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Washington ha anunciado este jueves nuevas sanciones financieras contra Rusia por la invasión de Ucrania, dirigidas contra políticos, oligarcas y la industria de defensa, según un comunicado hecho público por el Departamento de Estado. “La guerra del presidente [Vladímir] Putin continúa infligiendo horror y sufrimiento generalizado al pueblo de Ucrania”, dice la nota de prensa de la diplomacia estadounidense. “Al mismo tiempo, en Rusia, la Duma [Parlamento ruso] continúa utilizando su poder legislativo para atacar a los disidentes y opositores políticos nacionales, interrumpir el libre flujo de información y restringir los derechos humanos y las libertades fundamentales de los ciudadanos de Rusia”, destaca.

El secretario de Estado, Antony Blinken, ha informado de que las sanciones, que no han sido aún concretadas, apuntan ahora a “328 miembros de la Duma estatal rusa, además de los 12 miembros designados el pasado 11 de marzo”. La Administración de Joe Biden considera que estos cargos han apoyado las violaciones de la soberanía y la integridad territorial de Ucrania por parte del Kremlin. Una de las personas contra las que se dirige el castigo es Herman Gref, el jefe de Sberbank, el mayor prestamista de Rusia, y aliado cercano de Putin.

“Estas acciones complementan los esfuerzos en curso de nuestros aliados y socios para hacer que rindan cuentas aquellos que, por libre elección, han desatado esta inconcebible guerra contra Ucrania y su pueblo”, asegura el Departamento de Estado. La Casa Blanca está intensificando la coordinación con sus aliados occidentales. Precisamente, este jueves, el presidente Biden se encuentra en Bruselas para participar en una cumbre extraordinaria de la OTAN y un encuentro en el Consejo Europeo. El mandatario demócrata también asiste a una reunión del G-7. Luego viajará a Polonia, donde mantendrá un breve encuentro con su homólogo Andrzej Duda.

Desde Bruselas, Washington se comprometía este jueves a acoger a un máximo de 100.000 refugiados ucranios y de otras nacionalidades que hayan huido del país. Además, prevé una ayuda humanitaria a Ucrania de 1.000 millones de dólares (unos 909 millones de euros). La prioridad será acoger a aquellos ucranios “que tengan familiares en Estados Unidos”, explicó una fuente oficial estadounidense, que pidió el anonimato, en una rueda de prensa telefónica. Hasta ahora, el Gobierno de Biden había insistido en que la mayoría de los ucranios huidos tenían el deseo de quedarse lo más cerca posible de su país y que era improbable que quisieran asentarse en Estados Unidos.

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Estados Unidos es el mayor donante individual de asistencia humanitaria a la antigua república soviética. “Apoyamos al valiente pueblo de Ucrania, que está demostrando un coraje increíble y una determinación feroz al defender a su país contra la agresión del Kremlin”, dijo el Departamento de Estado. Para hablar de la “la guerra librada por el Gobierno ruso en Ucrania”, pero también de “las actividades desestabilizadoras de Irán” y las relaciones entre israelíes y palestinos, Blinken realizará una gira entre el 26 y 30 de marzo a Israel, Marruecos y Argelia. Entre otros, se entrevistará con el primer ministro israelí, Naftali Bennett; el presidente palestino, Mahmud Abbas, en Ramala, y con el jeque Mohamed Bin Zayed, gobernante de facto de Emiratos Árabes Unidos.

Por otro lado, el departamento del Tesoro estadounidense también ha anunciado medidas contra la Corporación de Misiles Tácticos JSC (KTRV), un conglomerado de defensa ruso perteneciente al Estado. “KTRV produce equipos de defensa rusos, incluidas armas aerotransportadas y sistemas de armas para la Armada rusa”, afirma.

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El presidente ruso, Vladímir Putin, ha ordenado este domingo activar “en modo especial de combate” su arsenal nuclear. “Los altos funcionarios de los principales de países de la OTAN hacen declaraciones agresivas contra nuestro país. Por lo tanto, ordeno al ministro de Defensa [Serguéi Shoigú] y al jefe del Estado Mayor [Valeri Guerásimov] que dispongan las fuerzas de contención del Ejército ruso en un modo especial de servicio de combate”, ha dicho Putin durante un encuentro este sábado con los dos máximos responsables de sus fuerzas armadas. El mandatario y comandante en jefe supremo de las fuerzas armadas rusas recibió un “sí” y una inclinación de cabeza como respuesta de ambos militares. Después, Putin acusó a Occidente de adoptar “medidas ilegítimas” contra su país en forma de sanciones. Las últimas incluyen la desconexión de varios de sus principales bancos del sistema Swift y la congelación del fondo de unos 570.000 millones de euros en reservas extranjeras que ha guardado el banco central ruso estos años para hacer frente a contingencias. Putin, durante su comparecencia televisada, ha justificado su medida señalando directamente a las sanciones aprobadas por Occidente y las declaraciones “agresivas” hechas por países miembros de la OTAN.

El mandatario ruso exhibió su arsenal nuclear hace apenas una semana, el pasado 19 de febrero, cuando sus fuerzas armadas probaron todos los misiles de nueva generación rusos al mismo tiempo que se celebraban las maniobras militares conjuntas en Bielorrusia, que a la postre serían uno de los cuerpos que asaltarían Ucrania en la invasión ordenada por Putin. En aquellos ejercicios puso a punto sus nuevos cohetes hipersónicos, presentados por el mandatario ante la Asamblea Nacional en marzo de 2018 como unas armas “invulnerables” frente al escudo antimisiles de la OTAN.

Las fuerzas de contención estratégica rusas incluyen todos sus misiles nucleares, entre ellos los de alcance intercontinental, así como sus sistemas de defensa antimisiles y sus fuerzas estratégicas no nucleares. Estas últimas abarcan también bombarderos de largo alcance y submarinos, navíos de superficie y aviones capaces de portar armas largas convencionales, según describe este cuerpo militar el Ministerio de Defensa.

Al tiempo que Putin hacía este anuncio, ha trascendido que autoridades rusas y ucranias han acordado sentarse a negociar una salida a la guerra ordenada por Vladímir Putin. El portavoz del presidente ruso, Dmitri Peskov, ha anunciado este domingo que una delegación del Gobierno de Volodímir Zelenski está camino de la región bielorrusa de Gómel, cerca de la frontera con Ucrania, donde ya la esperan los representantes del Kremlin. La iniciativa ha salido adelante tras varios tira y afloja sobre el lugar de la reunión. Las negociaciones comenzaron el pasado viernes con la mediación del régimen de Alexandr Lukashenko. Kiev quería celebrarlas en la capital polaca, Varsovia, y Moscú pretendía reunirse en Minsk, Bielorrusia, donde se firmaron los acuerdos de paz de 2014 y 2015 para poner freno a la guerra en el este de Ucrania con los separatistas prorrusos, apoyados financiera y militarmente por Moscú.

El presidente Zelenski ha informado a través de su canal de Telegram, en primer lugar, de que ha mantenido una conversación con Lukashenko y, unos minutos después, ha confirmado que se celebrará la reunión entre las partes sin condiciones. Tras cuatro días de ofensiva rusa, al menos 198 personas han perdido la vida en suelo ucranio, mientras más de 360.000 han cruzado la frontera para huir de la violencia.

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Ultimátum de Moscú

“Como se sabe, el presidente Lukashenko ha hablado por teléfono con Zelenski. Tras la llamada, el presidente Lukashenko ha pedido al presidente Putin que no retire la delegación rusa porque los ucranios han expresado su intención, dando muestras de ello, de acudir a Gómel para conversar. La parte rusa y su delegación están totalmente preparados para ello y esperan a los ucranios”, afirmó Peskov.

Según la versión rusa de los hechos, la respuesta ucrania ha llegado al límite de que expirase el ultimátum de Moscú. “Hemos recibido literalmente a las tres de la tarde la confirmación de la parte ucrania”, ha asegurado el asesor presidencial Vladímir Medinski en una entrevista de Rossiya 24. “La delegación rusa está lista para negociar en cualquier momento del día o de la noche para sellar la paz”, agregó.

La iniciativa ha salido adelante tras varios tira y afloja sobre el lugar de la reunión. Las negociaciones comenzaron el pasado viernes con la mediación del régimen bielorruso de Lukashenko. Kiev quería celebrarlas en la capital polaca, Varsovia, y Moscú pretendía reunirse en Minsk, Bielorrusia, donde se firmaron los acuerdos de paz de 2014 y 2015 para solucionar la guerra en el este de Ucrania con los separatistas prorrusos, apoyados financiera y militarmente por el Kremlin. El Gobierno ruso acusó a Kiev de haber dilatado las conversaciones para reforzarse en zonas residenciales, y el sábado, Putin ordenó intensificar la ofensiva desde todos los flancos. El portavoz de Zelenski, Sergii Nykyforov, negó esta acusación: “Ucrania ha estado y sigue estando preparada para hablar de un alto el fuego y la paz”.

Ambas partes se sentarán a negociar avanzado ya el cuarto día de ofensiva rusa. Antes de comenzar su ataque, el Kremlin había desplegado unos 129.000 militares alrededor de Ucrania, más un amplio arsenal que comprendía numerosos carros de combate, artillería, aviones y navíos traídos al Mar Negro de las flotas del Báltico y del Norte, según los informes de inteligencia de Kiev. El Ministerio de Defensa ruso no ha informado aún de una sola baja entre sus filas. Tras cuatro días de combates e intensos bombardeos, las tropas rusas están próximas a las dos mayores ciudades del país, Kiev y Járkov, y sigue su ofensiva para intentar unir la franja que une la península Crimea con la zona separatista de la región de Donbás.

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Rusia ha fracasado en su intento de abrir una brecha entre los 27 países miembros de la Unión Europea enviando un carta a cada uno de ellos y ninguneando a la institución. La respuesta a esta misiva firmada por el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, ha llegado del Alto Representante para la Política Exterior de la UE, Josep Borrell, en nombre de todos los responsables de la diplomacia de cada país comunitario, en un anuncio hecho por el propio Borrell en Twitter este jueves a mediodía. El mensaje de Borrell trata de cerrar filas en Bruselas, donde conviven diferentes posiciones respecto a cómo abordar la crisis en Ucrania, y mostrar ante Moscú una posición unitaria de la UE en el frente diplomático de la actual escalada de tensión por una posible incursión rusa en territorio ucranio.

Lavrov había solicitado a cada uno de los 27 países que le respondiera por separado a sus demandas en el conflicto, por ahora diplomático, que tiene abierto Moscú con la OTAN, en el que la situación en Ucrania sirve de punta de lanza. Pero lo que se ha encontrado es una contestación unida firmada por el Alto Representante que, según un borrador citado por la agencia Bloomberg, empezaría diciendo: “En relación con su reciente carta dirigida a los 27 Estados miembros de la Unión Europea, le escribo para transmitirle en nuestro nombre…”.

El propio Borrell había anunciado ya que Rusia no podía esperar una respuesta distinta de cada país de la Unión Europea. Lo hizo el pasado martes en Washington cuando se le preguntó al respecto: “Será una buena ocasión para demostrar la unidad europea y quizá el hecho de que no hay 27 países diferentes, sino una unión, algo que los rusos no aceptan”.

También sale para Moscú otra carta, esta de la OTAN en la que el secretario general, Jens Stoltenberg, invita a Lavrov a continuar dialogando para resolver la tensión en la frontera de Rusia con Ucrania, donde los primeros han desplegado un contingente de más de 100.000 soldados en la frontera que ha provocado que Estados Unidos advierta reiteradamente del riesgo de invasión. “Esta mañana he enviado una carta al ministro de Exteriores Lavrov en la que reitero mi invitación a Rusia para seguir con nuestro diálogo en una serie de reuniones del Consejo OTAN-Rusia (foro de encuentro entre las dos partes) para encontrar una forma diplomática de avanzar”, ha apuntado Stoltenberg en una rueda de prensa junto al primer ministro británico, Boris Johnson, que ha visitado la sede de la Alianza Atlántica en Bruselas este jueves.

A pesar de estas llamadas al diálogo y la negociación, la tensión entre todas las partes implicadas no mejora. Este mismo jueves, mientras las cartas salían de Bruselas, la ministra de Asuntos Exteriores británica Liz Truss se ha reunido con Lavrov en Moscú, en un encuentro fallido. El ruso al acabar ha señalado delante de su interlocutora: “Parece que oímos, pero no escuchamos”.

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Este desencuentro se suma al que ha tenido el mismo presidente ruso, Vladímir Putin, con el francés, Emmanuel Macron, esta semana. Tras cenar juntos el pasado lunes, el galo aseguró que Moscú se había comprometido a “no emprender nuevas iniciativas militares”, algo que fue desmentido por Rusia al día siguiente en una declaración en la que, incluso, ninguneó a Francia al subrayar que este país no lideraba la OTAN.

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