Mostrando entradas con la etiqueta nos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta nos. Mostrar todas las entradas


matas de plátano protesta calle Taminango
«Esta es una expresión pacífica ante las administraciones que tienen olvidado a Taminango», se lee en un cartel. La protesta.

Hasta ahora se desconoce cómo se dañó la calle que es interna en un barrio en Taminango, y que al parecer estaba adoquinada.

Noticias Nariño.

Como ha ocurrido en otras zonas, no solo de Nariño sin o incluso en otras ciudades de Latinoamérica, las matas de plátano han sido usadas para protestar por el mal estado de vías, en esta ocasión esa protesta habría ocurrido en Taminango.

En una calle que estaría adoquinada pero que aparece desbaratada, sembraron algunas de estas plantas.

«Esta es una expresión pacífica ante las administraciones que tienen olvidado a Taminango», se lee en un cartel.

La foto fue enviada a Pasto Denuncias, sin embargo, no hay claridad en qué comunidad sembraron las matas de plátano.

Tampoco cómo se dañó la calle pues estaba adoquinada.

Aunque sobre esta protesta en particular la Alcaldía de Taminango no se ha pronunciado, si han estado realizando arreglos de algunas vías.

Informan que en parte, ese mal estado es en parte, «producto de la ola invernal».

Por ejemplo, han ‘freseado’ la vía que comunica con El Páramo, y en la vereda El Pantano corregimiento de Charguayaco, «se realizó una minga comunitaria en donde se acondicionó la vía con recebo, se taparon huecos, se hizo la limpieza de cunetas y la respectiva rocería».

Además de este municipio, hay más de 15 con grave afectación en sus vías principales, secundarias y especialmente en las carreteras rurales.

La svías que ya tenían deterioro, terminaron de dañarse. Algunas están intransitables hasta para los peatones.

Otras denuncias:

 



Source link


Christian Noda

Asistentes lanzaron sillas y algunos chiflidos por la ausencia del artista mexicano.

Noticias Colombia.

Christian Nodal, cantante mexicano de música regional, debía asistir a su concierto en la tarde del sábado en el Estadio Atanasio Girardot de Medellín pero finalmente no llegó.

El artista de 23 años de edad, fue el gran ausente del ‘Forajido Tour’ y el público asistente expresó su molestia con chiflidos y sillas que lanzaban ante el imprevisto.

Por varias horas lo esperaron pero nunca llegó.

En el evento sí cantaron Jerry Rivera y Jessi Uribe. A eso de las 2 de la mañana los espectadores comenzaron a marcharse del estadio.

La indignación se apoderó de quienes pagaron sumas millonarias para adquirir una boleta y así poder ver a su artista favorito.

Vea:  Mucha plata, un costoso anillo y tatuajes: el problemático rompimiento de Belinda y Christian Nodal

Por su ausencia, el cantante dio a conocer varias razones por la que finalmente no pudo asistir a su concierto.

Un video fue proyectado en las pantallas del estadio:

«Llevo intentando llegar a Medallo de todas las maneras posibles… no he podido. Tomé dos aviones diferentes», dijo.

«Hubo dos fallas técnicas», reiteró.

El artista mexicano también manifestó que las condiciones climáticas no estuvieron a su favor.

«El clima no estuvo a nuestro favor», fue otra de sus excusas.

“Estaba muy emocionado por llegar a cantarles y llevarme una noche inolvidable”, agregó y aclaró que allá estaba todo se equipo de trabajo y que los empresarios habían cumplido con todo.

A continuación sus disculpas a su público.

Foto de portada: Captura de video

Le puede interesar:

Mucha plata, un costoso anillo y tatuajes: el problemático rompimiento de Belinda y Christian Nodal





Source link



Al escritor chino Yu Hua le pidieron hace unos años que definiera su país en diez palabras. Una de las que eligió fue hūyōu, que se traduce más o menos como embaucar. Los chinos, comenta Yu, usan constantemente este término: engatusan para salirse con la suya en un juego, en los negocios o a la hora de hacer planes. No tiene por qué ser con mala fe, y ellos mismos hacen chistes con lo liantes que son. En ese sentido, algunos critican a sus gobernantes, que usan mucha retórica (además de la censura) para hacer pensar a los ciudadanos lo que les interesa. Así que ahora que llevamos semanas dándole vueltas a la posición de Pekín sobre la guerra de Ucrania, cabe preguntarse: ¿Nos están mareando?

Cuando Putin ordenó la invasión de Ucrania, Pekín pidió contención y una solución negociada. Al mismo tiempo, se negó a usar los términos invasión y guerra, hasta que ha terminado haciéndolo. Los medios oficiales, que siguen directrices del Partido Comunista, culpan a Estados Unidos de echar leña al fuego. A los cuatro días de que empezara la ofensiva rusa, el portavoz de Exteriores chino, Wang Wenbin, hizo unas declaraciones ambiguas: “China siempre ha considerado que la seguridad de un país no puede construirse sobre la base de comprometer la de otro, y mucho menos venir de socavar la soberanía y seguridad de otros países, en pos de su propia superioridad militar y seguridad”. Algunos analistas interpretaron esto como una llamada de atención al Kremlin; otros, como una advertencia a Estados Unidos y a la OTAN.

Cuando no hay información, tendemos a rellenar los huecos. A China la hemos nombrado intermediaria en esta guerra sin que haya aceptado el papel. El 2 de marzo, el Financial Times tituló a cinco columnas que Pekín se había ofrecido para mediar, cuando en realidad este era el deseo del Gobierno ucranio. El comunicado chino era más sutil; ellos nunca se pillan los dedos: Kiev nos pide que mediemos, subrayaba. Por interés estratégico y comercial es lo que llevan haciendo desde 2014, cuando Putin se anexionó ilegalmente la península ucrania de Crimea. A Rusia le han insistido siempre en que no puede violar la soberanía territorial de un país. A Kiev, en que asuma las preocupaciones de seguridad de Rusia y se olvide de entrar en la OTAN.

Que Moscú le haya pedido ayuda militar a Pekín, como han filtrado fuentes estadounidenses, no se puede descartar, pero podrían ser drones y otro equipamiento que ya estaba pactado antes de la guerra, y no un auxilio urgente que ha pedido el Kremlin. China asegura que Estados Unidos quiere hacerle una envolvente para que se aleje de Moscú. A Pekín recalcar en casa que esta es una guerra en Europa le permite trazar una línea entre sus problemas domésticos y los del resto del mundo. Aunque económicamente a China le esté haciendo daño como a todos. @anafuentesf

Contenido exclusivo para suscriptores

Lee sin límites





Source link


Liubov aún no entiende cómo pudo sentir, desde el búnker de su edificio, la vibración del bombardeo ruso contra una base militar en la localidad ucrania de Yavoriv, a solo 25 kilómetros de Polonia, que ha causado este domingo al menos 35 muertos. Entonces estaba a cuatro metros bajo tierra en Solonka, un suburbio meridional de la ciudad de Lviv, en el oeste de Ucrania. Dos horas después, ella y sus tres hijos, de 10, 14 y 19 años, ya habían hecho las maletas y se habían coordinado con una vecina para huir hacia la frontera más cercana, la polaca, a menos de dos horas en coche. A las 14.00, hora polaca (una menos que en Ucrania), cruzaban el paso fronterizo de Budomierz-Hruszow para sumarse a los 1,65 millones de refugiados ucranios en Polonia y descansar en una carpa de emergencia con colchones, calefacción y una bombilla. El estruendo no solo conmocionó a la localidad ucrania afectada; al otro lado de la frontera, en territorio polaco, se sintieron con fuerza las explosiones. “Sentíamos que todo temblaba, que seguramente serían bombas. El cielo estaba todo rojo y nos hemos dicho ‘es demasiado cerca, no es posible”, relata la francesa Sreemati, que estaba a cinco kilómetros del paso por la parte polaca. El estruendo también despertó a la alemana Mona Gehring en una furgoneta camperizada cerca de Budomierz, en el lado polaco de la linde: “Pude sentir la explosión. La verdad es que dio mucho miedo”.

“Al principio no sabía lo que pasaba. Preguntaba a los demás ‘¿lo has sentido?’ Cuando subimos, los colegas nos dijeron que habían visto fuego. Dos días antes había ido allí a llevar ayuda médica uno de nuestros colegas”, señala Gehring, seguidora ―como Sreemati― de Mata Amritanandamayi, una gurú india conocida por sus abrazos y generalmente llamada Amma (madre), palabra que lleva impresa en el abrigo.

En Ucrania, el ataque despertó a Liubov sobre las seis de la mañana. “Me asusté mucho. Me cubrí la cabeza y me puse de cuclillas instintivamente”, asegura esta mujer de 38 años, que prefiere no dar su apellido por “miedo a Vladímir Putin”.

La zona en la que residen ha sido una de las más tranquilas para un país en guerra y allí se han refugiado desplazados procedentes de las más castigadas Kiev o Járkov. El pasado viernes, las fuerzas rusas ya bombardearon por primera vez dos ciudades del oeste, Lutsk e Ivano-Frankivsk. Las dos están a entre 100 y 150 kilómetros de la casa a la que Liubov quiere “volver y dormir en paz”. “No nos fuimos hasta hoy porque esperábamos que todo fuese bien y Putin entrase en razón. Amamos Odesa y Kiev [por la resistencia a la ofensiva] pero lo vemos como que está allá”, asegura. “Detrás de nosotros, en la cola [del paso fronterizo] había muchos bebes de dos o tres meses. No te imaginas cómo nos están presionando para que dejemos nuestra querida Ucrania”.

Polonia, el país miembro de la UE y la OTAN que ha recibido más del 60% de los 2,7 millones de refugiados en los países limítrofes, es uno de los abanderados de la línea dura contra Rusia. Su presidente, Andrzej Duda, ha advertido de que “cambiaría la situación” si Moscú utilizase armas químicas en Ucrania, en una entrevista a la BBC difundida este domingo.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

Refugiados ucranios en el lado polaco del paso fronterizo de Budomierz, este domingo.
Refugiados ucranios en el lado polaco del paso fronterizo de Budomierz, este domingo.MASSIMILIANO MINOCRI

Tres hermanos cruzan juntos la frontera. Con ellos viaja el hijo de la mayor, de seis años. Nadiya tiene 27 años y vive en Lviv. Sus dos hermanos menores, de 15 y 13, en casa de sus padres en Novoiavorivsk, una localidad a apenas quince kilómetros de la localidad que alberga la base militar bombardeada. Al primero, Sasha, le despertó el estruendo. “Oímos una explosión y la casa vibró. Vibró mucho. Vivimos en el sexto y a mi vecino del quinto se le rompió una ventana”, explica mientras sujeta la maleta. Atrás quedan sus padres. “Tenemos cuatro gatos y alguien tendrá que alimentarlos”, dice con sorna antes de explicar que, en realidad, simplemente han querido que sus hijos estén a salvo y unirse luego si la cosa se complica aún más. “La explosión ha sido claramente el punto de inflexión. Pensábamos en irnos, pero es que allí [Novoiavorivsk], la situación estaba tranquila”, añade.

Stas Sagala, su madre y sus dos hermanos menores escapan del mismo sitio y por el mismo motivo. Con una diferencia: no es un padre preocupado por sus hijos, sino un adolescente que quiere combatir, pero aún le faltan dos años para cumplir 18. “Tenemos miedo, es muy peligroso. Yo no quería irme, pero mi madre quería que estuviésemos a salvo. Yo quería proteger mi país”, dice. Justo habían regresado a su domicilio tras dos semanas en una casa de campo que les parecía más segura.

Los seguidores de Mata Amritanandamayi instalan cada día una carpa en la que ofrecen café o té a quienes cruzan y ayudarles con las maletas. Por la noche la recogen y llevan a un hostal unos cinco kilómetros más al interior de Polonia. Allí despertó a Sreemati la explosión: “A las cinco de la mañana [una hora más en Ucrania] hemos oído deflagraciones y mirado por la ventana. Nos costaba creerlo. Sentíamos que temblaba, que seguramente serían bombas. El cielo estaba todo rojo y nos hemos dicho ‘es demasiado cerca, no es posible”. Una vez despierta, ella y sus compañeros se ducharon y prepararon para instalar la carpa: “Hemos pensado: ‘Hoy va a hacer falta reconfortar a la gente”. Solo más tarde se enteraron de que el objetivo era un campamento militar en Ucrania. “En Francia no sabemos qué es algo así. Nunca he oído bombas. Sabemos que hay guerra, pero pensábamos que estaba mucho más lejos. En cualquier caso, sentíamos que no era algo normal”.

Refugiados ucranios tras cruzar el paso fronterizo de Budomierz, este domingo.
Refugiados ucranios tras cruzar el paso fronterizo de Budomierz, este domingo.MASSIMILIANO MINOCRI

El paso de Budomierz es pequeño. Aquí no hay grandes tiendas de campaña, ni hileras de coches atascados en el lado ucranio, ni una sucesión de autobuses y furgonetas descargando refugiados. Tan solo un goteo de personas que cruzan a pie y andan unos centenares de metros, algún autobús aislado y unos pocos vehículos, sobre todo de Cruz Roja, Animal Rescue o con matrícula diplomática. Lo usan sobre todo los ucranios con familiares que les esperan del lado polaco. Cada pocos minutos, una nueva familia se acerca lo más posible a la verja de seguridad mientras habla emocionada por teléfono con quienes se disponen a cruzar.

Es el caso de Natalia Svatovka, una ucrania de 42 años que salió en la noche del sábado de Berlín (nueve horas de trayecto) para asegurarse de que estaría presente cuando llegasen sus padres, de 60 años, y su abuela, de 87. Son de Kiev, pero hace tres días se desplazaron a una aldea próxima a Ivano-Frankivsk pensando que estarían a salvo. “Ya el primer viaje fue difícil para ellos con esa edad, sobre todo para mi abuela, que va en silla de ruedas. No querían irse. Es muy difícil para ellos dejar atrás no solo todo lo que han ido comprando poco a poco, como la casa o el coche, sino también lo que han ido heredando de sus antepasados”, explica junto a una policía polaca de fronteras que vigila el acceso. La acompaña un amigo al que pidió el favor pocas horas antes de salir. Vuelven este mismo domingo porque trabajan al día siguiente en la capital alemana. Los cinco suben al coche y ponen rumbo a la casa de Svatovka en Berlín. Sus padres y abuela vivirán allí “lo que haga falta”, aclara.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.





Source link


Denise Río Jamundí
Denise, tiene dos hijas «que hoy están sufriendo mucho por esto», por lo que insisten a los organismos de socorro para que la búsqueda continue.

Denise, tiene dos hijas «que hoy están sufriendo mucho por esto», por lo que insisten a los organismos de socorro para que la búsqueda continúe.

Noticias Valle.

En el río Jordan en Jamundí, el pasado 27 de febrero Denise Castañeda López fue arrastrada por la creciente súbita registrada cerca a Charco Escondido, en un sitio de recreación conocido como ‘La Karina’, donde estaba de día de esparcimiento, hasta ahora, no han la encontrado.

«Pedimos que no dejen de buscarla por favor», es el clamor de su familia.

Denise, tiene dos hijas «que hoy están sufriendo mucho por esto», por lo que insisten a los organismos de socorro para que la búsqueda continue.

Cuando se conoció de su desaparición, las labores de búsqueda  y rescate se hicieron con apoyo de un canino, aguas arriba, por tramos tramos iniciando y terminando en el puente de los Indios. Luego se extendió.

Evacuaciones, ríos de riesgo 

Entre finales de febrero y principios de marzo, en ríos de Cali y Jamundí, han muerto cuatro personas arrastradas por las crecientes súbitas.

Durante toda la semana pasada y por ocho días, se hizo la intensa y angustiosa búsqueda de Daniel Gutiérrez (22 años) y Sebastián Martínez (24), estaban de paseo en el río Pance. Ya encontraron ambos cuerpos.

Luego, en la vía a La Reforma, el río Meléndez, «se llevó a una señora».

Ocurrió en el sector de La Fonda, la adulta mayor que era vendedora informal en la zona, murió ahogada, pero el mismo día recuperaron el cuerpo.

Y sigue desaparecida Denise, en el río Jordan que desemboca en el Jamundí y este, en el Cauca.

Por tanto, la familia teme que con las lluvias de este momento, el cuerpo vaya a terminar río Cauca y se dificulte más buscarlo, o no aparezca.

Autoridades recomiendan por estos días de invierno, evitar paseos de ríos, excursiones en montañas y evitar tratar de pasar quebradas crecidas.



Source link


Yelena agarra con fuerza la bolsa en la que su gato blanco y canela maúlla desesperadamente. Acaba de meter en una pequeña maleta negra prácticamente toda su vida y ahora, con el ruido incesante de los bombardeos de fondo en Mikolaiv, no atina a marcar el número de su familia en el móvil. “¿Por qué nos hacen esto? No lo entiendo”, se lamenta llorosa esta mujer de 67 años.

A su alrededor, bajo una incipiente nevada, decenas de personas tratan de escapar de esta ciudad portuaria del mar Negro, uno de los principales objetivos de las fuerzas de Vladímir Putin y bajo implacables ataques rusos desde hace cuatro días. En coches atiborrados de enseres o a pie, buscan cruzar uno de los puentes que unen Mikolaiv, encajonada en un estuario, con la carretera que lleva a Odesa —y más allá, a las fronteras de Moldavia y Rumania—, la única vía de salida de la ciudad hacia territorio controlado por Kiev. El Ejército ucranio lo tiene todo listo para estallar estos puentes si las tropas del Kremlin se hacen con el control de la ciudad, enclave estratégico para la conquista de la costa y lanzadera hacia Odesa, la gran ciudad del mar Negro.

Este lunes, al amanecer, tras un fin de semana de intensos combates en los que las tropas ucranias hicieron retroceder al Ejército ruso, las fuerzas de Putin han lanzado otro feroz ataque contra Mikolaiv y sobre un barrio residencial del este de la ciudad, de 475.000 habitantes. Durante horas, los bombardeos y el olor a pólvora y a ceniza se han mezclado con la humedad y los copos de nieve. Junto al estuario, soldados y miembros de la guardia nacional y voluntarios de las brigadas de defensa territorial, con uniformes de camuflaje y gorros calados hasta las orejas, reforzaban las barricadas con sacos de arena e instalaban nuevas trampas antitanque. “Los rusos atacan infraestructuras estratégicas y se lanzan contra los civiles, pero de momento los estamos manteniendo a raya”, asegura el oficial Serguéi, que desde que empezó la invasión tiene órdenes de no revelar su apellido. De fondo, el estallido de un nuevo ataque de artillería. “Este es nuestro. Contraataque”, comenta señalando al aire.

Desembarco anfibio contra Odesa

Mikolaiv, fundada en el siglo XVIII como astillero bajo el Imperio Ruso y sede durante décadas de la flota rusa del mar Negro, se ha convertido en un campo de batalla clave para las fuerzas de Putin en su camino para controlar la costa ucrania y aislar el país de la salida al mar. Los lagos cristalinos, los parques de juegos y los monumentos con motivos navales son hoy objetivo de las bombas. La urbe, estratégicamente ubicada en una entrada del mar Negro y que fue uno de los principales centros de construcción naval de la Unión Soviética, es la pieza del rompecabezas que le falta al Kremlin para reforzar su asalto al sur de Ucrania, tras la conquista de Jersón —también en el mar Negro—, la primera ciudad en caer en manos del invasor. El control de Mikolaiv permitiría a Rusia tener otro punto de anclaje para un desembarco anfibio con el que apoyar la ofensiva contra Odesa, de casi un millón de habitantes, a 120 kilómetros por una carretera hoy plagada de controles.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

Al caer la tarde, el gobernador de Mikolaiv, Vitali Kim, asegura que las fuerzas ucranias habían retomado el control del aeropuerto de la ciudad y frenado el avance de los rusos, tras otra dura batalla. “Hoy difícilmente se puede llamar un día bueno. Atacaron nuestra ciudad de manera despreciable, mientras la gente dormía”, dice Kim en un mensaje de Telegram. El gobernador asegura que al menos ocho personas han muerto por los ataques de este lunes. “También hay daños graves en las infraestructuras. Eso lo podemos restaurar, pero las bajas humanas son terribles”, se lamenta. Mikolaiv, que acoge uno de los tres puertos más grandes de Ucrania, sufre bajo bombardeos, ataques con cohetes y con helicópteros.

Civiles huyendo de la ciudad de Mikolaiv, cerca de Odesa, en el Sur de Ucrania, este lunes.
Civiles huyendo de la ciudad de Mikolaiv, cerca de Odesa, en el Sur de Ucrania, este lunes.

El alcalde de la ciudad, Oleksandr Senkevich, asegura además que las tropas del Kremlin están utilizando fundamentalmente municiones de dispersión contra la ciudad. “El 90% de las bombas que nos lanzan son de racimo, destinadas a hacer mucho, mucho daño y fundamentalmente a las personas”, dice el regidor, que afirma que su equipo ha documentado decenas de ataques con ese tipo de munición, prohibidas por un tratado que ni Rusia ni Ucrania han firmado.

En el puente levadizo de Varvarovski, el principal de la ciudad, siguen atronando los disparos de artillería pesada. Con paso apresurado, un hombre carga como puede a su hijo de dos años y una mochila mientras su esposa lleva otra bolsa y un paquete de pañales. La orografía llana de la ciudad no la hace fácil defender y el paso Varvarovski, de unos dos kilómetros, inaugurado en 1964, puede tener los días contados. Es casi la única ruta de salida de Mikolaiv y objetivo de los ataques rusos, que podrían buscar dejar aislada la ciudad para asediarla, como están haciendo con otras urbes. También, de los ucranios, que están dispuestos a volarlo para evitar que los soldados de Putin obtengan un paseo rápido hacia Odesa, que ya se prepara para un gran ataque.

No les temblará el pulso. Hace unos días, ante el avance y la presión de las tropas del Kremlin, las fuerzas ucranias hundieron en el astillero de Mikolaiv, el buque insignia de la flota naval del país, que estaba en trabajo de reparación. Hundido para evitar su captura.

Misiles lanzados desde barcos rusos en el mar Negro, que llevan apostados frente a las costas ucranias varios días, elevando las alarmas de un posible desembarco anfibio, golpearon este lunes infraestructuras estratégicas en Tuzla, al sur de Odesa, desde donde se ha programado otro tren de evacuación adicional. “Las tropas rusas se están preparando activamente para atacar la ciudad”, ha advertido este lunes Mijailo Podoliak, asesor del presidente ucranio, Volodímir Zelenski. “Ya han intentado llevar a cabo ese plan con una fuerte ofensiva, pero nuestra defensa ha logrado contenerlos”, aseguró.

Sin apenas alterarse por el estruendo de las bombas, Artur Gorpinich entra a comprar cigarrillos en una tienda de ultramarinos junto al puente levadizo de Varvarovski. “Disparan, sí, pero por ahora no tengo miedo”, asegura. El hombre, de 34 años, de rostro afilado y barba arreglada, explica que su esposa y él han enviado a su hijo pequeño con su hermana, a la República Checa, pero que ellos han decidido quedarse en Mikolaiv: “No pienso correr. Antes me enrolaría en el Ejército. Soy conductor. Esta es nuestra tierra, nuestra ciudad. No les dejaremos tomarla”.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.

Contenido exclusivo para suscriptores

Lee sin límites





Source link


Una abuela que pide a Dios que ponga fin a la guerra para poder ser enterrada en Ucrania, una gestora de vientres de alquiler que dejó las dudas de lado y escapó sin rumbo claro, una psicóloga que espera a asentarse en Ámsterdam para empezar a ayudar a sus compatriotas a gestionar el terremoto vital del desarraigo súbito, una treintañera enfadada por lo que considera el abandono de Occidente a su país en el momento más crítico, un matrimonio de profesionales nigerianos que vive la evacuación como una odisea que contar a sus nietos… Son relatos de gente que de la noche a la mañana ha dejado atrás una Ucrania en guerra y cruzado al norte de Rumania, en un éxodo camino de convertirse ―por su espeluznante ritmo de crecimiento― en el mayor en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Ya suma 1,37 millones de refugiados a través de Polonia, Hungría, Moldavia, Eslovaquia, Rumania y Rusia, según los últimos datos de la agencia de la ONU para los refugiados, Acnur, de este sábado. Son, sobre todo, mujeres y niños porque la ley marcial obliga a los hombres de 18 a 60 años a permanecer en Ucrania.

Poder yacer en Ucrania

Valentina Tzvek juega nerviosa con el anillo, sentada en una cama plegable de aluminio y lona azul. Lleva tres días en un centro de mayores reconvertido de urgencia en albergue de refugiados en el pueblo rumano de Mihaileni, que linda por el norte justo con la frontera ucrania. Espera un microbús que la lleve con su hija y un nieto adolescente a Milán, donde reside otro de sus hijos. Es viuda.

“No pensaba en ningún momento que fuese a haber guerra. Pensaba que eran solo ejercicios militares [rusos] en la frontera. O que harían algo, pero solo en el Donbás […] En el momento en el que escuché que había guerra, decidí coger a mis nietos y venirme. Tardamos un día en encontrar transporte, en hacer las gestiones para lograrlo. Estaba muy asustada”, asegura. Cuenta que su miedo aumentó por el rumor que se extendió de que soldados rusos estaban sacando de sus casas a civiles ucranios en los alrededores de Chernivtsi. Es uno de los nombres más escuchados en los últimos días en el norte de Rumania, al tratarse de la principal ciudad ucrania (unos 250.000 habitantes) cerca del paso con la localidad rumana de Siret. La situación allí no es grave, pero está solo a 40 kilómetros de la frontera.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

A sus 60 años, Tzvek tuvo que caminar ocho kilómetros para llegar a la frontera por la enorme cola de vehículos que taponaba el acceso. Las temperaturas estos días están en torno a los cero grados durante el día y nieva a menudo. Luego tuvo que esperar cinco horas en la frontera.

“Ahora me siento segura, ya sin miedo. Le he dado las gracias al Señor”, señala. De su cuello cuelga una imagen de la Virgen María, muy venerada en el cristianismo ortodoxo, la religión mayoritaria en Ucrania. La muestra y añade: “Espero que Él arregle la situación. Ucrania es el lugar donde he nacido y donde he de yacer”.

Irina Vasylenko (derecha), con su madre e hijo, en un hotel de Radauți, en Rumania, este viernes.
Irina Vasylenko (derecha), con su madre e hijo, en un hotel de Radauți, en Rumania, este viernes.Alex Onciu

Escapar por el hijo tras seis días de dudas

El lúgubre búnker donde se resguardaba en la ciudad de Kirovohrad, en el centro de Ucrania, y el continuo zumbido de las alarmas antiaéreas que avisaban de un eventual bombardeo determinaron a Irina Vasylenko, de 35 años, a tomar en brazos a su hijo de casi dos años y abandonar todo junto a su madre para cruzar a la Bucovina rumana sin remota idea de hacia dónde dirigirse tras casi un día de trayecto. Seis días le costó decidirse a marcharse de su país. “Se escuchaban sirenas y gritos día y noche, el niño no cejaba de asustarse, llorar y temblar del frío”, cuenta esta mujer, que trabaja en una empresa que se ocupa de gestionar vientres de alquiler para clientes de Estados Unidos, Australia y el Reino Unido. Varias de esas mujeres están cerca de la frontera con Polonia a la espera de hacerse las pruebas médicas y obtener el tratamiento hormonal necesario.

En un hotel de la localidad rumana de Radauti, a pocos kilómetros de la frontera con Ucrania, Vasylenko cuenta que decidió irse para que su hijo no crezca con el trauma de la guerra. Su marido, que las acompañó a la frontera, lleva dos días intentando regresar a casa sin vehículo para ayudar a los soldados en primera línea de batalla y estar al lado de sus padres y hermanos, que siguen en Kirovohrad. “Mi esposo me dijo: ‘Voy a luchar por Ucrania, por un mejor estado de bienestar, no quiero vivir como los rusos, que realmente son muy pobres fuera de Moscú y San Petersburgo”, relata, mientras el crío, con rostro serio, siente temor ante la presencia de extraños. Pero su mayor inquietud no es que su marido vaya al frente, sino las centrales nucleares. “Si las destruyen, las radiaciones nos afectarán a todos”, sentencia.

Elena Krutelyova, en un hotel de la ciudad rumana de Suceava, este viernes.
Elena Krutelyova, en un hotel de la ciudad rumana de Suceava, este viernes.Alex Onciu

La psicóloga que vive el trauma de la guerra

Elena Krutelyova estaba “durmiendo tranquilamente” cuando empezó la guerra porque, como no pocos ucranios, no pensaba que ocurriría. Tiene 35 años y pasó cinco días refugiada en el sótano de su edificio en Kiev, uno de los puntos calientes de la guerra. Solo subía a su apartamento a ducharse. “Dos veces sentí el impacto de las bombas mientras me duchaba […] Me fui cuando entendí que Rusia también iba a por los civiles. Aún estamos en shock. Todos vamos a tener el síndrome de quienes han estado en la guerra”, asegura en Suceava, la capital de la provincia rumana de Bucovina, mientras sus padres y su tía esperan en el coche con el motor encendido. Su destino final es Ámsterdam, donde vive su hermana.

Su marido les acercó lo más posible a la atascada frontera entre Ucrania y Rumania. “Solo tuvimos que andar tres kilómetros, lo que está muy bien porque mucha gente había tenido que andar bastante más en los días previos”, explica. Él no puede salir por la ley marcial y se dedica a hacer idas y venidas a la divisoria como voluntario para las familias que carecen de coche.

El simpático perrito que sostiene y el colorido gorro de búho que abriga su cabeza contrastan con el orgullo y seriedad con los que habla de su país: “Ucrania es ahora mismo una frontera contra la agresión rusa”, “no esperábamos que tanta gente fuese a defender nuestro país”, “los voluntarios son nuestros ángeles”… Cuando abandona el nosotros para hablar desde el yo, las palabras que usa ―como trauma, espectro de emociones o enfermedad mental― revelan su profesión. “Ha sido muy difícil, pero intenté usar un poco de mi práctica como psicóloga y pensar: ‘Ok, ahora lo que debo hacer es sobrevivir y salvar a mis padres. Luego ya lidiaré con los trastornos mentales”. Dentro de unos días, añade, empezará a ayudar a otros refugiados ucranios a gestionar que su vida haya cambiado tanto en tan poco tiempo.

Alexandra Kustarnikova, en un hotel de Suceava, este viernes.
Alexandra Kustarnikova, en un hotel de Suceava, este viernes.Alex Onciu

“Mi mayor preocupación: que no haya más Ucrania en el mapa”

Vestida en un chándal turquesa que no se quita desde principios de semana, Alexandra Kustarnikova, 36 años, se acerca tímidamente a los periodistas en un refugio para cientos de refugiados ucranios improvisado en un salón de celebraciones de un hotel cercano a la frontera rumana de Siret. Quiere desfogar su enfado contenido y nerviosismo, que se observan en los bruscos giros de su centelleante iris celeste. En un perfecto español, adquirido durante más de un año en Pamplona, esta directora de desarrollo de negocio de tecnologías de la información en una empresa sueca da rienda suelta a sus miedos como antídoto a la guerra, tras dejar ―muy a su pesar― en su país a su marido, un especialista en contrarrestar ciberataques en el ejército digital constituido por Kiev.

“Mi mayor preocupación pasa por que no haya más Ucrania en el mapa; igual, luego, tampoco más partes de Europa. O todo el continente”, asegura. “Putin no se conformará con Ucrania, irá a por los vecinos limítrofes hasta Alemania”, opina Kustarnikova, quien se quedó a una hora de poder cruzar a Polonia con su esposo, tras iniciar su viaje en Kiev, porque justo entonces fue aprobada la ley marcial. Acusa a Europa de ignorar la importancia del conflicto armado. Ahora, ayuda como voluntaria en Rumania mientras espera reunirse con su marido, que está en Chernovtsi, a unos 40 kilómetros de la frontera. De repente, sucumbe al pesimismo al recordar que la OTAN rechaza crear una zona de exclusión aérea en Ucrania. “Solo nosotros nos podemos ayudar, los únicos que luchan contra Rusia, por la libertad, por los valores que defiende la UE”, abunda. “Nadie quiere morir por la democracia; nosotros, sí”.

Faith Igogo y su marido Sahdrach, en un hotel de la ciudad rumana de Suceava, este viernes.
Faith Igogo y su marido Sahdrach, en un hotel de la ciudad rumana de Suceava, este viernes.Alex Onciu

La lección de la solidaridad

Con una sonrisa, Faith Igogo y su marido Sahdrach, nigerianos de 33 años, explican que, tras cuatro años juntos en Ucrania, estaban listos para empezar una nueva vida en alguna otra parte del mundo, con su bebé de un año y con el que nacerá en pocos meses. El estallido del conflicto les convirtió de repente en refugiados y sus planes iniciales se transformaron en forzados. Faith se había establecido en la ciudad de Ivano-Frankivsk, en el oeste de Ucrania, siete años antes que su marido, para estudiar la especialidad de pediatría y construir una carrera como médica. “No estamos huyendo, volveremos”, asevera la pediatra, ataviada con ropa deportiva y gorro blanco, y sumamente agradecida de cómo los rumanos se han volcado en cubrir todas sus necesidades básicas.

El matrimonio, que se conoció en la escuela primaria en Nigeria, entró en el norte de Rumania el pasado domingo y fue acomodado de inmediato en un hotel junto a otros cientos de refugiados. El martes volarán por fin a Londres para reunirse con algunos familiares, tras una odisea que quieren contar algún día a sus nietos. “La seguridad es prioritaria. Al principio pensábamos que estábamos seguros, pero nos dimos cuenta enseguida de que estábamos en peligro tras escuchar que se estaban produciendo bombardeos en varias ciudades del país”, explica Sahdrach, ingeniero de petróleo y gas, quien reconoce que teme por aquellos que se han quedado sin opción de escapar de la ofensiva rusa. Sin embargo, ponen buena cara a lo que está sucediendo. Faith destaca el impulso de solidaridad que ha generado la guerra: “En esta dramática situación, unos y otros nos estamos ayudando para sobrevivir, es una lección, sin duda”.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.

Contenido exclusivo para suscriptores

Lee sin límites





Source link


Todo comenzó con el aviso de los traileros. Mensajes de radio donde alertaban, desde el martes por la tarde, que se venía la tragedia a los pueblos. Hombres armados para destruir una ciudad, decenas de camionetas con blindaje artesanal, perforadas para encajar los rifles de asalto de un calibre capaz de tumbar helicópteros, marcadas con una X, como en una guerra, para no confundir con el enemigo. Se movían rápido hacia el norte, según avisaban los conductores de camión que trataron de alertar con horas de antelación de lo que estaba a punto de suceder. Sin nadie pisándoles los talones, conscientes del poder de sus pistolas, estos hombres vestidos de militar y equipo táctico, se tomaron el tiempo de echar gasolina a sus carros, de grabarse en vídeo presumiendo de artillería y cilindradas: “Ya llegó la Chapiza: venimos con todo”.

La noche del martes nadie miraba a Caborca, la última ciudad del desierto de Sonora que comunica con Estados Unidos, de unos 89.000 habitantes. Y los hijos despiadados del que fuera el mayor narcotraficante del mundo, Joaquín El Chapo Guzmán, estaban a punto de sitiar de nuevo una localidad completa. Mientras eso sucedía, toda la información nacional estaba rebasada por la división entre los partidarios de Andrés Manuel López Obrador y sus adversarios por una investigación periodística contra el hijo mayor del mandatario; los habitantes de las zonas acomodadas de la Roma y la Condesa, en la capital, protestaban en redes por la “invasión yanqui” que ha disparado los alquileres; los periodistas se unían por primera vez porque los están matando en las provincias; el país hervía desde el centro y mientras eso sucedía, una guerra se acababa de desatar en el norte, pero también en Michoacán, en Colima, en Guerrero o en Zacatecas, y miles de habitantes rezaban en sus casas para que las balas no atravesaran la pared. Todo esto pasa en México todos los días al mismo tiempo.

Alrededor de las siete de la tarde del martes, un convoy con más de 20 camionetas desfiló desde Altar (Sonora) hacia Caborca, unos 35 kilómetros al norte. Este puñado de millas desérticas divide el poder de dos principales cárteles de la droga, históricamente unidos. En Altar se han hecho fuertes los hijos de El Chapo, conocidos como Los Chapitos, más sanguinarios e impredecibles de lo que fuera su padre, según los expertos consultados. En este pueblo recóndito a pocos kilómetros de Estados Unidos, el narcotráfico ha encontrado en los últimos años otro negocio muy rentable: los migrantes. Hasta este punto llegan todos los dramas que riegan el resto del país, los miles de hacinados en Tapachula, los otros miles que logran salir de centros de detención, los que consiguen avanzar hacia el norte. Un embudo de cientos de ellos cada día que buscan cruzar del otro lado por precios que van desde los 4.500 dólares a los 7.500 por persona.

Y en Caborca mantienen el poder los herederos del histórico capo de los noventa, Rafael Caro Quintero, agrupados bajo su lugarteniente, apodado El Cara de Cochi. Todos de Sinaloa y todos antiguos socios que han controlado las rutas del desierto desde hace décadas para el tráfico de droga hacia Estados Unidos. La desgracia de los cabecillas, la de El Chapo, cumpliendo cadena perpetua en Estados Unidos, y la de Caro, tras 28 años en prisión y ahora prófugo, ha fragmentado al poderoso cartel de Sinaloa, que se pelea esta codiciada plaza. Los Chapitos quieren todo el negocio: las rutas de la droga, las armas y los migrantes, cuentan veteranos reporteros de la zona. Por este motivo, amenazan y sitian, cuando se les antoja, la ciudad del enemigo.

Los balazos se escuchaban cada vez más cerca. Una vecina de Caborca, de 45 años, cuenta desde el otro lado del teléfono cómo desde las siete de la tarde del martes sabían, a través de grupos de Whatsapp, lo que habían avisado los traileros. También lo supo desde ese momento la policía, la Guardia Nacional y hasta el Ejército. Se metieron en sus casas y esperaron a que comenzara el asedio de su pueblo sin que una autoridad lo impidiera. Desde sus salones y habitaciones escucharon balazos sin tregua durante horas, el rafagueo de metralletas cada vez con más claridad. Y la taquicardia, la psicosis colectiva: “¿Nos vamos de aquí?, ¿a dónde?, ¿a un hotel?, ¿vendrán a por mí?”. “Empieza como si estuvieras en una zona de guerra, como si se fueran contra la ciudad. Los primeros balazos los escuchamos a las 12 de la noche y los últimos a las seis de la madrugada del miércoles. Nadie durmió”, cuenta la mujer, que prefiere no dar su nombre por miedo a represalias del narco.

Lo que ningún vecino de Caborca comprende es cómo un convoy de ese tamaño pudo pasar por delante del destacamento de la Guardia Nacional, con más de 150 hombres, y después, de otro de la Secretaría de la Defensa, sin que nadie, ni un solo soldado, se asomara a defender el pueblo. Mucho menos la policía municipal. “No hubo una sola autoridad que saliera a enfrentarlo, se escondieron todas las corporaciones. Nos dejaron solos, nos abandonaron”, señala la vecina. Y no es la primera vez que sucede algo así, esos mismos hombres, que en aquel momento sumaban más de 100, tomaron la ciudad en marzo del año pasado.

No se trató de un enfrentamiento entre carteles, sino de una declaración de intenciones. De una exhibición de fuerza que comenzó con la toma de la ciudad, desolada a esas horas, con balaceras a casas, agujereadas sus fachadas, el asesinato de dos hombres que quedaron tendidos en la calle y la búsqueda de posibles enemigos en casas. “Una vecina me contó cómo los sicarios se asomaban por las ventanas, por las azoteas, con sus armas, como buscando a gente, posiblemente narcomenudistas de los contrarios, con toda la impunidad del mundo”, agrega la mujer.

Con una de las camionetas tumbaron el portón eléctrico de la casa de los Uribe a las tres de la madrugada. Cuando la madre de Eduardo Uribe se despertó, un grupo de 10 sicarios había rodeado su cama. Buscaban a su hijo. Estaba durmiendo en otro cuarto con su amigo, Sebastián Manríquez, hijo de un veterano periodista de Caborca. Se los llevaron a los dos a la fuerza, pese a los gritos y súplicas de la madre desesperada. Los subieron a dos camionetas distintas. A las ocho de la noche del día siguiente, miércoles, apareció Manríquez. Su amigo ha aparecido con vida este jueves. Otros tres más fueron secuestrados esa noche, todavía hay dos desaparecidos.

Este jueves, Caborca sigue herida. Las escuelas han cerrado, el presidente municipal, Abraham David Mier Nogales, ha recomendado a los comercios un toque de queda no oficial para las 10 de la noche. “Reconozco que los hechos vividos esta madrugada rebasaron el nivel de respuesta de las corporaciones policiacas, ya que no fuimos capaces de prevenir estos lamentables hechos”, reconoció el alcalde. El Ejército, la policía y la Guardia Nacional se desplegaron el miércoles en las entradas del municipio, cuando los balazos hacía horas que no se escuchaban. “Ya sabemos cómo es esto. Los operativos duran dos o tres días y luego se relajan las corporaciones. Y vuelve la misma situación. Como si les estuvieran dando chance a los sicarios, vacaciones, mientras ellos simulan que tienen el control”, señala una vecina indignada.

Hace solo seis días, López Obrador emprendía una gira por Sonora, gobernada por el que fuera su jefe de Seguridad, Alfonso Durazo, gobernador desde septiembre. El recorrido incluía la revisión de las obras en estadios de béisbol y reuniones con autoridades de los pueblos yécora, seri y yaqui. La estrategia del Gobierno federal, como ha sucedido en otro de los puntos más calientes del país, Michoacán, es aumentar la presencia de soldados y agentes de la Guardia Nacional. Pero la cantidad de uniformados no ha evitado los balazos, ni en Sonora ni tampoco en Michoacán o Zacatecas, otro de los Estados con más presencia del crimen organizado en el último año.

El Estado, de casi tres millones de habitantes, tiene una tasa de homicidios que ronda los cinco al día. En 2021 murieron asesinadas 1.968 personas, una cifra que no ha dejado de crecer y que batió un récord letal de 23% más muertes que el año anterior. Durazo convirtió el tema de la inseguridad en su eje principal de campaña en las elecciones de junio del año pasado, y llegó a sacar pecho de los siete cuarteles de la Guardia Nacional construidos en el Estado, así como del despliegue de casi 3.000 efectivos del polémico cuerpo de espíritu castrense nacido ex profeso para controlar la violencia en el país. Formada por exmilitares y expolicías, el mando civil de la Guarda Nacional estuvo a cargo de Durazo como responsable de Seguridad. Pero la violencia, después de sus cinco meses de Gobierno en la entidad, sigue siendo la principal deuda pendiente.

Los criminales abandonaron Caborca después de 24 horas de sitio. Al menos un centenar de hombres con la capacidad de pasear con armas largas y grabarse en vídeos que publicaron en redes sociales mientras tomaban las calles sin que una autoridad les pusiera un freno. Escondida en sus casas, una ciudadanía acorralada por el poder real que gobierna su pueblo. Y así, hasta la próxima intervención. Las promesas de campaña, la pomposidad de los soldados y los cuarteles, se han silenciado a fuerza de balazos.

Suscríbase aquí a la newsletter de EL PAÍS México y reciba todas las claves informativas de la actualidad de este país



Source link


Puerto Caicedo Putumayo
Serían más de 20 familias las desplazadas en la vereda Picudo Negro, en Puerto Caicedo Putumayo. La Defensoría había dado Alerta Temprana.

Serían más de 20 familias las desplazadas en la vereda Picudo Negro. La Defensoría rechazó los hechos.

Noticias Putumayo.

La violencia por el conflicto en el departamento, nuevamente deja a familias desplazadas en medio de la zozobra al tener que abandonar sus hogares en Puerto Caicedo Putumayo y no saber cuál será su próximo destino.

Habitantes del municipio de Puerto Caicedo, dejaron sus viviendas el 12 de febrero.

Salieron menores de edad, adultos mayores, hombres y mujeres; son más de 150 personas las afectadas. Unas 20 familias.

El desplazamiento forzado ocurrió en la vereda Picudo Negro, este fin de semana.

El número de familias aumentó, pues horas después según información de las víctimas, llegaron otras personas.

Hombres armados les ordenaron abandonar sus viviendas y fincas.

Se dice que el desplazamiento sería consecuencia de confrontación entre el Frente Carolina Ramírez y los Comandos de Frontera de las disidencias de las Farc.

Como resultado el conflicto ha dejado a la población en medio del fuego cruzado. Y es que Putumayo es uno de los departamentos con más cultivos de coca, por ello pelean.

«No pudimos sacar nada»

“Debido a la confrontación entre esos dos grupos, nos dieron 48 horas para desocupar, no pudimos sacar nada”, dijo uno de los desplazados de Puerto Caicedo, Putumayo.

Se fueron sin sus pertenencias y con el temor de que además de sus bienes construidos por años también se les arrebatara su vida.

Según versiones, los grupos armados señalaron a algunos integrantes de estás familias de ser paramilitares e informantes, y que, si no abandonan la zona, serían declarados objetivo militar.

Las familias que tienen a sus hijos pequeños y adultos mayores siguen con preocupación ante la situación y como se les va a solventar su estado de emergencia.

150 personas desplazadas

Las familias desde la vereda El Picudo llegaron hasta el casco urbano del municipio de Puerto Caicedo, Putumayo.

«Preocupación por los recientes hechos de violencia», desde la Defensoría del Pueblo se había advertido desde junio de 2021 de la situación a través de la Alerta Temprana.

“A través de la Regional Putumayo solicitamos a las autoridades activar las rutas de protección para la comunidad, que vive en medio del temor ante el accionar de grupos armados», señalaron.

Desde la Alcaldía de Puerto Caicedo, Putumayo, llevaron algunos kits alimentarios y de aseo, para algunas familias que se encontraban en la vereda La Independencia.

Se espera la realización de un consejo de seguridad.

Alcalde Municipal, Edgardo Figueroa Ramírez, convocó un Consejo Extraordinario de Seguridad, para que en conjunto con la Gobernación del Putumayo, Personería Municipal, Ejército Nacional, Policía Nacional y demás Instituciones, analicen la problemática y se activen todas las rutas para atender a las víctimas de desplazamiento forzado.

Lo que preocupa es que ante la situación ninguna autoridad se ha pronunciado de manera oficial.

Temor

Hay preocupación por las confrontaciones armadas que se dan entre las estructuras armadas Comandos de Frontera Segunda Marquetalia y el Frente Carolina Ramírez, que dejan graves consecuencias.

Confinamientos, restricciones de movilidad, y ocupación de bienes a civiles.

El pasado 28 y 29 de enero, se presentaron enfrentamientos entre Carolina Ramirez y Comandos de Frontera en la comunidad de Nuevo Progreso y Dosquebradas en límites entre Puerto Caicedo y Puerto Asís.





Source link


Doble de J Balvin.

El paisa le hizo una mención a su imitador en su perfil que cuenta con más de 26 millones de seguidores.

Noticias Colombia.

J Balvin tiene su ‘doble perfecto’ en el reality «Yo me Llamo» que este año cuenta con grandes participantes como «Leonardo Favio», «Camilo Sesto», «Maluma» y «Carlos Grdel»; entre otros.

El imitador del intéprete de ‘Rojo’, ‘Ay Vamos’, ‘Inda Guetto’, ‘ Mi gente’, ‘Agua’; y otros éxitos mundiales, es uno de los grandes aspirantes a quedarse con el premio de 700 millones de pesos.

Es uno de los favoritos de los fans del artista internacional y de Amparo Grisales, quien cada vez que se presenta con su show en la tarima del concurso, le «echa flores» por su desborde de talento y por su gran parecido con el «original».

Incluso el propio J Balvin (el original) tuvo la oportunidad de verlo presencialmente en el reality y allí aseguró que su ‘doble’ es «igualito».

Lea: ‘Leonardo Favio’ de «Yo me Llamo» hizo llorar a los fans del reality, le auguran un buen futuro

Para ayudar a su imitador a que siga ganando adeptos y crezca en redes sociales, ‘El niño de Medellín’, le hizo uan mención en su página de Facebook.

«¿Nos parecemos o no?», preguntó el paisa a sus seguidores y la gran mayoría coincidió en que «son idénticos» y cantan muy parecido.

«Gracias Jose», escribió el imitador en sus redes por la mención

Respuesta del doble de J Balvin.

Tal parecer que J Balvin se encuentra promocionando el talento de Sadid Márquez, su imitador #1.

A sus fans les ha gustado la idea de que un artista de la talla de Balvin apoye nuevos talentos colombianos.

 A continuación una presentación del imitador de J Balvin en «Yo me Llamo»:

Foto de portada:

Le puede interesar:

Vuelve y juega: Leonardo Favio gana premio en ‘Yo me Llamo’ y pone a llorar a Amparo Grisales





Source link


Durante la noche anterior hubo presencia de Policía y Secretaría de Movilidad en la zona; pero las denuncias por desorden volvieron a ser reportadas.

Durante la noche anterior hubo presencia de Policía y Secretaría de Movilidad en la zona; pero las denuncias por desorden volvieron a ser reportadas.

Noticias Cali.

El padecimiento de los habitantes de sectores como Bellavista, km1 en la vía a Cristo Rey parece está lejos de terminar.

Piques ilegales, denuncias por hurtos, consumo de drogas, trancones y reguero de basura dejado por motociclistas o conductores de vehículos particulares que suben a la zona se ha vuelto la constante.

Jueves, viernes, sábado y domingo; «es lo mismo cada fin de semana«.

Desde esta parte de Cali son muchas las denuncias que se han conocido desde años atrás, sin embargo, pese a controles y operativos adelantados por las autoridades, se siguen presentando.

Anoche la tranquilidad no fue completa

Durante la noche de este viernes 11 de febrero hubo varios operativos por parte de la Secretaría de Movilidad y la Policía Metropolitana de Cali en algunos sectores de la ciudad.

Uno de ellos fue justamente la vía a Cristo Rey.

En el lugar estuvieron agentes y varios uniformados, que pese a que realizaron controles se siguieron conociendo denuncias de alteraciones en la zona.

Tal como sucedió en el Km 1 vía Cristo Rey, «Bellavista entrada Morichal”, en donde se encontraban varios patrulleros realizando controles.

Sin embargo se vieron superados por la cantidad de motorizados que bajaban por el lugar y al requerirlos habrían reaccionado con agresiones.

Se escuchaban disparos y aseguran «se ha vuelto una calentura Bellavista totalmente. Todos los fines de semana, no respetan nada en absoluto«.

«Estamos cansados, mamados, más seguridad por favor».

Para lo habitantes del sector es una situación que manifiestan «se le salió de control a las autoridades«.

Consolidado operativos anoche

  • Cristo Rey, Parque del Perro y la Terminal: 103 comparendos a infractores, 20 vehículos inmovilizados, 1 prueba alcoholemia positiva grado 2.

 



Source link


El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha asegurado este miércoles que su Gobierno se va “a dar un tiempo” en las relaciones con España. “Una pausa para respetarnos y que no nos vean como tierra de conquista. Queremos tener buenas relaciones con todos los gobiernos del mundo, pero no queremos que nos roben, así como los españoles no quieren que les roben de ningún país. Y hacen bien. Pues tampoco queremos nosotros”.

Durante su conferencia diaria, conocida como La Mañanera, López Obrador comentaba aspectos de la reforma energética cuando se ha referido a las relaciones con España y ha cargado contra varias empresas. “A mí me gustaría que hasta nos tardáramos en que se normalizaran [las relaciones]. Creo que nos va a convenir a los mexicanos y a los españoles. Desde luego al pueblo de México y al pueblo de España”, ha dicho, para después continuar: “Era un contubernio de arriba, una promiscuidad económica, política, en la cúpula de los gobiernos de México y de España, pero como durante tres sexenios seguidos. Y México se llevaba la peor parte, nos saqueaban. Entonces, vale más darnos un tiempo, una pausa, a lo mejor ya cuando cambie el Gobierno ya se establecen las relaciones. Yo desearía que cuando no esté aquí no sean igual a como eran antes”, ha continuado el presidente mexicano, quien ha puesto el foco en sus antecesores: “[Felipe] Calderón tenía a Repsol, Iberdrola viene de [Vicente] Fox”.

Sorpresa por unas declaraciones “inexplicables”

El jefe de la diplomacia española, José Manuel Albares, se ha mostrado sorprendido por las declaraciones del presidente mexicano. Preguntado en Lyon (Francia), donde asiste a una reunión de ministros europeos, Albares ha alegado que estaba verificando cuáles habían sido exactamente las palabras de López Obrador y ha subrayado que debieron producirse en un contexto informal y a preguntas de los periodistas, pues México no ha hecho pública ninguna nota oficial ni el Gobierno español ha recibido ninguna comunicación al respecto, por lo que habría que preguntar al presidente mexicano qué ha querido decir, informa Miguel González.

No obstante, ha expresado su “sorpresa” por unas declaraciones que, a su juicio, se contradicen con las realizadas hace una semana por el propio López Obrador y con lo que le dijo su homólogo mexicano, Marcelo Ebrard, con quien tuvo un “encuentro cordial” el pasado día 27 de enero en Tegucigalpa, donde ambos coincidieron en la toma de posesión de la nueva presidenta hondureña, Xiomara Castro. En Honduras, Albares comunicó a Ebrard la concesión del plácet al nuevo embajador de su país en España, Quirino Ordaz, que llevaba cuatro meses pendiente, lo que este agradeció públicamente.

El ministro español de Asuntos Exteriores ha subrayado que “la relación entre España y México es una relación estratégica que va más allá de declaraciones súbitas o palabras puntuales” y que, lejos de estar en pausa, el flujo de inversiones en ambas direcciones no han hecho más que crecer en los últimos años y es obligación de ambos gobiernos acompañar estas relaciones empresariales. En un tono más firme, ha añadido que “el Gobierno español no ha hecho ninguna acción que pueda justificar una acción de este tipo” y que lo que hará, en todo caso, “es defender los intereses de España en cualquier circunstancia y ante cualquier país”.

Las declaraciones de este miércoles en La Mañanera vuelven a tensar las relaciones con España, marcadas por la carta que en 2019 envió el presidente mexicano a Felipe VI exigiéndole que pidiese perdón por los abusos cometidos en la Conquista, un reclamo que no fue atendido por la diplomacia española por los términos en que fue dirigido, y que el mandatario mexicano tomó muy a mal.

Más allá de la misiva, durante los tres años que lleva en el poder López Obrador ha lanzado desde su conferencia diaria duros ataques a diversas empresas españolas, especialmente a las energéticas. Cada vez que el presidente mexicano trae a colación los antiguos negocios de algunas compañías, como Iberdrola o Repsol, con anteriores gobiernos, el discurso se enturbia y las relaciones diplomáticas parecen agrietarse. El presidente se duele una y otra vez de los negocios que hicieron las grandes firmas energéticas y turísticas en territorio mexicano con el concurso de presidentes como Calderón, Fox y otros. “Estaban acomplejados, fascinados con la Monarquía”, ha dicho este miércoles. Y ha tenido, como siempre, palabras laudatorias hacia el pueblo español, “que merece todo el respeto”. “Es un pueblo trabajador, bueno, extraordinario”, ha añadido.

En un mensaje críptico, el presidente mexicano ha hablado de “esperar”, de “ir despacio” con la diplomacia española. “Nos conviene darnos un tiempo por lo que sucedió”, en referencia a las relaciones comerciales entre las multinacionales españolas y la petrolera estatal mexicana, Pemex, por ejemplo, donde el presidente ha relatado algunos pésimos negocios en los que la estatal salió con muchas pérdidas. Preguntado por la prensa sobre qué implicaban sus palabras exactamente respecto a la relación con España, ha dicho: “Es solo un comentario, una plática aquí, una conversación. ¿Que ya no puedo hacer comentarios?”, ha sonreído. Y ha añadido que cuenta todos esos detalles para que la población mexicana conozca lo ocurrido en los sexenios que le han precedido. Pero ha negado tomar ninguna medida formal: “No, no, eso no se puede hacer, imáginese los internacionalistas, los diplomáticos, si de por sí me cuestionan porque soy de Tepetitán, un aldeano…”

“No confundir gobiernos con nación”, ha señalado el presidente. “Esto es cosa de los de arriba, de las cúpulas económicas y políticas, que son lo mismo, están mezcladas”. Y de nuevo ha evidenciado la buena relación de México con el pueblo español “perseguido por el franquismo”, los miles de republicanos que llegaron amparados por las medidas de acogida del expresidente Lázaro Cárdenas: “Vino gente preparada que contribuyó al desarrollo del país y que tienen nuestro respeto, también los españoles de allá”.

Con el nuevo embajador Quirino Ordaz, López Obrador habló de calmar las aguas y restaurar las buenas relaciones con España. Pero la dilación del Gobierno español para dar el plácet al diplomático enrareció el ambiente. Cinco meses tardó el Ministerio de Asuntos Exteriores español en aceptar a Ordaz, un antiguo priista cuyo nombramiento también ha traído conflictos en la política interna de México. Finalmente, Exteriores confirmó el nombramiento y el canciller mexicano habló de los “buenos oficios y simpatías por México” del ministro José Manuel Albares.

Suscríbase aquí a la newsletter de EL PAÍS México y reciba todas las claves informativas de la actualidad de este país



Source link

top