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La estrategia informativa de la Administración de Joe Biden —difundir secretos militares, sin aparente filtro, para influir en el ánimo y en los planes de Vladímir Putin― ha dado sus frutos en casa. El último sondeo de Gallup otorga seis puntos más que en febrero a su gestión de la amenaza rusa, que ha pasado de un 36% a un 42% de aprobación. Están lejos de ser cifras espectaculares, pero al menos hablan de una cierta mejoría para un presidente con algunos de los índices de aprobación más bajos de la historia de Estados Unidos (en el desempeño general lleva estancado desde diciembre en torno al 40%). También ha funcionado fuera; según otro estudio de la empresa demoscópica norteamericana, difundido la semana pasada, a las puertas del viaje de Biden a Bruselas y Polonia, su popularidad ha crecido con respecto al año pasado en 26 de los 27 países europeos de la OTAN (hasta 52 puntos en Portugal y con la única excepción de un suspenso en Lituania).

Así que los funcionarios de Washington no tienen pensado cambiar su plan. La estrategia coordinada para mandar mensajes sobre la “guerra de Putin” esta semana se ha centrado en dos puntos. Por un lado, mostrar escepticismo sobre las promesas del Kremlin en la mesa de negociaciones con Ucrania (los servicios de inteligencia estadounidenses no observan la retirada anunciada, sino un rearme para un nuevo ataque, más concentrado) y, por otro, esparcir la idea de que el “caos” y el “desánimo” cunden en las filas rusas.

El propio Biden reforzó este jueves la imagen de Putin como un hombre aislado, cuyos colaboradores no se atreven a contarle, por temor a represalias, las “malas noticias” sobre la “incompetencia” de los suyos en la guerra en Ucrania, y sobre el alcance real de las sanciones en la economía interna. “Hay mucha especulación, y aunque no tengo una certeza absoluta, parece estar aislado. Y hay indicios de que ha despedido o puesto bajo arresto domiciliario a algunos de sus asesores”, dijo en un encuentro con la prensa.

Las declaraciones del presidente estadounidense venían a sumarse al coro de voces que el miércoles en Washington apuntalaron ese relato desde el Departamento de Estado, el Pentágono y la Casa Blanca. Al día siguiente, altos funcionarios del Departamento de Defensa y “analistas independientes” citados por The New York Times dijeron que el principal problema al que se enfrenta Rusia, que según calcula, acumula bajas de entre “7.000 y 15.000 soldados”, es, además de la inesperada fiereza del enemigo, abastecido militarmente por Occidente, el hecho de que carece de un “comandante en jefe” que lleve las riendas de la invasión sobre el terreno. Las decisiones, afirman en Washington, las están tomando desde Moscú el propio Putin, el ministro de Defensa, Serguéi Shoigú (cuya ausencia de la escena pública ha alimentado las especulaciones sobre su caída en desgracia) y el jefe del Estado mayor, Valeri Gerasimov. Y no es fácil conducir una campaña militar a 800 kilómetros de distancia, añaden las fuentes citadas por el diario neoyorquino.

Kate Bedingfield, directora de comunicación de la Casa Blanca, volvió el jueves sobre las declaraciones de Biden. ¿Qué certezas tienen de esos arrestos de asesores de Putin? Bedingfield dijo que carecía de más información que la ofrecida por su jefe, pero aseguró que los servicios de inteligencia estadounidenses han observado “que esta invasión ha sido un fracaso estratégico para Putin y para Rusia, país para el que todo esto solo puede definirse como un desastre”. Remachó: “La moral entre los militares es baja. Y creo que eso no es una sorpresa para nadie”.

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Vladímir Putin dirige una reunión con los miembros del Consejo ruso de Seguridad desde su residencia oficial, a las afueras de Moscú, este viernes.
Vladímir Putin dirige una reunión con los miembros del Consejo ruso de Seguridad desde su residencia oficial, a las afueras de Moscú, este viernes.SPUTNIK (via REUTERS)

Desde luego, no parece sorprender en el Reino Unido, que ha abundado estos días en ese mismo argumentario. Primero fue, el miércoles, sir Jeremy Fleming, director de la agencia de vigilancia electrónica británica, quien, de visita en Australia, habló de la incompetencia de las tropas rusas, así como de los problemas de abastecimiento militar y de avituallamiento de los ejércitos. También dijo que los servicios de inteligencia del Reino Unido tienen indicios de que algunos soldados se han rendido o saboteado sus propios vehículos para evitar entrar en combate.

El jueves, Ben Wallace, ministro de Defensa británico, añadió que “Putin ya no es tan fuerte como era. Ahora es más bien un hombre cautivo en la jaula que él mismo se construyó. Aislado por las sanciones internacionales y con todo el mundo en su contra. Sus Fuerzas Armadas están agotadas”, sostuvo Wallace. “La reputación de Rusia como un gran ejército ha sido destrozada y ahora tiene que vivir con las consecuencias no solo de lo que le está haciendo a Ucrania, sino también de lo que les ha hecho a sus propios ejércitos”.

Los analistas militares describen esas consecuencias en Estados Unidos con imágenes de convoyes que caen en las emboscadas y tanques averiados que se quedan atascados en el barro. De generales asesinados (al menos siete, según el cálculo ucranio, que señala también bajas sensibles en el rango de los coroneles), en una cantidad que no se había visto desde la II Guerra Mundial y en un ejército tremendamente jerárquico en el que, descabezadas las unidades, estas quedan desorientadas.

Mientras tanto, en Rusia una encuesta de Levada Center, empresa demoscópica no gubernamental con base en Moscú, cifra en un 83% el apoyo que recibe Putin de los suyos (14 puntos más que en enero). Y eso, pese a algo que parece claro, incluso en la batalla de datos y propaganda cruzada entre ambas potencias: el presidente ruso no calculó bien sus fuerzas al iniciar la invasión de Ucrania. Creyó que sería la historia de un triunfo rápido, y ya van cinco semanas de reveses militares.

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Ofuscado por el lento avance de las tropas rusas, el presidente de Chechenia, Razmán Kadírov, dejó claro el pasado 27 de febrero cómo concibe que debería ser la ofensiva sobre Ucrania. “Pase lo que pase, en la guerra se mata y se destruye. Sin ello no se logra nada, por desgracia”, dijo el delfín de Vladímir Putin en el Cáucaso Norte, y advirtió de que si el pueblo ucranio no se rinde, “entonces debemos terminar lo que comenzamos, y de inmediato”.

El jefe supremo de la República de Chechenia, país de mayoría musulmana, ha aportado a la guerra la 46ª Brigada de la Guardia Nacional, fuerza que responde únicamente ante el presidente de la Federación de Rusia y no ante el Ministerio de Defensa. En concreto, se han desplegado dos batallones especializados en perseguir a los enemigos del régimen, el batallón Yug (Sur, en ruso) y el Sever (Norte), cuyos soldados son conocidos como los kadirovtsi, los leales al presidente checheno.

Para el Kremlin, las fuerzas chechenas tienen un aura especial que las diferencia del resto del Ejército. Primero, su población rusa digiere mejor sus pérdidas humanas tanto por su etnicidad como por ser de minoría musulmana. Esto último también hizo que cobrasen importancia en Siria desde 2017 para vigilar a la población. Y segundo, son veteranas de guerras como las dos chechenas, las de Oriente Medio y del este de Ucrania. Kadírov ha convertido estas fuerzas en su propia guardia pretoriana y desde la pacificación de la república han sido su arma para la represión de cualquier rastro opositor en la región.

La brutalidad de los kadirovtsi es conocida. Novaya Gazeta publicó una investigación el año pasado en la que localizó a al menos 12 personas ejecutadas por sus fuerzas de seguridad en una oleada de detenciones a finales de 2016. Uno de los miembros de las fuerzas especiales que participaron en aquella operación, Suleimán Gezmajmáyev, contó detalles sobre los interrogatorios. Según su relato, si un detenido “no confesaba, se volvía a intentar dos o tres horas después, hasta que confesaba o moría”. Entre otros instrumentos que empleaban, nombraba porras eléctricas, bates de goma y barriles de agua de 100 litros donde los detenidos eran sumergidos colgados desde el techo.

El Sever está curtido en combate. Las autoridades rusas confirmaron que había sido enviado a Siria en 2017, cuando el diario independiente Nóvaya Gazeta publicó que sus tropas habían recibido sendos manuales sobre cómo actuar en la república árabe. En concreto, cómo diferenciar a periodistas de espías y cómo identificar a oficiales de inteligencia, combatientes y mercenarios.

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Uno de los exmiembros más famosos de Sever es Zaur Dadáyev, segundo al mando del batallón que perpetró el asesinato del opositor Borís Nemtsov frente al Kremlin en 2015. Dadáyev fue condenado por el asesinato del político, una de las principales figuras contra la guerra entonces, aunque nunca se investigó quién ordenó el atentado.

Presencia en Ucrania

La primera prueba de la presencia de las fuerzas de la república del Cáucaso en Ucrania la reveló el propio Kadírov el 26 de febrero, cuando publicó en su perfil de Telegram un vídeo de un militar izando en la valla de un puesto de la Guardia Nacional de Ucrania una bandera chechena con el retrato de su padre, Ajmat Kadírov. “Alabado sea Alá. Den la bienvenida a Rusia”, escribió el mandatario. No especificó cuál era aquel lugar, aunque un vídeo de otro soldado en las mismas puertas indicó que sería Gostomel, a unos 25 kilómetros de Kiev.

Ese mismo día también circuló la información de que habrían muerto en Ucrania los comandantes Magomed Tusháyev, responsable de Sever, y Azor Bisáyev, de la OMON (un destacamento especial de la policía) de Ajmat-Grozni. Kadírov publicó en sus redes un vídeo en el que supuestamente conversaba con ellos por teléfono y decía que están “más vivos que todos los vivos, e incluso más vivos que los que difunden falsedades desde el sofá”. Además, afirmaba que no presentaban un rasguño y estaban dotados de suministros al completo.

Un día después, el presidente de Chechenia criticaba el lento avance de las Fuerzas Armadas rusas en Ucrania y urgía a “comenzar una operación a gran escala en todas las direcciones”. “Más de una vez he participado personalmente en tácticas y estrategias contra terroristas, he combatido en batallas, y en mi opinión los planes elegidos en Ucrania son demasiado lentos”, escribió en su perfil personal.

El líder checheno, que combatió junto con su padre contra las tropas rusas en la guerra de Chechenia de los noventa, ha difundido también otros vídeos donde se ve a sus tropas rezando en un claro de un bosque mientras un convoy de cientos de vehículos del Ejército ruso avanzaba lentamente.

El diario Chechnia Segódniya publicó que Kadírov habría enviado unos 12.000 hombres al frente, y el mandatario obligó al medio a retractarse. Aún no está claro si las unidades chechenas participarán en lo más duro de los combates, aunque según el periódico independiente Kavkazski Úzel (El Nudo del Cáucaso, en castellano) todo apunta a que sí. El diario, declarado agente extranjero por las autoridades rusas, tuvo acceso al coronel del Servicio Federal de Seguridad (FSB) y exdiputado de la Duma Estatal (el Parlamento ruso), Guennadi Gudkov. Según sus informaciones, el Ejército checheno participará en el asalto a Kiev, y su tarea podría ser la represión y las incursiones contra objetivos específicos. Kadírov ha anunciado este martes que han muerto dos de sus hombres en Ucrania y seis han resultado heridos.

Uno de los grandes enemigos de Kadírov es el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, que se ha negado a abandonar el país. El mandatario checheno afirmó a finales de enero que si él fuera el presidente ruso, “hace mucho que habría ocupado Ucrania, enviado allí tropas y restablecido el orden”. Y un día después de comenzar la invasión, reunió a miles de personas en Grozni y señaló directamente al presidente ucranio. “Señor Zelenski, el tiempo de las payasadas ha llegado a su fin. Ha llegado la hora de cumplir el deber con su pueblo para evitar consecuencias irreversibles. Hoy más que nunca es necesario implementar los acuerdos de Minsk”, amenazó Kadírov.

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La cabeza del Estado Islámico (ISIS, en sus siglas en inglés) ha sido arrancada de cuajo poco después de que volviera a emerger tras su derrota en 2019. Una gran operación de comandos de fuerzas especiales de Estados Unidos transportados en helicópteros ha acabado este jueves con la vida de su líder, Abu Ibrahim Al Hachemí al Quraishi, según ha anunciado el presidente Joe Biden. “Gracias a la capacidad y el valor de nuestras Fuerzas Armadas, hemos retirado del campo de batalla a Al Quraishi. Todos los soldados han regresado sin daño de la operación”, dijo el mandatario en un comunicado inicial antes de comparecer frente a los medios. El ataque fue lanzado de madrugada en Idlib (noroeste de Siria), último bastión de las milicias rebeldes. Un alto cargo de seguridad de la Casa Blanca aseguró que la muerte de Al Quraishi se produjo, informa Reuters, al hacer estallar una bomba que portaba consigo rodeado de miembros de su familia.

El Pentágono confirmó a las pocas horas de la operación que la “misión contraterrorista”, en la que no se habían registrado “bajas de EE UU”, había sido “un éxito”, sin ofrecer más detalles. El Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, una ONG que cuenta con informadores sobre el terreno, contabilizó al menos nueve cuerpos sin vida, entre ellos dos civiles, en la población de Atmeh, en un área próxima a la frontera turca que acoge campamentos con decenas de miles de desplazados internos. Los denominados cascos blancos, equipos de rescate que operan en el bando insurgente, elevaron a 13 la cifra de fallecidos, en la que incluyeron a seis menores y cuatro mujeres.

Esta operación ordenada por el Pentágono es la más amplia desde el ataque en el que fue abatido en 2019 el fundador del Estado Islámico, Abubaker al Bagdadi, en una zona cercana de Idlib. Varios helicópteros, uno de los cuales resultó dañado, aterrizaron a las afueras de Atmeh a primera hora de la madrugada del jueves. Los enfrentamientos en la zona se prolongaron durante más de dos horas, según testigos citados por Reuters que dieron cuenta de intensos intercambios de disparos y explosiones.

La designación de Al Quraishi como máximo líder del ISIS se produjo pocos días después de la muerte de Al Bagadi, en octubre de 2019. El ISIS sostiene que ambos pertenecen al linaje de Mahoma, ya que la estirpe de los Al Quraishi se remonta al clan tribal del profeta. Al Bagdadi se autoproclamó en 2014 califa del Estado Islámico, que extendió sus fronteras a caballo de Irak y Siria sobre una superficie equivalente a la del Reino Unido y una población más de 11 millones de personas.

El ISIS levó a Al Quraishi al nivel de “emir de los creyentes y califa de los yihadistas”. Puede tratarse, sin embargo, del nombre de guerra con el que fue rebautizado con apellidos califales un jefe de las milicias que ya estaba en el punto de mira de los servicios de espionaje occidentales. Su verdadera identidad apunta al yihadista Mohamed Said Aderamán al Mawla, nacido hace 45 años en Tal Afar (norte de Irak, cerca de Mosul), informa Óscar Gutiérrez. Era considerado uno de los ideólogos del Estado Islámico que justificó el intento de genocidio de la minoría religiosa yazidí en el norte iraquí y uno de los cerebros de las operaciones de terrorismo global del ISIS.

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El principal grupo yihadista que opera en Idlib es Hayat Tahir al Sham, que controla la mayor parte del territorio asediado por las tropas leales al presidente sirio, Bachar el Asad, con apoyo de sus aliados de Rusia. Se trata de herederos del Frente al Nusra, anterior filial de Al Qaeda en Siria, de la que también deriva Hurras al Din, grupo desplegado en la zona donde se ha registrado la operación este jueves y que cuenta con yihadistas extranjeros en sus filas.

EE UU suele atacar con drones a los grupos yihadistas en Siria, salvo en los casos en los que actúa contra destacados líderes, cuya identidad busca confirmar mediante pruebas de ADN obtenidas de sus restos. La arriesgada operación sobre el terreno lanzada ahora en Idlib pone de relieve que se trataba de un objetivo de alto nivel.

Un espectacular asalto de células durmientes del ISIS a la prisión de Hasaka, en el noreste de Siria, para liberar a excombatientes yihadistas fue aplastado la semana pasada por las milicias kurdas de las Fuerzas Democráticas Sirias, que controlan la cárcel en la que están detenidos 3.500 yihadistas, con el apoyo de la aviación y fuerzas especiales de Estados Unidos, su aliado en la lucha contra el extinto califato. Esta ha sido la mayor acción armada del ISIS registrada en Siria desde su derrota en el campo de batalla hace casi tres años. Murieron cerca de 300 yihadistas, entre reclusos y combatientes, más de 70 milicianos kurdos y una decena de civiles.

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Socorristas sirios retiran un cadáver tas el ataque de EE UU, este jueves en Idlib.
Socorristas sirios retiran un cadáver tas el ataque de EE UU, este jueves en Idlib.ABDULAZIZ KETAZ (AFP)

Una operación de comandos de fuerzas especiales de Estados Unidos transportados en helicópteros ha causado en la madrugada de este jueves una decena de muertos, entre ellos civiles, en Idlib (noroeste de Siria), último bastión de las milicias rebeldes. El Pentágono confirmó que la “misión contraterrorista”, en la que no se han registrado “bajas de EE UU”, fue “un éxito”, sin ofrecer más detalles por el momento. El Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, ONG que cuenta con informadores sobre el terreno, contabilizó al menos nueve cuerpos, entre ellos dos niños, en la población de Atmeh, en un área próxima a la frontera turca que acoge campamentos con decenas de miles de desplazados internos. Los denominados Cascos Blancos, equipos de rescate que operan en el bando insurgente, elevaron a 13 la cifra de fallecidos, en la que incluyeron a seis menores, informa Reuters.

Esta operación ordenada por el Pentágono es la más amplia desde el ataque en el que fue abatido en 2019 el jefe del Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés), Abubaker al Bagdadi, en una zona cercana de Idlib. Varios helicópteros aterrizaron a las afueras de Atmeh a primera hora de la madrugada del jueves. Los enfrentamientos en la zona se prolongaron durante más de dos horas, según testigos citados por Reuters que dieron cuenta de intensos intercambios de disparos y explosiones. El presunto objetivo del ataque era un líder yihadista, no identificado por ahora, que se encontraba durmiendo junto con su familia en una casa de la localidad.

El principal grupo yihadista que opera en Idlib es Hayat Tahir al Sham, que controla la mayor parte del territorio asediado por las tropas leales al presidente sirio, Bachar el Asad, con apoyo de sus aliados de Rusia. Se trata de herederos del Frente al Nusra, anterior filial de Al Qaeda en Siria, de la que también deriva Hurras al Din, grupo desplegado en la zona donde se ha registrado la operación este jueves y que cuenta con yihadistas extranjeros en sus filas.

EE UU suele atacar con drones a los grupos yihadistas en Siria, salvo en los casos en los que actúa contra destacados líderes cuya identidad busca confirmar mediante pruebas de ADN obtenidas de sus restos. Una arriesgada operación sobre el terreno, como la de Atmeh, apunta a la presencia de un objetivo de alto nivel dentro de Al Qaeda. Previsiblemente, un jefe regional o incluso el máximo líder de la organización, Ayman al Zawahiri, quien aparentemente impulsó la escisión de Hurras al Din en Idlib, según informa The New York Times.

Un asalto de células durmientes del ISIS a la prisión de Hasaka, en el noreste de Siria, para liberar a excombatientes yihadistas fue aplastado la semana pasada por las milicias kurdas de las Fuerzas Democráticas Sirias, que controlan la cárcel en la que están detenidos 3.500 yihadistas, con el apoyo de la aviación y fuerzas especiales de Estados Unidos, su aliado en la lucha contra el extinto califato. Esta ha sido la mayor acción armada del ISIS registrada en Siria desde su derrota en el campo de batalla hace casi tres años.

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Las fuerzas de seguridad de Israel mataron a lo largo de 2021 al menos a 313 palestinos, entre ellos 71 menores, en el año más mortífero registrado en los territorios ocupados desde 2014, según un informe publicado este martes por la organización israelí de derechos humanos B’Tselem. Además, en Cisjordania y en Jerusalén Este, 895 palestinos, incluidos 463 menores, se quedaron sin hogar durante el mismo período por la demolición de 295 viviendas, la cifra más elevada del último lustro.

Por lo que respecta a las muertes, el año pasado estuvo marcado por la ofensiva israelí en la Franja de Gaza del pasado mayo. En la operación militar, Israel mató al menos a 232 palestinos, entre los cuales 54 menores, según el recuento de B’Tselem, que apunta que la mayoría no participó en las hostilidades.

El informe también recoge la muerte de otros 20 palestinos en el enclave por cohetes disparados por facciones locales contra Israel que cayeron en Gaza, así como la de seis civiles israelíes, tres extranjeros y dos miembros de las fuerzas de seguridad de Israel muertos por proyectiles disparados desde la Franja. Para encontrar una cifra mayor de muertos palestinos en un solo año hace falta remontarse hasta 2014, cuando Gaza fue sometida a una ofensiva militar israelí que dejó más de 2.000 muertos.

“La política letal, gratuita e ilegal de fuego abierto de Israel provocó la muerte de cientos de palestinos el año pasado. Alrededor del 70% murieron en la franja de Gaza cuando se aplicó la política criminal de bombardear zonas densamente pobladas”, critica el informe. “Altos funcionarios israelíes justifican la política de fuego abierto. Insisten en que el fuego letal se utiliza como último recurso, de acuerdo con el derecho israelí e internacional, y subrayan que los incidentes se investigan. Pero los hechos demuestran lo contrario: los disparos letales son un asunto rutinario, y nadie rinde cuentas”, subraya.

En Cisjordania y en Jerusalén Este, las fuerzas de seguridad israelíes mataron a otros 77 palestinos, de los cuales 32 murieron en manifestaciones, o cerca de ellas, o en incidentes en los que se lanzaron piedras contra agentes o civiles israelíes. El informe destaca que ocho de ellos han sido asesinados en protestas contra el establecimiento del asentamiento salvaje de Evyatar en tierras que pertenecen a aldeas palestinas en el norte de Cisjordania, y por el cual el Ejército israelí impide a agricultores palestinos acceder a sus terrenos.

“Régimen de apartheid”

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El estudio recoge asimismo un aumento de la violencia de colonos israelíes en el último año, durante el que B’Tselem documentó 336 incidentes violentos frente a los 251 de 2020. Según la organización, el incremento sugiere que esta violencia es otra herramienta que “el régimen de apartheid de Israel utiliza para apoderarse de más tierras palestinas”. El informe también señala que 36 palestinos murieron a tiros en incidentes en los que atacaron, intentaron atacar o supuestamente atacaron a las fuerzas de seguridad o a civiles israelíes, y nota que en estos casos el uso automático de fuego letal no está justificado.

Paralelamente, B’Tselem señala que en los últimos años se ha producido un aumento constante de las demoliciones de viviendas en Cisjordania, como ponen de relieve las 199 derrumbadas el año pasado frente a las 151 de 2020 y las 104 de 2019. Asimismo, además de las casas derrumbadas en los territorios ocupados en 2021, el informe señala que se desmantelaron otras 548 unidades no residenciales por órdenes de las autoridades israelíes, entre las que figuran cisternas, estructuras agrícolas, almacenes, empresas y estructuras públicas, el mayor número desde 2012.

“Estas demoliciones no son una cuestión de ‘aplicación de la ley’, como afirma Israel, y los palestinos que construyen sin permiso no son ‘delincuentes”, desliza el documento. “El régimen de apartheid israelí bloquea casi todo el desarrollo palestino en amplias zonas de Cisjordania, incluido Jerusalén Este, mientras construye masivamente para judíos. Esta política no deja a los palestinos más remedio que construir sin permisos”, agrega.

La portavoz de B’Tselem, Dror Sadot, apunta a EL PAÍS que el fin de la era del ex primer ministro israelí Benjamín Netanyahu y la formación, en junio, de un nuevo Gobierno de coalición pilotado por el ultranacionalista Naftali Bennett no ha conllevado por ahora un cambio significativo de política. “Es pronto para decirlo, pero de acuerdo con los datos no podemos percibir ni sentir que haya diferencia. En realidad, las demoliciones de casas no hacen más que aumentar, así que no estamos viendo cambios en esa materia”, apunta.

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24Horas.cl Tvn

11.05.2021

El expresidente de Colombia, Álvaro Uribe, conversó con Matías del Río en Medianoche sobre la crisis política social en Colombia, explicando las que a su parecer son las causas de las protestas y cuáles cree que son las acciones necesarias a seguir para poder terminar con la violencia que ha dejado varias personas fallecidas y denuncias por violaciones de Derechos Humanos de parte de fuerzas del Estado.

Uribe defendió la gestión del actual mandatario, Iván Duque, refiriéndose al crecimiento económico del país, señalando que «tuvimos un buen 2019, y enero y febrero del 2020 muy buenos, pero vino la pandemia y se afectó todo. El gobierno ha tratado de dar respuestas, pero el daño social de la pandemia ha sido mucho mayor».

En ese sentido, agregó que el propio partido de gobierno no estuvo de acuerdo con la reforma tributaria propuesta por el presidente Duque, por lo que «hay que buscar otra, que la paguen los sectores más pudientes para poder enfrentar la pobreza».

«Entonces, al descontento social que se expresa en una protesta legítima, que hay que respetar, lo aprovecha una violencia que se viene incubando en el país hace mucho rato, que ya se había expresado en el año 2019 y que le hace un enorme daño al país», agregó Uribe.

¿La violencia en las calles pertenece al pasado?

Al ser consultado por las causas de la violencia en su país, sobre si esta pertenece al pasado, Uribe señaló que «por supuesto», agregando que «hay cosas nuevas que las ha recogido y expresado en la protesta, como lo es el daño social de la pandemia, como lo fue la reforma tributaria, que por equivocaciones presentó nuestro gobierno y le entregó una excusa a la violencia».

«Hay una cosa vieja que ha seguido creciendo en Colombia que es la violencia, en la que intervienen las FARC, grupos de narcotráfico, políticos de extrema que combinan todas las formas de lucha y que también está incentivada desde afuera, y que propone que Colombia sea una tercera Cuba o una segunda Venezuela, y eso se oye muy claramente en las voces de Nicolás Maduro y de su equipo de la dictadura».

 

Violencia contra civiles de parte de fuerzas del Estado

Respecto a las distintas denuncias de Organizaciones No Gubernamentales como Temblor o Human Rights Watch, sobre violaciones a los Derechos Humanos o agresiones de fuerzas del Estado contra civiles, Uribe indicó que esta última «es muy sesgada con las fuerzas institucionales de Colombia, contra las políticas de seguridad del país».

 

«Las Fuerzas Armadas de Colombia han sido democráticas, nunca han estado al servicio de dictaduras, no han sido favorecidos con la impunidad, tienen ese haber para su honor. Aquí hay unas denuncias, esas se investigan y sancionan. La Fiscalía está estudiando unas cuatro denuncias serias, y hay muchas falsas acusaciones contra las FF.AA. del país y la policía«, agregó el exmandatario.

Violencia de civiles contra agrupaciones indígenas en Cali

Al ser consultado por los distintos registros de civiles atacando a agrupaciones indígenas en Cali, Uribe indicó que desconoce la identidad de las personas que estén detrás de estos actos de violencia.

En ese contexto indicó que debido a estas situaciones se ha evidenciado personas que «empiezan a hacer una especie de justicia propia, una especie de ley de la selva, que es algo que no queremos. Este país tuvo un paramilitarismo tan fuerte como las narcoguerrillas. El gobierno que yo presidí lo superó totalmente, entonces nosotros decimos que Colombia no puede volver a entrar por el camino de que haya inseguridad».

Asimismo recalcó que esto «es grave» y que aparece como «un conato de justicia privada que puede convertirse en un nuevo paramilitarismo. Nosotros estamos en desacuerdo con eso y por eso decimos que el único camino es uno social, que requiere los recursos y tenemos las propuestas, y un camino de autoridad que frene a los violentos, autoridad legítima del Estado de acuerdo con la Constitución y con los Derechos Humanos«.

 

Respecto a las organizaciones indígenas, Uribe indicó que «infortunadamente algunas de ellas se vinieron a invadir la ciudad de Cali y a participar en los actos violentos, a agredir urbanizaciones, a los ciudadanos, e infortunadamente algunos les dispararon, o sea que eso es muy malo por parte y parte, y eso el país lo tiene que superar con autoridad«.

Superar la crisis con «autoridad»

Sobre las distintas vías de salida que pueda tener el conflicto político social que vive Colombia, Uribe indicó que «esto necesita autoridad, militar, policial y contundente, en el marco de la Constitución y de los Derechos Humanos».

Agregó además que «aquí estamos viviendo unas fases de violencia incubada de tiempos más atrás. Ahora apareció acrecentada y utiliza la protesta social como excusa, ojalá no llegue al copamiento democrático que es lo que se quiere».

«Ante el fracaso de la reforma tributaria que presentó nuestro partido, estuve en desacuerdo. Nosotros creemos que necesitamos recursos urgentes para políticas sociales», indicó.

Respecto la participación de las Fuerzas Armadas para colaborar con las policías en el control del orden público, Uribe señaló que «si las FF.AA. pueden prestarle protección a grupos ciudadanos, oportuna, se evita que se estos se empiecen a disparar, se evita esa ley de la selva que es la defensa privada«, agregando además que «lo importante es que sean efectiva, respeten la Constitución y los Derechos Humanos».

Al ser consultado sobre si el presidente Duque ha sido «blando», el exmandatario indicó que el actual es «un gran demócrata. Yo creo que el país no había estimado la magnitud de la violencia que seguía creciendo en Colombia, que distrajeron con el cuento del acuerdo de paz, y aquí ha crecido una violencia que quiere que sea una tercera Cuba o una segunda Venezuela», reiteró.

Fracaso en la primera reunión de Duque con representantes del paro

Ante el fracaso de la primera reunión entre Duque con los representantes del paro, Uribe fue consultado sobre si en este escenario se está en un diálogo o en una negociación, respondiendo que «el presidente dialoga mucho con los colombianos, siempre busca soluciones sociales».

«A mi me parece que cuando hay grupos violentos de por medio, que también se infiltran en los comités del paro o de diálogo e imponen negociaciones, ese diálogo con esos grupos que tienen una mira, que es la destrucción de la democracia colombiana, es un diálogo inútil. Aquí hay que mantenerlo activo con organizaciones sociales, empresarios, trabajadores, estudiantes, pero no con promotores de violencia».

Aporte que podría tener el expresidente Juan Manuel Santos

Al ser consultado sobre el aporte que podría tener el expresidente Juan Manuel Santos, ganador del Premio Nobel de La paz, en el diálogo entre los distintos sectores de la sociedad, Uribe sostuvo que «el perdió el plebiscito. Se le pidió un gran acuerdo nacional y no lo hizo, prefirió complacer el terrorismo. Además nos dejó el país con 209 mil toneladas de coca, con unas normas constitucionales que dificultan muchísimo la vida democrática de Colombia».

«Yo tengo profundo desacuerdo, creo que el señor Santos le hizo gran daño a Colombia» enfatizó el exmandatario, agregando que «haga política como todos tenemos derecho a hacerla, pero hay un sector muy importante de colombianos que no creemos en la parte Santos».

 



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