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La periodista Catharine Belton puso el dedo en la llaga el pasado martes, durante su comparecencia ante la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento británico: “Observen el modo en que se está informando hoy sobre los oligarcas rusos, comparado con lo que ocurría hace dos semanas”, dijo a los diputados. “Es tan diferente como la noche del día. Antes era casi como un reinado del terror. Muchos de los oligarcas tenían un batallón de abogados y gestores de reputación que desplegaban con enorme agresividad. Hasta hace poco, era raro escuchar en los medios que Abramóvich tenía una relación muy cercana con Putin o que, hasta hace poco, había contribuido a sostener su régimen”, señalaba Belton.

Lo sabe muy bien. La periodista, que fue corresponsal en Moscú del Financial Times durante siete años, publicó en 2020 Los Hombres de Putin: Cómo el KGB se Apoderó de Rusia y se Enfrentó a Occidente (Península). El libro, una crónica rigurosa y exhaustiva del entorno de poder que habita el Kremlin y del modo en que exmiembros del servicio secreto soviético intentaron infiltrarse y dividir, con un nuevo grupo de oligarcas, en las sociedades de Occidente, adquirió de inmediato relevancia y notoriedad. La suficiente como para poner nerviosos a Roman Abramóvich, Mijaíl Fridman o Alisher Usmánov —todos sancionados hoy por EE UU, la UE y el Reino Unido—, que comenzaron a verter como locos una cascada de querellas contra Belton y la editorial Harper-Collins, así como preavisos legales a los medios de comunicación, para que no osaran poner sus manos en el libro. Harper-Collins tuvo que gastarse casi 1,8 millones de euros en abogados para proteger la publicación. Y aun así, Belton y su equipo jurídico tuvieron que negociar la retirada o suavización de algunas de las informaciones más polémicas del texto, como el hecho de que al menos tres fuentes hubieran asegurado que Abramóvich compró el Chelsea F.C. por orden directa de Putin.

El Gobierno de Johnson, que en su ímpetu por combatir la agresión de Rusia en Ucrania parece además dispuesto a resolver pecados originales que el Reino Unido arrastra durante años, ha anunciado este jueves su intención de combatir con dureza las llamadas SLAPPs: Strategic Lawsuits Against Public Participation (querellas estratégicas contra la participación pública), las batallas jurídicas que montan los financieros más poderosos contra la prensa y las editoriales, con acusaciones de difamación y de ataques a su intimidad, con el fin de intimidarles económicamente y mantenerles paralizados en procesos judiciales largos y complejos.

“La capacidad de una prensa libre de exigir responsabilidad a los más poderosos es fundamental para nuestra democracia, y como periodista que he sido, estoy decidido a que nunca más permitamos que las críticas sean silenciadas”, ha prometido Boris Johnson. “Para todos estos oligarcas y supermillonarios que pueden permitirse estas costas legales astronómicas, la amenaza con querellas y demandas se ha convertido en un nuevo tipo de arma legal. Debemos poner fin a este efecto tan escalofriante”, decía el primer ministro británico.

El Ministerio de Justicia que dirige Dominic Raab, quien actúa además en este caso con su autoridad de vice primer ministro, ha puesto ya en marcha un proceso de consultas con la intención, según han anunciado fuentes del departamento, de que los cambios legales estén listos a mediados de mayo.

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El Gobierno británico pretende reforzar el concepto jurídico de “defensa del interés público”, ya introducido en la Ley de Difamación de 2013, por el que determinadas informaciones, aunque sean erróneas en algunos de sus elementos, pueden ser protegidas frente a posibles querellas en aras de que prevalezca un bien superior, el del interés público de la materia denunciada. Otra posible medida sería la de poner un límite a la cifra total que pueden reclamar los denunciantes para resarcirse de los daños presuntamente sufridos. Y exigir, en el análisis preliminar de cualquier querella por difamación, que se demuestre la “malevolencia real” del demandado, para evitar acusaciones falsas. Finalmente, las nuevas reformas de la ley podrían permitir que jueces y tribunales impusieran Órdenes Civiles de Restricción, para prohibir la repetición constante, como método de presión, de querellas ya descartadas.

Las medidas contra las llamadas SLAPPs son muy contundentes en Estados Unidos, Canadá o Australia. En la UE, un grupo de eurodiputados lleva años exigiendo su impulso, después del asesinato en 2017, con una bomba lapa pegada a los bajos de su coche, de la periodista maltesa Daphne Caruana Galizia, cuya participación en la investigación sobre los Papeles de Panamá fue fundamental para implicar al Gobierno del entonces primer ministro, Joseph Muscat.

El talón de Aquiles de Johnson

El primer ministro británico vive un momento de tregua y gloria con su papel internacional en defensa de Ucrania y contra la invasión de Putin. Atrás parecen haber quedado los días del partygate, cuando el escándalo de las fiestas prohibidas en Downing Street amenazó con arruinar la carrera política del primer ministro. Pero el armario de Johnson tiene tantos esqueletos, y tan variados, que muchas de sus proclamas contra Rusia y sus oligarcas pierden fuelle. El diario The Times reveló la semana pasada que Johnson había hecho oídos sordos a la advertencia del MI5, el servicio británico de inteligencia y seguridad doméstica, de que no debía designar miembro de la Cámara de los Lores a su amigo Evgeny Lébedev, propietario del diario londinense Evening Standard. Aun así, Johnson siguió adelante con su decisión en 2020, y acusó a todos los que le desaconsejaban lo contrario de “rusófobos”. Hijo del oligarca, banquero y exmiembro del KGB Alexander Lévedev, el magnate de la prensa es una figura omnipresente en los actos sociales de la capital británica, y desde las páginas de su periódico ha defendido acciones de Putin como la invasión de Crimea, o ha puesto en duda que el KGB estuviera detrás del asesinato, en 2006, del exagente ruso Alexander Litvinenko.

El exasesor de Johnson y hoy su acérrimo enemigo, Dominic Cummings —el ideólogo de la campaña del Brexit— dispuesto siempre a echar mano de su memoria cuando se trata de cargar contra el primer ministro, ha escrito en su blog personal: “Yo estaba en la habitación cuando altos funcionarios del Gobierno le advirtieron al primer ministro de que los servicios de inteligencia tenían serias reservas sobre sus planes [el nombramiento de Lébedev]. Apoyé esas reservas y pedí a Johnson que no siguiera adelante”, ha escrito Cummings. “Se irritó mucho, y como suele hacer, comenzó a balbucear tonterías: ‘Esto es… esto es… esto es que tú también eres antirruso”, asegura el exasesor que dijo Johnson.

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Hay una maja de Goya refugiada en un búnker secreto en la Ucrania occidental. Está acompañada por un San Jerónimo de José de Ribera y otro medio millar de obras de arte de los 18 museos de la provincia de Lviv. Son una pequeña parte, la más preciada, de las 65.000 piezas artísticas que se exhiben en centros culturales de esta región fronteriza con Polonia.

El 24 de febrero, el mismo día en el que Rusia iniciaba la invasión de Ucrania, se ponía en marcha un plan preparado al milímetro para poner a buen recaudo el patrimonio pictórico y escultórico de la capital cultural del país. No se trata solo de salvar el arte de las bombas, explica Taras Voznyak, director general del patronato que gestiona estos 18 museos, también se trata de evitar posibles saqueos si hubiera un cambio de régimen.

Voznyak es un hombre expeditivo que desde su despacho en el Palacio Potocki dirige a su plantilla como un pequeño ejército. Del cuello le cuelga un pequeño walkie-talkie que utiliza al mismo tiempo que sigue de reojo la actualidad en una pantalla. Sobre su cabeza cuelga un retrato familiar de la emperatriz María Teresa de Austria, soberana de Galitzia, la región de la que fue capital Lviv. El palacio en el que está su oficina es la sede de la Galería Nacional de Arte. Es una mansión de estilo francés que construyó en 1880 como residencia el conde Alfred Józef Potocki, noble polaco que llegó a ser primer ministro del Imperio Austrohúngaro. Las estancias del palacio albergan una nutrida colección de pintura europea, pero no en todas las paredes hay colgadas obras: muchas están vacías después de que las pinturas fueran trasladadas a un refugio a prueba de bombas. En cada cartela de los cuadros que faltan hay una etiqueta rosa que el equipo de Hanna Legeza, subdirectora del museo, colocó para marcar las que los técnicos debían cargar en los camiones.

Las tres fases del plan de contingencia

Todos los museos del mundo tienen planes de contingencia en caso de catástrofe, asegura el director general, sea un incendio o una guerra. La diferencia es que en Ucrania ya tienen experiencia en la materia. En 2014, cuando estalló la guerra en el Donbás, en Lviv ejecutaron la primera fase del programa de salvación de su arte, y el traslado de las obras fundamentales a su refugio. La segunda fase se activa en caso de “ataque directo” a los museos y consiste en salvar lo que se pueda de entre las obras que continúen en su lugar. Hasta ahora no hay indicios de que el invasor ruso haya bombardeado monumentos o museos. Lo que no quiere decir que no pueda suceder.

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La tercera fase del plan es la más confidencial porque es la que implica la evacuación del patrimonio estatal al exterior, apunta Voznyak, no solo el de Lviv, sino el procedente de otros puntos de Ucrania. Las obras serán almacenadas en museos europeos con los que ya se ha acordado una cesión temporal. Su traslado al extranjero tiene como finalidad evitar su sustracción. “Recuerde lo que sucedió en Siria o en Irak”, dice Voznyak: “A veces, más que las bombas, el mayor peligro son los saqueadores que aprovechan la transición entre un poder y otro”. Todo está contemplado, también el interregno que provocaría la caída del Gobierno de Ucrania y la toma de control del país por parte de los rusos.

Hay un patrimonio que no se puede mover, sobre todo el urbano. En los últimos días, las estatuas colindantes a la sede del Ayuntamiento y del Gobierno provincial han sido cubiertas para evitar en la medida de lo posible su destrucción en caso de bombardeos. También las cristaleras de edificios históricos, como el Museo Etnográfico, de 1890, o las vidrieras de la iglesia greco-católica de la Asunción —de rito bizantino, mayoritario en el Oeste de Ucrania—, han sido protegidas con planchas de acero o de madera. “No cuesta nada colocar estas protecciones, pero la verdad es que poco pueden hacer contra un misil”, admite Voznyak. “Más bien dependerá de lo que decida de Dios”.

Trabajadores envuleven en Lviv las estatuas de la ciudad para tratar de protegerlas ante posibles bombardeos y ataques.
Trabajadores envuleven en Lviv las estatuas de la ciudad para tratar de protegerlas ante posibles bombardeos y ataques. Pavlo Palamarchuk (AP)

El casco histórico de Lviv está reconocido por la UNESCO como patrimonio de la Humanidad. Serían incalculables las pérdidas para el arte y la arquitectura que causaría un bombardeo ruso como el que ha sufrido el centro de Járkov, al noreste de Ucrania. Voznyak cree que un gran dilema en conflictos bélicos, una cuestión no resuelta de índole moral, es si una persona debe dar su vida para salvar una obra de arte: “Nadie sabe cómo reaccionaría ante esta situación. ¿Morirías por salvar un cuadro?”.

El mayor pabellón de exposiciones del palacio Potocki, de creación moderna, ya ha sido despojado de su uso cultural y se ha habilitado como el principal centro de distribución de material humanitario y médico de la ciudad. Uno de sus coordinadores, Yuri Popovich, trabajaba antes del conflicto como programador informático. Ahora lucha para salvar vidas. Hombre cultivado y políglota, con un buen nivel de inglés e italiano, recuerda que había estado antes en este pabellón, pero como visitante. “Aquí en Lviv no nos podíamos imaginar que llegara un día la guerra, pensábamos que el Donbás quedaba muy lejos, a 1.200 kilómetros. Nos equivocamos”, afirma Popovich. Bajo una talla de piedra de Lucas Evangelista apoyado en la figura del toro, Popovich se desgañita dando instrucciones sobre un envío de colchones. Subraya que es lo que más necesitan es material médico, sobre todo para el frente. Como una admonición añade: “En la Unión Europea quizá creen que están lejos de esto como nosotros creíamos que lo estaba el Donbás, pero su futuro se está jugando aquí”.

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Hace un mes, Lev Tiskin jugaba a videojuegos online y salía casi todos los fines de semana con sus amigos a tomar algo. Acababa de empezar el primer curso en la universidad, en la escuela de negocios, y soñaba con las vacaciones de primavera en algún sitio caliente y con playa. Hoy, el joven menudo de ojos azul grisáceo lleva un petate al hombro con unas cuantas mudas de ropa y espera entre decenas de personas en un edificio de la Administración de Dnipró para recibir instrucciones, quizá un arma y salir hacia el destino que le asignen para defender la ciudad. “Tengo que ayudar a proteger mi país de los terroristas rusos”, dice.

A medida que Rusia agudiza su ofensiva contra Ucrania y eleva su amenaza al poner en alerta sus armas nucleares, miles de voluntarios en todo el país se han arremangado y se han unido a brigadas de defensa territorial, batallones de voluntarios o grupos de protección. Se preparan para la guerra total. Las tropas envidadas por Vladímir Putin, que han invadido por tres flancos —norte, este y sur— y que atacan por tierra mar y aire, han encontrado ya resistencia no solo en el Ejército ucranio, que trata de contener su avance, sino también por parte de grupos de civiles que, con o sin armas, intentan blindar sus ciudades y pueblos y repeler el ataque de tropas que doblan en número y potencia a las ucranias. En cuatro días de guerra, Moscú aún no ha tomado ninguna ciudad importante; aunque sí asedia Kiev y Járkov.

En Dnipró, de casi un millón de habitantes, donde casi todas las entradas de la ciudad están vigiladas por soldados armados, los voluntarios despliegan trampas para tanques y sacos de arena. Las tropas rusas no han llegado a la ciudad del centroeste de Ucrania, de mayoría rusoparlante y con una importante comunidad judía. Aunque este domingo han sonado con fuerza las alarmas de ataques antiaéreos. También junto al parque de la Amistad de los Pueblos, donde Tiskin y sus amigos esperan.

La alarma atrona por encima de las voces con una indicación clara: “Corred, a cubierto”. Y una riada de gente se precipita y se agacha contra las paredes de un edificio cercano o se acurruca al suelo. Los puntos de reclutamiento son objetivos clave. Si antes Tiskin, de 18 años, decía que tenía “un poco de miedo” ahora reconoce que está asustado. “A mis padres no les ha gustado nada. Trataron de pararme, pero he venido igual. Tengo que hacer algo. Si no, dentro de unos días puede que ya no quede Ucrania”, dice.

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Olga, vestida con un pantalón de chándal gris y un plumas azul, acaba de recibir un fusil. “Siempre he sido pacifista, pero esto se trata de proteger a los míos”, dice. Tiene 33 años y un hijo de nueve. Es economista y trabaja en una gestoría. Cuando Rusia concentró a decenas de miles de tropas a lo largo de las fronteras ucranias y empezaron a formarse los grupos de defensa territorial, gestionados por el Ministerio de Defensa, se alistó. Más por protección, por seguridad, para aprender a hacer torniquetes y primeros auxilios. “Pensé que al final no sería necesario, pero esto no es ningún simulacro”, cuenta. Asegura que si tiene que usarlo lo hará sin titubear: “Es una pesadilla. Putin va a por nosotros. Y luego irá a por Europa”.

De izquierda a derecha: Danil, Danil, Lev y Sascha, de 18 años, que se han alistado en las fuerzas de Defensa Territorial y este domingo aguaraban en Dnipró para desplegarse.
De izquierda a derecha: Danil, Danil, Lev y Sascha, de 18 años, que se han alistado en las fuerzas de Defensa Territorial y este domingo aguaraban en Dnipró para desplegarse.M. S. R.

Ahora, Olga espera a un coche que la lleve a defender un objetivo que no puede revelar. Las Brigadas de Defensa Territorial, que el Ministerio definió como una “fuerza de resistencia” y elemento disuasorio, protegen infraestructuras básicas, como puentes, carreteras, túneles. A la economista le gusta ese concepto de resistencia. Asegura que todos en su entorno están listos para contribuir a la defensa. “Putin es un idiota. Esto nos ha unido más, si cabe. Ucrania superará esta prueba y saldrá más fuerte y con honor”, dice.

Tutoriales en internet para preparar un ‘cóctel molotov’

Cuando el presidente ruso anunció la “operación militar en el Donbás” para “desnazificar” Ucrania —un ataque que en realidad se ha convertido en una guerra abierta en todo el país— el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, llamó a la población a la calma y a resistir. Tras un día de ataques a infraestructuras estratégicas y de asedio a ciudades clave como Kiev, la capital, o Járkov, Zelenski llamó a la población civil a ayudar en la defensa con todo lo que esté en su mano. Como los cócteles molotov que están preparando decenas de personas en una plaza de Dnipró, donde una marea de gente se organiza para cortar tiras de poliestireno, preparar botellines de cerveza, llenarlos con líquido inflamable para crear una bomba casera, empacar cajas, organizar los suministros y preparar los coches de los voluntarios que reparen los explosivos domésticos.

Natalia Valerióvna prepara cocteles moloto, este domingo en Dnipró.
Natalia Valerióvna prepara cocteles moloto, este domingo en Dnipró.M. R. S.

Natalia Valerievna aprendió hace dos días a hacer un cóctel molotov con las instrucciones que encontró en internet. Pero ahora, en Ucrania, varios medios e incluso la radio dan instrucciones a civiles para preparar el explosivo. Natalia (que prefiere dar su patronímico y no su apellido) dice que no ha pensado —y prefiere no pensar— en la posibilidad de tener que usarlo. Significaría el asedio a Dnipró, en la ribera del río Dniéper, la llegada de las tropas rusas y la salida de los saboteadores que, según el Gobierno, se han infiltrado en ciudades de todo el país listos para actuar en cualquier momento. “Yo contribuyo más con tareas de organización”, dice la ingeniera, de 37 años, “pero estoy preparada para luchar por mi vida. Y si eso quiere decir tirarle un explosivo a un tanque o a alguien, lo haría”.

En 2014, cuando Rusia invadió Crimea y se la anexionó con un referéndum ilegal y estalló la guerra del Donbás contra los separatistas prorrusos apoyados por Moscú, Kiev ya recurrió a batallones de voluntarios para tratar de paliar las carencias de su desorganizado y mal equipado Ejército. Entonces, grupos paramilitares —algunos con claras raíces de extrema derecha e ideología neonazi, que tan bien pesca en territorios en conflicto— acudieron a combatir en el este.

Esta vez es diferente. La mayoría de esos grupos han pasado a formar una unidad dentro del Ejército y la movilización que se vive estos días en Dnipró y la mayoría de ciudades ucranias tiene más el color de una resistencia civil en todas las estructuras: desde voluntarios para llevar comida a los soldados, donar sangre para los heridos, prepara material para las barricadas, velar por el toque de queda, organizar batallones de vigilancia cibernética o salir a las calles en las brigadas de defensa.

En el batallón de Alexander Klasko ya no queda hueco. Han ocupado todos los puestos y están rechazando gente, cuenta este conductor, de 57 años. Veterano de la guerra de Afganistán, combatió en Kabul y Kandahar en 1982. Con un fusil al hombro explica que se alistó justo después de que Putin iniciara la invasión porque su experiencia militar puede ser útil. “La guerra es la guerra, qué puedo decir, pero esta es nuestra casa y no podemos dejar entrar a nadie sin permiso”.

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24Horas.cl Tvn

03.06.2021

Durante la noche de este miércoles, el subsecretario del Interior Juan Francisco Galli, se refirió en 24 Horas al anuncio del Presidente Sebastián Piñera sobre la creación de la Fiscalía de Derechos Humanos, así como también el cambio en los protocolos para resguardar el orden público y a la reforma de Carabineros.

Respecto al primer punto, el subsecretario señaló que «este es un trabajo que se venía preparando hace un buen tiempo por el ministro de Justicia a través de la Comisión del sistema de justicia penal, con el presidente de la Corte Suprema y el Fiscal Nacional, además con el director del INDH, habían planteado la inquietud que la necesidad de la oportunidad de tener resultados en las investigaciones que se llevaban a cabo por violencia institucional».

«Como consecuencia de eso se hizo una mesa de trabajo y se vieron cuales eran las brechas, las necesidades, qué es lo que estaba impidiendo que avanzaran esas investigaciones«, explicó.

En ese sentido detalló que se llegaron a dos conclusiones. La primera es que por el protocolo de Estambul, se debían llevar a cabo pericias en el Servicio Médico Legal, el cual necesitaba mayores capacidades, mientras que en segundo lugar se concluyó que se necesitaban fiscales dedicados especialmente en estas investigaciones (DD.HH.).

Según indicó, «la regla general es que las Fiscalías conocen por tipo de delito cometido dentro del territorio direccional, por eso hay fiscalías en cada una de las regiones y cuatro en la RM. Pero, en este caso específico se requiere de un conocimiento especial, capacitación especial y capacidades especiales, y además de tener equipos investigativos un poquito más especializados».

En ese sentido añadió que «las Fiscalías tienen un deber de ser objetivas, de investigar con igual celo, tanto las evidencias que podrían demostrar una culpabilidad como la inocencia de aquellas personas que están imputadas de un delito y por eso mismo se necesita, cuando hay funcionarios públicos o policiales involucrados, que las Fiscalías tengan una capacitación especial, entiendan en materia de derechos humanos y que los equipos investigativos estén especialmente preparados«.

Violaciones a los Derechos Humanos desde el 18 de octubre

Respecto a las violaciones a los Derechos Humanos por parte de fuerzas del Estado, Galli indicó que «en este país, y así lo ha reconocido el INDH y distintas organizaciones internacionales, no hubo violaciones sistemáticas de los Derechos Humanos. No hubo una orden ni del mando ni del Gobierno ni de ninguna autoridad, pero hubo violaciones a los derechos de las personas».

«Por eso mismo no basta con tener protocolos, lo importante es tener mecanismos que permitan controlar adecuadamente si estos se están cumpliendo, y también tomar medidas de reparación, de tal manera de que si se produce una conducta, no vuelva a repetirse«, enfatizó la autoridad.

Debido a este punto, el subsecretario indicó que «hemos tomado medidas que los ciudadanos han podido ver en cómo ha cambiado la forma en la que procede la policía frente a una manifestación, pudiendo distinguir claramente en lo que es el ejercicio legítimo del derecho a reunión, de acciones violentas que se cometen en ese contexto».

Recalcó que «el rol de las policías respecto de la manifestación es protegerlas, proteger a quienes participan en ella. En cambio, respecto de las acciones violentas es aislarla, detectar a quienes las están cometiendo, y detenerlos y ponerlos a disposición de la justicia».

Asimismo sostuvo que ahora, las capacidades de las policías son mejores y que cuentan con más herramientas para poder hacer la distinción de manifestaciones legítimas y hechos de violencia.

No obstante a ello indicó que «no basta con las capacidades materiales«, explicando que también hay que tener adecuados mecanismos de control y uno que hemos visto operar como lo es la cámara corporal, que todos los funcionarios tengan una para que, en primer lugar se proteja el propio funcionario de una acusación falsa o incorrecta, pero también darle seguridad al ciudadano de que cuando ha habido una falla en el protocolo, va a poder tener evidencia para poner ante la justicia.»

Reforma en Carabineros

Al ser consultado por la reforma a Carabineros, Galli dijo que «este no va a ser un proceso que sea inmediato o de corto plazo. Tenemos que partir con medidas inmediatas como las indicaba, pero también hay que tomar medidas a largo plazo y en eso hemos estado trabajando».

En ese sentido, el subsecretario indicó que hay una unidad coordinadora de la reforma que se encuentra compuesta por carabineros y académicos que se encuentran trabajando en ello.

Asimismo indicó que otro de los puntos importantes de la reforma es la «creación del ministerio de Seguridad Pública que apunta justamente a que haya una cartera a cargo, no solo de la seguridad, sino también del adecuado control de la forma en la que están ejerciendo sus funciones las policías«.

Del mismo modo indicó que también se encuentra el proyecto de le y que moderniza la carrera policial, destacando el anuncio del general director de Carabineros, de extender el periodo de formación de los funcionarios, explicando que «los que han estudiado saben que el primer año es de nivelación y los carabineros estaban saliendo a la calle con un año de formación. Entonces, el general director amplió a dos años la formación».

Fue en ese momento que Matías del Río le dijo a Galli que no se llenan los cupos por parte de la institución, ante lo cual la autoridad indicó que «tenemos un problema» por lo que «hay que hacer la carrera más atractiva».

«El proyecto de ley que anunció el Presidente apunta exactamente a eso. En primer lugar convertirla en una de las alternativas más que tenga un joven de 18 años al momento de determinar cual es su vocación y qué vocación quiere tener en el futuro, pero también en segundo lugar que apunte a retener a esos policías, capacitados, con experiencia, que hoy día se están yendo a retiro relativamente jóvenes, como consecuencia de la estructura que tiene la carrera policial», indicó el subsecretario.



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