frente de la Guardia Nacional 20 años más, según informa Kommersant. Además de la pérdida de generales, este súbito cambio en la jerarquía militar es otro indicio de que la guerra no marcha como esperaba el Kremlin.

El primer alto mando ruso de cuya muerte hubo constancia oficial fue el general-mayor Andréi Sujovetski, comandante adjunto del 41.º Ejército. Nacido en 1974, había sido distinguido con dos órdenes al coraje y otra al mérito militar, y su fallecimiento, anunciado por los ucranios el 1 de marzo, fue confirmado por una organización de oficiales de Krasnodarsk. Incluso Putin le mencionó en un discurso.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

Las muertes de otros militares de alto rango rusos no están claras, pero tampoco Moscú las ha desmentido. El Gobierno ucranio anunció que el 41.º Ejército ruso había vuelto a ser golpeado el 7 de marzo, al caer abatido el general-mayor Vitali Guerásimov, entonces jefe de personal y primer comandante adjunto de esta fuerza. El Ministerio de Defensa declinó comentar esta información a la agencia Reuters, y el portal de investigación Bellingcat —declarado agente extranjero por Rusia— publicó una supuesta grabación en la que dos miembros del Servicio Federal de Seguridad ruso (FSB), lamentaban que el militar había sido interceptado porque sus vías de telecomunicación ya no eran seguras en Ucrania.

Otro caso similar es el del general Andréi Kolésnikov, comandante del 29.º Ejército. El exministro y actual asesor del Ministerio del Interior ucranio, Antón Gueráschenko, anunció el 11 de marzo que sus fuerzas habían acabado con su vida, aunque esto no ha sido confirmado oficialmente.

Cuatro días después, el 15 de marzo, Gueráschenko también divulgó en Telegram que el batallón Azov había acabado con otro general-mayor ruso. Pese a que ilustraba la publicación con la imagen de un muerto, no mencionaba ni su nombre ni su ejército, y tapaba su rostro con varios documentos y la supuesta insignia del militar.

Despliegue ruso

El despliegue ruso incluye más de medio centenar ejércitos de armas combinadas, divisiones y brigadas. A ellos se suman otras fuerzas, como las milicias de Donetsk y Lugansk, los grupos de mercenarios de Wagner y Siria, la guardia pretoriana del presidente checheno e incluso policías antidisturbios. En todo este tiempo, el Ministerio de Defensa ruso solo ha divulgado una vez la cifra oficial de víctimas entre sus filas, 498 muertos, y lo hizo el 2 de marzo.

Sin embargo, los diarios locales rusos han seguido informando posteriormente de un goteo constante de entierros a lo largo y ancho del país. Durante la sesión parlamentaria en la que se aprobó la ley que condena con la cárcel la difusión de información falsa sobre la guerra, la senadora de Tuva Liudmila Narusova solicitó al Ministerio de Defensa que confirmase si era cierto que habían muerto 96 de los 100 miembros de una compañía formada por reclutas.

A la pérdida de generales rusos se suma la de casi una decena de coroneles. Por ejemplo, el comandante del 331.º regimiento de Fuerzas Aerotransportadas, Serguéi Sújarev, veterano de las dos guerras de Chechenia (1994 y 1999) y de Osetia del Sur (2008). El mando murió junto a otros cuatro oficiales, según publicó el 17 de marzo la televisión regional de Kostromá.

Los intentos de avanzar en un frente cada vez más estancado podrían haber incrementado el riesgo que asumen los oficiales. Dos días antes, el diario Bashinform publicó que el comandante de la brigada de ingenieros Alkino-2, Serguéi Porojnía, falleció bajo fuego de mortero mientras participaba personalmente en la construcción de un cruce, según anunció un portavoz de la Unión Rusa de Veteranos de Afganistán.

“¡La muerte de Konstantín es un golpe terrible! Duele pensar que ya no está, es imposible hacerse a la idea”, era otra de las muertes que lamentaba el alcalde de la ciudad de Nevinnomyssk, en su cuenta de Instagram a principios de marzo. El comandante del 247.º regimiento de Fuerzas Aerotransportadas, el coronel Konstantín Vizevski, también falleció en esta ofensiva sobre Ucrania. Su padre había sido un veterano de Afganistán, y su familia decidió enterrarle en el mismo lugar.

Las pérdidas reales de la guerra no se conocerán hasta dentro de mucho tiempo. Según las estimaciones estadounidenses publicadas el 16 de febrero por The New York Times, las tropas rusas habrían perdido hasta ahora entre 3.000 y 7.000 militares, mientras que un estudio realizado por la BBC, que contabiliza las bajas publicadas de forma dispersa, confirma el fallecimiento de 557 combatientes rusos.

La cifra podría ser incluso mayor. Este lunes el diario ruso Komsomólskaya Pravda publicó en su versión digital durante unos minutos que habrían muerto 9.861 militares rusos y que otros 16.153 habían resultado heridos, según unas capturas de pantalla divulgadas por varios corresponsales de The Wall Street Journal. La información desapareció poco después.

En el caso de las fuerzas ucranias pasa algo parecido. El presidente Volodímir Zelenski confirmó la pérdida de 1.300 militares hasta el 12 de marzo, aunque dos días antes las estimaciones estadounidenses multiplicaban por dos y tres veces esas cifras.

La prensa rusa apenas ha mencionado en todo este tiempo altos mandos enemigos abatidos por sus fuerzas. En uno de esos raros ejemplos, el vicejefe de las milicias de Donetsk, Eduard Basurin, anunció el 1 de marzo que sus combatientes habían matado al general de brigada ucranio Dmitry Krasílnikov, máximo responsable de la formación Séver. “Como resultado, las unidades nacionalistas de las regiones de Donetsk y Lugansk quedaron sin dirección”, afirmó hace ya tres semanas.

La desinformación abunda y a veces ocurre la resurrección de enemigos dados por muertos. La prensa rusa publicó el 10 de marzo que el exministro del Interior ucranio Arsén Avakov había muerto en el asedio de Járkov. El político —que asumió el puesto tras la huida del presidente Víktor Yanukóvich a raíz de la matanza de Maidán de 2014— publicó un vídeo poco después en el que desmentía su propia muerte. “Me encuentro en Kiev junto con mucha más gente. Propagandistas, ¡nunca tendrán éxito”, afirmó.

Otra supuesta muerte fue la de Magomed Tushayev, comandante del 14.º Regimiento Especial Motorizado de la Guardia Nacional rusa, quien aparentemente resucitó semanas más tarde. Las Fuerzas a las que pertenece esta unidad son un caso especial, pues no están adscritas al Ministerio de Defensa, sino que solo responden ante el presidente ruso, y en este caso en particular son aún más independientes: las unidades chechenas son parte de la guardia pretoriana del presidente de la república caucásica, Ramzán Kadírov.

Tushayev fue declarado muerto por los ucranios el 27 de febrero. Sin embargo, el 16 de marzo reapareció en un vídeo supuestamente grabado aquel día donde desafiaba a quienes aseguraban que había fallecido en acción. “Yo soy Magomed Tushayev. Soy el que los conejos cobardes de Internet han declarado muerto. Si sois hombres, decidme dónde estáis”, decía entre risas, subido a un vehículo militar con un fusil de asalto en las manos.

Sin embargo, como toda información sobre esta guerra, ese vídeo debe ser tomado con cautela: el propio Kadírov publicó otra grabación, tres días antes, donde aseguraba que se encontraba en Ucrania, aunque en las imágenes solo aparecía brevemente en un sótano y el portavoz de Putin, Dmitri Peskov, no eludió confirmar su presencia en zona de combate.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.





Source link


Edificio de la Banca Privada d'Andorra (BPA) en el país pirenaico en septiembre de 2019.
Edificio de la Banca Privada d’Andorra (BPA) en el país pirenaico en septiembre de 2019.Javier Martín

Empresarios con turbias fortunas, millonarios conectados con la mafia y hasta un asistente del presidente de Rusia, Vladímir Putin, con nueve millones en el bolsillo. Un heterogéneo grupo de ciudadanos del país euroasiático comunicó a la Banca Privada d’Andorra (BPA) su intención de ocultar 100 millones de euros entre 2003 y 2015, según los documentos a los que ha tenido acceso EL PAÍS.

El dinero aterrizó en la institución financiera hasta marzo de 2015, cuando el banco fue intervenido por blanquear presuntamente fondos de redes criminales. “Los rusos han sido durante años los mejores clientes de Andorra”, explica una autoridad del país pirenaico. Un territorio de 77.000 habitantes rodeado de estaciones de esquí y tiendas de lujo que hasta 2017 permaneció blindado por el secreto bancario.

Este periódico ha analizado las actas confidenciales del comité de prevención de blanqueo de la BPA. Unos documentos que desvelan la identidad de algunos de estos clientes, cuestionan el origen de sus fortunas y advierten de la necesidad de reportar a las autoridades andorranas sus nebulosas transacciones. Cuentas cifradas, sociedades instrumentales, transferencias a tinglados financieros opacos y discreción… Esta es la intrahistoria de parte del dinero ruso que buscó acomodo en Andorra.

El asesor de los nueve millones

Igor Sirosh, asistente del presidente de la Federación Rusa, usó una cuenta cifrada para ocultar en junio de 2013 sus fondos en Andorra. Bajo el código 10101284 se escondió el dinero de este alto cargo del Kremlin que aseguró al banco “haber ganado” 9,12 millones de euros, según un informe inédito de la policía del país pirenaico.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

Formado como militar, el jerarca es ayudante del jefe de la administración presidencial desde 2006. Y ha desarrollado cargos de relevancia en el organigrama institucional del poder. Entre ellos, fue vicepresidente de la Comisión de la Federación Rusa para contrarrestar “la falsificación de la historia”.

Pese a que la BPA calificó a Sirosh de PEP (Persona Políticamente Expuesta, en inglés), una etiqueta para identificar a cargos públicos o exdirigentes susceptibles de recibir fondos manchados por corrupción, la entidad autorizó la apertura de su cuenta.

Oscura comisión de 50 aviones

El exdirector general de una compañía de aviación rusa recurrió en 2013 a la BPA, donde tenía una cuenta desde 2002, para cobrar una comisión de 860.871 euros por mediar en la compraventa de 50 aviones Boeing. El exejecutivo pretendía ingresar el dinero a través de una operación que incluía un préstamo “sin intereses” y una sociedad pantalla domiciliada en el paraíso fiscal de las Islas Vírgenes Británicas. La BPA dudó de la operación. El cliente se escondía tras una cuenta cifrada y era también un PEP.

El botín del petróleo

La sociedad instrumental Selene Design LLC fue el caballo de Troya usado en noviembre de 2014 por el director financiero de una refinería en la ciudad rusa de Krasnodar para ocultar fondos en la BPA. El ejecutivo —según la entidad— manejó un tinglado financiero con tentáculos en el paraíso fiscal de Nieves y Chipre. Inicialmente, colocó un millón en el Principado.

Los millones del gas

Los cuatro ejecutivos rusos de Actual Geology, una sociedad creada en el paraíso fiscal de las Islas Vírgenes Británicas, se fijaron en Andorra en 2014 para refugiar los beneficios de su compañía de exploración de reservas de gas. Los empresarios planeaban ingresar en la BPA hasta dos millones de euros y usar el Principado pirenaico como un nodo de operaciones. Su fortuna procedía —supuestamente— del emporio erigido por el fallecido fundador de su firma, V. Chestatyakov.

Imperio de los medicamentos

La empresaria Ekaterina Limonova atesoraba 12 millones en Andorra en 2012 y anunció su intención de colocar ese año otros 20. Según le dijo al banco, el dinero procedía de los beneficios de su laboratorio de medicamentos en Moscú. Sus fondos se distribuyeron en dos depósitos numerados. Y su esposo, Victor Limonov, trató también de depositar su fortuna en la BPA, pero su comportamiento —vaciado inesperado de cuentas y negativa de aportar justificantes sobre su capital— despertó las sospechas de la entidad. “Consideramos que tenemos que tener mucho cuidado y no dejar ninguna operación sin justificar. Por prudencia, hacemos una declaración de sospecha”, apuntó en diciembre de 2012 un miembro del departamento de cumplimiento de la BPA. El trabajador del banco aludía a la necesidad de informar de las presuntas irregularidades de Limonov a la Unidad de Inteligencia Financiera de Andorra (Uifand), un organismo dedicado a la prevención del blanqueo.

Con la policía en los talones

La Policía de Kazajistán frustró en abril de 2013 los planes de un misterioso cliente ruso de la BPA que quería transferir desde Suiza al banco pirenaico más de cinco millones de euros. Las intenciones del inversor, que barajaba comprarse con los fondos repatriados del país helvético una vivienda en Grecia, saltaron por los aires después de que los investigadores alertaran de que el hombre al que perseguían recurrió a una alambicada telaraña financiera en Andorra para mover el dinero del delito. La identidad del cliente es un misterio. Blindó su nombre a través de una firma instrumental, Artneveau Group S.A.

La hucha de los camiones

Vladímir Novik era director general en Rusia de la empresa de camiones Iveco cuando transfirió a la BPA 2,3 millones de euros. Corría 2014 y el ejecutivo esperaba cobrar además 3,5 millones de dividendos de esta compañía de automoción. Una firma con una facturación anual de 180 millones y de la que Novik tenía el 33% de las acciones, según un documento del banco. Los gestores de la cuenta advirtieron de que la cantidad a ingresar podía ser mucho mayor. “En Rusia hay mucha economía sumergida, por lo tanto, su sueldo sería el doble si tenemos en cuenta los pagos en b”, objetó un empleado de la BPA.

El rey de las cañerías

El exgeneral ruso Viktor Kanaykyn manejaba un patrimonio de 50 millones de euros cuando abrió una cuenta en la BPA en febrero de 2003. Su fortuna procedía —según le indicó al banco— de su firma de limpieza de tuberías de gaseoductos Spetsneftegaz. Una compañía colaboradora de Gazprom nacida en Moscú tras la desintegración de la URSS.

Kanaykyn aprovechó el Principado para ingresar los beneficios de sus empresas y Fondex, su trust (un opaco instrumento financiero). El banco le recibió con parabienes. E, incluso, le visitó tres veces en Rusia para comprobar la actividad real de su conglomerado y su mermada salud tras sufrir una embolia que modificó su firma. “Se trata de una persona con gran prestigio en Rusia. Ha participado como ponente en numerosos foros internacionales y es miembro de la International Gas Union (IGU)”, indicó un empleado de la entidad.

El rey de las cañerías tenía un representante en España a quien le dio poderes notariales, Andrei Petrov. Antiguo albañil, conductor y portero de discoteca, Petrov, manejó dos cuentas en la BPA. Y en 2013, era detenido en el marco de la Operación Clotilde, que desmanteló una red de blanqueo de fondos a través del ladrillo asentada en Lloret de Mar (Girona). El hombre de confianza del dueño del emporio de la limpieza de tuberías aceptaba en 2018 una condena de un año y medio de prisión por estos hechos.

Este periódico ha intentado sin éxito recabar las versiones de los clientes del banco andorrano que aparecen en esta información.

investigacion@elpais.es

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.

Contenido exclusivo para suscriptores

Lee sin límites





Source link


La protesta duró unos segundos en horario de máxima audiencia en el principal canal de Rusia. La editora de la sección de internacional Marina Ovsyannikova irrumpió el lunes por la noche detrás de la presentadora con un cartel contra la guerra, algo que podría ser duramente sancionado por la ley “contra la desinformación” que aprobó el Gobierno a los pocos días de comenzar la ofensiva sobre Ucrania, y su gesto llegó a millones de rusos, a los que pidió salir de su estado de trance mientras prosigue el conflicto. “No a la guerra. Parad la guerra. No creáis la propaganda. Te están mintiendo”, ponía en el cartel.

La periodista gritó consignas como “alto a la guerra” mientras la presentadora alzaba el tono de voz y daban paso a un vídeo sobre un hospital. Lo hizo durante la emisión de Bremya (Tiempo), un programa de Pervyi Kanal que lleva en antena desde 1968 en la primera televisión del país. El suceso fue ampliamente difundido por casi toda la prensa rusa nada más suceder pasadas las 22.00 de la noche del lunes, pero ha desaparecido de los medios este martes por la mañana pese a su viralidad en internet. El cartel apareció difuminado en todos los medios y en sus perfiles de redes sociales para evitar ser censurados.

Tras la irrupción en el plató, Ovsyannikova fue trasladada desde las instalaciones de la televisión en Ostánkino a dependencias policiales, según confirmaron el diario Kommersant y el portal periodístico OVD-Info, especializado en cubrir las protestas contra el Kremlin y sus detenciones. Este último medio ofreció a la periodista la asistencia legal de dos de sus abogados. La reforma acometida por el Kremlin contempla como delito “desacreditar a las fuerzas armadas rusas”. Además de una multa, la condena puede conllevar penas de cárcel de hasta tres años, o 15 si se pone en riesgo al ejército.

El disidente ruso Iván Zhdanov, un estrecho colaborador del opositor ruso encarcelado Alexéi Navalni, ha asegurado en su cuenta de Twitter que Ovsyannikova está bajo investigación “en virtud del artículo 207.3 del Código Penal” “Se enfrenta a entre cinco y diez años (de prisión). Si realmente hacen eso, entonces el acto heroico de Marina pasará a la historia”.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

Antes de su acción, Ovsyannikova publicó un vídeo donde explicaba sus motivos ataviada con un collar con los colores de Ucrania. “Lamentablemente, he trabajado varios años en Pervyi Kanal y en la propaganda del Kremlin. Me siento muy avergonzada por ello. Avergonzada por permitirme contar mentiras en la pantalla de televisión. Avergonzada por permitir la zombificación de los rusos. Hemos estado en silencio desde 2014, cuando esto empezó. No hemos salido a protestar cuando el Kremlin envenenó a (Alexéi) Navalni”, dijo en referencia al opositor, encarcelado a principios de 2021 nada más regresar a Rusia de su convalecencia en una clínica de Berlín por haber sido intoxicado con Novichok, según llegó a verificar.

“No creáis la propaganda”. El mensaje que Ovsyannikova había escrito en el cartel era más amplio, pero esta fue la única línea que no difuminó Nóvaya Gazeta para mantener viva esta historia en su portada horas después. El medio abría con ello este martes como “la foto del día”, aunque con una explicación muy parca: “En directo, en el programa Vremya, a espaldas de la presentadora Ekaterina Andreyeva, apareció una mujer con un cartel cuyo contenido completo nos prohíbe difundir Roskomnadzor (el supervisor de las telecomunicaciones ruso) y el Código Penal”. Otros diarios, como Kommersant y RBK, habían publicado también varias piezas, pero ya no se encontraban en sus portadas.

Marina Ovsyannikova durante su protesta en el plató de televisión este lunes.
Marina Ovsyannikova durante su protesta en el plató de televisión este lunes.

Desde que el presidente ruso Vladímir Putin ordenó la ofensiva sobre Ucrania el pasado 24 de febrero, el diario ha hecho malabares para informar y no ser sancionado al mismo tiempo por el Kremlin. Su director, el laureado premio Nobel de la paz Dmitri Murátov, ya se vio obligado a borrar un editorial contra la guerra hace semanas, algo que rechazaron hace apenas quince días otros medios como Dozhd y Eco de Moscú, hoy cerrados.

La protesta de Osvyannikova corrió como la pólvora por las redes sociales, desde los canales de Telegram a plataformas bloqueadas en Rusia como Twitter e Instagram, donde los rusos, incluidos los medios oficialistas y algunas agencias gubernamentales, siguen activos mediante el uso de VPN (redes virtuales que simulan estar en el extranjero) y otros programas. Fue precisamente en Instagram donde la presentadora Ekaterina Andreeva dijo que el yoga la ayudó a mantener la compostura. “Pase lo que pase, mantente firme como una roca. ¿De dónde saco tanta resistencia? Del yoga, lo necesitaba”, publicó Andreyeva, que presenta el programa desde 1998 y recibió cientos de críticas por esta publicación.

Por el contrario, la página de Facebook de Ovsyannikova recibió decenas de miles de comentarios, muchos de ellos de agradecimiento y felicitaciones por ser “una heroína”. Asimismo, la protesta también se hizo viral por la Runet, como se conoce popularmente la parte rusa de Internet. No solo por la difusión del vídeo íntegro y de las noticias que hablaban de ello, sino también gracias al humor. Los memes cambiaron el mensaje original por chanzas como rutinas de deporte o la lista de la compra, y algunas cuentas que apoyaban la guerra únicamente lograron difundir aún más la protesta al retocar el cartel con mensajes de apoyo a la ofensiva contra Ucrania.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.





Source link


Una mujer se cubre con una manta cerca de un camión de bomberos tras un bombardeo en Mariupol, este jueves.
Una mujer se cubre con una manta cerca de un camión de bomberos tras un bombardeo en Mariupol, este jueves.Evgeniy Maloletka (AP)

Artem Seredechni no sabe nada de su novia ni de sus amigos de Mariupol desde el 2 de marzo. En la ciudad, asediada por las tropas de Vladímir Putin, hay muchas zonas sin electricidad y sin acceso a las telecomunicaciones, y no ha logrado contactar con ellos. Ahora, con Mariupol sin calefacción, sin apenas agua potable, alimentos ni fármacos, Seredechni, de 20 años, teme por sus vidas. “Estoy tratando de localizar a personas que viven cerca de ellos para que al menos me digan si su casa está intacta. Incluso estaría dispuesto a pagar lo que sea”, dice el joven, que dejó la ciudad con un grupo de evacuación de su Universidad hacia el centro del país poco después de que Putin ordenase la invasión.

El cerco ruso a Mariupol, una importante localidad portuaria del mar de Azov, se intensifica. Los combates alrededor de la ciudad, rodeada por las fuerzas de Putin, se están volviendo cada vez más intensos mientras decenas de miles de personas están atrapadas sin poder escapar de los bombardeos y de una situación que las organizaciones internacionales médicas sobre el terreno consideran desastrosa.

El brutal ataque a un hospital materno-infantil el miércoles —en el que murieron tres personas, entre ellas una niña, y otras 17, entre pacientes y sanitarios, resultaron heridos— ha puesto el foco sobre una situación crítica. Pero ni siquiera esa catástrofe ha logrado desencallar la vía para establecer corredores humanitarios que permitan evacuar la ciudad. El fuego de artillería y mortero continúa hostigando la urbe, y este jueves no ha habido ninguna vía segura para salir de Mariupol, según ha denunciado la viceprimera ministra ucrania, Iryna Vereshchuk.

Mariupol, de 400.000 habitantes, en la región de Donetsk, es una pieza muy cotizada por el Kremlin desde hace años. El control de esa ciudad es una de las claves de la invasión emprendida el 24 de febrero por las fuerzas de Putin; su localización permitiría a Moscú una mejor logística de suministros y refuerzos al Ejército ruso más al oeste. También les facilitaría una operación para hacer una pinza con la que rodear a las fuerzas ucranias alrededor del Donbás.

Pero, sobre todo, allanaría el camino para completar un corredor, un puente terrestre desde la península ucrania de Crimea, que Moscú se anexionó ilegalmente en 2014, hasta los territorios de Donetsk y Lugansk controlados por el Kremlin a través de los separatistas prorrusos, a los que sustenta desde hace ocho años y que son la base del argumentario de lo que Putin ha llamado “operación militar especial” para “desnazificar” Ucrania y proteger a la población del Donbás, el área donde está también la asediada Mariupol. Allí, las autoridades locales han recogido más de 1.200 cadáveres de las calles en los últimos 15 días, según el teniente de alcalde, Sergi Orlov. La crisis y los bombardeos constantes ni siquiera han permitido que los cuerpos sean trasladados a los cementerios a las afueras de la ciudad y al menos 47 han tenido que ser sepultados en una fosa común; algunos “sin identificar” ha dicho Orlov.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

Ese corredor terrestre que ansía Rusia no es una idea nueva, sino una aspiración de larga data del Gobierno. Se remonta por lo menos a la anexión rusa de Crimea —no reconocida por la comunidad internacional—, cuando los separatistas prorrusos apoyados por Moscú declararon las autodenominadas “repúblicas populares” de Donetsk y Lugansk y empezó la guerra en el Donbás. La intención de trazar esa vía ha sido uno de los escenarios que apuntaban los analistas y observadores del Kremlin ya cuando Rusia empezó a acumular tropas a lo largo de las fronteras con Ucrania en noviembre.

Ahora que Moscú ha capturado y ocupado la ciudad de Berdyansk, —también en el mar de Azov— ese corredor terrestre aseguraría a la estratégica península de Crimea el suministro de agua dulce, algo que ha renqueado desde la anexión, ya que el Gobierno de Kiev aún controla el canal de la era soviética que la suministraba.

La captura de Mariupol, que vio grandes combates al inicio de la guerra del Donbás y estuvo bajo control de los secesionistas apoyados por el Kremlin durante un mes antes de que el Gobierno ucranio la recuperara, daría además el control al Kremlin del puerto más grande del mar de Azov, con embarcaderos profundos y adecuados para el transporte marítimo. Eso mejoraría la capacidad de Moscú y el rendimiento logístico entre Rusia, Donbás y Crimea.

Con la estratégica península convertida en una fortaleza militar desde hace años, las fuerzas de Putin la han estado empleando como lanzadera para la invasión y ha sido clave para hacerse con la ciudad portuaria de Jersón, en el flanco izquierdo de Crimea, en el mar Negro. Capturar Mariupol ayudaría, además, al Ejército de Putin a solidificar la ofensiva en el flanco sur, donde más avances están logrando. También les facilitaría lanzar una operación contra Odesa, la perla del mar Negro y una ciudad de importancia no solo estratégica para el Kremlin, sino también histórica y cultural, por su papel en el imaginario imperial de lo que fue ‘Novorossiya’, algo que los nacionalistas rusos quieren revivir. Que Rusia se haga con el control de las costas del mar de Azov sería una catástrofe para Ucrania, y daría a Putin una victoria que podría vender en casa. Pero perder el control de todas sus costas, también las del mar Negro —donde además tienen aguas tres países de la OTAN: Turquía, Bulgaria y Rumania— sería una hecatombe económica, logística y de seguridad para Kiev.

El durísimo asedio a Mariupol, con tácticas de bombardeos masivos, abrumadores e indiscriminados que Putin ya usó en las guerras de Siria y Chechenia es, además, un augurio terrible para otras ciudades ucranias como Járkov, Kiev o Chernihiv. Las tropas rusas ya están asediando duramente esta última localidad, en el norte de Ucrania y en el camino entre Bielorrusia y Kiev. Allí, los repetidos bombardeos contra la infraestructura crítica están llevando a sus 300.000 habitantes a una situación desastrosa, según el alcalde, Vladislav Atroshenko. La ciudad ya no está conectada a la red eléctrica, algunas zonas carecen agua potable y los suministros de gas pueden agotarse en 24 horas, según el alcalde.

En Mariupol, hace días que las tiendas están saqueadas, según ha relatado Sasha Volkov, empleado de la Cruz Roja Internacional. Cada vez hay más enfermos por el frío. Artem Seredechni sigue las noticias al minuto, temblando de impaciencia para que se acuerde un corredor humanitario para que los más de 200.000 civiles que, según las autoridades locales, están atrapados en una situación desesperada, puedan salir. “La gente usa la nieve para obtener agua y cocinan lo que pueden y como pueden en fogatas al aire libre. Esto es el siglo XXI, no están cubiertas las necesidades humanas más básicas: seguridad, tranquilidad y recursos que permiten llevar una vida normal”, se lamenta.

El ataque al hospital materno-infantil de Mariupol —que Rusia ha justificado alegando, sin pruebas, que se usaba como base para una milicia radical— ha desatado la condena internacional. El presidente ucranio, Volodímir Zelenski, ha acusado al Kremlin de nuevo de cometer “crímenes de guerra”. El jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, lo ha definido como un “crimen atroz”. El ataque aéreo al centro sanitario de la ciudad portuaria es el tercero a un hospital materno-infantil desde que empezó la invasión, según la ONU.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.

Contenido exclusivo para suscriptores

Lee sin límites





Source link

top