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El papa Francisco, este viernes en la basílica de San Pedro.
El papa Francisco, este viernes en la basílica de San Pedro.Gregorio Borgia (AP)

En el Vaticano hay ceremonias tan excepcionales que llegan solo cada cierto tiempo. El papa Francisco, que nunca ha ocultado sus desvelos por la invasión rusa de Ucrania y ha ofrecido en numerosas ocasiones la mediación de la Santa Sede para alcanzar una solución pacífica al conflicto, ha llevado a cabo este viernes una de esas liturgias extraordinarias con una llamada a filas a todos los fieles y obispos del mundo para invocar el fin de la guerra, cuando se ha cumplido un mes de la ofensiva rusa. Bergoglio ha reunido en una misa en la basílica de San Pedro a los embajadores de Rusia y Ucrania ante la Santa Sede y ha encomendado a ambos países a la Virgen en una ceremonia pública en la que ha pedido que se acaben los rencores: “Necesitamos el espíritu del amor, que disuelve el odio, apaga el rencor, extingue la codicia y nos despierta de la indiferencia”, ha lanzado.

Este gesto solemne de la diplomacia espiritual que la Iglesia ha llevado a cabo en contadas ocasiones se conoce en el lenguaje religioso como “consagración al corazón inmaculado de María” y obedece a una profecía muy valorada en la Santa Sede relacionada con los conocidos como los misterios de Fátima. “Hemos perdido la senda de la paz. Hemos olvidado la lección de las tragedias del siglo pasado, el sacrificio de millones de caídos en las guerras mundiales. Hemos desatendido los compromisos asumidos como comunidad de naciones y estamos traicionando los sueños de paz de los pueblos y las esperanzas de los jóvenes. Nos hemos enfermado de avidez, nos hemos encerrado en intereses nacionalistas, nos hemos dejado endurecer por la indiferencia y paralizar por el egoísmo”, ha clamado el pontífice argentino.

La importancia de este evento singular para el catolicismo, en el día que la Iglesia celebra la Anunciación, una de las fiestas más importantes para los cristianos, trasciende el ámbito religioso y puede leerse también en clave política y diplomática. Andrii Yurash, el embajador de Ucrania ante la Santa Sede y su homólogo ruso, Alexander Avdeev, acudieron a la ceremonia, aunque ocuparon lugares separados en la basílica.

Desde el inicio de la invasión rusa el pasado 24 de febrero el Papa ha condenado la “agresión injustificada” y ha denunciado las “atrocidades” cometidas por Moscú. Aunque se ha alzado en un tono inusual de denuncia, lo ha hecho de manera implícita y no ha mencionado directamente a Rusia, en un intento por mantener los frágiles puentes con la Iglesia ortodoxa, que ha justificado la agresión armada. El Pontífice ha pronunciado por primera vez las palabras “Rusia” y “pueblo Ruso” este viernes, dentro de la oración.

En un gesto universal, Francisco se ha dirigido directamente a todos los fieles y ha pedido unidad a los más de 5.000 obispos del mundo para reclamar el fin de la guerra en Ucrania. La consagración se ha replicado de manera coordinada en miles de iglesias de todo el mundo y el Vaticano ha traducido la oración oficial del evento a más de una treintena de idiomas.

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La consagración al inmaculado corazón de María está relacionada con los llamados misterios de Fátima, las supuestas revelaciones que la Virgen entregó a tres jóvenes pastores en la localidad portuguesa de Fátima en 1917. Según esta creencia, la Virgen exigió la consagración de Rusia, donde aquel año empezaba la revolución que desembocaría en su etapa soviética, o de lo contrario el país “difundiría sus errores por el mundo promoviendo guerras y persiguiendo a la Iglesia”. En el pasado, otros pontífices han llevado a cabo actos de consagración similares, en 1942, 1952 o el último en 1984.

Bergoglio ha activado varios canales diplomáticos, aunque los esfuerzos han sido vanos. Él mismo visitó en persona el 25 de febrero al embajador ruso ante la Santa Sede para pedir un alto el fuego. También ha enviado a Ucrania, Polonia y Hungría a dos de sus cardenales insignia, Konrad Krajewski, limosnero, y Michael Czerny, que se encarga de temas relacionados con migrantes y refugiados, para llevar ayuda humanitaria, gestionar corredores seguros para los refugiados y pedir la paz. Hace unos días, Francisco llamó por teléfono por segunda vez desde el inicio de la invasión al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, y le aseguró que está haciendo todo lo posible para detener la guerra. “La mediación de la Santa Sede para terminar con este sufrimiento humano sería muy apreciada”, señaló el mandatario ucranio.

Zelenski repitió la invitación al pontífice para viajar a Kiev que ya propuso hace unas semanas el alcalde de la ciudad, Vitali Klitschko. Aunque el Vaticano ha asegurado que por el momento no hay ningún viaje planeado, no es la primera vez que Francisco visita un país en guerra abierta, ya fue a Bangui, la capital de la República Centroafricana en 2015, devastada por tres años de guerra civil. En aquella ocasión viajó escoltado por cascos azules de la ONU y las partes enfrentadas habían establecido una tregua. El cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, que desempeña funciones similares a las de un ministro de Interior y de Exteriores en el mundo civil, ha repetido que el “camino principal” es “detener la guerra” y después comenzar las negociaciones.

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El embajador de Nicaragua en España, Carlos Midence, en una fotografía de archivo.
El embajador de Nicaragua en España, Carlos Midence, en una fotografía de archivo.Emilio Naranjo (EFE)

La relación diplomática entre España y Nicaragua está en un punto crítico después de que el Gobierno de Daniel Ortega decidiera retirar este jueves a su embajador Carlos Midence de la legación en Madrid. Managua alega supuestas “presiones y amenazas injerencistas” que hacen “imposible el ejercicio de la labor diplomática”. Sin embargo, el régimen sandinista no menciona que desde hace casi seis meses impide regresar a Managua a la embajadora española en Nicaragua, María del Mar Fernández-Palacios. Este culebrón diplomático tiene como contexto la atropellada relación entre ambos países por las críticas del Gobierno español ante las violaciones a los derechos humanos cometidas en el país centroamericano, los procesos judiciales espurios contra presos políticos y la consolidación de un régimen de partido único en las pasadas elecciones de noviembre de 2021.

El Gobierno de Ortega no ha dado ninguna justificación para que Fernández-Palacios no pueda ingresar a Managua en todo este tiempo, según ha revelado el medio independiente nicaragüense Divergentes. De acuerdo con esta publicación, la diplomática vivió una situación parecida en 2020, cuando la aerolínea en la que viajaba le comunicó que no podía abordar porque no lo había autorizado Managua. El 11 de agosto de 2021, después de que Fernández-Palacios fuese llamada a consultas por Madrid, su ingreso volvió a ser desautorizado sin fundamentos.

Esta nueva movida en las fricciones diplomáticas fue confirmada por el ministerio de Exteriores español a otro medio independiente, Despacho 505, en un comunicado que permite entender por qué ahora Nicaragua retira a su embajador de ese país: “El Ministerio de Asuntos Exteriores ha convocado hoy al Embajador de Nicaragua en España ante la negativa de aceptar la vuelta a Managua de la Embajadora de España. Dada la asimetría existente, se anunció al Embajador que se aplicaría el principio de reciprocidad, con lo que tomaron la decisión de retirar su Embajador con carácter inmediato”, se lee en el texto citado por el medio.

En febrero pasado, el secretario de Estado para Iberoamérica y el Caribe de España, Juan Fernández Trigo, habló de una “novedad en sus relaciones con Nicaragua” después que el Gobierno español llamara a consulta a la embajadora Fernández-Palacios, a causa delas “graves e infundadas acusaciones” del régimen contra España.

Unos meses antes, en agosto de 2021, el Gobierno de Ortega publicó una nota de prensa en la que acusaba a España por “la cínica y continua, intromisión, injerencia e intervención en nuestros Asuntos Internos, impropias de Gobiernos Democráticos, impropias también de Regímenes que incumplen continuamente con los Derechos de sus Pueblos a la Autonomía o a Procesos Autonómicos de Independencia, que tanto sufrimiento han costado ya, a Familias enteras de Pueblos que se niegan a seguir siendo sometidos a arbitrarios dictados monárquicos”.

Antes, la cancillería de Managua ya había atacado con virulencia a la ministra de Asuntos Exteriores de España, Arancha González Laya, quien manifestó su preocupación por las violaciones a los derechos humanos en ese país. “Mostrando una ignorancia atrevida, y una ferocidad impropia para la diplomacia, la señora González se dirige al presidente de un pueblo libre y soberano, con voz de alguacil, sin percatarse en su perorata delirante de trasnochada mandamás que llevamos siglos sin dominio español, además de nunca haber reconocido bondad alguna en esos furibundos crímenes hispánicos, crímenes de lesa humanidad”, dijo el Gobierno de Ortega.

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Cuerpo diplomático bajo ataque

Fuentes diplomáticas consultadas por EL PAÍS en Managua coincidieron en que los embajadores están bajo ataque por parte del régimen Ortega-Murillo. El golpe más reciente lo sufrió el Nuncio apostólico Waldemar Stanisław Sommertag, quien fue conminado a salir del país. De acuerdo con una publicación de Confidencial, el embajador de El Vaticano abandonó su misión el domingo 6 de marzo, después de que un contingente policial lo siguiera a la salida de su residencia.

Sin declararlo non grato de forma oficial, según Confidencial, la salida de Sommertag se fraguó como consecuencia de al menos cuatro incidentes provocados por el Gobierno. Los dos más relevantes fueron que el nuncio usó en una entrevista la expresión “presos políticos” para referirse a los opositores que son juzgados a puertas cerradas en la prisión de El Chipote, lugar donde sufren malos tratos y torturas. El otro encontronazo fue que el nuncio no asistió a la aislada toma de posesión de la pareja presidencial el pasado 10 de enero, ya que viajó a Roma. Ambas cuestiones generaron fuertes reclamos del régimen.

Sommertag era uno de los pocos intermediarios que quedaban en Nicaragua entre el oficialismo y la oposición, entre ellos familiares de las víctimas de la represión. No obstante, Monseñor Carlos Herrera, presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) señaló —tras la salida intempestiva del nuncio— que las relaciones entre el régimen de Ortega y el representante del papa Francisco se habían deteriorado.

Otro detalle hilarante que causó la furia de los Ortega Murillo fue que, en febrero pasado, de acuerdo con el relato de fuentes diplomáticas, Sommertag organizó una despedida al embajador de Colombia, Alfredo Rangel Suárez, quien fue expulsado por los Ortega-Murillo y declarado non grato ese mismo mes.

Las fuentes diplomáticas consultadas por este diario consideran absurdo haber expulsado Sommertag, ya que el papa Francisco nunca ha criticado públicamente al régimen. Sin embargo, con esta decisión la pareja se aísla un poco más de la comunidad internacional.

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La Comisión de RREE de la Cámara, a petición mía, acordó citar los embajadores en Colombia y El Salvador para que informen respecto a la situación política y social que se vive en ambos países de América. Este Gobierno debe condenar las violaciones a los DDHH en cualquier país. pic.twitter.com/z24AfUplzH

— Gabriel Ascencio (@G_Ascencio) May 5, 2021
 

En tanto, respecto a El Salvador, indicó que «tiene que ver con una decisión del Congreso, dominado por el partido del Presidente, que ha tomado acuerdos en torno a cambios en la magistratura de ese país».

Es en ese contexto que ha solicitado a la comisión pedirle «a nuestros embajadores en Colombia y en El Salvador que nos pudieran informar telemáticamente qué es lo que está ocurriendo en estos países (…) y puedan hacerse presente en una de nuestras sesiones».

A la mencionada comisión, se acordó también invitar a representantes del ministerio de Relaciones Exteriores.



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