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Foto Concejo de Cali

El terreno donde se construiría el Centro Comercial Marcas Mall, ubicado en la calle 55 con carrera 1 Norte, cumple 9 años en total abandono y a pesar del perjuicio en salud y seguridad que causa a los moradores de la zona norte donde está ubicado, el gobierno distrital solo tomó cartas a partir del año 2019, pero no ha logrado la demolición de la estructura y menos, el encerramiento del lote a pesar que la orden se dio desde 2019 y quedó en firme desde 2021.

Hoy Marcas Mall, es foco de producción de zancudos y otros vectores, además de inseguridad para moradores y transeúntes, manifestaron los Concejales Juan Martín Bravo Castaño y Alexandra Hernández Cedeño quienes citaron un debate de control político al estado de ese predio, con participación de la Secretaría de Salud de Cali, Miyerlandi Torres Agredo.

“Aunque se han adoptado medidas desde la Secretaría de Seguridad y Justicia, el Dagma y Salud, se espera que la construcción se pueda demoler para su encerramiento, como ya se ordenó desde 2019, pero no lo cumplieron los representantes legales de Marcas Mall”, sostuvo Torres Agredo ante la plenaria del Concejo.

“Hay que hacer valer la orden dada desde la Secretaría de Seguridad y Justicia en torno al encerramiento, orden que se da en agosto de 2019 y queda en firme desde diciembre de 2021”, sostuvo Alexandra Hernández Cedeño.

Pero Bravo Castaño insistió en que tal como lo hizo el gobierno distrital en algunos predios vandalizados durante el paro del 28 de abril, se haga lo mismo con el terreno de Marcas Mall, para evitar que esa obra en abandono siga siendo foco de contaminación y de inseguridad.

“En la zona aumentaron los atracos e incluso han aparecido muertos en ese predio; las luminarias están dañadas por la acción de los habitantes de calle que usan el lote como refugio y lugar para fumar vicio; el abandono es total, la maleza y los arbustos están crecidos, nadie los poda y eso incrementa la percepción de inseguridad, además, el lote está inundando lo que permite la proliferación de zancudos que transmiten el dengue y otras enfermedades graves”, manifestó el Concejal Bravo Castaño.

La Secretaria de Salud de Cali, indicó que la competencia del organismo a su cargo es más de prevención en temas de salubridad, sin embargo, Secretaría como Seguridad y Justicia y el Dagma han hecho la tarea de sanción y control, en busca de demolición y cierre del establecimiento.

“En diciembre de 2021, por aviso se dejó en firme a los propietarios de Marcas Mall, la necesidad de demoler y encerrar ese predio”, anotó la funcionaria.

El control de dengue en esa piscina o lote Marcas Mall, lo hace salud con peces y fumigaciones.

Fuente: Concejo de Cali



El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, y su homólogo chino, Wang Yi, han hecho alarde público de sintonía este miércoles entre sus Gobiernos, socios estratégicos, un día después de que las negociaciones entre Moscú y Kiev en Estambul dieran los primeros signos de avance. El encuentro entre los ministros se produce 48 horas antes de que se celebre una cumbre virtual clave entre Pekín y la Unión Europea, una reunión en la que la guerra en Ucrania será la protagonista absoluta.

Lavrov y Wang se han reunido en persona en Huangshan, en el este de China, con motivo del foro de dos días de duración sobre el futuro de Afganistán que allí se celebra. Según ha trascendido, durante la conversación entre los dos cancilleres, el ruso ha prometido un nuevo orden “multipolar, justo y democrático”. Las imágenes oficiales del encuentro distribuidas por Moscú muestran a Lavrov y Wang saludándose con el codo, ambos cubiertos con mascarillas, ante las banderas de sus respectivos países.

Según la cadena de televisión estatal china CGTN, Lavrov había llegado pocas horas antes a la ciudad de Huangshanpara participar en las reuniones de dos días con representantes de Pakistán, Irán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán. En el mismo emplazamiento tendrá lugar una reunión aparte de la llamada “Troika Ampliada”, entre las potencias con mayores intereses e influencia en Afganistán: China, Rusia, Estados Unidos y Pakistán. En ese encuentro participará Tom West, representante especial de EE UU para Afganistán, pero no Lavrov, ni Wang.

China y Rusia han acordado intensificar su cooperación “de modo sostenible y consistente” en medio de “unas complicadas condiciones internacionales”, según ha declarado Lavrov a la agencia rusa Interfax. Esa cooperación incluye, según la información de la agencia, hablar con una sola voz en cuestiones globales, así como el desarrollo de una política exterior coordinada entre los dos Gobiernos amigos, que ya habían formalizado su asociación estratégica en una reunión en Pekín entre sus respectivos presidentes, Xi Jinping y Vladímir Putin, 20 días antes del comienzo de la invasión rusa de Ucrania. Entonces, los líderes plantearon una propuesta de un nuevo orden mundial, alternativo al encabezado por Estados Unidos y Occidente.

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Este miércoles, el ministro ruso ha reiterado esa coordinación con Pekín, acordada por Putin y Xi. “Atravesamos un momento serio en la historia de las relaciones internacionales. Estoy convencido de que, tras los resultados, la situación internacional quedará mucho más clara y, junto a ustedes y otras naciones con ideas afines, avanzaremos hacia un mundo multipolar, justo y democrático”, ha señalado Lavrov.

Por su parte, Wang subrayó que las relaciones entre los dos países han “superado la prueba de las turbulencias internacionales” y continúan desarrollándose con firmeza, según la televisión hongkonesa Phoenix TV. En Pekín, el portavoz de Exteriores declaró en la rueda de prensa diaria del departamento que “no hay límites a la cooperación entre Rusia y China, no hay límites a nuestros esfuerzos para lograr la paz, proteger la seguridad y oponerse a la hegemonía”. El portavoz agregó: “Las relaciones entre China y Rusia no están alineadas, no buscan el enfrentamiento con otros y no se dirigen contra nadie”.

Una neutralidad escorada

Desde el comienzo de la guerra en Ucrania, que China rechaza denominar “invasión”, Pekín ha adoptado una posición de neutralidad escorada hacia Rusia, en la que no condena la agresión de Moscú, pide el levantamiento de las sanciones internacionales —que considera “ilegítimas”—, y responsabiliza del conflicto a la OTAN y a Estados Unidos, por no haber respondido a las “preocupaciones legítimas de seguridad” de Putin. Pero China también ha enviado una pequeña ayuda humanitaria a Ucrania, por valor de 2,1 millones de dólares, y está cumpliendo con las sanciones internacionales.

Pekín ha descrito la situación en Ucrania como “preocupante” y ha asegurado que juega un papel “constructivo” para apoyar las negociaciones entre los dos Gobiernos enfrentados en el frente. Estados Unidos sospecha que Rusia ha pedido ayuda militar a su socio estratégico para la guerra y que China se plantea entregársela, algo que Pekín ha negado de manera tajante.

La visita de Lavrov se produce dos días antes de que el presidente chino, Xi Jinping, celebre una cumbre virtual el próximo viernes con los líderes de la Unión Europea, que piden a China que utilice su influencia ante Putin para lograr un alto el fuego en Ucrania. La guerra será la gran protagonista de ese encuentro, en el que Bruselas —el segundo socio comercial de China, muy por encima de Rusia— quiere disuadir a Pekín de cualquier tentación de apoyar por la vía militar o económica a Moscú en esta guerra. Los líderes europeos, según fuentes diplomáticas, dejarán claro al Gobierno de Xi que el más mínimo indicio de asistencia será considerado algo intolerable.

En una conversación preparatoria con el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, Wang ha advertido a la UE que “la vieja mentalidad de la Guerra Fría y la confrontación entre campos ya no es practicable en Europa, y la práctica de elegir bandos y dividir al mundo es todavía menos deseable”, según el comunicado del Ministerio de Exteriores chino.

La reunión entre Lavrov y Wang se ha celebrado un día después de que las conversaciones entre Kiev y Moscú arrojaran los mayores progresos aparentes hasta la fecha. Ucrania ha ofrecido sellar su neutralidad y renunciar, por lo tanto, a su ingreso en la OTAN, a cambio de garantías sobre su seguridad. También ha hablado por primera vez de negociar la situación de la península de Crimea, que Rusia se anexionó ilegalmente en 2014, aunque dentro de 15 años. La situación de Donbás, la región ruso parlante en el oeste ucranio, se abordaría en un encuentro en el futuro entre Putin y su homólogo ucranio, Volodímir Zelenski.

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Denuncian que siguen las presiones de grupos al margen de la ley para que la comunidad exija la salida de las tropas militares.

Noticias Nariño.

Durante la última semana varias han sido las situaciones beligerantes que se han presentado en el municipio de El Rosario, en el departamento de Nariño.

Frente a estas situaciones, en donde se han conocido choques entre la comunidad y los militares, el Ejército y autoridades locales se pronunciaron.

Vigésima Tercera Brigada del Ejército Nacional

Indicaron que uno de los primeros episodios se presentó el pasado 21 de marzo del año en curso, en la vereda El Rincón.

Ese día «unidades pertenecientes al Batallón de Infantería N.° 9 Batalla de Boyacá, mientras realizaban labores de control territorial para contrarrestar el accionar en la zona del grupo armado organizado residual Estructura Franco Benavides».

Sin embargo en el desarrollo de dichas acciones, «fueron rodeadas de forma tumultuaria y violenta por aproximadamente 2000 personas, al parecer habitantes del sector, quienes empleando palabras soeces, amenazantes y con silbidos, exigieron al personal militar abandonar el sector», dijo el Ejército en un reciente comunicado.

Agregaron que de acuerdo a la inteligencia, se confirmaba que dicha estructura mencionada anteriormente «estaría incitando a la comunidad a llevar a cabo este tipo de acciones».

Ello, «con la intención de evitar que las tropas mantengan su avance hacia puntos nodales donde existe una fuerte presencia de todos los eslabones de la cadena del narcotráfico», publicaron.

Hubo diálogos

Luego de ese episodio precisaron se realizaron diálogos con la comunidad, «haciendo saber que se encontraba en cumplimiento de un deber constitucional, adelantando acciones encaminadas a mitigar los riesgos advertidos en las alertas tempranas 082 del 2018 y 036 del 2020 de la Defensoría del Pueblo».

Alertas que se originaron por las situaciones de orden público en Cumbitara, El Rosario, Leiva y Policarpa.

Sin embargo, aseguraron que «los pobladores se negaron a escuchar, y mediante asonada
coaccionaron al personal militar para impedir que continuarán con el desarrollo de las
operaciones».

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22 y 23 de marzo se presentaron casos similares

Durante los días  22 y 23 de marzo confirmó el Ejército que volvieron a registrar situaciones similares en las veredas La Sierra y La Esmeralda.

Expresaron que las unidades militares fueron nuevamente rodeadas por la comunidad y solicitaron se fueran de la zona.

«Ante la situación, de manera forzada por los manifestantes las tropas se retiraron del
sector hasta el casco urbano de El Rosario», publicaron en el comunicado.

El día 24 de marzo se desarrolló una reunión de seguridad en la cabecera
municipal de El Rosario.

Comunicado Ejército

Hubo presencia de autoridades gubernamentales, locales, miembros de la Fuerza Pública y población civil.

La intención era «socializar los riesgos advertidos en las diferentes alertas tempranas» y l presencia del Ejército Nacional en ese sector.



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Una transeúnte, ante un cartel que retrata a Putin en Simferopol, Crimea.
Una transeúnte, ante un cartel que retrata a Putin en Simferopol, Crimea.STRINGER (AFP)

Rusia sufrió el miércoles una importante derrota política, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó por amplia mayoría una resolución que condena la invasión de Ucrania. Hubo 141 votos a favor y 5 en contra, incluyendo el de Moscú. Se abstuvieron 35 países y otros 12 no votaron. La resolución no es vinculante, pero constituye un significativo revés y ofrece un retrato del estado de las relaciones internacionales en medio de este gran choque que redefinirá el orden mundial.

La lectura general es cristalina. Las democracias liberales lograron aglutinar tres cuartas partes de los Gobiernos del mundo contra la invasión rusa; el Kremlin solo obtuvo el respaldo de cuatro dictaduras, Bielorrusia, Siria, Corea del Norte y Eritrea. El campo de aquellos que optaron por abstenerse no llega al 20% en número de votos, pero supone una parte considerable de la población mundial, al figurar en él países como China, India, Pakistán, Irán o Sudáfrica. Por su importancia económica, este es el sector en el que Rusia puede encontrar oxígeno para hacer frente a las sanciones occidentales. También hay algunos países que han votado contra Moscú en la Asamblea General, pero que no avalan el cuadro sancionatorio. Entre los que directamente no votaron, llama la atención Marruecos, y también se encuentra Venezuela, aunque el país latinoamericano no tiene derecho a votar por impago de las cuotas de la ONU.

Detrás de este esbozo general hay muchos elementos significativos que describen la dinámica de equilibrios del mundo hoy, en un momento en el que se libra un pulso geopolítico de intensidad inaudita desde el fin de la Guerra Fría. A continuación, una descripción de algunos de los más relevantes.

El dilema de China

La invasión rusa ha colocado a China ante un complejo dilema. Pekín ha ido estrechando progresivamente lazos con Rusia en los últimos años. Llegó a declarar a principios de febrero que su alianza con el Kremlin “no tiene límites”. Pero ahora la agresión rusa incómoda al gigante asiático, y la abstención en la ONU es un claro reflejo de ello. China recela ante varias dinámicas que la invasión ha desatado: desde la desestabilización general que daña la economía mundial, hasta el fortalecimiento del vínculo occidental, pasando por el ensayo de andanadas de sanciones. El rechazo amplísimo en la ONU a la acción rusa complica enormemente su apuesta de presentarse como socio de un país considerado hoy un paria por gran parte del mundo. Previsiblemente, China no abandonará Rusia. Que el acercamiento entre las dos potencias haya sido una apuesta personal de Xi Jinping —que cultivó sus lazos con Vladímir Putin— consolida esa tesis. Pero, sin duda, China está recalibrando. La muestra más clara de ello ha sido la decisión de congelar las operaciones con Rusia y Bielorrusia adoptada este jueves por el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, liderado por Pekín.

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India no se mueve

El otro gigante asiático también se abstuvo en la votación de la ONU, una decisión que demuestra la pervivencia de los lazos históricos de la India con Rusia en el sector de la Defensa. Moscú ha sido el gran proveedor de armas de Nueva Delhi durante décadas y eso sigue pesando. La India tiene en China a su gran rival estratégico, pero su abstención indica que no acaba de alinearse plenamente con el bando de las democracias liberales —tanto las occidentales como las orientales de Japón, Corea del Sur, Australia, etc.— cuyo posicionamiento ha sido meridiano.

Europa unida

El continente ha votado de forma unánime contra Rusia. Resulta interesante que esto incluye incluso a Serbia, país con una fuerte conexión con Moscú, cuyo presidente había denunciado presuntas presiones occidentales en vísperas del voto. Hungría, socio europeo tradicionalmente más próximo al Kremlin, también ha votado a favor de la condena de Moscú. Esto muestra la pérdida de simpatías que sufre Rusia por la invasión de Ucrania. Turquía, país euroasiático que desde hace un tiempo intenta mejorar sus relaciones con Rusia, tampoco ha titubeado.

La frialdad de potenciales aliados rusos

La resolución votada en la ONU en 2014 para condenar la anexión de Crimea arrojó un resultado de 100 votos a favor, 11 en contra y 58 abstenciones. La brutalidad del ataque hoy ha propiciado un significativo desgaste de la diplomacia rusa. Entre los países que apoyaron hace 8 años al Kremlin y han optado ahora por la abstención figuran Cuba, Nicaragua, Bolivia o Armenia.

Los vínculos africanos del Kremlin

El continente africano ha registrado una veintena larga de abstenciones o no votos, lo que refleja la fuerte influencia de Rusia en la región. Este es sin duda el caso de países como Argelia, Malí o República Centroafricana, con los que el Kremlin cultiva una estrecha relación, a veces incluso ofreciendo seguridad a sus respectivos Gobiernos.

Marruecos calla

Muy llamativa es la decisión de Rabat de no ejercer su derecho de voto. Las explicaciones oficiales no dan pistas acerca de los verdaderos motivos. Cabe pensar que es una iniciativa diplomática vinculada al principal objetivo político de Marruecos: el Sáhara Occidental. Rabat, en plena ofensiva para avanzar sus intereses en ese asunto, reclama nuevos gestos a la Administración estadounidense. Es posible que denegar su apoyo a una iniciativa tan importante para Washington como la votada este jueves en la ONU pudiera complicar las cosas para Rabat en la Casa Blanca de Joe Biden, menos favorable que la de Donald Trump.

Abstenciones antioccidentales

Países de cierto peso como Irán, Pakistán, Vietnam o Sudáfrica también se han abstenido. En muchos de estos casos, la lectura principal no es tanto una especial cercanía estratégica con Rusia, como más bien un persistente reflejo del recelo que sienten a alinearse con Occidente. Hay países, como evidentemente es el caso de Sudáfrica, cuya postura podría bascular.

América Latina

La región ha votado de forma muy mayoritaria contra Rusia, con la excepción de las abstenciones de Cuba, Nicaragua, Bolivia, El Salvador (y el no voto de Venezuela). Tanto Brasil, el gigante de la zona, como Argentina, han acabado votando contra Moscú, pese a ciertos amagos de neutralidad al principio de la invasión y a los lazos que los unen al Kremlin. En el caso de Brasil casi más de corte ideológico-personal, por la sintonía de su presidente, Jair Bolsonaro, con Vladímir Putin; en el de Argentina estos vínculos tienen una dimensión geopolítica mayor. Los mandatarios de estos dos países han sido recibidos recientemente en el Kremlin, pero finalmente se han alineado con el campo de las democracias, aunque con matices y escepticismo hacia sanciones aplicadas a Rusia.

Países del Golfo

Llamativo es el cambio de posición de los Emiratos Árabes Unidos, que en la votación en el Consejo de Seguridad se abstuvo y, en cambio, votó contra Rusia en la Asamblea General. Es posible que en el primer voto pesara cierto malestar por la posición adoptada por EEUU en los ataques lanzados por los huthis de Yemen. En los días siguientes han reconsiderado su postura. Resulta significativa la abstención de Irak, país invadido por Estados Unidos hace dos décadas, y que ha consolidado en estos años sus lazos con China, Rusia e Irán, aunque en medio de fuertes turbulencias internas.

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El presidente de Estados Unidos, Joe Biden.
El presidente de Estados Unidos, Joe Biden.KEVIN LAMARQUE (REUTERS)

El presidente de EE UU, Joe Biden, fue tajante este lunes al asegurar que los norteamericanos no debían de temer que la invasión rusa de Ucrania desemboque en una guerra nuclear mundial a pesar de que Moscú haya activado su fuerza nuclear como respuesta a las duras sanciones aplicadas por los principales países de la OTAN. “¿Deberían los estadounidenses estar preocupados por una guerra nuclear?”, le preguntó un reportero al presidente tras un evento en la Casa Blanca. “No”, respondió Biden, sin asomo de duda.

Putin ordenó el pasado domingo al ministro de Defensa, Serguéi Shoigú, y al jefe del Estado Mayor, Valeri Guerásimov, que pusieran las fuerzas de contención del Ejército ruso en “un modo especial de servicio de combate”. “Los países occidentales no solo están tomando medidas hostiles contra nuestro país en la esfera económica, sino que altos funcionarios de los principales miembros de la OTAN han hecho declaraciones agresivas con respecto a nuestro país”, dijo Putin.

El mandatario demócrata no hizo más declaraciones al respecto, justo cuando el mundo contempla expectante en qué dirección se moverá un conflicto bélico que ha acabado con el orden internacional imperante tras la Segunda Guerra Mundial. Quien sí se pronunció fue su portavoz, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki, que consideró que “la retórica provocativa sobre las armas nucleares es peligrosa y amplía el riesgo de cometer errores de cálculo”. “Debe evitarse, y no vamos a darle pábulo”, declaró Psaki en su rueda de prensa diaria.

“Estamos evaluando la directiva del presidente Putin y en este momento no vemos ninguna razón para cambiar nuestros propios niveles de alerta”, agregó Psaki. Cuando se le preguntó si Washington estaba haciendo algo para reducir el riesgo de una guerra nuclear, la portavoz respondió que lo que estaban tratando de hacer era “reducir la tensión”. Psaki enfatizó que “una guerra nuclear no puede ganarse”.

La retórica era exactamente la misma desde el Departamento de Estado, donde su portavoz, Ned Price, consideraba que no sería prudente por su parte “interpretar o tratar de leer lo que el presidente Putin podría haber estado señalando” al ordenar a sus militares poner las fuerzas de contención del Ejército ruso en “un modo especial de servicio de combate”.

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“Claramente esto es retórica provocativa”, dijo Price en rueda de prensa. “Compartimos la opinión con nuestros socios y aliados en todo el mundo de que este tipo de retórica provocativa, además de innecesaria, es peligrosa”, prosiguió el portavoz de la diplomacia norteamericana. “Se suma al riesgo de error de cálculo”, dijo casi utilizando las mismas palabras que la portavoz de la Casa Blanca. “Debe evitarse”, advirtió. “Estamos evaluando la directiva del presidente Putin en este momento. Como creo que nos han oído decir, no vemos ninguna razón para cambiar nuestros propios niveles de alerta”, finalizó Price, al igual que finalizó la portavoz Psaki.

Según informa la agencia Efe, una fuente de Defensa citada por la cadena CNN dijo este lunes que las palabras que usó Putin para describir su orden -poner las fuerzas de disuasión rusas “en modo especial de combate”- no están en la doctrina militar rusa, y Washington sigue estudiando lo que significan. Las fuerzas de disuasión de Rusia la componen las estratégicas nucleares, incluidos los misiles intercontinentales, así como fuerzas no nucleares, y la defensa antimisiles, el sistema de alerta temprana y la defensa antiaérea.

Según una encuesta de la Universidad de Quinnipiac publicada este lunes, el 63% de los estadounidenses están “preocupados de que Rusia pudiera usar armas nucleares” si la OTAN intenta intervenir en el conflicto. Casi las tres cuartas partes de los demócratas (74%) dijeron que estaban preocupados por la guerra nuclear, en comparación con el 65% de los republicanos y el 57% de los independientes. El presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, un aliado clave de Putin, afirmó el domingo que las sanciones contra Rusia podrían provocar una tercera guerra mundial, a pesar de que Estados Unidos aún no ha apuntado a industrias rusas clave, como las exportaciones de petróleo y gas.

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Con ocasión de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín, los presidentes Xi Jinping y Vladímir Putin celebraron el pasado día 4 en la capital china su reunión bilateral número 38. Pero no fue una más.

El encuentro se produjo en el contexto de una escalada de confrontación con Occidente. La crisis de Ucrania es el epicentro de un pulso para reformular los equilibrios de poder globales sin parangón en décadas por intensidad y amplitud. El resultado de la cumbre fue un documento bilateral con una ambición sin precedentes, que intenta perfilar una visión común sino-rusa para un nuevo orden mundial y en el que se afirma que la cooperación entre las dos potencias no tiene límites.

La declaración conjunta ofrece muchos motivos de reflexión. Desde las advertencias a Occidente hasta lo que se omite; desde las concesiones mutuas hasta una redacción que deja entrever la preeminencia china en la relación bilateral. China y Rusia tienen sin duda muchos intereses convergentes y margen para incrementar su cooperación. Pero también hay, en esa perspectiva, claros límites y dificultades. A continuación, EL PAÍS intenta ofrecer claves interpretativas de este singular documento suscrito por Xi Jinping y Vladímir Putin en una época de cambios vertiginosos.

Declaración conjunta de la Federación Rusa y de la República Popular China sobre la entrada de las relaciones internacionales en una nueva era y el desarrollo global sostenible

El 4 de febrero de 2022, el presidente de la Federación Rusa, Vladímir Putin, visitó China invitado por el presidente de la República Popular, Xi Jinping. Ambos jefes de Estado mantuvieron conversaciones en Pekín y asistieron a la ceremonia de inauguración de los XXIV Juegos Olímpicos de Invierno.

La Federación Rusa y la República Popular China ‒a partir de ahora, “las partes”‒ declaran:

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Actualmente, el mundo está experimentando cambios trascendentales, y la humanidad está entrando en una nueva era de rápido desarrollo y profunda transformación. Asistimos a la aparición de procesos y fenómenos como la multipolaridad, la globalización económica, el advenimiento de la sociedad de la información, la diversidad cultural o la transformación de la arquitectura de la gobernanza global y el orden mundial; la interrelación y la interdependencia entre Estados son cada vez mayores; ha surgido una tendencia a la redistribución del poder en el mundo; y la comunidad internacional manifiesta cada vez más la demanda de un liderazgo encaminado al desarrollo pacífico y gradual.

El íncipit deja claro que el documento pretende esbozar una visión común para un nuevo orden mundial. El pasaje clave es probablemente la mención a la redistribución del poder en el mundo con respecto a la situación de hegemonía occidental tras el fin de la Guerra Fría. China y Rusia subrayan que es un proceso que ya está en acto. La declaración conjunta trata de forjar una doctrina compartida acerca de cómo debería proseguir.

Por otra parte, mientras continúa la pandemia de la nueva enfermedad por coronavirus, la situación de la seguridad internacional y regional se complica, y el número de retos y amenazas mundiales aumenta cada día. Algunos actores que no representan más que a una minoría a escala internacional siguen defendiendo estrategias unilaterales para resolver los asuntos internacionales y recurren a la fuerza; se inmiscuyen en los asuntos internos de otros países, vulnerando sus derechos y sus intereses legítimos, y alimentan las contradicciones, las diferencias y los enfrentamientos, obstaculizando así el desarrollo y el progreso de la humanidad, frente a la oposición de la comunidad internacional.

Aunque no se explicite, este pasaje se refiere claramente a EEUU y a sus socios más estrechos, a quienes Pekín y Moscú consideran responsables de interferencias malignas, fomentando dinámicas que puedan desestabilizar sus regímenes o regímenes afines.

Las partes hacen un llamamiento a todos los Estados para que persigan el bienestar de todos y, con este fin, fomenten el diálogo y la confianza recíproca; refuercen el entendimiento mutuo; defiendan valores humanos universales como la paz, el desarrollo, la igualdad, la justicia, la democracia y la libertad; respeten el derecho de los pueblos a determinar con independencia las vías de desarrollo de su país, así como la soberanía y los intereses de seguridad y desarrollo de los Estados; protejan la arquitectura internacional impulsada por Naciones Unidas y el orden mundial basado en el derecho internacional; persigan una auténtica multipolaridad en la que Naciones Unidas y su Consejo de Seguridad desempeñen un papel central y de coordinación; promuevan unas relaciones internacionales más democráticas; y garanticen la paz, la estabilidad y el desarrollo sostenible en todo el mundo.

El Consejo de Seguridad es una estructura de poder con la que obviamente los dos están cómodos, ya que disponen de un derecho de veto. Como se verá de forma más explícita más adelante, en su proyecto para un nuevo orden mundial, Pekín y Moscú ven favorablemente algunos aspectos de la lógica que surgió en 1945, muy en especial el que concierne a las áreas de influencia, pero no la fase posterior en la que Occidente incrementó su influencia, incluido en esas áreas. La cooperación entre ambos, ya tangible en otros ámbitos de las Naciones Unidas, donde intentan rentabilizar con votaciones favorables a sus intereses redes de relaciones tendidas en la escena internacional en los últimos años.

I

Las partes comparten la idea de que la democracia es un valor humano universal, más que un privilegio de un número limitado de Estados, y que su fomento y protección son responsabilidad común de toda la comunidad mundial.

Este es un argumento en el que China ha insistido especialmente desde la celebración de la Cumbre sobre la Democracia en Washington en diciembre. Pekín sostiene que el modelo occidental no es el único democrático: democracia es cualquier sistema que «refleje los intereses de todos, su voluntad, garantice sus derechos, cubra sus necesidades y proteja sus intereses». Pese a sus reclamaciones, debe notarse que en China no hay elecciones libres por sufragio universal, no hay alternancia en el gobierno, independencia judicial, ni separación de poderes o prensa independiente, elementos que Naciones Unidas considera imprescindibles en una democracia. En cuanto a Rusia, aunque formalmente se celebran elecciones y hay una teórica separación de poderes, dista de poderse considerar una democracia. El Gobierno controla la justicia, trata de controlar los medios de comunicación y las autoridades rusas están aplicando la oleada de represión más dura contra la oposición y la sociedad civil de la historia moderna. Solo quedan con representación parlamentaria grupos de la denominada oposición sistémica (como el Partido Comunista) que hacen oposición solo en las cosas pequeñas y locales pero que en los proyectos importantes o estratégicos apoyan al Kremlin.

Las partes creen que la democracia es un medio de participación de la ciudadanía en el gobierno de su país con vistas a mejorar el bienestar de la población y aplicar el principio del gobierno popular. La democracia se ejerce en todas las esferas de la vida pública como parte de un proceso de alcance nacional, y refleja los intereses y la voluntad de todo el pueblo, garantiza sus derechos, satisface sus necesidades y protege sus intereses. No existe un modelo único para guiar a los países en el establecimiento de la democracia.

Con esta idea no solo Pekín y Moscú buscan rechazar de plano las críticas de autoritarismo procedentes de Occidente y afirmar la validez de sus modelos, sino de alguna manera situarse como inspiración para otros países. Tras una fase expansiva después de la caída del Muro, organizaciones como Freedom House o The Economist Intelligence Unit detectan desde hace años un deterioro de los índices de libertad y calidad democrática en el mundo.

Un país puede elegir las formas y los métodos de poner en práctica la democracia que mejor se adapten a su situación particular, basándose en su sistema social y político, sus antecedentes históricos, sus tradiciones y sus características culturales únicas. Corresponde exclusivamente al pueblo del país decidir si su Estado es democrático.

Las partes manifiestan que Rusia y China, como potencias mundiales con un rico patrimonio cultural e histórico, tienen una larga tradición democrática basada en una experiencia milenaria de desarrollo, un amplio apoyo popular y la consideración de las necesidades y los intereses de los ciudadanos. Rusia y China garantizan a su pueblo el derecho a participar por diversos medios y de diversas formas en la administración del Estado y en la vida pública de acuerdo con la ley. Los pueblos de ambos países están seguros del camino que han elegido y respetan los sistemas y tradiciones democráticos de otros Estados.

Las partes señalan que los principios democráticos se aplican tanto a escala mundial como en la administración del Estado. Los intentos de algunos Estados de imponer sus propias “normas democráticas” a otros países, de monopolizar el derecho a evaluar el nivel de cumplimiento de los criterios democráticos, de trazar líneas divisorias basadas en la ideología, estableciendo incluso bloques exclusivos y alianzas de conveniencia, no son más que una burla a la democracia y van contra su espíritu y sus verdaderos valores. Semejantes intentos de hegemonía suponen graves amenazas para la paz y la estabilidad mundial y regional, y socavan la estabilidad del orden mundial.

Nueva crítica a Estados Unidos, al que ambos países acusan de imponer su idea de democracia a otras naciones, lo que representa «una seria amenaza a la paz y estabilidad global y regional»

Las partes creen que la defensa de la democracia y de los derechos humanos no debe utilizase para presionar a otros países, y se oponen al abuso de los valores democráticos y a la injerencia en los asuntos internos de Estados soberanos con el pretexto de proteger la democracia y los derechos humanos, así como a cualquier intento de incitar a las divisiones y a los enfrentamientos en el mundo. Las partes hacen un llamamiento a la comunidad internacional para que respete la diversidad cultural y de civilizaciones y el derecho de los pueblos de los distintos países a la autodeterminación. Las partes están dispuestas a colaborar con todos los socios interesados para fomentar una auténtica democracia.

Aquí se explicita la proyección global de sus ideas con un mensaje al resto de países: no hace falta plegarse al sistema democrático occidental. Quienes busquen apoyos para modelos heterodoxos, lo tendrán. Es este un nicho especialmente fértil, como demuestra el reciente respaldo de seguridad que Moscú ofrece a actores autoritarios en África y la ya consolidada trayectoria de apoyo financiero de China a muchos países sin ninguna atención a cuestiones democráticas o de derechos humanos.

Las partes señalan que la Carta de Naciones Unidas y la Declaración Universal de los Derechos Humanos establecen nobles objetivos en el ámbito de los derechos humanos universales e instauran principios fundamentales que todos los Estados deben cumplir y observar en los hechos. Al mismo tiempo, dado que cada país tiene sus propias características nacionales, su historia, su cultura, su sistema social y su nivel de desarrollo social y económico, el carácter universal de los derechos humanos debe contemplarse a través del prisma de la situación real de cada país en concreto, y los derechos humanos deben protegerse de acuerdo con la situación específica de cada país y las necesidades de su población.

Argumento similar al de la democracia, y otro que China viene defendiendo desde hace años. Los derechos humanos deben verse y protegerse según la «situación específica de cada país y las necesidades de su población».

El fomento y la protección de los derechos humanos son una responsabilidad compartida de la comunidad internacional. Los Estados deben dar la misma prioridad a todas las categorías de derechos humanos e impulsarlas de manera sistémica. La cooperación internacional en materia de derechos humanos debe llevarse a cabo como un diálogo en el que participen todos los países en pie de igualdad. Todos los Estados deben tener el mismo acceso al derecho al desarrollo. La interacción y la cooperación en materia de derechos humanos deben basarse en el principio de igualdad de todos los países y en el respeto mutuo en aras del fortalecimiento de la arquitectura internacional de dichos derechos.

II

Las partes creen que la paz, el desarrollo y la cooperación constituyen el núcleo del sistema internacional moderno. El desarrollo es un motor clave para garantizar la prosperidad de las naciones. La actual pandemia de la nueva infección por coronavirus supone un serio desafío para el cumplimiento de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible de la ONU. Es de vital importancia mejorar las relaciones de asociación en aras del desarrollo mundial y garantizar que la nueva etapa de desarrollo mundial se defina por el equilibrio, la armonía y la inclusión.

Las partes aspiran a avanzar en su trabajo para vincular los planes de desarrollo de la Unión Económica Euroasiática y la Iniciativa de la Franja y la Ruta con vistas a intensificar la cooperación práctica entre la UEEA y China en diferentes áreas, además de fomentar una mayor interconexión entre las regiones de Asia-Pacífico y Eurasia.

Este es uno de los ejemplos en los que ambas economías y esferas de intereses son complementarias: la Unión Económica Euroasiática (que reúne a Rusia, Bielorrusia, Kazajistán y otras exrepúblicas soviéticas) y la Iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda, la red china de infraestructuras por todo el mundo. Hay otras áreas de posible complementariedad económica, siendo la más evidente la posibilidad de incrementar el suministro de gas ruso a China. En general, se trata de una relación en desarrollo pero desequilibrada entre una economía titánica como la de China, y otra, la de Rusia, con un PIB inferior al de Italia y una situación de casi monocultivo vinculado a energía y minería. El margen de interacción es amplio, pero también hay dudas de hasta qué punto puedan desarrollarse cooperaciones que afecten áreas estratégicas, que tengan a que ver con la autonomía y las grandes capacidades nacionales, e incluso posibles puntos de competición en la proyección internacional.

Las partes reafirman su interés en construir la Gran Asociación Euroasiática en paralelo y en coordinación con la construcción de la Franja y la Ruta para fomentar el desarrollo de las asociaciones regionales, así como los procesos de integración bilateral y multilateral en beneficio de los pueblos del continente euroasiático.

Las partes han acordado seguir intensificando constantemente la cooperación práctica en favor del desarrollo sostenible del Ártico.

Acuerdan cooperar en el desarrollo del Ártico -zona de gran importancia estratégica a la vista de las posibilidades de navegación y extractivas que abre el deshielo- pese a que son rivales allí también. Hacen frente común en un ámbito que será previsiblemente objeto de fricciones en el futuro.

[…]

Las partes están tomando medidas serias y haciendo una importante contribución a la lucha contra el cambio climático. Con la celebración conjunta del 30º aniversario de la adopción de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, reafirman su compromiso con esta Convención, así como con los objetivos, principios y disposiciones del Acuerdo de París, incluido el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas. Las partes trabajan conjuntamente para garantizar la aplicación plena y efectiva del Acuerdo de París, siguen comprometidas con el cumplimiento de las obligaciones que asumieron y esperan que los países desarrollados garanticen realmente la provisión anual de 100.000 millones de dólares de financiación a los Estados en desarrollo para la acción climática. Las partes se oponen a establecer nuevas barreras en el comercio internacional bajo el pretexto de la lucha contra el cambio climático.

Un reproche a los países más avanzados y un guiño a los países en desarrollo que esperan el desembolso prometido en el marco del proceso de París y que sufre retrasos.

Las partes apoyan firmemente el desarrollo de la cooperación y los intercambios internacionales en el ámbito de la diversidad biológica, tomando parte activa en el proceso de gobernanza mundial pertinente, y tienen la intención de promover conjuntamente el desarrollo armonioso de la humanidad y la naturaleza, así como la transformación verde para garantizar un desarrollo mundial sostenible.

Los Jefes de Estado hacen una valoración positiva de la interacción efectiva entre Rusia y China en los formatos bilateral y multilateral centrados en la lucha contra la pandemia de covid-19, y la protección de la vida y la salud de la población de los dos países y de los pueblos del mundo. Seguirán aumentando la cooperación en el desarrollo y la fabricación de vacunas contra la nueva infección por coronavirus, así como de fármacos para su tratamiento, y reforzarán la colaboración en materia de salud pública y medicina moderna. Las partes tienen previsto reforzar la coordinación de las medidas epidemiológicas para garantizar la sólida protección de la salud, la seguridad y el orden en los contactos entre los ciudadanos de ambos países.

Ambos países comparten 4.000 kilómetros de frontera, muchos de los brotes que ha detectado China de coronavirus se han encontrado en algún punto fronterizo. Por otra parte, ambos se han centrado en vender sus vacunas a países en vías en desarrollo o que no podían competir en fondos o influencia con los grandes cuando los suministros eran limitados. La llamada diplomacia de las vacunas ha sembrado el globo con las inmunizaciones chinas y con la rusa Sputink.

Las partes han elogiado la labor de las autoridades competentes y de las regiones de los dos países a la hora de implantar medidas de cuarentena en las zonas fronterizas y garantizar un funcionamiento estable de los puestos fronterizos, y pretenden estudiar la posibilidad de establecer un mecanismo conjunto de control y prevención de epidemias en las zonas fronterizas para planificar conjuntamente las medidas contra las epidemias que deben adoptarse en los puestos de control fronterizos, compartir información, construir infraestructuras y mejorar la eficacia del despacho de mercancías en las aduanas.

Las partes recalcan que determinar el origen de la nueva infección por coronavirus es una cuestión científica. La investigación sobre este tema debe basarse en el conocimiento global, lo cual requiere la cooperación entre científicos de todo el mundo. Las partes se oponen a la politización de esta cuestión.

Otra crítica a Estados Unidos desde el lado chino. Pekín rechaza una nueva misión de la OMS en su territorio para investigar el origen del coronavirus.

La parte rusa celebra el trabajo realizado conjuntamente por China y la Organización Mundial de la Salud (OMS) para identificar el origen de la nueva infección por coronavirus y apoya el informe conjunto de China y la OMS sobre este asunto. Las partes hacen un llamamiento a la comunidad mundial para que promueva conjuntamente un enfoque científico serio del estudio del origen del coronavirus.

La parte rusa apoya que la parte china organice con éxito los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Invierno en Pekín en 2022.

Las partes aprecian en gran medida el nivel de cooperación bilateral en el ámbito del deporte y el movimiento olímpico y expresan su disposición a contribuir a su desarrollo progresivo ulterior.

III

A las partes les preocupan seriamente los graves problemas de seguridad internacional y creen que los destinos de todas las naciones están interconectados. Ningún Estado puede o debe procurar su propia seguridad al margen de la seguridad del resto del mundo o a expensas de la seguridad de otros Estados. La comunidad internacional debe implicarse activamente en la gobernanza mundial para garantizar una seguridad universal, global, indivisible y duradera.

Este es uno de los mantras de Moscú en toda la crisis de Ucrania. El concepto, que respalda que la seguridad de un actor no debe reforzarse a expensas de otro, está incluido en el Acta Final de Helsinki de 1975, importante documento que marcó normas de interacción entre los bloques de la Guerra Fría. El Kremlin, sin embargo, omite referirse a otros conceptos afirmados en ese y otros pactos o la inviolabilidad de las fronteras, el respeto de la independencia de la política exterior de otros países.

Las partes reafirman su firme apoyo mutuo en la protección de sus intereses fundamentales, la soberanía estatal y la integridad territorial, y se oponen a la injerencia de fuerzas externas en sus asuntos internos.

Los dos países van a apoyarse mutuamente en lo que consideran sus intereses primordiales. Esto es clave para Rusia. El Kremlin sostiene que toda amenaza para el estado, aunque tenga forma de oposición y sea interna, viene en realidad de fuera y es injerencia extranjera (Estados Unidos y la OTAN). De ahí sus leyes para estigmatizar a personas y entidades con la etiqueta de agente extranjero para tratar de escudarse en que son en realidad herramientas o agentes de Occidente tratando de interferir, dañar y sembrar el caos en la política interna de Rusia.

La parte rusa reafirma su apoyo al principio de una sola China, confirma que Taiwán es una parte inalienable de China y se opone a toda forma de independencia de Taiwán.

El gran interés primordial de China: Taiwán, la isla autogobernada que considera parte de su territorio. Por primera vez, Rusia se alinea por completo y por escrito con las tesis de Pekín en este asunto.

Rusia y China se oponen a los intentos de fuerzas externas de socavar la seguridad y la estabilidad en las regiones adyacentes comunes, pretenden contrarrestar la injerencia de fuerzas externas en los asuntos internos de países soberanos bajo cualquier pretexto, se oponen a las revoluciones de colores y aumentarán la cooperación en los ámbitos antes citados.

Un párrafo muy relevante dirigido, de nuevo sin mencionarlo explícitamente, contra Estados Unidos y sus aliados, a los que Pekín y Moscú consideran responsables de interferir en asuntos internos de otros países para favorecer sus intereses globales. La referencia a las ‘revoluciones de colores’ apunta a las protestas populares que han estallado en los últimos años en varias exrepúblicas soviéticas –como Ucrania o Georgia. La referencia a las regiones adyacentes y a los asuntos internos abarca en sustancia todo el arco de la exURSS, el área del mar de Sur de China y por supuesto las cuestiones de Taiwán, Hong Kong, Xinjiang…

Las partes condenan el terrorismo en todas sus manifestaciones, promueven la idea de crear un único frente mundial de lucha contra el terrorismo, en el que Naciones Unidas desempeñe un papel central, y abogan por una mayor coordinación política y un compromiso constructivo en los esfuerzos multilaterales de lucha contra el terrorismo. Las partes se oponen a la politización de las cuestiones relativas a la lucha contra el terrorismo y a su utilización como instrumentos de la política de doble rasero, condenan la práctica de la injerencia en los asuntos internos de otros Estados con fines geopolíticos mediante la utilización de grupos terroristas y extremistas, así como bajo el pretexto de la lucha contra el terrorismo y el extremismo internacionales.

Una referencia que, de nuevo, busca desactivar las críticas occidentales ante las praxis de China y Rusia frente a potenciales amenazas terroristas. Las represiones de Pekín en Xinjiang y de Moscú en zonas caucásicas sobrevuelan la frase. Moscú utiliza las leyes contra el extremismo y el terrorismo también para reprimir a la oposición en todo el país.

Las partes consideran que determinados Estados, alianzas y coaliciones militares y políticas pretenden obtener, directa o indirectamente, ventajas militares unilaterales en detrimento de la seguridad de otros, incluso empleando prácticas de competencia desleal, intensifican la rivalidad geopolítica, alimentan el antagonismo y el enfrentamiento, y socavan gravemente el orden de seguridad internacional y la estabilidad estratégica mundial. Las partes se oponen a una nueva ampliación de la OTAN y hacen un llamamiento a la Alianza del Atlántico Norte para que abandone sus planteamientos ideologizados de la Guerra Fría, respete la soberanía, la seguridad y los intereses de otros países, la diversidad de sus antecedentes de civilización, culturales e históricos, y ejerza una actitud justa y objetiva hacia el desarrollo pacífico de otros Estados.

La frase que más ha llamado la atención en Occidente de todo el comunicado. Por primera vez, China se suma a Rusia en su oposición explícita a una expansión de la OTAN. Este pasaje tiene un tono claramente ruso, son argumentos que repite el Kremlin constantemente. Por ejemplo el concepto de la diversidad de sus antecedentes de civilización, culturales e históricos se puede referir claramente al imperio ruso y el espacio post soviético, donde trata de mantener su esfera de influencia.

 

Las partes rechazan la formación de estructuras de bloques cerrados y campos opuestos en la región de Asia-Pacífico y se mantienen muy vigilantes respecto al impacto negativo de la estrategia Indo-Pacífica de Estados Unidos en la paz y la estabilidad de la región. Rusia y China se han esforzado constantemente por construir un sistema de seguridad equitativo, abierto e inclusivo en la región de Asia-Pacífico (RAP) que no se dirija contra terceros países y que fomente la paz, la estabilidad y la prosperidad.

Intercambio: si China se suma a Rusia en su posición sobre la OTAN; Moscú se adhiere a las tesis de Pekín sobre las alianzas lideradas por Washington en Asia Pacífico, incluida la trilateral Aukus (EE.UU, R. Unido, Australia). ¿Por qué el interés de CHina en condenar posibles expansiones de la Alianza Atlántica? Entre otros motivos, por el temor a enfrentarse a la organizacion en Asia Pacífico. La Alianza ya tiene a Pekín en su punto de mira.

Las partes aplauden la Declaración Conjunta de los Líderes de los Cinco Estados Poseedores de Armas Nucleares sobre la Prevención de la Guerra Nuclear y la Evitación de la Carrera Armamentista y creen que todos los Estados poseedores de armas nucleares deben abandonar la mentalidad de guerra fría y los juegos de suma cero, reducir el papel de las armas nucleares en sus políticas de seguridad nacional, retirar las armas nucleares desplegadas en el extranjero, eliminar el desarrollo sin restricciones del sistema global de defensa contra misiles antibalísticos (ABM por sus siglas en inglés) y tomar medidas eficaces para reducir los riesgos de guerras nucleares y todo conflicto armado entre países con capacidad nuclear militar.

Las declaraciones en materia de armas atómicas chocan con el fuerte desarrollo del programa nuclear chino y con los vistosos programas de nuevos misiles y armas rusas. En cuanto a las defensas antimisiles balísticos, se trata de una cuestión muy espinosa. EEUU y la URSS sellaron un pacto en 1972 que establecía límites en este sector. EEUU se retiró del mismo en 2002. Uno de los problemas de fondo en la arquitectura de control de armas es que los pactos principales vinculaban solo a EEUU y URSS/Rusia, pero no a China. El mantenimiento y progreso de esta arquitectura depende de la inclusión, en alguna medida, de China. Pekín es, por lo general, reacia, alegando que sus arsenales son muy inferiores a los de las dos potencias militares históricas. Está por ver si esta frase indica una disponibilidad de China a entrar en algún tipo de arquitectura de control de armas.

Las partes reafirman que el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares es la piedra angular del sistema internacional de desarme y no proliferación nuclear, es una parte importante del sistema de seguridad internacional de la posguerra, y desempeña un papel indispensable en la paz y el desarrollo mundiales. La comunidad internacional debe promover la implantación equilibrada de los tres pilares del Tratado y colaborar para proteger la credibilidad, la eficacia y el carácter universal de este instrumento.

Las partes están seriamente preocupadas por la asociación trilateral de seguridad entre Australia, Reino Unido y Estados Unidos (AUKUS por sus siglas en inglés), que contempla una mayor cooperación entre sus miembros en áreas que afectan a la estabilidad estratégica, en particular su decisión de iniciar la cooperación en el ámbito de los submarinos de propulsión nuclear. Rusia y China consideran que acciones como estas son contrarias a los objetivos de seguridad y desarrollo sostenible de la región de Asia-Pacífico, aumentan el peligro de una carrera armamentística en la región y plantean graves riesgos de proliferación nuclear. Las partes condenan enérgicamente estas maniobras y piden a los participantes en AUKUS que cumplan de buena fe sus compromisos de no proliferación nuclear y de misiles y colaboren para salvaguardar la paz, la estabilidad y el desarrollo de la región.

Los planes de Japón de verter en el océano el agua contaminada por la central nuclear de Fukushima que quedó destruida, así como el posible impacto medioambiental de estas acciones, preocupan profundamente a las partes. Las partes hacen hincapié en que la eliminación del agua contaminada por la energía nuclear debe ser tratada con responsabilidad y llevarse a cabo de forma adecuada, sobre la base de acuerdos entre la parte japonesa y los Estados vecinos, otras partes interesadas y los organismos internacionales pertinentes, al tiempo que garantizan la transparencia, el razonamiento científico y la conformidad con el derecho internacional.

Las partes consideran que la retirada de Estados Unidos del Tratado sobre la Eliminación de Misiles de Alcance Intermedio y de Menor Alcance, la aceleración de la investigación y el desarrollo de misiles terrestres de alcance intermedio y de menor alcance y el deseo de desplegarlos en las regiones de Asia-Pacífico y Europa, así como la transferencia de los mismos a sus aliados, conllevan un aumento de la tensión y la desconfianza, incrementan los riesgos para la seguridad internacional y regional, conducen al debilitamiento del sistema internacional de no proliferación y de control de armas, y socavan la estabilidad estratégica mundial. Las partes piden a Estados Unidos que responda positivamente a la iniciativa rusa y abandone sus planes de desplegar misiles terrestres de alcance intermedio y de menor alcance en la región de Asia-Pacífico y en Europa. Las partes seguirán manteniendo contactos y reforzando la coordinación sobre esta cuestión.

Las partes señalan la responsabilidad de EEUU en haberse retirado de este acuerdo. Washington justificó su decisión acusando a Moscú de haberlo incumplido. Pekín no era parte del acuerdo.

La parte china aprecia y respalda las propuestas presentadas por la Federación Rusa para establecer garantías de seguridad jurídicamente vinculantes a largo plazo en Europa.

Las partes observan que la denuncia por parte de Estados Unidos de una serie de importantes acuerdos internacionales de control de armas tiene un impacto extremadamente negativo para la seguridad y la estabilidad internacionales y regionales. Las partes expresan su preocupación por el avance de los planes de Estados Unidos para desarrollar una defensa global contra misiles y desplegar sus elementos en diversas regiones del mundo, junto con el aumento de la capacidad de armas no nucleares de alta precisión para ataques de desarme y otros objetivos estratégicos. Las partes subrayan la importancia de los usos pacíficos del espacio exterior, y apoyan firmemente el papel esencial de la Comisión de Naciones Unidas sobre la Utilización del Espacio Exterior con Fines Pacíficos a la hora de promover la cooperación internacional, y mantener y desarrollar las leyes espaciales internacionales y la regulación en el ámbito de las actividades espaciales.

El espacio es otro sector de gran competición entre potencias. Se halla regulado por un tratado de la ONU de 1967 que ya está en muchos sentidos anticuado. Las perspectivas para nuevas regulaciones pactadas es mínima. Rusia ha causado una gran polémica ensayando el pasado mes de noviembre un arma para destruir satélites. La prueba ha causado la difusión en el espacio de más de mil fragmentos que amenazan a otros aparatos o a astronautas en órbita.

[…]

IV

Las partes subrayan que Rusia y China, en su condición de potencias mundiales y miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, tienen la intención de acatar firmemente los principios morales y aceptar su responsabilidad; interceder enérgicamente por el sistema internacional en el que Naciones Unidas desempeña una función esencial de coordinación en los asuntos internacionales; proteger el orden mundial basado en el derecho internacional, incluidos los propósitos y principios de la Carta de Naciones Unidas; fomentar la multipolaridad y promover la democratización de las relaciones internacionales; crear juntos un mundo aún más próspero, estable y justo; y construir conjuntamente un nuevo tipo de relaciones internacionales.

La parte rusa señala la importancia del concepto de construcción de una “comunidad de destino compartido para la humanidad” propuesto por la parte china para garantizar una mayor solidaridad de la comunidad internacional y la consolidación de los esfuerzos para responder a los desafíos comunes. La parte china señala la importancia de los esfuerzos realizados por la parte rusa en aras de establecer un sistema multipolar justo de relaciones internacionales.

Las partes tienen la intención de defender firmemente los resultados de la Segunda Guerra Mundial y el actual orden mundial de la posguerra, defender la autoridad de Naciones Unidas y la justicia en las relaciones internacionales, y oponerse a los intentos de negar, distorsionar y falsificar la historia de la Segunda Guerra Mundial.

Un asunto de especial interés y relevancia para Rusia, que trata de reafirmar su esfera de influencia a través de vínculos históricos y que también intenta reescribir la historia u ocultar las partes incómodas para Rusia para ello. La historia es un campo estratégico para Putin, que basa en su visión de la historia gran parte de su retórica.

A fin de evitar que se repita la tragedia de la guerra mundial, las partes condenarán enérgicamente las acciones destinadas a negar la responsabilidad de las atrocidades cometidas por los agresores nazis y los invasores militaristas y sus cómplices, y a manchar y empañar el honor de los países victoriosos.

Las partes solicitan el establecimiento de un nuevo tipo de relaciones entre las potencias mundiales sobre la base del respeto mutuo, la coexistencia pacífica y la cooperación mutuamente beneficiosa. Reafirman que las nuevas relaciones interestatales entre Rusia y China son superiores a las alianzas políticas y militares de la época de la Guerra Fría. La amistad entre los dos Estados no tiene límites, no hay ámbitos de cooperación “prohibidos”, y el fortalecimiento de la cooperación estratégica bilateral no está dirigido contra terceros países ni se ve afectado por el entorno internacional cambiante y los cambios circunstanciales en terceros países.

Los dos países subrayan aquí la calidad de su alianza, que va más allá de las forjadas en el pasado y que puede abarcar todas las áreas. Pero entre la grandilocuencia retórica y la realidad se interponen dificultades. Una prueba es que no se menciona expresamente a Ucrania, por ejemplo, ni al mar del Sur de China donde China reclama la soberanía de la mayor parte de esas aguas. Pekín mantiene buenas relaciones con Ucrania, y Rusia, con Vietnam, con quien China disputa la soberanía de parte de esas aguas. Pero los problemas afectan muchas otras áreas, como por ejemplo el espacio, en donde hay expertos que creen que, al margen de las declaraciones, el margen de cooperación real es reducido.

[…]

Las partes tienen la intención de desarrollar la cooperación dentro del formato “Rusia-India-China”, así como reforzar la interacción en espacios como la Cumbre de Asia Oriental, el Foro Regional de Seguridad de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN por sus siglas en inglés), la Reunión de Ministros de Defensa de los Estados Miembros de la ASEAN y los Socios de Diálogo. Rusia y China apoyan el papel fundamental de la ASEAN en el desarrollo de la cooperación en el este de Asia, continúan aumentando la coordinación sobre la profundización de la cooperación con la ASEAN y promueven conjuntamente la cooperación en los ámbitos de la salud pública, el desarrollo sostenible, la lucha contra el terrorismo y la lucha contra la delincuencia transnacional. Las partes tienen la intención de seguir trabajando en aras de fortalecer el papel de la ASEAN como elemento clave de la estructura regional.

Interesante mención de India al final del documento. Las relaciones entre Pekín y Nueva Delhi no pasan por su mejor momento precisamente (escuece aún el enfrentamiento fronterizo en Galwan en 2020, y en el Gobierno indio escoció mucho que se seleccionara como portador de la antorcha olímpica a un excombatiente chino en ese enfrentamiento). Pero Rusia está reforzando y ampliando sus acuerdos de colaboración y comerciales con la India en otra vuelta de tuerca más de su giro hacia Oriente y como forma de no fiarle todo a Pekín. En octubre de 2021, Putin viajó a la India. Fue su primer viaje al extranjero desde el inicio de la pandemia. El jefe del Kremlin había rechazado asistir antes a otras citas y cumbres importantes, pero sí fue a Delhi (donde se firmaron una amplia gama de acuerdos y memorandos). Y eso es una forma de demostrar que puede manejar también su agenda de manera independiente a la de Pekín.

Traducción de la declaración conjunta sino-rusa de Paloma Cebrián / News Clips, desde la versión en inglés publicada por el Kremlin.

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Un tanque ruso dispara en unos ejercicios militares en la zona de Rostov, cerca de Ucrania
Un tanque ruso dispara en unos ejercicios militares en la zona de Rostov, cerca de UcraniaAP

Tres décadas después del fin de la Guerra Fría, Europa vuelve a ser campo de batalla preeminente en una gran lucha para definir el orden mundial. Tanto Rusia como China buscan de forma cada vez más descarnada afirmar sus intereses y reducir la hegemonía occidental. El continente se ve afectado de lleno en esa lucha.

El desafío ruso es obviamente el más inmediato y dramático. Retumban en el Este los tambores de guerra con 100.000 soldados desplegados en la frontera con Ucrania, el Kremlin declarándose preparado para acciones “técnico-militares”, ciberataques a gran escala en marcha contra Kiev y agentes infiltrados en Ucrania —según denuncia Washington— listos para propiciar un casus belli. El espectro de una gran crisis energética por un potencial corte abrupto de suministros rusos completa el sombrío cuadro.

El panorama es, pues, el más inestable en mucho tiempo. Se configura como un auténtico “momento de la verdad”, usando la expresión utilizada esta semana por el enviado de Rusia ante la OSCE en una de las múltiples citas diplomáticas celebradas para desactivar la crisis. Lo es porque Moscú, que lleva años planteando sus reivindicaciones y actuando para afianzarlas, ha llevado esta vez su reto hasta un extremo inusitado, tanto en la fijación de exigencias maximalistas en términos de líneas rojas infranqueables, como por el despliegue militar sin precedentes homologables en lo que va de siglo. Y porque Occidente ha prometido una represalia sancionatoria sin parangón en épocas recientes.

Mientras, en segundo plano, aunque atenuado por la distancia, también llega a las orillas europeas el oleaje de la determinación férrea de Pekín, que plantea retos y dilemas trascendentales a los europeos, como demuestra la crisis con Lituania a cuenta del estatus de Taiwán y el boicoteo comercial de represalia emprendido por China contra todos los productos con componentes del país báltico.

El “momento de la verdad” pone a prueba muchos. Rusia, que debe decidir hasta dónde llevar su desafío. Occidente, que debe mantener unión en la respuesta, tanto negociadora, como, eventualmente, sancionatoria. La UE, que afronta la urgente reconsideración de su lugar en el mundo: ¿hasta qué punto, con esta perspectiva, buscar una autonomía estratégica, una voz propia e incluso una integración europea en Defensa? ¿O es el momento de un inequívoco cierre de filas con Washington y dentro de la OTAN? Y también Estados Unidos, que debe medir hasta donde implicarse en Europa frente a Rusia cuando su prioridad absoluta es China.

El riesgo de que la crisis se precipite es elevado. El Kremlin plantea demandas que Occidente considera inasumibles. Moscú reclama que la OTAN se comprometa a no expandirse ulteriormente hacia el Este, que sus principales aliados no desplieguen recursos militares en los países que se sumaron a la alianza después de 1997 y que EE UU no coopere militarmente con Ucrania. Sustancialmente, Putin busca mover las manecillas del reloj atrás hacia el siglo XX.

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La OTAN, aunque no tiene ninguna intención real de integrar a Ucrania hasta donde llega la mirada, considera inaceptable asumir vetos externos y que se impida a países independientes elegir libremente su política exterior. En cambio, la Alianza muestra disposición a ofrecer garantías de seguridad por la vía de negociar nuevos tratados de control de armas, después del desmoronamiento de la arquitectura de acuerdos surgida en la fase final de la Guerra Fría.

“Si realmente le importaran cuestiones de seguridad, como afirma, Putin tendría interés en negociar tratados de control de armas. Tendría sentido y Rusia podría obtener hoy mejores condiciones que en los noventa”, comenta, en conversación telefónica, Ivo Daalder, exembajador de EE UU ante la OTAN y ahora presidente del Consejo de Chicago sobre Asuntos Globales. “Pero el problema es que no es ese su objetivo. Lo que le interesa es controlar los países vecinos por razones políticas. No quiere que sean países realmente independientes, porque esto representaría una amenaza para su poder”.

Muchos en EE UU y la UE comparten la idea de que Putin no solo busca evitar un viraje hacia Occidente de países de la antigua URSS, sino también el arraigo de experiencias democráticas exitosas que muestren a la población rusa que caminos diferentes a regímenes autoritarios como el que él encabeza son posibles.

Ante divergencias tan insalvables y con amenazas poco veladas sobre la mesa, todos escrutan el horizonte oscuro tratando de divisar cuánto lloverá. El Kremlin utiliza de forma recurrente el ambiguo concepto de una respuesta “técnico-militar” si sus peticiones no son satisfechas.

Maxim Suchkov, director del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad MGIMO de Moscú, considera que la opción más creíble es una acción de carácter intermedio entre los extremos de una invasión y la inacción. “A mi juicio ‘técnico-militar’ sugiere que no se trata de una invasión. Probablemente, el primer paso sería el despliegue de nuevas armas, en Donbás, quién sabe si en Kaliningrado”, apunta telefónicamente.

Kadri Liik, investigadora del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores experta en la relación entre Rusia y Occidente, también considera improbable una invasión con todos los medios, una ofensiva de tal envergadura que conllevaría una ruptura total de las relaciones con Occidente, un aislamiento con duras sanciones, el riesgo de empantanarse en una guerra de guerrillas, para la cual Washington contempla si y cómo suministrar armamento. “No veo la lógica de ir hasta ahí. En ese punto, Rusia se quedaría muy dependiente de China, que tampoco es una opción apetecible. Tiene más lógica para ellos seguir incrementando la presión sin llegar a puntos de ruptura”, dice.

“Es un lenguaje con el que deliberadamente quieren mantener abiertas todas las opciones. Pero, claramente, hablamos de opciones ofensivas”, dice Daalder. “Esto puede ser desplegar nuevas armas, incrementar el soporte a la insurgencia en el Donbás, una acción militar para anexionar esa zona, crear una conexión terrestre con Crimea o una ofensiva ciber”, apunta.

Incluso acciones intermedias como las descritas precipitarían la crisis en un pozo de imprevisibilidad. Occidente respondería, con sanciones, posiblemente entregando armas a Ucrania y reposicionando fuerzas de la OTAN. Una espiral peligrosa, que puede salir fuera de control, con Europa como terreno de lucha y con China observando, de lejos, como aprovecharse de las turbulencias que pueda sufrir Occidente.

La visión panorámica es fundamental para descifrar la situación. De hecho, ante la pregunta de por qué Putin ha decidido esta escalada ahora en Ucrania, tanto Suchkov como Liik apuntan a la estrategia global de Washington. “Creo que la retirada de Afganistán fue un mensaje que Putin interpretó en el sentido de una Casa Blanca determinada a elegir sus batallas, a dejar las que no son esenciales. En Moscú han pensado que Biden es pragmático y que puede hablar en nombre de Oeste. Trump no sería voz de Europa”, comenta la analista. Suchkov señala que probablemente el Kremlin calcula que Washington “no quiere distracciones” en su esfuerzo ante China. Todo ello constituye un escenario favorable para obtener resultados. Una Europa centrada en el reto pandémico, también puede ser un factor propicio.

Rusia sostiene que su escalada responde a movimientos militares en el lado ucranio, por ejemplo con la entrega de armamento. Es cierto que Turquía ha suministrado drones y EEUU pequeños misiles antitanque, pero no se trata de material con capacidad desequilibrante.

En cuanto a la UE la visión panorámica, de perspectiva, apunta a que la crisis afecta de lleno sus planes en materia de autonomía estratégica. Es esta una de las grandes líneas de trabajo de la Unión, y una de las prioridades del semestre de presidencia francesa que empezó el pasado día 1. Sin embargo, en su faceta de mayor integración de Defensa —otra cosa es el plano industrial no armamentístico—, el debate se ve ahora claramente alterado por una crisis que resitúa a la OTAN en una posición de preeminencia absoluta, como baluarte central de la seguridad. Quedan lejos los tiempos en los que el presidente Emmanuel Macron la definió como una organización en estado de “muerte cerebral”.

“Después de la retirada de Afganistán, hubo un momento de oportunidad para crear un sentimiento en la UE proclive a la autonomía estratégica”, dice Daalder. “Pero esta crisis erosiona esa base. Ahora no hay dudas, todos miran a Washington, la OTAN muestra su centralidad y se evidencia cierta vacuidad de los planteamientos que abogan por una posición europea autónoma, desmarcada”, apunta.

Frente al tradicional empuje francés por un fuerte grado de autonomía en Defensa, el consenso ya se había ido orientando hacia dar pasos de integración militar europea claramente enmarcados dentro del paraguas de la OTAN. Ahora resulta probable que las actuales circunstancias reaviven las suspicacias que muchos miembros de la UE, sobre todo en el este, tienen hacia estos planes, sintiéndose más seguros en un marco como el actual, en el que la OTAN desempeña un papel superior indiscutido.

Europa es un importante campo de batalla en un mundo de equilibrios cambiantes y le conmina a prepararse y situarse. El tiempo dirá cómo y con qué grado de cohesión.

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