El animal se ve amarrado del cuello con una cadena que aunque es larga, se la dejaron corta y no puede moverse. Ocurre en Pamplona, Norte de Santander.
No solo en el barrio donde ocurre este hecho hay indignación, en Pamplona y desde diferentes ciudades ya hay voces de rechazo y piden el rescate del perro.
Noticias Colombia.
«Denuncia pública: maltrato animal en la ciudad de Pamplona, barrio La Celestino, dejan a un perrito todo el día encerrado en un balcón a sol y sombra amarrado del cuello», indicaba un texto acompañando un vídeo, en el que se ve al animal en efecto, amarrado y sin poder moverse, en una casa en Pamplona.
«No se puede ni sentar ni acostar y el perrito pide ayuda a gritos, ladra todo el tiempo y parado», indicaba el tuitero @Wpalis.
El animal se ve amarrado del cuello con una cadena que aunque es larga, se la dejaron corta y no puede moverse.
El sujeto se asomó, y no soltó al perro.
Sabía que lo estaban grabando.
Uno de los que sería el dueño del can, al ver que lo estaban grabando se asomó y actuó, de forma irónica.
Vecinos han dicho en redes sociales, que otras veces le han pedido entrar al perro o por lo meno no amarrarlo así, y que han sido intimidados. Y de la policía, «poco apoyo».
Se conoció que la policía fue hasta la vivienda, pero solo soltaron al animal y no lo incautaron, «porque el perro no tenía signos de desnutrición ni maltrato».
No solo en el barrio donde ocurre este hecho hay indignación, en Pamplona y desde diferentes ciudades ya hay voces de rechazo.
Piden a las autoridades de esa ciudad en Norte de Santander, intervenir porque creen, «el perro está en riesgo».
La senadora Andrea Padilla, animalista y rescatista, fue una de las que denunció el caso y lamentó, que para contactarse con las autoridades, se habiliten canales en los que no hay prontas respuestas.
El cáncer de colon y recto o cáncer colorrectal, es una de las enfermedades con más incidencia en el país y una de las cinco neoplasias malignas con mayor tasa de mortalidad en Cali. Sin embargo, es prevenible y curable si se detecta a tiempo.
Por esta razón y a propósito del Día Mundial contra el Cáncer de Colon, que se conmemora este jueves (31.03.2022), la Secretaría de Salud Pública Distrital hace énfasis en la necesidad de estar atentos a los factores de riesgo y adoptar hábitos de vida saludable para disminuir la posibilidad de desarrollar esta patología.
A nivel mundial, este cáncer es el tercero que más casos nuevos reporta anualmente, por detrás del de mama y pulmón. Según datos del Observatorio Global de Cáncer (Globocan), en 2020 hubo 1.931.590 nuevos diagnósticos de la enfermedad y una tasa de mortalidad de 9 por cada 100 mil personas.
En Colombia, según datos de la Cuenta de Alto Costo (el fondo colombiano de enfermedades de alto costo), entre el 2 de enero de 2020 y el 1 de enero de 2021, se detectaron 3267 casos nuevos de cáncer de colon y recto, ubicándose en el segundo lugar, por debajo del cáncer de mama y por encima del de próstata.
La tasa de mortalidad a nivel nacional por este cáncer es de 6,03 por cada 100 mil habitantes. En Cali, la cifra llega a 8,57 por cada 100 mil, siendo uno de los tipos de cáncer que más muertes origina, junto al de mama, el de cuello uterino, el de próstata y estómago.
¿Cómo se origina? El colon, explica el médico cirujano oncólogo Alden Gómez, tiene como principal función absorber el agua y mantener el equilibrio o la hidratación del cuerpo, además de la absorción de electrolitos (sodio y cloro). “No absorbe nutrientes porque estos ya se han absorbido previamente en el intestino delgado”, precisa.
El cáncer ocurre cuando se forman células malignas (cancerosas) en los tejidos del colon. La mayor parte de los casos está relacionada con la aparición de pólipos (crecimientos anormales de células) en el revestimiento de esa zona.
Aunque no todos los pólipos son cancerosos, algunos tienen el potencial de convertirse en cáncer con el paso del tiempo. Detectarlos a tiempo es fundamental para prevenir la enfermedad.
“El principal factor de riesgo para desarrollar cáncer de colon es tener un pólipo adenomatoso, pero existen algunos otros factores: la edad, el consumo de tabaco y alcohol, la obesidad (que es un estado permanente de inflamación), una dieta pobre en fibra y el sedentarismo”, agrega el doctor Gómez.
Los síntomas… El cáncer de colon y recto puede tener varios síntomas, aunque en sus etapas iniciales es asintomático, comenta el médico oncólogo. Así, una persona puede tener pólipos o incluso haber desarrollado la enfermedad y no saberlo.
“En sus etapas tardías o avanzadas, el paciente puede tener anemia, síntomas de debilidad, puede haber cambios en las heces, que sean más delgadas, que el paciente haga deposición en bolitas o que tenga diarrea por un periodo mayor a dos semanas”, añade el especialista.
Ante estos síntomas u otros como sangre en la materia fecal, pérdida de peso inexplicable o sensación de que el intestino no se vacía por completo, se debe consultar al médico.
Prevención… El cáncer de colon y recto es uno de los tipos de neoplasias malignas que pueden ser prevenidas e, incluso, tratadas si se detectan a tiempo, con tamizaje mediante colonoscopia o prueba de sangre oculta en heces.
“La mejor manera de prevenir el cáncer es detectando el pólipo o modificando los factores tales como la dieta, que sea rica en fibra; o realizando ejercicio. Buscamos los pólipos mediante una colonoscopia, que idealmente debe ser después de los 50 años en población asintomática”, puntualiza el doctor Alden Gómez.
Fuente: Comunicaciones Secretaría de Salud Pública Distrital
La Casa Blanca se ha visto obligada este domingo a matizar una frase del presidente Joe Biden que se podía entender como un llamamiento a desalojar Vladímir Putin del poder en Rusia. Durante un discurso en Varsovia, este sábado, Biden añadió de su cosecha al texto redactado por su equipo la frase: “Por Dios santo, este hombre [Putin] no puede permanecer en el poder”. No estaba en el guion, han subrayado fuentes de la Casa Blanca, ni se puede interpretar como una invitación a derrocar al líder ruso, sino que debe leerse en un contexto más amplio. “El comentario del presidente fue que a Putin no se le puede permitir ejercer el poder sobre sus vecinos de la región. [Biden] no hablaba del poder de Putin en Rusia, ni de un cambio de régimen”, matizó un alto funcionario, amparado en el anonimato.
Pero la aclaración, minutos después del desaguisado, no ha bastado para remediar el estupor de las cancillerías —Francia y el Reino Unido enseguida tomaron distancia, para no incrementar la tensión— ni apagar el incendio en las redes sociales. El secretario de Estado, Antony Blinken, ha tenido que salir al paso este domingo de la supuesta intención golpista del comentario de Biden. Desde Israel, donde participa en una importante cumbre con varios países árabes, el jefe de la diplomacia estadounidense ha enmendado la polémica sin apartarse un milímetro de la postura oficial de la Casa Blanca, formulada a principios de este mes, de que corresponde solo a los rusos decidir quién les gobierna.
El Secretario de Estado de EE UU, Antony Blinken, en su visita a Israel este domingo.Foto: Jacquelyn Martin / POOL / AFP | Vídeo: REUTERS
“Como bien saben, y nos han escuchado decir repetidamente, no tenemos una estrategia de cambio de régimen en Rusia ni en ningún otro lugar”, ha reiterado este domingo el jefe de la diplomacia estadounidense. “Creo que el presidente señaló anoche que, simplemente, Putin no puede verse facultado para hacer la guerra o participar en una agresión contra Ucrania o cualquier otro” país del entorno, ha subrayado Blinken.
Representantes de la Administración estadounidense se han lanzado este domingo a tapar la vía de agua; máxime después de comentarios como el del presidente francés, Emmanuel Macron, acerca de lo inconveniente de las palabras de Biden. “No, como ha dicho el secretario de Estado Blinken, Estados Unidos no tiene una política de cambio de régimen en Rusia. Punto”, ha reiterado la representante de EE UU en la OTAN, Julianne Smith, en una entrevista en la CNN, calificando de error el comentario del mandatario, que pocas horas antes había llamado carnicero a su par ruso.
Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.
En una entrevista con la cadena France 3, Macron recomendó tanto a Biden como al Gobierno ruso que se abstuvieran de alimentar “ni con actos ni con palabras” el conflicto después de que el presidente de EE UU describiera a Putin como un “carnicero”. El presidente francés dijo que le gustaría protagonizar una solución negociada al conflicto. “No deberíamos inflamar este conflicto ni con actos ni con palabras”, reiteró el mandatario antes de distanciarse de la declaración de Biden. “Yo no usaría esas palabras”, añadió durante la entrevista. El portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, reprochó el sábado también el lenguaje de Biden. “Un líder de Estado debe mantener la sobriedad”, manifestó Peskov a la agencia TASS. “Cada vez que ocurren insultos personales de este tipo, la ventana de oportunidad para nuestras relaciones bilaterales se hace más pequeña”.
Hay división de opiniones, y multitud de interpretaciones, sobre la frase: que fuera un lapsus o bien una velada amenaza al Kremlin, cuando no una reacción emocional tras su visita a los refugiados en la frontera polaca con Ucrania, como sostienen muchos quitando hierro a la tensión. Mientras algunos republicanos jaleaban el arrojo de Biden, otros, más pragmáticos, alertaban de que sus palabras pueden causar aún más problemas a Ucrania. Entre los entusiastas está Bill de Blasio, exalcalde demócrata de Nueva York. “¿Está Biden diciendo algo controvertido al llamar a un cambio de régimen en Rusia? ¡No! No teniendo en cuenta que Putin se ha empeñado en socavar las elecciones de EE UU. Putin empezó el juego hace mucho tiempo. Es hora de responder, Vladímir. ¡Adelante, Joe!”, ha tuiteado el exalcalde.
Is @JoeBiden doing something controversial by calling for regime change in Russia? No! Not when Putin has consistently tried to undermine US elections. Putin started the regime game long ago. It’s payback time, Vladimir. And right on, Joe!
El lapsus de Biden demuestra sus habituales enredos con el arte de la oratoria —“la frase fue un ejemplo de la retórica a veces inarticulada” del mandatario, según el diario The Washington Post—, contra la que los bomberos de la Administración poco han podido hacer en este caso. No es la primera vez que a Biden le traiciona el subconsciente o incurre en un comprometido lapsus linguae que la Casa Blanca debe corregir. Para algunos analistas, el borrón resultará indeleble esta vez. “La marcha atrás de la Casa Blanca [respecto al comentario de Biden] no parece que vaya a limpiarlo. Putin lo considerará una confirmación de lo que ha venido pensando hasta ahora. Un mal lapsus que puede extender el alcance y la duración de la guerra”, apuntó en Twitter Richard Haass, presidente del centro de estudios Consejo de Relaciones Exteriores. En la misma red social, Derek J. Grossman, profesor universitario y analista de Rand Corporation, ha juzgado también negativamente la frase. “El efecto neto será un mayor fortalecimiento de los lazos entre China y Rusia. Hoy se ha producido un cambio monumental en la política de EE UU y un error aún mayor”
De momento, Bill de Blasio se ha quedado solo dando palmas.
La Alianza del Atlántico Norte se creó con dos propósitos básicos: evitar una gran guerra en Europa y, en caso de que esto fracasara, gestionar la escalada. Lamentablemente, con la guerra de Ucrania, ha fracasado en ambos aspectos. Si no fuera por la fortaleza del pueblo ucranio y el apoyo de algunos aliados, las tropas rusas estarían ya concentradas en la frontera de la OTAN con misiles apuntando a sus ciudades. Los líderes de la OTAN, que se reúnen esta semana, tienen la oportunidad de redimir a la Alianza y ayudar a los ucranios a terminar la guerra en términos favorables. Pueden hacerlo sin implicarse directamente en la lucha, pero tendrán que liberarse de dos dogmas autodestructivos: que la defensa colectiva de la Alianza empieza y termina en su territorio y que cualquier acción sería una escalada que llevaría a la Tercera Guerra Mundial.
Lo más importante es que los líderes de la OTAN corrijan un error estratégico: dejar que el ruido de sables nuclear de Vladímir Putin quede fuera de control. Un solitario Putin sentado a 10 metros de su ministro de Defensa y de su jefe del Estado Mayor dándoles instrucciones para poner a las fuerzas nucleares rusas en disposición de combate será una de las imágenes definitorias, aunque macabras, de esta guerra. Si el mensaje de Putin fue alto y claro, la respuesta de la OTAN resultó preocupantemente silenciosa, salvo una contestación cortante del ministro de Asuntos Exteriores francés, Jean-Yves Le Drian, que recordó a Putin que “la OTAN también es una potencia nuclear”. La idea, especialmente en Washington, parece ser que la mejor respuesta es ignorar el ruido de sables nuclear de Putin. Sin embargo, la temeraria incursión de las fuerzas rusas contra la mayor central atómica de Ucrania (y de Europa) demuestra que el aviso nuclear de Putin debe tomarse en serio.
No dar marcha atrás y restablecer un cierto equilibrio estratégico en la retórica nuclear es dejar que Putin siente un precedente muy peligroso. ¿Qué le impedirá utilizar potencialmente armas nucleares la próxima vez que se proponga atacar otro territorio europeo? Esto no solo resulta preocupante para Europa. Algunos aliados del Indo-Pacífico deben preguntarse cuál sería la respuesta de Estados Unidos si China utilizara el manual de tácticas nucleares de Putin para apoderarse de algunos islotes. Los líderes de la OTAN deben utilizar su voz colectiva para decir tres cosas: la OTAN es una alianza nuclear. No tiene intención de utilizar armas atómicas en este conflicto. Sin embargo, el uso de armas nucleares cambiará fundamentalmente la naturaleza del conflicto, con consecuencias devastadoras para todos. Este lenguaje simple pero inequívoco debería ayudar a la OTAN a redibujar una línea roja. Lo mismo puede decirse de las armas químicas o de cualquier otra arma de destrucción masiva.
En segundo lugar, los aliados de la OTAN deben ampliar la cantidad y calidad del armamento enviado a las fuerzas ucranias. La guerra está llegando a su cenit. Zelenski tiene que resistir y aumentar el coste de la campaña de Putin. Esto debe comenzar con los grandes aliados, especialmente los de Europa occidental, para aumentar significativamente sus envíos de armas. Si los aliados de Europa del Norte y central están en su tercera o incluso cuarta oleada de envío de armas, los de Europa occidental se encuentran rezagados. Este desequilibrio supone un doble riesgo de sembrar divisiones entre los aliados —los del Este sienten cada vez más que están asumiendo una carga desproporcionada—, pero también de debilitar el suministro de armas críticas en un momento en el que Zelenski necesita reforzar su posición tanto militar como diplomáticamente.
En relación con esto, la calidad de esos envíos también debe evolucionar a medida que las tácticas en la guerra cambian: los rusos utilizan cada vez más su fuerza aérea y sus misiles para causar destrucción y muerte de forma indiscriminada. Tras haber fracasado en decapitar al Gobierno, la campaña militar de Putin busca ahora poner de rodillas a la población ucrania. Para ello, las fuerzas ucranias necesitan más medios para derribar los cazas y misiles rusos y proteger los centros de población y las infraestructuras clave, especialmente en el oeste de Ucrania. Necesitan sistemas de defensa aérea de medio alcance, como los S-300 de fabricación rusa que emplean Grecia, Bulgaria y Eslovaquia. Estados Unidos, con su sistema Patriot, y otros países, como Francia, Italia y Reino Unido, que disponen de sistemas equivalentes de medio alcance, podrían reforzar a esos aliados de primera línea. Proporcionar esa capacidad defensiva a las fuerzas ucranias les dará una oportunidad razonable contra la maquinaria de guerra de Putin y les ayudará a crear un santuario en el espacio aéreo de Ucrania occidental. Será menos controvertido y logísticamente complicado de operar que proporcionar aviones de combate, pero podría hacer verdadera mella en las fuerzas aéreas y de cohetes rusas.
Esperar y hacer grandes declaraciones sin aumentar la presión militar sobre Putin también reduciría las posibilidades de éxito en el frente diplomático. Ahora que Zelenski ha mostrado su voluntad de no solicitar el ingreso en la OTAN, ello también ha hecho que la implicación de la Alianza sea menos evidente. Los dirigentes de la OTAN deberían pedir a los mandos de la Alianza que actualicen los planes para asegurar el acceso continuo a los mares Negro y Báltico, así como los planes cibernéticos para proteger activamente las infraestructuras de la OTAN. En clave, estas medidas enviarán un claro mensaje a Moscú: estamos dispuestos a aumentar la presión en los dominios críticos para Rusia.
Estas decisiones no están exentas de riesgo, pero todas se mantienen por debajo del umbral de la implicación militar directa. La OTAN tiene la obligación moral y estratégica de actuar. Hacer demasiado poco, como es ahora el caso, presenta el riesgo inaceptable de una Ucrania subyugada y un Vladímir Putin listo para su próximo movimiento revanchista. El fracaso también tendrá consecuencias duraderas para la credibilidad y el propio propósito de la Alianza. De hecho, ¿qué valor tiene una defensa colectiva sólida como una roca si una parte cada vez más grande del continente europeo está bajo ocupación y en abierto conflicto con Rusia?
Putin nunca ha estado tan cerca del fracaso. Lo que empezó como un intento de cambio de régimen fulminante en Ucrania podría acabar desencadenando un cambio de régimen de larga duración en la propia Rusia. Aunque la OTAN no participe directamente en la lucha, es una guerra que puede ganarse o perderse en función de nuestras decisiones.
Cuando Maria Semionova escuchó las noticias sobre los primeros ataques de las fuerzas de Vladímir Putin contra Ucrania se echó a temblar. Después, rompió a llorar. Tiene casi 86 años y con la invasión del Kremlin ya ha vivido tres guerras. Ahora, esta técnica comercial que siente algo de nostalgia por la “seguridad” de la Unión Soviética teme que la violencia que ya asola ciudades del este del país y del sur llegue con fuerza a Dnipró, en el centro. Tiene pánico a padecer otra ocupación como la que vivió de niña, cuando los soldados de la Alemania nazi y sus aliados tomaron su pueblo, muy cerca de Krivói Rog, la ciudad del presidente Volodímir Zelenski. Los recuerdos de aquella época, cuenta, le revuelven el estómago. “¿Qué más puede sufrir este país? Es tan injusto. Yo he vivido guerras, mi hija y mi nieto también. Cuántas generaciones más”, se lamenta.
En menos de 100 años, Ucrania ha vivido una hambruna planificada por el régimen comunista de Iósif Stalin —el Holodomor, “muerte por hambre” en ucranio—; la Segunda Guerra Mundial; la guerra del Donbás, en el Este, con los separatistas prorrusos apoyados por el Kremlin; y la invasión de las tropas enviadas por el jefe del Kremlin. Putin cree que la antigua república soviética es en realidad un país ficticio que quiere mantener bajo su órbita, y que rusos y ucranios encarnan un “mismo pueblo” al que proteger del Gobierno de Kiev, al que ha acusado de ser una panda de “nazis y drogadictos”. La guerra de Putin contra Ucrania rebasa las dos semanas y, a medida que las tropas rusas se adentran en el corazón del país, de 44 millones de habitantes, un Estado geoestratégico entre Rusia y Occidente, los ataques se vuelven más violentos y el número de bajas civiles y de refugiados no ha dejado de aumentar.
En casa de Semiónova y de su hija Svetlana Svetlova, una foto ya antigua en blanco y negro de su nieto, Igor, entonces un crío mofletudo con gorrito y bufanda, y de su esposo, metalúrgico fallecido hace siete años, ocupan un lugar de honor en la vitrina del salón. Los cuadros que ha pintado Svetlova, de 60 años, empresaria inmobiliaria y apasionada de los pinceles, adornan las paredes de la vivienda, en un barrio al este de Dnipró, una ciudad con una importante comunidad judía. “Somos una familia mixta, laicos y judíos. El argumento de Putin de que esto está gobernado por nazis es tan ridículo que ni merece un suspiro”, dice Svetlova. “Queremos democracia, liberalismo, valores europeos. El Kremlin y su propaganda trabajan de acuerdo con los manuales de entrenamiento de la Alemania nazi. Aquí queremos vivir en paz, con calma”, insiste.
Semiónova, menuda y de aspecto frágil, ha pedido a su hija que preste especial atención a la despensa estos días. No olvida nunca las historias sobre el Holodomor, que empezó en 1932, que escuchó en casa de pequeña. Tampoco Svetlova. “Mi abuela me contó que hubo una época en la que literalmente no había nada que comer, los comisarios de seguridad [soviéticos] se llevaron la cosecha. Cuando llegó la primavera al menos comían hierba”, cuenta la empresaria mientras sirve un té negro en una taza de loza en la mesita del salón.
En 2006, Ucrania declaró el Holodomor como un acto de genocidio. La hambruna, ignorada y silenciada en la URSS y también por gran parte de la comunidad internacional, fue “creada deliberadamente” por Stalin entre 1932 y 1933 para eliminar cualquier idea de autonomía en Ucrania, considerada el granero de Eurasia y percibida como una amenaza por el poder central, escribe la periodista Anne Applebaum, que ha investigado a fondo el Holodomor en su libro Hambruna roja. Applebaumcree que la hambruna unida a la represión de los intelectuales y de cualquier elemento que tuviese que ver con la cultura ucrania fue un intento del aparato de Stalin para evitar una contrarrevolución. Las autoridades ucranias estiman que 3,8 millones de personas murieron de hambre. Y después, Stalin prohibió hablar de ello.
Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.
Fallecidos en Járkov por la hambruna en 1933. La fotografía pertenece a la colección del Museo del Holodomor de Kiev.Alexander Wienerberger
Menos de una década después, en 1941, narra Semiónova, los nazis invadieron Ucrania y tomaron prácticamente todo el país bajo su control. Los recuerdos de la Segunda Guerra Mundial se han avivado estos días en su memoria. El ternero que nació muerto y cuya piel hubo que entregar a los ocupantes nazis, que llevaban un control estricto de todo; cómo su padre se fue a luchar con el Ejército Rojo y su madre fue destinada a cavar zanjas, mientras su hermano y ella quedaron a cargo de su abuelo, de 70 años. La imagen de su hermano mayor, muy alto para su edad, vestido con ropas de mujer para evitar que los nazis le obligasen a una movilización obligatoria. “Qué terribles eran las batallas. Solo quedaron las chimeneas de un pueblo, lo destruyeron todo”, relata con los ojos llorosos. “Y ahora nos enfrentamos de nuevo a fascistas, fascistas desde el Kremlin”, apostilla Svetlova.
Unos 1,5 millones de judíos ucranios fueron asesinados por los nazis y sus colaboradores (una de cada cuatro víctimas de la Shoah), la mayoría a manos de escuadrones de la muerte. En solo unos días, más de 33.000 fueron fusilados en Babi Yar, un barranco de Kiev hoy convertido en memorial contra el Holocausto y que fue alcanzado por los efectos de un ataque contra la antena de televisión de Kiev, que el Gobierno ucranio ha atribuido a Rusia. Entre cinco y siete millones de ucranios perdieron la vida en la Segunda Guerra Mundial.
Después, analiza Timothy Snyder, profesor de la Universidad de Yale y especializado en Europa Central y Oriental, llegó la represión soviética que consideró a muchos ucranios como sospechosos de colaborar con los nazis. Empezó de nuevo la política de rusificación, dice Snyder. Y durante las cuatro décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, el poder central de Moscú trató de borrar la lengua y la cultura ucranias.
Hoy, en casa de Semiónova y Svetlova hacen planes por si tienen que huir. Ese escenario nunca estuvo sobre la mesa en 2014, cuando Rusia se anexionó la península ucrania de Crimea con un referéndum considerado ilegal por la comunidad internacional, ni cuando estalló la guerra en el este contra los secesionistas alzados por Moscú que se ha cobrado en ocho años unas 14.000 vidas. Pero ahora, las tropas rusas avanzan y codician también Dnipró, de casi un millón de habitantes —antes de que empezase el éxodo por la guerra en todo el país que la ONU cifró este martes en dos millones de refugiados— y un enclave estratégico en el centro el país por su localización para el paso de suministros y sus industrias.
Mientras, la ciudad se prepara para la llegada del invasor. Hay barricadas, controles, patrullas y trampas antitanque prácticamente en cada esquina. Svetlova ha aparcado los pinceles y ahora se dedica a preparar cócteles molotov con otras voluntarias. De momento, pese a la insistencia de su hijo Igor, que vive en Israel, no se irán. “Nos esconderemos del bombardeo en un refugio antiaéreo, prepararemos cócteles molotov que los hombres les tirarán, haremos algo, lucharemos. Nosotros no vamos a ninguna parte. Mi madre sobrevivió a Hitler, mi familia sobrevivió al nazismo y ahora también sobreviviremos al fascismo y a Putin”, asegura.
El relato de Vladímir Putin de que Rusia invadió Ucrania para salvar a un pueblo oprimido por “una banda de drogadictos y neonazis” ha tenido gran acogida… en Rusia. Pero él, además, reprime todas las voces que quizá contarían una historia diferente. ¿Es este el verdadero campo de batalla, el del relato? ¿Y qué papel puede desempeñar la ficción cuando la verdad ya ha sido derrotada?
En 2015, la televisión noruega emitió la primera temporada de la serie Occupied. La serie presenta una Noruega ocupada por Rusia, una situación que la UE y Estados Unidos han aceptado de manera más o menos tácita para que puedan volver a funcionar las instalaciones petrolíferas que el Gobierno noruego de los Verdes había cerrado. Mientras desarrollaba la idea inicial de la serie, lo que me interesaba sobre todo eran los dilemas morales y las decisiones que debe tomar la gente corriente en una situación extrema, en un paralelismo consciente con la situación en la que quizá se encontraron nuestros padres y abuelos durante la ocupación alemana de Noruega entre 1940 y 1945.
Las maniobras políticas entre un país pequeño, un vecino poderoso y el resto de las naciones del mundo, con un intento de encontrar el equilibrio entre los principios políticos, las consideraciones económicas y la seguridad, no eran más que parte del telón de fondo. Pensé que sería evidente que el propósito del mundo ficticio creado en Occupied no era decir nada sobre Rusia —igual que el propósito de Steven Spielberg en Tiburón no era decir nada sobre los tiburones blancos— y, sin embargo, las autoridades rusas no se lo tomaron demasiado bien. Vyacheslav Pavlovsky, embajador en Noruega, declaró a la agencia de noticias rusa TASS: “Sin duda es lamentable que en este año en el que se celebra el 70º aniversario de la victoria en la Segunda Guerra Mundial, los autores se hayan olvidado, por lo visto, de la heroica contribución que hizo el ejército soviético a la liberación del norte del país, que estaba ocupado por los nazis, y hayan decidido, en la peor tradición de la Guerra Fría, atemorizar a los espectadores noruegos con una inexistente amenaza procedente del Este”. Quizá el embajador se mostró especialmente susceptible porque Rusia se había anexionado Crimea el año anterior —mucho después de que se escribiera y se empezara a rodar Occupied— y, con ello, se había ganado el papel de gran enemigo en el escenario político mundial. Pero ¿por qué esa reacción tan furiosa cuando estaba muy claro que la serie era una obra de ficción y una historia en la que, por una vez, no se mostraba a los rusos como un grupo de “malos” robóticos y malvados?
Un momento de la serie ‘Occupied’.
Tal vez la respuesta sea esta: en una época en la que la verdad se ha devaluado por culpa de los bulos y la propaganda, en la que se elige a líderes poderosos dejándose llevar por las emociones y no por sus méritos o sus puntos de vista políticos, los hechos ya no tienen el peso que tenían en otro tiempo. Han tenido que dejar paso a unos relatos que apelan a nuestras emociones, historias sobre nosotros y sobre lo que nos define como grupo, nación, cultura o religión. Quizá no fue la falta de armas o de poder militar lo que causó la derrota en las guerras de ocupación de Vietnam y Afganistán, sino la falta de un relato capaz de “conquistar el corazón y la cabeza de la gente”. O, para ser más exactos: quizá fue porque el enemigo podía contar mejores historias.
Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.
Una de las citas que más utilizan quienes escriben sobre la guerra más reciente de Rusia es la frase del senador estadounidense Hiram Johnson, que en 1917 dijo que “la primera víctima de una guerra es la verdad”. Se utiliza, entre otras cosas, para recordar a los periodistas y los responsables de los medios de comunicación lo vulnerable que puede ser la verdad objetiva cuando hay dos bandos que luchan por imponer su propia versión de los acontecimientos. Pero también es un recordatorio de que es ingenuo creer que un periodista —incluso el más íntegro e independiente— puede informar sin que le influyan su cultura, su nacionalidad y la visión del mundo que ha heredado, en particular durante una guerra. Richard Feynman, premio Nobel y uno de los científicos que crearon la bomba atómica, escribió sobre algo tan absoluto como la física: “Tengo respuestas aproximadas, posibles opiniones y diferentes grados de certeza sobre distintas cosas, pero no estoy absolutamente seguro de nada”. Al leer esto, comprendemos que la propia idea de la verdad objetiva perfecta no es más que un espejismo. Pero, igual que podemos decir con bastante probabilidad que 1+1=2, no es lo mismo tratar de decir que una cosa es verdadera que tratar de decir que una cosa es falsa.
En 1937, cuando el general fascista Franco bombardeó la localidad de Guernica y provocó una matanza entre la población civil, había todo un pueblo que podía dar testimonio de lo ocurrido. En cuanto empezaron a aparecer imágenes de la destrucción y las víctimas, Franco y sus generales se dieron cuenta de las emociones que iban a suscitar en España y el extranjero y empezaron a repetir sin descanso que los republicanos habían destruido su propia villa. Durante mucho tiempo se impuso esta versión de los hechos, al menos entre quienes deseaban creerla. Pero los republicanos contaban con un narrador mejor. Pablo Picasso reaccionó con uno de sus cuadros más famosos, el Guernica, que representaba el infierno de la pequeña ciudad vasca. Aquella obra, pintada por una persona que vivía en París, una representación no objetiva, producto de la propia imaginación y experiencia del artista, fue decisiva a la hora de abrir los ojos de Europa. Se expuso en París ese mismo año y después recorrió el continente, en una gira que contribuyó enormemente a reclutar soldados voluntarios para el bando republicano.
El cuadro ‘Guernica’ a su llegada a España.MUSEO PICASSO DE MÁLAGA (Europa Press)
Si el Guernica era a la vez propaganda y obra maestra, lo mismo puede decirse El acorazado Potemkin de Serguéi Eisenstein, encargado por las autoridades soviéticas para celebrar el vigésimo aniversario de la revolución de 1905. Aunque ambas obras pretenden representar hechos reales, también hacen uso de una considerable libertad artística: por ejemplo, la famosa escena de la masacre en las escaleras de Odesa nunca sucedió. Pero el narrador de ficción no tiene por qué preocuparse por esos detalles; su objetivo es expresar una verdad, no necesariamente unos hechos objetivos. Llegar al corazón y a la cabeza, no informar sobre el número de muertes ni sobre quién hizo qué a quién, dónde y cuándo. Esa libertad es la que otorga a la ficción su poder, sobre todo cuando el público no es consciente de que se le está transmitiendo propaganda.
Tanner Mirrlees, de la Universidad Técnica de Ontario, y autor de Hearts and Mines: The U.S. Empire’s Culture Industry (Corazones y minas: El sector cultural del imperio estadounidense), describe cómo, durante la Segunda Guerra Mundial, la Oficina de Información de Guerra de Estados Unidos creó una división exclusiva para la colaboración con Hollywood, la Oficina Cinematográfica (Bureau of Motion Pictures). Entre 1942 y 1945, la Oficina revisó 1.652 manuscritos y modificó o eliminó todo lo que presentaba una imagen desfavorable de Estados Unidos, incluida cualquier cosa que diera la impresión de que los estadounidenses se sentían “ajenos o contrarios a la guerra”. Según Mirrlees, fue Elmer Davis, jefe de la Oficina de Información de Guerra, quien dijo que “el método más fácil para introducir una idea propagandística en la mente de alguien es, casi siempre, transmitirla a través de una película normal y corriente porque, cuando la ve, no se da cuenta de que está recibiendo esa propaganda”. El cine era y sigue siendo el vehículo perfecto para moldear la opinión popular, dijo Mirrlees a la Radiotelevisión Pública de Canadá, porque ver una película es una experiencia estimulante que comparten todos los espectadores. Hollywood continuó vendiendo los ideales militares estadounidenses durante la Guerra Fría y sigue haciéndolo todavía hoy.
Ahora todo el mundo está sentado en la misma sala de cine, contemplando cómo se desarrollan los acontecimientos en Ucrania. Pero lo que vemos son —en sentido figurado— versiones dobladas, con subtítulos en nuestro propio idioma, lo que significa que no vemos todos la misma historia. Se está librando una batalla entre diferentes versiones de la historia, y acabará venciendo la mejor. O, como escribió el comentarista noruego sobre medios de comunicación Mode Steinkjier en el periódico Dagsavisen: “La guerra no consiste solo en destruir objetivos militares o civiles; consiste también en conquistar el corazón y la cabeza de los sectores de la población mundial que no están directamente involucrados en el conflicto”.
Las reglas de Putin
La cuestión, por tanto, es saber qué medidas estamos dispuestos a tomar para ganar esos corazones y esas mentes, sobre todo en una situación como esta, en la que hay un dictador, Vladímir Putin, que juega según sus propias reglas y utiliza una censura y una propaganda que creíamos enterradas en el oscuro pasado. ¿Es recomendable —o apropiado, incluso— jugar con las reglas de Putin? Al fin y al cabo, parece contradictorio que un país democrático renuncie a principios como la libertad de expresión y la transparencia, incluso aunque sea de manera temporal, para intentar proteger esas libertades. Como dijo Winston Churchill: “En tiempos de guerra, la verdad es tan valiosa que siempre debe ir acompañada de un guardaespaldas que la proteja de las mentiras”. Un pesimista podría añadir que, en tiempos de guerra, las mentiras son tan valiosas que hay que protegerlas con nuevas mentiras, pero el inconveniente que tiene eso es que siempre hay una guerra nueva en algún sitio a la que se puede recurrir como pretexto para proclamar ese tipo de estado de excepción.
Los que tendemos a ser optimistas quizá podemos confiar en que la verdad —la verdad imperfecta y subjetiva de un periodista, un artista o algún otro narrador que intenta expresar algo verdadero— gane. Podemos confiar en que Abraham Lincoln tuviera razón cuando dijo: “No se puede engañar a toda la gente todo el tiempo”. Hay ejemplos que lo demuestran, como el hecho de que la Unión Soviética se desmoronara desde dentro o el de que se consiguiera echar a Donald Trump de la Casa Blanca. Ante la agotadora maraña de diferentes versiones de la realidad, no tenemos que ceder y aceptar que todas las versiones son igual de ciertas. Unas son más ciertas que otras.
Ross Burley —del Centro de Resililencia de la Información, una institución independiente con sede en Londres que pretende fomentar la información objetiva y contrarrestar la desinformación y la propaganda vengan de donde vengan— afirma que el relato con el que Putin explica por qué Rusia ha declarado la guerra a Ucrania está ganando terreno entre una mayoría de rusos que no tienen acceso a los medios sociales ni las informaciones del extranjero. Pero no seamos tan ingenuos como para pensar que más apertura en internet habría cambiado la tendencia contra Putin, que cuenta con el apoyo abrumador de la población desde hace más de 20 años. En su libro Why Do the Russians Vote for Putin? (¿Por qué los rusos votan a Putin?), Bernard L. Mohr hace referencia a una encuesta en la que la mayoría de los rusos dijeron que, en lugar de vivir en un país pequeño con un nivel de vida más alto, preferirían vivir en un país grande y temido por sus vecinos. Desde ese punto de vista, Putin está dando a los ciudadanos lo que quieren.
Pero Ross Burley también señala que los jóvenes rusos utilizan las redes privadas virtuales (VPN) y otros resquicios tecnológicos para acceder a diferentes opiniones sobre lo que ocurre. Todavía son pocos, pero son un grupo con recursos que, con el tiempo, se convertirán en periodistas, escritores y artistas y utilizarán como arma el relato. Seguimos los avances militares, las sanciones y los esfuerzos diplomáticos día a día, pero la guerra por el relato es una guerra a largo plazo. A la hora de la verdad, es una guerra que Putin perderá, por muchos guardaespaldas que protejan sus mentiras. Falta saber cuándo llegará esa “hora de la verdad”.
Franco gobernó España durante casi 40 años, y una de sus armas defensivas más importantes fue una censura generalizada. Pero al final cayó derrotado en los libros de historia, y el pueblo español ha acabado con su legado y sus ideas. El Guernica se exhibió por primera vez en España en 1981, seis años después de la muerte de Franco. Solo en los 12 primeros meses lo vio más de un millón de personas y sigue siendo una de las mayores atracciones del Museo Reina Sofía de Madrid. Porque las historias que contienen más verdad —aunque no sean las más objetivas— son las mejores.
Tras los combates de la madrugada, el Ejército ruso ha acabado por tomar la central nuclear de Zaporiyia (sureste de Ucrania), la mayor de Europa y una de las más grandes del mundo, con seis reactores atómicos. Estas son algunas claves de lo sucedido y de las implicaciones de este suceso a corto, medio y largo plazo:
¿Puede la guerra en Ucrania provocar un desastre nuclear?
El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA, dependiente de Naciones Unidas) lleva días advirtiendo del “riesgo muy real” de que alguna de las numerosas instalaciones con material radiactivo de Ucrania sufra algún daño durante el conflicto con consecuencias graves. El incendio ocasionado por el ataque de las tropas rusas a la central nuclear de Zaporiyia, muestra hasta qué punto es cierta la amenaza de un desastre. Como ha explicado este viernes el director de la OIEA, el argentino Rafael Grossi, el edificio incendiado no alberga los reactores y tampoco se vieron afectados los sistemas de seguridad ni se produjeron escapes radiactivos.
No obstante, la seguridad de la mayor planta nuclear de Europa sí se ha visto “amenazada”, según Grossi: “Tenemos suerte de que no haya habido un escape de radiación”, ha subrayado el jefe de la OIEA. “Esta es una situación sin precedentes”. Tras el ataque a la central de Zaporiyia, el ministro británico de Defensa, Ben Wallace, ha acusado al presidente ruso, Vladímir Putin, de “jugar con fuego (…) fuera de toda lógica o necesidad”. Wallace ha añadido: “No es solo peligroso para Ucrania y los rusos: es peligroso para Europa”. Horas después del ataque, los británicos pidieron la convocatoria de una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU.
¿Cómo se pone en peligro la seguridad de las centrales nucleares?
Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.
Resulta improbable que Rusia provoque un desastre nuclear de forma premeditada en Ucrania. Como incide Carolina Anhert, catedrática emérita de Ingeniería Nuclear de la Universidad Complutense de Madrid, “se perjudicaría a sí misma, porque la nube radiactiva les llegaría con toda seguridad”. No obstante, el uso de armamento junto a estas instalaciones supone un grave riesgo, no solo para la integridad de las instalaciones (que cuentan con fuertes medidas de protección) sino también para los diferentes sistemas o el propio suministro de energía que deben garantizar su seguridad.
“El edificio que aloja la propia central está más protegido y es muy difícil que sufra daños, pero hay otros puntos vulnerables”, comenta Anhert. Para David Fletcher, profesor de la Escuela de Ingeniería Química y Biomolecular de la Universidad de Sídney, “la preocupación real no es tanto una explosión catastrófica como la ocurrida en Chernóbil, sino que se produzcan daños en su sistema de enfriado, que es necesario incluso cuando los reactores están apagados. Ese fue el tipo de daño que produjo el accidente de Fukushima”.
¿Por qué es tan importante Zaporiyia?
Zaporiyia es algo “fuera de lo común”, explica Anhert. La central cuenta con seis reactores, cada uno de ellos una capacidad de 1.000 megavatios (un gigavatio), cinco de ellos construidos en la década de los ochenta y uno más construido en los noventa. Conjuntamente, suman más del 40% de toda la capacidad de energía nuclear instalada en Ucrania. La central sola podría abastecer a hasta seis millones de hogares, apunta por correo electrónico Jacopo Buongiorno, especialista en energía nuclear del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés). Basta una comparación para entender su magnitud: la planta tiene un potencial de producción solo ligeramente inferior (seis gigavatios, frente a algo más de siete) a las cinco centrales nucleares que hay en operación en España.
¿Cuánta energía ha dejado de verter la central tras el ataque?
DTEK, la mayor eléctrica ucraniana, afirma que el ataque a Zaporiyia ha provocado la pérdida de 1,3 gigavatios de capacidad de generación, algo más de la quinta parte del total. Para compensar esta merma, la compañía ha anunciado la puesta en marcha de nueve unidades de centrales de carbón que no se estaban utilizando. “Todas nuestras centrales térmicas tienen el carbón necesario y todas las minas siguen funcionando con normalidad para alimentar la generación”, apunta la empresa en un comunicado publicado a mediodía de este viernes. “DTEK está preparada para garantizar la estabilidad del sistema”.
¿Hay riesgo de apagones?
“Sí, sin duda”, apunta Buongiorno. No solo por el hecho de que la central esté bajo control del Kremlin, que ahora puede hacer y deshacer a su antojo, sino porque “las alteraciones en la red (redes de transmisión, subestaciones eléctricas, etc.) son muy factibles en la actual situación de guerra”, subraya el investigador del MIT. Desde el inicio de los ataques, algunas zonas del país ya han sufrido cortes puntuales —más o menos prolongados— del suministro eléctrico.
La ciudad de Mariupol encadena ya cuatro días consecutivos sin luz y sin calefacción, según reconoce este viernes DTEK. “Los hospitales están utilizando generadores, pero no está claro cuánto más durarán”, remarca la compañía en un comunicado en el que pide un alto el fuego para poder reparar los daños en la red. Algunos municipios cercanos a Kiev también han sufrido cortes. A escala nacional, sin embargo, aún aguanta a pesar de los repetidos ataques del Ejército ruso sobre las infraestructuras, entre ellas las redes de alta tensión.
Con temperaturas que rondan los cero grados en la capital, Kiev, y que la próxima semana pueden caer hasta los ocho y nueve bajo cero de madrugada, un corte de suministro sería trágico para la población civil.
¿Qué implica que Putin haya tomado el control de los reactores?
Las plantas que suministran energía eléctrica resultan estratégicas para cualquier país y la toma de control de una central tan grande como Zaporiyia por parte de las tropas rusas supone un duro golpe para Ucrania. En una situación normal, los gestores del sistema eléctrico deben estar preparados en todo momento para la desconexión repentina de una central, compensando esa caída con la entrada en funcionamiento de otras plantas para evitar un desequilibrio entre la demanda y la generación que provoque apagones. Sin embargo, la guerra ha ido debilitando el sistema eléctrico de Ucrania. Y aunque sin duda la demanda eléctrica ha caído por el conflicto, la pérdida del control sobre este gigantesco complejo atómico aumenta en gran medida la incertidumbre para garantizar el suministro eléctrico.
De momento, Rusia mantiene funcionando una parte sustancial de la central, pero esto puede cambiar en cualquier momento. Según Alejandro Zurita, exfuncionario europeo con una dilatada experiencia internacional en temas de energía nuclear, la ocupación de Zaporiyia “es, sobre todo, un acto claro de intimidación”. “Es el mayor foco eléctrico de Ucrania y tomar su control es un mensaje muy fuerte a la opinión pública, un elemento más de la conquista”, asegura por teléfono. Si la voluntad de Putin fuese parar todos los reactores, podría hacerlo en cuestión de minutos: “Si quieren, pueden hacerlo. Es una acción inmediata: se disparan las barras de control dentro del núcleo del reactor y se apaga”.
¿Hasta qué punto dependía el sistema eléctrico ucraniano de Rusia?
Ucrania lleva años tratando de desligar su suministro de Rusia para acercarse gradualmente a la Unión Europea. Ahora mismo, es una isla energética: el pasado jueves, cuando el Kremlin inició la invasión, el operador del sistema estaba justo llevando a cabo una prueba de desconexión del gigante euroasiático y, desde entonces, su suministro depende íntegramente de su capacidad interna de generar electricidad.
¿Puede Ucrania conectarse al sistema eléctrico de la Unión Europea?
Las autoridades ucranianas llevan trabajando desde hace un lustro para conectarse con la red eléctrica de la Unión Europea y ser completamente independientes de Rusia y de Bielorrusia. Tanto la presidenta del Ejecutivo comunitario, Ursula von der Leyen, como la titular de Energía del bloque, Kadri Simson, se han comprometido en los últimos días a acelerar un proceso que no es sencillo. Con una población de 44 millones de personas, y a pesar del éxodo masivo de los últimos días, no sería fácil paliar la falta de suministro interno con energía procedente de Polonia, Eslovaquia, Hungría o Rumania, países que no tienen una amplia capacidad ociosa.
“La sincronización con la red europea es un paso crucial, que debe darse pronto para evitar un colapso del sistema eléctrico ucraniano”, ha dicho este viernes el consejero delegado de DTEK, Maxim Timchenko, en un encuentro con prensa nacional y extranjera. “Estamos preparados para ello”.
¿De dónde procede la electricidad que consume Ucrania?
Algo más de la mitad de la electricidad generada en 2020 —el último dato disponible— procedía de sus 15 reactores nucleares, seis de los cuales están en el complejo de Zaporiyia. El carbón aporta casi otro 30%, y el gas natural cerca de un 8%, según las cifras de la Agencia Internacional de la Energía (AIE). El resto procede de la red hidroeléctrica, la quema de fuelóleo (petróleo) y, en muchísima menor medida, de la energía eólica, la solar y los biocombustibles.
Cae la tarde del viernes y la ministra Margarita Robles regresa a su despacho en el Ministerio de Defensa, que en otro tiempo se llamó de la Guerra. Viene del Palacio de La Moncloa, donde ha acompañado al presidente Pedro Sánchez a una cumbre telemática y extraordinaria de los líderes de la OTAN. Nunca una invasión había sido tan anunciada, pero todavía parece irreal que, en estos momentos, proyectiles de artillería y bombas de aviación estén cayendo sobre una capital europea, Kiev, a 3.700 kilómetros de Madrid.
“Lo más importante es poner de relieve que la agresión de Putin es un hecho sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial, absolutamente inaceptable, una vulneración flagrante del derecho internacional que ha logrado algo que también es muy importante: una unidad total y radical de los países de la OTAN y la UE que tampoco tiene precedentes”, explica sin ocultar su indignación.
Pregunta. ¿La invasión de Ucrania es un crimen?
Respuesta. Es una vulneración del derecho internacional y de la Carta de Naciones Unidas. Un ataque a la integridad territorial y la soberanía de un Estado. Se está bombardeando a población inocente. Jurídicamente no me atrevería a darle una calificación en estos momentos, porque la invasión no ha terminado, pero es un acto de guerra absolutamente inaceptable que sin ninguna duda debe tener consecuencias jurídicas.
P. ¿Debe comparecer Putin ante la Justicia Internacional?
Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.
R. Lo que está claro que Putin no debe quedar impune y eso no puede limitarse a las sanciones económicas, que espero sean más categóricas si no se produce una retirada, pero es verdad que se están produciendo asesinatos, que hay que calificarlos así, porque esto es una agresión absolutamente ilegítima. El adjetivo más duro que le podemos poner.
P. Como jurista, ¿cree que debe haber consecuencias penales?
R. No me atrevo a decirlo, pero cuando hay una violación del ordenamiento jurídico, la posibilidad de consecuencias penales existe, claro.
R. La inteligencia norteamericana estuvo avisando permanentemente, incluso de manera pública. Primero dijo que sería el día 16 [de febrero]. Luego, el 22. Unas horas antes de la invasión, a las cuatro de la madrugada [del jueves], avisó de que se iba a producir. Es verdad que había una secreta confianza en que finalmente no sucediera, en que la diplomacia iba a encontrar una salida. Sobre todo porque Putin, desde el mayor de los cinismos, iba diciendo que en ningún caso tenía voluntad de invadir. Al contrario, aseguraba que eran campañas de desinformación. Yo estuve la semana pasada en Bruselas y todos decíamos que había que apostar por la diplomacia y la disuasión. Por parte de la OTAN se fue muy cuidadoso y la instrucción que había es que no se realizara ningún acto, por mínimo que fuera, que pudiera considerarse una provocación.
P. ¿No fue un error decir desde el principio que solo habría sanciones económicas, no respuesta militar?
R. Yo creo que cuando se está en un proceso de diálogo como estaban la UE y la OTAN, y él [Putin] parecía aceptar, se evita todo lo que pudiera considerarse una amenaza. Lo que es evidente es que Putin ha jugado con deslealtad y ha demostrado una absoluta falta de principios.
P. La salida de Afganistán pudo convencer a Putin de la debilidad de la OTAN.
R. La forma en que se produjo la retirada fue un fracaso sin paliativos y dejó en muy mala situación a la OTAN. Puede que a Putin se le haya pasado por la cabeza la idea de que hay una OTAN más débil, pero yo, que he sido muy crítica con la salida de Afganistán, debo decir que si algo positivo podemos sacar de tanto dolor como estamos viviendo es esta unidad sin fisuras. Si Putin creía que se iba a encontrar una OTAN débil, en que cada país iría por su lado, la condena sin paliativos, absolutamente contundente, de todos los aliados y las sanciones sin precedentes, y que pueden ir a más, de la UE sin duda es un toque de atención a Putin de que no hay debilidad, de que no nos vamos a quedar quietos ante la agresión. Es verdad que Ucrania no pertenece a la Alianza y por eso no se aplica el artículo 5 [defensa mutua], pero en todas las reuniones de la OTAN se ha puesto de relieve que cualquier agresión, por mínima que sea, a un aliado supondría la activación de todos los mecanismos [de defensa].
P. China pensará que si Rusia se come a Ucrania, ella se puede comer a Taiwán.
R. Es una posibilidad que está ahí. El contexto internacional está cambiando. Por eso es muy importante que la OTAN y la UE estén absolutamente reforzadas. Ha habido una época en que parecía que había interés en enfrentarlas. Se ha llegado a decir que la OTAN estaba en muerte cerebral. Yo creo que es justamente lo contrario. La UE y la OTAN son complementarias. Frente a la debilidad que se mostró en Afganistán se está demostrando fortaleza ante Putin.
P. ¿Va a contribuir España al refuerzo de las tropas de la OTAN en los países del Este?
R. Estamos siguiendo las directrices del Saceur, el mando [supremo] aliado [en Europa]. En este momento, España tiene cerca de 800 militares tanto en Letonia, como en la policía aérea, que está en Bulgaria y, cuando termine, el 31 de marzo, irá a Lituania, además del despliegue naval. Frente a los que pueden tener dudas sobre la naturaleza de la participación española, diré que son misiones siempre defensivas, de estabilidad y preservación de la paz. En función de cómo se desarrollen los acontecimientos iremos viendo. Lo que está claro es que a fecha de hoy son suficientes y no es necesario incrementarlas.
P. Ucrania ha pedido 75.000 chalecos antibala y cascos, entre otro material militar.
R. Esta mañana he tenido una reunión con el agregado de la Embajada de Ucrania. Es una ayuda que están pidiendo a todos los países. Efectivamente, habrá ayuda. Por una parte, lo que pueda aportar la Sanidad militar: y equipos de defensa personal, chalecos antibala, material de protección.
P. ¿Cuántos?
R. En este momento no le puedo dar una cifra. Nuestras posibilidades sanitarias son mayores, porque teníamos una reserva por la covid. De material de defensa tenemos más limitaciones, cascos en este momento no tenemos, pero estamos buscando todo lo necesario para ayudarles dentro de nuestras posibilidades. Se trata de material no ofensivo.
P. Rusia no solo está en Ucrania, también en África subsahariana.
R. Nos preocupa mucho la situación del Sahel, con un incremento muy importante del terrorismo, especialmente Daesh y la filial de Al Qaeda tienen una expansión tremenda. Hay gobiernos africanos [como Malí] que tienen ya una relación con Rusia, a través del Ejército regular o de una compañía privada como Wagner.
R. Aquí hay dos escenarios: están las misiones de combate, Takuba y Barkhane, en las que están Francia y otros países y España no participa. Francia ha tomado una decisión, que respetamos totalmente, de trasladarlas a otros países africanos. Pero luego hay otra misión, EUTM-Malí, de entrenamiento y formación de la policía y el ejército maliense. En esta misión el contingente español es el más numeroso y España apuesta por mantenerla, aunque es una operación de la UE y es la UE la que debe tomar una decisión.
Esta brutalidad sobresalta. Masiva, milimétrica e inclemente, la guerra de Vladímir Putin contra Ucrania angustia a la humanidad. Y voltea un principio de la doctrina militar: “La guerra es la continuación de la política por otros medios”, enunciaba el rival prusiano de Napoleón, Carl von Clausewitz, autor de De la guerra (Ministerio de Defensa, 1999).
Parece ahora que la economía sea el seguimiento —la réplica— a la guerra, por otra vía. Es lo que ha elegido el Occidente democrático frente al neodespotismo del exjefe del KGB. La amenaza de una cadena secuenciada de sanciones económicas es el arma enarbolada para contrariar el expansionismo panrruso. Por ahora, con éxito cero.
Aunque el juicio final se sustanciará a largo plazo. También el padre fundador de la Europa comunitaria, Jean Monnet, fio a la base económica y a la intensidad de los suministros el éxito futuro de los aliados en la Primera Guerra Mundial, como miembro de la Comisión Marítima Interaliada (Memorias, APE, 1985). Y luego, como enviado del general De Gaulle junto a Franklin Roosevelt, para asegurar la producción de armas contra Adolf Hitler.
El caso es que el preanuncio de sanciones, junto al insólito activismo pregonero sobre el despliegue previo ruso y su propósito, no han impedido la guerra. El arsenal de medidas desborda de largo la mera presión diplomática apaciguadora de Chamberlain y Daladier cuando el Pacto de Múnich (1938). Se erige en el más completo de la historia.
Pero a diferencia del resistencialismo armado de Churchill (y Roosevelt), su efecto disuasor ha sido inane al primer compás del pulso. No en vano iba huérfano de la credibilidad que proporciona un contra-despliegue militar: un tanque es más letal, al instante, que bloquear cuentas corrientes.
Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.
Aunque al menos se ha salvado el mínimo común denominador, la unidad de acción, ausente entonces. Seguro que la experiencia del Brexit ha coadyuvado. Y la dimensión del envite, pues “Rusia es una gasolinera y un cuartel”, sintetiza el alto representante Josep Borrell, “pero dentro del cual hay una bomba atómica”: ese desequilibrio del terror, que diferencia al terrorista del depredado.
Así que el primer balance de la respuesta se limita a exhibir sin paliativos dónde están las víctimas, quién es el agresor, dónde recae la razón humanitaria. Algo sustantivo a largo plazo, pero no enseguida. También la Hungría de 1956 y la Checoslovaquia de 1968 atesoraban la razón liberal frente al invasor. Y para imponerse, debieron esperar a 1989: a la caída de ese Muro que ahora pugna por volver a ser pespunteado.
La rapidez de la escalada moscovita ha privado a las sanciones del carácter exponencial previsto: salvo el bloqueo al sistema financiero de pagos Swift —la estrella del paquete, que la UE no alcanzó a aprobar en su cumbre del viernes— y la prohibición de exportar tecnologías avanzadas, todo está en marcha. Los castigos ad personam —sobre todo bloqueo de cuentas y activos— contra los dirigentes encabezados por Putin, su canciller Serguéi Lavrov y sus 37 adláteres oligárquicos. Y también la exclusión de empresas rusas en las Bolsas (incluida la City), las barreras al acceso de sus bancos a los mercados occidentales y las prohibiciones de comerciar a europeos y norteamericanos.
El bloqueo financiero y las prohibiciones comerciales, junto a la paralización por Berlín del permiso al gasoducto Nord Stream 2 que debía suministrarle gas ruso a espuertas dañarán más a Moscú, sí: su PIB se encogerá un 5%, se pronostica. Aunque haya acumulado reservas año tras año, al menos desde 2014, cuando invadió —y se incautó de— Crimea.
Reservas y alianzas: con China como pantocrator. No en vano, Ucrania es, geoestratégicamente, la región rediviva de los Sudetes checoslovacos (de habla alemana) anexionados por las armas al Reich en 1938; y Taiwán, el candidato a encarnar, un día no lejano, la Polonia de 1939.
Pero guerra y sanciones mellarán también el comercio de los EE UU y la UE. A sus finanzas, entrelazadas con las rusas. A industrias como las exportadoras españolas Inditex, Roca o Iberia/IAG. A los importadores de cereales. Si bien, al cabo, la economía rusa es liviana —equivale en tamaño a la española— y la población ucrania —47 millones— se empareja también con la española.
Así que la incertidumbre económica reside en cuánto frenará el golpe de Putin a la recuperación en curso, prometedora tras la oleada ómicron de la pandemia. Aunque la acción de Moscú “destruya su credibilidad como socio confiable y el daño que reciba sea inmenso”, la guerra y su respuesta “causarán un shock recesivo mundial”, augura Cliff Kupchan. El presidente de Eurasia Group calcula que la reducción del crecimiento mundial será de “al menos, un 1%” en 2022. Insidioso. Pero no letal. La previsión de enero del FMI situaba el alza del PIB este año en un 4,4%.
El segundo nubarrón es el suministro energético. La paralización del Nord Stream 2 percute sobre Alemania, en una relevante inversión de la lista de los perjudicados habituales. Y es que Moscú provee a Alemania el 66% de su consumo gasista, por el 40% a la media europea (y el 11% español).
Ahora, el problema surge en el Norte y una de sus soluciones (amén de Noruega o el Golfo) debe llegar del Sur: el tubo argelino, el conducto argelo-marroquí y las ocho plantas regasificadoras españolas (de un total de 21 en la UE, aptas para tratar el gas líquido importable en buques metaneros) son una esperanza.
Pues si el gasoducto báltico interrumpido vehicularía 55 bcm (mil millones de metros cúbicos, en sus siglas en inglés) al año, las regasificadoras españolas podrían entregar hasta 70 bcm, si se completa la conexión catalana con la red europea (siempre esquivada por Francia) o se amplía la vasco-navarra.
Otros cuellos de botella en las cadenas de suministro vendrán de materias primas para la industria, como los componentes ucranios para fabricar chips (gas neón). Nunca llueve sobre seco. La UE debería, pues, revisar y ampliar su política de estímulo fiscal. La Comisión ya ha abierto fuego. Propugna ampliar a 2023 la suspensión del austeritario Pacto de Estabilidad.
El otro gran envite es la inflación. La disrupción amenaza con agravar el alza de precios energéticos. Oficialmente se acercaban a su techo. Y ahora tenderán a anclarse, cronificarse al menos este año (encima del 3,9% previsto para los países ricos por el FMI) y replicarse en las expectativas inflacionarias de los agentes económicos (industria y comercio) y sociales (salarios).
Este carburante para los motores prosubida de tipos de interés que nutren el sesgo recesivo de los halcones monetarios, quizá lo sea menos. Porque los palomas se aprestan a enfatizar que mantener en vida la actividad económica va antes que los precios: una vez muertos, no cotizamos.
Y porque tienen escudo en la historia. La Reserva Federal “ha preferido a veces aplazar decisiones graves” sobre tipos de interés “hasta que disminuyesen los riesgos geopolíticos, como en la guerra de Kosovo, la invasión de Irak o la Primavera Árabe”, recuerdan los expertos de Goldman Sachs. Y la reacción de Christine Lagarde, desde el BCE, no ha olvidado comprometerse a que, además de ocuparse del alza de precios, lo hará “de la estabilidad financiera”.
Último. Y lo peor. La guerra a Ucrania amanece de muerte. De tragedia social y humanitaria. Se espera el éxodo de cinco millones de sus ciudadanos. Cinco veces más que los refugiados en la oleada de 2015. Un flujo muy inferior, pero que crujió las cuadernas políticas de Europa.
Siguen conociéndose nuevos detalles luego del estreno de «De Yhonier a Caín», informe periódistico del canal RCN.
Noticias Colombia.
Yhonier Leal, confeso asesino de su hermano Mauricio Leal y de su madre Marleny Hernández, permanece privado de la libertad en una celda del búnker de la Fiscalía.
Yhonier Leal y Mauricio Leal.
El estilista se encuentra a la espera de que sea trasladado a un centro penitenciario de máxima seguridad donde pagará una condena que aun está por definirse en una nueva audiencia a celebrarse en los próximos meses.
Mientras, el reo de 49 años de edad, pasa sus días en una celda de siete metros cuadrados, de la cual solo tiene derecho a salir por una hora a tomar el sol en uno de los patios de la edificación de más de 11 pisos ubicada en Bogotá.
Esta celda cuenta con baño y una zona de labores. Además de un baño, una ducha, un comedor y un televisor, detalló RCN.
Por otra parte, el segundo capítulo del informe periodístico «De Yhonier a Caín», reveló nuevos detalles sobre la vida de los hermanos Leal.
«La Maldición del éxito» como se tituló la segunda entrega de Noticias RCN, cuenta que a Yhonier le daba celos que Mauricio hubiera podido grabar un tema musical a gran escala mientras que él solo lo pudo lograr desde casa en un improvisado estudio para grabar su voz.
«Me verás volas», fue el tema que compuso «Maito» y que pudo materializar gracias a la amistad entre él y Claudia Bahamón, esposa de Simon Brand, famoso director de cine.
¡En minutos! Espere ‘La maldición del éxito’, el segundo capítulo ‘De Yhonier a Caín’, la gran investigación donde les contamos detalles inéditos de la vida de los hermanos Leal.