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Mucha atención, que se conoció un retrato hablado del presunto homicida de la joven Kelly Johana Tamayo Bohóquez, ocurrido la madrugada del pasado 30 de enero, en el parque Biosaludable El Vergel de Buga; así, lo dio a conocer el coronel Nelson Dabey Parrado, comandante del departamento de policía Valle.


Una transeúnte, ante un cartel que retrata a Putin en Simferopol, Crimea.
Una transeúnte, ante un cartel que retrata a Putin en Simferopol, Crimea.STRINGER (AFP)

Rusia sufrió el miércoles una importante derrota política, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó por amplia mayoría una resolución que condena la invasión de Ucrania. Hubo 141 votos a favor y 5 en contra, incluyendo el de Moscú. Se abstuvieron 35 países y otros 12 no votaron. La resolución no es vinculante, pero constituye un significativo revés y ofrece un retrato del estado de las relaciones internacionales en medio de este gran choque que redefinirá el orden mundial.

La lectura general es cristalina. Las democracias liberales lograron aglutinar tres cuartas partes de los Gobiernos del mundo contra la invasión rusa; el Kremlin solo obtuvo el respaldo de cuatro dictaduras, Bielorrusia, Siria, Corea del Norte y Eritrea. El campo de aquellos que optaron por abstenerse no llega al 20% en número de votos, pero supone una parte considerable de la población mundial, al figurar en él países como China, India, Pakistán, Irán o Sudáfrica. Por su importancia económica, este es el sector en el que Rusia puede encontrar oxígeno para hacer frente a las sanciones occidentales. También hay algunos países que han votado contra Moscú en la Asamblea General, pero que no avalan el cuadro sancionatorio. Entre los que directamente no votaron, llama la atención Marruecos, y también se encuentra Venezuela, aunque el país latinoamericano no tiene derecho a votar por impago de las cuotas de la ONU.

Detrás de este esbozo general hay muchos elementos significativos que describen la dinámica de equilibrios del mundo hoy, en un momento en el que se libra un pulso geopolítico de intensidad inaudita desde el fin de la Guerra Fría. A continuación, una descripción de algunos de los más relevantes.

El dilema de China

La invasión rusa ha colocado a China ante un complejo dilema. Pekín ha ido estrechando progresivamente lazos con Rusia en los últimos años. Llegó a declarar a principios de febrero que su alianza con el Kremlin “no tiene límites”. Pero ahora la agresión rusa incómoda al gigante asiático, y la abstención en la ONU es un claro reflejo de ello. China recela ante varias dinámicas que la invasión ha desatado: desde la desestabilización general que daña la economía mundial, hasta el fortalecimiento del vínculo occidental, pasando por el ensayo de andanadas de sanciones. El rechazo amplísimo en la ONU a la acción rusa complica enormemente su apuesta de presentarse como socio de un país considerado hoy un paria por gran parte del mundo. Previsiblemente, China no abandonará Rusia. Que el acercamiento entre las dos potencias haya sido una apuesta personal de Xi Jinping —que cultivó sus lazos con Vladímir Putin— consolida esa tesis. Pero, sin duda, China está recalibrando. La muestra más clara de ello ha sido la decisión de congelar las operaciones con Rusia y Bielorrusia adoptada este jueves por el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, liderado por Pekín.

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India no se mueve

El otro gigante asiático también se abstuvo en la votación de la ONU, una decisión que demuestra la pervivencia de los lazos históricos de la India con Rusia en el sector de la Defensa. Moscú ha sido el gran proveedor de armas de Nueva Delhi durante décadas y eso sigue pesando. La India tiene en China a su gran rival estratégico, pero su abstención indica que no acaba de alinearse plenamente con el bando de las democracias liberales —tanto las occidentales como las orientales de Japón, Corea del Sur, Australia, etc.— cuyo posicionamiento ha sido meridiano.

Europa unida

El continente ha votado de forma unánime contra Rusia. Resulta interesante que esto incluye incluso a Serbia, país con una fuerte conexión con Moscú, cuyo presidente había denunciado presuntas presiones occidentales en vísperas del voto. Hungría, socio europeo tradicionalmente más próximo al Kremlin, también ha votado a favor de la condena de Moscú. Esto muestra la pérdida de simpatías que sufre Rusia por la invasión de Ucrania. Turquía, país euroasiático que desde hace un tiempo intenta mejorar sus relaciones con Rusia, tampoco ha titubeado.

La frialdad de potenciales aliados rusos

La resolución votada en la ONU en 2014 para condenar la anexión de Crimea arrojó un resultado de 100 votos a favor, 11 en contra y 58 abstenciones. La brutalidad del ataque hoy ha propiciado un significativo desgaste de la diplomacia rusa. Entre los países que apoyaron hace 8 años al Kremlin y han optado ahora por la abstención figuran Cuba, Nicaragua, Bolivia o Armenia.

Los vínculos africanos del Kremlin

El continente africano ha registrado una veintena larga de abstenciones o no votos, lo que refleja la fuerte influencia de Rusia en la región. Este es sin duda el caso de países como Argelia, Malí o República Centroafricana, con los que el Kremlin cultiva una estrecha relación, a veces incluso ofreciendo seguridad a sus respectivos Gobiernos.

Marruecos calla

Muy llamativa es la decisión de Rabat de no ejercer su derecho de voto. Las explicaciones oficiales no dan pistas acerca de los verdaderos motivos. Cabe pensar que es una iniciativa diplomática vinculada al principal objetivo político de Marruecos: el Sáhara Occidental. Rabat, en plena ofensiva para avanzar sus intereses en ese asunto, reclama nuevos gestos a la Administración estadounidense. Es posible que denegar su apoyo a una iniciativa tan importante para Washington como la votada este jueves en la ONU pudiera complicar las cosas para Rabat en la Casa Blanca de Joe Biden, menos favorable que la de Donald Trump.

Abstenciones antioccidentales

Países de cierto peso como Irán, Pakistán, Vietnam o Sudáfrica también se han abstenido. En muchos de estos casos, la lectura principal no es tanto una especial cercanía estratégica con Rusia, como más bien un persistente reflejo del recelo que sienten a alinearse con Occidente. Hay países, como evidentemente es el caso de Sudáfrica, cuya postura podría bascular.

América Latina

La región ha votado de forma muy mayoritaria contra Rusia, con la excepción de las abstenciones de Cuba, Nicaragua, Bolivia, El Salvador (y el no voto de Venezuela). Tanto Brasil, el gigante de la zona, como Argentina, han acabado votando contra Moscú, pese a ciertos amagos de neutralidad al principio de la invasión y a los lazos que los unen al Kremlin. En el caso de Brasil casi más de corte ideológico-personal, por la sintonía de su presidente, Jair Bolsonaro, con Vladímir Putin; en el de Argentina estos vínculos tienen una dimensión geopolítica mayor. Los mandatarios de estos dos países han sido recibidos recientemente en el Kremlin, pero finalmente se han alineado con el campo de las democracias, aunque con matices y escepticismo hacia sanciones aplicadas a Rusia.

Países del Golfo

Llamativo es el cambio de posición de los Emiratos Árabes Unidos, que en la votación en el Consejo de Seguridad se abstuvo y, en cambio, votó contra Rusia en la Asamblea General. Es posible que en el primer voto pesara cierto malestar por la posición adoptada por EEUU en los ataques lanzados por los huthis de Yemen. En los días siguientes han reconsiderado su postura. Resulta significativa la abstención de Irak, país invadido por Estados Unidos hace dos décadas, y que ha consolidado en estos años sus lazos con China, Rusia e Irán, aunque en medio de fuertes turbulencias internas.

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Un grupo de personas espera para recibir alimentos gratuitos en una iglesia de Caracas en mayo de 2020.
Un grupo de personas espera para recibir alimentos gratuitos en una iglesia de Caracas en mayo de 2020.Ariana Cubillos (AP)

Mientras los bomberos intentaban abrir la puerta del apartamento del profesor universitario Pedro Salinas, se escuchaban sus quejidos de fondo en un video que circuló en redes sociales. Al ingeniero de 83 años en estado de deshidratación le diagnosticaron desnutrición y depresión. Estaba junto al cadáver de su esposa, Ysbelia Hernández, de 74 años, bioanalista y abogada de la comunidad de la Universidad de Los Andes, en Mérida, al occidente de Venezuela. El cuerpo de la mujer también tenía signos de desnutrición. Había muerto de un infarto, según las primeras declaraciones de los rescatistas.

La noticia de encontrar a dos profesores universitarios muertos o a punto de morir por desnutrición es verosímil en la Venezuela de 2022. Por ello, pese a que algunos familiares de la pareja desmintieron desde el extranjero que los ancianos estuvieran en situación de abandono y aseguraron que había comida en la despensa de su casa, el caso de Hernández y Salinas, que se recupera en un hospital, se convirtió en el amargo retrato de todo un gremio que sobrevive con salarios de hambre.

Un profesor universitario en Venezuela percibe un salario de entre 3 y 11 dólares mensuales, la remuneración más baja de América Latina. Los de mayor rango, como Salinas, que es una eminencia en ecología, estudios forestales y planificación de áreas naturales protegidas, con formación en el Imperial College de Londres y director de revistas arbitradas, la remuneración puede alcanzar a 20 dólares al mes, una cifra muy lejana al precio de la canasta de alimentos en Venezuela que al cierre de 2021 superó los 400 dólares mensuales para una familia. “Nos han reducido a la indigencia”, reconoce Mario Bonucci, rector de la Universidad de Los Andes, la casa de estudios de la que la pareja se jubiló. “Estamos consternados”.

La Universidad de Los Andes es una de las más importantes del país y es el corazón de la ciudad de Mérida. Mirar sus números da una idea de cómo el sector universitario público ha sido arrinconado. Bonucci procesa a diario una o dos renuncias de personal de la casa de estudios. En cinco años, ha visto reducir a la mitad el número de estudiantes. Con el presupuesto que recibieron en 2021 del Estado cada dependencia de la universidad contó con apenas 295 dólares para funcionar durante un año. No hay comedor, ni transporte, ni becas estudiantiles, ni cobertura médica para los profesores. Hay áreas del campus cerradas por la imposibilidad de mantenerlas. Bonucci señala que están por medir nuevamente la deserción en la planta profesoral, no solo los números, sino el tipo de personal calificado que han perdido, un problema común en todas las universidades venezolanas.

En una reciente publicación de la Academia de Ciencias Físicas Matemáticas y Naturales, el investigador Jaime Requena advierte que son más los científicos que se jubilan y abandonan la profesión que los que cada año ingresan a ella en Venezuela. A la fuga de talentos que ha vivido Venezuela en los últimos años le pone un número: más de dos mil investigadores han dejado el país en dos décadas, refiere el estudio. En medio de la masiva migración que ha empujado a más de 6 millones de venezolanos a cruzar las fronteras huyendo de la crisis, las aulas se han vaciado y han quedado los más viejos, los profesores jubilados, como el relevo, una de las consecuencias menos visibles de la crisis humanitaria que atraviesa el país petrolero.

El Observatorio de Universidades evaluó en 2021 las condiciones de vida de la población universitaria en Venezuela y encontró que 8 de cada 10 docentes de 60 años o más sufre de enfermedades crónicas y a 9 de cada 10 se le dificulta adquirir medicamentos. Dentro de este grupo, 35% come menos de tres veces al día y otro 35% no recibe ningún ingreso extra a su salario del Ministerio de Educación Universitaria. Asimismo, 26% tiene más de tres años sin hacerse un chequeo médico o examen de rutina y 21% nunca logró comprar sus medicamentos.

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En la ULA, con ayuda de egresados, se ha recolectado ropa y zapatos para profesores y trabajadores que no tienen ni cómo vestirse. “Cuando se asigna un sueldo como el que tienen los profesores venezolanos, el Estado se desentiende de las universidades”, apunta Bonucci. Desde el año pasado, la organización Brigadas Azules también recoge regularmente comida y enseres básicos para profesores de la Universidad Central de Venezuela, en Caracas, en situación de vulnerabilidad. Esta misma semana corrió una solicitud de ayuda a otro profesor que requería desde medicamentos hasta jabón para su aseo y comida. La solidaridad y las campañas de recolección de donaciones y la ayuda humanitaria internacional que entra a cuenta gotas, son lo que sostiene a gran parte de los venezolanos. Cuando se habla de que 96% de los venezolanos vive en pobreza y de los 9,3 millones de personas en inseguridad alimentaria moderada y severa —datos de Encovi y del Programa Mundial de Alimentos, respectivamente—, también se habla de estos casos, profesionales que se han empobrecido por la voraz pérdida de valor del bolívar en Venezuela.

Al menos cinco millones de pensionados y casi dos millones de empleados públicos, entre los que se cuentan los universitarios, pertenecen al grupo más golpeado por la crisis y escapan a la burbuja de la dolarización que ha permitido la recuperación de algunos sectores económicos el último año. Un duro ajuste ha recaído sobre esta población en los intentos de Nicolás Maduro por maniobrar contra el alza de los precios. En los últimos dos años, el Gobierno ha sacrificado el gasto fiscal y mantiene un salario mínimo integral en 10 bolívares, que llega apenas a dos dólares mensuales, para contener el tipo de cambio y ponerle frenos a la hiperinflación de la que finalmente saldrá el país este 2022, sin que esto signifique un alivio total al alto costo de la vida en Venezuela. Aunque el Gobierno asigna bonificaciones mensuales, son insuficientes para alzar la cabeza en medio de la pobreza.

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Dieciocho años han pasado desde que el fotoperiodista brasileño Tuca Vieira, de 47 años, se subió con su cámara a un helicóptero con la misión de fotografiar São Paulo desde el aire para un gran reportaje. Durante aquel vuelo tomó una fotografía que es icono mundial de la desigualdad, uno de los retratos más famosos del abismo entre los ricos y los pobres en el mundo. Las piscinas en los balcones acaracolados del rascacielos y las pulcras canchas de tenis contrastan brutalmente con las chabolas de una favela en una composición que parece fruto del photoshop. Pero no, representa la brecha entre quien lo tiene todo (y sigue acumulando) y los desposeídos. Tan vigente en el Brasil de 2004 como en el actual.

Reproducida por cientos de publicaciones y webs, ha recorrido al mundo. Justo en estos días, en que 100 millonarios han aprovechado el foro de Davos para anunciar que quieren pagar más impuestos, se cumplen 18 años desde que la foto de la desigualdad fue primera página de Folha de S. Paulo. La desigualdad también se asoma a los titulares porque la riqueza de los diez hombres más pudientes del mundo se ha duplicado durante la pandemia, según Oxfam.

Pero, volvamos a la imagen. “Estábamos haciendo un reportaje para el 450 aniversario de São Paulo, que iba a ir en un cuadernillo”, contaba el fotógrafo Vieira al teléfono este martes. Entre las estampas de los momentos más gloriosos de la ciudad, quiso hacerla como contrapunto porque “es una dosis de realidad”. Gustó tanto a la jefatura, que fue a primera y a páginas interiores. Parte del mérito de la imagen que marcó su carrera fue de una compañera, Marlene Bergamo. Ella le sugirió que en el sobrevuelo echara un vistazo al linde entre la favela de Paraisópolis y la torre Penthouse en el barrio de Morumbí, un punto de la metrópoli que él no conocía.

La fotografía tiene dos lecturas, la brasileña y la extranjera, recalca el autor. En casa tuvo repercusión, claro, pero “solo alcanzó esa dimensión que tiene hoy al salir al exterior”. Cobró una nueva vida hasta convertirse en un fenómeno, en un icono global, cuando fue publicada en Europa. El año pasado, Vieira repitió la foto desde la misma perspectiva. Poco ha cambiado. La divisoria aparece más nítida. El cambio más visible son los árboles que tapan la vista de la favela. Es la misma realidad, una que se suele contar con cifras.

En Brasil existe una verdadera obsesión por cuantificarlo todo. Por eso es constante el torrente de cifras que retratan la desigualdad socioeconómica en sus infinitas vertientes. En la avalancha de números recientes, sobresalen dos como puñetazos a la boca del estómago.

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La fotografía original, tomada en São Paulo en 2004. La segunda fotografía tomada en el mismo sitio 18 años después en 2021. Tuca Vieira

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Uno referente a São Paulo: los vecinos del peor barrio viven 23 años menos que los del mejor. La realidad de Marruecos y de Dinamarca en la misma ciudad, la más rica de América Latina. Los vecinos de Cidade Tiradentes mueren de media a los 58,3 años; los de Alto de Pinheiros, a los 80,9 años, según el mapa de la desigualdad 2021 elaborado por la ONG Rede Nossa São Paulo. Las separan un abismo socioeconómico y 50 kilómetros, una distancia que se puede recorrer en transporte público. Eso sí, son 2,5 horas y cuatro transbordos. Trayectos cotidianos para miles de niñeras o porteros.

El segundo dato, sobre Brasil. Los hombres blancos del 1% más rico tienen más renta que todas las mujeres negras y mestizas. Son unos 700.000 hombres que acaparan el 15% de la renta mientras ellas (el mayor grupo demográfico de Brasil) suman el 14,3%, según un reciente estudio de la Universidad de São Paulo.

El país vendría a ser un Belindia, el término ideado en los setenta por el economista Edmar Lisboa Bacha. Un ente fruto de la combinación de Bélgica e India. Un país con las leyes e impuestos de un Estado pequeño y rico, y la realidad social de un gigante pobre. Brasil es mucho más rico que hace medio siglo, pero esa riqueza sigue en manos de una minoría.

Desde que hace una década Rede Nossa São Paulo hizo el primer mapa de la desigualdad, poco ha variado. El coordinador general de la ONG, Jorge Abrahõ, explica que “hay pequeñas mejorías y retrocesos, pero en general está estancada”. Racalca que “lo realmente llamativo es que Brasil logra generar riqueza, pero no consigue repartirla”.

La brecha socieconómica disminuyó algo durante los primeros años de este siglo con los Gobiernos del Partido de los Trabajadores de Luiz Inácio ‘Lula’ da Silva, pero Brasil sigue firme entre los países más injustos del mundo. También en esos años el reparto de riqueza fue desproporcional. El problema radica en las estructuras de poder, en quiénes hacen las leyes… “Es parte estructural de cómo está organizado Brasil. Los gobiernos, incluso los bien intencionados, no pueden meterse con esas estructuras que perpetúan la desigualdad”, según Abrahõ.

Sostiene el especialista que Sao Paulo es un reflejo de Brasil. Con sus matices, como siempre en un país tan diverso y vasto. Duplica el tamaño de la Unión Europea con una población de 210 millones de personas descendientes de esclavos, inmigrantes blancos e indígenas.

Los contrastes evidentes a quien circula por São Paulo (una urbe de 12 millones de habitantes) están cuantificados en el mapa de la desigualdad. Entre el mar de datos medidos con el desigualómetro, algunos son realmente estremecedores. En los embarazos adolescentes, la diferencia entre el mejor barrio y el peor es de 60 veces; el abandono escolar de 70; la espera para una consulta médica básica de 12 veces, y la mortalidad por covid, el doble. En un tercio de distritos —barriadas de la periferia— no hay un solo tren, metro o tranvía en un kilómetro a la redonda, solo llega el autobús.

El fotógrafo destaca que su obra “tiene un poder simbólico, que dice mucho respecto a nuestra memoria colectiva, más allá del poder documental”. Porque la realidad es que la torre Penthouse cayó en decadencia, es considerada hortera. Y Paraisópolis, que creció hasta tocar los pies del rascacielos, es con sus muchas carencias una de las favelas brasileñas más ricas y dinámicas.

Cualquiera en Brasil sabe que los ricos de verdad —el 1%— no viven en edificios como el Penthouse. Se refugian en sus burbujas, urbanizaciones de lujosos chalés, césped y callecitas poco transitadas cercadas por muros y controles de seguridad. Ahí vive el Brasil que, como no ha podido viajar al extranjero, ha dado una temporada extraordinaria al sector del lujo local. La venta de Porsches está en niveles récord y la lista de espera para comprar un helicóptero es de 20 meses.

Pero cualquiera que pise la calle percibe cómo han aumentado los sintecho en São Paulo con la pandemia. Familias con niños se han sumado a las decenas de miles de desheredados o drogodependientes. Según el último recuento oficial, anterior al coronavirus, eran 24.000 personas, más que la población de algunos distritos. Algunas ONG estiman que ahora son el triple, 66.000. Para Vieira, esa es la imagen a la que nadie debería acostumbrarse.

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El entusiasmo generado por Jair Messias Bolsonaro se ha enfriado mucho entre los que votaron en 2018 a este polémico militar retirado con la esperanza de que sacara a Brasil de la grave crisis política, económica y de confianza que le impedía avanzar. Prometió regenerar la vida pública, reactivar la economía, combatir a la izquierda y la ideología de género, defender el derecho a las armas, mano dura y eficacia… Convenció y ganó las elecciones de manera contundente. Tres años y una pandemia después, la desilusión cala entre sus votantes como indican las encuestas y confirman los protagonistas de esta serie que nació para tomar el pulso al Brasil de Bolsonaro. A través de familias o personas elegidas al azar en cinco capitales brasileñas, EL PAÍS narró en 2019 las expectativas de sus seguidores (aquí lo puede leer) y en 2020 les pidió que hicieran balance del primer año de mandato (leer aquí). Los protagonistas de estas historias encarnan los grandes asuntos en la agenda bolsonarista.

Jair Bolsonaro durante la confederación nacional industrial el 07 de diciembre 2021.
Jair Bolsonaro durante la confederación nacional industrial el 07 de diciembre 2021. Getty Images (Getty Images)

A 10 meses de las elecciones generales, visitamos por tercera vez a los Prado Neves en Porto Alegre para conversar sobre economía, a Da Silva en Brasilia para hablar sobre combate a la corrupción y al pastor Galdino en São Paulo para preguntarle sobre valores. La familia de Salvador de Bahía que encarnaba el desafío de la seguridad pública ha declinado la invitación. Y como contrapunto, los Kardec-Chaves de Manaos, que no votaron por el actual presidente.

Los Prado Neves en Porto Alegre: Economía

“No lo voy a votar por el mal ejemplo que da”

Anriel do Prado Neves, de 26 años, que hace tres años colocó una pegatina de Bolsonaro en el coche que conducía para una aplicación de transporte, admite ahora que no votará por el capitán retirado en las elecciones de octubre de 2022. “Diré que ha sido incluso un buen presidente, hizo las privatizaciones necesarias. Pero no lo voy a votar por el mal ejemplo que da. No usa mascarilla, dice lo que no debe, generó una gran rivalidad “, explica el joven, que se ha emancipado y mudado a una ciudad vecina.

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La matriarca, la cuidadora de ancianos Ereni Azevedo do Prado, añade que “nadie está contento con el gobierno”. El impacto de la inflación es brutal, especialmente en los alimentos, que suma un 12,6% en 12 meses. “Cuando hace nueve años entré a trabajar en una de las casas donde trabajo, ganaba 90 reales (16 dólares, 14 euros) por noche. Ahora son 100 pero entonces con 2,5 compraba cinco kilos de arroz y ahora está a 30″, dice en su casa de Morro da Cruz, un barrio en la periferia de Porto Alegre, en el sur de Brasil.

Aunque ahora vive sola, ni siquiera con sus cuatro trabajos puede ahorrar: cuida a una anciana todas las noches, los miércoles limpia, los jueves cocina y los viernes hace doble turno en una casa, un empleo en el que ha solicitado la jubilación. “No me quejo. Si tengo servicios, todo bien. Pero a final de mes no queda nada”, explica.

Ereni Azevedo, fotografiada en su casa de Porto Alegre el 1 de diciembre.
Ereni Azevedo, fotografiada en su casa de Porto Alegre el 1 de diciembre.Tania Meinerz

En cambio, su hijo prosperó incluso durante la pandemia. Trabajando como conductor, cambió de auto y logró comprar un terreno donde construye su propia casa. “Tenemos que trabajar mucho más hoy para conseguir ganancias”, admite, pero celebra que el gas que alimenta su automóvil no haya subido tanto como la gasolina, que en Porto Alegre supera los siete reales el litro (1,25 dólares).

La otra hija, Gessian, también se mudó a otra ciudad en busca de trabajo y encontró empleo en un salón de belleza.

La pandemia dejó al hijo conductor sin clientela y tuvo que recurrir por un periodo corto a la ayuda de emergencia gubernamental. “Pero abrí una empresa individual y comencé a hacer entregas”, dice. Solo después de la segunda dosis de vacuna se sintió lo suficientemente seguro como para reanudar el trabajo al mismo nivel que antes. “Ahora, incluso voy a fiestas, pero no grandes, solo familiares. Extraño ver algún pequeño espectáculo “, revela.

Su madre tuvo que trabajar varios días bajo los efectos del covid, que solo se confirmó en la tercera prueba, cuando los síntomas habían cesado. La señora Prado Neves enumera los miembros de su familia que se contagiaron: su hija, hermana, sobrina, dos sobrinos. Uno de ellos, de 39 años, no pudo resistir. Su victoria particular es no haber contagiado a las ancianas para las que trabaja y ver a su padre salir ileso incluso con una de sus hijas enferma en casa.

Sobre el previsible duelo entre Bolsonaro y Lula en las elecciones, lo tiene claro. “No voto por ninguno”, dice sin inmutarse. “Decidiré más adelante”, contemporiza, comentando, sin embargo, que el nombre del exjuez Sérgio Moro aparece ocasionalmente en conversaciones con familiares y amigos.

El hijo Anriel también menciona a Moro como alternativa a Bolsonaro. “En 2018, no tuve dudas, para mí fue Bolsonaro, y punto. Pero si vuelve a ser él (el candidato frente a Lula), no votaré. Pero creo que será Moro”, dice este votante decepcionado con el intento de reelección del hombre al que veía como una salida a la corrupción y al apego al poder. “Dijo que iba a acabar con la reelección, así que es un poco irónico que él mismo sea candidato”.

“No estoy arrepentido. Estoy decepcionado”

El dentista Adalcyr Luiz da Silva Júnior, de 56 años, que votó por Bolsonaro en las dos vueltas afirma categórico: “No estoy arrepentido. Estoy decepcionado”. Eligió al excapitán del Ejército por su propuesta anticorrupción y porque entendió que era el único capaz de evitar una victoria del Partido de los Trabajadores, que con Lula y Dilma Rousseff gobernó durante 13 años. Su decepción obedece principalmente a que el presidente no ha impulsado las políticas que dijo defender en la lucha contra la delincuencia de cuello blanco. “La operación Lava Jato ha terminado. No hizo ningún esfuerzo por defender el paquete (legislativo) anticorrupción. No se dedicó a luchar por la cárcel para los condenados en segunda instancia. Y ha hecho lo mismo que los demás, acabó uniéndose a los políticos de siempre para poder gobernar”, dice en Brasilia.

El dentista y profesor Adalcyr Luiz da Silva, fotografiado en Brasilia.
El dentista y profesor Adalcyr Luiz da Silva, fotografiado en Brasilia.Cadu Gomes

En las otras dos entrevistas que concedió para esta serie, se mostró optimista. Pero la segunda vez ya asomaron algunas críticas. Y siempre recalcó que no tenía ídolos en política. Ahora demuestra que la decepción no atañe solo a un área. “Cuando me pregunta qué veo de positivo en el Gobierno, le respondo que, lamentablemente, hay muchas más cosas negativas que positivas”. Las enumera: “En salud no hizo nada bueno. La gestión de la pandemia fue vejatoria. Simplemente dio un mal ejemplo. Tampoco hubo nada bueno en economía, tal vez solo la privatización de (la eléctrica) Eletrobrás”. También menciona la inflación. “¿Cómo no rebelarse la gente con gasolina a casi ocho reales, el gas a 100 y carne a un precio impagable?”.

Tras mucho pensarlo y enumerar casi una decena de errores, el dentista asegura haber encontrado un punto positivo en la Administración Bolsonaro: “No hay ningún gran escándalo de corrupción que implique al Gobierno. En los gobiernos del PT hubo el petrolão, el mensalão, desvíos en Correos, (casos) en todas partes. No estoy diciendo que hoy no haya corrupción, pero hasta ahora no ha salido a la luz nada grave”, subraya.

¿No considera un escándalo el llamado presupuesto secreto en el que el Gobierno compró el apoyo parlamentario a través de enmiendas sin ninguna transparencia o el intento de comprar vacunas sobrefacturadas? “No me gusta opinar sobre algo que está aún caliente. Esperemos un poco más, pero no parece que esto sea corrupción como la que hubo en gobiernos pasados, especialmente en el PT “, suaviza.

Respecto a la pandemia, explica que como profesional de la salud no puede estar de acuerdo con la actitud del presidente. “Insistió en oponerse al confinamiento. Fue prácticamente el único gobernante del mundo que lo hizo. Tal vez las cuarentenas fueron demasiado lejos, pero la apertura general que quería el presidente no está bien. Hubo más de 600.000 muertes y varias podrían haberse evitado si hubiera actuado de otra manera”. Nadie cercano a él murió o enfermó gravemente de la covid.

Con la vista puesta en los comicios, explica que solo hay una posibilidad de que repita su voto por Bolsonaro: si el presidente va a segunda vuelta frente a Lula, que lidera las encuestas. “Creo que la manera de echar a Dilma Rousseff del poder fue incorrecta. Pero no me gusta la forma en que gobierna el PT”, añade. Por eso no descarta el voto útil en primera vuelta. Apoyaría a Ciro Gomes, un candidato de centroizquierda que quedó tercero en 2018, pero avisa: “Si siento que Moro tiene más posibilidades de pasar a segunda vuelta, cambiaría mi voto por él”.

El odontólogo alberga una cierta desconfianza por el exjuez del caso Lava Jato, que condenó a Lula hasta el punto de apartarlo de las elecciones de 2018 y que rompió con Bolsonaro tras acusarlo de injerencia en la policía para proteger a sus hijos. Destaca que, a diferencia del resto de presidenciables, “Moro nunca ha sido probado”. Eso sí, desconfía de las encuestas electorales pero también advierte de que uno no puede fiarse de su entorno: “En 2014, nadie que yo conociera votó por Dilma. Todos eran Aécio (Neves – PSDB). Aun así, ganó ella”.

Sí confía en el sistema de votación, que Bolsonaro ha intentado minar. “Nunca me tragué se discurso de que las urnas están amañadas. En 1998, Brasil perdió ante Francia en la final de la Copa del Mundo y se dijo que era un amaño. No me lo creo. Si en una Copa del Mundo tiene que tener mucha gente involucrada para que una trampa como esa funcione, ¡imagina una elección!.

El pastor Galdino en São Paulo: Valores

“Votaré a quién esté más próximo de los valores conservadores”

El pastor Marcos Galdino, de 37 años, se declara en periodo de reflexión. Su entusiasmo por Jair Bolsonaro se ha evaporado. Dejó de considerarlo el candidato idóneo. Incluso ha dejado de hacer campaña a su favor en Internet. “No puedo decir que votaré por él. Votaré por quién esté más próximo a los valores conservadores”, explica en el templo de la Asamblea de Dios que dirige en un barrio de clase media de São Paulo. Y ese ahora mismo es Bolsonaro, pero podría haber sorpresas. No seria la primera vez.

Pastor Marcos Galdino, fotografiado en la Iglesia de la Asamblea de Dios que dirige en São Paulo el 3 de diciembre.
Pastor Marcos Galdino, fotografiado en la Iglesia de la Asamblea de Dios que dirige en São Paulo el 3 de diciembre.Lela Beltrão

Los motivos de su desencanto con un presidente al que ha visto varias veces en persona durante estos tres años como parte de delegaciones de pastores son variados: la falta de humanidad que demostró en la pandemia con exabruptos como “no soy sepulturero”, el nulo avance de la agenda en valores, la calamitosa situación económica, su incapacidad de asumir que ya no es un diputado del montón sino el jefe del Estado…

La agenda en valores no se ha traducido en las medidas concretas que Galdino esperaba cuando votó por él. La llamada agenda de costumbres “no ha avanzado hacia la derecha ni hacia la izquierda, estamos donde estábamos”, afirma. En las cuestiones más candentes como el derecho al aborto, la legalización de las drogas o lo que la ultraderecha califica de ideología de género, no ha habido novedades sustanciales. “Han sido meras discusiones, que no se han traducido en nada”, dice. A su modo de ver, ninguno de los bandos ha ganado terreno.

Se felicita, sin embargo, de que el presidente haya cumplido su palabra de colocar un jurista evangélico en el Tribunal Supremo. Prefiere el calificativo conservador porque, insiste, le daría igual que fuera católico. El abogado André Mendonça es el juez “terriblemente evangélico” prometido por Bolsonaro, el primero abiertamente religioso de la corte. Lo crucial para Galdino, además de los saberes técnicos que considera prioritarios, es que sea conservador, que frene cualquier cambio progresista que la izquierda pretenda impulsar a través de la más alta instancia judicial de Brasil.

Los evangélicos son un electorado codiciado por todos. En 2018 destacaron como el colectivo que apoyó de manera más unánime a Bolsonaro porque es extremadamente conservador y por sus promesas de regeneración de la vida pública (que acabaron abandonadas en un cajón). Galdino afirma que quiere un Supremo que respete la mayoría conservadora de Brasil. Le incomoda que se centre en ampliar derechos para las minorías. “Si Bolsonaro es reelegido, va a equilibrar el Supremo porque nombraría dos jueces más. Ese es uno de los asuntos que me haría votar por él”, explica. Si tuviera que proponer un nombre para ir de vicepresidente con Bolsonaro, no duda: la ministra de Mujer, Familia y Derechos Humanos, la pastora Damares Alves, que “ha hecho un excelente trabajo además de ser una sierva de Dios”.

Su decepción no significa de ninguna manera que esté tentado de votar por Lula da Silva, al que apoyó hace ya muchos años. “Lula es un bandido y el pueblo evangélico no puede votar a un bandido”, exclama obviando que las condenas por corrupción contra el expresidente fueron anuladas. Añade que “abusó de la buena fe del pueblo para enriquecerse en la mayor trama de corrupción” de Brasil. Tampoco le convence el antiguo juez Sérgio Moro, del que dice que “prestó un buen servicio como juez, pero cuesta verlo en política, es inexperto”.

De nuevo las críticas más contundentes del pastor Galdino son para algunos jueces del Supremo a los que acusa de extralimitarse para acallar al Bolsonarismo.

Padre de tres hijos, de 15, 7 y 4 años, cuenta que los duros efectos de la pandemia se dejaron sentir en la iglesia. Le arrebató un tío, varios fieles y amigos. Durante seis meses los cultos presenciales quedaron suspendidos, la recaudación cayó porque los feligreses perdieron ingresos y se multiplicó la demanda de ayuda. Pero Galdino destaca que también trajo nuevos feligreses —”más gente empezó a pensar en la vida postmortem”— y una enorme ola de solidaridad. “Fue una lección ver a la sociedad volcada en apoyar al prójimo”.

Los Kardec-Chaves en Manaos: Los que no votaron por Bolsonaro

“Los efectos de la economía están en las calles, la gente pasa hambre”

El empresario Allan Kardec Filho, de 39 años, y su esposa, la socióloga Ana Cláudia Chaves, de 41, no se sorprendieron en absoluto por el comportamiento del presidente Jair Bolsonaro en el cargo. “No votamos por él porque evaluamos sus propuestas y vimos que todo iba a salir mal. Obviamente salió mal y sigue saliendo mal “, dice él en el piso que comparten con sus hijas en una urbanización cerrada de clase media alta en Manaos, la principal ciudad de Amazonia. Sostiene que este Gobierno “no tiene nada bueno que decir”, así que “inventa, miente, distorsiona”

Allan Kardec y Ana Claudia Chaves en su casa de  Manaus.
Allan Kardec y Ana Claudia Chaves en su casa de Manaus. Alberto César Araújo

Para ella, la creciente tasa de desempleo es lo más grave. La empresaria era dueña de una cadena de lavanderías y de un puesto de comidas que tuvo que cerrar por el confinamiento. “El paro nunca estuvo tan alto como ahora, es una locura. Los efectos de la economía están en las calles, la gente pasa hambre, mendiga”.

Cerrados los negocios, Chaves tuvo que ponerse a trabajar como empleada de terceros. “En la escala de nuestra clase social, eso es descender en el panorama económico. Así que ha sido como esperábamos, como comentamos en las otras dos entrevistas. Lo que no esperábamos era que una pandemia agravara aún más todo un escenario perverso, un escenario de inhumanidad por el que ha pasado Manaos”.

La socióloga detalla con los ojos llenos de lágrimas el brutal impacto en su familia de la pandemia, el colapso de los hospitales y la falta de oxígeno. Perdió a su padre en enero pasado por complicaciones post-covid. “Nuestra familia se vio directamente afectada. Lo que es más absurdo es este discurso que puso los valores cristianos por encima de todo y de todos. Mi padre debía haber sido vacunado en noviembre de 2019. Pero Bolsonaro decidió discutir su parte en los (supuestos) sobornos (en la compra de vacunas) en lugar de participar en la comisión de la OMS (Organización Mundial de la Salud) para discutir la vacuna, es el Gobierno más corrupto e inhumano que existe “, dice.

La catastrófica escasez de oxígeno por la falta de reacción gubernamental, que causó muertes en hospitales, también les afectó. “Para el tratamiento de mi padre, pudimos alquilar todo el equipo, incluida la asistencia médica. Mi madre vive frente al Hospital 28 de Agosto, desde la habitación de mi padre en casa, ella veía las carreras de la gente para conseguir un cilindro de oxígeno, era surrealista, aterrador, la gente lloraba, rezaba “, explica con lágrimas en los ojos. Dice que incompetencia. también mata.

A esta empresaria también le preocupa la deforestación de Amazonia, que alcanza récords, porque, además de la tala ilegal de árboles, supone “abrir un camino para todo lo que es ilegal, la minería ilegal, el acaparamiento de tierras, el asesinato de trabajadores rurales, el tráfico de armas y la invasión de tierras indígenas, ha abierto las puertas de par en par”.

Si pueden, el año que viene harán campaña contra una reelección de Bolsonaro. Ambos pretenden votar por Lula da Silva como presidente de la República. “Es como el asunto de la vacuna, te pones la que hay, pero si es Lula, mejor”, sostiene Chaves.

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