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Polonia ha dado este miércoles un paso más en la línea dura contra Moscú que abandera, al anunciar la expulsión de 45 diplomáticos rusos ―en torno a la mitad del personal de la Embajada en Varsovia― por sospechas de espionaje. Los 45 tienen “distintos estatus diplomáticos” y un máximo de cinco días para abandonar el país, salvo uno, que solo goza de 48 horas, ha señalado el portavoz de Exteriores, Lukasz Jasin, en una rueda de prensa en el Ministerio. El anuncio se produce la víspera de que se cumpla un mes de guerra en Ucrania y horas antes de que aterrice en Europa el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, que visitará Polonia tras participar en tres cumbres internacionales en Bruselas. Pawel Jablonski, vicesecretario de Estado de Exteriores polaco, ha precisado a este periódico que la expulsión es “una decisión preparada antes y coordinada con otros países”.

Jasin ha señalado dos motivos para la fulminante expulsión: que “cometieron actividades contrarias a la ley polaca” y que “vulneraron las normas de la Convención de Viena”, el texto de 1961 que regula las relaciones e inmunidad diplomáticas. Poco antes de que se hiciera pública la orden, el portavoz de los servicios especiales, Stanislaw Zaryn, había anunciado que la agencia de seguridad interior había identificado a 45 personas que trabajaban como espías para Moscú o estaban relacionadas con esos miembros de los servicios secretos.

“Rusia es nuestro vecino, no va a desaparecer del mapa de Europa, pero la agresión a Ucrania prueba que es un Estado inamistoso, e incluso hostil, con Polonia”, ha agregado el portavoz. Jasin ha señalado que en cualquier caso la representación diplomática rusa no era “acorde” con el estado actual de las relaciones bilaterales entre Polonia y Rusia, históricamente complejas y marcadas por una desconfianza que se ha acrecentado tras la invasión de la vecina Ucrania.

También ha señalado Jasin en su comparecencia que las “actividades ilegales de estos diplomáticos pueden representar una amenaza” para los refugiados ucranios. Desde el inicio de la guerra han llegado a Polonia 2,1 millones de personas procedentes de Ucrania —de los 3,6 millones que han huido a los países vecinos en el éxodo de refugiados más rápido en Europa desde el fin de la II Guerra Mundial—, según los últimos datos de la agencia de refugiados de la ONU, Acnur, del pasado martes. Se calcula que unos 1,8 millones de esos refugiados permanecen en territorio polaco.

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El embajador ruso en Varsovia, Sergey Andreev, fue convocado por el Ministerio de Asuntos Exteriores polaco y aseguró a las puertas de la sede que las acusaciones contra los 45 diplomáticos carecen de base. Aclaró que se marcharán en el plazo establecido porque es una “decisión soberana” a la que “tiene derecho” Polonia, pero advirtió de que su país también tiene derecho a tomar decisiones, sin especificar cuáles adoptará.

Los países bálticos y Bulgaria han tomado medidas similares desde que comenzó la guerra, pero Polonia es el país más importante de la zona y uno de los que más aprietan para que la OTAN y la UE endurezcan su postura hacia Moscú.

Por una parte, cara a la reunión de los Vientisiete de este viernes, Varsovia propone dejar ya de comprar hidrocarburos a Rusia, un paso sobre el que no existe consenso en la UE. Además, en la reunión de la OTAN va a proponer formalmente enviar una misión de paz a Ucrania. Esta idea cuenta con muy pocos amigos por el rechazo de la Alianza a desplegar militares en un Estado que no pertenece a la organización a fin de defenderlo de una potencia nuclear.

Varsovia lanzó esta propuesta a la OTAN por primera vez el pasado día 15 de forma un poco sui generis: no de boca del primer ministro, Mateusz Morawiecki, sino del vice primer ministro y líder del partido ultraconservador Ley y Justicia (PiS), Jaroslaw Kaczynski. Fue durante el viaje sorpresa en tren a Kiev que hicieron los dos con los jefes de Gobierno de República Checa, Petr Fiala; y Eslovenia, Janez Jansa; en una iniciativa de la que se distanció Bruselas. “Creo que es necesario tener una misión de paz. De la OTAN, posiblemente una estructura internacional más amplia, pero una misión que sea capaz de defenderse y que opere en territorio ucranio”, dijo Kaczynski en la rueda de prensa posterior a su reunión con el presidente ucranio, Volodímir Zelenski.

Este miércoles, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, fue preguntado al respecto y respondió que sería “una decisión muy temeraria y extremadamente peligrosa”. Todo contacto entre fuerzas rusas y de la OTAN “podría tener claras consecuencias que serían difíciles de reparar”, agregó. La Alianza mantendrá este jueves una reunión de emergencia en Bruselas en la que estará Biden. También asistirá allí a las del G7 y la UE, de las que saldrá una nueva ronda de sanciones contra Rusia. El presidente de Estados Unidos volará un día más tarde a Polonia, en un claro gesto de apoyo a un país que teme ser la próxima víctima de Rusia, pese a pertenecer la OTAN. El artículo quinto de la Alianza obliga a los países que forman parte de la organización a acudir en defensa de cualquiera de sus miembros si es agredido. El sábado, Biden se reunirá en Varsovia con el presidente de Polonia, Andrzej Duda.

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Una protesta contra la invasión rusa en Ucrania, este lunes ante la sede de la ONU en Nueva York.
Una protesta contra la invasión rusa en Ucrania, este lunes ante la sede de la ONU en Nueva York.ANGELA WEISS (AFP)

Por actividades que no se corresponden con su estatus y, supuestamente, sin relación alguna con la guerra en Ucrania, EE UU ha anunciado este lunes la expulsión de 12 diplomáticos de la delegación rusa ante Naciones Unidas. La noticia se conoció en plena rueda de prensa del embajador ruso, Vasili Nebenzia, dedicada a analizar la presidencia rotatoria del Consejo de Seguridad ostentada por su país durante el mes de febrero, y que concluye este lunes. Emiratos Árabes Unidos tomará el relevo a partir del martes.

Cuando comparecía ante los periodistas, Nebenzia recibió una llamada telefónica y tras colgar, explicó lo sucedido, afirmando que aún desconocía la identidad de los expulsados y el motivo de la expulsión, y que los afectados tienen de plazo hasta el 7 de marzo para abandonar el país. “Acabo de recibir la noticia de que las autoridades estadounidenses acaban de declarar personas non grata a 12 miembros de la misión”, dijo el representante ruso. “Es una acción hostil y un desprecio y grave violación de los compromisos del país anfitrión [EE UU]” para con los extranjeros que trabajan en Naciones Unidas, dijo Nebenzia, asegurando que Moscú responderá con reciprocidad. La misión rusa está formada por un centenar de personas.

EE UU confirmó la noticia y rechazó que incumpliera sus compromisos con el Acuerdo de País Anfitrión que rige la presencia de la sede de la ONU en territorio estadounidense, dado que esas 12 personas son “agentes de inteligencia” que han “abusado sus privilegios de residencia al involucrarse en actividades de espionaje que son perjudiciales” para la seguridad nacional de Estados Unidos”. Se trata de una acción que lleva “varios meses desarrollándose”, concretó la portavoz estadounidense, Olivia Dalton, dando a entender que la medida no tiene que ver con la actual situación en Ucrania.

En su comparecencia ante los medios, el embajador Nebenzia volvió a rechazar el uso de la palabra ‘guerra’ para nombrar la “operación militar especial” rusa en Ucrania, destinada a “desmilitarizar y desnazificar” el país, como la denominó el presidente ruso, Vladímir Putin, en la madrugada del jueves. El diplomático volvió a responsabilizar a las autoridades de Kiev del conflicto.

En un día de intensa labor negociadora en la sede de la ONU, ante la que se ha desarrollado una protesta contra la agresión rusa, han coincidido una reunión del Consejo de Seguridad a petición de Francia, para votar una resolución que garantice el acceso a la ayuda humanitaria de la población ucrania, y la convocatoria extraordinaria de la Asamblea, el plenario de los 193 países miembros de la organización. Es la undécima en la historia de la organización, y la primera desde 1982, tras la invasión israelí de los Altos del Golán.

La reunión empezó con un minuto de silencio en recuerdo de las víctimas de la invasión rusa de Ucrania. António Guterres, secretario general de la organización, recordó el cerco completo de Kiev y los ataques contra infraestructuras civiles, en contra de lo que sostiene el Kremlin. “La mera idea de un conflicto nuclear es inconcebible”, subrayó el portugués. Los 193 miembros votarán una resolución de condena de la invasión de Ucrania similar a la vetada por Rusia en el Consejo de Seguridad celebrado el viernes. La de la Asamblea no tiene carácter vinculante, pero servirá para cartografiar la postura del mundo al respecto.

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“Si Ucrania no sobrevive, que no nos sorprenda si fracasa la democracia”, dijo el embajador de Ucrania ante la ONU, Sergii Kislitsia, al abrir el turno de oradores. “Salven a Naciones Unidas, salven la democracia y defiendan los valores en los que creemos”, imploró. Kislitsia acusó al Gobierno de Bielorrusia de “facilitar” la invasión rusa y comparó al presidente de Rusia, Vladímir Putin, con Adolf Hitler. “El único culpable es la Federación Rusa, que usa todo su potencial militar para atacar Ucrania, con misiles dirigidos a infraestructura [civil], como guarderías”. Kislitsia intercaló el inglés con el ruso para dirigirse directamente a su homólogo Nebenzia, al que leyó una carta de un soldado ruso a su madre justo antes de morir en combate sobre el horror de la guerra. Kislitsia recordó que “Rusia y solo Rusia” ha empezado este ataque contra territorio ucranio y recalcó que la decisión de invadir ha sido tomada por alguien que “ahora está en un búnker”.

El embajador ruso, como ha venido haciendo en las reuniones del Consejo de Seguridad -cuatro la semana pasada-, negó que tuviesen objetivos civiles y desmintió la ofensiva militar sobre Jarkov y Kiev. “Los bombardeos sobre Jarkov deberían ser verificados y las explosiones en Kiev no son ciertas; no tengo información [al respecto], pero nuestros misiles no están atacando edificios residenciales”, dijo, en contra de lo manifestado por Guterres. Con respecto a la alerta nuclear, “Dios no lo quiera”, subrayó, sostuvo que Putin la declaró a modo de “disuasión”.

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En el intenso fin de semana de llamadas telefónicas con aroma a último recurso y con la tensión global por la crisis de Ucrania al rojo vivo, este domingo ha sido el turno para una conversación entre el presidente estadounidense, Joe Biden, y su homólogo en Kiev, Volodímir Zelenski. Han hablado durante una hora, tiempo que ha empleado el primero en reafirmar su compromiso “con la soberanía y la integridad territorial de Ucrania”, según un comunicado de la Casa Blanca. “El presidente ha dejado claro que responderá rápidamente y con decisión, junto con sus aliados y socios, a cualquier agresión rusa”. Ambos líderes han coincidido también en “la importancia de continuar” con la suma de “diplomacia y disuasión”, como respuesta a la acumulación militar de tropas enviadas por Moscú la frontera con Ucrania.

Termina así una semana que inauguró un infructuoso intento de mediación de Emmanuel Macron en Moscú, y que acaba con los líderes occidentales colgados del teléfono y redoblando su presión sobre Putin, aunque con la sensación de que la vía diplomática se halla estancada. La próxima baza la tiene el canciller alemán, Olaf Scholz, que viajará a Kiev el lunes, y, el martes, a Moscú. El político socialista quiere “aprovechar la oportunidad de hablar” para evitar el estallido del conflicto, según ha anunciado el domingo en Berlín, informa Elena G. Sevillano. Scholz llega consciente de que podría estar ante una de las últimas oportunidades de salir de este embrollo y con una misión declarada: “Tratar de ver cómo podemos garantizar la paz en Europa”, que se enfrenta a su peor crisis de seguridad desde el final de la Guerra Fría.

Rusia, por su parte, sigue negando que tenga planes de atacar y asegura que se limita a permanecer atenta a lo que ocurra en las regiones separatistas de Donetsk y Lugansk, mientras se reafirma en sus exigencias a Occidente: el fin de la expansión hacia el Este de la OTAN y el compromiso de que no desplegará tropas cerca de sus fronteras.

El miércoles se apunta como otra jornada clave. Algunos medios han publicado que las autoridades estadounidenses consideran, a partir de informes de espionaje, ese día como la fecha más probable para el inicio de las hostilidades, según trascendió de la llamada del presidente Joe Biden a sus aliados del pasado viernes. Tanto Jake Sullivan, consejero de Seguridad Nacional, como el portavoz del Pentágono, John Kirby, se han negado este domingo en Washington a confirmar o a desmentir ese extremo.

Ambos han sido hoy los enviados por la Administración de Biden al frente de la guerra informativa, está sí, ya declarada por Washington y Moscú, en torno una posible invasión que es inminente para unos y nada más que un miedo “histérico” para la otra parte. Kirby ha concedido una entrevista a Fox News. Mientras, el consejero de Seguridad Nacional ha asegurado en el matinal de la CNN, State of the Union, ágora dominical predilecto de los políticos de Washington, que Estados Unidos no dará “la oportunidad a Moscú de lanzar un ataque sorpresa”. Y que por eso piensan “seguir compartiendo toda la inteligencia” de la que dispongan. La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, Maria Zajharova, ha contestado en Telegram y Facebook con contundencia: “Los políticos estadounidenses han mentido, están mintiendo y seguirán haciéndolo, creando pretextos para atacar a civiles en todo el mundo”.

Las palabras de Sullivan acentúan una estrategia a la que la Casa Blanca parece haberlo apostado todo en esta crisis global. Una apuesta arriesgada por su arrojo, que tiene ocupados a los analistas geopolíticos, y que pasa por airear datos, normalmente reservados, según van disponiendo de ellos. Ya sea sobre las sanciones severas que le esperan al Kremlin si continúa por ese camino, sobre operaciones de sabotaje falsas o sobre la producción de vídeos ficticios para fingir un ataque ucranio como pretexto. “Les hemos visto hacer esas cosas en el pasado, por eso no dudamos de que pueden perfectamente repetirlas”, ha añadido a la CNN el consejero de Seguridad Nacional.

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Sullivan ha justificado esa suerte de diplomacia del megáfono, porque no difunden esa información “para empezar una guerra, como ha sucedido en el pasado”, sino para “evitar una confrontación”. “Eso”, a su juicio, les “otorga mayor credibilidad”. Por “el pasado”, Sullivan se refiere a la segunda guerra de Irak, cuando en 2003 la Administración de George Bush empleó datos para justificar una invasión que luego se demostraron falsos.

Ahora es distinto, asegura el Pentágono. No solo porque la tecnología permite una recogida de información más fiable. Es también porque, como ha explicado Sullivan a la CNN, esos despachos de espionaje los han compartido “casi al minuto” con sus aliados. “Al revisar nuestras informaciones han llegado a la misma conclusión que nosotros: que el mundo debe estar alerta con Rusia. Y que es altamente probable que fabrique un pretexto que sirva de antesala a una posible acción militar”.

Las autoridades también dicen haber aprendido de los errores de 2014, cuando los asesores del presidente Barack Obama le convencieron de no compartir lo que sabía sobre la intervención rusa en Ucrania. Este cambio de idea se debe, según explicaba The New York Times este domingo, a “la influencia de la directora nacional de Inteligencia, Avril D. Haines, y al director de la CIA”, William J. Burns”. También lo vincula a la supuesta interferencia rusa en las elecciones de 2016. Desde la primera señal de alarma, lanzada en noviembre, Washington no ha temido pasarse de frenada en sus advertencias.

Esa estrategia inquieta en Kiev, donde prefieren llamar a la calma que apretar cada día el botón de alarma. Este domingo, el ministro de Exteriores, Dmytro Kuleba, ha recalcado que no hay señales de que se vaya a producir una nueva agresión militar a gran escala en los próximos días. No ha habido “cambio fundamental” en la situación, ha dicho Kuleba, que ha exigido una reunión con Rusia y el resto de los países firmantes del Documento de Viena de la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa), destinado a asegurar la transparencia militar. La petición se ha realizado después de que Moscú haya rehuido detallar sus actividades cerca de la frontera con Ucrania y en las maniobras masivas de 10 días que ha emprendido junto a Bielorrusia en ese país.

Ucrania teme, además, que la política alarmista de Biden pueda tener daños colaterales para la economía ucrania y su reputación de seguridad. El presidente Zelenski cree que todavía hay margen para la diplomacia y le preocupa que, incluso si no se llega a producir una agresión militar, Rusia consiga otro de sus objetivos con esta guerra de asfixia: desestabilizar el país.

De momento, las patadas estadounidenses al avispero ya han tenido efectos prácticos: este fin de semana, Washington, Ottawa y Londres han empezado a retirar también a los instructores en materia de defensa que tienen sobre el terreno en Ucrania, así como a sus observadores de la misión de la OSCE en el este del país, en las regiones de Donetsk y Lugansk, donde los separatistas prorrusos luchan contra el ejército ucranio desde hace ocho años en una guerra que ha causado ya unos 14.000 muertos, según la UE. La misión, que entre otras cosas observa cómo se desarrolla el alto el fuego (incumplido constantemente), se mantendrá, ha dicho la OSCE, que ha confirmado la salida de observadores de “varios países”.

Fuentes diplomáticas explican que la retirada de estadounidenses, canadienses y británicos que estaban sobre el terreno como instructores y en la misión de observación se debe no solo a preocupaciones de seguridad, también persigue evitar que se les culpe o se les utilice de pretexto en el caso de una operación de falsa bandera rusa contra Ucrania. Moscú ha incrementado estos días las acusaciones a Kiev y a “terceros países” de estar preparando una maniobra para recuperar el Donbás.

Mientras, una veintena de capitales urge a sus nacionales a que abandonen Ucrania y han comenzado a reubicar sus embajadas al oeste del país, en la ciudad de Leópolis, este domingo han llegado a Kiev dos nuevos cargamentos de material de defensa: un envío de sistemas de misiles antiaéreos Stinger y municiones de Lituania y 180 toneladas más de munición de Estados Unidos. Ucrania, que sigue pidiendo ayuda en forma de envíos de armamento para tratar de competir con el poderoso Ejército ruso y como una forma de disuasión, ha recibido ya 1.500 toneladas de municiones en 17 vuelos, según el ministerio de Defensa ucranio.

Suspensión de vuelos sobre el espacio aéreo de Ucrania

La aerolínea holandesa KLM ha suspendido sus vuelos a Kiev y ha informado de que no operará vuelos en el espacio aéreo ucranio, mientras las alertas de EE UU sobre una posible invasión rusa se suceden. El Gobierno de Ucrania recalcó que su espacio aéreo sigue abierto, pero las decisiones de varias aseguradoras de dejar de cubrir aeronaves que sobrevuelen el país del este ha provocado ya complicaciones. La aerolínea ucrania SkyUp Airlines informó de que se vio obligada a realizar un aterrizaje no programado en Chisnau (Moldavia) en vez de en Kiev de un vuelo procedente de Moldavia por la retirada de la aseguradora.
Desde que el vuelo MH27 de la compañía Malaysia Airlines, que cubría el trayecto Ámsterdam-Kuala Lumpur, fue derribado sobre el este de Ucrania en 2014, con un misil de fabricación rusa, el tráfico aéreo sobre el país ha sido un tema delicado. En la catástrofe murieron 298 personas, entre tripulación y pasajeros. Con esa tragedia como antecedente, ya en enero, KLM, Lufthansa y otras grandes aerolíneas modificaron sus vuelos a Ucrania para evitar que sus tripulaciones pasasen la noche en Kiev por las aseguradoras, que pueden alegar causa de fuerza mayor en caso de conflicto militar y dejar de cubrir las aeronaves si son atacadas durante las hostilidades o quedan atrapadas. Para “estabilizar la situación del mercado de pasajeros”, el Gobierno ucranio anunció un fondo de 592 millones de dólares para ofrecer garantías de seguridad a las aseguradoras. De momento, la mayoría de las 29 aerolíneas extranjeras que operan en Ucrania lo hacen con normalidad. Kiev sí ha aconsejado que eviten sobrevolar de lunes a sábado partes del Mar Negro y el Mar de Azov por maniobras navales de Rusia.

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Canadá ha ordenado este martes la repatriación de los familiares de sus diplomáticos desplazados en Ucrania y se une así a los anuncios hechos estos días por otros países como Estados Unidos y Reino Unido. Suecia, por su parte, ha pedido a sus nacionales que no viajen si no es imprescindible a la ex república soviética.

El motivo esgrimido por las autoridades canadienses es el “despliegue militar ruso y sus actividades desestabilizadoras en Ucrania y alrededores”. Los movimientos de tropas del Kremlin en las fronteras ucranias llevan semanas alimentando la posibilidad de una invasión o de un conflicto armado en medio de intensos contactos diplomáticos al más alto nivel. “Hemos tomado la decisión de sacar temporalmente a los niños menores de 18 años de empleados canadienses de la Embajada, así como a los miembros de sus familias”, anunció el Ministerio de Asuntos Exteriores, informa la agencia France Presse.

La recomendación del Gobierno de Suecia de no llevar a cabo viajes que no sean esenciales a Ucrania eleva su tono cuando se trata de las zonas más conflictivas, por eso han reclamado que se eviten en todo caso desplazamientos de cualquier tipo a la península de Crimea, que se anexionó Rusia en 2014, y a las regiones de Donetsk y Lugansk, en el este del país, donde desde entonces militantes prorrusos mantienen abierto un conflicto armado con las tropas de Kiev.

Pese a todo, las tensiones en Europa del Este no van a tener un impacto importante y directo en el tráfico aéreo, ya que la mayoría de compañías de la región habían adelantado la decisión de evitar la zona en sus vuelos, según las autoridades del sector, informa Reuters.

Pese a que el Gobierno ucranio lo considera excesivo, Washington anunció el domingo que iba a retirar a los familiares de sus diplomáticos y a algunos de sus empleados de la legación diplomática que desearan salir del país. El lunes fue Londres la que comunicó una medida similar. La Unión Europea se mostró, sin embargo, dispuesta a mantener su presencia diplomática en Kiev.

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Un acto en Kiev por el Día de Ucrania, este domingo.
Un acto en Kiev por el Día de Ucrania, este domingo.STRINGER / SPUTNIK / CONTACTOPHO (Europa Press)

Los tambores de una posible guerra en Ucrania han llevado al Departamento de Estado de Estados Unidos a ordenar a los familiares de los diplomáticos de su embajada en Kiev que abandonen el país, ante la amenaza de una invasión de Rusia, que lleva semanas amasando tropas en la frontera entre ambas exrepúblicas soviéticas. También autoriza a los trabajadores no esenciales a salir. En un comunicado dado a conocer este domingo, pide además al resto de sus conciudadanos que consideren “la oportunidad de salir de Ucrania empleando vuelos comerciales u otros medios privados”, dado que la embajada no estará en condiciones de prestarles ayuda en el caso de un ataque.

“Hay informaciones que sugieren que Rusia planea una acción militar significativa. Las condiciones de seguridad, particularmente en torno a las fronteras, en la zona de Crimea ocupada por Rusia y en la parte oriental controlada por Moscú, son ahora mismo impredecibles, y pueden deteriorarse sin previo aviso”, añade la comunicación del Departamento de Estado.

La Embajada de EE UU en Kiev informó el jueves al Ministerio de Asuntos Exteriores ucranio de la inminente evacuación. Fuentes del ministerio citadas por The Wall Street Journal temen que este anuncio mande el “mensaje peligroso” a Moscú de que Estados Unidos ya da por hecha la guerra. El Departamento de Estado carece de cálculos acerca de cuántos ciudadanos estadounidenses viven en Ucrania.

Altos funcionarios del Departamento de Estado dijeron a los periodistas en una llamada informativa que la decisión no obedece a un cambio específico en la situación, sino a la “acumulación militar rusa y a la postura amenazante hacia Ucrania en los últimos meses”.

El secretario de Estado, Antony Blinken, se reunió el pasado viernes con el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, en Ginebra. Allí acordaron seguir con las conversaciones diplomáticas sobre la crisis con Ucrania y la expansión de la OTAN. Blinken prometió enviar por escrito una respuesta a las aspiraciones de Moscú, que exigen a la Alianza Atlántica que no se expanda hacia Rusia y también que se retire de la que considera su esfera de influencia. Se emplazaron a seguir discutiendo para resolver la mayor crisis que hay ahora mismo sobre el tablero geopolítico mundial. Blinken ha vuelto a incidir este domingo en la cadena CNN que “si una sola fuerza rusa más entra en Ucrania de forma agresiva, Estados Unidos y Europa responderán de forma ágil, severa y unida”.

El presidente estadounidense, Joe Biden, predijo el pasado miércoles en una conferencia de prensa, la segunda que concede en su primer año en la Casa Blanca, “movimientos de Rusia”, que, añadió, Estados Unidos no dudará en recibir con “severas sanciones”. “[Si los lleva a cabo] creo que [el presidente ruso, Vladímir Putin] se arrepentirá de ello”, advirtió. Biden se reunió este sábado en su residencia de Camp David con los miembros del equipo de seguridad nacional para analizar la amenaza rusa.

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Los esfuerzos diplomáticos para evitar un nuevo conflicto en Ucrania se multiplican. Disuadir a Rusia de una invasión se ha convertido en el principal objetivo de las potencias occidentales, que tratan de reducir la tensión con continuos viajes a los dos países enfrentados, llamadas entre altos cargos y la convocatoria de distintos formatos de conversaciones entre las partes afectadas.

“El riesgo de un conflicto es real”, subrayó este martes en Berlín el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. Tras reunirse con el canciller alemán, Olaf Scholz, el jefe de la Alianza lanzó varios mensajes a Moscú, todos en la línea de pedirle que reconsidere su postura y de recordarle las consecuencias que tendría un nuevo ataque contra Ucrania. Stoltenberg anunció que ha vuelto a convocar a los miembros del consejo OTAN-Rusia (NRC, en sus siglas en inglés) a nuevas conversaciones. “La tensión es muy alta y por eso el diálogo es especialmente importante. Debemos hacer todo lo posible por alcanzar una solución política”, añadió.

Stoltenberg y Scholz en una conferencia de prensa conjunta, este martes en Berlín.
Stoltenberg y Scholz en una conferencia de prensa conjunta, este martes en Berlín.HANNIBAL HANSCHKE (REUTERS)

Dentro de la ofensiva diplomática, el secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, comenzó este martes un viaje con escala en Kiev, Berlín y Ginebra. En la ciudad suiza tiene previsto reunirse el viernes con su homólogo ruso, el ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov. El mensaje que le transmitirá, según avanzan fuentes del Gobierno norteamericano, no dista mucho de lo que Washington ha advertido desde hace semanas: que es necesario asegurar “una respuesta diplomática”. Lo que ha cambiado es el contexto: el temor a que Rusia invada Ucrania es cada vez mayor.

Gira de Blinken en Kiev, Berlín y Ginebra

“Estamos en un momento en el que Rusia podría lanzar un ataque sobre Ucrania en cualquier momento”, señalan fuentes de la Administración estadounidense. “Estados Unidos no quiere conflicto, quiere paz”, añaden, si bien insisten en que la pelota está en el tejado del Kremlin. “Hemos sido muy claros, un progreso significativo en la vía diplomática solo puede ocurrir en un entorno de desescalada, pero hemos visto lo contrario por parte de Rusia”, concluyen las fuentes consultadas.

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La desescalada, para Estados Unidos y los aliados, consiste en que Putin rebaje la presión militar en la frontera con Ucrania, donde se calcula que ha situado alrededor de 100.000 soldados. Pero no solo ha ocurrido eso. EE UU acusa al Kremlin de operaciones de ciberataque y un complot para fingir una agresión en sus tropas que les sirva de pretexto para intervenir en la antigua república soviética.

Blinken habló con Lavrov el martes, conversación en la que el estadounidense recalcó el compromiso “inquebrantable” de Estados Unidos con la soberanía de Ucrania. El encuentro que ambas delegaciones mantuvieron la semana pasada en Ginebra también arrojó escasos resultados. En Kiev, Blinken se verá el miércoles con el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, y con su ministro de Asuntos Exteriores, Dmytro Kuleba. Al día siguiente se citará en Berlín con su homóloga alemana, Annalena Baerbock, para coordinar cualquier respuesta “si Rusia decide elevar la tensión”. El ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, recalcó este martes en Washington “el compromiso español y de los aliados” con la soberanía y la integridad de Ucrania “incluida Crimea”, península que Rusia invadió en 2014.

“Momento definitorio”

La reunión de los miembros de la OTAN con representantes del Gobierno ruso en Bruselas acabó la semana pasada con las posturas muy enfrentadas. La Alianza considera que las demandas de Putin son inasumibles. Entonces, como este martes en Berlín, Stoltenberg recordó lo que se juega Europa ante la exigencia rusa de impedir que nuevos Estados pasen a formar parte de la OTAN: “Estamos en un momento definitorio para la seguridad europea”.

Las nuevas charlas que plantea Stoltenberg permitirán “abordar las preocupaciones [de los países de la OTAN], pero también escuchar las de Rusia y tratar de buscar una salida a la crisis”, señaló en una breve rueda de prensa con Scholz. La Alianza tiende la mano al Kremlin para negociar una salida, pero la postura occidental sigue estando muy clara: “Cualquier nueva escalada en Ucrania tendrá un alto precio para Rusia”, advirtió el jefe de la OTAN. Stoltenberg defendió el derecho de la antigua república soviética a defenderse y recordó que los aliados de la OTAN están “unidos” y actuarán de forma concertada en caso de agresión. “Habrá costes muy elevados, tanto políticos como económicos”, subrayó el canciller.

Bautismo de la ministra alemana

Alemania no ha escatimado esfuerzos para mediar en la crisis. Al mismo tiempo que Scholz recibía a Stoltenberg en Berlín, la ministra de Exteriores, Annalena Baerbock se reunía en Moscú con su homólogo ruso en un encuentro que la prensa alemana ha calificado de auténtico bautismo diplomático para la política verde. El veterano Lavrov, que el año pasado mantuvo una tensísima rueda de prensa en Moscú con el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, tras la que Rusia expulsó además a varios diplomáticos occidentales, mantuvo un tono tranquilo y no demasiado ácido con Baerbock.

La ministra de Exteriores de Alemania, Annalena Baerbock, y su homólogo ruso, Sergei Lavrov, este martes en Moscú.
La ministra de Exteriores de Alemania, Annalena Baerbock, y su homólogo ruso, Sergei Lavrov, este martes en Moscú.RUSSIAN FOREIGN AFFAIRS MINISTRY (EFE)

Baerbock plantea una línea más dura respecto a Rusia que la defendida por los socialdemócratas con los que gobierna. El polémico gasoducto Nord Stream 2 es buen ejemplo de ello. La ministra fue mucho más contundente que Scholz a la hora de recordar a Rusia que su puesta en funcionamiento estará supeditada al respeto a las fronteras de Ucrania. El mes pasado, el canciller aún se refería a esta infraestructura —que transportará gas ruso directamente a Alemania bajo el Mar Báltico y sin pasar por Ucrania y cuya certificación está paralizada por no cumplir los trámites regulatorios europeos— como “un proyecto económico privado”, minimizando su importancia geopolítica.

Stoltenberg también se refirió al gasoducto y a la política energética europea este martes en Berlín. “No hay una posición común entre los miembros de la OTAN”, aseguró, pero a la vez animó a Europa “a diversificar sus fuentes de energía”, en clara referencia a la dependencia del gas ruso. Las razones para hacerlo son de índole climática, pero también “de seguridad”. La líder de Los Verdes alemanes advirtió también a Lavrov de que si Rusia utiliza la energía como arma habrá “consecuencias” que pueden incluir el controvertido gasoducto Nord Stream 2.

Scholz reafirmó este martes la negativa alemana a suministrar armas a Ucrania. El canciller recordó que Alemania “hace años” tomó la decisión de no exportar armas a zonas en conflicto y que tampoco su antecesora, Angela Merkel, consideró cambiar esa norma. Stoltenberg recordó que otros miembros de la OTAN tienen distintos puntos de vista sobre la cuestión, pero evitó pronunciarse. Ambos políticos reiteraron que Ucrania cuenta con su apoyo. Político en el caso de Alemania y de defensa en el de la OTAN. “Les apoyamos con el entrenamiento y la mejora de las capacidades de su marina”, dijo Stoltenberg.

La ministra de Exteriores alemana advirtió a Lavrov en Moscú de que el tiempo de las conversaciones diplomáticas se está agotando y que tanto Alemania como la Unión Europea se verán obligadas a tomar medidas contra Rusia ante cualquier amenaza a las normas de la UE, incluidas las de derechos humanos. Aunque eso tenga un coste económico, dijo Baerbock tras una reunión observada atentamente para analizar la futura relación del nuevo Gobierno alemán y el Kremlin tras la era Merkel.

“En las últimas semanas, más de 100.000 soldados rusos con tanques y armas se han reunido cerca de Ucrania sin una razón comprensible, y es difícil no entender eso como una amenaza”, dijo Baerbock con gesto serio junto a Lavrov en una rueda de prensa en la que también mencionó al opositor encarcelado Alexéi Navalni y los ataques a la sociedad civil rusa con la liquidación de la organización Memorial.

“No podemos aceptar demandas sobre nuestras fuerzas armadas en nuestro propio territorio”, subrayó Lavrov, que apuntó a que las maniobras y entrenamientos militares son algo común en todos los países. “No estamos amenazando a nadie, pero sí estamos escuchando amenazas hacia nosotros”, concluyó.

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