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Perú cumplirá el pedido de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) de suspender la excarcelación del expresidente Alberto Fujimori (1990-2000), según informó este miércoles el procurador supranacional, Carlos Reaño. Su decisión se conoce dos semanas después de que el Tribunal Constitucional le otorgara ese beneficio al exmandatario por motivos humanitarios en una votación que resultó empatada tres a tres, y que dirimió el presidente del colegiado, un abogado que fue candidato del fujimorismo cuando postuló a ese organismo en 2017.

La Corte IDH solicitó al Estado peruano a media tarde del miércoles que “se abstenga de ejecutar la orden del Tribunal Constitucional de disponer la libertad” de Fujimori hasta que el juzgado interamericano decida las medidas provisionales que pidieron las víctimas de las masacres La Cantuta y Barrios Altos al enterarse hace dos semanas de la súbita decisión del Constitucional sobre un habeas corpus presentado en 2020.

En esa solicitud, el abogado Gregorio Parco, pese a no ser el defensor legal del reo, pidió la excarcelación en el contexto de la pandemia de coronavirus argumentando la avanzada edad del detenido (83 años en la actualidad), el hecho de que no representaba un peligro para la sociedad y su salud deteriorada.

En 2009, el autócrata fue condenado a 25 años de prisión como autor mediato de homicidio calificado y lesiones graves cometidos por el destacamento militar Colina, un escuadrón de la muerte creado durante su Gobierno que bajo el pretexto de la lucha contra el terrorismo asesinó a decenas de civiles, algunos de ellos opositores al régimen.

En noviembre de 1991, el Grupo Colina asesinó a 15 personas -entre ellos un niño de ocho años- en un inmueble de Barrios Altos (centro de Lima), mientras que en julio de 1992 secuestró a nueve estudiantes y un profesor de la Universidad Nacional de Educación La Cantuta, a quienes ejecutaron extrajudicialmente. Al año siguiente, algunos de los cuerpos fueron encontrados calcinados al este de la capital.

La sentencia que declaró culpable a Fujimori en 2009 fue producto de un largo proceso en el sistema de justicia interamericano al que acudieron las víctimas de las dos masacres ante la imposibilidad de que el fuero peruano investigara y sancionara a los responsables. El Gobierno de Fujimori incluso amnistió a los miembros del Destacamento Colina por los delitos que cometió.

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El procurador Reaño, como representante del Estado peruano en los litigios en el sistema interamericano, recibió la resolución de la Corte IDH y la comunicó a las entidades involucradas en la excarcelación de Fujimori. “Debe cumplirse esa decisión de la Corte Interamericana, están siendo notificados de esa resolución el Instituto Nacional Penitenciario, el Tribunal Constitucional y el Poder Judicial”, refirió en la emisora Radioprogramas.

En un comunicado de prensa del 17 de marzo, el Constitucional refirió que al declarar fundado el habeas corpus restituía los efectos del indulto humanitario que le concedió a Fujimori el expresidente Pedro Pablo Kuczynski la nochebuena de 2017, y disponía su libertad. El indulto se produjo luego de una negociación con el entonces congresista Kenji Fujimori, hijo del expresidente, y otros parlamentarios disidentes del fujimorismo a cambio de apoyarlo con votos para evitar ser destituido del cargo, en medio de una ofensiva liderada por la bancada parlamentaria que respondía a las órdenes de otra de las hijas de Fujimori, Keiko, derrotada por Kuczynski en las elecciones presidenciales de 2016.

Semanas después, la Defensoría del Pueblo demostró que los procedimientos que condujeron al indulto fueron irregulares. Además, debido a las sentencias de la Corte IDH sobre los casos Barrios Altos y La Cantuta, dicho tribunal pidió al Estado peruano cumplir sus obligaciones con las víctimas y evaluar si el indulto las infringía. Los abogados de las víctimas pidieron a un juez supremo evaluar si el perdón presidencial se ajustaba a la Convención Interamericana de Derechos Humanos, un proceso llamado control de convencionalidad. La consecuencia de dicho proceso fue la resolución del juez supremo penal Hugo Núñez que anuló el indulto en 2018, por haber sido producto de una negociación política, y por las irregularidades del trámite. Fujimori entonces retornó a prisión.

La noche del lunes, uno de los abogados de Fujimori, Elio Riera, planteó que al no existir aún una resolución de la Corte Interamericana, sino una comunicación enviada al Estado peruano por el secretario de esa entidad, “sería inviable ejecutar” el pedido del tribunal interamericano. Horas antes, la hija mayor de Fujimori visitó a su padre en el centro de reclusión y anunció a la prensa que esperaban la liberación de su padre este viernes.

Pasadas las 9 de la noche del miércoles, la lideresa de Fuerza Popular difundió un audio en rechazo al pedido de la Corte IDH. “En un capítulo más de una serie de injusticias contra mi padre, una corte internacional reconocida desde siempre por su sesgo ideológico pretende ahora impedir a través de un documento simple la excarcelación de Alberto Fujimori”, comentó.

“Está en manos del Gobierno allanarse o no a una medida tan precaria como injusta. Si existiera un mínimo de equilibrio en su evaluación, no debería desacatar el fallo del Tribunal Constitucional. De ceder ante una maniobra tan perversa e inhumana, mi familia hace responsable a este Gobierno de las consecuencias que su decisión pueda generar en la vida y la salud de Alberto Fujimori”, añadió la ex candidata presidencial, que afronta un juicio por lavado de activos y obstrucción a la justicia en el caso Odebrecht.

Las posiciones en el Constitucional

La sentencia del Constitucional fue difundida este lunes. En ella, el ponente a favor del recurso, Ernesto Blume, cuestiona las resoluciones judiciales que anularon el indulto de 2017, alegando que los jueces señalaron “presunciones subjetivas sobre irregularidades (en el trámite) que no resultan tales” y dice que el “objetivo final” del habeas corpus era “evitar la muerte del reo en prisión”. Además, Blume considera que el juez penal que anuló el indulto en 2018 no era competente para dicha decisión.

En uno de los tres votos en contra, la magistrada Marianella Ledesma reveló que las resoluciones que anularon el indulto no estaban en el expediente. “Los tres magistrados han anulado resoluciones que nunca han leído”, afirmó. Según la jurista Úrsula Indacochea, el Constitucional contravino sus propia jurisprudencia al pronunciarse sobre documentos que no obraban en el caso, comentó en Twitter.

Para la jueza Ledesma, “la sentencia ha dañado gravemente la legitimidad de la justicia constitucional peruana dado el desprecio sobre los derechos humanos, en especial, respecto de aquellos derechos que se encuentran en el ámbito de protección de la Corte IDH”, sostiene en una de las 86 páginas de su voto en contra.

“Con esa forma de proceder, los tres jueces se burlan de la memoria de los fallecidos, la dignidad de sus familias y la conciencia moral del país”, añade la expresidenta del Tribunal Constitucional. Ledesma agrega que la sentencia beneficia al hijo menor de Fujimori y a Kuczynski, quienes afrontan un juicio por delito contra la administración pública en la modalidad de cohecho por haber negociado el indulto en 2017.

Los magistrados Ferrero, Blume y José Luis Sardón, que votaron por liberar al expresidente, son conocidos por ser cercanos al fujimorismo y a sectores conservadores. En 2019, los tres respaldaron un habeas corpus que presentó Sachi, otra de la hijas de Fujimori, y permitieron la excarcelación de la lideresa de Keiko Fujimori cuando estaba en prisión preventiva mientras era investigada por lavado de activos y obstrucción a la justicia por el caso Odebrecht. Los tres optaron por acelerar este expediente debido a que dos de ellos tienen el mandato vencido, Ferrero asumió como presidente en enero -con el voto dirimente- y el Congreso inició hace pocas semanas el proceso para elegir a los nuevos magistrados del Constitucional, y reemplazar a los que deben irse.

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El presidente de Argentina, Alberto Fernández, y su vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, saludan tras la apertura de sesiones del Congreso, el 1 de marzo de 2022 en Buenos Aires.
El presidente de Argentina, Alberto Fernández, y su vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, saludan tras la apertura de sesiones del Congreso, el 1 de marzo de 2022 en Buenos Aires.NATACHA PISARENKO (AFP)

La crisis en la cúpula del poder en Argentina escala día a día. El presidente Alberto Fernández ya no oculta su malestar con su vice, Cristina Fernández de Kirchner. Este martes, advirtió a quien fuera su mentora política que es él quien toma las decisiones de Gobierno. Pero al mismo tiempo pidió por la unidad del Frente de Todos, la coalición peronista que tiene al kirchnerismo como su principal fuerza. La ruptura se consumó el jueves pasado, cuando los 13 senadores que responden a la vicepresidenta votaron en contra del acuerdo firmado con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para refinanciar una deuda de 44.500 millones de dólares. Fernández hace tiempo que soporta fuego amigo, pero el voto negativo de los miembros de su propia coalición fue demasiado.

“Cuando me propusieron estar a cargo sabía que iba a tener que tomar decisiones y esperaba que me acompañaran y no me acompañaron”, lamentó el presidente en una entrevista que concedió a una radio ultrakirchnerista. Intentó así dar un mensaje directo a quien lo puso a cargo de la presidencia, como él mismo dijo. En 2019, fue Cristina Kirchner quien le pidió a Fernández ser candidato a presidente, con ella como vice. El experimento resultó exitoso para bloquear la reelección de Mauricio Macri, pero ha hecho agua para gobernar. Las diferencias respecto al rumbo económico crecieron con el agravamiento de la crisis. Las críticas de Cristina Kirchner y su hijo Máximo, líder de la agrupación La Cámpora, fueron cada vez menos veladas. La rebelión parlamentaria del kirchnerismo fue, finalmente, una declaración de guerra abierta.

Fernández ha dicho este martes que no será él quien de el paso hacia una ruptura de la coalición. “No todos pensamos igual. Lo que creo que no podemos hacer es darnos el lujo, por la causa que sea, narcisismos, egoísmo, política, de desunirnos. De mi parte no esperen un solo gesto que rompa la unidad. Yo no soy títere de nadie. Ha quedado demostrado que tengo diferencias, pero yo actúo con mis convicciones. Yo escucho a todos, pero el presidente soy yo y el que tiene que tomar las decisiones soy yo”, expresó.

Es la primera vez que el presidente argentino se refiere tan abiertamente a la pelea con Cristina Kirchner. Los argentinos sabían que las cosas no estaban bien por las acciones, más que por las palabras. Tras la derrota electoral en las elecciones primarias de septiembre del año pasado, Cristina Kirchner ordenó a los ministros que le responden que presentasen la renuncia. Forzó así a Fernández a realizar un cambio de Gabinete que no quería. La relación se deterioró definitivamente con el acuerdo con el FMI. Mientras la oposición lo apoyó en el Congreso, el texto recibió críticas despiadadas del kirchnerismo.

El lunes, un grupo de intelectuales kirchneristas le puso palabras al descontento del sector. En una carta pública, criticaron la estrategia económica de Fernández para combatir la inflación, que ya supera el 50%, y advirtieron que los llamados a la unidad por si solos no alcanzan para resolver el descalabro económico y político que atraviesa Argentina. “¿Unidad para qué política? ¿Unidad que garantice la transferencia de recursos desde los trabajadores hacia el capital? ¿Unidad que rompa el contrato electoral y en la que los trabajadores resultan perjudicados?”, se preguntaban los autores del documento. “La ‘Unidad’ del Frente de Todos ya se rompió en noviembre de 2021 cuando más de cuatro millones de electores que lo acompañaron en el año 2019 ya no lo hicieron en las elecciones de medio mandato. Reconstruirla es el objetivo”, dice el documento.

En el kirchnerismo consideran que la crisis terminará por arrastrarlos a una derrota en las presidenciales de 2023. Y que el acuerdo con el FMI solo agravará la debacle. La estrategia ha sido dejar solo al presidente. Por ahora, Cristina Kirchner seguirá en el Ejecutivo, al menos en lo formal. El jueves Argentina conmemora un nuevo aniversario del golpe militar de 1976 contra Isabel Perón. La Cámpora, la agrupación de Máximo, el hijo de Cristina Kirchner, ha organizado una larga marcha desde el ex centro de detención ilegal de la ESMA hacia la Plaza de Mayo. La recorrida supone atravesar toda la ciudad de Buenos Aires de oeste a este. Será una demostración de fuerza a Fernández, un recuerdo de que la calle les pertenece.

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Tres magistrados del Tribunal Constitucional de Perú, con el voto dirimente del presidente del colegiado, han aceptado este jueves un habeas corpus a favor de la excarcelación del expresidente Alberto Fujimori (1990-2000), condenado a 25 años de prisión por crímenes de lesa humanidad cometidos por el destacamento militar Colina durante su Gobierno.

El recurso fue presentado por el abogado Gregorio Parco, quien cuestionaba la prisión debido a que el expresidente “es una persona de 82 años, mal de salud, ya no es peligro para la sociedad”.

La votación quedó empatada tres a tres, pero el magistrado Augusto Ferrero hizo valer su voto dirimente. Organismos de derechos humanos pidieron ayer al tribunal que se abstuviera de votar en este caso debido a que en 2017 se reunió con Keiko Fujimori -la hija mayor del autócrata- y con congresistas fujimoristas de entonces que respaldaron la candidatura de Ferrero a la Corte Constitucional.

La tarde del miércoles, el Constitucional incorporó en la agenda del día siguiente la votación del habeas corpus a favor de la liberación de Fujimori, pese a que no estaba programada. La correlación de fuerzas en ese órgano, en la que el condenado contaba con el voto decisorio del presidente de la corte, hizo movilizarse a las organizaciones no gubernamentales que hace casi tres décadas defienden a las víctimas de las masacres de La Cantuta y Barrios Altos, cometidas por el grupo Colina. Las ONG pidieron a la Corte Interamericana de Derechos Humanos medidas para garantizarles el acceso a la justicia, entre ellas, una resolución de nulidad de liberación de Fujimori.

El grupo Colina -creado por el régimen fujimorista a inicios de los 90- llevó a cabo decenas de asesinatos a civiles, algunos de ellos opositores al Gobierno, bajo la coartada de la lucha contra el terrorismo. En noviembre de 1991, asesinó a 15 personas, entre ellos un niño de ocho años, en un solar de Barrios Altos (centro de Lima). En julio de 1992, secuestraron a nueve estudiantes y a un profesor de la universidad nacional de educación La Cantuta, a quienes ejecutaron extrajudicialmente. Al año siguiente, algunos de los cuerpos fueron encontrados calcinados en un distrito del este de la capital.

En 2009, la Sala Penal Especial condenó a Fujimori a 25 años de prisión como autor mediato de los delitos de homicidio calificado y lesiones graves -por ambos casos- luego de haber sido extraditado de Chile. La sentencia ocurrió luego de un largo proceso en el sistema de justicia interamericano al que acudieron las víctimas y sobrevivientes ante la imposibilidad de encontrarla en el fuero peruano. La Corte Interamericana de Derechos Humanos halló responsabilidad del Estado peruano en ambos casos, y como parte de las reparaciones dispuso la investigación y sanción de los delitos, entre otras medidas.

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La Nochebuena de 2017, el entonces presidente Pedro Pablo Kuczynski concedió un indulto al expresidente, luego de una negociación de votos con uno de sus hijos, Kenji Fujimori, que entonces era congresista, y algunos parlamentarios fujimoristas opuestos a la posición Keiko Fujimori, quien esperaba una ley para que su padre fuera excarcelado, en vez de un indulto. Kuczynski ofreció el perdón presidencial a cambio de votos para no ser destituido del cargo, en medio de un cargamontón fujimorista.

Kenji Fujimori lee con su padre el comunicado del indulto.

Semanas después, la Defensoría del Pueblo determinó que los procedimientos para dicho indulto fueron festinados por funcionarios del ministerio de Salud y el ministerio de Justicia. Debido a las sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre estos casos, pidió al Estado peruano respetar sus obligaciones internacionales con las víctimas y evaluar si el indulto las contravenía. Luego, los abogados de las víctimas pidieron a un juez supremo evaluar si el perdón presidencial se ajustaba a la Convención Interamericana de Derechos Humanos, un proceso llamado control de convencionalidad.

El juez supremo de ejecución penal Hugo Núñez Julca anuló, en octubre de 2018, el indulto concedido por Kuczynski. Cuestionó el hecho de que fue producto de una negociación política, así como la forma, la velocidad e irregularidades del trámite concedido. Y Fujimori volvió a prisión.

Esta vez, los familiares de las víctimas del caso La Cantuta y Barrios Altos no volverán a pedir un control de convencionalidad, comentó por teléfono el abogado Carlos Rivera. “Hemos acudido directamente a la Corte Interamericana, a pedir una audiencia de cumplimiento de la sentencia (del sistema interamericano sobre los casos Barrios Altos y La Cantuta) y medidas provisionales”, refirió.

Seis ONG peruanas solicitan a la Corte IDH, además, que emita una resolución de nulidad de la liberación de Fujimori “en base a su jurisprudencia” y también de acuerdo a la decisión del 30 de mayo de 2018, en la que sostuvo que el Estado peruano no había cumplido en su totalidad las obligaciones de investigar, juzgar y sancionar las graves violaciones de los derechos humanos señaladas por ese tribunal.

La decisión de este jueves del Constitucional responde a uno de los tres habeas corpus presentados para liberar a Fujimori en los últimos meses, uno de ellos del actual abogado de Fujimori, César Nakazaki. El defensor del autócrata espera que la excarcelación tome un par de días, luego de que un juez penal supremo revise la decisión.

Una nota de prensa difundida por el Tribunal Constitucional señala que la sentencia con los tres votos a favor del habeas corpus “restituye los efectos de la resolución del 24 de diciembre de 2017, que concedió el indulto humanitario al demandante, y dispone su libertad”.

El primer ministro Aníbal Torres, en declaraciones a la emisora Radioprogramas, rechazó la decisión del colegiado. “(Fujimori) ha sido sentenciado por gravísimos delitos contra la vida y la libertad de las personas, no solo está sentenciado por homicidio, sino por secuestro agravado. El tribunal está dando a conocer a la ciudadanía que garantiza la impunidad de aquellos que tienen cierto poder, como es el caso del señor Fujimori”, cuestionó.

“¿Dónde quedan las víctimas de Barrios Altos y La Cantuta? Los secuestraron, los quemaron vivos, los descuartizaron, los enterraron clandestinamente. Por delitos de esa naturaleza ha sido sancionado el señor Fujimori y ahora obtiene este beneficio. Es una sentencia que se tiene que acatar, pero eso no quiere decir que no se pueda criticar, porque atenta contra los derechos fundamentales de un gran sector de peruanos, que ahora van a reaccionar”, añadió el primer ministro.

Por la noche, mientras se realizaba una marcha por las calles del centro de Lima que se extendió durante horas, el ministro de Exteriores, César Landa, se pronunció en su cuenta de Twitter al señalar que la decisión “no es válida” por contravenir las decisiones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Ese organismo, indicó, “ya se pronunció sobre este tema el 2018 recordando la obligación internacional del Estado Peruano de sancionar a los responsables de dichos casos y que las víctimas encuentren justicia”.

Gisela Ortiz, la exministra de Cultura y hermana de uno de los estudiantes asesinados de La Cantuta, rechazó la decisión del Constitucional. “Los magistrados Blume, Sardón y Ferrero han priorizado sus preferencias políticas por encima del derecho de las víctimas, del debido proceso y del fallo de la Corte Interamericana”, tuiteó.

Los magistrados Ferrero, Ernesto Blume y José Luis Sardón que decidieron la liberación del expresidente, en el pasado han favorecido con sus votos las posiciones del fujimorismo y de sectores conservadores. En 2019, los tres respaldaron un habeas corpus que presentó otra de las hijas de Fujimori, Sachi, y permitieron la excarcelación Keiko Fujimori cuando estaba en prisión preventiva mientras era investigada por lavado de activos y obstrucción a la justicia por el caso Odebrecht.

Uno de los tres miembros del tribunal que votó en contra de la excarcelación del autócrata, Eloy Espinosa-Saldaña, refirió que en el debate del jueves argumentó que el pronunciamiento -del juez supremo Núñez Julca en 2018- aceptado por la Corte Interamericana no permitía dejar en libertad a Fujimori. Dijo además que por el indulto de 2017 están siendo enjuiciados por cohecho y tráfico de influencias el hijo menor de Fujimori, el entonces ministro de Justicia, el expresidente Kuczynski y el exministro de salud.

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El presidente de Argentina, Alberto Fernández, y la vicepresidenta, Cristina Kirchner, este martes.
El presidente de Argentina, Alberto Fernández, y la vicepresidenta, Cristina Kirchner, este martes.NATACHA PISARENKO (AFP)

La negociación con el FMI concentra toda la atención en Argentina. El presidente Alberto Fernández admitió este martes que el acuerdo para refinanciar los 44.500 millones de dólares que recibió el país en 2018 aún no está cerrado, pero dijo que lo enviará “esta semana” para su tratamiento en el Congreso. Ese fue el anuncio más importante de la hora y media de discurso que el mandatario dio durante la apertura del curso parlamentario. La cuestión de la deuda fue también origen de un rifirrafe con parte de la oposición, que abandonó el recinto cuando Fernández reiteró que investigará la responsabilidad penal de ese endeudamiento récord, producido durante la gestión de Mauricio Macri. “Los argentinos y las argentinas tienen el derecho de saber cómo y quiénes fueron los responsables de tanto desatino”, dijo, en medio de un gran griterío de unos y aplausos de otros. Lo escuchaba a su lado Cristina Fernández de Kirchner, que como vicepresidenta presidió la sesión.

Alberto Fernández es un presidente debilitado por las tensiones que mantiene con Fernández de Kirchner, líder de la principal fuerza de la coalición de Gobierno. Las diferencias se concentran, justamente, en el acuerdo con el FMI. Los legisladores kirchneristas han puesto múltiples objeciones a un texto que consideran una claudicación de la Casa Rosada ante el acreedor, que pide déficit cero en un plazo de tres años y condiciona la vigencia del acuerdo al resultado de auditorías trimestrales. Cristina Kirchner no apareció en público ni hizo declaraciones desde finales de enero, cuando el FMI y Fernández anunciaron el inicio de un entendimiento. Durante la última semana, el kirchnerismo filtró a la prensa presuntos detalles del acuerdo, que hablaban de una reforma laboral y previsional y una subida de las tarifas de los servicios públicos.

El presidente uso buena parte de su discurso ante la Asamblea para desmentir la filtración. “Que quede claro, no habrá reforma laboral”, dijo primero. “Quiero ser muy claro ante esta Asamblea Legislativa: no habrá una reforma previsional”, agregó después. Y repitió varias veces que el acuerdo no supone “un ajuste”, palabra maldita en Argentina. “Es un entendimiento inusual: sin políticas de ajuste y con incremento del gasto real en todos los años del programa”, dijo. Sí habrá guerra, sin embargo, en la cuestión de las tarifas a la energía.

El Gobierno destina hoy el 2,3% del PIB (unos 11.000 millones de dólares) en subsidios para que no suba en los hogares el precio de la electricidad y el gas. Es parte de una política contra la inflación, que supera el 50% interanual. El kirchnerismo no quiere subidas mayores del 20% en las tarifas, pero el FMI exige que al menos se acerquen el IPC. Alberto Fernández dijo esta tarde que los aumentos estarán atados al índice salarial, lo que supera ampliamente las aspiraciones de la expresidenta.

Fueron todas palabras para el kirchnerismo, que amenazó con bloquear el acuerdo en el Senado, donde Cristina Kirchner tiene el control, e incluso en la Cámara de Diputados. El hijo de la expresidenta, Máximo Kirchner, renunció a principios de febrero como líder parlamentario de la coalición oficialista, el Frente de Todos, en desacuerdo con el texto firmado con el FMI. El diputado no estuvo este martes en el Congreso, evidencia de la dimensión de la fractura. Tampoco estuvo fuera del edificio legislativo la agrupación política que lidera, La Cámpora, acompañando a los sindicatos y organizaciones sociales que arroparon a Fernández.

Sindicatos y movimientos sociales afines al presidente de Argentina, Alberto Fernández, se manifiestan afuera del Congreso, este martes.
Sindicatos y movimientos sociales afines al presidente de Argentina, Alberto Fernández, se manifiestan afuera del Congreso, este martes.Natacha Pisarenko (AP)

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Tensión con la oposición

El presidente necesita los votos del kirchnerismo para aprobar el acuerdo con el FMI, paso previo a la firma definitiva en Washington. Pero también necesita de la oposición. Y este martes en la Asamblea rompió puentes con los legisladores de Juntos por el Cambio, la coalición del expresidente Mauricio Macri. Los acusó de promover un crédito irresponsable e impagable, con compromisos anuales “sin precedentes en la historia universal de la historia moderna”. Según el acuerdo firmado con el FMI en 2018, Argentina debía pagar este año 19.000 millones de dólares y una suma similar el año que viene. Cuando Macri entregó el poder en 2019 a Fernández, el cronograma con el FMI ya era inviable y Argentina estaba en default con los acreedores privados. Fernández recordó a Juntos por el Cambio que hay una investigación judicial contra los responsables de recibir el crédito. Los diputados de Macri se retiraron entonces del recinto.

Fue el momento más caliente de la sesión, para disfrute de Cristina Kirchner, testigo silenciosa de la escena. Fernández se perdió luego en un largo listado de anuncios económicos, la mayoría ligados al sector productivo, y el repaso de los indicadores que indican un repunte de la economía en la pospandemia.

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Although he has not served his 24-year prison sentence for the murder of Luis Carlos Galan Sarmiento, in 1989, former senator Alberto Santofimio Botero He reappeared in a public act in which he touched on current political issues such as the consultations of the pre-candidates for the Presidency of the Republic.

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About a thousand people attended the event at the Convention Center of the Government of Tolima, including former mayors, former governors and political leaders of Tolima, who accompanied him at the launch of his book ‘Fragmented Memories’.

Santofimio was sentenced on October 11, 2007 by the Supreme Court of Justice as co-author responsible for the death of the liberal caudillo Luis Carlos Galánwho was emerging as the winner of the 1990 presidential election.

At that time, the Court overturned the acquittal for doubt that the Superior Court of Cundinamarca issued in favor of Santofimio and considered that the politician of Tolimense origin did instigate the capo Pablo Escobar to order the murder of Galán, on August 17, 1989 in the main square of Soacha, Bogotá, where he had arrived to preside over a political rally.

The testimony of Jhon Jairo Velásquez, alias Popeye, who pointed out that Santofimio was the one who “prompted” Pablo Escobar to order Galán’s crime, was key in the conviction of the politician.

During the presentation of his book, Santofimio referred to the electoral contest that the country is experiencing and affirmed that in the consultations there are candidates who applied for themselves to reach the Presidency of the Republic.

“There is no will of the parties, there are no channels of democratic participation, there are no conventions, the people are absent from all that,” said the former senator, adding that “they self-proclaimed candidates and made the State spend a million in consultations that confuse the voter.

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Alberto Gómez, una pareja de esposos, y otras dos víctimas mortales dejó el accidente en Toro en la vía Panorama, ya habían pedido el arreglo.

Alberto Gómez, una pareja de esposos, y otras dos víctimas mortales dejó el accidente en Toro en la vía Panorama, que ya se había pedido varias veces el arreglo entre el tramo La Virginia- Mediacanoa.

Noticias Valle.

«¿Dónde está la plata de los peajes que hasta bien bonitos y pintaditos están?» es uno de los muchos reclamos que se han venido haciendo por el mal estado de la vía La Virginia -Mediacanoa, «¿cuántos muertos se necesitan para que la arreglen?», y lamentablemente este domingo hubo cinco decesos en un mismo accidente en Toro que señalan, también habría sido por un hueco.

«Hay un mal estado entre la Ruta 23 entre Mediacanoa y Ansermanuevo», denuncian.

Este domingo un trágico accidente acabó con la vida de cinco personas.

«Esquivando huecos»

El conductor del carro blanco particular donde iban los hoy occisos, «iba esquivando huecos, pero en una de esas una llanta se estalló y chocaron contra la mula», son las versiones preliminares en la zona.

Aún no se ha entregado el reporte oficial por parte de las autoridades.

Entre los muertos, está Albeiro Lopez Gallego, un reconocido funcionario de la administración quien iba en compañía de su esposa, Milena.

En el accidente también falleció Henry Osorio y la joven Luisa Lemos.

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Estas son las víctimas del accidente registrado en Toro, Valle.

El reconocido artista toresano Alberto Gómez, iba en el vehículo también y no sobrevivió.

Muchos lo recuerdan como un hombre amable, atento, entregando a su música.

Los cuerpos los trasladaron a Medicina Legal, este lunes serán entregados a sus familiares en el municipio de Toro, norte del Valle.

Llamado de atención

“Hacemos llegar a sus familias, amigos y seres queridos, un sentido abrazo de condolencias ante este hecho que enluta nuestra administración y a la comunidad toresana”, indica el comunicado de la Alcaldía de Toro.

Así mismo, hicieron el urgente llamado a Invias, tras señalar que son los directos responsables del mantenimiento de esta importante vía.

“Pedimos que tomen las acciones pertinentes y prioritarias para la prevención de accidentes y la protección de la vida», se lee.

Entre tanto, la comunidad indicó que es muy lamentable  que se registren esta clase de hechos, provocado por problemas vías.

“Lo peor es que hay un peaje que si cobra a diario; cómo es posible que una entidad como Invias siga sin escuchar las peticiones constantes tanto de los conductores, alcaldes y toda la población en general”, sostuvieron.



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El presidente de Argentina, Alberto Fernández, se ha sentado este martes ante un juez. No como acusado, sino como testigo. Lo hizo en forma presencial, cuando pudo hacerlo por escrito. Durante dos horas y media, defendió a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner de las acusaciones de corrupción que enfrenta. Habló como exjefe de Gabinete entre 2003 y 2008, parte del período en que se produjeron los presuntos delitos investigados: un desvío discrecional de fondos de obra pública a favor de Lázaro Báez, un empresario ligado al kirchnerismo que en pocos años pasó de ser un ignoto cajero de banco a multimillonario.

Báez cumple en la cárcel una condena de 12 años por lavado de dinero. En marzo de 2021, la justicia argentina lo encontró culpable de blanquear activos por 60 millones de dólares entre 2010 y 2013, cuando su nombre figuraba entre los contratistas del Estado preferidos por el kirchnerismo. Báez era en aquel tiempo dueño de Austral Construcción, una empresa con sede en Santa Cruz, la provincia patagónica que fue bastión político de los Kirchner. Cristina Fernández de Kirchner es ahora investigada en una causa paralela por supuestamente beneficiar a Báez con contratos millonarios a cambio de sobornos. Las acusaciones se basan en una auditoría encargada por el Gobierno de Mauricio Macri, referidas a 51 obras públicas de seguridad vial. Austral se encargó del 82% de las licitaciones en Santa Cruz durante la Presidencia de Néstor Kirchner (2003-2007) y percibió en total más de 4.000 millones de pesos (equivalente a unos 300 millones de dólares al cambio monetario de 2015, cuando Cristina Kirchner entregó el poder a Macri).

La defensa de Cristina Kirchner pidió que declarasen todos sus exjefes de Gabinete para que explicasen al juez cómo se resuelve el reparto de fondos para obras de infraestructura. Alberto Fernández estaba entonces alejado de Kirchner y la criticaba con crudeza en los canales de televisión. Luego se amigaron, Fernández fue candidato y ganó la presidencia. Las idas y vueltas de la política argentina terminaron en un hecho sin precedentes: un presidente en funciones declaró como testigo presencial a pedido de su vicepresidenta.

Fernández llegó a los tribunales federales antes de las 10 de la mañana. Contestó una a una las preguntas del juez y discutió con el fiscal, responsable de la acusación. Dijo que al empresario Báez lo había visto una sola vez en su vida “en el parque de la casa de [el expresidente] Néstor Kirchner”. Aclaró que no hay una norma que diga cómo deben repartirse los fondos nacionales para obras de infraestructura en las provincias, pero negó que se trate de una decisión arbitraria del presidente.

“Lo que están discutiendo son decisiones políticas no judiciables, y esas decisiones presupuestarias de ningún modo pueden ser arbitrarias”, dijo. Explicó entonces que el presidente, cualquiera sea, no está al tanto de los contratos, sino apenas de una versión general del presupuesto. “No se tiene en cuenta cómo funciona la aprobación de un presupuesto, no es decisión de un presidente decidir dónde se gasta la plata. Eso va al Congreso y se genera un debate enorme dentro del Congreso, porque cada diputado y senador pelea para llevar recursos a sus provincias”, dijo Fernández. “Definitivamente, no”, respondió cuando el abogado de la defensa le preguntó si Cristina Kirchner integraba una asociación ilícita para favorecer a Báez, como sostiene la querella.

Cuando Cristina Kirchner se convirtió en vicepresidenta en diciembre de 2019 enfrentaba 10 investigaciones por presunta corrupción. Desde entonces, las causas cayeron una a una, ya sea por falta de pruebas, ausencia de delito o problemas de procedimiento. Solo el expediente de la obra pública sigue en pie. El 21 de mayo de 2019 iniciaron las audiencias presenciales y Cristina Kirchner se sentó en el banquillo. El país estaba en pleno proceso electoral y el kirchnerismo acusaba a Macri de presionar en los tribunales para sacarla de la carrera política. El juicio siguió su curso y está ahora en la etapa final de la ronda de testigos. Restan los alegatos de los abogados y el veredicto. La sentencia final no tiene fecha.

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Agrupaciones izquierda, movimiento sociales y sindicatos marchan el martes pasado contra el acuerdo entre el Gobierno de Alberto Fernández y el FMI.
Agrupaciones izquierda, movimiento sociales y sindicatos marchan el martes pasado contra el acuerdo entre el Gobierno de Alberto Fernández y el FMI.Enrique García Medina (EFE)

Alberto Fernández ha intentado deshacer este sábado el embrollo que generó con Estados Unidos durante la gira que realizó la primera semana de febrero a Rusia y China. Tras acusar a la Casa Blanca de no apoyarlo en sus negociaciones con el FMI, que terminaron en un acuerdo a finales de enero, ha dicho ahora que “el actual gobierno norteamericano acompañó con su voto a Argentina”. “Eso lo valoro”, dijo, en un largo hilo en sus redes sociales en el que también defendió las relaciones de su país con Moscú y Pekín.

Las palabras de Fernández son el corolario de una semana de tensión diplomática. El argentino usó el Kremlin para proclamar que su país necesitaba reducir su “dependencia” del Fondo Monetario Internacional y de Estados Unidos, al tiempo que ofrecía a Vladimir Putin que Argentina fuese “la puerta de entrada” de Rusia a América Latina. Días después, en China, elogió la revolución maoísta. El tenor de la agenda geopolítica desplegada por el presidente no estaba en el guion original que había escrito la Cancillería en Buenos Aires. Y cayó muy mal en Washington.

El Departamento de Estado no hizo declaraciones públicas, pero sentó su posición a través de una fuente reservada que el diario La Nación replicó el jueves en su portada. El funcionario estadounidense dejaba claro el malestar del Gobierno de Joe Biden con Fernández, enumeraba los gestos que había realizado la Casa Blanca y manifestaba la voluntad de seguir, pese a todo, apoyando a Argentina.

El visto bueno de Estados Unidos a las negociaciones con el FMI fue clave para la firma de un acuerdo. El tiempo urgía para Argentina, que este año debe pagar 19.000 de los 44.000 millones que el Gobierno de Mauricio Macri había recibido como rescate financiero en 2018. Con sus reservas internacionales cercanas a cero y una situación económica muy endeble, solo una refinanciación podía evitar una nueva cesación de pagos.

Antes de terminar su gira asiática, Fernández habló con medios argentinos por videoconferencia y ratificó sus críticas. “¿Quién me ayudó? A mí con el Fondo me ayudaron los países europeos, me ayudó China, me ayudó Rusia, los países americanos y paro ahí. Sé quién hizo mucho para que ese préstamo sea dado. Eso sí lo sé, el gobierno anterior de Estados Unidos”, dijo, en referencia a la Administración de Donald Trump y sus esfuerzos por ayudar a Macri. Este sábado dio marcha atrás, reconoció la ayuda del país norteamericano y quitó fuelle a las consecuencias políticas de su visita a Rusia en medio de la escalada en Ucrania y a China.

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“No sé por qué levantó tanta polvareda el tema, ¿por qué viajar a Rusia y China significa que nosotros queremos tener una mala relación con los Estados Unidos? No sé qué tiene que ver una cosa con la otra. La realidad es que fuimos a Rusia y a China a reforzar y promover aún más nuestros vínculos comerciales y financieros en un momento en el que la Argentina lo necesita”, dijo Fernández en declaraciones a una radio local, cuando ya había lanzado en Twitter su nueva posición hacia la Casa Blanca. “Argentina no tiene amigos ni enemigos permanentes ni perpetuos, lo único perpetuo es la defensa de sus intereses”, agregó. El acuerdo firmado necesita aún la aprobación del directorio del FMI para entrar en vigor, y Argentina depende, como en 2018, de Estados Unidos.

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Alberto Fernández llega este 7 de febrero de 2022 en visita oficial a Barbados, última escala de una gira por Rusia y China.
Alberto Fernández llega este 7 de febrero de 2022 en visita oficial a Barbados, última escala de una gira por Rusia y China.HANDOUT (AFP)

Los problemas persiguen a Alberto Fernández fuera de casa. Las urgencias políticas y una serie de errores diplomáticos no forzados obligaron al presidente de Argentina a adelantar el balance de la gira que lo llevó a Rusia y China. Desde Barbados, última escala de su viaje, relativizó este lunes el impacto que tuvieron en Estados Unidos las críticas que lanzó desde Moscú a la Casa Blanca. Y quitó fuelle a la crisis que abrió en su coalición de Gobierno el acuerdo que firmó a finales de enero con el Fondo Monetario Internacional para refinanciar una deuda de 44.500 millones de dólares. Reveló entonces que había hablado por teléfono desde Pekín con su vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, crítica de ese acuerdo, y confió en que los diputados que la siguen darán su voto al memorando con el Fondo en el Congreso.

Fernández está atrapado entre dos frentes, uno interno y otro externo. En el interno, vive la desafección del kirchnerismo, la principal fuerza de la coalición peronista que lo llevó al poder en 2019. El acuerdo con el FMI, firmado días antes de volar hacia Moscú, se saldó con la renuncia de Máximo Kirchner, hijo de la expresidenta, como jefe de la bancada oficialista en la Cámara de Diputados. Máximo Kirchner dijo que no estaba dispuesto a trabajar por la aprobación parlamentaria de un acuerdo que rechazaba y abrió la enésima crisis en el seno del Gobierno argentino. Cristina Kirchner se mantuvo desde entonces en silencio. El presidente Fernández habló este lunes de “matices” con respecto al acuerdo con el FMI y admitió incluso que podría haber diputados kirchneristas que votarán en contra. “Hablé con Cristina y le conté cómo seguíamos”, dijo Fernández. “La verdad, yo no tengo dudas de que nuestra fuerza política nos va a acompañar” en el Congreso, explicó por videoconferencia a periodistas de medios argentinos que lo consultaron desde Buenos Aires.

El acuerdo con el FMI, que aún debe ser aprobado por el directorio del organismo multilateral, es crucial para que Argentina no entre en marzo en suspensión de pagos y se agrave aún más la crisis económica que atraviesa. Pero la firma profundizó las diferencias que ya acumulaba Fernández con sus socios del kirchnerismo ante cualquier entendimiento con el multilateral que supusiese un ajuste fiscal. La renuncia de Máximo Kirchner y el silencio de Cristina Kirchner dispararon todo tipo de especulaciones sobre hasta donde resistirá una alianza que cada vez es más frágil.

Sin el consenso de su propia fuerza política, Fernández necesita más que nunca el apoyo de la Casa Blanca para resolver en Washington la deuda que Argentina asumió con el Fondo en 2018, durante el Gobierno de Mauricio Macri. Por eso sorprendió a propios y ajenos las críticas que el presidente lanzó contra Estados Unidos y el FMI desde Moscú. Al tiempo que ofrecía a Putin convertir a Argentina en ”la puerta de entrada” de Rusia en América Latina, proclamaba la necesidad de reducir la “dependencia de Argentina” de Washington.

Fernández se salió por iniciativa propia de un guion escrito por la Cancillería que se limitaba a defender el multilateralismo y las buenas relaciones con Rusia para presentarse en cambio como el principal aliado del Kremlin en la región. El argentino optó por una alienación sin concesiones en momentos en que Rusia tensa al máximo la relación con Occidente por sus aspiraciones sobre Ucrania. En su rueda de prensa virtual desde Barbados, Fernández dijo, sin embargo, que sus declaraciones no habían generado problema alguno con Washington. “No recibí ninguna declaración de Estados Unidos por lo que dije. Yo siento que no dije nada novedoso ni creo que nadie se haya molestado por eso. No recibí quejas ni cuestionamiento”, dijo Fernández. “Sostengo que con Estados Unidos debemos tener relaciones serias y responsables como con cualquier país del mundo. Creemos en el multilateralismo”, agregó.

Antes de aterrizar en Bridgetown, Fernández estuvo en China. El domingo firmó la adhesión de Argentina a la llamada Ruta de la Seda, una iniciativa de Xi Jinping para reforzar la relación económica con terceros países y al que ya adhieren 140 países. Fernández se llevó de Pekín promesas de inversiones por 23.000 millones de dólares en obras de infraestructura y la posibilidad de agrandar el acuerdo que hoy permite al Banco Central de Argentina sumar a su balance de reservas 20.000 millones de dólares (en yuanes) del Banco Popular de China.

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Este martes, el presidente argentino se reunirá con la primera ministra de Barbados, Mia Mottley, y con representantes de los países que integran la Organización de Estados del Caribe Oriental (OECO). Esta última escala tiene poco que ver con las anteriores y es, si no hay sorpresas de última hora, menos riesgosa en términos diplomáticos: se trata del estreno del presidente argentino como presidente pro témpore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), cargo que recibió el 7 de enero de manos de México.

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Alberto Fernández está en China. Este viernes participó en Pekín de la apertura de los Juegos Olímpicos de invierno y el domingo se reunirá con su par Xi Jinping. La reunión será el epílogo de una alianza en la que Argentina pretende acelerar las inversiones chinas en proyectos de infraestructura, una larga lista que incluye centrales hidroeléctricas y nucleares y desarrollos en energías renovables. La escala previa de Fernández fue, en cambio, más política. Duró menos de 24 horas y tuvo como objetivo agradecer al presidente ruso, Vladimir Putin, la venta de la vacuna Sputnik V en el inicio de la pandemia, cuando las dosis escaseaban y los países productores acaparaban para sí toda las dosis. Fernández, sin embargo, fue más allá. En su charla a solas con Putin se ofreció como “puerta de entrada” a América Latina y cargó contra Estados Unidos, al que acusó de tener una influencia negativa sobre el Fondo Monetario Internacional, el principal acreedor de Argentina.

Fernández y Putin almorzaron a solas el jueves en Moscú. El contenido de la conversación surgió de una transcripción de la agencia oficial de noticias argentina, Telam. “Tenemos que ver la manera en que Argentina se convierta en puerta de entrada de Rusia en América Latina de un modo más decidido”, le dijo Fernández a Putin. Rusia tiene ahora una presencia indirecta en América Latina a través de la colaboración militar con Venezuela y Cuba, que choca contra los intereses de Estados Unidos en la región. La propuesta de Fernández no cayó bien en Washington, donde ya consideraban que era una mala idea que visitase Moscú en pleno conflicto entre la OTAN y el Kremlin por Ucrania. Estados Unidos fue clave además en el acuerdo alcanzado entre Argentina y el FMI para refinanciar una deuda de 44.000 millones de dólares.

Los presidentes de Rusia, Vladimir Putin, y de Argentina, Alberto Fernández, se estrechan las manos tras un encuentro oficial en Moscú, el 3 de febrero pasado.
Los presidentes de Rusia, Vladimir Putin, y de Argentina, Alberto Fernández, se estrechan las manos tras un encuentro oficial en Moscú, el 3 de febrero pasado.JUAN MABROMATA (AFP)

El Gobierno de Joe Biden dio su apoyo luego de intensas gestiones de la Cancillería argentina, que incluyeron una visita del ministro de Exteriores, Santiago Cafiero, a su par de Estados Unidos, Antony Blinken. Como el mayor accionista del FMI, cualquier entendimiento debe tener el visto bueno de la Casa Blanca. Fernández, sin embargo, cargó desde Moscú contra ella. “Argentina ha puesto su mirada, ha volcado su mirada muy firmemente en Estados Unidos. Y depende mucho la economía argentina de la deuda que tiene con Estados Unidos, con el Fondo Monetario y la influencia que Estados Unidos tiene en el Fondo”, dijo. La idea del presidente es que Argentina no debe ser un satélite de Washington, y para ello necesita de la ayuda de Rusia. “Estoy empecinado en que la Argentina tiene que dejar de tener esa dependencia tan grande que tiene con el Fondo y Estados Unidos, tiene que abrirse camino hacia otros lados y ahí Rusia tiene un lugar muy importante”, le dijo a Putin, citado por la agencia estatal Telam.

Putin agradeció el gesto, pero se limitó a resaltar el “potencial que hay” para el “comercio bilateral”. “En el ultimo año hemos visto un buen ritmo de crecimiento”, dijo, recordando el contrato firmado para la provisión de vacunas, cifrado en 30 millones de dosis. Este martes, Argentina anunció que ya no compraría más la Sputnik V a Moscú porque está lista para fabricar y exportar las dosis desde un laboratorio local.

Mientras Fernández cargaba en Moscú contra Washington y el FMI, en Buenos Aires hacían control de daños. El jefe de Ministros, Juan Manzur, visitó este viernes al embajador de Estados Unidos, Marc Stanley, para “para dialogar sobre el fortalecimiento de los vínculos bilaterales”. “Tenemos grandes expectativas por seguir articulando y profundizando proyectos en áreas de interés común para el beneficio de nuestros pueblos”, escribió Manzur en Twitter. “Gran encuentro”, le contestó Stanley por la misma vía.

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