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¿A quién llamó Donald Trump entre las 11:17 y las 18:54 del 6 de enero de 2021? ¿Con quién habló mientras se desarrollaba el ataque al Capitolio que él mismo había instigado en un mitin previo con miles de sus seguidores? No hay respuesta para esas preguntas en los archivos de la Casa Blanca. La comisión del Congreso de Estados Unidos que trata reconstruir lo que sucedió aquel día se ha encontrado con un hueco en los registros telefónicos del entonces presidente, según ha desvelado una exclusiva conjunta del diario The Washington Post y la cadena televisiva CBS News. Más de siete horas y media. 457 minutos. Una eternidad para los investigadores, durante la que la sede de la democracia en Washington fue asaltada violentamente por una turba, y el vicepresidente Mike Pence y los congresistas tuvieron que buscar refugio.

¿Significa eso que Trump destruyó esos registros de llamadas, que el Supremo le obligó a entregar el pasado enero con el resto de los documentos presidenciales? Es una de las hipótesis que se barajan. Otra es que el presidente pudo usar distintos teléfonos para comunicarse con sus colaboradores, lo cual está prohibido por la ley. Lo que parece claro es que no permaneció callado. Los datos sobre las llamadas enviadas o recibidas por la centralita de la Casa Blanca ocupan 11 páginas, que confirman que el magnate tuvo una jornada telefónica intensa durante el resto del día. Telefoneó a ocho personas por la mañana y 11 por la noche, antes y después del hueco que ahora se ha conocido. Además, hay evidencias públicas de que durante esas siete horas se comunicó o intentó comunicarse con, al menos, los senadores republicanos Mike Lee (Utah) y Tommy Tuberville (Alabama), además de con el líder de la minoría de la Cámara de Representantes, el también republicano Kevin McCarthy (California).

En los registros supervivientes del seis de enero, que pueden consultarse aquí, consta que Trump habló o pidió hablar con algunos de los actores principales de la trama: su asesor Steve Bannon, que en noviembre se entregó al FBI tras haber sido acusado de desacato al Congreso por no comparecer ante la comisión que investiga el ataque al Capitolio; el abogado Ruddy Giulianni, citado a declarar por haber promovido teorías falsas sobre el supuesto fraude electoral y su jefe de gabinete, Mark Meadows, de quien se ha sabido que recibió presiones de Ginni Thomas, esposa del juez del Supremo Clarence Thomas, para que hiciera lo posible por revertir el triunfo electoral. También, con el senador de Kentucky Mitch McConnell, líder de los republicanos en el Senado y con el entonces vicepresidente Mike Pence, de quien pretendía ese día que impidiera, empleando unas facultades que no está claro que posea quien ostenta ese cargo, el traspaso de poderes legítimo al vencedor de las elecciones de noviembre de 2020, Joe Biden.

El comité del 6 de enero está indagando si en esas siete horas, Trump se comunicó a través de otros canales, de teléfonos de sus ayudantes o de terminales desechables, según explica la noticia de The Washington Post, que firman el venerable Bob Woodward, que hace medio siglo destapó junto a Carl Bernstein el escándalo del Watergate, y Jim Costa, corresponsal político de CBS News. Juntos lanzaron a finales del año pasado Peril (que en español tiene previsto publicar Roca Editorial con el título de Peligro), sobre la accidentada transición entre Trump y Biden. El republicano aún sostiene, sin pruebas, que la elección de 2020 en la que perdió la Casa Blanca le fue robada.

Trump no se distinguió durante su presidencia por el respeto a la Ley de Registros Presidenciales, que determina que esas comunicaciones son propiedad del Estado, y no del inquilino de la Casa Blanca. En febrero se supo que, al dejar el cargo, se llevó documentos clasificados e información valiosa para la seguridad nacional a su mansión de Mar-a-Lago, en Florida, según confirmó la Administración Nacional de Archivos y Registros (NARA, por sus siglas en inglés). También era usual, según fuentes de su Administración, que empleara diferentes teléfonos para comunicarse con sus funcionarios, que recibían llamadas desde la centralita de la Casa Blanca o de diferentes números. En ocasiones, la voz del presidente sonaba tras descolgar un número oculto.

En un comunicado, Trump dijo el lunes por la noche: “No tengo idea de qué es un teléfono desechable, que yo sepa, nunca oí hablar de tal cosa”. Una portavoz del magnate explicó a Woodward y Costa que este no había tenido que ver con la manipulación de los registros y que, hasta donde él sabe, todas sus llamadas fueron grabadas y preservadas.

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La semana comenzó para el expresidente con la noticia de que un juez federal, David Carter, considera “más probable que no” que Trump y John Eastman, uno de sus asesores legales, a quien Carter ha obligado a entregar más de un centenar de correos electrónicos al comité del seis de enero, “conspiraron” para evitar la certificación de votos en el Congreso. El día del asalto al Capitolio, Trump presionó al vicepresidente Mike Pence con aquel mitin en Washington para que emplease su cargo para no validar el triunfo demócrata, un proceso que suele ser un mero trámite democrático y que aquel día se convirtió en uno de los episodios más negros de la historia reciente de Estados Unidos.

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Donald Trump, durante un mitin el domingo 27 de marzo en Georgia.
Donald Trump, durante un mitin el domingo 27 de marzo en Georgia.HYOSUB SHIN / AJC (AP)

Un juez federal de Estados Unidos ha ordenado este lunes a John Eastman, uno de los abogados que asesoró a Donald Trump para tratar de revertir el resultado electoral de 2020, que entregue más de un centenar de correos electrónicos al Comité de la Cámara de Representantes que investiga el asalto al Capitolio. El magistrado David Carter, además, resalta que ateniéndose a las pruebas con las que cuenta, el tribunal considera más que probable que “el presidente Trump y el señor Eastman conspiraron” para evitar la certificación de votos en el Congreso de EE UU, que el 6 de enero de 2021 debía dar por vencedor al demócrata Joe Biden.

El importante fallo del juez Carter allana el camino para que el Comité de la Cámara obtenga correos electrónicos de Eastman que él consideró confidenciales y no entregó por ese motivo cuando proporcionó al ente investigador miles de páginas de comunicaciones electrónicas a mediados del pasado mes de febrero.

“La ilegalidad del plan era obvia”, escribe el juez Carter en su fallo. “Nuestra nación se fundó sobre la transición pacífica del poder, personificada por George Washington deponiendo su espada para dar paso a elecciones democráticas”, expone el magistrado. “Ignorando esta historia, el presidente Trump ejerció una fuerte campaña para que el vicepresidente decidiera cuál era el resultado de las elecciones de 2020″, añade.

Antes de entregar las casi 8.000 páginas de correos electrónicos, Eastman se había negado a proporcionar información a la Cámara cuando esta lo citó directamente para que prestara testimonio y presentara documentos. El abogado se refugió bajo la protección que le otorga la Quinta Enmienda de EE UU contra la autoinculpación. Eastman es un profesor de Derecho que ayudó a elaborar el falso argumento de Trump de que las elecciones de 2020 fueron un fraude, y que el auténtico vencedor fue el entonces presidente.

Entre los correos electrónicos que el juez ordenó a Eastman que entregara se encuentran mensajes que le envió el abogado personal de Trump, Rudy Giuliani, recomendando que Mike Pence, entonces vicepresidente, anulase las elecciones y diseñara un plan de acción diario que condujera hasta el 6 de enero.

El Comité creado por la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, asegura haber hallado pruebas que demuestran que Trump, Eastman y otros aliados de la causa del exmandatario podrían ser potencialmente acusados con cargos criminales, incluida la obstrucción de un procedimiento oficial del Congreso y conspiración para defraudar al pueblo estadounidense.

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La comisión investigadora —formada por siete demócratas y dos republicanos— no tiene el poder de presentar cargos penales, pero sí puede recabar pruebas de un posible delito y recomendarle al Departamento de Justicia que actúe. Ese departamento lleva una investigación sobre el asalto al Capitolio, pero no ha dado ninguna indicación pública de que esté considerando iniciar un caso penal contra Trump.

Eastman es una figura central en la investigación del comité de la Cámara, ya que escribió dos informes legales argumentando que el entonces vicepresidente Mike Pence tenía la autoridad para rechazar unilateralmente los votos electorales o retrasar su recuento. Esto podría haber abierto la puerta a que las cámaras estatales lideradas por republicanos votaran por Trump, a pesar de que más votantes lo hicieron por Joe Biden, y dar así la vuelta al resultado electoral del 3 de noviembre.

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Unos trabajadores destruían armamento químico, en 2017 en Kizner (Rusia).
Unos trabajadores destruían armamento químico, en 2017 en Kizner (Rusia).Ministerio de Industria y Comercio de Rusia

Las advertencias de distintos líderes occidentales sobre un posible uso de armas químicas en la guerra en Ucrania se han sucedido en los últimos días. La retórica del Kremlin, sumada a las enormes dificultades que el Ejército ruso está teniendo para tomar el control de los centros urbanos, inquieta a la OTAN. No hay evidencias de que las Fuerzas Armadas de Rusia hayan utilizado alguna vez sustancias químicas para atacar a una población civil, aunque el régimen sirio, al que protege con una decisiva intervención militar desde 2015, sí ha hecho uso de ellas en múltiples ocasiones en la última década. Oficialmente, Moscú acabó de destruir hace casi cinco años todo el arsenal químico y biológico heredado de la Unión Soviética.

El pasado día 11, Vasili Nebenzia, el embajador ruso ante Naciones Unidas, acusó a Estados Unidos y a Ucrania de haber estado intentando desarrollar armas biológicas en laboratorios ucranios. “El objetivo era estudiar la posibilidad de propagar los patógenos de peste, ántrax y cólera a través de pájaros, murciélagos y personas”, dijo el diplomático. En los días siguientes, el primer ministro británico, Boris Johnson, el canciller alemán, Olaf Scholz, y el presidente polaco, Andrzej Duda, alertaron de que las acusaciones infundadas de Moscú —“majaderías”, según la embajadora estadounidense ante la ONU, Linda Thomas-Greenfield— podrían servir de base para un ataque químico que intentarían camuflar como una operación de falsa bandera al atribuir la responsabilidad al Ejército enemigo. “Es una señal clara de que [el mandatario ruso, Vladímir Putin] está sopesando el uso de ambas (armas químicas y biológicas)”, sostuvo Joe Biden, el presidente de EE UU.

Hanna Notte, investigadora del Centro de Viena para el Desarme y la No Proliferación, apunta que en caso de se produjera un ataque químico, probablemente sería demostrable la responsabilidad de Rusia, pero “no es algo que parezca preocupar al Kremlin, que presentaría una narrativa radicalmente distinta a su población”.

Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, destacó el jueves que un ataque químico ruso en Ucrania “cambiaría enormemente la naturaleza del conflicto”. Biden hizo el mismo día en Bruselas unas declaraciones ambiguas: “Responderemos si él [Putin] las usa, y la naturaleza de esa respuesta dependerá de la naturaleza del uso”. Notte considera que afirmaciones como la de Biden reflejan que los países occidentales “no tienen buenas opciones para disuadir a Rusia de emplear armas químicas. Descartada la intervención militar, solo les queda imponer sanciones aún más duras a Moscú e intensificar su aislamiento internacional”.

En 2012, Barack Obama, entonces presidente de EE UU, trazó la línea roja de una intervención militar en Siria en el uso de armas químicas por parte del régimen de Bachar el Asad. Un año después, centenares de civiles murieron asfixiados tras un ataque del Ejército sirio con gas sarín en Guta, un suburbio de Damasco. La reacción anunciada por Obama nunca llegó. Durante el mandato de su sucesor, Donald Trump, sí hubo dos respuestas militares a dos ataques químicos, en 2017 por el de Jan Sheijún y en 2018 —en coordinación con París y Londres— por el de Duma, que se limitaron al lanzamiento de misiles contra supuestos centros de desarrollo o almacenamiento de armas. Esos proyectiles tampoco alteraron el curso de la guerra en Siria. “Como mínimo, Rusia hizo la vista gorda al uso de armas químicas por parte de El Asad y no le instó a dejar de hacerlo”, señala Notte.

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Un hombre sostenía el cuerpo de un niño muerto entre los cadáveres envueltos en sudarios, en 2013 en Guta, en la periferia de Damasco.
Un hombre sostenía el cuerpo de un niño muerto entre los cadáveres envueltos en sudarios, en 2013 en Guta, en la periferia de Damasco.REUTERS

Las armas químicas están prohibidas por un tratado ratificado por todos los miembros de la ONU salvo Egipto, Israel, Corea del Norte y Sudán del Sur. Las sustancias vetadas son de distintos tipos: algunas afectan al sistema respiratorio o a la circulación sanguínea, otras como el gas mostaza queman la piel y dejan ciegas a las personas, mientras que las más letales suelen ser las que dañan el sistema nervioso. Dan Kaszeta, investigador asociado del Royal United Services Institute (RUSI), ve poco probable que Rusia use armas químicas en Ucrania. El experto cree que “históricamente no han sido demasiado efectivas para lograr objetivos militares”; sin embargo, no descarta que se puedan usar armas convencionales contra plantas industriales que almacenen sustancias tóxicas.

En la reunión de la OTAN del pasado jueves se acordó el envío a Ucrania de material para contrarrestar un hipotético ataque químico, biológico o nuclear. Paul Walker, vicepresidente de la Asociación para el Control de Armas y director de la organización ambientalista Cruz Verde Internacional, explica que los instrumentos que pueden mandar los aliados para mitigar los efectos de un ataque químico son “máscaras antigás, guantes, agujas hipodérmicas para inyectar atropina (un antídoto) y, en el mejor de los casos, trajes de protección individual”. Stoltenberg anunció que también se había dado la orden de activar “las defensas [contra armamento químico, biológico y nuclear] de las fuerzas desplegadas en los países del este de la Alianza”. Daniel Gerstein, investigador de la Corporación RAND, detalla que los instrumentos a los que se refería el noruego incluyen sensores y vehículos con capacidad de identificar y tomar muestras ambientales. Gerstein añade que las herramientas para detectar ataques biológicos —en los que lo que se propaga es un patógeno, como un virus, una bacteria o un hongo— son más limitadas que las diseñadas para casos de ataques químicos.

La Unión Soviética creó en los años setenta una gigantesca agencia de armamento biológico—llamada Biopreparat— que llegó a tener más de 30.000 trabajadores. En enero de 1993, apenas 12 meses después de la disolución de la URSS, Rusia firmó la Convención sobre las Armas Químicas, que entró en vigor en 1997. Moscú declaró entonces que almacenaba unas 40.000 toneladas de armas con sustancias ilegalizadas tras la ratificación del tratado y se comprometió a su completa eliminación.

La Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) verificó en octubre de 2017 que Rusia había destruido todo su arsenal químico. Y el Kremlin puso en marcha su maquinaria de propaganda. En una ceremonia televisada, Putin, junto a un representante de la OPAQ, se presentó como un defensor de la paz y de la legalidad y el orden internacional, y criticó a Estados Unidos por no haber destruido aún por completo todo su armamento declarado.

Un mes después, Moscú vetó en el Consejo de Seguridad la extensión del mandato del órgano de expertos encargados de determinar la responsabilidad por los ataques con armas químicas en Siria, un mecanismo conjunto de la ONU y la OPAQ que se había puesto en marcha en 2015 con el respaldo de todas las potencias.

En marzo de 2018, cuando aún no se había cumplido medio año desde la última inspección de la OPAQ en territorio ruso, Serguéi Skripal, un antiguo agente doble al servicio del espionaje británico, y su hija Yulia fueron envenenados en la ciudad inglesa de Salisbury con algún compuesto de la familia novichok, un grupo de agentes nerviosos de fabricación soviética y cuya posesión Rusia jamás ha admitido. Moscú negó tajantemente cualquier relación con el suceso, pero Londres acusó al Kremlin e identificó a dos ciudadanos rusos como los responsables. Skripal y su hija sobrevivieron tras pasar varias semanas inconscientes, pero casi cuatro meses después una mujer y un hombre se contagiaron con la misma sustancia a través de un frasco de perfume que se habían encontrado en un parque a 13 kilómetros de Salisbury; ella murió 10 días después.

Unos policías recogían muestras tras el envenenamiento de los Skripal, en Salisbury en marzo de 2018.
Unos policías recogían muestras tras el envenenamiento de los Skripal, en Salisbury en marzo de 2018.Ben Stansall (AFP)

Alexéi Navalni, el principal opositor de Putin, también fue envenenado con novichok, en agosto de 2020. Tras ser ingresado en un hospital de la ciudad siberiana de Omsk, fue trasladado a Berlín en estado de coma inducido. Navalni regresó a Moscú en enero del año pasado y fue detenido nada más aterrizar por haber incumplido los términos de su libertad condicional, impuesta tras la suspensión de una pena de prisión. El pasado martes fue condenado por un tribunal de Moscú a nueve años de cárcel por “fraude a gran escala”.

Los casos de Skripal y Navalni, sin embargo, fueron meros intentos de asesinato, no acciones de guerra indiscriminadas. Sí hubo una ocasión en la que el Gobierno de Putin autorizó un ataque químico a mayor escala, pero fue en una situación crítica que guarda poca relación con el escenario en Ucrania. En octubre de 2002, durante la segunda guerra de Chechenia, un comando de terroristas caucásicos se encerró en un teatro moscovita con 850 rehenes. Tres días después, minutos antes de que las fuerzas especiales asaltaran el recinto, se bombeó una sustancia química (nunca se esclareció cuál) por el sistema de ventilación con la finalidad de anestesiar a los secuestradores. Al menos 130 civiles murieron por la inhalación del gas.

En la guerra en Ucrania, en la que la población de las ciudades sitiadas por las tropas invasoras como Mariupol o Chernígov resiste los continuos bombardeos sin gas ni electricidad y sin apenas agua ni alimentos, Walker opina que las armas químicas podrían ser efectivas como “un arma de terror contra los civiles”. El experto incide en que los ciudadanos que resistan en refugios subterráneos, agotados física y psicológicamente, podrán sentirse relativamente protegidos de las explosiones y la artillería enemiga, pero no de los gases que provocan muertes agónicas.

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La isla de San Andrés, Colombia, en diciembre de 2020.
La isla de San Andrés, Colombia, en diciembre de 2020.Anadolu Agency

Un turista italiano ha muerto este viernes víctima del ataque de un tiburón en la isla de San Andrés, en pleno mar Caribe colombiano. El hombre se bañaba cuando el escualo se le acercó y le mordió en la pierna derecha a la altura del muslo. Aunque consiguió escapar en un primer momento y llegó al hospital con signos vitales, finalmente murió a causa de la gran cantidad de sangre perdida.

Un portavoz de la Gobernación de San Andrés asegura que este tipo de ataques no son nada frecuentes. La zona, conocida turísticamente como La piscinita, cuenta precisamente con sus aguas cristalinas como uno de sus principales atractivos de cara a los turistas. El lugar está repleto de hoteles y de centros de buceo. “Hay hasta planes de buceo con profesionales en el que se pasa cerca tiburones, pero nunca ha pasado nada. Tal vez podría tratarse de una especie visitante”, aseguran desde la Gobernación.

Mirla Zambrano, una mujer de 50 años que desde hace 30 es buzo certificada y trabaja en un centro de la zona, no sale de su asombro: “Todos estamos muy sorprendidos. Es la primera vez que en San Andrés un tiburón ataca a un turista”, asegura.

Con lo que normalmente se encuentran los turistas en la zona, relata Zambrano, es con pequeños peces y grandes corales. “Me he sentido muy seguro toda la semana. Hice un curso de buceo y lo que más vi fueron muchos peces espada, mantarrayas y corales”, asegura Francisco Aguado, un turista español de 27 años que se encuentra estos días visitando la zona.

En redes sociales circula un video en el que se puede ver a dos tiburones tigre en aguas poco profundas del sur de San Andrés, cerca a la playa en donde se encontraba nadando el turista. “Se trata de dos tiburones tigre (Galeocerdo cuvier) de gran tamaño, cuya identificación fue confirmada por expertos a nivel nacional. Esta es una de las especies con gran distribución en los países del Gran Caribe que suele permanecer en aguas profundas durante el día y se alimentan en aguas someras durante la noche. Existen reportes de esta especie en todo el archipiélago. Sin embargo, es poco frecuente verlos durante el día”, explican las autoridades en un comunicado.

Personas sacan a turista de la playa después de qué un tiburón lo atacara. El 18 de marzo de 2022
Personas sacan a turista de la playa después de qué un tiburón lo atacara. El 18 de marzo de 2022rrss

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Por lo ocurrido, se recomienda a los bañistas no ingresar durante estos días al mar. Los tiburones se encuentran en su hábitat, explica el comunicado, y son los humanos quienes les perturban. Según esta fuente oficial, un residente de la zona advirtió a la gente de la presencia de los tiburones antes del ataque.

Por otra parte, los expertos han recordado en las últimas horas que de las 500 especies de tiburones conocidas, solo unas pocas han atacado alguna vez a seres humanos. “En cambio, 100 millones de tiburones son pescados cada año: su carne y sus aletas son los productos más comercializados”.

En Colombia, al menos 10 especies se encuentran en peligro, según se explica en el Libro rojo de peces marinos. “La inmensa biodiversidad en el Archipiélago de San Andrés siempre ha llamado la atención de quienes se dedican a la pesca ilegal en la isla”, indica el Fondo Mundial para la Naturaleza. Por esta razón, el Ministerio de Medio Ambiente prohibió completamente la pesca de tiburones y rayas en 2017.

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El expolicia Mauricio R fue el presunto responsable de asesinar a Tatiana, la cajera de complejo bancario

La tragedia se habría desencadenado en un presunto caso de celos. Tatiana tenía 38 años de edad y Mauricio 45.

Noticias Pasto.

Luego de conocerse la muerte de dos personas dentro de un complejo bancario en el sector de Champagnat de Pasto, autoridades revelaron las identidades de las víctimas.

Se trata de Mauricio R. de 45 años de edad y Tatiana R. de 38.

De acuerdo con algunas versiones preliminares, los hechos al parecer se habrían presentado por celos.

Señalan que el presunto responsable sería un expolicía, mientras que la mujer laboraba en la entidad bancaria en donde fue atacada.

Al parecer, el sindicado habría llegado minutos antes que los funcionarios cerrarán el banco.

Se intuye que luego de un intercambio de palabras con la mujer, el expolicía sacó su arma y le propinó varios impactos de bala.

Acto seguido, el hombre nuevamente desenfundó su arma y se autolesionó.

Minutos después, al sitio arribó personal del Cuerpo Técnico de Investigación del CTI  de la Fiscalía, quienes se encargaron de realizar la inspección del lugar y el reconocimiento de los cuerpos.

Noticia relacionada:

Conmoción en Pasto: hallaron a dos personas muertas dentro de establecimiento bancario de Champagnat



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La OTAN ha advertido este martes de que Rusia podría estar preparando un ataque químico contra Ucrania y que el presidente ruso, Vladímir Putin, intentaría camuflarlo como una operación de falsa bandera, es decir, que intentaría atribuirlo a Kiev. El aviso llega en el vigésimo día de la invasión rusa del país vecino y refleja la inquietud occidental ante un recrudecimiento de la ofensiva a la vista de que Moscú no logra imponerse sobre el terreno. El secretario general de la Alianza Atlántica, Jens Stoltenberg, ha advertido de que Rusia pagará “un precio muy alto” si consuma el ataque biológico, pero se ha negado especular sobre una posible respuesta militar por parte de los aliados.

Stoltenberg ha recordado que Putin ya ha demostrado varias veces que está dispuesto a usar armas químicas para eliminar a sus rivales u opositores. Y que ayudó al régimen de Bachar el Asad a lanzar ataques químicos en Siria contra su propia población. El primero de ellos constatado, el 21 de agosto de 2013, provocó 1.400 muertos en el este de Damasco en un bombardeo con gas sarín. Desde entonces, Asad ha lanzado unos 50 ataques químicos, según estimaciones del Gobierno de EE UU.

La OTAN teme que Putin repita ahora en Ucrania el mismo sistema de ataque devastador que en Siria. Y que la estrategia incluya armas químicas, a pesar de estar prohibidas por tratados internacionales suscritos por Moscú, aprovechando como excusa el bulo difundido en los últimos días sobre la presencia de armas químicas o nucleares en el bando ucranio.

“Desde hace meses hemos sacado a la luz la larga lista de mentiras de Rusia”, ha señalado Stoltenberg en una rueda de prensa previa a la reunión extraordinaria que los ministros de Defensa de la OTAN celebrarán este miércoles en Bruselas. “Dijeron que no planeaban invadir Ucrania y la invadieron. Dijeron que estaban retirando tropas y enviaron más. Dijeron que estaban protegiendo a los civiles y están matándolos”, ha enumerado Stoltenberg antes de lanzar su dramática advertencia.

“Absurdas afirmaciones sobre laboratorios biológicos en Ucrania”

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“Ahora hacen absurdas afirmaciones sobre laboratorios biológicos y armas químicas en Ucrania, lo cual no es más que otra mentira”, ha acusado el dirigente de la OTAN. Y considera que ese aparente infundio es presagio del siguiente movimiento de Putin: “Estamos preocupados porque Moscú podría escenificar una operación de falsa bandera, incluyendo posiblemente armas químicas”.

El riesgo de un ataque con armas químicas en Siria en 2012 llevó al entonces presidente estadounidense, Barack Obama, a advertir que su utilización supondría cruzar una línea roja que provocaría la entrada de EE UU en el conflicto. Pero tras la consumación del ataque en 2013, la Casa Blanca no cumplió la amenaza y optó por buscar un entendimiento por la vía diplomática.

El secretario de Estado estadounidense en aquel momento, John Kerry, y el ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, alcanzaron un acuerdo que preveía el recuento, inspección, control y eliminación de las armas químicas del régimen de Asad. El pacto fue, en realidad, el comienzo de un uso frecuente de esas armas que ha continuado hasta la fecha.

El ala de la OTAN más dura con Moscú, con Polonia al frente, también considera ahora que el uso de armas químicas en Ucrania debería marcar un punto de inflexión en la implicación de Occidente en el conflicto. Pero Stoltenberg se ha negado este martes a especular sobre un posible salto cualitativo más allá de redoblar la presión política y económica sobre Putin.

“Rusia pagará un precio muy alto”, ha asegurado el secretario general de la Alianza. Pero ha preferido “no especular sobre una posible respuesta militar por parte de la OTAN”.

La OTAN ha evitado hasta ahora cualquier intervención directa en Ucrania por temor a provocar una escalada que, según los líderes de ambos lados del Atlántico, podría desencadenar una tercera guerra mundial con arsenales nucleares al alcance de los dos bandos. Ese riesgo ha llevado a los aliados occidentales a no declarar una zona de exclusión aérea, como reclama el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, para evitar los ataques aéreos rusos.

La Alianza tampoco quiere verse implicada en la guerra por un ataque ruso, fortuito o deliberado, que golpee a alguno de los aliados (Polonia, Eslovaquia, Hungría y Rumanía) que son limítrofes con Ucrania. El ataque del pasado domingo contra una base militar ucrania a solo 25 kilómetros del territorio polaco ha llevado a la OTAN a extremar la vigilancia para evitar un percance irreversible.

Stoltenberg ha alertado del riesgo de que dada la proximidad de los ataques rusos “se produzca un accidente o un incidente”. Y ha abogado por “reforzar la vigilancia, nuestra reacción y mantener abiertas las líneas de comunicación [con Moscú] para evitar que un incidente pueda provocar una espiral fuera de control”.

El riesgo de un roce imprevisto entre fuerzas aliadas y rusas parece llamado a aumentar porque los ministros de Defensa preparan a partir de este miércoles un replanteamiento de las posiciones defensivas de la Alianza, para concentrar mayores recursos aún en el flanco oriental. “La invasión rusa de Ucrania y la integración militar de Bielorrusia crean una nueva realidad en la seguridad del continente europeo”, ha sentenciado Stoltenberg.

La nueva realidad incluye el rearme acelerado de Alemania, que ha anunciado una inyección de 100.000 millones de euros en su presupuesto de defensa, y la llegada masiva de tropas estadounidenses a un continente del que se estaban retirando. Los datos de la OTAN indican que ya hay 100.000 soldados estadounidenses en Europa, una cifra que no se alcanzaba desde 2007 y que supera en 40.000 al contingente que había a finales de 2021.

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El primer ministro de Polonia, Mateusz Morawiecki, aseguró este lunes que el ataque de la víspera contra una base militar en el oeste de Ucrania ―situada a apenas 25 kilómetros de su país― tenía como objetivo “generar pánico” entre la población. Una de las personas a las que bien podría referirse es Beata Wozoszyn, que llenaba el depósito de su coche en la localidad polaca de Lubaczow, a 13 kilómetros de la frontera con Ucrania. Lo hace a diario desde que empezó la guerra para escapar lo más lejos posible sin repostar en caso de que Vladímir Putin también ataque su país.

“Queremos vivir normal, pero la situación es anormal. La gente compra menos estos días porque está ahorrando. Los precios han subido y nadie sabe lo que pasará mañana”, asegura Wozoszyn en la panadería en la que trabaja en Lubaczow, donde la edad media de sus alrededor de 12.000 vecinos y las imágenes de Juan Pablo II recuerdan que se trata del sudeste polaco: tradicional, religioso, avejentado y feudo de Ley y Justicia (PiS), el partido ultraconservador en el poder.

Wozoszyn cuenta que tiene “mucho miedo” desde el principio del conflicto y que solo una vez antes en sus 49 años de vida ―cuando el fin del periodo comunista disparó el desempleo en los años noventa― había pensado en dejar su país. El bombardeo del domingo, que causó al menos 35 muertos, le ha hecho replantearse por qué se queda, más aún con sus tres hijos emancipados ya en otras partes de Polonia.

Beata Wozoszyn, en la panadería en la que trabaja en Lubaczow, este lunes.
Beata Wozoszyn, en la panadería en la que trabaja en Lubaczow, este lunes. MASSIMILIANO MINOCRI

El miedo de Wozoszyn es ―a juicio del primer ministro polaco― justo lo que Moscú quería cuando decidió bombardear tan cerca de un país miembro de la UE y de la OTAN. “Un ataque con misiles a solo 20 kilómetros de nuestra frontera muestra cómo opera Rusia. Quiere generar pánico entre la población civil”, dijo este lunes Morawiecki en una conferencia de prensa conjunta con sus homólogos de Lituania, Ingrida Simonyte, y Ucrania, Denys Shmyhal. Era una reunión del conocido como Triángulo de Lublin, una alianza regional inspirada en la Mancomunidad polaco-lituana creada en el siglo XVI. La conferencia de prensa se convirtió en escaparate de la línea dura contra Moscú que abandera Polonia.

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Morawiecki acusó a Rusia de efectuar una “masacre” en Ucrania y de emplear los recursos naturales “para chantajear” al resto de Europa. Y prometió hacer “todo lo posible” para que Ucrania entre en la UE. Hace una semana, el Consejo de la UE dio el visto bueno a la solicitud de Kiev, en una decisión exprés que se extiende a Moldavia y Georgia, también fronterizas con Rusia. El primer ministro ucranio insistió por videoconferencia en que una zona de exclusión aérea ―que la OTAN rechaza imponer por temor a que agrande y globalice el conflicto― “salvaría miles de vidas”.

Mercado al aire libre en Lubaczow, este lunes.
Mercado al aire libre en Lubaczow, este lunes.MASSIMILIANO MINOCRI

En un país tan políticamente dividido como Polonia, la guerra en Ucrania ha dado una tregua a la brecha. El miedo a ser la siguiente pieza de Putin (pese a la cláusula de defensa mutua de la OTAN) y el aluvión de refugiados (es el país que más ha recibido: 1,7 millones de los 2,8 millones) han dejado las divergencias en segundo plano. Tomasz Siemoniak, ministro de Defensa entre 2011 y 2016 y vicepresidente de la principal fuerza opositora, la Plataforma Cívica de Donald Tusk, ha asegurado este lunes que “la situación es muy grave cuando se produce un ataque masivo con misiles” tan cerca de la frontera polaca. “Es también una señal muy fuerte para nosotros”, ha agregado en una entrevista con Radio Plus.

Una señal que los padres de Daniel Argasinski, Waldemar y Monika, no habían esperado a recibir. El 25 de febrero, en el segundo día de ofensiva rusa, dejaron Lubaczow para instalarse en los Países Bajos, donde Waldemar había trabajado en el pasado. “Mi madre me llama todos los días para decirme que me vaya con ellos”, afirma. Argasinski tiene 25 años y estudia programación en Rzeszow, la principal ciudad del sudeste de Polonia. Al marcharse sus padres, pidió y obtuvo permiso de la Universidad para continuar las clases de manera virtual. “Mi hermano y yo nos hemos quedado a proteger la casa, por si algún ucranio entra a robar”, explica.

Daniel Argasinki, este lunes en Lubaczow.
Daniel Argasinki, este lunes en Lubaczow.MASSIMILIANO MINOCRI

En este pueblo grande de casas bajas, la vida transcurre estos días despacio, pero no apacible. De vez en cuando atraviesa el cielo un helicóptero militar. Los vecinos hablan de falta de productos en los supermercados, en lo que parece una mezcla de desabastecimiento por miedo a un ataque ruso y de ruptura de stock porque los refugiados ucranios (hay un puesto fronterizo a apenas 12 kilómetros) también compran aquí ahora, de paso a otras partes de Europa. “Los primeros tres días de la guerra era imposible repostar en todas las gasolineras. Ahora está cara, pero hay”, asegura Stanislav mientras introduce el surtidor en su moto, justo a la salida de la localidad.

Polonia es uno de los pocos países de la UE que no ha cambiado su moneda, el esloti, por el euro. El empleado de una casa de cambios, que no se quiere identificar, asegura que la demanda de euros y dólares por los lugareños ha aumentado entre dos y tres veces desde que empezó la guerra. “No es un problema, porque a los pocos minutos suelen llegar ucranios a cambiar su moneda por eslotis y entonces se compensa lo que tengo”, señala.

Calma

En las conversaciones, varias personas usan la expresión “cuando Putin ataque Polonia”, en vez de “si Putin ataca Polonia”, pero el alcalde, Krzysztof Szpyt, llama a la calma y se muestra más preocupado por el “riesgo de imprecisión” que conlleva todo bombardeo en el país vecino que por un “ataque directo”. “En la guerra moderna, la verdad, no cambia tanto un bombardeo a 10 kilómetros o a 50 […] La OTAN nos da sensación de seguridad y no queremos extender el pánico”, añade Szpyt, del PiS, en su despacho del Ayuntamiento.

Krzysztof Szpyt, alcalde de Lubaczow, en el Ayuntamiento, este lunes.
Krzysztof Szpyt, alcalde de Lubaczow, en el Ayuntamiento, este lunes.MASSIMILIANO MINOCRI

A Jan, en cambio, el paraguas de la Alianza Atlántica no le da mucha confianza. “Nuestro país tiene la experiencia de dos guerras mundiales en las que Europa dijo que nos ayudaría y en el momento de la verdad se quedó de brazos cruzados”, afirma este policía de 53 años tras ojear las esquelas en el tablón de la iglesia. Tampoco a Stanislav, que no quiere dejar de nuevo su país tras 14 de sus 55 años como trabajador de la construcción en Noruega. Menos ahora, que le gusta “mucho” el Gobierno ultranacionalista. Considera que el principal problema de Polonia en esta crisis es que carece de armamento nuclear y que “Putin ve débil a Europa por culpa de la izquierda”, que “ha hecho creer que dos o tres hombres, o dos o tres mujeres, son una familia, y no solo amigos”.

Como buen lugar de frontera, las conexiones del pasado con Ucrania llegan al presente. Czestawa Polinska tiene 86 años y hace la señal de la cruz mientras recuerda cómo bajaba de niña a los búnkeres y se ocultaba en los bosques con sus padres durante la II Guerra Mundial. “La gente de Rusia trató de matarnos, a mí y a mi familia”, dice sobre la invasión soviética de esa zona, acordada con los nazis en el pacto Ribbentrop-Molotov. Desde que empezó la guerra en Ucrania reza cada día en las anexas concatedral de San Estanislao e Iglesia del Mártir “para que Dios proteja a Polonia”.

Czeslawa Polinksa, frente a la concatedral de Lubaczow, este lunes.
Czeslawa Polinksa, frente a la concatedral de Lubaczow, este lunes.MASSIMILIANO MINOCRI

Si un lugar tan pequeño tiene una concatedral, cuya cruz se observa sobre el resto de edificios en el centro histórico, es porque allí fue trasladada en 1946 la sede del arzobispado después de que Lviv, que era parte de Polonia, quedase encuadrada en la URSS. Es justo la ciudad ucrania más cercana al bombardeo del domingo. El papa Karol Wojtyla visitó cinco veces la iglesia de Lubaczow, la última en 1991, ya como Juan Pablo II. En su interior están expuestos el solideo, anillo y rosario que regaló al templo. Cuesta ver iglesias en los alrededores sin imágenes o esculturas del fallecido papa polaco.

Aunque los polacos se han volcado con los refugiados ucranios, algunos habitantes de la zona no los ayudan porque el Ejército Insurgente Ucranio asesinó en esta zona y en la Galicia oriental durante la II Guerra Mundial a decenas de miles de sus antepasados. Un anuncio de Tax Free en un supermercado Lidl recuerda que, hace apenas tres semanas, bastantes ucranios cruzaban a comprar porque, tras la devolución de una parte del IVA, les salía a cuenta. Tal es la conexión que, a Argasinski, sus amigos en Rzeszow le dicen en burla que vive en Ucrania.

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Su imagen tumbada en una camilla, ensangrentada, con la mirada perdida y en shock, agarrándose la tripa de un avanzado estado de embarazo dio la vuelta al mundo y se convirtió en la cara más terrible de la guerra en Ucrania. La mujer había sobrevivido al ataque ruso contra el hospital materno infantil de Mariupol, en el sureste de Ucrania, que se produjo el pasado miércoles, y estaba siendo trasladada de urgencia a otro centro hospitalario. Este lunes, según publica la agencia The Associated Press, se ha conocido que tanto ella como su bebé han muerto.

Pese a los esfuerzos de los servicios de emergencia que la trasladaron a otra instalación sanitaria, no se pudo hacer nada. En este segundo hospital, cerca de la línea de combate entre ucranios y rusos, un equipo de médicos, según el relato de AP, trataron de mantenerla viva. El cirujano Timur Marin le ha relatado a la agencia estadounidense que la mujer tenía la pelvis destrozada y la cadera dislocada. Fue entonces cuando realizaron una cesárea de urgencia, pero el bebé nació “sin signos de vida”. Cuando la mujer fue consciente de que iba a perder al bebé gritó: “Matadme ahora”.

La madre murió tras más de 30 minutos de intentos por reanimarla, ha dicho Marin a AP que ha asegurado que no pudieron identificarla en mitad del caos que se produjo tras el bombardeo al hospital de Mariupol donde murieron tres personas, entre ellas una niña, y resultaron heridas otras 17. El padre y marido de la mujer han ido a recoger los restos mortales al hospital. “Por lo menos alguien ha venido y no ha acabado en la fosa común de la ciudad”, han dicho los médicos.

El bebé que nació de las ruinas

Mariana Vishegirskaya, tras dar a luz el pasado 11 de marzo en otro hospital de Mariupol.
Mariana Vishegirskaya, tras dar a luz el pasado 11 de marzo en otro hospital de Mariupol.Evgeniy Maloletka (AP)

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Mariana Vishegirskaya, una joven de 19 años, es la otra cara visible de esta tragedia. Ella consiguió salir andando del hospital de Mariupol. También ensangrentada y aturdida fue trasladada a otro centro donde el pasado viernes, dos días después del ataque, dio a luz a su hija Veronika, superviviente como su madre de las bombas.

Cuando comenzó a circular la imagen de Mariana Vishegirskaya en el hospital, bajando por una escalera entre escombros y con una bolsa de plástico en la mano, la Embajada de Rusia en el Reino Unido reaccionó afirmando que era un montaje y que la mujer de la foto era una influencer llamada Marianna Podgurskaya. Sostuvo Rusia que la habían maquillado para parecer una víctima y que la fotografía era una puesta en escena. Twitter eliminó las dos publicaciones de la Embajada de Rusia en las que se afirmaba que las imágenes compartidas por el Gobierno ucranio del bombardeo ruso de un hospital eran un montaje. El ministro de Exteriores ruso, Serguei Lavrov, dijo tras el bombardeo del materno-infantil de Mariupol que era la base de un supuesto batallón ucranio neonazi.

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Liubov aún no entiende cómo pudo sentir, desde el búnker de su edificio, la vibración del bombardeo ruso contra una base militar en la localidad ucrania de Yavoriv, a solo 25 kilómetros de Polonia, que ha causado este domingo al menos 35 muertos. Entonces estaba a cuatro metros bajo tierra en Solonka, un suburbio meridional de la ciudad de Lviv, en el oeste de Ucrania. Dos horas después, ella y sus tres hijos, de 10, 14 y 19 años, ya habían hecho las maletas y se habían coordinado con una vecina para huir hacia la frontera más cercana, la polaca, a menos de dos horas en coche. A las 14.00, hora polaca (una menos que en Ucrania), cruzaban el paso fronterizo de Budomierz-Hruszow para sumarse a los 1,65 millones de refugiados ucranios en Polonia y descansar en una carpa de emergencia con colchones, calefacción y una bombilla. El estruendo no solo conmocionó a la localidad ucrania afectada; al otro lado de la frontera, en territorio polaco, se sintieron con fuerza las explosiones. “Sentíamos que todo temblaba, que seguramente serían bombas. El cielo estaba todo rojo y nos hemos dicho ‘es demasiado cerca, no es posible”, relata la francesa Sreemati, que estaba a cinco kilómetros del paso por la parte polaca. El estruendo también despertó a la alemana Mona Gehring en una furgoneta camperizada cerca de Budomierz, en el lado polaco de la linde: “Pude sentir la explosión. La verdad es que dio mucho miedo”.

“Al principio no sabía lo que pasaba. Preguntaba a los demás ‘¿lo has sentido?’ Cuando subimos, los colegas nos dijeron que habían visto fuego. Dos días antes había ido allí a llevar ayuda médica uno de nuestros colegas”, señala Gehring, seguidora ―como Sreemati― de Mata Amritanandamayi, una gurú india conocida por sus abrazos y generalmente llamada Amma (madre), palabra que lleva impresa en el abrigo.

En Ucrania, el ataque despertó a Liubov sobre las seis de la mañana. “Me asusté mucho. Me cubrí la cabeza y me puse de cuclillas instintivamente”, asegura esta mujer de 38 años, que prefiere no dar su apellido por “miedo a Vladímir Putin”.

La zona en la que residen ha sido una de las más tranquilas para un país en guerra y allí se han refugiado desplazados procedentes de las más castigadas Kiev o Járkov. El pasado viernes, las fuerzas rusas ya bombardearon por primera vez dos ciudades del oeste, Lutsk e Ivano-Frankivsk. Las dos están a entre 100 y 150 kilómetros de la casa a la que Liubov quiere “volver y dormir en paz”. “No nos fuimos hasta hoy porque esperábamos que todo fuese bien y Putin entrase en razón. Amamos Odesa y Kiev [por la resistencia a la ofensiva] pero lo vemos como que está allá”, asegura. “Detrás de nosotros, en la cola [del paso fronterizo] había muchos bebes de dos o tres meses. No te imaginas cómo nos están presionando para que dejemos nuestra querida Ucrania”.

Polonia, el país miembro de la UE y la OTAN que ha recibido más del 60% de los 2,7 millones de refugiados en los países limítrofes, es uno de los abanderados de la línea dura contra Rusia. Su presidente, Andrzej Duda, ha advertido de que “cambiaría la situación” si Moscú utilizase armas químicas en Ucrania, en una entrevista a la BBC difundida este domingo.

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Refugiados ucranios en el lado polaco del paso fronterizo de Budomierz, este domingo.
Refugiados ucranios en el lado polaco del paso fronterizo de Budomierz, este domingo.MASSIMILIANO MINOCRI

Tres hermanos cruzan juntos la frontera. Con ellos viaja el hijo de la mayor, de seis años. Nadiya tiene 27 años y vive en Lviv. Sus dos hermanos menores, de 15 y 13, en casa de sus padres en Novoiavorivsk, una localidad a apenas quince kilómetros de la localidad que alberga la base militar bombardeada. Al primero, Sasha, le despertó el estruendo. “Oímos una explosión y la casa vibró. Vibró mucho. Vivimos en el sexto y a mi vecino del quinto se le rompió una ventana”, explica mientras sujeta la maleta. Atrás quedan sus padres. “Tenemos cuatro gatos y alguien tendrá que alimentarlos”, dice con sorna antes de explicar que, en realidad, simplemente han querido que sus hijos estén a salvo y unirse luego si la cosa se complica aún más. “La explosión ha sido claramente el punto de inflexión. Pensábamos en irnos, pero es que allí [Novoiavorivsk], la situación estaba tranquila”, añade.

Stas Sagala, su madre y sus dos hermanos menores escapan del mismo sitio y por el mismo motivo. Con una diferencia: no es un padre preocupado por sus hijos, sino un adolescente que quiere combatir, pero aún le faltan dos años para cumplir 18. “Tenemos miedo, es muy peligroso. Yo no quería irme, pero mi madre quería que estuviésemos a salvo. Yo quería proteger mi país”, dice. Justo habían regresado a su domicilio tras dos semanas en una casa de campo que les parecía más segura.

Los seguidores de Mata Amritanandamayi instalan cada día una carpa en la que ofrecen café o té a quienes cruzan y ayudarles con las maletas. Por la noche la recogen y llevan a un hostal unos cinco kilómetros más al interior de Polonia. Allí despertó a Sreemati la explosión: “A las cinco de la mañana [una hora más en Ucrania] hemos oído deflagraciones y mirado por la ventana. Nos costaba creerlo. Sentíamos que temblaba, que seguramente serían bombas. El cielo estaba todo rojo y nos hemos dicho ‘es demasiado cerca, no es posible”. Una vez despierta, ella y sus compañeros se ducharon y prepararon para instalar la carpa: “Hemos pensado: ‘Hoy va a hacer falta reconfortar a la gente”. Solo más tarde se enteraron de que el objetivo era un campamento militar en Ucrania. “En Francia no sabemos qué es algo así. Nunca he oído bombas. Sabemos que hay guerra, pero pensábamos que estaba mucho más lejos. En cualquier caso, sentíamos que no era algo normal”.

Refugiados ucranios tras cruzar el paso fronterizo de Budomierz, este domingo.
Refugiados ucranios tras cruzar el paso fronterizo de Budomierz, este domingo.MASSIMILIANO MINOCRI

El paso de Budomierz es pequeño. Aquí no hay grandes tiendas de campaña, ni hileras de coches atascados en el lado ucranio, ni una sucesión de autobuses y furgonetas descargando refugiados. Tan solo un goteo de personas que cruzan a pie y andan unos centenares de metros, algún autobús aislado y unos pocos vehículos, sobre todo de Cruz Roja, Animal Rescue o con matrícula diplomática. Lo usan sobre todo los ucranios con familiares que les esperan del lado polaco. Cada pocos minutos, una nueva familia se acerca lo más posible a la verja de seguridad mientras habla emocionada por teléfono con quienes se disponen a cruzar.

Es el caso de Natalia Svatovka, una ucrania de 42 años que salió en la noche del sábado de Berlín (nueve horas de trayecto) para asegurarse de que estaría presente cuando llegasen sus padres, de 60 años, y su abuela, de 87. Son de Kiev, pero hace tres días se desplazaron a una aldea próxima a Ivano-Frankivsk pensando que estarían a salvo. “Ya el primer viaje fue difícil para ellos con esa edad, sobre todo para mi abuela, que va en silla de ruedas. No querían irse. Es muy difícil para ellos dejar atrás no solo todo lo que han ido comprando poco a poco, como la casa o el coche, sino también lo que han ido heredando de sus antepasados”, explica junto a una policía polaca de fronteras que vigila el acceso. La acompaña un amigo al que pidió el favor pocas horas antes de salir. Vuelven este mismo domingo porque trabajan al día siguiente en la capital alemana. Los cinco suben al coche y ponen rumbo a la casa de Svatovka en Berlín. Sus padres y abuela vivirán allí “lo que haga falta”, aclara.

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Mientras Ucrania acapara la atención del mundo, los archienemigos de Oriente Próximo siguen intercambiando golpes. Los Guardianes de la Revolución de Irán se han atribuido este domingo el disparo de una docena de misiles balísticos caídos la noche anterior en las proximidades de la futura sede del Consulado de Estados Unidos en Erbil, capital de la región autónoma kurda en el norte de Irak. Un comunicado de la fuerza de élite ideológica del régimen iraní aseguró que el objetivo alcanzado era “un centro estratégico de conspiración y actos diabólicos sionistas”, en alusión a una base del Mosad, el servicio de espionaje exterior de Israel. La nota justificaba el ataque como respuesta “a recientes crímenes del régimen sionista”.

El impacto de los misiles en Erbil se produce una semana después de la muerte de dos guardianes de la revolución en un bombardeo con misiles lanzado por Israel contra instalaciones militares proiraníes en las inmediaciones de Damasco. La aviación israelí lleva a cabo desde hace casi una década ataques en Siria contra las fuerzas afiliadas a Teherán, con el fin de evitar que se afiancen territorialmente en el vecino país árabe y transfieran armas avanzadas, como cohetes con sistema de guiado de precisión, a Hezbolá, el partido-milicia chií contra el que Israel libró una guerra abierta en 2006 en Líbano.

Los misiles balísticos procedentes de Irán impactaron cerca de la nueva sede del Consulado estadounidense en Erbil, según confirmaron fuentes de la Administración del presidente Joe Biden. El Departamento de Estado informó de que el bombardeo no había causado víctimas en sus instalaciones. “Condenamos este ataque intolerable y esta muestra de violencia”, indicó en un comunicado un portavoz del Departamento de Estado. Washington está tratando de cerrar en las últimas semanas un acuerdo para reactivar el pacto nuclear de 2015 con Teherán, dejado en suspenso por el republicano Donald Trump en 2018.

Medios iraníes citados por Efe publicaron una lista de supuestas víctimas en el ataque con misiles. El Gobierno regional del Kurdistán iraquí dio cuenta de un civil herido a causa de las explosiones y de que se habían registrado algunos daños materiales en la futura legación diplomática y en una zona residencial aledaña, sin haber afectado al cercano aeropuerto de Erbil, donde se encuentra una base de la coalición internacional contra el Estado Islámico (ISIS, en sus siglas en inglés). La cadena de televisión local Kurdistan24, cuyos estudios se hallan cerca de la nueva sede consular, publicó en sus redes sociales imágenes de oficinas dañadas, con partes del techo derrumbadas y cristales rotos.

Irak sufre frecuentes ataques con cohetes o drones armados, principalmente contra intereses estadounidenses y las tropas de la coalición antiyihadista internacional, que Washington atribuye a facciones iraquíes proiraníes. El último ataque con cohetes balísticos contra una base de EE UU, sin embargo, se produjo en enero de 2020 tras la muerte del jefe de la fuerza Al Quds de los Guardianes de la Revolución, general Qassem Soleimani, en un ataque estadounidense en el aeropuerto de Bagdad.

El Ejército de Israel, que mantiene la política de no hacer comentarios sobre acciones armadas en el exterior, ha puesto en estado de alerta a sus fuerzas en el norte del país ante la amenaza de ataques de represalia con cohetes o drones lanzados desde Líbano y Siria. “Avisamos al régimen criminal sionista de que la repetición de cualquier acto maligno tendrá consecuencias decisivas y devastadoras”, advertía el comunicado difundido por los Guardianes de la Revolución iraní.

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mujer bala Barranquilla
La policía reportó, que la víctima tiene varias anotaciones judiciales por tráfico, fabricación y porte de arma de fuego de uso privativo de las fuerzas armadas, concierto para delinquir.

Las autoridades le informaron a TuBarco Noticias Caribe, que la mujer que murió, tenía varios registros judiciales en Barranquilla, sin embargo, no está claro si fue víctima de un ataque de sicariato.

Noticias Barranquilla.

En el sur de Barranquilla, en medio de una balacera, una mujer terminó herida y falleció cerca al paradero de bus donde se encontraba, testigos reportaron que escucharon varios disparos, por tanto no está claro si fue un ataque a ella o una balacera indiscriminada.

Los hechos se presentaron en horas de la tarde de este jueves en la Avenida Circunvalar a la altura del Exito Metropolitano. Sur de la capital del Atlántico, cerca al estadio.

Así corría la gente al escuchar la balacera:

Según personas que atestiguaron el hecho, sujetos se enfrentaron se habrían enfrentado entre sí, de manera indiscriminada accionaron las armas de fuego.

Cuando la mujer, identificada como Letty R. D., estaba en el paradero de bus, fue impactada en la cabeza por un proyectil y murió en el lugar de los hechos.

mujer bala Barranquilla
La mujer habría quedado en la mitad de la balacera, fue impactada en la cabeza y murió instantáneamente.

La policía reportó, que la víctima tiene varias anotaciones judiciales por tráfico, fabricación y porte de arma de fuego de uso privativo de las fuerzas armadas, concierto para delinquir.

Lo investigado hasta ahora, es que abría estado en un cartel en el que las autoridades la vinculaban con robo de bancos en Barranquilla en 2018, con la banda ‘Los Champions’.

Por otra parte, cabe resaltar que de lo ocurrido circulan vídeos donde se observan a varias personas corriendo, huyendo de la balacera.

Entre tanto, la Policía Metropolitana de Barranquilla indicó que ya se encuentra adelantando investigaciones para esclarecer los hechos.

Aún no han dado a conocer de manera pública la identidad de la mujer que murió en la balacera.

Al escuchar las detonaciones, transeúntes corrieron para huir de la balacera y evitar resultar impactados

Vale recordar que es la segunda mujer que muere al ser baleada en este jueves, la primera fue alias la “Veneca” en el barrio la Central de Soledad.

Presunto sicariato

Sin embargo, en este caso, si llegaron sujetos en moto y la abordaron en la carrera 4 con calle 67 del vecindario y sin mediar palabras, la ultimaron de varios balazos.

Las autoridades indican que las causas del homicidio obedecería a ajuste cuentas por parte de bandas delincuenciales.

Alias la «veneca»

Señalaron que la hoy occisa pertenecía a los «rastrojos costeños».



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