Mostrando entradas con la etiqueta vecinos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vecinos. Mostrar todas las entradas


Los paneles electrónicos que reclaman a la OTAN que cierre el espacio aéreo conviven en las calles de Kiev con los carteles que siguen anunciando el concierto del 29 de mayo de Iron Maiden y que el conflicto ha obligado a suspender. La capital de Ucrania es una ciudad en la que apenas se ven ya niños superado el mes de la invasión rusa, que comenzó el 24 de febrero pasado. Aproximadamente la mitad de los tres millones de habitantes se han marchado huyendo de la guerra. Los hombres de entre 18 y 60 años han de quedarse, pero muchas mujeres y menores han ido saliendo de forma escalonada. Forman parte de los diez millones de ucranios que han huido de los bombardeos, 3,5 millones fuera del país y 6,5 millones como desplazados internos. La capital de Ucrania ha aprendido en el último mes a convivir con el estruendo de los combates que se escuchan de fondo, los sonidos de las alarmas, las noches en los refugios y las calles medio desiertas. Este es el testimonio de algunos de los vecinos que siguen en Kiev.

Alexei, repartidor de Glovo con chaleco antibalas y casco: “La gente tiene miedo de abrir las puertas de sus casas”

Alexei, de 36 años, repartidor de Glovo en las calles de Kiev.
Alexei, de 36 años, repartidor de Glovo en las calles de Kiev.Luis de Vega

Es una imagen fantasmal que recuerda al cierre de la vida pública en todo el mundo por la pandemia de covid. La estampa de los riders por las calles de Kiev en plena guerra es para algunos el símbolo del avance irrefrenable y sin piedad del capitalismo en la exrepública soviética. Su presencia entre avenidas medio desiertas y zigzagueando entre las barricadas recuerda a aquellos días de confinamiento impuesto por el virus, pero aquí los repartidores pedalean entre los zambombazos del Ejército de Ucrania y el de Rusia. La aplicación que regula los pedidos y repartos de Glovo se bloquea en cuanto empiezan a sonar las alarmas que advierten de un posible ataque en la capital ucrania. Alexei, de 36 años (prefiere no dar su apellido), no acaba de acostumbrarse a esos parones, pero lo lleva con resignación. Reconoce que la empresa les paga un poco más por cada viaje por el peligro que supone trabajar estos días. “Si ya estoy de camino cuando suena la alarma, no tiro el pedido”, señala con cierta sorna. Explica que lo lleva a destino y espera a que la normalidad, si es que puede decirse así, se retome para esperar nuevos encargos.

Hace tres años que este padre soltero de una hija de diez años se gana así la vida, como repartidor a tiempo parcial. Estos días de conflicto lo hace sobre todo en la zona centro, que es la más tranquila y se mantiene alejada de los combates, aunque “se escuchan los ecos de las explosiones de otras partes de la ciudad y hay tensión”, señala. Por eso, cuando ha de ir a zonas más alejadas o conflictivas asegura que lo hace con el casco y el chaleco antibalas que ha obtenido como miembro de los grupos de defensa civil en los que se ha enrolado. Cuenta que lo que más está llevando a los clientes es tabaco, cereales y pan, pero que el clima bélico tras un mes de conflicto ha enrarecido a la población. “La gente tiene miedo, tiene miedo de abrir las puertas de sus casas. Si antes tocabas el timbre y te abrían, ahora tienes que llamar por teléfono antes. Te hacen preguntas y a veces tienes que enseñar los documentos”, comenta con las manos apoyadas en el manillar y la mochila amarilla a los hombros.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

Dice que muchos de los repartidores se han ido de la ciudad o se han unido a los grupos de defensa, por eso han quedado pocos. Además, añade, la cantidad de los pedidos ha disminuido porque la ciudad tiene ahora una población menor. Pero haciendo un balance, a él la carga de trabajo no se le ha hundido porque antes de la guerra realizaba unos 10 pedidos al día, y ahora en las jornada que considera buenas, sin muchas alarmas, hace en torno a siete u ocho. Pero en las malas, con muchas advertencias de seguridad, apenas uno o dos. En definitiva, tiene menos pedidos pero cobra algo más por cada uno de ellos en concepto de riesgo. Si antes sacaba una media de entre 1.000 o 1.500 grivnas al día (30-45 euros), ahora obtiene una cantidad de entre 1.000 y 1.200 (30-37 euros). Pero Alexei insiste en que, más allá de la bicicleta y Glovo, su papel ahora mismo es más el de defender a su pueblo y para ello se apoya en su madre, que es quien se hace cargo de su hija.

Julia, reportera del canal 1+1: “El frente es ahora mi casa”

Julia Kyriienko, de 34 años, reportera del canal 1+1.
Julia Kyriienko, de 34 años, reportera del canal 1+1.Cedida por Canal 1+1

El bautizo como reportera de guerra de Julia, de 34 años, tuvo lugar en 2014 en el este de su país, en la región del Donbás. Allí, separatistas prorrusos llevan todo este tiempo desafiando a las tropas ucranias. Ahora, a Julia Kyriienko, periodista del canal de televisión 1+1, la guerra le pilla a las puertas de casa, en los alrededores de Kiev. Además, su marido, hasta hace unas semanas vendedor de teléfonos móviles, se ha ido al frente con el Ejército mientras que el hijo de ambos, de dos años, se ha refugiado en el oeste del país con la abuela. “En el Donbás, sabías dónde estaba la línea del enemigo, de dónde podían salir los tiros”, pero “ahora estamos todos bajo fuego, no importa si estás en casa, en el trabajo o en el frente. Mi vida personal ha cambiado desde el 24 de febrero porque el frente es ahora mi casa”.

Julia forma parte de los equipos de periodistas ucranios a los que se permite estar empotrados con las tropas de su país, algo que apenas consiguen los medios extranjeros. “Muchas veces tenemos que seguir trabajando hasta cuando se encienden las sirenas, estando en la calle o camino a rodar. El riesgo es máximo”, relata durante una entrevista a primera hora de la mañana en la sede del canal 1+1, que forma parte del grupo de siete medios que se ha unido bajo la guerra para, entre todos, emitir de manera ininterrumpida las 24 horas del día. De esta forma, explica Julia, mantienen informada a la población de manera permanente y, al mismo tiempo, hacen frente a la falta de personal, pues muchos trabajadores se han ido por seguridad de Kiev.

Cada canal se encarga de una franja horaria que va rotando cada día. “El trabajo del periodista no ha cambiado, solo que el tiempo que tenemos que cubrir en antena ha aumentado a unas tres horas cada día”. A veces Julia coincide con su marido en los alrededores de la línea del frente, pero no puede acompañarlo porque “está en una división que no permite trabajar junto a él”. En cuanto a la implicación que pueda tener la guerra en su forma de cubrir la actualidad señala: “Entendemos qué es lo que está haciendo Rusia y cómo intenta hacer nuestra nación desaparecer. Llevamos ocho años de guerra. Los rusos se están hundiendo en sus fake news y todo el mundo lo puede ver, no tenemos este problema de tener que desmontar sus mitos. Todo el mundo se está riendo de ellos”. La reportera muestra en su móvil algunas imágenes del frente, entre ellas, un selfi en el que de fondo aparece un perro comiéndose el cadáver de un militar ruso.

Volodímir, conductor de una empresa funeraria: ”Cuando hay un niño muerto no lo puedes comprender”

Tumbas en el cementerio del crematorio de Kiev
Tumbas en el cementerio del crematorio de KievLuis de Vega

Cada día al llegar a casa Volodímir trata de “cambiar el chip” y pensar en otra cosa que no sea su trabajo. Cientos de vasijas con cenizas se acumulan ordenadas por orden alfabético en las dependencias del crematorio del cementerio de Baikove de Kiev. El humo negro que sale por la chimenea impregna el entorno. Muchas familias no acuden estos días a buscar los restos de sus seres queridos por la guerra. En las últimas semanas, los operarios han abierto nuevas cavidades en el terreno para tratar de aligerar el proceso de sepultura, pero no pueden avanzar sin que se cumplimenten los trámites burocráticos. Como en muchas otras profesiones, la de conductor de vehículos fúnebres también se ha visto afectada con el conflicto. “Después del 24 de febrero, algunos cuerpos se quedan en las morgues. Es imposible sacarlos por el pánico, mucha gente ha huido y el proceso se ralentiza. El trabajo es el mismo que antes, lo único es que falta gente”, explica Volodímir, de 34 años y conductor desde hace 12 en una empresa mixta de titularidad pública y privada.

Ha acudido hasta el crematorio a trasladar el cadáver de un hombre que murió una semana antes de un disparo mientras ayudaba a evacuar a civiles en su coche de Irpin, en la línea del frente a las afueras de la capital. En las dos pequeñas capillas los procesos son rápidos, ceremonias de apenas unos minutos. Algunos religiosos despiden incluso a algunos de los finados dentro de la misma furgoneta en la que llegan. Abren el féretro, ondean un pequeño incensario y listo. Volodímir asegura que también faltan enterradores y que los ataúdes empiezan a escasear porque no hay quien los fabrique dentro de Kiev. Pese a sus años de experiencia, reconoce: “Me asustan las muertes que no son naturales, como estos días cuando están matando a la gente. Cuando hay un niño muerto no lo puedes comprender, el cerebro te explota y piensas ¿por qué? Últimamente he visto a niños y gente joven a la que han disparado durante la evacuación de Irpin, de Bucha…”. Por eso, al final de la jornada laboral trata de dejar el trabajo en la puerta y dedicarse a cuidar de su mujer y su hijos.

Roman, acogido en un hogar para personas sin techo: “No me hablo con mi familia. No tengo a nadie”

Roman, de 43 años, en la casa para personas sin techo donde está acogido en Kiev.
Roman, de 43 años, en la casa para personas sin techo donde está acogido en Kiev.Luis de Vega

Roman, de 43 años, muestra el refugio subterráneo con cinco literas que, en la actual coyuntura, se ha erigido como la estrella de la humilde casa de acogida donde habita junto a una veintena de mujeres y hombres sin techo en Kiev. “Llevo en este lugar unas dos semanas, un poco después de haber empezado la guerra”, explica mientras ordena las pocas pertenencias de las que dispone. Desde 2008, cuando fue desahuciado por impago, anda dando tumbos y ahora se ha visto obligado a buscar amparo en una organización humanitaria porque los toques de queda prohíben permanecer en la calle a los ciudadanos. Roman tiene exmujer y un hijo. Sabe que están en la región de Kiev, pero no mantiene contacto con ellos. “No me hablo con mi familia. No tengo a nadie”.

En la vivienda, además del sótano, hay dos dormitorios donde duermen separados mujeres y hombres. A la casa se entra por una estancia que hace las veces de pequeño salón y cocina. Varios hombres matan ahí el tiempo cocinando o limpiando. Lo más emocionante del relato de Roman son los paseos “de tres kilómetros” para traer agua porque, afirma, la del grifo no pueden beberla. Al enterarse de que el reportero es español, cuenta de inmediato con cara de sorpresa que su madre vive desde hace dos décadas en Avilés. Asegura que le gustaría irse de Kiev, pero la ley obliga a todos los varones de entre 18 y 60 años a quedarse a defender el país y él mismo reconoce que no tiene “adónde ir”, pues ni siquiera puede encontrar un trabajo. Le acompañan tres hombres armenios, Georgi, de 53 años, Aram, de 52, y Tigram de 39, cuyas circunstancias son similares. Se han quedado atrapados en la capital ucrania sin poder salir.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.

Contenido exclusivo para suscriptores

Lee sin límites





Source link


vecinos policías Cali
La gente del 7 de Agosto en Cali llamó a la policía para que intervinieran, porque un grupo de vecinos enrumbados golpearon a un joven.

La gente del 7 de Agosto llamó a los policías para que intervinieran, «sonaron las alarmas y todo» y denuncian que las patrullas aparecieron cuando ya un grupo de vecinos borrachos «había golpeado a un muchacho y lo dejaron privado».

Noticias Cali.

Desde el sector Viveros en el barrio 7 de Agosto en Cali denuncian que la policía le pidieron ayuda porque unos vecinos «arman rumba cada ocho días y le buscan problemas a todo el mundo», y este domingo casi matan a un muchacho, pero «los policías llegaron cuando ya había ocurrido todo».

En una casa llegó a vivir un grupo de personas, que reportan desde la comunidad, son extranjeros, «y cada ohco días toman y hacen rumba».

Según una de las vecinas, «le buscan pelea a todo el mundo».

Por eso, este domingo terminaron golpeando a un joven, «que todos conocemos acá, no se mete con nadie y ellos le estaban buscando pelea».

«Al muchacho lo dejaron privado, y la gente salió a defenderlo y por eso llamamos a la policía también, pero no llegaron a tiempo», denuncian.

La familia se lo llevó al hospital, donde les dijeron que tenía hasta fractura de clavícula porque le dieron varias patadas cuando ya estaba en el piso.

Terminaron agarrados policía y comunidad

La gente estaba enfurecida con los sujetos señalados de agresores, que se encerraron en la vivienda cuando vieron que la gente salió hasta con palos.

vecinos policías Cali
La policía sin embargo, no detuvo a nadie de la comunidad y se llevó a los conducidos. Luego, los soltaron.

Cuando la policía llegó, los metieron en la patrulla y ahí en medio de la tensión, terminaron agarrados entre uniformados y quienes exigían justicia.

«Aquí no queremos más a esa gente», advierten.

Hasta ahora la Policía no se ha pronunciado sobre este hecho, pero a las 5:15 de la tarde, desde la comunidad del 7 de Agosto, le reportaron a TuBarco que a los agresores «los dejaron libres». 

Es decir, en la mañana se los llevaron en calidad de conducidos, pero dado que no había denuncias ni flagrancia, la policía los soltó.

Tuvieron que «venir con el Esmad y la policía para sacar sus cosas de la casa».

Los vecinos señalan que están haciendo la denuncia virtual para dejar el precedente, y que el martes recurrián a las instancias necesarias.

Además, no solo para denunciar a los vecinos agresores, sino «para ponder la queja contra la policía», porque denuncian que los patrulleros terminaron «golpeando hasta mujeres, y vinieron con el Esmad y nos gases».

De parte de la Policía Metropolitana se conoció de manera extraoficial, que «no golpearon a a gente, la corrieron y tuvieron que reaccionar porque estaban golpeando la patrulla y querían bajar a los conducidos».

Esta fue parte de la situación registrada:



Source link


Una joven decidió denunciar, temerosa de que el sujeto que mira para su casa mientras se toca, pueda terminar agrediéndola a ella o alguien más. Apareció otro vídeo en otro punto, y es el mismo exhibicionista.

Noticias Cali.

Este lunes la alerta saltó en el barrio Barranquilla, norte de Cali, cuando una joven denunció a través de sus redes sociales, que había un sujeto masturbándose en la calle y que no era la primera vez, mientras se toca mira a su casa, TuBarco conoció que se trataría del mismo hombre que se masturba en otras zonas de ese barrio y otras comunidades.

Por los vídeos que hasta ahora han logrado grabar algunos vecinos, sería el mismo sujeto.

Un hombre joven, se masturba en los pasajes del barrio Barranquilla o comunidades vecinas, con ropa deportiva. No le importaría que lo estén grabado.

De hecho, mira hacia las viviendas.

En uno de los casos, registrado en febrero por un joven que vivía en el barrio Barranquilla con su madre adulta mayor, se ve al sujeto tocándose, mira hacia la casa. Mira a otros lugares.

Lo más grave, lo hace cerca de juegos infantiles del conjunto que está en el lugar.

«Allí llegan a jugar niños muy pequeños», denuncia uno de los habitantes.

Entre los vecinos al ver esta situación, se unieron, crearon un WhatsApp para informarse en el momento en que lo vean.

Este lunes, al ver la denuncia que hizo la joven, confirmaron entre los vecinos que se trataba del mismo exhibicionista que creen, puede ser un riesgo para la comunidad.

No saben si vive en esta misma urbanización, o en un barrio vecino.

Hasta ahora, la policía no ha recibido una denuncia formal por parte de vecinos, la JUnta de Acción Comunal ni la joven que decidió hablar del caso de manera pública.

Sin embargo, ella dijo que si llamó al 123 para reportar en el momento en que el sujeto se estaba tocando este lunes.

«Espere 40 minutos y no aparecieron», el sujeto al ver que un vecino iba saliendo de la casa, se retiró del lugar.

Lea también:

«No la trató como un ser humano racional»: identificaron y denunciaron al hombre que le pegó a una mujer en Cali

 

 



Source link


Horas después de que el presidente ruso, Vladímir Putin, ordenara el lunes la entrada de sus tropas en las zonas separatistas del este de Ucrania, no se veía en el horizonte ni uno solo de los vehículos blindados que se podían encontrar con facilidad el día anterior a lo largo de la porosa frontera rusa de Rostov con las zonas secesionistas de Donetsk y Lugansk. Ni un vehículo militar en una de las principales entradas a la región del Donbás ni un helicóptero en el aire durante horas este martes en el que posiblemente ha sido el día más tranquilo en el oblast (provincia, en ruso) en mucho tiempo. Y aunque en Moscú, muy lejos de la guerra, aseguran que la operación no ha empezado, en esta provincia rusa ya dan por hecho que los militares han ido entrando en las autodenominadas repúblicas populares, reconocidas este lunes por el Kremlin en medio del rechazo internacional. A lo largo de la jornada de este martes, fotografías distribuidas por varias agencias de noticias muestran blindados rusos en algún punto de la zona.

Novoshajtinsk es el último pueblo ruso justo antes de llegar a una de las principales entradas a Lugansk. Ese enclave lo cruza la carretera Jarkóvskaya, una de las pocas vías para acceder al territorio separatista del este de Ucrania. De ella sale una bifurcación secundaria que pone rumbo a la capital de la provincia rusa, Rostov del Don, en paralelo a la frontera. “Aquí vi ayer varias columnas de vehículos. Han debido meterlo todo [en el Donbás] por la noche”, cuenta un testigo de esta zona que quiere permanecer en el anonimato para evitar problemas. La frontera está a unos pocos cientos de metros, pero las fuerzas rusas han desaparecido, al menos en estos terrenos, y solo se ven unos pocos coches particulares rumbo a Rusia, como si huyeran de una catástrofe inminente. Otros testigos ratifican que el día anterior había militares que ahora no están. Tampoco se ven vehículos del ejército a lo largo de la autovía M-4, que une Krasnodar, Rostov del Don y Vorónezh, tres ciudades habituadas a los ejercicios bélicos y que estos últimos meses han protagonizado gran parte de las masivas maniobras rusas a las puertas del país vecino. Y si se levanta la vista del suelo, el cielo de la frontera también está despejado pese a que un día antes sobrevolaban ese territorio numerosos helicópteros de transporte Mi-8, uno de los más producidos del mundo, y de ataque Ka-50 Tiburón Negro y Ka-52 Aligator.

“Habrá sanciones y habrá guerra”, vaticina un vecino de Rostov junto a una fábrica. “Este punto lo bombardearon los ucranios en 2014″, rememora en una zona que no languidece por la guerra, sino por la crisis económica. Cuenca minera, la zona se está despoblando poco a poco porque los jóvenes buscan trabajo fuera. Pese a los problemas, Rostov es la región hacia donde se ha encauzado gran parte de la evacuación a Rusia que anunciaron el pasado viernes las autoridades separatistas de Donetsk y Lugansk tras recrudecerse los bombardeos en las líneas del frente con el Ejército ucranio. El mensaje de los jefes de las autoproclamadas repúblicas rebeldes llamando a la población a marcharse a Rusia, sin embargo, se había grabado ya dos días antes de elevarse la tensión.

El hotel Transpark de la provincia de Rostov aloja a un puñado de familias divididas, como la de Svetlana y tres hijos.
El hotel Transpark de la provincia de Rostov aloja a un puñado de familias divididas, como la de Svetlana y tres hijos.

El acceso a las personas desplazadas es complicado. En Novoshajtinsk hay una iglesia, la del Icono de la Madre de Dios, cuyo techado azul ha dado cobijo y ayuda a los llegados del Donbás. Sin embargo, a los periodistas no se les concede permiso para entrar y los policías impiden el paso, igual que ocurre en los demás puntos de acogida, como la Escuela Deportiva Reserva Olímpica N.º 13. Pero las autoridades organizaron este martes una visita a uno de estos enclaves, el hotel de carretera Transpark. Las familias están constituidas exclusivamente por madres o abuelas con hijos y nietos, y pese a la cercanía del Donbás, a menos de una veintena de kilómetros, algunas habitaciones de la planta de arriba están vacías. “La situación es muy mala, nadie se hace una idea”, cuenta Kristina Kolésnikova, madre de una niña. “Queremos volver a casa. Mis padres se quedaron en Brianka”, agrega, más tranquila que el día de su llegada porque había logrado hablar con su madre y esta le dijo que “todo está más tranquilo” al otro lado de la cercana frontera.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

Otra mujer, Svetlana, está en ese momento en la misma habitación con sus tres hijos. No quiere dar su apellido. “Todo el mundo está disgustado, todos tienen pánico”, explica. Svetlana lamenta que sus niños estén “perdiendo el tiempo cuando debería estar en el colegio”. Los abuelos de los chicos también se han quedado en Donbás. Por el pasillo de arriba deambula Ígor, un pensionista que tampoco quiere ser citado por su nombre ni dar su edad. Este lunes escuchó el discurso de Putin, en el que el líder ruso anunció el reconocimiento de la independencia de Donetsk y Lugansk. “Lo apoyo al cien por cien, fue muy bueno”, dice tras mostrar su pasaporte ruso, aunque aún no tiene claro si prefiere vivir en Rusia o en una de las autoproclamadas repúblicas. Moscú ha repartido casi un millón de pasaportes en las zonas separatistas.

El hotel no es muy grande. En la primera de sus habitaciones se hospedan Irina Petrovna, de 72 años, y su nieto Vladislav (de 9 años). “Mi marido es ruso y yo ucrania, siempre pensé que debíamos convivir unos con otros”, dice esta abuela, quien siente “indiferencia, y no odio”, ante la bandera azul y amarilla ucrania. “El pueblo ucranio es bueno”, subraya. Esta es la tercera vez que Irina Petrovna abandona su casa. En la primera ocasión su nieto tenía dos años. “Escuché que sería cosa de una semana y estuvimos aquí tres meses. Y la guerra sigue y han pasado ocho años”, se resigna. Profesora de ruso, solo quiere volver a casa, donde están muchos de sus vecinos. “Creo que se quedó la mitad. Puede ser por lo que pasó la primera vez, en 2015. Al regresar, todas las ventanas estaban rotas, sin luz. Fue terrorífico”, recuerda la anciana, que solo suplica que su gente “pueda volver a trabajar y criar a sus niños”.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.

Contenido exclusivo para suscriptores

Lee sin límites





Source link


Todo comenzó con el aviso de los traileros. Mensajes de radio donde alertaban, desde el martes por la tarde, que se venía la tragedia a los pueblos. Hombres armados para destruir una ciudad, decenas de camionetas con blindaje artesanal, perforadas para encajar los rifles de asalto de un calibre capaz de tumbar helicópteros, marcadas con una X, como en una guerra, para no confundir con el enemigo. Se movían rápido hacia el norte, según avisaban los conductores de camión que trataron de alertar con horas de antelación de lo que estaba a punto de suceder. Sin nadie pisándoles los talones, conscientes del poder de sus pistolas, estos hombres vestidos de militar y equipo táctico, se tomaron el tiempo de echar gasolina a sus carros, de grabarse en vídeo presumiendo de artillería y cilindradas: “Ya llegó la Chapiza: venimos con todo”.

La noche del martes nadie miraba a Caborca, la última ciudad del desierto de Sonora que comunica con Estados Unidos, de unos 89.000 habitantes. Y los hijos despiadados del que fuera el mayor narcotraficante del mundo, Joaquín El Chapo Guzmán, estaban a punto de sitiar de nuevo una localidad completa. Mientras eso sucedía, toda la información nacional estaba rebasada por la división entre los partidarios de Andrés Manuel López Obrador y sus adversarios por una investigación periodística contra el hijo mayor del mandatario; los habitantes de las zonas acomodadas de la Roma y la Condesa, en la capital, protestaban en redes por la “invasión yanqui” que ha disparado los alquileres; los periodistas se unían por primera vez porque los están matando en las provincias; el país hervía desde el centro y mientras eso sucedía, una guerra se acababa de desatar en el norte, pero también en Michoacán, en Colima, en Guerrero o en Zacatecas, y miles de habitantes rezaban en sus casas para que las balas no atravesaran la pared. Todo esto pasa en México todos los días al mismo tiempo.

Alrededor de las siete de la tarde del martes, un convoy con más de 20 camionetas desfiló desde Altar (Sonora) hacia Caborca, unos 35 kilómetros al norte. Este puñado de millas desérticas divide el poder de dos principales cárteles de la droga, históricamente unidos. En Altar se han hecho fuertes los hijos de El Chapo, conocidos como Los Chapitos, más sanguinarios e impredecibles de lo que fuera su padre, según los expertos consultados. En este pueblo recóndito a pocos kilómetros de Estados Unidos, el narcotráfico ha encontrado en los últimos años otro negocio muy rentable: los migrantes. Hasta este punto llegan todos los dramas que riegan el resto del país, los miles de hacinados en Tapachula, los otros miles que logran salir de centros de detención, los que consiguen avanzar hacia el norte. Un embudo de cientos de ellos cada día que buscan cruzar del otro lado por precios que van desde los 4.500 dólares a los 7.500 por persona.

Y en Caborca mantienen el poder los herederos del histórico capo de los noventa, Rafael Caro Quintero, agrupados bajo su lugarteniente, apodado El Cara de Cochi. Todos de Sinaloa y todos antiguos socios que han controlado las rutas del desierto desde hace décadas para el tráfico de droga hacia Estados Unidos. La desgracia de los cabecillas, la de El Chapo, cumpliendo cadena perpetua en Estados Unidos, y la de Caro, tras 28 años en prisión y ahora prófugo, ha fragmentado al poderoso cartel de Sinaloa, que se pelea esta codiciada plaza. Los Chapitos quieren todo el negocio: las rutas de la droga, las armas y los migrantes, cuentan veteranos reporteros de la zona. Por este motivo, amenazan y sitian, cuando se les antoja, la ciudad del enemigo.

Los balazos se escuchaban cada vez más cerca. Una vecina de Caborca, de 45 años, cuenta desde el otro lado del teléfono cómo desde las siete de la tarde del martes sabían, a través de grupos de Whatsapp, lo que habían avisado los traileros. También lo supo desde ese momento la policía, la Guardia Nacional y hasta el Ejército. Se metieron en sus casas y esperaron a que comenzara el asedio de su pueblo sin que una autoridad lo impidiera. Desde sus salones y habitaciones escucharon balazos sin tregua durante horas, el rafagueo de metralletas cada vez con más claridad. Y la taquicardia, la psicosis colectiva: “¿Nos vamos de aquí?, ¿a dónde?, ¿a un hotel?, ¿vendrán a por mí?”. “Empieza como si estuvieras en una zona de guerra, como si se fueran contra la ciudad. Los primeros balazos los escuchamos a las 12 de la noche y los últimos a las seis de la madrugada del miércoles. Nadie durmió”, cuenta la mujer, que prefiere no dar su nombre por miedo a represalias del narco.

Lo que ningún vecino de Caborca comprende es cómo un convoy de ese tamaño pudo pasar por delante del destacamento de la Guardia Nacional, con más de 150 hombres, y después, de otro de la Secretaría de la Defensa, sin que nadie, ni un solo soldado, se asomara a defender el pueblo. Mucho menos la policía municipal. “No hubo una sola autoridad que saliera a enfrentarlo, se escondieron todas las corporaciones. Nos dejaron solos, nos abandonaron”, señala la vecina. Y no es la primera vez que sucede algo así, esos mismos hombres, que en aquel momento sumaban más de 100, tomaron la ciudad en marzo del año pasado.

No se trató de un enfrentamiento entre carteles, sino de una declaración de intenciones. De una exhibición de fuerza que comenzó con la toma de la ciudad, desolada a esas horas, con balaceras a casas, agujereadas sus fachadas, el asesinato de dos hombres que quedaron tendidos en la calle y la búsqueda de posibles enemigos en casas. “Una vecina me contó cómo los sicarios se asomaban por las ventanas, por las azoteas, con sus armas, como buscando a gente, posiblemente narcomenudistas de los contrarios, con toda la impunidad del mundo”, agrega la mujer.

Con una de las camionetas tumbaron el portón eléctrico de la casa de los Uribe a las tres de la madrugada. Cuando la madre de Eduardo Uribe se despertó, un grupo de 10 sicarios había rodeado su cama. Buscaban a su hijo. Estaba durmiendo en otro cuarto con su amigo, Sebastián Manríquez, hijo de un veterano periodista de Caborca. Se los llevaron a los dos a la fuerza, pese a los gritos y súplicas de la madre desesperada. Los subieron a dos camionetas distintas. A las ocho de la noche del día siguiente, miércoles, apareció Manríquez. Su amigo ha aparecido con vida este jueves. Otros tres más fueron secuestrados esa noche, todavía hay dos desaparecidos.

Este jueves, Caborca sigue herida. Las escuelas han cerrado, el presidente municipal, Abraham David Mier Nogales, ha recomendado a los comercios un toque de queda no oficial para las 10 de la noche. “Reconozco que los hechos vividos esta madrugada rebasaron el nivel de respuesta de las corporaciones policiacas, ya que no fuimos capaces de prevenir estos lamentables hechos”, reconoció el alcalde. El Ejército, la policía y la Guardia Nacional se desplegaron el miércoles en las entradas del municipio, cuando los balazos hacía horas que no se escuchaban. “Ya sabemos cómo es esto. Los operativos duran dos o tres días y luego se relajan las corporaciones. Y vuelve la misma situación. Como si les estuvieran dando chance a los sicarios, vacaciones, mientras ellos simulan que tienen el control”, señala una vecina indignada.

Hace solo seis días, López Obrador emprendía una gira por Sonora, gobernada por el que fuera su jefe de Seguridad, Alfonso Durazo, gobernador desde septiembre. El recorrido incluía la revisión de las obras en estadios de béisbol y reuniones con autoridades de los pueblos yécora, seri y yaqui. La estrategia del Gobierno federal, como ha sucedido en otro de los puntos más calientes del país, Michoacán, es aumentar la presencia de soldados y agentes de la Guardia Nacional. Pero la cantidad de uniformados no ha evitado los balazos, ni en Sonora ni tampoco en Michoacán o Zacatecas, otro de los Estados con más presencia del crimen organizado en el último año.

El Estado, de casi tres millones de habitantes, tiene una tasa de homicidios que ronda los cinco al día. En 2021 murieron asesinadas 1.968 personas, una cifra que no ha dejado de crecer y que batió un récord letal de 23% más muertes que el año anterior. Durazo convirtió el tema de la inseguridad en su eje principal de campaña en las elecciones de junio del año pasado, y llegó a sacar pecho de los siete cuarteles de la Guardia Nacional construidos en el Estado, así como del despliegue de casi 3.000 efectivos del polémico cuerpo de espíritu castrense nacido ex profeso para controlar la violencia en el país. Formada por exmilitares y expolicías, el mando civil de la Guarda Nacional estuvo a cargo de Durazo como responsable de Seguridad. Pero la violencia, después de sus cinco meses de Gobierno en la entidad, sigue siendo la principal deuda pendiente.

Los criminales abandonaron Caborca después de 24 horas de sitio. Al menos un centenar de hombres con la capacidad de pasear con armas largas y grabarse en vídeos que publicaron en redes sociales mientras tomaban las calles sin que una autoridad les pusiera un freno. Escondida en sus casas, una ciudadanía acorralada por el poder real que gobierna su pueblo. Y así, hasta la próxima intervención. Las promesas de campaña, la pomposidad de los soldados y los cuarteles, se han silenciado a fuerza de balazos.

Suscríbase aquí a la newsletter de EL PAÍS México y reciba todas las claves informativas de la actualidad de este país



Source link


Mauricio Leal, estilista fallecido.

Se conoció también el precio por el que alquilan el inmueble donde habitaba el fallecido peluquero junto con su madre.

Noticias Colombia.

El próximo 23 de de febrero se cumplirán tres meses del doble crimen que conmocionó a Colombia, el de Mauricio Leal y su madre Marleny Hernández, a manos de su familiar Yhonier Leal, hermano e hijo respectivamente de las víctimas.

Luego de este horrible episodio que poco a poco se fue esclareciendo gracias a las pruebas recolectadas por la Fiscalía en la escena del crimen, los vecinos de Mauricio Leal aseguraron que en el condominio Arboretto de La Calera, comenzaron a sentir «unas energías fuertes».

Vea: «Jamás volverá a suceder»: Yhonier Leal aceptó cargos por el homicidio de su madre y su hermano Mauricio Leal
Condominio donde habitaba Mauricio Leal.

Según el relato de un periodista de Noticias Caracol, los vecinos del lujoso predio le confesaron que tuvieron que recurrir a rezos y a medidas espiritistas para intentar «limpiar el ambiente».

De acuerdo a su testimonio el ambiente en la zona «es denso» desde que ocurrió este doble asesinato en la casona que es alquilada por un valor de 9 millones de pesos.

El inmueble que posee más de 300 metros cuadrados está avaluado en 2800 millones de pesos y en estos momentos está en manos de la Sociedad de Activos Especiales (SAE), responsables del arriendo.

«Cuando estuve allí pude hablar con un vecino que me contó que recién ocurrido el crimen había un aire y un ambiente tenso en todo el conjunto residencial y debieron recurrir a una especie de rezo y cosas por ese estilo para tratar de limpiar y volver que se recuperara y circulara un aire y un ambiente diferente en todo ese amplio sitio», dijo el periodista del canal.

Lea: «Jamás pondría una mano sobre mi madre ni mi hermano» Mauricio Leal, Yhoiner no aceptó cargos

Al parecer, los vecinos pagaron a un espiritista una cuantiosa suma de dinero, para llevar a cabo rezos en todo el lugar.

Por otra parte, el periódico EL TIEMPO hizo presencia en el lugar con una de sus periodistas quien realizó un recorrido por toda la casa para reconstruir los hechos que desencadenaron el doble asesinato de Mauricio y el de su madre Marleny.

A continuación las imágenes:

Foto de portada: @maitoleal

Le puede interesar:

Vestido de ángel: Mauricio Leal cantaba “Me verás volar”, su otro sueño de niño: ser cantante profesional



Source link


Tras quejas y malestar de vecinos por 'Zonas Gastronómicas Bioseguras', despejaron la vía en el Parque del Perro
Fueron tantas las denuncias realizadas y presentadas por la ciudadanía, que hasta la Personería Distrital de Cali intervino para el despejar.

Del lugar quitaron, sillas, mesas, sombrillas y vallas de seguridad.

Noticias Cali.

Durante el año 2020 en medio de la reactivación económica desde la Administración Distrital se adelantaron varias iniciativas que tenían como finalidad «dar un mano» a los restaurantes de la ciudad. Una de esas fue establecer las denominadas Zonas Gastronómicas Bioseguras.

Estos sectores hicieron parte inicial de aquellos pilotos y fueron ubicados en barrios como:

  • Barrio Granada
  • Parque del Perro
  • Barrio El Peñón
  • Cristo Rey
  • Ciudad Jardín y restaurantes ubicados en el interior de los hoteles

Estas zonas ocupaban parte de las diferentes vías y carriles de las zonas en donde estaban establecidas.

Además funcionaban determinando los horarios que se fueron pactando entre el gremio y la Alcaldía.

Sin embargo, con el pasar de los meses las quejas y el malestar por parte de los habitantes que vivían en estos sectores de la ciudad fueron creciendo.

Fueron tantas las denuncias realizadas y presentadas por la ciudadanía, que hasta la Personería Distrital de Cali intervino para el despejar.

Las quejas llegaron desde San Fernando y el Parque del Perro

Frente a la situación, el pasado jueves 20 de enero del 2022 la Personería emitió una acción preventiva a la Administración Distrital para que las vías en donde están ubicadas estas ‘Zonas Gastronómicas Bioseguras’ fueran reabiertas.

Según lo manifestado por el Ministerio Público, «se observó que este tipo de medidas desde el marco normativo vigente, deben ser de carácter temporal, pues implican restricciones a derechos humanos fundamentales tales como la libre locomoción o libre desplazamiento por el territorio y la vocación de uso público de las vías«.

Razón por la cual, realizaron el llamado para desde la secretarías de Seguridad y Justicia, así como de Movilidad, se realizara la devolución para «el uso natural de este tipo de espacios».

Despejaron la vía del Parque del Perro

Hoy luego de las quejas y el malestar de la comunidad el carril que era ocupado en el Parque del Perro fue despejado.

Allí llegaron funcionarios de la Secretaría de Seguridad y Justicia de Cali que quitaron sillas, mesas y también retiraron las sombrillas de los restaurantes.

En medio de la intervención y despeje del sector mucho manifestaron estar de acuerdo, pues indican que: «Ya se cumplió el propósito por el cual se llevó a cabo la iniciativa y es necesario retomar la movilidad normal por la vía«.

Otras noticias:

Cuarentena del fin de semana: golpe a la gastronomía y actividad nocturna en Cali





Source link


Barrio 12 de Octubre de Pasto.

La situación se presenta desde el anterior año.

Noticias Pasto

En el barrio 12 de Octubre de la Comuna 4 de Pasto se presenta una compleja situación hace ya un año.

En la zona denuncian que hay un vecino que continúa poniendo materiales y objetos que están obstaculizando el paso por la vía.

La denuncia que había sido realizada el año anterior por la misma comunidad, ahora se ha vuelto a presentar.

Barrio 12 de Octubre de Pasto.

Aseguran hay un malestar colectivo porque se dificulta el tránsito normal por el sector. «El señor ha colocado varios objetos para obstaculizar el paso de carros y motos», han comentado desde el barrio a Noticias TuBarco Pasto.

La situación se presenta desde el año pasado

Denuncian que recoge escombros de las construcciones del sector para luego ponerlos en la calle.

Ha puesto vigas, escombros y hasta bultos que interrumpen el paso y tránsito de carros, motos e incluso las personas que se movilizan por ahí.

La situación cada día es más compleja, ya que cuando alguien intenta retirar algún material allí ubicado, hay enojo por parte de la persona a la que señalan de ser el responsable de ubicar en el sitio los escombros.

Le puede interesar leer:

El barrio Caicedo Alto de Pasto donde hace 30 años esperan pavimentación de sus calles

 

 



Source link



Es pronto para sacar conclusiones de las revueltas y enfrentamientos entre manifestantes y representantes del orden que se han extendido por Kazajistán. Pero cabe esbozar el contexto de unas protestas que tuvieron precedentes a menor escala en diciembre de 2011, cuando en la localidad de Zhanaozen los trabajadores del sector petrolero reivindicaron mayores sueldos y mejores condiciones de vida. El resultado fueron muertos, encarcelados y una dura represión. Diez años más tarde, las protestas son mayores y se extienden a las grandes ciudades como Almaty (el mayor centro urbano del país). Como en 2011 la insatisfacción económica y social parece el detonante de las revueltas, sin perjuicio de que se les sumen (o se les hayan ya sumado) otros intereses.

Rico en hidrocarburos y metales, Kazajistán tiene recursos para facilitar una vida desahogada a sus casi 19 millones de ciudadanos. Pero en ese país, que multiplica por cinco la superficie de España, el poder es monopolizado por un conjunto de clanes enquistados en torno a Nursultán Nazarbáyev, que fue presidente del Estado durante 29 años hasta ser sustituido en esta función por Kasim-Yomart Tokáyev en 2019. En aquel “relevo”, Nazarbáyev se convirtió en el “padre de la nación” y se reservó algunas funciones clave como el control de la seguridad nacional.

Tokáyev, que antes dirigió el Senado, no pertenece a la especie de los rapaces del entorno del primer presidente, pero, según medios familiarizados con la clase política del país, ha carecido de determinación para corregir el desequilibrio existente entre una minoría codiciosa y derrochadora y una población con dificultades crecientes para salir adelante. El coronavirus y la incontenible avidez de la élite han agravado la frustración no solo de obreros del sector petrolífero e industrial, sino también de clases medias perjudicadas por la subida de los precios de los alimentos y bienes importados por la esteparia Kazajistán, señalan los medios.

La sensación de injusticia presente en los disturbios de Zhanaozen se mantiene hoy y tal vez se pueda hablar ya de lecciones aplicables a tres países postsoviéticos (Rusia, Bielorrusia y Kazajistán) constituyentes (junto con Kirguizistán y Armenia) de la Unión Económica Euroasiática (formada en mayo de 2014). En Moscú, Minsk y Nur-Sultán, los líderes han hecho apuestas similares por tratar de mantenerse en el poder mediante truculentas construcciones jurídicas. En Rusia, las enmiendas constitucionales de 2020 dan a Vladímir Putin la posibilidad de postularse al puesto de presidente hasta 2036; en Bielorrusia, Aleksandr Lukashenko, en el poder desde 1994, ha supervisado una enmienda de la Constitución (a referéndum el próximo febrero) con la idea de pasar a dirigir una Asamblea Popular dotada de amplios poderes sobre otros órganos, incluida la presidencia del Estado. Pero los acontecimientos en Kazajistán parecen indicar que las construcciones para perpetuarse no garantizan ese fin a los mandatarios longevos y no les libran de sobresaltos. Las imágenes de las estatuas en honor de Nazarbáyev hechas añicos por los manifestantes son un ejemplo.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete





Source link

24Horas.cl Tvn

07.06.2021

Preocupados está un grupo de vecinos de Monte Patria, en la región de Coquimbo, por constantes balaceras que se registran tanto de día como de noche. Ante ello, exigen mayor presencia policial en la zona.

Cerca de 180 familias habitan en el sector de Pueblo Hundido, una de las áreas afectadas por la delincuencia que se ha agudizado en los últimos meses. Allí, recientemente se entregaron viviendas para familias, que estuvieron esperando por más de 20 años su casa propia.

Sin embargo, afirman que están preocupados y no saben cómo actuar. La semana pasada, allí se registró una balacera a pleno día. Tras la violencia en el sector, han acudido a hablar con el municipio, que ha empleado medida y recursos.

Pese a ello, situaciones similares han continuado y temen que alguno de ellos pueda resultar herido por una bala perdida

Vecinos atemorizados

Una de las vecinas del lugar indicó a TVN Red Coquimbo que «el primer día… ocho balazos. Tiros al aire, que yo —como para tranquilizar a mis niños— les dije ‘nos están recibiendo con fuegos artificiales’, como para que ellos no se asustaran».

Otro residente de la zona expresó que «se está prestando para balaceras. Día, noche, tarde. Siempre en el mismo lugar. Necesitamos más apoyo».

«Tenemos varias dificultades. Balazos a plena luz del día, y en las noches. Vecinos también han sido víctimas de diferentes robos», declaró otra vecina.

En tanto, otro residente afirmó que «hace seis meses, desde diciembre del año pasado, han ocurrido hechos delictuales que han ido escalando en niveles de violencia. En estos últimos meses ha sido ya reiterado y los últimos episodios ya fueron balaceras a las 14:00 horas. Los vecinos muy atemorizados, con mucho miedo. Incluso, les ha afectado el sueño a los niños y adultos mayores».

Al respecto, el alcalde de Monte Patria, Camilo Ossandón, aseveró que «se ha estado agudizando la situación del narcotráfico. Estas denuncias que hemos ido realizando, más de 30 hasta la fecha, no han sido investigadas debidamente por las policías y ha existido una nula coordinación con la Fiscalía para efectos de poder resolver y tomar las situaciones que están ocurriendo, dándole tiempo además a los traficantes de ir adquiriendo mayor poder de fuego y logística».

El teniente Roberto Paredes, de la subcomisaría de Monte Patria, explicó que «nosotros hemos denunciado esto ya en más de una ocasión. También hemos procedido a la detención de estas personas, también en más de una ocasión. Entonces, el trabajo es permanente, es continuo. Es cierto (que) han ocurrido este último tiempo, últimos meses, sí estamos trabajando y son hechos que están ya prácticamente todos denunciados».



TE PUEDE INTERESAR

Tras denuncia de vecinos: 27 detenidos en fiesta clandestina en Recoleta

Familiares y vecinos despiden a niño asesinado en Longaví: «Queremos justicia»

Con globos y flores fue recibido esta mañana el cuerpo de Emilio Jara en su barrio, mientras el control de detención de los dos sospechosos de este crimen se amplió hasta este martes 4 de mayo.

24Horas.cl Tvn

02.05.2021

Con diversas muestras de cariño fue recibido el cuerpo de Emilio Jara, el niño de 12 años, que fue asesinado en la zona de Longaví, región del Maule. 

Una caravana de vehículos acompañó el cuerpo desde el Servicio Médico Legal de Linares hasta su hogar, donde lo esperaban sus vecinos del barrio, que junto con globos azules y celestes, habían carteles exigiendo justicia por este crimen. 

«Estamos apoyando a la familia, presentamos nuestros respetos y que se haga justicia» señaló uno de los vecinos de la víctima. Otro residente del sector señaló que «la gente en este país está muy mala y no se sabe qué piensan para hacer esa maldad tan grande». 

«Lamentamos mucho la pérdida de esa familia, perdiendo a su hijo en estas condiciones que no son tan agradables. Me gustaría pedir justicia por este. Yo creo que todo el mundo está pidiendo lo mismo», señaló una vecina asistente. 

La víctima había desaparecido el jueves en la tarde luego de pasear a sus perros y de inmediato se activaron los operativos de búsqueda junto a bomberos, vecinos y cercanos. Ya a la mañana del día siguiente, su cuerpo fue encontrado sin vida a la orilla de del río Liguay.

foto1.jpg 

De acuerdo a la declaración de testigos, se logró con la detención de dos sujetos en la cercanía de la ciudad de Talca, quienes quedaron a disposición de la justicia como imputados por la muerte de un menor de 12 años en la zona de Longaví.

Sin embargo, durante la jornada de este sábado, el Juzgado de Garantía de Linares decidió ampliar el control de detención hasta el próximo martes 4 de mayo, a los sospechosos del asesinato del menor.

 



TE PUEDE INTERESAR

top