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Tanques de fuerzas prorrusas, este domingo cerca de Mariupol.
Tanques de fuerzas prorrusas, este domingo cerca de Mariupol.ALEXANDER ERMOCHENKO (REUTERS)

La directiva de Vladímir Putin a sus Fuerzas Armadas sobre las operaciones a llevar a cabo en Ucrania, y su propósito, parte esencial de la misma, son desconocidos, pero susceptibles de ser estimados merced a los diferentes esfuerzos tácticos de sus tropas de invasión, los efectos de sus acciones y las consecuencias generadas, de tal forma que se podría realizar un balance muy aproximado sobre la satisfacción de las premisas del presidente ruso con el curso de su guerra, y también se apreciaría la eficiencia militar rusa en la ejecución, al parecer con luces y sombras.

Para ese balance operacional será necesaria la traza de sus movimientos, la influencia del terreno, la velocidad de consecución de los objetivos militares rusos, los medios utilizados, el funcionamiento de su logística, etcétera, y algo de gran importancia, la actitud y eficacia de las Fuerzas Armadas ucranias, que bajo un fuerte liderazgo político han implementado, en un plazo muy breve, una estrategia compuesta, a base de las acciones convencionales de sus ejércitos y las” irregulares” de sus ciudadanos con una somera preparación militar y la utilización de procedimientos expeditos y armamento ligero.

Por lo que se está comprobando a través de las informaciones disponibles, en el ideario de Putin se trataría de anexionar, definitivamente, los territorios ucranios de mayoría rusófona a la Federación de Rusia, desde el Donbás hasta Moldavia (Transdniéster), de derribar el Gobierno prooccidental de Ucrania, y de disuadir a la OTAN, y a la UE, de sus políticas sobre “el extranjero próximo ruso” (así habría que interpretar el bombardeo ruso del día 17 sobre el aeropuerto de la ciudad de Lviv, cercana a Polonia); a estas finalidades habría que añadir, en esta nueva fase, la implementación de un castigo colectivo al pueblo ucranio, por otra parte no novedoso en la historia reciente.

Esta pretensión supone la intención de deponer al Gobierno actual de Ucrania, de ahí su esfuerzo principal sobre Kiev, la asfixia económica, energética y social del Estado ucranio, la destrucción de sus centros vitales de producción, la eliminación de su salida al mar Negro y el de Azov, vieja aspiración imperial y soviética, provocando un terror general, a modo de castigo, en las grandes ciudades, que genere una marea de refugiados, siempre problemática para las sociedades occidentales que las reciben; finalmente, el recuerdo a Occidente de la clave de su doctrina nuclear, su disposición al primer uso de la misma (First Use) como disuasión a toda intervención.

Es muy posible que la situación actual de las operaciones no concuerde con el estado final deseado por Putin, debido a los obstáculos encontrados por las tropas rusas, y que en este momento de evaluación se proceda a una reorganización de sus unidades, incluso detrayendo efectivos destacados en otros países de clara influencia rusa, como Armenia, Georgia (Osetia del Sur) e incluso Tayikistán, ante la imposibilidad táctica de compensar internamente, en el teatro ucranio, unidades del sur hacia el norte y viceversa, pues ambas zonas de operaciones son exigentes por las pérdidas sufridas; no hay que olvidar que las operaciones de cerco a las ciudades consumen muchos efectivos.

Es evidente que el esfuerzo principal de la invasión es el Norte-Sur que conduce a Kiev, pues su consolidación hubiera privado de liderazgo y dirección general de la guerra al bando ucranio, ahora reorganizado con la creación de un Mando Conjunto cívico-militar para la defensa de Kiev; sin embargo, este esfuerzo no ha conseguido sus objetivos, por cuestiones de todo tipo, en especial logísticas, de movilidad y de eficacia de la resistencia ucrania a la progresión.

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Se destaca la importancia de Crimea, como base de partida de fuerzas, de ahí su incorporación a Rusia desde 2014, posiblemente en los planes futuros de Putin, donde se genera un segundo esfuerzo de apoyo que se abate en tres direcciones : La Este-Oeste con la finalidad de consolidar el cerco de ciudades como Mykolaiv, todavía resistentes, y proseguir en dirección a Odesa; la Sur-Norte, interesando las centrales nucleares que abastecen de energía al sur de Ucrania, para proseguir, en su caso, sobre el curso del río Dniéper; una tercera en dirección Oeste-Este, para tomar el control de la ciudad de Mariupol, con el objetivo de cerrar sobre las provincias prorrusas del Donbás (inicialmente sobre Donetsk) y posiblemente con la intención de embolsar los dispositivos ucranios en la zona, en combinación con fuerzas rusas procedentes, quizás de Járkov (sobre Lugansk inicialmente) y, finalmente, un cuarto esfuerzo naval (14 barcos anfibios y de apoyo) que se estaría posicionando y realizando operaciones de toma de contacto (bombardeos) frente a Odesa, dispuesto para una operación anfibia que enlace con las anteriores, en su momento.

Soldados ucranios cubren los cuerpos de unos fallecidos tras el ataque ruso a una escuela militar en Mykolaiv, este sábado.
Soldados ucranios cubren los cuerpos de unos fallecidos tras el ataque ruso a una escuela militar en Mykolaiv, este sábado.BULENT KILIC (AFP)

El valor de Crimea se incrementa, sin duda, por la ubicación, al parecer, de varias unidades de misiles Iskander-M, con capacidad nuclear y convencional, con un alcance de 500 kilómetros, en el límite de la antigua prohibición de desplegar misiles de alcance intermedio en Europa (Tratado INF, hoy obsoleto).

La situación, después de 25 días de operaciones, con muchas sombras, sin duda, no se parecería, del todo, al estado final deseado por Putin en esta primera fase, ya que ha conseguido una penetración general en todas la fronteras con Ucrania, alcanzando o cercando los objetivos energéticos, impulsando una emigración acelerada hacia Occidente y cerrando, prácticamente, la salida al mar de su vecino defensor, arruinando por lustros su economía, aunque por el momento la toma de las grandes ciudades les sea negada a los rusos por la necesidad de grandes efectivos; quizás la mayor desviación sobre lo esperado sea el factor tiempo, que ha servido para la aparición de una gran reacción mundial hostil, la implementación de sanciones económicas cada vez más eficaces, y la reafirmación de que la OTAN y una UE más fortalecida son más necesarias que antes, a la par del incremento del presupuesto de Defensa de varios países miembro.

Es muy posible que se haya producido un cambio de fase, por el severo desgaste a que les han sometido la defensa ucrania y las reducidas comunicaciones, no previstas suficientemente, con la sustitución rusa de unidades, ligeras, aerotransportadas, aeromóviles y paracaidistas, más sutiles, por una segunda línea fuerte en carros de combate, artillería de campaña y lanzacohetes, típica de la más antigua doctrina militar rusa, por el empleo preponderante de su misilística y el progresivo aumento de las acciones aéreas; aspectos que promoverán, aún más, la destrucción de las infraestructuras y ciudades sitiadas, evitando el combate en población intenso con personal no muy cualificado.

Es de destacar, en el ritmo de progresión ruso, su factor humano, de alguna forma motivado para “unas maniobras” que han desembocado en una invasión, después de un adiestramiento en las fronteras norte y este, largo y duro, con privaciones; también el retraso de la invasión, que hubiera tenido más velocidad en una época más temprana, con un terreno endurecido por la helada, en lugar de la impracticabilidad del barro ucranio, muy conocida por los rusos por otra parte, que les liga a las vías de comunicación, con columnas interminables, mala gestión de la circulación y gran consumo de combustible, hostigadas espléndidamente por las tropas de los invadidos.

Es de destacar la todavía reducida presencia detectada, quizás neutralizada, de los spetsnaz rusos (tropas especiales pertenecientes al Servicio de Inteligencia Militar ruso, el GRU), que preparan las acciones penetrando previamente en profundidad, actuando al amparo de las tácticas híbridas.

Pero por encima de todo brilla el factor humano, el soldado ucranio, el ciudadano militarizado, que comprueban como el otrora hermano ruso destruye su nación para el futuro, sumiendo su libertad en un entorno autoritario.

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Durante la década que presidió la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso (Lisboa, 65 años) se reunió en 25 ocasiones con Vladímir Putin. A él le tocó bregar con la anexión rusa de Crimea, la crisis que en 2014 anticipó esta guerra. En uno de aquellos contactos Putin le aseguró que su ejército no estaba detrás: “Te garantizo que si fuesen las Fuerzas Armadas rusas, nosotros tomábamos Kiev en menos de dos semanas”. Tras la actual invasión de Ucrania, Durão Barroso cree que fue la formulación de un deseo aunque duda de si ya entonces era un objetivo. Está convencido de que el resentimiento por la pérdida de influencia de Rusia alimentó esta guerra y de que la Unión Europea necesita una política de defensa y de seguridad energética que la haga menos vulnerable. En una entrevista celebrada este sábado en Lisboa, Durão Barroso, que preside en la actualidad la Alianza Global para las Vacunas, no descarta que Ucrania se convierta en un estado dividido.

Pregunta. ¿Es el resentimiento histórico de Putin el combustible de esta guerra?

Respuesta. Sin duda es uno de los elementos fundamentales junto a su profundo sentimiento nacionalista. Putin es un producto del resentimiento por causa del declive de Rusia. No por la pérdida de la URSS, sino por la pérdida del poder y la influencia que tuvo Rusia. Es, además, una mezcla extraña de oportunismo y emotividad. Hay una parte en él racional, que actúa tácticamente viendo hasta dónde puede ir, y otra emocional. Últimamente parece que lo emocional prevalece sobre lo racional y que los límites que antes respetaba ahora ya no existen. No podemos excluir nada.

P. ¿Tampoco una derivada nuclear o el ataque a otro país?

R. Estamos en una situación extremadamente peligrosa porque lo cierto es que él ya habló de la cuestión nuclear y aunque probablemente no tenga la intención de atacar directamente a un país de la OTAN, no excluyo que pueda ir más allá de Ucrania. Como consecuencia de esta crisis podrá haber problemas en los Balcanes y no los descarto en países de la OTAN, como Polonia o Lituania. Es importante que tengamos una gran disciplina porque Putin no va a desistir de alcanzar su primer objetivo, que es acabar con la autonomía de Ucrania como actor internacional. Quiere destruir lo que llama la anti-Rusia. Otro objetivo es colocar a Rusia como una potencia geopolítica de primera.

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P. ¿Volverá Europa a tener un país dividido como Alemania tras la Segunda Guerra Mundial?

R. No lo sabemos, pero Putin, en sus intervenciones, se refirió a una parte de Ucrania más ligada a Occidente y otra como parte de Rusia. El escenario de una Ucrania dividida no se puede excluir en la Europa del siglo XXI.

P. ¿Prevé una guerra larga?

R. Aparentemente ya es más larga de lo que deseaba Putin, que está encontrando una resistencia del pueblo ucranio notable, heroica incluso. Están dispuestos a morir por su país; cuando eso ocurre es la prueba clara de que se trata de una nación, aunque Putin lo niegue. Muchos analistas consideran probable que Rusia gane esta fase y controle Kiev, pero luego encontrará una resistencia. Ucrania es un país más grande que Francia y no será fácil controlar un país donde la mayoría de la población no acepta al invasor. A partir del 24 de febrero el mundo cambió, hay consecuencias geopolíticas y geoeconómicas profundísimas. En Europa tenemos que estar preparados para el largo plazo con paciencia y determinación estratégicas porque esto tendrá consecuencias en nuestras sociedades. En ese sentido será una guerra prolongada.

P. ¿Quién gana con esta guerra y el qué?

R. Nadie gana. En primer lugar, pierde mucho Ucrania ante su tragedia, también pierde Europa ante un país europeo que está a sufrir y a ser decapitado, pero tampoco gana Rusia. Putin está cometiendo un error que los líderes de los imperios han cometido a menudo que es extender demasiado su dominio. No hay dudas de que esto tendrá consecuencias, no sabemos cuándo, dentro de Rusia. Está claro que Rusia no está entusiasmada con esta guerra. Hay una parte de la sociedad que está incluso en contra.

P. Se reunió con Putin en 25 ocasiones. ¿Qué ha cambiado en él?

R. El Putin que yo conocí tenía elementos de racionalidad y hacía análisis de coste-beneficio, de vez en cuando tenía arranques emocionales, pero eran relámpagos en medio de una actitud general calmada, a veces cínica. No estoy con Putin desde una cumbre en Turín en 2014 para encontrar un acuerdo entre Rusia y Ucrania. Ahora cuando lo veo proyectar resentimiento, odio y espíritu de venganza, me lleva a pensar que la emoción domina su parte más racional. Creo que cambiaron el hombre y las circunstancias, pero sobre todo cambió el análisis que Putin hace de las circunstancias. Él considera que Rusia es más fuerte después de Siria y EE UU, más débil después de Afganistán. Desde 2014 ha modernizado las fuerzas armadas incluso con equipamiento nuclear más sofisticado, con los ingresos de los combustibles fósiles ha acumulado un considerable tesoro de guerra y tiene un control sobre la sociedad que no tenía entonces. Hoy en día Rusia es un país abiertamente autoritario, entonces estaba entre la democracia y el autoritarismo. Como él vio que Ucrania estaba escapando a su control, que estaba cada vez más “europea” y no era una Bielorrusia 2, ha intervenido ahora. No es verdad que haga esto porque Ucrania desee ingresar en la OTAN, es uno de los grandes equívocos en esta guerra. Es cierto que él no quiere que esté en la OTAN, pero es que eso no estaba en la agenda. Cuando él invadió Crimea no fue por la OTAN, fue porque Ucrania hizo un acuerdo de asociación con la Unión Europea. Putin no quiere que Ucrania sea un país de éxito, sería un desafío demasiado próximo a su poder. El objetivo de un dictador es siempre mantener el poder.

P. En el momento en que negociaron el acuerdo de asociación con Ucrania, ¿valoraron que podría avivar estos demonios en Rusia?

R. Con certeza, aunque entonces hay declaraciones de Putin diciendo que se oponía al ingreso de Ucrania en la OTAN pero que en principio no se oponía a la adhesión de Ucrania a la UE.

P. Pero era falso.

R. Era falso. Negociamos el acuerdo cinco años y solo al final, cuando estábamos en la cumbre para firmarlo, [Víktor] Yanukóvich nos dijo que no podía porque Rusia no le dejaba. Eso precipitó la revuelta del Maidán, que Putin continúa atribuyendo a la CIA, pero que fue un movimiento popular liderado por jóvenes que deseaban estar más ligados a Europa y que luego llevó a la fuga de Yanukóvich a Rusia y a la toma de Crimea por Putin en 2014. No hay que olvidar que los diferentes presidentes ucranios nos pidieron la adhesión a la UE y siempre les dijimos que no estaban en condiciones de ingresar pero que podíamos ofrecerles un acuerdo de asociación. ¿Con qué fundamento podíamos rechazar un acuerdo de asociación con Ucrania? Si lo hiciésemos, estaríamos aceptando aquello que Putin deseaba, que era una Europa dividida, habría una especie de Estados vasallos de Rusia.

P. En 2014, durante la invasión de Crimea, Putin llega a decirle que si quisiera tomaría Kiev en menos de dos semanas.

R. Cuando le confronté ante el hecho de que había militares rusos en Crimea, él de manera cínica llegó a decir que no eran militares, sino rusos que estaban de vacaciones y fueron llamados por sus amigos del otro lado de la frontera para ayudarles. Para probar esto, Putin me dijo ‘te garantizo que si fuesen las fuerzas armadas rusas, nosotros tomábamos Kiev en menos de dos semanas’. En aquel momento no estaba diciendo que Rusia iba a invadir Ucrania, pero ahora lo interpreto como una manifestación, deliberada o no, de un deseo, no sé si entonces sería ya un objetivo.

P. ¿Se pecó de timidez en la respuesta europea a la anexión de Crimea en 2014?

R. No me parece correcto hacer juicios hipotéticos retroactivos. Cuando hay una flagrante violación del derecho internacional se puede reaccionar de tres formas: no hacer nada, ir a una respuesta militar y una intermedia que es la de las sanciones. Aunque no resuelvan el asunto —yo tengo muchas dudas sobre su eficacia—, incluso las actuales, que son muy fuertes pero no serán suficientes para modificar el comportamiento de Putin, son una forma de castigar al agresor. Pienso que la UE tiene más disponibilidad para ir más lejos que en 2014.

P. ¿Qué más se puede hacer?

R. Rusia está quedando aislada de la mayor parte del mundo. En la votación de la ONU solo le apoyaron Bielorrusia, Corea del Norte, Siria y Eritrea. Ni siquiera Cuba o Irán tuvieron el coraje de apoyar a Rusia porque la opinión pública mundial está contra esto. No solo han sido las sanciones económicas, también el aislamiento diplomático y las sanciones deportivas, que son muy importantes porque hacen que el pueblo ruso se pregunte qué ocurre. Está también en discusión la retirada de Rusia de la cláusula de la NMF (Nación Más Favorecida), lo que permitiría a los países europeos poner más aranceles a las importaciones rusas.

P. ¿Cómo cambiará esta guerra el proyecto europeo?

R. Me gusta citar a Jean Monnet, uno de los padres fundadores de la Comunidad Europea, que decía que se haría en respuesta sucesiva a crisis sucesivas. Siempre ha sido mi visión. Europa es un proceso progresivo muchas veces frustrante porque es lento, fragmentado y contradictorio, pero cuando hay una crisis acaba por dar pasos importantes. Ahora la UE ha roto tabúes al aceptar el envío de armas a una región en conflicto. La UE no puede ser solo una reunión de boy scouts supranacionales, existe para proteger los intereses y los valores de los europeos, para que Europa sobreviva en este mundo peligroso.

P. ¿Debe haber más independencia de EE UU?

R. En el mundo tenemos una China más asertiva, una Rusia más agresiva y unos EE UU más imprevisibles, como vimos con Trump. En este momento la confluencia es buena, pero ¿sería así con Trump en la Casa Blanca? Los europeos no están hoy en condiciones de abandonar la OTAN. Yo estoy a favor de la Alianza Atlántica, pero creo que es posible reforzar su pilar europeo. La identidad europea de seguridad y defensa tiene todo el sentido, de ahí también el valor y el significado histórico de la decisión de Alemania de aumentar su gasto militar a más del 2% del PIB. Convendría que Alemania hiciese este esfuerzo en un contexto europeo para invertir en instrumentos colectivos europeos de defensa.

P. ¿Qué salidas tiene Europa para resolver la dependencia del gas ruso?

R. Hay que reconocer que ahí se debería haber hecho más y es extraño que no se haya hecho. Tuvimos dos crisis energéticas durante mi mandato debido a los problemas entre Rusia y Ucrania. Por eso decidimos construir más terminales de gas natural licuado y redes para distribuir gas entre países europeos, pero luego se frenó ese esfuerzo de seguridad energética, no sé si fue por alguna confluencia de intereses o ingenuidad, pero Alemania es uno de los países que siguieron pensando que podían estar tranquilos con el suministro de Rusia y ahora vemos que este problema no está resuelto. Son lamentables las dificultades que permanecen en el pasaje de los Pirineos. Francia tiene que revisar su posición porque una vía de llegada de más gas a Europa es la que entra por España y Portugal. Tal vez es el momento de resolver esa cuestión.

P. ¿Qué errores cometieron la OTAN y la UE en su relación con Rusia tras el fin de la URSS?

R. Aunque esto no justifica lo que está haciendo Putin, creo que se cometieron errores. Hubo posiciones en EE UU percibidas como humillantes por Rusia. No fue correcto en la cumbre de Bucarest de 2008 que George W. Bush insistiese en que Georgia y Ucrania tenían las puertas abiertas para entrar en la OTAN cuando no está en la agenda esa adhesión. El propio Obama cometió un error grave cuando dijo que Rusia era solo un poder regional. No hay necesidad de humillar a los demás. Eso alimenta el resentimiento y, ya sea entre personas o entre países, es siempre una mala opción. Del lado europeo intentamos explicar a Rusia que la veíamos como parte de nuestra civilización, aunque tengamos diferencias. Una vez le pregunté a Putin si era el CEO de Gazprom porque decía que teníamos una posición antirrusa porque queríamos limitar a Gazprom, teníamos que explicarle que entonces también nos podrían considerar antiamericanos por querer limitar la posición de Microsoft. Pero a pesar de las tensiones que tuvimos en cuestiones energéticas o de derechos humanos, siempre procuramos mostrar respeto hacia Rusia como país.

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El presidente electo de Chile, Gabriel Boric, mantiene una antigua y estrecha relación política con la izquierda española y vínculos personales con los rostros de su generación, como Pablo Iglesias e Íñigo Errejón. Al margen de la rivalidad entre ambos que no ha decaído con el paso del tiempo —en 2019, Errejón abandonó el Podemos de Iglesias y fundó su propia organización, Más País—, el próximo mandatario chileno se mueve cómodamente con sus aliados españoles, pasando por alto las diferencias locales: la deriva del partido, que buscó una alianza con la izquierda tradicional y comunista (IU) que Errejón no compartía; el discurso menos templado que enarboló la formación o la estrategia con el socialista Pedro Sánchez en la investidura fallida de 2016 acabaron por provocar la ruptura entre ambos.

El pasado 9 de enero, cuando Boric estaba en plena conformación de su Gabinete, con una tensión máxima entre moderación y mayor radicalidad que empuja parte de su coalición, publicó en Twitter una fotografía con un extracto del libro de Errejón Con todo: de los años veloces al futuro. “Los revolucionarios se prueban cuando son capaces de generar orden. Un orden nuevo, pero orden, que dé certezas y que incluya también a la mayor parte de quienes estaban en contra de él”.

Este miércoles, en tanto, participó en el tercer episodio del podcast La base que conduce Iglesias, exvicepresidente del Gobierno hoy fuera de la política institucional, donde Boric reiteró la necesidad de la amplitud: “Los cambios estructurales no son posibles si no son mayoritarios en la sociedad”, aseguró el líder del Frente Amplio chileno, que la próxima semana cumplirá 36 años, justo a un mes de llegar a La Moneda el 11 de marzo.

En un pasado no tan lejano, era Boric y la generación de la nueva izquierda chilena la que miraba con atención los pasos de Podemos. Para las elecciones generales de España de diciembre de 2015, el presidente electo filmó un vídeo de apoyo junto a Giorgio Jackson —que será ministro político en su Gabinete— donde declaraban estar mirando con atención su experiencia.

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En una entrevista de 2015 con EL PAIS, Boric explicaba los fuertes lazos políticos con la formación que lideraba Iglesias y sus semejanzas entre el proceso chileno y español: “Bipartidismo, consenso neoliberal, escaso recambio generacional, desmovilización de la sociedad, progresiva privatización de servicios básicos y derechos sociales”. Observaban el despliegue territorial y seguían de cerca sus discusiones teóricas. Boric contaba que había leído recientemente Construir pueblo, de Íñigo Errejón y Chantal Mouffe —ella es la inspiración teórica del Frente Amplio, al menos en sus inicios—, y seguía los programas de La Tuerka y Fort Apache, conducidos por Iglesias.

Pero Boric, aunque anunciaba con confianza que en cinco años darían vuelta el tablero político —lo que resultó una premonición exacta— se alejaba de la tentación de imitar la experiencia española: “Buscamos un camino propio, sin calco ni copia”. Es, justamente, lo que el dirigente conforma en Chile: candidato a la presidencia por el bloque Apruebo Dignidad, del Frente Amplio y el Partido Comunista, ganó la segunda vuelta ante el ultraconservador José Antonio Kast ampliando su base electoral hacia los sectores moderados de la izquierda. Su Gabinete ha sido el reflejo de esta apuesta, con un socialdemócrata en Hacienda, el economista Mario Marcel.

Hoy por hoy, es la izquierda española la que mira con atención a Boric, como explica Errejón a EL PAIS. “Ellos lo han hecho mucho mejor [que nosotros]. La historia del Frente Amplio es la que podía haber sido la historia de Podemos de haber tomado las decisiones correctas”, concluye el diputado español. “Es curioso que ellos se inspiraron mucho en nosotros al principio y luego continuaron el camino haciendo las cosas mejor e imprimiendo un rumbo diferente que era capaz de integrar a personas que venían ya convencidas de la izquierda y llegar a sectores mucho más amplios”.

La relación entre Boric y Errejón viene de hace muchos años, aunque el parlamentario no precisa fecha. Se conocieron en Chile tiempo atrás, pero estrecharon lazos en 2018, a partir de la participación de Errejón en Santiago en el cierre del congreso A toda marcha, de Revolución Democrática, el partido de Jackson, mano derecha de Boric. Entonces, el hoy líder de Más País aún formaba parte de Podemos, pero llevaba años alejado de Iglesias. Las disconformidades entre ambos acabaron por hacer imposible la convivencia y en 2019, pocos meses antes de las elecciones autonómicas de Madrid, Errejón tomó la decisión de abandonar el partido.

Para José Pablo Ferrándiz, director de Opinión Publica y Estudios Políticos de Ipsos España, “en el Podemos inicial”, Iglesias y Errejón formaban un “tándem parecido” al que habían sido otras parejas de la izquierda antes: Felipe González y Alfonso Guerra o José Luis Rodríguez Zapatero y Alfredo Pérez Rubalcaba. “Iglesias era el más europeísta y Errejón el latinoamericanista”. Su nexo con la región venía de sus estancias en Bolivia, Argentina, Ecuador o Venezuela. “Esa combinación de estrategias”, la de Errejón basada en el nacional-populismo, “funcionó muy bien porque supieron leer una crisis institucional importante” que estalló con el 15-M en Madrid, la protesta de los indignados, casi en paralelo a la movilización universitaria de 2011 en Chile que resultó la cantera de la generación política de Boric que en marzo llegará a La Moneda: el mismo Boric, Jackson, Camila Vallejo. “Sin cambiar el sistema electoral, rompieron el bipartidismo”, recuerda el analista sobre la experiencia española. Después, esas diferencias estratégicas fueron las que acabaron por alejarlos.

En conversación telefónica desde Madrid, Errejón apela a las similitudes entre las trayectorias de las dos fuerzas, desde el liderazgo en los movimientos estudiantiles con posiciones críticas con la Concertación de centroizquierda —que compara con el sistema de partidos de 1978 en España— hasta decidir dotarse de una herramienta política. ¿Cuánto de cerca está de Gabriel Boric ideológicamente? “Mucho”, responde. “Los dos partimos de una forma de ver la política que privilegia las especificidades nacionales. Nuestras trayectorias colectivas con el resto de compañeros han preferido siempre leer antes el sentido común de sus países que los manuales de la izquierda”, argumenta.

En la victoria de Boric, Errejón valora su “comprensión de la relación con el pasado”, que considera que el cambio “nunca es hacer tabula rasa” con lo que había antes. “Ganar es siempre incorporar una parte del adversario, y por lo tanto, Boric no ha ganado solo con los votos de la izquierda”, afirma el líder de Más País. “Ha tenido la capacidad de trascenderla con una voluntad muy transversal para incorporar a mucha gente que viene de posiciones muy diferentes. No ha sido el candidato de la unidad de la izquierda. Ha sido el candidato de la unidad de una mayoría muy amplia de los chilenos que incluye la izquierda, pero que va más allá”. En este sentido, Errejón afirma que esa concepción se parece mucho a la idea de “transversalidad del primer Podemos” que logró más de cinco millones de votos en las generales de 2015 y que la convergencia con IU acabó por enterrar.

Durante los últimos meses, la izquierda española ha seguido de cerca el proceso en Chile. En Podemos, la cúpula del partido ha hecho campaña a favor de Boric. En este caso, es la ministra de Igualdad y número dos de la formación, Irene Montero, quien tiene relación directa con el futuro presidente y buena parte de su equipo desde hace muchos años. Antes de la fundación de Podemos, Montero vivió una temporada en Chile mientras estudiaba la carrera de Psicología y está previsto que sea ella quien asista a la toma de posesión del mandatario en marzo. También la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, quien está llamada a ser la próxima candidata a la presidencia del Gobierno de Unidas Podemos (la coalición de Podemos con IU), lanzó un vídeo de apoyo a Boric horas antes de que abrieran las urnas. Díaz, que se sitúa según las encuestas como la líder política mejor valorada, ha abogado en los últimos meses por construir un proyecto de país que recupere la transversalidad y vaya más allá de “la esquinita” a la izquierda del PSOE. Un planteamiento que pasaría por volver a entenderse con una parte de los cuadros con los que Unidas Podemos rompió en el pasado, fundamentalmente el dirigente de Más País. La relación personal entre la también ministra de Trabajo y Errejón es buena y mantienen contacto permanente, sobre todo por temas relacionados con la legislación laboral. Pero Díaz no pertenece a Podemos, partido en el que las heridas con Errejón aún no han cicatrizado.

El propio Iglesias conoce bien a Boric. Cuando se han visto en Madrid no solo han hablado de política, sino que han compartido en instancias personales, como la visita a tabernas míticas de la capital española donde han probado juntos vinos del sur de España, tal y como ha relatado el exvicepresidente. Iglesias, que como Errejón se han convertido en rostros habituales en los medios de comunicación chilenos, en una entrevista en CNN Chile de hace algunas semanas reconocía que en política “es muy difícil tener éxito si a veces no tomas una posición incómoda”. Sobre las alianzas del nuevo mandatario chileno apelaba al “talento y la habilidad” de su equipo para llegar a acuerdos. “En política se llega a acuerdos con los que piensan diferente, no con los que piensan igual que tú, ahí no tiene ningún mérito. Lo que han conseguido en esta campaña, que es representar una voluntad enormemente diversa de la ciudadanía chilena, tendrá que implicar que buscarán acuerdos en última instancia para hacer realidad un programa que es ambicioso pero al mismo tiempo básico”, declaró Iglesias al canal de televisión.

En el círculo de Boric se asegura que el presidente electo no ha pasado por alto los errores que ha cometido Podemos en los últimos años, lo que ha representado un aprendizaje para la izquierda chilena. Pero los lazos siguen muy vigentes. La pareja del chileno, Irina Karamanos, que cumplirá las funciones de primera dama en el próximo Gobierno, pocos días después del triunfo publicó en Twitter una fotografía rodeada de mujeres. “Unidas armando plataforma feminista internacional, intercambiando nuestras agendas y herramientas entre Apruebo Dignidad y dirigentas internacionales de La Cámpora de Argentina, Podemos de España, Bloque Nacionalista Galego y el Partido de Izquierda francés”, aseguró la dirigente feminista del partido Convergencia Social, donde milita el futuro presidente.

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