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Guy Verhofstadt, el jueves en el paraninfo de la Universidad Complutense de Madrid.
Guy Verhofstadt, el jueves en el paraninfo de la Universidad Complutense de Madrid.Claudio Alvarez

Guy Verhofstadt (Dendermonde, Bélgica, 68 años) rebosa energía. Las últimas cinco semanas, las más oscuras de Europa en décadas, han sido de actividad incesante, pero siente que aún tiene mucho por hacer y poco tiempo que perder. Tras una jornada ajetreada en Madrid, el ex primer ministro belga (1999-2008) y líder durante un decenio del grupo liberal (ALDE) en el Parlamento Europeo recibió el jueves a EL PAÍS. Verhofstadt, que además de eurodiputado es copresidente de la Conferencia sobre el Futuro de Europa, no deja de gesticular en ningún momento y aprovecha cualquier instante, incluso mientras atiende las peticiones del fotógrafo, para incidir en que la UE tiene que endurecer las sanciones contra Rusia por la invasión de Ucrania.

Pregunta. Usted publicó la semana pasada un tuit en el que aseguraba que si Rusia acaba teniendo éxito en Ucrania, otro país del este de Europa será el siguiente. ¿Qué le hace estar convencido de ello?

Respuesta. Hace un par de meses todos creíamos que [el presidente ruso, Vladímir] Putin no llegaría a atacar Ucrania. Y nos equivocamos. Estaban en vigor los acuerdos de Minsk y las garantías que se habían aprobado cuando Ucrania se independizó (el Memorándum de Budapest, suscrito en 1994 por Moscú, Washington y Londres), y nada de esto se ha cumplido. La lucha de Ucrania es una lucha por Europa, por el camino que escogieron en 2014 con el acuerdo de asociación con la UE, que tuvo un clarísimo respaldo de la población, incluso entre los rusófonos. Creo que la guerra no tiene realmente nada que ver con la protección del idioma; lo que le preocupa a Putin es tener otro país democrático y proeuropeo en sus fronteras. Por lo tanto, si ha invadido Ucrania, creo que es posible que de aquí a un tiempo pudiera ir, por ejemplo, a por los bálticos, países con minorías de habla rusa.

P. El rublo se está recuperando mientras los países comunitarios pagan unos 700 millones de euros diarios por la importación de gas y petróleo ruso. ¿Son suficientes las sanciones impuestas por la UE?

R. No, no, claramente no. No podemos seguir financiando la guerra de Putin. Tenemos que imponer ya un embargo temporal al gas, al petróleo y al carbón ruso. Y las sanciones no deben afectar únicamente a los oligarcas, que están trabajando con sus abogados en cómo esquivarlas, sino que han de incluir a la segunda capa de la élite rusa, como a algunos alcaldes o funcionarios. Nuestra primera reacción tras la invasión fue buena, luego nos ha frenado la falta de unanimidad.

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P. ¿Y cuál es la solución para terminar de la noche a la mañana con la dependencia de los hidrocarburos rusos?

R. Aumentarían todavía más los precios, pero está terminando el frío y el embargo se levantaría en cuanto terminara la guerra. Si queremos ser solidarios de verdad, tenemos que estar dispuestos a sufrir las consecuencias de las sanciones. EE UU ha vetado la importación de petróleo ruso y acaba de anunciar que sacará al mercado un millón de barriles diarios procedentes de sus reservas. Mientras tanto, nosotros estamos hablando de planes para acabar con la dependencia energética rusa en cinco o 10 años, pero eso ahora no sirve de nada; lo que hace falta es un embargo temporal y tomar las medidas necesarias para aliviar el impacto en las sociedades europeas.

P. ¿Qué tipo de medidas? ¿La aprobación de otro fondo de recuperación europeo?

R. Probablemente, sí. Hemos de convertir en permanente la capacidad fiscal que se alcanzó con la respuesta a la pandemia. Es necesario para poder reaccionar a crisis como la actual o las futuras con inversiones rápidas en los sectores afectados y mitigar el impacto en la ciudadanía.

P. Sorprendentemente, Rusia no domina por completo el espacio aéreo y todavía hay pilotos de caza ucranios que están siendo capaces de volar. ¿Puede Occidente hacer más para que se mantenga esa situación?

R. Sí. Comprendo que no se quiera imponer una zona de exclusión aérea, porque supondría una implicación directa de la OTAN, pero entonces tenemos que darles aviones de combate y sistemas de misiles antiaéreos para que puedan defender la existencia de Ucrania.

P. Y al margen de eso, ¿hay que seguir suministrando más armamento?

R. Todo lo que nos pida y necesite Ucrania para poder seguir defendiendo su integridad y los valores europeos.

P. ¿Es el momento de crear unas fuerzas armadas europeas?

R. Hace mucho que llegó el momento de organizar una defensa europea, no contraria a la OTAN, sino como parte de la Alianza. Es un asunto urgente y prioritario. El gasto militar anual de los países de la UE es de unos 240.000 millones de euros y no estamos preparados para protegernos de Rusia, que tiene una inversión de 65.000 millones. Esto se debe, entre otros motivos, a las duplicidades. Y ahora tenemos una buena relación con [el presidente de EE UU, Joe] Biden, pero puede suceder, espero que no, que [Donald] Trump o alguien como él vuelva al poder.

P. ¿Está a favor de crear una vía rápida para que Ucrania se adhiera a la UE?

R. Lo que no comprendo es que tengamos que esperar a que la Comisión elabore un dictamen sobre el ingreso. Son meses perdidos. Creo que hay que comenzar ya las negociaciones formales. Y será un proceso que durará años, porque habrá que llevar a cabo unas cuantas reformas necesarias en un país devastado.

El ex primer ministro belga, tras la entrevista.
El ex primer ministro belga, tras la entrevista.Claudio Alvarez

P. Más de tres millones de ucranios han cruzado a países de la UE huyendo de la guerra. ¿Podrán tener una solución duradera?

R. La intención con la que se está aplicando la directiva europea de protección temporal es que la gente pueda regresar a su país cuando termine la guerra. Creo que es lo correcto, tenemos que ser solidarios con ellos ahora y esperar a que las circunstancias les permitan volver.

P. Rusia y Bielorrusia llevan años aplastando a la oposición política. ¿Puede Bruselas hacer algo más al respecto?

R. Aprobar más y más sanciones. Y creo que tenemos que ser duros con los oligarcas, pero tener una actitud más positiva hacia Rusia en general. Hay millones de europeos que hablan ruso, es un idioma que debemos fomentar. Facilitemos la llegada de estudiantes rusos y bielorrusos, de artistas, de científicos.

P. Hungría está siendo uno de los países más reacios a endurecer las sanciones, además de no permitir que el armamento destinado a Ucrania pase por su territorio. Y algunas normas impulsadas por el Ejecutivo de Viktor Orbán en los últimos años van claramente en contra de los valores esenciales del proyecto europeo. ¿Cómo de relevantes son las elecciones parlamentarias de este domingo?

R. Son cruciales. En la familia europea estamos viendo cómo uno de sus miembros está creando un régimen autoritario y eso es inaceptable. Confiemos en que las elecciones sean libres y justas.

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Las grandes potencias occidentales están tratando de que Rusia deje de participar en el G-20. La UE y EE UU quieren que Moscú se retire temporal y voluntariamente de ese foro surgido a raíz de la última crisis financiera y en el que están, además de los siete países más ricos del mundo, otros como China, Argentina, Brasil, México, Indonesia (que ostenta la presidencia este año), Sudáfrica, Arabia Saudí o India, y en el que España suele participar como uno de los Estados invitados. La ofensiva para aislar al presidente ruso, Vladímir Putin, busca convertir a Rusia en un paria internacional, al margen de los organismos que velan por el orden internacional. Pero en el caso del G-20, los occidentales se han topado con la oposición de China, que defiende la presencia de su aliado ruso, según confirman fuentes europeas.

Desde que Vladímir Putin ordenó la invasión de Ucrania, los países occidentales han tratado de castigar a Rusia en todos los ámbitos posibles sin llegar a la guerra abierta con una potencia nuclear. La primera línea de ataque han sido unas sanciones económicas sin precedentes contra una de las grandes potencias militares del mundo: cortar el acceso a sus bancos al sistema de pagos internacionales, congelación de los activos del banco central fuera de su país, prohibición y congelación de propiedades de los oligarcas que sostienen el régimen ruso y de sus propios líderes, como Putin. La otra consiste en apoyar el esfuerzo bélico de Ucrania enviando armas y dinero. La tercera se despliega en el campo diplomático y foros internacionales.

El primer paso fue una resolución en la Asamblea General de Naciones Unidas condenando la invasión que logró un apoyo muy amplio. La condena se aprobó con el voto a favor de 141 de los 193 miembros de la Asamblea y con solo cinco votos en contra (Bielorrusia, Corea del Norte, Eritrea, Rusia y Siria). Pero nada menos que 35 países se abstuvieron, incluidos tres miembros del G-20: China, India y Sudáfrica.

Pekín mantiene desde el momento de la invasión una actitud ambigua que inquieta cada vez más a los occidentales. La abstención en la ONU (tanto en el Consejo de Seguridad como en la Asamblea) se interpretó como un gesto de distanciamiento hacia Moscú. Pero el Gobierno chino se ha negado después a calificar como guerra o invasión la agresión del Ejército ruso contra Ucrania, ha responsabilizado del conflicto en parte a los occidentales y ha dado pábulo a los bulos propagados por Putin sobre un supuesto armamento químico en manos del Gobierno del presidente ucranio, Volodímir Zelenski.

Ante esa posición del gigante asiático, uno de los países europeos partidarios de expulsar a Moscú casi se resignaba y explicaba esta semana que la postura de Pekín convierte esta pretensión en algo muy difícil. Además, tampoco Rusia está por abandonar el foro. De hecho, la agencia Reuters apuntaba estos días que Putin mantiene su intención de acudir a Indonesia a finales de este año, donde se celebrará la reunión.

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Hasta ahora, explican desde uno de los países miembros por derecho del G-20, el funcionamiento y el liderazgo de este grupo suele corresponder a los países del G-7 (Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Alemania, Italia, Canadá y Japón). Ellos se convertirían en el motor de un colectivo más grande —y representativo de todo el mundo— en que hay otros 13 países, Rusia entre ellos, y, además, otros invitados. En esta ocasión, el engranaje habitual se habría puesto en marcha, es decir, la proposición por parte de los países más ricos del mundo, pero habría chocado con la posición de China.

Tampoco parece que vaya a resultar fácil el castigo a Moscú en el FMI y en el Banco Mundial, como anunciaron los países occidentales hace dos semanas, al acabar la cumbre europea en Versalles. “Nos aseguraremos de que Rusia no puede obtener créditos u otros beneficios de estas organizaciones”, advirtió entonces la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Pero el régimen de Vladímir Putin se encuentra al corriente de pago con estos organismos y eso dificultaría mucho dar el paso anunciado.

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