La víctima se estaría movilizando por el carril del solo bus cuando fue arrollada. Autoridades investigan.
Noticias Cali.
Sobre el servicio prestado por el MIO llegan reportes a diarios, demora de rutas, cancelación de viajes, enfrentamiento entre conductores y pasajeras; pero también, la imprudencia de muchos usuarios en el interior de estaciones o terminales. Una de estas situaciones se ve frecuentemente en varias de las más importantes, Terminal Andrés Sanín, Universidades o Menga.
Fue en esta última en donde muchos usuarios suelen a diario evitar movilizarse por los túneles y deciden transitar en medio de las vías, por donde pasan los enormes buses.
Uno de esos casos fue captado durante este lunes 28 de marzo.
Las imágenes que fueron publicadas a través del Twitter de MIO Usuario se puede observar la imprudencia que cometen muchos usuarios, poniendo en riesgo su propia vida.
Hoy no estaban los de «gestion social» de @METROCALI Pero más que soluciones tibias se requiere una solución definitiva que realmente sirva para que la gente tome la determinación de usar el tunel sin que haya un policia que lo obligue. pic.twitter.com/NR6Wq7lS1D
Tras esta situación registrada durante la tarde de ayer lunes, hoy se presentó un episodio bastante trágico.
Pues en la calle 69 con Avenida 3N, en uno de los carriles de salida de la terminal, una persona habría sido arrollada cuando se movilizaba por el solo bus.
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Sobre la víctima se estableció que es un hombre, pero desde la Secretaría de Movilidad no han especificado si se trata de un habitante en condición de calle como se rumorea.
O quizá un usuario que habría salido caminando de la terminal y evitó transitar por los pasos destinados.
Con alias ‘Matamba’, hubo todo un plan días antes, porque además, a Matamba se le mostró por dónde caminar, hacía donde dirigirse para salir. Se sabía el recorrido y lo hizo como ‘Pedro por su casa’.
A la fuga de Aída Merlano desde un consultorio médico saltando con un lazo y huyendo en una moto, que escoltaban a Carlos Mattos hasta su oficina; ingreso de armas, drogas, celulares y celdas de lujos para presos por corrupción y peligrosos, al INPEC ahora se le suma la fuga de alias ‘Matamba’.
Noticias Colombia.
El 17 de marzo pasadas las 11 de la noche empezó el plan de fuga de alias ‘Matamba’, quien además, no estaría recluido en la zona de máxima seguridad como había ordenado un juez, el sujeto salió vestido como guardia del INPEC, pasó las puertas y controles de seguridad como si nada. Y hasta hoy, públicamente no se conoce de su paradero.
La fuga de Juan Larrison Castro Estupiñan, señalado jefe del Clan del Golfo y mano derecha de alias ‘Otoniel’, podría generar un remesón en el instituto penitenciario.
Según el presidente Iván Duque ya «es hora» de una reformy cambios, en la institución que maneja el sistema carcelario del país.
Cuando salió un guarda, la puerta no quedó asegurada como establece el protocolo.
Meses de búsqueda, recompensa para dar con su paradero, recolección de evidencias, operativos para cazar al sujeto, calificado de alta peligrosidad y extraditable, para que se fugara por «la puerta grande».
Y salió Matamba del Pabellón, salió por donde un guardia había dejado sin seguro la reja. Se fue vstido de guardian del INPEC y como si nada.
Estos hechos se presentan en medio del escándalo por presunto fraude electoral, lo cual ha desatado todo tipo de reacciones.
Alias ‘Matamba’
No se trata de cualquier preso, de hecho, habría pagado una millonaria suma para que lo ayudaran a volarse «sin correr riesgos». En un primer conteo de los internos, el narcotraficante —cuyo caso destapó una olla de corrupción con militares y exmilitares— no apareció el pasado jueves.
En otro patio apareció otro interno que al parecer sería ‘Matamba’ y se le estaban tomando las huellas dactilares para hacer las verificaciones legales del caso, era otro interno.
Ante esta nueva fuga, de inmediato se activó el plan candado, con colaboración de la Policía Nacional.
No lo encontraron.
Se voló, se fugó casi a la media noche. Salió vestido como un guardia, sin nungún inconveniente.
¿Qué pasó con el registro?, nada se sabe. Sobre los controles para el ingreso y salida del personal del INPEC en La Picota se desconoce cómo se aplicó ese día cuando el señalado delincuente, salió caminando y luego en la vía se subió a una moto.
Su papel
‘Matamba’ es considerado, por los gobiernos de Colombia y Estados Unidos, un narcotraficante con un extenso poder.
Informes indican que tenía el control del 10 % de los cultivos ilícitos de la región oriental y contaba con cerca de 140 hombres bajo su mando.
También cuenta con un extenso prontuario delictivo, con más de 20 años cometiendo innumerables crímenes, sobre todo, en Nariño.
Su vida delictiva comenzó en la década de los 90, cuando se enroló en las Farc.
Y ahora con su fuga, se teme una escalada de violencia, porque mientras estuvo presos otros se estaban repartiendo el poder, ganancia y territorio.
Videos de cámaras de seguridad demostrarían la presunta ayuda que recibió alias ‘Matamba’ por parte de guardias de la cárcel La Picota para fugarse. El delincuente, además, vestía un uniforme del Inpec al momento de salir del centro penitenciario – https://t.co/0s7Sw3LoYrpic.twitter.com/HYmyn1KXgA
Por esta fuga, ya hay un guardian del INPEC capturado. Pero no sería el único implicado.
Hubo todo un plan días antes, porque además, a Matamba se le mostró por dónde caminar, hacía donde dirigirse para salir. Se sabía el recorrido y lo hizo como ‘Pedro por su casa’.
Los ministros de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, y ucranio, Dmitro Kuleba, tienen previsto reunirse por primera vez este jueves en Turquía para tratar de buscar una salida al conflicto desatado por la invasión rusa de Ucrania. En principio, lo harán en la ciudad sureña de Antalya y en un formato a tres, con la presencia de su homólogo turco, Mevlüt Çavusoglu. “Nuestro objetivo más urgente es el cese de los combates”, explicó el jefe de la diplomacia turca al anunciar la cita, que consideró un “paso importante” hacia la paz y la estabilidad. Posteriormente, la portavoz de Exteriores rusa, María Zajarova, confirmó a la agencia TASS la participación rusa en la reunión.
La iniciativa es el resultado de los esfuerzos diplomáticos de Turquía, cuyo presidente, Recep Tayyip Erdogan, ha hablado por teléfono con una veintena de jefes de Estado y de Gobierno desde el inicio de la guerra, incluida una conversación este domingo con su par ruso, Vladímir Putin, y varias con el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski. El ministro de Exteriores turco ha mantenido a su vez 40 reuniones telemáticas con sus homólogos para preparar el terreno, entre ellas seis con Kuleba y cuatro con Lavrov. “Eso sin contar los mensajes que nos enviamos continuamente”, añadió.
Turquía es uno de los miembros de la OTAN con más pedigrí —entró a formar parte en 1952—, pero en los últimos años ha preferido negociar su expansión exterior directamente con el Kremlin. Ha comprado a Rusia un sistema de misiles que puede suponer una amenaza para aeronaves de la Alianza Atlántica y, sin embargo, también ha vendido armas a Ucrania, especialmente drones que están castigando las columnas militares rusas. Cómo combinar todas estas variables se ha convertido en la cuadratura del círculo para el Gobierno de Erdogan al iniciar Rusia la guerra en Ucrania: Ankara condenó “la invasión ilegal”, pero se abstuvo en la votación sobre la expulsión de Rusia del Consejo de Europa; ha cerrado los estrechos al paso de buques militares rusos, pero rechaza secundar las sanciones de la UE y EEUU. Una de cal y otra de arena.
La razón es que se trata de uno de los países —fuera de los directamente implicados— que más puede perder a raíz del conflicto. “Turquía sigue una política de equilibrio. La principal razón es que los dos estados que están combatiendo son vecinos importantes, con los que Turquía mantiene relaciones de carácter estratégico y un elevado volumen comercial”, afirma Muhittin Ataman, analista del centro de estudios progubernamental SETA.
Erdogan se ha acostumbrado en los últimos años a hablar de tú a tú con su homólogo ruso, Vladímir Putin, con quien le resulta más fácil llegar a acuerdos que a través de la farragosa institucionalidad que implican los tratos con sus socios occidentales, en cuyas negociaciones siempre aparecen referencias a los derechos humanos, la imparcialidad judicial y otros asuntos, a su juicio, molestos. A la vez, el Gobierno turco teme enfadar a Rusia y que esta le pague desestabilizando aquellos escenarios como Siria, Libia y el Cáucaso, donde la sintonía entre ambos líderes ha permitido que cada país conserve su esfera de influencia. Pocos días antes del inicio de la invasión de Ucrania, el viceministro de Exteriores de Rusia, Mijail Bogdanov, explicó que las conversaciones entre los militares rusos desplegados en Siria y su contraparte turca estaban “muy avanzadas”, y pocos desean que se reanuden las hostilidades. En el recuerdo queda el bombardeo de hace dos años —que numerosos analistas achacan a la aviación rusa— que mató a 34 soldados turcos en Siria, pero que Ankara evitó atribuir a Moscú. “Turquía y Rusia han conseguido atemperar sus diferencias. Hay temas en los que no están de acuerdo, pero tratan de que eso no empañe sus relaciones”, defiende Emre Ersen, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Mármara.
La prudencia turca también se explica por razones económicas. Turquía compra a Rusia un tercio del gas y un cuarto del petróleo que consume, y una empresa rusa construye la primera central nuclear turca. El 80% del trigo que importa Turquía proviene de Rusia y Ucrania, y lo mismo ocurre con otros cereales y el aceite de girasol. El encarecimiento en las materias primas puede tener un efecto nocivo en una Turquía donde los precios se han doblado en apenas un año. Ersen subraya, además, que las sanciones contra Rusia y el propio conflicto pondrán en aprietos dos métodos turcos para obtener divisa: el turismo (rusos y ucranianos son el 27% de los visitantes a Turquía) y la construcción en el exterior (empresas turcas tienen proyectos por valor de 18.000 millones de euros en Rusia).
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A pesar de esta aparente posición neutral, hay un gran enfado turco con Rusia por su ataque a Ucrania, asevera Yörük Isik, analista del think-tank estadounidense Middle East Institute y director de la consultora estambulí Bosphorus Observer, especializada en temas marítimos. Erdogan se reunió con Zelenski en Kiev solo tres semanas antes de la intervención rusa: firmaron un tratado de libre comercio y el líder turco se ofreció a mediar ante Moscú. “Turquía es el principal inversor extranjero en Ucrania, y allí hay cientos de empresas y miles de ciudadanos turcos. Esta relación tiene un aspecto militar muy importante, porque son dos países que se complementan perfectamente. Lo que Turquía necesita desesperadamente, por ejemplo motores y tecnología aérea, lo tiene Ucrania, y viceversa”, apunta Isik.
Ucrania ha comprado vehículos militares a Turquía, ha encargado la construcción de corvetas y ha recibido al menos una docena de drones artillados Bayraktar TB2. La semana pasada llegó un segundo lote, ya en plena guerra, pero el Gobierno turco se escudó en que son acuerdos comerciales llevados a cabo por una empresa privada (empresa, eso sí, que pertenece a la familia de un yerno de Erdogan). Estos drones se han mostrado efectivos frente al avance ruso, tanto que en las redes sociales se ha popularizado una canción en honor al arma de fabricación turca. Además, empresas militares turcas habían llegado a acuerdos con la fábrica ucraniana Motor Sich para manufacturar los motores de los nuevos helicópteros de ataque turcos, de los drones TB2 y de un modelo superior, el Akinci. Esa fábrica está situada en Zaporiyia, cerca del frente de combate, y, cree Isik, “probablemente se convertirá en un objetivo de Putin”.
Teniendo en cuenta esto se entiende que Turquía haya invocado la Convención de Montreux y haya prohibido el tránsito por los estrechos del Bósforo y los Dardanelos (a través de los que se comunican el Mediterráneo y el mar Negro) a los barcos militares rusos, una medida exigida por Kiev desde el primer día de ofensiva. La pasada semana, el ministro de Exteriores turco, Mevlüt Çavusoglu, anunció que se había pedido a Moscú retirar una petición de paso de cuatro buques. Según Reuters, se trataba de dos destructores, una fragata y un navío de reconocimiento.
“Esto son palabras mayores”, dice Isik, que asegura que durante varias semanas esta flotilla estuvo compuesta por siete naves, parte de ellas de la flota rusa del Pacífico y una armada con misiles de crucero, y estuvo dando vueltas en el norte del mar Egeo hasta que varios buques partieron hacia el sur, lo que indicaría que “Turquía presionó a Rusia incluso antes de aplicar Montreux para evitar que esos buques entrasen al mar Negro”. Para endulzar el mal trago a Rusia, Çavusoglu ha hecho extensible la prohibición del paso de buques militares por los estrechos “a todos los estados”, algo que no está recogido en la Convención de Montreux, que se ciñe únicamente a los estados beligerantes. Lo interesante, resalta el experto naval, es que la OTAN sacó sus naves del mar Negro a finales de enero, cuando es habitual que siempre haya alguna en patrulla rotatoria: “Probablemente, alguien en Bruselas tomó la decisión de no dar a Rusia la oportunidad de buscar provocaciones que utilizar como excusa”.
El cierre de los estrechos turcos no tendrá gran efecto en la ofensiva en Ucrania a corto plazo, puesto que ya hay una importante presencia naval rusa en el mar Negro, incluidos seis buques de sus flotas del Norte y el Báltico. Pero, sostiene el profesor Ersen, a medio-largo plazo podría afectar a la comunicación con el despliegue ruso en Siria, ya que obliga a que todos los suministros lleguen por vía aérea.
Otro efecto del conflicto, si no se detiene pronto, puede ser que Turquía refuerce su cooperación con países del Este de Europa como Bulgaria, Rumanía y Polonia si se siente “amenazada” por Rusia, opina Ataman. E igualmente, podría resultar en la normalización de las relaciones entre Turquía y la OTAN, toda vez que Ankara está mostrando “su valor estratégico para la seguridad en Europa”.
Escribió Shakespeare que “hay hombres que nacen grandes, otros alcanzan la grandeza, y a otros simplemente se les viene encima”. Boris Johnson (Nueva York, 57 años) lleva toda su vida persiguiendo la gloria política. Intentó tocarla con el Brexit, pero dejó tras de sí una estela de división ciudadana. La pandemia le arrolló, como a otros muchos dirigentes. Su momento churchilliano ha podido llegar con la invasión de Ucrania. “Nunca había visto de un modo tan nítido en política internacional la diferencia entre lo justo y lo injusto, entre el bien y el mal”, admite a los corresponsales del diario alemán Die Welt, el italiano La Repubblica y EL PAÍS, todos ellos miembros de la alianza de medios europeos LENA. Johnson y sus ministros han estado en la primera línea de respuesta al desafío de Vladímir Putin. Los servicios de inteligencia británicos anticiparon claramente las intenciones del Kremlin, y Downing Street envió mucho antes que otros países armamento ofensivo al Gobierno de Ucrania. “Putin ha decidido redoblar su apuesta, y ve que no hay forma de salir del callejón sin salida en que se encuentra más que con la destrucción y aniquilación de población inocente”, advierte el primer ministro antes de responder a las preguntas.
Pregunta. Recibió usted la llamada del presidente Zelenski esta madrugada [del jueves al viernes] y le expresó su gran preocupación por el incidente en la central nuclear de Zaporiyia. ¿Estamos más cerca de una guerra nuclear o de un incidente nuclear?
Respuesta. Creo que debemos distinguir muy claramente entre dos cosas. Toda la cuestión sobre un posible intercambio nuclear, por así decirlo, el uso de armas nucleares, es una distracción de lo que está sucediendo en Ucrania, que es, me temo, un ataque brutal y bárbaro contra personas inocentes. Y no creo que debamos dejarnos despistar por parte de la retórica que estamos escuchando. El asunto en cuestión tiene que ver con la seguridad de las centrales nucleares y los residuos nucleares. Me preocupa que trabajemos juntos para pensar en formas con las que podamos evitar un desastre así, porque como dije, creo que sería un desastre paneuropeo. Y creo que es algo que preocupa legítimamente a todos los países.
R. Tenemos que dejarle claro al Kremlin que un desastre nuclear civil en Ucrania, otro Chernóbil, es un desastre para Rusia y para todo el mundo. Y por lo tanto, creo que algún sistema para proteger esas plantas, algún sistema para garantizar que los niveles de radiactividad sean monitoreados por las autoridades internacionales, como la ONU y la Agencia Internacional para la Energía Atómica, sería algo extremadamente importante.
P. Su secretario de Defensa, Ben Wallace, ha dicho que Putin se ha vuelto “completamente loco” [”full tonto”, en la expresión coloquial inglesa]. ¿Está de acuerdo con esa afirmación? ¿Es esta una estrategia calculada a sangre fría o, como acaba de decir, Putin está en un callejón sin salida, y su estado mental es de nervios y desesperación?
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R. Creo que es muy difícil hacer esa lectura, abrir una ventana de su alma y tratar de imaginar lo que está pensando realmente. Recibo todo tipo de información sobre la forma en que funciona su Gobierno, su sistema, o sobre la falta de controles y equilibrios de ese sistema, o sobre la forma arbitraria en que puede tomar decisiones, y todo eso es extremadamente preocupante. Pero creo que la clave está en que claramente cometió errores de cálculo. Creo que probablemente tiene una carencia de percepción real, a pie de calle, de lo que es realmente la vida para la gente en Ucrania y de lo que la gente de Ucrania siente sobre su propio país. Es posible que no haya estado allí desde hace mucho tiempo. Era un problema de pura lógica. Porque yo sabía que los ucranios lucharían, y cualquiera que haya estado lo habría pensado por pura intuición. Tal vez ha ido perdiendo el contacto real con esta situación. Y ha cometido un error. Tiene que haber una salida, tiene que haber una solución que no implique la destrucción total, o que él continúe en este camino de destrucción total. Pero me temo que, lógicamente, es muy, muy difícil ver cuál es esa solución. Por eso he llegado a la conclusión de que debemos lograr que fracase.
R. Creo que la unidad de Occidente ha sido una de las cosas más importantes que han ocurrido. Antes de que comenzara la invasión, estábamos trabajando junto con Emmanuel para comprender cuáles serían las implicaciones. Es muy importante que sigamos trabajando, particularmente con los estadounidenses, para compartir presunciones y prioridades sobre el conflicto. La lección de la historia desde 1914, hasta Bosnia y más allá, es que, lamentablemente, los conflictos europeos más espantosos no se resuelven sin cierta medida de interés y liderazgo estadounidenses. Eso va a ser muy importante también en estos momentos.
P. Entonces, ¿es bueno que Macron todavía esté hablando con Putin?
R. Creo que es importante que se preserve la unidad de Occidente. Estoy seguro de que Emmanuel no se está desviando de esa posición de unidad.
Johnson atiende a los corresponsales en Downing Street Martin U. K. Lengemann
P. Usted dijo que Putin debía fracasar. ¿Pero no debería también caer, quiero decir, perder el poder, para acabar con todo esto? ¿Cómo puede Occidente hacer que suceda? ¿Debería animar a la oposición rusa a rebelarse?
R. Hay dos cosas que debemos delimitar de modo estricto. No debemos caer en la trampa de enmarcar esto como un conflicto entre el pueblo ruso, o Rusia, y Occidente, o incluso entre Putin y la OTAN, o Putin y Occidente. No se trata de eso. Esa es una categoría en la que no debemos caer. Se trata de ayudar al pueblo ucranio a protegerse a sí mismo, a proteger sus vidas, sus familias y su independencia. Número dos: creo que es muy importante que la gente vea que este es el objetivo delimitado y completo de nuestra agenda. No hay más agenda. No podemos pensar así. Los acontecimientos en Moscú o en la política rusa son simplemente imprevisibles. De hecho, eso sería una distracción total. Permítanme ser muy claro: no se trata de intentar hacer nada para acortar la carrera política de nadie en Moscú. Por el contrario, se trata simplemente de tratar de proteger a la gente de Ucrania y brindarles la ayuda que necesitan.
R. Ciertamente creo que existe una estrecha analogía entre el comportamiento de Putin y los últimos años de Slobodan Milosevic. Es muy interesante que ambos líderes estuvieron en el poder durante mucho tiempo, ambos cada vez más autócratas, ambos buscando apuntalar su posición interna, y para ello fundaron una gran causa nacionalista. Slobodan Milosevic identificó el lugar de nacimiento del nacionalismo serbio, de hecho de la nación serbia, en Kosovo Polje, y convenció a su pueblo con esta idea descabellada de que necesitaba ser rescatado y liberado. Hay una especie de analogía muy estrecha entre ese error catastrófico y lo que el presidente de Rusia ha estado diciendo sobre Kiev y los orígenes de la religión, la cultura y la civilización rusas y sus objetivos en Ucrania. Pero cuando se trata del Tribunal Penal Internacional, es un asunto que le compete a ella. Tendrá que haber una recopilación de pruebas. Si hay evidencia del uso de municiones ilegales, bombas de racimo, armas de largo alcance…, esto claramente tendrá que ser trasladado a Holanda.
P. ¿Y a quién corresponde hacer eso?
R. Creo que debemos ser bastante limitados en lo que nos proponemos hacer. Porque nunca he visto en mucho tiempo una diferencia tan clara entre lo justo y lo injusto en la política internacional, o una diferencia tan clara entre el bien y el mal. En el momento en que comenzamos a introducir otro tipo de consideraciones políticas en Moscú, o cualquier consideración geoestratégica, perdemos la nitidez y el enfoque.
P. Usted descartó una zona de exclusión aérea el otro día en la frontera de Polonia con Ucrania, porque sería una confrontación directa muy peligrosa entre Occidente y Rusia. Pero, ¿cuántas muertes y brutalidades de Putin podemos permitir? ¿Cuál es la línea roja para que Occidente intervenga?
R. Si pensamos en unas pocas semanas atrás, nadie se hubiera imaginado que tantos países europeos ahora estarían haciendo lo que hizo el Reino Unido y enviando armas. No creo que nadie hubiera imaginado que el canciller alemán hiciera un discurso como el que ha hecho. Y que Alemania estuviera en la posición que ahora está. Las cosas están cambiando. Y eso se debe a la indignación y el disgusto de la gente por lo que está sucediendo en Ucrania. Lo que trato de decir es que Occidente ya ha avanzado mucho. Y está muy unido. Pero queda un larguísimo camino por delante para la idea de cualquier tipo de confrontación directa entre las fuerzas occidentales… entre las Fuerzas Armadas del Reino Unido, Italia, Alemania o España, y las fuerzas rusas. Las consecuencias de una decisión así serían muy difíciles de controlar y gestionar. No sabríamos dónde terminaría. Y los riesgos de error de cálculo son enormes. Tenemos que mantener un límite, tenemos que mantener un límite conceptual en lo que estamos haciendo. Eso no significa que no nos importe apasionadamente, o que no haremos todo lo posible dentro de los parámetros que hemos establecido para tratar de cambiar las probabilidades a favor de las víctimas. Y lo haremos. Pero creo que no hay ningún país occidental, que yo sepa, que actualmente esté considerando enviar combatientes a ese teatro del conflicto. Esa es la realidad. No está en la agenda.
P. Así que una zona de exclusión aérea sigue siendo una idea…
R. El problema con la zona de exclusión aérea es precisamente ese. Lógicamente, implica el derribo de aviones rusos. Y, de nuevo, estaríamos atrapados en una lógica de confrontación.
R. Creo que lo que hacen todas las crisis es revelar las verdaderas relaciones. A veces, si una familia atraviesa un gran trauma, la verdadera fuerza del afecto entre los miembros de la familia y la forma en que trabajan juntos puede volver a revelarse repentinamente. Y creo que eso es probablemente lo que está sucediendo ahora.
P. ¿Debería el Reino Unido aumentar la cooperación en proyectos militares con la UE, como han anunciado EE UU, Canadá o Noruega?
R. Las últimas semanas han demostrado que la OTAN es más fuerte que nunca y más relevante que nunca. Putin no solo calculó mal con respecto al pueblo de Ucrania, sino que calculó mal al pensar que iba a debilitar a la OTAN al invadir Ucrania. La está fortaleciendo. El gasto en defensa está aumentando. Y la OTAN es el formato para eso, porque tiene una estructura de comando y las tropas del Reino Unido pueden colocarse bajo su mando. El Reino Unido no desea explorar una alternativa a algo que ya existe, que funciona, que tiene líneas claras.
«Nunca en política internacional he visto tan claramente la diferencia entre el bien y el mal», ha asegurado el primer ministro británicoMartin U. K. Lengemann
R. Eso sí que es increíblemente difícil. Y es importante que nosotros en el Reino Unido no parezca que sermoneamos a países que claramente tienen una dependencia masiva de los hidrocarburos rusos. No es solo en Alemania o Italia. Todos los países europeos tienen cierta dependencia. Nosotros también les compramos algo, pero es mucho menos de lo que solíamos. Creo que necesitamos una estrategia colectiva en Europa y en Occidente. Una estrategia para diversificar esta dependencia. Y creo que escuchando al canciller alemán está claro que está de acuerdo con eso. Y creo que habrá un programa. Y habrá un calendario. Pero no será fácil. Hay otras fuentes energéticas, en América del Norte y Canadá. En el Golfo. Hay maneras de hacer esto. Y hay formas en las que podemos trabajar juntos para producir más energías renovables. No es fácil, y para nuestros votantes será difícil.
P. Su Gobierno ha anunciado ya duras medidas contra entidades y oligarcas rusos, pero Roman Abramóvich sigue conservando su patrimonio. ¿Por qué no actúan contra él como ha exigido la oposición laborista?
R. Nadie quiere vivir en un país donde el Gobierno pueda quitarte la casa sin acumular indicios sólidos en tu contra y sin el proceso debido. No tiene sentido lanzarse a por alguien para darse de bruces con un batallón de abogados. Así que tenemos que hacerlo bien. Y estamos tratando de no hacer esto solo contra un individuo. Una de las medidas principales del paquete legal que vamos a aprobar el próximo lunes es que podremos utilizar las disposiciones aprobadas en la UE contra los oligarcas para detenerlos aquí también.
Los efectos del castigo a Rusia por la invasión de Ucrania se asemejan en sus primeros días al retroceso del agua antes de la llegada del tsunami. La calma reina en los supermercados. Por las tiendas pasean los clientes con normalidad. Pero es palpable la sensación de que pronto la economía se tambaleará. Los primeros indicios están ahí: algunas compras que fallan porque el banco ha sido sancionado, transferencias al exterior bloqueadas y la palabra “contrabando” en boca de algunos para hablar de artículos que hasta ahora formaban parte del día a día.
“No se vende nada más de Apple, absolutamente prohibido”, responde con los brazos cruzados Antón, dependiente de la cadena de electrodomésticos M.Video, al preguntarle cuánto cuesta un iMac. Los productos de la multinacional estadounidense siguen expuestos en sus mesas, pero la tienda ha retirado todos los carteles con sus precios.
Además de las sanciones decretadas por las autoridades estadounidenses y europeas, poco a poco algunas empresas occidentales deciden cortar sus lazos con Rusia. Apple y Nike son algunas de ellas. “Estamos profundamente preocupados por la invasión rusa de Ucrania y apoyamos a todas las personas afectadas por la violencia”, explicaba la compañía de Cupertino en un comunicado difundido en la noche del martes. Rusia, por su parte, empieza a admitir que el daño va a ser mayor de lo que esperaba. “Desde luego, la economía de Rusia sufre gran presión, un golpe importante”, ha admitido este miércoles el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov.
Algunas tiendas se resisten a acatar la decisión, como un puesto de la operadora MTS que aún vendía los cascos inalámbricos de Apple, pero la salida del país es firme. La compañía ha suspendido también su servicio Apple Pay y no se podía pagar ya con ello en unos datáfonos del metro. En concreto, los del segundo mayor banco del país, el sancionado VTB.
“Me es incómodo hablar de esta situación, es inaceptable. Toda la gente decente, normal, está contra la guerra”, dice Vladímir Viascheslavóvich, un treintañero que espera a un amigo que ha entrado a una de las tiendas. “No tengo hipoteca, y ahora va a ser muy complicado comprar una casa”, cuenta a este periódico mientras espera. Tras conocerse las sanciones, el banco central de Rusia subió los tipos de interés del 9,5% al 20%, una cifra nunca antes vista en la Federación de Rusia, incluso con la crisis del rublo de 1998. “Para el pueblo ruso, no para los políticos, va a ser mucho peor que hace ocho años”, apunta en referencia al inicio de la guerra en el este de Ucrania.
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La desaparición de los iPhone es un ejemplo llamativo de esta nueva crisis rusa. Según Financial Times, otras empresas estadounidenses que simbolizaron la apertura postsoviética, como Levi Strauss y Coca-Cola, discuten todavía si abandonan el país. Sin embargo, el verdadero golpe puede llegar por unas navieras cuyos nombres son menos conocidos para el gran público: la danesa Maersk, la italiana MSC (Mediterranean Shipping Company) y la francesa CMA CGM.
Las tres, que prácticamente monopolizan el transporte de contenedores internacional, han decidido dejar de llevar mercancías a Rusia, donde solo las dos primeras movían la mitad del mercado. Para entender la dimensión del problema, la inflación que golpea a todo el planeta desde el año pasado (7,4% en España, récord desde 1989) se debe a que se han juntado el aumento de la demanda postcovid y la falta de transporte. Y prohibidos o no los productos, ahora Rusia se ha quedado sin barcos con que traerlos.
“Mi empresa trae todo de China en contenedores. Es la mitad del mercado logístico, no será posible encargar nada a corto plazo. Si los precios subieron de 2.000 a 15.000 dólares por contenedor en octubre, imagínate cómo van a subir ahora…”, cuenta por teléfono Yulia, trabajadora del sector logístico.
Aislamiento
Parte de la población ve bien este aislamiento. “Hemos sobrevivido a esto muchos años. Estas sanciones no me preocupan nada, en absoluto, creo que van a impulsar nuestra producción nacional, no repentinamente, por supuesto, pero ya teníamos muchas sanciones y la producción creció”, afirma Elena Schútina, una mujer de mediana edad que promociona una tienda por la calle.
“Los artículos occidentales pueden llegar por contrabando y Bielorrusia nos va a ayudar. Tienen buenos productos agrícolas”, agrega Elena, que tampoco teme los efectos de este castigo para viajar al exterior. “¿Sabes lo bella que es Rusia? He estado en muchos países, y con el curso del dólar y las sanciones he viajado más por Rusia. Están el lago Baikal, Altái… hay una infraestructura muy buena para el turismo”, subraya.
El 12 de marzo es la fecha límite fijada por la Unión Europea para desconectar los bancos rusos del sistema SWIFT. No son todos, pero sí los principales. En respuesta, el Gobierno ruso ha prohibido la transferencia de fondos a “países hostiles” a los extranjeros sin residencia permanente, lo que ha provocado una gran preocupación entre muchos españoles que trabajan en Rusia. Ellos, como muchos rusos que andaban por la calle, prefieren no hablar ante la delicada situación que vive la nación.
Antes de la guerra, la divisa nacional se cambiaba a 85 rublos por euro. Tras las sanciones, este miércoles cotizaba a 120. Para protegerse de la devaluación, algunas tiendas han subido los precios de los electrodomésticos entre un 20% y un 30%. Teléfonos, cámaras y ordenadores tienen ahora precios imposibles para el ruso medio salvo si se endeuda, algo que es muy habitual en el país: sin contar hipotecas y otros préstamos, unos 11,8 millones de personas tenían pendiente por pagar algún microcrédito a finales del pasado año, según datos del sector.
Sin embargo, otros establecimientos que no dependen de las importaciones aguantan a la espera de acontecimientos. “De momento mantenemos los precios, a ver qué pasa con el rublo”, afirma Alina, responsable de atención al cliente de URSS Fitness Club al darse de alta en el gimnasio.
“Vengo de la farmacia y han subido los precios de lo que necesitaba”, dice Vadim, un pensionista. “Imagino que traeremos productos de otros países, como Latinoamérica, pero estamos peor. Antes al menos había perspectivas de mejorar”, añade en su camino al metro.
Su frustración con la crisis económica es compartida por jóvenes como Vladímir, que no entiende para qué ha servido esta guerra: “Por decirlo de una manera, todos nos rechazan, todos nos han dado la espalda”.
“Por favor, no entren en Ucrania, den la vuelta, es muy peligroso”. Las primeras palabras que los periodistas de EL PAÍS escuchan en el puesto fronterizo de Shehyni, en Ucrania, es esta advertencia de un joven africano. Su rostro, demacrado, muestra la extenuación de haber estado tres días recorriendo kilómetros a pie y durmiendo al raso para cruzar a Polonia. Soldados armados con rifles AK-47 y voluntarios con bates de béisbol vigilaban este lunes la cola de miles de ciudadanos que ni son ucranios ni europeos, pero que, como el resto, quieren dejar atrás la guerra. Hacinados, improvisando hogueras con plásticos y papeles para calentarse por unos minutos, aguardan para huir de un conflicto que no vieron venir.
Naciones Unidas ha afirmado este martes que la invasión rusa de Ucrania ya ha forzado el desplazamiento de 660.000 personas a países vecinos, con la principal presión de los huidos sobre Polonia. Para llegar a Sheyni hay una cola de más de 30 kilómetros formada por turismos, furgonetas y autobuses. Conducen padres de familia o voluntarios que llevan a las mujeres y niños ucranios a las puertas de la Unión Europea. Esperan una media de tres días para alcanzar Polonia. La mayoría de estos puede dormir dentro de los vehículos; en cambio, los miles de africanos y asiáticos lo hacen a la intemperie, bajo la nieve y a temperaturas de varios grados bajo cero. En la estación de tren de Lviv, de la que sin horario regular salen algunos convoyes hacia la frontera polaca, la prioridad es que embarquen las mujeres y niños ucranios.
En el puesto fronterizo de Sheyni se marca una división: en una fila, sobre todo hay hombres subsaharianos, magrebíes y asiáticos —también hay mujeres, aunque en menor medida—; en la otra fila, menos concurrida, se encuentran mujeres ucranias con sus hijos menores de edad a punto de superar los últimos metros antes de llegar a Polonia. Los varones ucranios de entre 18 y 60 años han sido movilizados y no pueden abandonar el país. Pasada la frontera empezará otra epopeya, la de conseguir algún hogar en la UE para aguardar al final de la ofensiva rusa contra Ucrania.
Colas de vehículos y personas que huyen de la ofensiva rusa, en el paso fronterizo de Shehyni, en Ucrania.Jaime Villanueva
Hay cuatro kilómetros de carretera entre el punto fronterizo de Sheyni y el control militar que supervisa a los miles de vehículos que se acercan. Las autoridades permiten el acceso del transporte rodado a cuentagotas para descargar a sus pasajeros en la aduana. Muchos tienen que superar esta distancia —o incluso 10 kilómetros más, donde se ubica la estación de ferrocarril más cercana— andando y cargados con sus pertenencias. En este recorrido hay ciudadanos locales que ofrecen socorro a ucranios y a extranjeros. La escuela del pueblo de Sheyni se ha reconvertido en albergue para mujeres. En la puerta aguarda este lunes con dos amigas Cassandra, una estudiante de Ghana de 23 años. Ucrania es un consolidado destino universitario para ciudadanos de países en desarrollo. Cassandra y sus amigas transportan maletas y dos jaulas con sendos gatos que adoptaron hace tres años, cuando se instalaron en Ucrania. Quieren llegar a Francia y, pese al engorro de cargar a los animales, prometen que no los abandonarán.
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En una gasolinera, el encargado del establecimiento obsequia con té a un grupo de indios y a una familia vietnamita, y les permite que duerman unas horas tumbados entre pasillos con las estanterías de productos vacías. En la capilla de San Juan Bautista, en Sheyni, algunos católicos aprovechan para orar en completo silencio, unos minutos de paz y recogimiento. Tres feligresas ofrecen té o alimentos calientes y el sacerdote distribuye dos finas mantas por persona a quien lo requiera.
La mayoría de los vehículos que descargan a ucranios en Sheyni vuelven hacia la ciudad de Lviv, a 70 kilómetros, trasladando a los compatriotas que regresan de la UE para alistarse en el Ejército o para ayudar en la resistencia contra Rusia. Otros vehículos también transportan ayuda humanitaria que llega por la frontera: es el caso de Fernando, un madrileño casado con una ucrania que ha transportado material médico financiado por ucranios en España. Fernando —no quiere revelar su apellido— admite que en cuando pueda, dejará Ucrania con su esposa, aunque quizá para regresar en los próximos días con más productos de primera necesidad.
Los 70 kilómetros a Lviv se recorren en coche en dos horas. Una vez en los accesos a la ciudad, los controles militares convierten el ingreso a la capital de la Ucrania occidental en otro atasco perpetuo. En un autobús de línea que conecta las afueras de la ciudad con la estación de tren, el marroquí Mouad Kanti cuenta su historia: hace cuatro años que estudia Medicina en la Universidad Alfred Nobel de Dnipró, uno de los enclaves más violentos de la guerra. Kanti salió de Dnipró al segundo día de la invasión rusa en un tren que le llevó a Lviv, a 1.000 kilómetros hacia el oeste. Intentó abandonar Ucrania por Sheyni, pero tras 48 horas desistió porque la experiencia era demasiado dura. Optó por regresar a Lviv y probar suerte por la frontera eslovaca, donde, según le comunicó el decano de su facultad, hay menos aglomeraciones.
Un anciano en el autobús habla airadamente señalando a Kanti y a este periodista. “No le gustan los extranjeros”, dice en voz baja el joven marroquí, aunque añade acto seguido que su experiencia durante estos años había sido muy positiva. Dos ucranios que han llegado de Sheyni intervienen para acallar al hombre. Cargados con mochilas y esterillas, se apean del autobús frente a la estación de tren de Lviv, dispuestos a alistarse en el frente contra los rusos.
La noche ya cae en la antigua capital de la región histórica de Galitzia, antaño austrohúngara, polaca y ucrania. Una hora más tarde sonarán las primeras sirenas antiaéreas de la noche que advierten de un posible ataque ruso. Las calles de Lviv se vacían en cuestión de minutos, con sus habitantes apresurándose para cobijarse en los refugios antiaéreos habilitados sobre todo en los sótanos de sus edificios. Mientras, en la estación de tren continúa el trasiego de las masas de ucranios que llegan de zonas de conflicto y de voluntarios que se disponen a partir para defender a su patria.
Roman Abramovich, ruso que diop un paso al costado en las directiivas del Chelsea.
El magnate decidió dar un paso al costado dos días después del ataque de Rusia a Ucrania.
Noticias Internacionales.
Luego de la polémica desatada por el ataque de Rusia a Ucrania, hubo repercusiones en el equipo inglés del Chelsea.
Roman Abramovich, magnate ruso dueño del club, decidió dar un paso al costado y ceder su puesto a fideicomisarios de la Fundación Benéfica del cuadro de Stanford Bridge.
A través de un comunicado, el Chelsea dio a conocer esta información que ha sorprendido a los fanáticos de ‘Los Blues’.
«Siempre he tomado decisiones teniendo en cuenta los mejores intereses del club. Sigo comprometido con estos valores», dijo Abramovich en un boletín emitido a la opinión pública.
Manifiesta la web antes citada que en el Kremlin se refieren a Abramóvich como el «Mister A».
Cabe anotar que Roman Abramovich compró el equipo ingles en el 2002, año en el que revolucionó al club con grandes contrataciones producto de una buena inyección de capitales.
En aquella época, la inversión del ruso en el club londinense rondó los 91 millones de dólares para hacerse con el 100% de las acciones.
El negocio que hizo multimillonario a Abramovich fue una petrolera rusa llamada Sibneft, la cual vendió a Gazprom, empresa encargada de suministra el gas al 30% de Europa.
El copresidente de Alternativa para Alemania, Jörg Meuthen, durante un congreso del partido celebrado en Dresde, al este de Alemania.JENS SCHLUETER (AFP)
La batalla ideológica en la que llevaba años inmersa la formación de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) empieza a resolverse para caer del lado más radical. Jörg Meuthen, uno de los presidentes del partido, anunció este viernes por sorpresa su decisión de abandonarlo por desavenencias con los sectores más extremistas. Meuthen, de 60 años, se había distanciado del resto de líderes de AfD, quienes a su vez le criticaban, cada vez más abiertamente, por manifestarse contra la deriva antidemocrática de la formación.
En una entrevista con la televisión pública ARD, el político reconoció haber fracasado en su intento de liderar un camino diferente para el partido, donde asegura que hay facciones que “no respetan el orden básico democrático”. “En ellas veo claramente ecos totalitarios”, señaló. Especialmente en las consignas contra la política de lucha contra el coronavirus, un asunto en el que cree que “se ha desarrollado algo parecido a un culto”.
Meuthen, que quiere conservar su escaño en el Parlamento Europeo pese a abandonar la formación, tampoco ve futuro a AfD. Asegura que, en el mejor de los casos, acabará quedando relegada a Alemania Oriental, donde en dos länder (Sajonia y Turingia) fue la fuerza más votada en los últimos comicios de septiembre pasado. En el conjunto del país obtuvo el 10,2% de los votos, más de dos puntos por debajo de su resultado anterior.
AfD irrumpió en el Parlamento alemán tras los comicios de septiembre de 2017 con un 12,6%. Nacido en 2013 como partido protesta contra los rescates de Bruselas y haciendo bandera del euroescepticismo, viró sus consignas hacia el rechazo a la inmigración durante la crisis de los refugiados de 2015. Con la pandemia, ha reenfocado su populismo contra las restricciones, que tilda de antidemocráticas, y se ha aliado con negacionistas y amantes de las teorías conspirativas para hacer oposición al Gobierno, primero al de Angela Merkel y ahora al tripartito de Olaf Scholz.
Meuthen estaba considerado el más moderado de los líderes y portavoces de AfD, aunque expertos como Johannes Kiess, investigador de la Universidad de Siegen, ponen esa supuesta moderación en tela de juicio. Depende de con quién se le compare. Si es con los que se quedan ―el copresidente federal Tino Chrupalla, la portavoz parlamentaria Alice Weidel, o sobre todo con el controvertido copresidente en Turingia, Bernd Höcke― sí lo es, pero a lo largo de los años han ido abandonando el partido figuras mucho más moderadas asustadas ante la deriva radical de la formación, apunta Kiess.
“Mayor radicalización del partido”
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La Oficina para la Protección de la Constitución (BfV), el servicio secreto interno alemán, vigila de cerca a la formación al menos desde 2019 tras detectar tendencias extremistas en algunos sectores, entre ellos las juventudes y el ala más derechista, la liderada por Höcke, porque considera que defienden políticas contrarias al orden democrático constitucional. Meuthen ha llegado a calificar de “neonazi” a Höcke. “Era cuestión de tiempo que Meuthen decidiera salir. Su marcha supone una victoria del ala más radical”, asegura Kiess. “Me temo que vamos a presenciar una mayor radicalización del partido”, añade.
Meuthen militaba en el partido desde sus inicios. En verano de 2015, se convirtió en portavoz federal tras la marcha de Bernd Lucke, uno de los fundadores. Primero lideró la AfD junto a Frauke Petry, luego con Alexander Gauland y actualmente lo hacía con Tino Chrupalla. El político formaba parte del ala neoliberal en política económica, que empezó protestando contra Bruselas, frente al sector más nacionalista o directamente xenófobo, y pretendía convertir a AfD en un partido conservador de masas. No lo logró. “El corazón del partido late hoy muy a la derecha”, dijo en la entrevista con ARD en la que anunció su marcha.
Canadá ha ordenado este martes la repatriación de los familiares de sus diplomáticos desplazados en Ucrania y se une así a los anuncios hechos estos días por otros países como Estados Unidos y Reino Unido. Suecia, por su parte, ha pedido a sus nacionales que no viajen si no es imprescindible a la ex república soviética.
El motivo esgrimido por las autoridades canadienses es el “despliegue militar ruso y sus actividades desestabilizadoras en Ucrania y alrededores”. Los movimientos de tropas del Kremlin en las fronteras ucranias llevan semanas alimentando la posibilidad de una invasión o de un conflicto armado en medio de intensos contactos diplomáticos al más alto nivel. “Hemos tomado la decisión de sacar temporalmente a los niños menores de 18 años de empleados canadienses de la Embajada, así como a los miembros de sus familias”, anunció el Ministerio de Asuntos Exteriores, informa la agencia France Presse.
La recomendación del Gobierno de Suecia de no llevar a cabo viajes que no sean esenciales a Ucrania eleva su tono cuando se trata de las zonas más conflictivas, por eso han reclamado que se eviten en todo caso desplazamientos de cualquier tipo a la península de Crimea, que se anexionó Rusia en 2014, y a las regiones de Donetsk y Lugansk, en el este del país, donde desde entonces militantes prorrusos mantienen abierto un conflicto armado con las tropas de Kiev.
Pese a todo, las tensiones en Europa del Este no van a tener un impacto importante y directo en el tráfico aéreo, ya que la mayoría de compañías de la región habían adelantado la decisión de evitar la zona en sus vuelos, según las autoridades del sector, informa Reuters.
Pese a que el Gobierno ucranio lo considera excesivo, Washington anunció el domingo que iba a retirar a los familiares de sus diplomáticos y a algunos de sus empleados de la legación diplomática que desearan salir del país. El lunes fue Londres la que comunicó una medida similar. La Unión Europea se mostró, sin embargo, dispuesta a mantener su presencia diplomática en Kiev.
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Hace más de 10 años nació el proyecto y en 2014 quedó sin recursos, desfinanciado, abandonado, este año retomaron la obra del tramo San Francisco – Mocoa, ‘la variante de la biodiversidad’.
Hace más de 10 años nació el proyecto y en 2014 quedó sin recursos, desfinanciado, abandonado, este año retomaron la obra del tramo San Francisco – Mocoa, ‘la variante de la biodiversidad’.
Noticias Putumayo.
Está lista la inversión que busca concluir los 27 kilómetros de vía que aún están pendientes por construir para comunicar a Nariño y Putumayo con el resto del país atravesando la selva, y que por años ha sido un ‘elefante blanco’, anunció Invías, ya se retomaron los trabajos de ‘la Variante de la Biodiversidad’ .
En este caso, será llamada ‘la Variante de la Biodiversidad’, por la zona donde se hace.
Variente San Francisco – Mocoa ‘elefante blanco’
Juan Esteban Gil, director de Invías, dio declaraciones en esta semana, anunciando que será una obra a terminarse.
«El sueño histórico de esta región sin duda alguna, es generar conexión con el hermano departamento del Putumayo», dijo Gil.
¡Una alerta!
En julio del 2021, Jhon Jairo Carvajal decidió ir hasta el puente y grabar la denuncia, su vídeo se viralizó y causó indignación, pues de esta obra parada poco se hablaba.
«Este es el ganchito para todo político en tiempo de elecciones»: La denuncia.
Mientras caminaba y mostraba el puente en medio de la selva del Putumayo, explicaba que: «Este es el ganchito para todo político en tiempo de elecciones».
Así iba explicando lo hallado:
«El puente llega hasta aquí, no tiene salida, aquí se supone que vamos hacía Pasto pero llega hasta esa montaña».
«Esta es la vía hacía Mocoa», termina en una trocha.
El límite del puente encuentra un camino de tierra, una trocha.
El recorrido del puente lo llevó por dos puntos, tuvo que ingresar a pie: en un punto en el sentido hacía Pasto, da a la montaña, no hay paso; y hacía Mocoa, solo un camino de tierra, una trocha.
A la montaña si le pusieron una malla con roca para evitar los derrumbes, «pero eso lleva años ahí pudriéndose porque no la revistieron», denunciaba entonces.
Al fondo se ve el puente, no conduce a ninguna parte, da la vuelta entre el abismo y la trocha.
Un puente que no conduce a ninguna parte, una parte construida de la que no daban razón, llevaba años así, que hasta se ve deteriorado.
El puente sin entrada ni salida, hasta ahora se constituye en un desfalco que ascendió a 1.2 billones y está en proceso de investigación.
El puente que se quedó en veremos
Aunque no lo parezca, es una obra de gran envergadura, se pensó como un proyecto para unir el Pacífico con el Atlántico, y que conectara Tumaco (Nariño, Colombia) con Belém do Pará (Brasil).
Era incluso, una construcción llamativa a nivel internacional pues debía cruzar la Reserva Forestal Protectora de la Cuenca Alta del Río Mocoa, un área protegida.
Levantar este puente en medio de la selva, llevó meses de trámites.
Una carretera con corredores biológicos y avances tecnológicos importantes, le dijo Vanessa Torres, subdirectora de la Asociación Ambiente y Sociedad (AAS), a EL TIEMPO en junio del 2020.
Y en movilidad, una vía que hiciera más fácil el viaje por carretera desde Pasto, Nariño, a Mocoa, Putumayo. No solo por los viajeros, sino por lo que podría representar económicamente para esta zona del país.
Datos
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) participó como principal financiador, prestó 53 millones de dólares. (Si se reactiva la obra, ya no participará).
2008: Ministerio de Ambiente otorgó la licencia ambiental.
2010: el BID aprobó el préstamo, empezaba la ejecución de la vía de 45,6 kilómetros, que estaría sin pavimentar —en una primera fase—.
5 sectores tendría la obra: dos (60% de la vía) pasan por la Reserva Forestal, y están en limbo.
Hace 10 años: Invías adjudicó un contrato por 401.000 millones de pesos.
Hasta ahora, parte de lo construido se hizo incluso, con plata del Gobierno Nacional por la avalancha de Mocoa.
Retomaron la obra
Desde Invías informaron esta semana que: «El proyecto ya inició, de hecho ya estamos con las actividades de remoción de derrumbes, recuperación de las obras construidas, estamos a días de empezar los nuevos puentes y las nuevas obras».
Incio de obra «la variante de la biodiversidad».
Los ciudadanos están a la expectativa que esta obra, ahora ‘la Variante de la Biodiversidad’ la cual se ha venido aplazando por entre otras cosas, complejidad geológica.
La fecha de culminación, es el año 2030.
Organizaciones encargadas de la obra «La variante de la biodiversidad»
«Ya está totalmente financiado con estos recursos que se firmaron en dos contratos de obra por una suma total de 1.2 billones de pesos, uno para atacar el frente de San Francisco y otro para atacar el frente desde Mocoa hacia la reserva», aseguró Gil.
Por la geologia que tiene el Alto Mocoa, la licencia ambiental permite únicamente ingresar por los extremos del corredor de «la Variente de la biodiversidad».
Vinculación con artesanos
Así mismo el director de Invías anuncio que se adelantará un trabajo de consulta previa con los putumayenses.
«No estamos obligados por ley a tener una consulta previa, pero estamos totalmente comprometidos porque queremos que el proyecto se trabaje de la mano de nuestras comunidades indígenas del putumayo», indicó Juan Esteban Gil.
Por medio de la consulta previa se busca vincular artesanos de la zona para incluir su talento en el corredor.
«La variante San Francisco – Mocoa es la variante de la biodiversidad, vamos a tener casi un museo ambiental durante todo el corredor», señaló.
La idea es que como se hizo con los túneles del Corredor Cordillera Central en el Túnel de la Línea entre Tolima y Quindío, acá también se hagan obras para resltar la naturaleza de la región.