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Un automóvil clásico transita con turistas el 22 de febrero, en La Habana.
Un automóvil clásico transita con turistas el 22 de febrero, en La Habana.Yander Zamora (EFE)

Las sanciones a Rusia por la invasión de Ucrania empiezan a sentirse en Cuba. El cierre del espacio aéreo europeo a los aviones rusos ha supuesto la cancelación de los vuelos regulares entre Moscú y La Habana y el fin de los viajes de turistas procedentes de Rusia, que en el último año se habían convertido en el principal país emisor de turismo hacia la isla y en tabla de salvación de una de las más importantes industrias cubanas, en momentos en que el país atraviesa por una aguda crisis y las tensiones financieras son extremas.

El turismo ruso a Cuba se incrementó casi un 200% en dos años, al pasar de 74.019 viajeros en 2020 a 146.151 en 2021, cuando la isla recibió 573.000 viajeros, un 87% menos que en 2019 (ese año visitaron Cuba 4.200.000 turistas). La Asociación de Operadores Turísticos de Rusia ha informado de que el cierre del espacio aéreo de la Unión Europea y Canadá para los aviones rusos obligó a los operadores a suspender la venta de los viajes a América Latina y el Caribe.

En un comunicado, la asociación ha informado de que a partir del 28 de febrero cancelaba todos los viajes a Cuba, República Dominicana, México y Venezuela. En estos momentos, en la isla pasan sus vacaciones miles de turistas del país euroasiático. Fuentes de Moscú han dicho que las aerolíneas de ese país volarán a la isla a recogerlos en vuelos chárter por rutas que hacen trayectos más largos y costosos, pero en estos aviones no podrán viajar nuevos turistas.

Los medios de comunicación cubanos han informado el viernes de que los 5.500 rusos que estaban en el balneario de Varadero regresarían a su país en chárter de Nordwind Airlines. Nordwind ha suspendido sus vuelos regulares a Cuba, junto con las también compañías rusas Aeroflot y Azur Air. El domingo regresaron a Moscú 900 turistas en vuelos de esa compañía.

La noticia para Cuba es nefasta. Con el turismo en números rojos, la temporada alta finalizando y sin perspectivas de mejora, fuentes del sector han cifrado en alrededor de 30.000 las cancelaciones de viajes de turistas rusos, lo que provocará perdidas de varios millones de dólares, en momentos en que cada dólar en Cuba cuenta.

“La guerra de Ucrania ha venido a complicar todavía más las cosas cuando la economía cubana atraviesa una situación muy difícil y los pronósticos de este año son pésimos para otros dos rubros económicos exportables cubanos, el azúcar y el tabaco”, señala un economista cubano.

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La que fuera la columna vertebral de la economía cubana, la producción azucarera, que llegó a lograr zafras de ocho millones de toneladas en los años ochenta, ha caído en picado. El año pasado se produjeron sólo 800.000 toneladas, la cifra más baja desde 1908, debido a la falta de fertilizantes y otros insumos y la ineficiencia del sistema productivo. La previsión oficial para la zafra 2021-2022 era producir 900.000 toneladas —de las que 500.000 se dedicarían al consumo nacional y 400.000 a honrar contratos con China—, pero según diversos expertos la cosecha actual podría ser un 30% inferior a  la meta trazada.

La producción de tabaco, cuya exportación aportó al país 500 millones de dólares el año pasado, no es mucho mejor. Directivos cubanos admitieron que este año se reducirán de nuevo las áreas de cultivo debido a la falta de insumos y “el recrudecimiento del bloqueo norteamericano”. Según cifras de la Oficina Nacional de Estadísticas, la recogida de 2018 fue de unas 29,000 toneladas; en 2019 de 28,000 toneladas y en 2020 de 25,000. Según el diario oficial Granma, la situación económica ha llevado a no plantar 2.450 hectáreas de las 25.000 inicialmente previstas en todo el país para la producción de tabaco en esta temporada.

Los males de la economía cubana, agravados por la caída del turismo y las restricciones al envío de remesas debido a las medidas coercitivas norteamericanas —se calcula en 3.000 millones de dólares anuales el dinero que enviaban los emigrados a sus familiares—, han generado una complejísima situación financiera en la isla, desabastecimiento y una asfixiante falta de liquidez, que se ha traducido en numerosos impagos a proveedores extranjeros y una drástica reducción de las importaciones. Y con la guerra de Ucrania en marcha, todavía peor.

Cuba ha cerrado filas con Moscú en la crisis ucrania, pero con matices. Por un lado, ha asegurado que “el empeño estadounidense en continuar la progresiva expansión de la OTAN hacia las fronteras de la Federación de Rusia ha conducido a un escenario, con implicaciones de alcance impredecible, que se pudo evitar”, señalando que “los movimientos militares realizados por los Estados Unidos y la OTAN en meses recientes hacia regiones adyacentes a la Federación de Rusia, precedidos de la entrega de armas modernas a Ucrania”, equivalen a “un cerco militar progresivo”, ante lo cual Moscú “tiene derecho a defenderse”. Sin embargo, se ha mostrado en desacuerdo con el uso de la fuerza “y la no observancia de principios legales y normas internacionales que Cuba suscribe y respalda con todo vigor y son referencia imprescindible, particularmente para los países pequeños, contra el hegemonismo, los abusos de poder y las injusticias”.

“Cuba es un país defensor del Derecho Internacional y comprometido con la Carta de las Naciones Unidas, que siempre defenderá la paz y se opondrá al uso o amenaza de la fuerza contra cualquier Estado”, señaló el Ministerio cubano de Relaciones Exteriores en una declaración la semana pasada. La Habana se abstuvo en la reciente votación de condena a la invasión rusa en la Asamblea General de la ONU, algo que sorprendió “positivamente” a varios embajadores europeos en La Habana, que creían que Cuba iba a votar junto a Rusia y habían hecho gestiones ante la Cancillería cubana para que no se produjera este alineamiento.

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Valentin Inzko (Klagenfurt, Austria, 72 años) soltó una bomba el pasado julio, justo una semana antes de abandonar el cargo de alto representante de la comunidad internacional para Bosnia que ocupaba desde 2009. En virtud de los denominados poderes de Bonn, que le permiten imponer leyes al margen del Gobierno y el Parlamento bosnios, introdujo una enmienda en el código penal para castigar con penas de prisión la glorificación de criminales de guerra y el negacionismo del genocidio y los crímenes contra la humanidad.

“Pensé que no tendría una vida tranquila en mi jubilación si no hacía nada”, explica ahora por videoconferencia. “Viniendo además de un país en el que hubo muchos criminales de guerra de la Segunda Guerra Mundial y mirando la directiva europea de 2008 [que conmina a los Estados miembros a legislar contra la apología, negación o trivialización del genocidio y los crímenes de guerra], era simplemente un paso lógico y obligado. Y en lo relativo a las víctimas de guerra y criminales de guerra convictos, no puede haber negociación ni acuerdo”.

Era la decisión más importante en más de una década de un alto representante ―figura creada en 1995 para supervisar la aplicación en el ámbito civil de los acuerdos que pusieron fin a la guerra― y generó la mayor crisis en el país desde el estallido bélico. El liderazgo serbobosnio, que niega el genocidio de Srebrenica y relativiza otros crímenes probados por la justicia internacional, lanzó una hoja de ruta para la independencia de la República Srpska, la entidad serbia de Bosnia, con pasos como recuperar un Ejército propio o impedir la entrada a la policía estatal.

Inzko justifica haber esperado al último minuto de partido para introducir la enmienda en que la cadena perpetua al exlíder militar serbobosnio Ratko Mladic aún no había sido confirmada, lo que sucedió solo un mes antes, y en que dio en los años previos “muchas oportunidades” para que se aprobase localmente. “Obviamente, los croatas y los serbios siempre votaron en contra, así que no se hizo realidad en 26 años. Y, si no lo hubiese hecho, quizás hubiésemos esperado otros 26″, afirma.

Insiste además en que “mucho más importante” que el “castigo” que prevé la enmienda es la necesidad de una catarsis: “Decir ‘esto ha pasado, el pueblo serbio o croata o los bosniacos son buena gente, pero algunas personas concretas cometieron crímenes’, y tienen nombre y apellidos. Desgraciadamente, esta catarsis no se ha dado aún […] Entonces será más fácil mirar hacia el futuro. Estoy orgulloso de mi decisión”.

Con la crisis lidia ahora su sucesor, el exministro alemán Christian Schmidt, que el pasado noviembre advirtió de un riesgo “muy real” de que Bosnia se sumerja en nuevas “divisiones y conflictos”. Inzko ―que no venía de la política, sino de la diplomacia, y ha sido de largo el alto representante más tiempo en el cargo― disfruta de su jubilación en el pueblo austriaco de Suetschach, en Carintia, desde el que habla con este periódico. Liberado de los corsés diplomáticos del cargo, acusa repetidamente al liderazgo serbobosnio de haber utilizado su enmienda contra el negacionismo como “excusa” para boicotear las instituciones estatales e impulsar una secesión con la que fantasea desde hace mucho.

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Durante la entrevista, traslucen dos cosas: su frustración por el desinterés de la comunidad internacional, en particular en la UE, por Bosnia durante su mandato y su resquemor con Milorad Dodik, el líder serbobosnio y hoy uno de los tres presidentes de Bosnia (serbios, bosniacos y croatas eligen a sus representantes y estos se turnan cada ocho meses al frente del país), al que retrata como un populista imprevisible y ventajista. “Le costará retroceder, pero con él nunca se sabe. También en el pasado se comportó como un camaleón. Esta vez creo que ha cruzado el Rubicón, que ha cruzado demasiadas líneas rojas como para retroceder, aunque al final hará lo que decida el presidente [de Serbia, Aleksandar] Vucic”, señala.

Toledo y Sarajevo

No es así como veía Bosnia en 2009, cuando llegó al cargo “muy optimista” y llamaba a Toledo y Sarajevo ―dos ciudades en las que convivieron las tres principales religiones monoteístas― las “dos Jerusalenes europeas”. “La situación geoestratégica era diferente. Había menos interés de Rusia y China en Bosnia”, asegura. La comunidad internacional había optado hasta entonces, opina, por un enfoque de “intervención robusta” en el país, que fue “exitoso”, pero cambió a uno de “soluciones locales”, que lo ha sido menos y bajo el que “casi no se han creado nuevas instituciones ni aprobado nuevas leyes de importancia”.

Año tras año, el epígrafe de Bosnia fue quedando relegado en los listados de prioridades de las cancillerías. “Una vez era Oriente Medio, otra Afganistán, o Venezuela, o la crisis de los refugiados”, justifica. “Los dos últimos ministros de Exteriores de Alemania visitaron Malí, lo que por supuesto es razonable, porque tienen tropas allí, pero nunca Bosnia. Pero Malí está en África y Bosnia en Europa. La seguridad europea empieza en los Balcanes. Si miras los atentados [de Bruselas, originados en el barrio de] Molenbeek (2016), de Bataclan (París, 2015) o de Viena (2020), las armas siempre han venido de o a través de los Balcanes, y en el caso de Viena, también el atacante”.

Desde la izquierda, Valentin Inzko; la entonces canciller alemana, Angela Merkel, y Christian Schmidt, el pasado agosto en la sede de la Cancillería alemana, en Berlín.
Desde la izquierda, Valentin Inzko; la entonces canciller alemana, Angela Merkel, y Christian Schmidt, el pasado agosto en la sede de la Cancillería alemana, en Berlín. Getty

Hoy, Rusia y China proponen cerrar la Oficina del Alto Representante por considerarla una figura obsoleta que limita la soberanía de Bosnia. Tampoco reconocen el nombramiento de Schmidt porque carece del aval del Consejo de Seguridad de la ONU, que no es legalmente necesario, pero solo faltó una vez antes, en 2006.

Inzko ve el rol “aún necesario”, hasta que el país esté “irreversiblemente en el camino hacia el ingreso en la UE”, pero aboga por que abrace un nuevo enfoque, “en el que determinadas acciones de líderes locales tengan consecuencias, sea de corrupción o de bloqueo de las instituciones estatales”. “Y tenemos que hacer retroceder. No es posible evitar eternamente los conflictos y es un error pensar que los conflictos congelados permanecen congelados para siempre”, añade.

— ¿Por qué no lo aplicó usted durante su mandato?

— Muy simple, porque no había apoyo de la comunidad internacional […] También estaba la Administración Trump. Si hacía algo, tenía poco o nulo apoyo. Al mismo tiempo, era el periodo de apropiación local, el periodo de la UE…

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Dos niños portan mascarilla durante una visita de Joe Biden a su colegio, en el Estado de Nueva Jersey.
Dos niños portan mascarilla durante una visita de Joe Biden a su colegio, en el Estado de Nueva Jersey.JONATHAN ERNST (REUTERS)

A pesar de que los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, siglas en inglés) aún recomiendan el uso de las mascarillas en el interior de los colegios, independientemente de las tasas de vacunación, los gobernadores de los Estados de Connecticut, Delaware, Nueva Jersey y Oregón anunciaron este lunes que ya están diseñando planes para levantar los requisitos estatales de uso de mascarillas en las escuelas, algo que se prevé que suceda para finales de este mes o principios de marzo. Los gobernadores de estos cuatro Estados citan como aliciente para levantar la prohibición la rápida disminución del aumento de los casos de ómicron.

En respuesta a la relajación de las restricciones por parte de algunos Estados, la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, reiteró el apoyo de la Administración Biden a la guía de los CDC para máscaras en las escuelas, pero dijo que la política se evaluará “continuamente” en función de “la ciencia y los datos”.

A su vez, California anunció planes para poner fin a su requisito de mascarillas en interiores para las personas vacunadas la próxima semana. Sin embargo, las mascarillas seguirán siendo obligatorias para los escolares en el Estado más poblado del país. Los residentes tampoco estarán exentos de desprenderse del cubrebocas en lugares como hospitales y residencias de ancianos, o a bordo del transporte público. Además, la ciudad de Los Ángeles espera la visita de miles de aficionados al fútbol americano para asistir a la famosa Super Bowl que se juega este domingo día 13.

Las decisiones tomadas en Connecticut, Delaware, Nueva Jersey y Oregón se anunciaron mientras los gobiernos estatales y locales siguen estudiando qué normas dejan en vigor y cuáles empiezan a desechar, ante la sensación cada vez más instalada entre la ciudadanía de que el virus nunca desaparecerá y que los estadounidenses deben encontrar una manera de convivir con él.

El gobernador de Connecticut dijo que recomendará eliminar el mandato de su estado para las mascarillas en las escuelas a finales de este mes. Nueva Jersey finalizará la obligatoriedad el 7 de marzo. El requisito de uso de mascarillas de Oregón para todos los lugares públicos interiores, incluidas las aulas, se eliminará a más tardar el 31 de marzo. La misma fecha será tomada como referencia en las escuelas de Delaware.

El gobernador de Nueva Jersey, Phil Murphy, calificó la medida como “un gran paso de regreso a la normalidad para los niños”. Estos últimos cuatro Estados se encuentran dentro de una docena que piden la obligatoriedad de mascarillas en las escuelas. El requisito de Nueva Jersey ha estado vigente desde que se reanudaron las clases en persona en septiembre de 2020. Murphy citó la “disminución dramática” en los números de la covid-19 al anunciar la decisión. La variante ómicron impulsó un aumento en las infecciones durante las vacaciones, pero los casos en el Estado se redujeron en un 50% y las hospitalizaciones bajaron un tercio desde la semana pasada, dijo. “No vamos, y lo he dicho muchas veces, a lograr covid cero”, afirmó el gobernador. “Tenemos que aprender a convivir con la covid a medida que pasemos de una pandemia a una fase endémica de este virus”.

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El debate sobre las mascarillas en las escuelas es otro más de los muchos temas que se han polarizado en gran parte de EE UU. El nuevo gobernador de Virginia, por ejemplo, ha entrado de lleno en la polémica, ya que nada más acceder al cargo cumplió su promesa de campaña y anunció el levantamiento de la prohibición del mandato de uso de mascarillas en las escuelas. También declaró que modificará otras políticas establecidas por la pandemia de la covid-19 tras asumir el cargo el pasado 15 de enero.

En la rueda de prensa de este pasado lunes, Jen Psaki insistió en que el uso universal de mascarillas en las escuelas “todavía sigue siendo” la recomendación de la Administración Biden, pero no criticó a los Estados por eliminar el requisito. Estados Unidos empieza a quitarse la mascarilla.

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