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 La vida de una persona puede ser muy importante para otras personas (¡¡incluida la tuya!!): La policía esposa a una mujer para evitar el suicidio en China!

Un policía se esposó a una mujer que intentaba suicidarse amenazando con saltar de un tablero publicitario en el centro de Pekín, capital de China, el miércoles, dijeron las autoridades.


 

El agente se esposó a ella y tiró la llave, según un portavoz, y le dijo que si se tiraba, él caería con ella.

Tras m ás de 30 minutos de tensión, se rindió y fue rescatada. "Fue un acto muy valiente. No teníamos ni idea de si iba a saltar o no", dijo el portavoz. No se han revelado los motivos de la víctima, según los medios locales.


Ambiente sombrío, lenguaje sin vaselina diplomática y advertencias directas y tajantes. La cumbre de la UE con China, celebrada por videoconferencia este viernes, ha sido probablemente una de las más tensas de las 23 citas bilaterales que han mantenido los dos gigantes comerciales desde 1998. Los líderes comunitarios han exigido al presidente chino, Xi Jinping, que abandone su calculada equidistancia a favor de Rusia en la guerra de Ucrania y que se implique a fondo para imponer la paz. Sin apenas miramientos, la UE ha advertido a Pekín que con su indiferencia se está jugando su reputación internacional, unas palabras que evocan la sombra del estatus de Estado paria que Occidente intenta imponer a Rusia con sus sanciones. Los líderes han recordado a Xi que el daño a su imagen ya ha provocado una estampida empresarial e inversora en Rusia, un peligro que acecharía también a China si apoya la guerra del presidente ruso, Vladímir Putin.

“Esta cumbre no ha sido una más”, ha reconocido el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, al término del encuentro con Xi. Michel ha subrayado que “China no puede cerrar los ojos ante las violaciones rusas del derecho internacional” y ha urgido a Pekín a que “ayude a parar la guerra en Ucrania”.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, añadía, por su parte, que la reunión ha transcurrido “en una atmósfera muy sobria, con la guerra de Rusia contra Ucrania como telón de fondo”. Ambos han definido el diálogo con Xi y con el primer ministro chino, Li Keqiang, como “franco y abierto”, términos que aluden a la contundencia con que Bruselas y Pekín han defendido sus respectivas posiciones.

El ministerio chino de Exteriores, en un comunicado, también ha calificado la conversación como “sincera” y “en profundidad”. Lejos de comprometerse con la presión sobre Rusia que han reclamado Michel y Von der Leyen, Pekín se limita a indicar que Xi “siempre está del lado de la paz” y “alienta las conversaciones de paz a su manera”.

Imagen de la cumbre virtual entre la UE y China, este viernes.
Imagen de la cumbre virtual entre la UE y China, este viernes.OLIVIER MATTHYS / POOL (EFE)

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Desde el comienzo del conflicto, China ha adoptado una posición de “neutralidad escorada” hacia Rusia, su socio estratégico, y ha rechazado condenar el ataque ruso, que evita calificar de “invasión” o “guerra”. Se opone a las sanciones internacionales y responsabiliza del conflicto a la OTAN y Estados Unidos por no haber tenido en cuenta las “preocupaciones de seguridad legítimas” de Rusia.

Xi ha reiterado en la cumbre esa posición, al sostener que “la raíz de la crisis en Ucrania está en las tensiones de seguridad regionales que se han creado en Europa a lo largo de los años”, y ha instado a abandonar la “mentalidad de la Guerra Fría” en las arquitecturas de seguridad regionales y globales.

La UE exige a China que asuma su responsabilidad como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU y utilice su ascendiente sobre Moscú para detener la guerra cuanto antes. “También hemos dejado muy claro que China debe como mínimo no interferir en nuestras sanciones [a Rusia] si no las apoya”, ha advertido Von der Leyen.

Bruselas no amenaza expresamente a Pekín con imponerle sanciones en caso de que tercie a favor de Putin, con apoyo financiero o militar. Pero los líderes europeos han advertido a Xi de que las multinacionales están observando y evaluando la posición de cada país en el conflicto con vistas a decidir las inversiones a largo plazo.

“China se está jugando su reputación”, ha advertido Von der Leyen. Y los líderes comunitarios han recordado al presidente ruso que el daño reputacional ya ha provocado una estampida de empresas europeas en Rusia, una fuga que podría repetirse en el gigante asiático si la opinión pública europea percibe que Pekín apoya o financia la invasión de Ucrania, la muerte de civiles y la destrucción de infraestructuras neurálgicas en ese país.

El lado europeo no ha dudado en recordar a Xi la importancia del mercado comunitario para las exportaciones chinas. El comercio entre ambos bloques asciende a 2.000 millones de euros al día, mientras que el de China con Rusia es de 330 millones, según datos de la Comisión Europea.

Bruselas también ha tentado a Pekín con la calidad de las vacunas europeas contra la covid-19, desarrolladas con una nueva tecnología (ARN) a la que los investigadores chinos no parecen tener acceso de momento. “Siempre estamos dispuestos a compartir conocimiento y apoyo en esta materia”, ha ofrecido Von der Leyen tras recordar que en estos momentos la UE tiene al 70% de la población vacunada y al 52% con dosis de refuerzo, mientras que en China la pandemia todavía bloquea el 30% de la economía y al 25% de la población.

China, en cambio, ha culpado a Europa y a la comunidad internacional en general de “echar leña al fuego e intensificar las tensiones” con su castigo económico a Moscú. Y considera inaceptable lo que ha calificado como una alteración “por capricho” del sistema económico global y una “instrumentalización de la economía global como arma”.

Xi ha advertido que las drásticas medidas adoptadas por Occidente para golpear a Rusia pueden acarrear “graves crisis” en sectores como las cadenas de suministro, el comercio, las finanzas globales, la energía o la alimentación. Y que si las relaciones se deterioran aún más “podrían hacer falta años, si no décadas, para volver a enderezar la situación”.

“Las sanciones también tienen un precio para nosotros en Europa, pero es el precio por defender la libertad y la democracia”, ha afirmado Michel. Y ha advertido a China: “Estaremos vigilantes ante cualquier intento de circunvalar las sanciones o de ayudar a Rusia a prolongar la guerra”.

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La UE y China celebran este viernes una cumbre bilateral que puede marcar la supervivencia de unas relaciones políticamente muy tensas pero muy fructíferas para la economía de ambas partes. Bruselas exigirá en términos meridianamente claros al presidente chino, Xi Jinping, que se abstenga de ayudar a Rusia en su ataque contra Ucrania, tanto en suministro de armamento militar como en fórmulas para sortear las sanciones occidentales. Fuentes comunitarias enfatizan: “Cualquier asistencia financiera o armamentística sería interpretada como el fin de la neutralidad de China en el conflicto”. Los organismos comunitarios confían en que Pekín no traspase esa peligrosa línea, pero advierten que, de hacerlo, sufriría graves consecuencias políticas y económicas en la escena internacional.

El encuentro por videoconferencia, previsiblemente tirante, contará por el lado comunitario con la participación del presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y del alto representante de Política Exterior de la UE, Josep Borrell. El primer ministro chino, Li Keqiang, participará en la sesión de la mañana. Y el presidente Xi, en la de la tarde. Ninguna de las partes aspira a una declaración común o de rueda de prensa compartida, dos objetivos que solían centrar la atención en las anteriores cumbres UE-China. “Esta es una cumbre en medio de una guerra que amenaza la seguridad de Europa y el orden internacional; si se logra parar la muerte y la destrucción en Ucrania o se contribuye a evitar el uso de armas de destrucción masiva, será mucho más importante que cualquier declaración”, apunta una fuente europea.

Bruselas quiere que Pekín se comprometa de manera activa a colaborar en la detención del conflicto. Y, sobre todo, que no dé ningún paso que pueda ayudar al presidente ruso, Vladímir Putin, a superar las dificultades que está encontrando en el campo de batalla, por la resistencia del Ejército ucranio, y en el terreno económico, por las sanciones impuestas por Occidente. “No se trata de fijar ninguna línea roja a China, pero si facilitas armas a Moscú o ayudas a que esquiven las sanciones, está claro que habría dejado de ser neutral”, apuntan fuentes comunitarias.

Tras el inicio de la guerra, la UE había alentado al Gobierno chino a que aprovechara su capacidad de presión sobre Putin para frenar el ataque y ejercer de mediador. Ahora parece conformarse con que no se ponga del lado del agresor, una decisión que desequilibraría aún más la guerra en contra de Ucrania y que, sobre todo, reforzaría el escenario de confrontación entre Occidente y el resto del mundo que difunde la propaganda del Kremlin. Bruselas teme que China pase de su neutralidad sesgada a favor de Moscú a un apoyo claro y tangible. “¿Prolongas esta guerra o le pones fin? Estas es la pregunta existencial de la cumbre”, añaden fuentes comunitarias.

La UE está convencida de que los intereses de Pekín no pasan por secundar un conflicto bélico cuya escalada, de producirse, pondría en peligro la paz mundial e interrumpiría una globalización comercial de la que China ha sido uno de los principales beneficiados. Fuentes europeas consideran improbable que “China se arriesgue a perder lo logrado durante tres décadas de estabilidad y a poner en peligro la promesa del régimen a sus ciudadanos de que cada generación vivirá mejor que la anterior”.

Pero en Bruselas inquieta sobremanera el alcance de la declaración conjunta suscrita por Xi y Putin en Pekín el 4 de febrero, solo 20 días antes del inicio de la invasión rusa de Ucrania. El texto fue interpretado como una declaración de guerra contra el orden internacional auspiciado por Occidente e imperante desde el final de la II Guerra Mundial. Y por primera vez, China se pronunciaba abiertamente en contra de la ampliación de la OTAN, una organización militar que hasta ahora parecía haber escapado a la atención del radar del régimen comunista oriental.

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En respuesta a ese frente común, Michel, Von der Leyen y Borrell no van a dudar en esgrimir ante Li y Xi la envergadura de los lazos comerciales entre China y la UE frente al escaso peso de sus vínculos económicos con Moscú. El mercado europeo absorbe el 15% de las exportaciones chinas frente al 1,9% que supone el mercado ruso. En 2019, el último ejercicio antes de la pandemia, el comercio de bienes entre China y la UE ascendía a 560.000 millones de euros, con un déficit comercial a favor del lado chino de 160.000 millones de euros.

Pero esos flujos multimillonarios no han impedido que en los últimos años se tensen las relaciones entre Bruselas y Pekín, sobre todo desde que en 2019 la Comisión Europea calificó a China como “rival sistémico”, término que solivianta al régimen de Xi. El choque se agravó en marzo de 2021, cuando la UE impuso sanciones a China, las primeras en 30 años, por la persecución contra la minoría étnica de los uigures. Pekín adoptó represalias y sus sanciones incluyeron a cinco miembros del Parlamento Europeo, lo que dejado en el aire un acuerdo de inversión que aspiraba a aumentar la llegada de capital europeo a China y viceversa.

Fuentes europeas avisan de que las relaciones con China se deteriorarán aún más, hasta un punto de difícil retorno, si Pekín se decanta a favor de Putin en el ataque contra Ucrania. “Se dañará la imagen internacional de China, afectará a sus empresas, a sus bancos y a su capacidad de ofrecer prosperidad a sus ciudadanos”, advierten esas fuentes, con unos términos que se asemejan, aunque en menor grado, a las amenazas de “sanciones masivas” que se lanzaron antes de la guerra para intentar disuadir al presidente ruso. La estrategia no funcionó con Putin y hay dudas sobre su efectividad con Xi.

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La invasión rusa de Ucrania, que acaba de cumplir un mes, ha puesto el foco en el creciente poder de China como potencia internacional. El apoyo, con matices, del presidente Xi Jinping a su homólogo ruso, Vladímir Putin, ha despertado el temor occidental a que Pekín acabe apoyando militarmente a Moscú. Wang Huiyao, fundador y presidente del Center for China and Globalization, un think tank que asesora al Gobierno chino, no solo niega que China se esté planteando prestar ayuda a Rusia. Es que además, argumenta, el Kremlin tampoco necesitaría ese apoyo externo dada la superioridad de su Ejército. Wang, de 63 años, defiende desde Pekín en esta entrevista hecha por Skype el papel de mediador de su país y critica el impacto negativo sobre la economía global de las sanciones occidentales sobre Moscú.

Pregunta. ¿Cómo puede contribuir China a reducir el alcance de la guerra en Ucrania?

Respuesta. El Gobierno chino ha dejado claro que quiere respetar la soberanía y la integridad territorial de todos los países y que Ucrania no es una excepción. El presidente Xi Jinping está dispuesto a prestar ayuda a Ucrania y trabajar con la comunidad internacional como intermediador para buscar una solución diplomática y lograr un alto el fuego. También dijo al presidente Joe Biden que, como las dos mayores economías del mundo, China y EE UU tienen la responsabilidad de que esta crisis acabe y buscar una solución pacífica.

P. Mientras hablamos, ciudades como Mariupol o Kiev están siendo bombardeadas. Es difícil negociar bajo las bombas.

R. Por eso China reclama un alto el fuego inmediato. Hay una escalada en las dos partes, también en la ucrania.

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P. Xi y Putin se han mostrado como aliados y dicen que su amistad es sólida como una roca. ¿Eso no impide ver a Pekín como un actor independiente?

R. China emitió un comunicado de amistad con Rusia, pero también es amiga de Ucrania. China firma comunicados con muchos países. No publicamos una alianza militar con Rusia ni nada por el estilo.

P. Pero sí política.

R. También EE UU tiene sus alianzas políticas. EE UU ha colocado a China como su enemigo número uno, como su gran rival. Ese es el gran problema. No se puede esperar que China tenga exactamente los mismos objetivos que EE UU o la OTAN. China luchaba ya antes de la crisis ucrania contra las sanciones de EE UU.

P. Biden ha advertido a Xi de las consecuencias que desencadenaría un apoyo material de Pekín a Moscú, una posibilidad que su Gobierno desmiente categóricamente.

R. Nadie plantea eso. ¡Es una táctica de desinformación en la guerra de información! ¿Por qué querría China prestar ayuda a Rusia? ¿Y por qué Rusia iba a necesitar ayuda militar? Ellos, que activaron la alerta nuclear, tienen 5.000 cabezas nucleares, mientras que China tiene solo 300. EE UU está asustado. Y por eso lanza esos avisos. Pero Rusia no necesita la ayuda de China.

P. Aparte de la militar, ¿qué otra ayuda presta China?

R. Las relaciones comerciales habituales se mantienen. Pero China no está aportando ayuda militar o económica extra.

P. Xi no critica la guerra, pero al mismo tiempo trata de distanciarse de los ataques. Critica las sanciones internacionales impuestas a Moscú, pero sus empresas las respetarán. ¿Hasta qué punto podrá mantener este difícil equilibrio?

R. Esta guerra llega después del golpe de la pandemia, lo que nos coloca a todos en una situación muy frágil. El presidente Xi ha alertado de que debemos preocuparnos por la economía global. Las sanciones solo van a incrementar el riesgo de una recesión. Los precios de la comida y del petróleo van a aumentar. Esta situación no dañará solo a la UE, también a China y a todo el mundo. Las consecuencias se notarán en los bolsillos de todos. ¿Los ciudadanos europeos van a dejar de poner la calefacción porque haya aumentado el precio de la energía? ¿Van a pasar frío por la noche? No lo creo.

P. En Occidente hay un amplio consenso de que Ucrania está sufriendo una agresión injusta, lo que ha despertado una oleada de simpatía hacia el pueblo ucranio. ¿Qué imagen del conflicto tienen en China?

R. También compartimos la simpatía hacía Ucrania. La sociedad china resalta la importancia de respetar la soberanía territorial. Nuestro Gobierno ha dejado claro que China jamás va a atacar Ucrania. Pero también hay posturas nacionalistas o populistas, o voces en las redes sociales, que apoyan una actitud más fuerte contra EE UU. Porque China ha sido sancionada y maltratada por EE UU durante años. El presidente Donald Trump pretendía tener buenas relaciones con Rusia para contener a China.

P. La diferencia es si China considera también a Rusia como el agresor, como el responsable de esta guerra.

R. China muestra solidaridad con Ucrania, pero no comparte la misma posición que EE UU y la UE. Reconocemos que Rusia ha sido arrinconada en los últimos años, con una OTAN que se ha expandido hasta rodearla. Ucrania era el último país que quedaba. Y Rusia no habría empezado la agresión si no hubiera habido estas complicaciones históricas, si la OTAN no le hubiera presionado demasiado. China entiende la situación en Rusia, porque tenemos una situación parecida con EE UU y sus alianzas militares en nuestro vecindario. China se enfrenta a los mismos problemas que Rusia en su vecindario. Eso explica por qué Rusia ha actuado con tanta agresividad. Hacen falta dos para bailar tango. No es solo culpa de una parte. Cuando la URSS se desmoronó, habría sido lógico que la OTAN también se disolviera, ¿no? Pero en cambio se fortaleció. Muchos líderes advirtieron de que su expansión tendría consecuencias. Y ahora las estamos viendo. No todo se explica al 100% por la agresión rusa.

P. Pero Putin está consiguiendo el objetivo contrario. La agresión a Ucrania está reforzando a la OTAN.

R. Putin no se puede permitir perder a Ucrania para la OTAN. Ahora Zelenski dice que no va a entrar en la Alianza. Creo que han logrado ya ciertos objetivos.

P. ¿En qué caso podría virar el apoyo de Pekín a Putin? ¿Qué pasaría si usa armas químicas?

R. China no está apoyando a Putin en esta ocasión. Condena la guerra y la violación de la soberanía nacional. Aporta ayuda humanitaria. Si alguien usa armas nucleares o químicas, China estará en contra. Fue EE UU quien dijo que con la covid-19 China había empezado una guerra biológica. Podemos especular, pero si hay una guerra nuclear o química, China lo condenará. Da igual quién protagonice estos ataques.

P. La crisis ucrania muestra también una batalla en el orden geopolítico del siglo XXI. ¿Se está dirimiendo el reparto de poder entre EE UU y China en las próximas décadas?

R. Esta crisis marca un punto de inflexión. Tras la II Guerra Mundial, los acuerdos de Bretton Woods proporcionaron ocho décadas de paz y prosperidad. Ahora hemos pasado la pandemia y el conflicto ucranio. Esta vez el mundo puede ir en dos direcciones. Uno está liderado por EE UU, con alianzas militares y de seguridad como la OTAN, Five Eyes, Aukus, Quad… China va en otra dirección, con la apuesta por alianzas económicas y comerciales que aporten prosperidad al mundo.

P. Pero China también ha disparado su gasto militar.

R. El presupuesto en Ejército de EE UU es igual al de los 10 siguientes países. En China, la inversión en trenes de alta velocidad iguala la de los 10 países que más invierten en el mundo.

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Cerca de dos mil trabajadores de los equipos de rescate se enfrentaban este martes contra la lluvia y el barro que complicaba más aún la operación de búsqueda de rastros de las 132 personas que viajaban a bordo del vuelo MU5735 de las líneas aéreas China Eastern, estrellado el lunes en una remota área montañosa del sureste de China. Un día más tarde de que el avión, un Boeing 737-800, cayera desde una altura de casi 9.000 metros en apenas tres minutos y se estrellara contra una ladera de las montañas de Wuzhou, en la región de Guanxi, los equipos de rescate han localizado en el punto del impacto ―marcado por un enorme cráter en medio de los bosques― restos chamuscados de carnés de identidad, móviles, fragmentos de un cuaderno y otros objetos personales, según los medios chinos. Pero ninguna señal de vida, en lo que podría convertirse en el peor desastre aéreo en casi tres décadas en suelo de este país.

La aerolínea, que ha puesto su página web en blanco y negro en señal de duelo, ha reconocido la existencia de víctimas y expresado sus condolencias, pero no ha ofrecido un número de muertos. Un vídeo en la página web del Diario del Pueblo, el periódico del Partido Comunista, que ha empotrado a reporteros con los equipos de rescate, muestra el objetivo de una cámara y unos prismáticos rotos entre los objetos encontrados en la zona del impacto. Fragmentos del fuselaje del avión ―el trozo de un ala con instrucciones para su manejo aún visibles, un manojo de cables calcinados― se mezclan con ramas destrozadas y árboles quemados.

Además de rastros de los viajeros, la búsqueda de los trabajadores se centra también en localizar las cajas negras del avión, una tarea para la que se ven asistidos con drones, dado lo accidentado de un terreno al que solo se puede llegar a pie.

La esperanza es que las cajas negras y sus datos sobre el transcurso del vuelo y las conversaciones de los pilotos puedan arrojar luz sobre las causas de un incidente cuyas circunstancias han causado perplejidad entre los expertos. El avión, según los datos disponibles en la página de rastreo de vuelos FlightRadar24, había partido poco después de las 13.00 (06.00, hora peninsular española) de la ciudad de Kunming, en el suroeste de China, en ruta hacia Cantón. La visibilidad era buena, con una nubosidad ligera. Cuando había cubierto aproximadamente tres cuartas partes del trayecto, y se encontraba en la fase de altitud y velocidad de crucero ―la más segura en un vuelo, según las estadísticas sobre siniestros―, perdió casi 21.250 pies (6.477 metros) en solo un minuto.

Tras un breve ascenso, volvió a perder 1.410 metros de altura, según la página de rastreo, para situarse a 983 metros del suelo. Desapareció de los radares a las 14.22 (07.22 hora peninsular española). Vídeos divulgados por medios chinos muestran lo que parece ser el avión cayendo en picado a gran velocidad inmediatamente antes de estrellarse en una zona boscosa, donde causó un incendio.

“El avión se precipitó contra la montaña”, ha indicado Li Chenbin, uno de los técnicos que participa en las tareas de rescate, en declaraciones a la agencia China News Service. “Todo el avión se ha desintegrado, solo quedan fragmentos esparcidos por todas partes. No he visto ningún superviviente”. El modo en que cayó el avión ha desconcertado a otros expertos: “Parece que el piloto no pudo controlar los mandos del avión”, ha declarado Wang Yanan, director de la publicación Conocimiento Aeroespacial, al digital chino The Paper.

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El presidente chino, Xi Jinping, se ha declarado “conmocionado” por el accidente y ha ordenado dedicar todos los esfuerzos posibles a las tareas de rescate e investigación del siniestro. El viceprimer ministro Liu He, uno de sus hombres de máxima confianza y normalmente encargado de asuntos económicos, junto al consejero de Estado Wang Yong han quedado al frente de esos trabajos.

El siniestro aéreo es el primero desde 2010 en territorio de China, cuyo sector aéreo había hecho gala de un récord de seguridad ejemplar desde entonces. Llega cuando esta industria intenta remontar la caída en el número de pasajeros causada por la pandemia de coronavirus y las medidas para controlarla, que han reducido de manera drástica el número de llegadas internacionales. China Eastern ha decidido mantener en tierra su flota de Boeing 737-800, mientras que la Administración de Aviación Civil de China (CAAC) ha anunciado una revisión de las medidas de seguridad aéreas.

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Boing avión China
Las dudas que rondan en este momento el mundo de la avación, es porque un avión Boing terminó cayendo en picada tan repentinamente.

Las dudas que rondan en este momento el mundo de la aviación, es porque un avión Boing terminó cayendo en picada tan repentinamente.

Noticias Internacionales.

En horas de la tarde en China este lunes, se reportó un accidente con un avión Boeing737 de Eastern Airlines, que cayó según muestra un vídeo, en picada en las montañas de Guangxi. 

Boing avión China
Este según reportes, sería el Boing 737 cayendo en picada.

Las dudas son del por qué la aeronave con 132 personas a bordo, 9 de ellos tripulantes, cayó de manera perpendicular al terreno (31K pies/min) como muestran gráficos de flightradar24.

El reporte hasta pasadas las 8:05 hora colombiana, es que no hay sobrevivientes.

La aeronave cayó sobre montañas alejadas de la población, por ello, en estas cuatro horas desde que ocurrió el siniestro, la llegada al sitio no ha sido fácil. Fue en zona rural de Wuzhou, con mucha vegetación.

Dado que fue un choque directo con la montaña, vino una explosión y luego un fuerte accidente, presumen que pudo no haber sobrevivientes. La aerolínea asiática no se ha pronunciado.

Este avión, del vuelo MU5735,  cubría la ruta entre Kunming y Guangzhou. China Eastern Airlines, no ha emitido informe preliminar de lo ocurrido hasta ahora.

Bombardeo habría destruido el Antonov en Ucrania, el avión de ultracarga icono mundial de la aviación

En 2015 el avión ruso Airbus A321 en el que iban 224 ocupantes, también se precipitó a tierra cuando estaba a 31,000 pies de altura.

También se estrelló en una zona montañesa cuando llevaba una hora de vuelo, despegando del aeropuerto de Sharm el Sheikh (Egipto), ciudad costera y con destino a San Petersburgo (Rusia). Entre los pasajeros había 214 rusos, 3 ucranianos, y 7 miembros de la tripulación.

En ese avión, sin sobrevivientes, iban 17 niños iban a bordo.

En el caso del Boing que se fue en picada en China, se esperan reportes oficiales una vez puedan llegar los equipos hasta la zona e inspeccionar.





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Un avión de las líneas aéreas China Eastern ha sufrido un accidente en la región de Guangxi, en el sur de China, cuando cubría la ruta entre Kunming, en el suroeste, y Cantón, en el sureste del país, según ha confirmado la Administración de la Aviación Civil china (CAA, por sus siglas en inglés). El vuelo MU5735 llevaba 132 personas a bordo, según este organismo.

Hasta el momento no se ha informado de la existencia de víctimas ni de las causas del accidente. El avión, un Boeing 737, se precipitó sobre las montañas de la zona de Wuzhou, en Guangxi, lo que “causó un incendio”, según recoge la cadena de televisión estatal china CCTV, que agrega que se han enviado equipos de socorro a la zona del incidente.

Según la CAA, en el aparato accidentado viajaban 123 pasajeros y nueve tripulantes. El vuelo partió de la ciudad suroccidental de Kunming a las 13.11 p.m. (hora local), de acuerdo a los datos de la web de monitoreo aéreo FlightRadar24, que indica que el Boeing 737 tenía seis años y medio de antigüedad. El seguimiento del vuelo terminó a las 14.22, a una altitud de 3.225 pies con una velocidad de 376 nudos. Debía aterrizar en Guangzhou, en la costa este, a las 15.05.

Las tareas de rescate se ven dificultadas por lo accidentado y remoto del terreno. “Hemos enviado 25 coches de bomberos y 117 trabajadores, pero el lugar es demasiado remoto en las montañas y los coches no pueden llegar, los bomberos han tenido que acercarse a pie”, ha declarado un mando de los equipos de rescate al periódico chino Global Times.

El accidente aéreo de este lunes es el primero de gran calado que ocurre en suelo de la China continental en casi doce años. Hasta ahora, el último se había producido en la provincia de Helongjiang, en el noreste, el 24 de agosto de 2010, cuando un avión de las líneas Henan Airlines cayó en un incidente en el que murieron 44 de las 96 personas que viajaban a bordo.

[Noticia de última hora. Habrá actualización en breve]

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No es posible entender la incalificable agresión contra Ucrania por parte de Rusia solo a partir de la personalidad de Vladímir Putin; su actitud cabe integrarla en el contexto de una reorientación estratégica de amplia magnitud elaborada estos últimos años por el mandatario ruso, en plena sintonía con la visión china de la geopolítica mundial, particularmente en lo concerniente a las conflictivas relaciones con Estados Unidos. En 2008, recién estrenado el cargo, el presidente Barack Obama relegaba manifiestamente a Rusia, como potencia secundaria, centrando, en adelante, el eje estratégico de la política estadounidense sobre Asia frente a China. Han sido muchos los testigos que oyeron a Putin decir que no perdonaría a EE UU esta humillación. El fracaso de la OTAN en Afganistán, el inicio progresivo de una política de defensa europea con motivo de la intervención en África (el despliegue de la fuerza Berkane), el rechazo de varios socios europeos de incrementar su participación financiera en esta organización, habían generado, desde la presidencia de Donald Trump y después, con Joe Biden, una nueva reflexión sobre los objetivos de la organización atlantista. El bloqueo de los acuerdos de Minsk de 2015, unido a las reiteradas peticiones (respaldadas por los países del Este) de Volodímir Zelenski de ingreso en la UE y en la OTAN, fueron interpretados por Putin como un avance de un nuevo orden global de extensión estadounidense, que seguiría dominando a Europa pese al descalabro afgano, y, al tiempo, le permitiría cercar a Rusia.

Esta visión paranoica de hostigamiento encuentra su eco en la percepción de los dirigentes chinos, que tachan la focalización de EE UU sobre Asia de estrategia de guerra, no solo por la competitividad económica, sino también por la tensión provocada sobre Taiwán. Es así cómo traducen la hegemonía que EE UU acaba recientemente de conseguir en el Indo-Pacífico con la venta de submarinos nucleares americanos-británicos a Australia.

En consecuencia, para Putin y el presidente Xi Jinping, Ucrania es solo una parte de este enfrentamiento global. China piensa que el pulso con EE UU irá a peor, un pesimismo que Putin comparte, creando un vínculo de solidaridad inquebrantable entre ambos países: “Lo que la OTAN, liderada por Estados Unidos, ha hecho es lo que gradualmente ha llevado al conflicto entre Rusia y Ucrania al límite”, ha sostenido Zhao Lijian, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China. Esta concordancia de intereses geopolíticos entre China y Rusia fortalece la posición de Putin. Es muy probable que la ocupación rusa en Ucrania dure hasta que se logre un acuerdo entre EE UU, Rusia y Europa sobre la arquitectura de seguridad en el continente europeo. China podrá contar con el apoyo firme de Rusia en Asia, particularmente en su reivindicación sobre Taiwán. En esta gran contienda geopolítica, es imprescindible que Europa, más allá de la solidaridad total con Ucrania, siga favoreciendo el diálogo con todos los actores y forme parte de un compromiso futuro. Es la mejor manera de detener la amenazante dinámica de guerra mundial.

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“Sólido como una roca”. “Inquebrantable”. “Sin límites”. “Por sombría que sea la situación”. Desde que el 4 de febrero los presidentes de Rusia, Vladímir Putin, y de China, Xi Jinping, se reunieran en Pekín y firmaran un comunicado conjunto que elevaba la relación entre sus dos países al mayor nivel en setenta años, la segunda economía del mundo ha descrito así la amistad entre ambos gobiernos, emparejados por su deseo de forjar un frente ante el rival común, Estados Unidos. La guerra en Ucrania representa la primera prueba de fuego para la apuesta de China por esta amistad.

Occidente ha aumentado esta semana la presión sobre Pekín. A los llamamientos de los polis buenos —los países europeos y los socios asiáticos como Singapur― para que utilice su influencia ante Moscú en un papel mediador, se han sumado las acusaciones de Washington, el poli malo que sospecha que Pekín esté dispuesto a aportar ayuda económica y militar a Rusia. Una denuncia que ha repetido el presidente de EE UU, Joe Biden, en su reunión telemática con Xi este viernes, donde según la Casa Blanca ha reiterado “las implicaciones y consecuencias” de que China “apoye materialmente a Rusia mientras lanza ataques brutales contra ciudades y civiles ucranios”. No ha precisado qué tipo de consecuencias, o si podrían incluir sanciones contra Pekín que se sumen a las ya impuestas contra Rusia.

Pekín ha negado con contundencia que se plantee ayudar a Moscú, algo que elevaría el conflicto a niveles aún más peligrosos que ahora. Divulgar esa idea es “desinformación”, ha asegurado su Ministerio de Exteriores. En su réplica a Biden, Xi dibujaba a su país como una potencia amante de la paz al subrayar que “la crisis ucrania no es algo que nos guste ver” y que “el conflicto y la confrontación no le conviene a nadie”.

Desde el principio, China ha adoptado lo que define como una “neutralidad benévola”, una posición que desde Occidente se percibe como una ambigüedad escorada hacia Rusia. Envía señales a unos y otros con la aparente intención de evitar verse arrastrada al conflicto o graves consecuencias para su economía en momentos de crecimiento más débil. Evita calificar el ataque ruso de “invasión”, se ha declarado dispuesta a mediar en colaboración con la comunidad internacional y asegura que desempeña un “papel positivo” por la paz entre Kiev y Moscú. Y, al menos por ahora, respeta las sanciones internacionales, pese a los temores occidentales de que pudiera ayudar a Rusia a esquivarlas.

La posición de China “no es tanto prorrusa como anti EE UU”, considera Alexander Gabuev, analista de las relaciones chino-rusas en el Centro Carnegie en Moscú. Pekín lee esta guerra siempre a través del prisma de su rivalidad con Estados Unidos ―el gran eje geopolítico del siglo XXI― y “antepone sus intereses a absolutamente cualquier otra cosa”, explica.

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Por tanto, apunta este experto, “China está diversificando sus apuestas”. De un lado, su amistad con Rusia es de “una importancia primordial”. Putin y Xi comparten una visión sobre los derechos humanos, el deseo de un nuevo orden global que les garantice un papel protagonista y el rechazo a EE UU y sus alianzas. Sus economías, intereses y áreas de influencia son casi perfectamente complementarios. Pero Pekín también pretende proteger su relación con Europa, un socio comercial más importante que Moscú y del que no desea que se alinee por completo con las posiciones de Washington. Tampoco quiere arriesgarse a que una cercanía excesiva a su socio estratégico le pueda reportar sanciones secundarias occidentales. Su idea, explica Gabuev, es “encontrar una manera de no ofender a Rusia y, al mismo tiempo, presentarse como una potencia benevolente”.

Hasta ahora, y mientras esquiva los llamamientos a un cambio de postura, continúa su cuidadoso equilibrio diplomático a la espera de ver el desarrollo de la invasión. Una guerra constituye “una oportunidad” para China, apunta en una nota Wolfgang Munchau, director del think-tank Eurointelligence. Entre los beneficios que percibe Pekín, se encuentra la apertura de un nuevo frente geopolítico para Estados Unidos que puede distraerle de su rivalidad con China en el Pacífico. “No puedes implicarte en una política activa hacia China cuando tus líderes tienen que dedicar tanto tiempo a Europa, Rusia, y Ucrania. Sin tener que hacer nada, porque ya lo ha hecho Putin por ella, Pekín ha ganado tiempo”, apunta Gabuev.

Una visión que comparten círculos de la intelligentsia china. “Una fricción geopolítica en Europa a raíz de la guerra en Ucrania reducirá el ritmo del giro de la atención de EE UU desde Europa al Indo-Pacífico. Esto significa que en tanto no cometamos errores estratégicos graves, no solo el proceso de modernización de China no se interrumpirá, sino que China tendrá una mayor capacidad y desempeñará un papel más importante en la construcción de un nuevo orden internacional”, escribía el académico Zheng Yongnian, de la Universidad China de Hong Kong (Shenzhen), al comienzo de la guerra.

Influencia cada vez mayor en Rusia y riesgos

La invasión “es una buena herramienta para que China examine las reacciones de Occidente, sin estar involucrada”, apunta Justyna Szczudlik, del Instituto Polaco de Estudios Internacionales. Aunque la rapidez, amplitud y consenso de las sanciones que las democracias han impuesto a Moscú sorprendió a Pekín, “una de sus grandes interrogantes es cuánto tiempo Occidente se mantendrá unido”, agrega.

La decisión de jugar un papel más activo como mediador podría llegar más adelante, una vez esté claro el devenir de la guerra. Entonces podría tratar de desempeñar un papel en la reconstrucción de Ucrania, por ejemplo. O, según Szczudlik, en caso de que el conflicto se tuerza para Putin, “ayudar a la supervivencia del régimen”, pues una Rusia en la órbita democrática sería un absoluto tabú para China.

También podría optar por una implicación mayor ―apuntan los expertos― si la frágil situación económica china se deteriorase peligrosamente, en un año en el que Xi se prepara para renovar su mandato y el Partido Comunista no quiere ningún sobresalto. El sector inmobiliario y el tecnológico ya arrastran problemas, y el consumo no termina de levantar el vuelo tras la pandemia. Una nueva ola de covid se ha sumado a la incertidumbre. El objetivo de crecimiento para este año es del 5,5%, el más bajo en 30 años. Y ahora las sanciones por la guerra pueden afectar a sus exportaciones, el puntal de su crecimiento tras la primera ola de la pandemia.

Pekín corre otro riesgo en esta guerra: que su imagen, ya perjudicada a raíz de la pandemia, se vea más desprestigiada ante Occidente, y que Occidente, al que Xi considera en decadencia, salga reforzado del conflicto si Rusia se debilita.

Ante este panorama, han surgido algunas voces que abogan por un cambio de posición. Aunque es imposible conocer hasta qué punto son representativas, toda vez que la censura bloquea las opiniones que difieren de las tesis oficiales.

“Para demostrar el papel de China como potencia responsable, China no solo no debe alinearse con Putin, sino dar pasos concretos para impedir posibles aventuras de Putin. China es el único país del mundo con esa capacidad, y debe aprovecharla”, escribía Hu Wei, vicepresidente de un think tank oficial chino, en un artículo publicado el pasado día 5 por el Centro Carter y parcialmente censurado en China desde entonces. No está claro que el parecer de Hu y otras voces moderadas tenga influencia en los círculos internos del poder en Pekín. Los medios chinos siguen evitando mostrar las consecuencias más duras de la guerra, o referirse a ella como invasión. Ellos, y algunos portavoces oficiales, repiten las acusaciones rusas no demostradas sobre la presencia en Ucrania de biolaboratorios estadounidenses.

En ningún caso, ocurra lo que ocurra en la guerra o después de ella, Pekín dará la espalda a Rusia, consideran los expertos. China espera lograr grandes ventajas, tanto económicas ―el 4 de febrero suscribió nuevos contratos para la compra de gas y petróleo rusos para los próximos 25-30 años por 105.000 millones de euros― como en influencia en Moscú, en esta alianza de la que ya es el socio más importante.

“La capacidad de presión de China ya era grande, pero ahora es mucho más grande y lo será todavía más hacia el final del año”, cuando las sanciones occidentales ya estén haciendo todo su efecto, apunta Gabuev. Tanto si gana como si pierde la guerra, la economía rusa quedará muy debilitada. “Rusia no tendrá más remedio que vender a China su tecnología militar más sensible, y ofrecerle baratas sus materias primas, en yuanes. China podrá fijar ella el precio. Antes de la guerra Moscú tenía otras opciones, pero esas opciones ahora han desaparecido”, señala.

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“En la base de la mirada neurótica del Kremlin sobre los asuntos internacionales se halla el tradicional e instintivo sentido de inseguridad ruso […] Esta fuerza política tiene un completo poder de disposición sobre las energías de uno de los más grandes pueblos del mundo y sobre los recursos del territorio nacional más rico del mundo, y se propaga a través de profundas y potentes corrientes de nacionalismo ruso […] es impermeable a la lógica de la razón, y altamente sensible a la lógica de la fuerza […] su éxito dependerá realmente del nivel de cohesión, firmeza y vigor que el mundo occidental logre reunir”.

Estas frases entrecomilladas no proceden de un reciente análisis sobre la Rusia de Putin tras el ataque a Ucrania, sino del célebre ‘Telegrama largo’ con el que el diplomático estadounidense George F. Kennan ofreció a Washington su análisis sobre la URSS en el febrero de 1946. Casi todo en ese texto suena extraordinariamente vigente hoy día. Otro pasaje, en concreto, merece atención. “Mucho depende de la salud y el vigor de nuestra propia sociedad […] si no podemos abandonar la resignación e indiferencia ante las deficiencias de nuestra propia sociedad, Moscú se aprovechará”. Moscú, o Pekín. En esas estamos.

En su nefando discurso de esta semana, lleno de insidias y de incitación al odio, Vladímir Putin apuntó a problemas reales que minan “la salud y el vigor” de las sociedades occidentales de los que escribía Kennan. “Datos registrados por organizaciones internacionales […] claramente muestran que problemas sociales, incluso en los países occidentales más avanzados, se han exacerbado en los últimos años, que la desigualdad y la brecha entre ricos y pobres se ensancha, y que conflictos raciales y étnicos se hacen notar”, dijo Putin. La afirmación debe matizarse, señalando que hay países occidentales que capean mucho mejor que otros esas dos cuestiones, y que la desigualdad bajo el régimen de Putin tiene rasgos obscenos de enriquecimientos sin talento y pura corrupción. Pero sería estúpido desconocer la seriedad de esos problemas, no observar el deterioro de la confianza de tantos ciudadanos en la eficacia y equidad de las democracias liberales.

Ahí están, pues, las dos patas sobre las que tendrá que andar el nuevo gran contrato social europeo. Cuidar a fondo de “la salud y el vigor” de nuestras sociedades, con un decidido esfuerzo para asegurar la cohesión social. Prepararse a conciencia para disuadir a ciertos adversarios con la lógica de la fuerza cuando la lógica de la razón no basta.

Todo esto no puede, no tiene por qué, hacerse a costa de otros objetivos fundamentales. La desconexión de la dependencia de la energía rusa debe lograrse redoblando el impulso a las renovables. La inversión en defensa puede y debe ser motor de avance en excelencia tecnológica e industrial. El gasto militar no tiene por qué sustraerse del social. En el caso de España, cabe recordar, la recaudación fiscal es consistentemente inferior a la media de los países europeos comparable: hay claro margen para subirla.

Todo esto ya se hizo. Frente a la amenaza de la URSS que describía Kennan, Europa occidental respondió con la construcción de sistemas de protección social de considerable envergadura y con la adhesión a la Alianza Atlántica liderada por EE UU e ingente gasto en Defensa: salud de la sociedad y lógica de la fuerza por si falla la de la razón. Sin embargo, en las últimas décadas no ha habido el impulso suficiente para renovar esas apuestas, adaptarlas al tiempo actual.

Ahora, la pandemia ha despejado la mirada de muchos sobre la importancia de los servicios públicos; Putin ha sacado a otros tantos de dudas acerca de la importancia de poderse defender ante matones. La UE y los Gobiernos nacionales han acertado en la respuesta conceptual a estos retos. Queda una enormidad de trabajo por delante, pero abandonando la resignación que frena a tantos y abrazando la claridad moral que se le escapa a algunos se pueden conseguir grandes logros, como en la posguerra mundial. La propia UE es hija de esa claridad moral y del destierro de la resignación.

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En un ambiente dominado por la desconfianza mutua, los presidentes de EE UU, Joe Biden, y de China, Xi Jinping, se reúnen en las próximas horas por videoconferencia para hablar de Ucrania, en un encuentro que se promete áspero y puede resultar clave para el devenir de la guerra. Washington ya ha dejado saber que advertirá a Pekín de “graves consecuencias” si apoya de manera tangible el ataque de Rusia, tras haber acusado esta semana al gigante asiático de ser favorable a prestar ayuda militar a Moscú.

“Estamos preocupados por el hecho de que ellos se planteen dar apoyo directo a Moscú con equipo militar que sería utilizado en Ucrania. Biden le dirá claramente a Xi que China tendrá responsabilidad por todo acto dirigido a apoyar la agresión rusa y no dudaremos en imponerle un costo”, dijo este jueves el jefe de la diplomacia estadounidense, Antony Blinken. “Vemos con preocupación que China piense en dar a Rusia una ayuda militar directa”, agregó. Esta semana, el Gobierno estadounidense había sostenido que Moscú ha pedido a Pekín asistencia económica y militar para la guerra.

Aunque la Administración Biden no solo teme la asistencia en temas de defensa. También ve con preocupación la posibilidad de que la segunda economía del mundo pueda intentar asistir a su socio estratégico para esquivar las sanciones impuestas. La de Blinken es la advertencia más directa que Washington ha lanzado al Gobierno de Xi desde el comienzo de la invasión rusa a Ucrania el 24 de febrero.

La reunión telemática entre los dos líderes, a partir de las 21.00 horas en Pekín, las 14.00 en la España peninsular, llega cuatro días después del encuentro cara a cara en Roma entre el consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Jake Sullivan, y el consejero de Estado chino, Yang Jiechi, que se prolongó siete horas.

La conversación de Biden y Xi se produce en medio de crecientes tensiones entre dos países cada vez más rivales y menos dispuestos a hacer la vida cómoda al otro. China ha negado tajantemente las acusaciones de Estados Unidos, que ha calificado de “desinformación”.

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Ambos líderes conversaron directamente por última vez en noviembre, en una reunión también telemática y que los dos países evitaron cuidadosamente calificar de “cumbre”. Xi llamó entonces a Biden “viejo amigo”; el estadounidense no le devolvió el apelativo.

Hasta el momento no está claro qué tipo de “consecuencias” tiene en mente Washington para imponer a Pekín si concluye que ese Gobierno ayuda a Moscú con algo más que palabras. La aprobación de sanciones contra la segunda economía del mundo podría tener graves efectos en la economía global y en la propia estadounidense: pese a los aranceles con los que ambos países se castigan mutuamente desde 2018, la relación comercial entre los dos gigantes es la mayor del mundo.

El distanciamiento gradual entre Washington y Pekín ha tenido su correspondencia paralela en unas relaciones cada vez más estrechas entre China y Rusia, dos países unidos por la percepción de Estados Unidos como el rival común, una visión conjunta de los derechos humanos, el deseo de un nuevo orden mundial que les otorgue un papel central y unas economías y esferas de influencia casi perfectamente complementarias. Xi y el presidente ruso, Vladímir Putin, terminaron de sellar ese acercamiento con una declaración conjunta en la que aseguran que la cooperación entre sus dos países “no tiene límites”, durante su reunión del 4 de febrero en Pekín.

Posición neutral escorada hacia Moscú

Desde el comienzo de la invasión rusa, 20 días más tarde de aquel encuentro y apenas concluyeron los Juegos Olímpicos de Invierno en Pekín, China ha adoptado una posición de neutralidad escorada hacia su socio estratégico. No ha condenado la guerra y evita calificar el ataque ruso de “invasión”. Por contra, acusa a la OTAN y a Estados Unidos de haber precipitado el conflicto al haber hecho caso omiso de las “legítimas preocupaciones de seguridad” rusas.

Pero también ha hecho gestos hacia Ucrania, a cuyos refugiados ha enviado un cargamento de ayuda humanitaria por valor de cinco millones de yuanes o 717.000 euros. Asegura que respeta la soberanía e integridad territorial de los Estados y su embajador en el país exsoviético prometía esta semana en Lviv, a donde se ha trasladado el personal de la legación diplomática durante la contienda, que China “nunca lo atacará”.

Y, aunque se opone a las sanciones internacionales contra Rusia, que considera “ilegales” y “unilaterales”, hasta el momento ha dado señales de respetarlas. También ha declarado su apoyo a las conversaciones de paz entre Kiev y Moscú y ha expresado su disposición a desempeñar “a su manera” un papel junto a la comunidad internacional para evitar que las “tensiones se agraven e incluso puedan quedar fuera de control”.

Pekín también ha lanzado reiterados llamamientos al levantamiento de las sanciones contra Moscú, que ha advertido que tendrán graves consecuencias en la recuperación de la economía global tras la pandemia de coronavirus y, específicamente, en sectores como el transporte, la energía, las finanzas y las cadenas de suministro.

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Al escritor chino Yu Hua le pidieron hace unos años que definiera su país en diez palabras. Una de las que eligió fue hūyōu, que se traduce más o menos como embaucar. Los chinos, comenta Yu, usan constantemente este término: engatusan para salirse con la suya en un juego, en los negocios o a la hora de hacer planes. No tiene por qué ser con mala fe, y ellos mismos hacen chistes con lo liantes que son. En ese sentido, algunos critican a sus gobernantes, que usan mucha retórica (además de la censura) para hacer pensar a los ciudadanos lo que les interesa. Así que ahora que llevamos semanas dándole vueltas a la posición de Pekín sobre la guerra de Ucrania, cabe preguntarse: ¿Nos están mareando?

Cuando Putin ordenó la invasión de Ucrania, Pekín pidió contención y una solución negociada. Al mismo tiempo, se negó a usar los términos invasión y guerra, hasta que ha terminado haciéndolo. Los medios oficiales, que siguen directrices del Partido Comunista, culpan a Estados Unidos de echar leña al fuego. A los cuatro días de que empezara la ofensiva rusa, el portavoz de Exteriores chino, Wang Wenbin, hizo unas declaraciones ambiguas: “China siempre ha considerado que la seguridad de un país no puede construirse sobre la base de comprometer la de otro, y mucho menos venir de socavar la soberanía y seguridad de otros países, en pos de su propia superioridad militar y seguridad”. Algunos analistas interpretaron esto como una llamada de atención al Kremlin; otros, como una advertencia a Estados Unidos y a la OTAN.

Cuando no hay información, tendemos a rellenar los huecos. A China la hemos nombrado intermediaria en esta guerra sin que haya aceptado el papel. El 2 de marzo, el Financial Times tituló a cinco columnas que Pekín se había ofrecido para mediar, cuando en realidad este era el deseo del Gobierno ucranio. El comunicado chino era más sutil; ellos nunca se pillan los dedos: Kiev nos pide que mediemos, subrayaba. Por interés estratégico y comercial es lo que llevan haciendo desde 2014, cuando Putin se anexionó ilegalmente la península ucrania de Crimea. A Rusia le han insistido siempre en que no puede violar la soberanía territorial de un país. A Kiev, en que asuma las preocupaciones de seguridad de Rusia y se olvide de entrar en la OTAN.

Que Moscú le haya pedido ayuda militar a Pekín, como han filtrado fuentes estadounidenses, no se puede descartar, pero podrían ser drones y otro equipamiento que ya estaba pactado antes de la guerra, y no un auxilio urgente que ha pedido el Kremlin. China asegura que Estados Unidos quiere hacerle una envolvente para que se aleje de Moscú. A Pekín recalcar en casa que esta es una guerra en Europa le permite trazar una línea entre sus problemas domésticos y los del resto del mundo. Aunque económicamente a China le esté haciendo daño como a todos. @anafuentesf

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La ayuda humanitaria a Ucrania se ha convertido en un nuevo motivo de roce entre China y Taiwán, la isla autogobernada que Pekín considera parte de su territorio y que Pekín no renuncia a unificar por la fuerza. El Gobierno chino ha acusado a Taipéi de “aprovecharse de las dificultades de otros”, después de que el Ejecutivo de la presidenta Tsai Ing-wen anunciara un nuevo envío de donaciones para los refugiados de la antigua república soviética.

Ambos lados del estrecho han reaccionado de maneras opuestas ante la invasión rusa de Ucrania. China mantiene una postura de neutralidad escorada hacia Moscú, evita condenar la guerra, atribuye la responsabilidad del conflicto a Estados Unidos y la OTAN y reclama el levantamiento de las sanciones occidentales contra Rusia.

Taipéi, por su parte, sí se ha sumado a las medidas de castigo internacionales y alega que tiene la obligación de alinearse con otras democracias. Ha impuesto restricciones a la exportación hacia Rusia de unos 20 millones de dólares en semiconductores (18 millones de euros), y ha bloqueado el acceso de los bancos de ese país al sistema Swift de pagos internacionales.

La población de la isla sigue con atención —y simpatía hacia Ucrania—, un conflicto en el que percibe algunas similitudes a sus propias circunstancias. Entre ellas ―y aunque la situación de Ucrania es muy diferente a la de Taiwán, diplomática y militarmente―, el temor a verse en algún momento invadida por un vecino mucho mayor, más poderoso y sin ningún interés en el modelo de democracia liberal occidental. “Ucrania hoy, Taiwán mañana” es un lema que corrió por las redes sociales taiwanesas en los primeros días tras la invasión; las manifestaciones de apoyo al país de la antigua órbita soviética se han convertido en algo frecuente en las principales ciudades.

Tanto China como Taiwán han enviado ayuda a los refugiados ucranios, aunque por montos diferentes. La segunda economía del mundo, de 1.400 millones de habitantes, ha expedido alimentos y productos de primera necesidad a través de su Cruz Roja por valor de cinco millones de yuanes, o 717.000 euros, para asistir a quienes llegan a la frontera rumana o moldava. Taiwán, con una población de 24 millones de personas, anunció a comienzos de este mes una donación de 3,5 millones de dólares (3,2 millones de euros), a los que esta semana ha declarado que añadirá otros 11,5 millones de dólares (10,4 millones de euros), que se emplearán en la frontera polaca. La presidenta Tsai ha cedido un mes de su salario.

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En la rueda de prensa periódica de la Oficina de Asuntos de Taiwán, el organismo del Gobierno en Pekín encargado de las relaciones con la isla, su portavoz Zhu Fenglian acusó este miércoles al Gobierno de Tsai de aprovecharse de los problemas en Ucrania para apuntarse tantos políticos. “Las autoridades del Partido Democrático Progresista (PDP, el partido de Tsai) utilizan la cuestión ucrania para validar su existencia y beneficiarse de un asunto candente, aprovechándose de las dificultades de otros”, ha apuntado Zhu. “Sus intentos de incitar a la confrontación y crear hostilidad mediante la manipulación política no tendrán éxito”. ha añadido.

Desde el comienzo de la invasión de Ucrania, el Gobierno taiwanés ―que durante el mandato de Tsai ha hecho de la modernización de sus Fuerzas Armadas una de sus prioridades, ante la creciente presión de China en forma de maniobras militares y vuelos casi diarios sobre la zona de defensa aérea taiwanesa― ha dado un nuevo impulso al adiestramiento de sus reservistas y a la producción nacional de armamento, incluidos misiles y drones. Estados Unidos, su gran aliado en defensa, envió una delegación de mandos militares retirados en señal de apoyo a Taipéi.

“La reciente situación de Ucrania prueba de nuevo que la protección del país, además de la solidaridad y ayuda internacionales, depende de la unidad de todo el pueblo”, declaraba este fin de semana Tsai, en una visita a un centro de entrenamiento de reservistas.

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