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El líder norcoreano, Kim Jong-un, junto a unos militares durante lo que, según los medios oficiales, fue el lanzamiento del misil intercontinental Hwasong-17 el pasado jueves.
El líder norcoreano, Kim Jong-un, junto a unos militares durante lo que, según los medios oficiales, fue el lanzamiento del misil intercontinental Hwasong-17 el pasado jueves.KCNA (via REUTERS)

¿Fue o no fue el proyectil que los analistas apodan como “el monstruo”? Corea del Norte asegura que el misil que disparó el pasado jueves, que llegó más alto y más lejos que cualquier otro en su historia, es un “nuevo tipo” de cohete, el Hwasong-17 que mostró en un desfile militar en octubre de 2020 pero que nunca había probado hasta ahora. Las fuerzas armadas de Corea del Sur y Estados Unidos, por contra, han puesto esa afirmación en duda, según la agencia de noticias surcoreana Yonhap, y apuntan que podría tratarse más bien de otro misil intercontinental más antiguo, el Hwasong-15, que Pyongyang ya disparó en 2017. Otros analistas también se han sumado a la tesis del escepticismo.

El misil balístico intercontinental (ICBM, por sus siglas en inglés) alcanzó una altura máxima de 6.248,5 kilómetros y cayó en aguas de la zona económica exclusiva de Japón, a 1.090 kilómetros de distancia del punto desde el que fue lanzado, el aeropuerto de Sunan, en las afueras de la capital norcoreana. Permaneció en el aire 67,5 minutos, según Pyongyang. Y Corea del Norte festejó su lanzamiento con un gran despliegue informativo en la televisión estatal: no solo lo presentó la locutora Ri Chun-hee, encargada de anunciar las grandes noticias del régimen. Además, la cadena emitió un montaje de once minutos en el que se ve al líder supremo, Kim Jong-un, ataviado estilo Top Gun o Gangnam Style supervisar el lanzamiento y sus preparativos, y festejar el aparente éxito con gritos de alegría y puños al aire.

Pero los analistas han puesto de manifiesto detalles en el vídeo que parecen contradecir la narrativa oficial. Por ejemplo, las imágenes muestran el lanzamiento en un día despejado, mientras que el jueves estuvo nublado en Pyongyang y sus alrededores. La agencia de noticias surcoreana Yonhap cita fuentes de las fuerzas armadas estadounidenses y surcoreanas para indicar que el cohete al que se ve elevarse a los cielos solo cuenta con dos boquillas de motor, mientras que el Hwasong-17 que se vio en el desfile de 2020 tenía cuatro.

Yonhap apunta que, según sus fuentes militares, el tiempo de combustión del motor de la primera fase del cohete fue similar al de la prueba del Hwasong-15 hace cinco años. “El análisis se basó en datos recabados por los activos de espionaje de los aliados, incluido un satélite equipado con sensores infrarrojos termales”, explica.

Este tipo de detalles ha hecho pensar a los analistas que las imágenes pueden corresponder al lanzamiento fallido de un misil la semana anterior, también desde Sunan. El cohete disparado el jueves sería, en ese caso, un Hwasong-15. Su altura y alcance, mucho mayor que los registrados en 2017 (4.475 y 960 kilómetros, respectivamente), se explicaría por llevar una ojiva mucho más ligera que entonces.

“Múltiples elementos de pruebas visuales sugieren que la versión norcoreana de los acontecimientos es equívoca en el mejor de los casos y, en el peor, posiblemente una completa invención de una prueba de un misil Hwasong-17″, indica la página especializada en información sobre Corea del Norte NK News, que cita algunas sombras y localizaciones entre las inconsistencias que se observan en el vídeo de la televisión norcoreana. La web matiza que las contradicciones no implican necesariamente que el misil que se probó el jueves fuese un Hwasong-15. “Sigue siendo posible que Corea del Norte lanzara de veras un Hwasong-17 el 24 de marzo pero utilizara imágenes antiguas, quizá del intento fallido del 16 de marzo, en su cobertura de la prueba del 24 de marzo. Eso podría haber sido necesario si las cámaras no hubieran podido capturar algunos aspectos del lanzamiento de esta semana que los propagandistas del régimen querían incluir en la cobertura oficial”, explica.

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El lanzamiento del jueves era el primero de un misil ICBM norcoreano desde noviembre de 2017, en plenas tensiones con el Gobierno de Estados Unidos por el programa de armamento nuclear y de misiles de Pyongyang. El lanzamiento ha acabado con la moratoria sobre disparos de proyectiles de largo alcance que el régimen de Kim Jong Un se impuso al año siguiente, cuando abrió un proceso de negociación con Washington para la desnuclearización de la península.

Pero esas conversaciones entraron en punto muerto tras el estrepitoso fracaso de la segunda cumbre entre Kim y el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en Hanói (Vietnam) en marzo de 2019. En 2021, el líder norcoreano dio órdenes de desarrollar nuevo armamento de tecnología punta, una prioridad que se incluyó en el nuevo plan quinquenal (2021-2025).

Desde el comienzo de este año, Corea del Norte ha llevado a cabo una docena de pruebas de misiles —de los que asegura que al menos cuatro eran misiles hipersónicos—, en un ritmo que no se veía desde los peores tiempos de 2017. En enero, el régimen había insinuado que se planteaba una nueva prueba de un ICBM.

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Corea del Norte ha confirmado que el proyectil que disparó este jueves es el mayor misil de su historia, un Hwasong-17 intercontinental nunca probado hasta ahora y que alcanzó una altura y una distancia muy superiores a la de cualquier otro cohete lanzado por Pyongyang. Esta iniciativa ha hecho saltar las alarmas en la región. El líder supremo norcoreano, Kim Jong-un, aprobó y supervisó personalmente el lanzamiento, con el que el régimen busca “mostrar su poderío” y su preparación para “una larga confrontación con los imperialistas estadounidenses”, según la agencia de noticias norcoreana KCNA.

El cohete intercontinental (ICBM, por sus siglas en inglés), apodado “el monstruo” por los analistas internacionales, alcanzó en su trayecto una altura máxima de 6.248,5 kilómetros y recorrió una distancia de 1.090 kilómetros, para mantenerse en el aire 4.052 segundos (67,5 minutos), según KCNA. Cayó en el mar a unos 150 kilómetros de las costas japonesas, la mayor cercanía a territorio nipón en una prueba de misiles norcoreana hasta ahora.

La prueba, la última de una docena de misiles de cada vez mayor potencia en lo que va de año, ha desatado una ola de contactos entre los gobiernos regionales y Estados Unidos. El presidente estadounidense, Joe Biden, ha conversado en las últimas horas con el jefe de Gobierno japonés, Fumio Kishida. El secretario de Estado, Antony Blinken, lo ha hecho con su homólogo surcoreano, Chung Eui-yong. El Consejo de Seguridad de la ONU ha convocado una reunión extraordinaria este viernes para abordar el lanzamiento. Washington ha anunciado nuevas sanciones contra individuos y entidades norcoreanas por una prueba que ha denunciado que viola varias resoluciones de Naciones Unidas.

El lanzamiento se ha producido en un momento delicado en el tablero geopolítico. Estados Unidos y Europa concentran su atención en la guerra en Ucrania. Corea del Sur se encuentra en pleno proceso de transición presidencial, a la espera de que el conservador Yoon Suk-yeol tome posesión de la jefatura de Estado tras su triunfo en las elecciones del pasado día 9. Yoon podría adoptar una política de mano dura hacia Pyongyang, tras un mandato de cinco años de su predecesor, el progresista Moon Jae-in, que hizo del acercamiento a su vecino del norte uno de los santos y señas de su política.

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Inmediatamente después del lanzamiento, las Fuerzas Armadas surcoreanas lanzaron maniobras militares con fuego real en las que utilizaron misiles de aire, tierra y mar.

El nuevo cohete —que se había mostrado en un desfile militar nocturno en 2020, pero que no se había llegado a disparar hasta ahora— busca disuadir a Estados Unidos de tomar cualquier iniciativa militar contra Pyongyang cuando el proceso negociador que ambos gobiernos iniciaron en 2018 para la desnuclearización de la península coreana lleva tres años en punto muerto. “Desempeñará su misión como potente disuasión ante una guerra nuclear”, ha asegurado KCNA al informar sobre el lanzamiento. “Hará que el mundo sea claramente consciente del poderío de nuestras fuerzas armadas estratégicas”, añade la agencia.

Fin a la moratoria

Corea del Norte se había impuesto una moratoria a las pruebas de misiles de largo alcance —ahora volatilizada con este nuevo lanzamiento— en 2018, en vísperas de que comenzara el proceso negociador con una cumbre en Singapur entre Kim Jong-un y el entonces presidente estadounidense, Donald Trump. La última vez que el régimen probó un misil intercontinental, con capacidad para alcanzar cualquier punto de territorio estadounidense, fue en noviembre de 2017, cuando las tensiones entre los dos gobiernos amenazaron con desembocar en un conflicto violento. Entonces, el Hwasong-15 había recorrido 906 kilómetros y había alcanzado una altura máxima de 4.475 kilómetros.

Sin señales de recuperación de las negociaciones, y después de que las tres cumbres entre Kim y Trump en un año no arrojaran apenas resultados, el líder norcoreano dio órdenes el año pasado de desarrollar nuevo armamento de tecnología punta, una prioridad que se incluyó en el nuevo plan quinquenal (2021-2025). En septiembre del año pasado, Pyongyang completó la primera prueba de lo que aseguró que era un misil hipersónico.

Desde el comienzo de este año, Corea del Norte ha llevado a cabo una docena de pruebas de misiles, un ritmo que no se veía desde los peores tiempos de 2017. En enero, el régimen había insinuado que se planteaba una nueva prueba de un ICBM: en una reunión de su politburó, indicó que estudiaba “el reinicio de todas las actividades suspendidas temporalmente”.

El lanzamiento de este jueves se suma a otra serie de señales que apuntan a la vuelta de Corea del Norte al camino seguido antes de 2018, y el posible retorno de las tensiones de entonces. Kim Jong-un ha ordenado la modernización del centro Sohae de lanzamientos espaciales. E imágenes vía satélite también parecen mostrar el inicio de trabajos de construcción en el centro de pruebas nucleares de Punggye-ri, según han denunciado expertos del James Martin Center for Non Proliferation Studies. Pyongyang había clausurado esas instalaciones durante el deshielo de 2018, cuando invitó a periodistas extranjeros a presenciar la voladura de algunos de los túneles y el sellado de los accesos.

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Mientras el mundo mira a Ucrania, Corea del Norte ha disparado este jueves lo que según Seúl y Tokio es un misil intercontinental (ICBM, por sus siglas en inglés). El lanzamiento hace saltar por los aires la moratoria a las pruebas de proyectiles de largo alcance que Pyongyang había declarado hace cuatro años y vuelve a disparar las tensiones en la península, donde las conversaciones sobre desnuclearización se encuentran estancadas desde 2019. El último lanzamiento por parte del régimen de Kim Jong-un de un ICBM, el proyectil más potente de su arsenal y capaz de alcanzar cualquier punto del territorio estadounidense, había tenido lugar en 2017.

El misil, según el Estado Mayor de Corea del Sur, fue lanzado desde Sunan, el aeropuerto de Pyongyang. Alcanzó una altura máxima de 6.200 kilómetros y recorrió una distancia de 1.080 metros antes de caer al mar en aguas de la zona económica exclusiva (ZEE) de Japón, cerca de la isla de Hokkaido, a las 15.44 horas locales (07.44, hora peninsular española). Tanto Seúl como Tokio han considerado que el lanzado este jueves es “un nuevo tipo de ICBM”. De confirmarse, podría tratarse del Hwasong-17, que Pyongyang presentó en un desfile militar nocturno en octubre de 2020, pero que no había probado hasta ahora. El Hwasong-15 que Pyongyang lanzó en noviembre de 2017 alcanzó una altura de 4.475 kilómetros y recorrió una distancia de 906 kilómetros.

Inmediatamente después de la prueba del Norte, las Fuerzas Armadas del Sur respondieron con unas maniobras conjuntas con fuego real en las que movilizaron algunos de sus principales misiles, “en una demostración de poder militar contra Corea del Norte”, ha indicado la agencia de noticias del Sur Yonhap.

Entre los equipos movilizados se encontraban un Hyunmoo-2 tierra-tierra, un sistema misil táctico del Ejército (ATACMS); un Haesung-II mar-tierra y dos misiles JDAM aire-tierra, según ha indicado el Estado Mayor del Sur, citado por Yonhap. Las maniobras, según las fuerzas surcoreanas, han “confirmado que, si es necesario, el Ejército es capaz de un ataque de precisión contra la localización de cualquier lanzamiento de misiles y su sistema de mando”. Tanto el Gobierno en Seúl como el japonés han convocado una reunión de urgencia de sus respectivos consejos de seguridad. Tokio ha calificado el lanzamiento como una “provocación”, “inaceptable” en plena crisis por la guerra en Ucrania. Tanto Estados Unidos como Corea del Sur habían advertido en los últimos días que Pyongyang podría probar su nuevo Hwasong-17 disfrazando el disparo de un lanzamiento de satélite espacial.

El lanzamiento llega dos semanas después de la victoria en las elecciones presidenciales del Sur del conservador Yoon Suk-yeol, que asumirá el poder en mayo y que ha prometido una política de dureza contra el Norte tras un mandato de su predecesor, el progresista Moon Jae-in, en el que Seúl trató de tender puentes hacia su vecino. En una primera reacción, el comité de transición del presidente electo surcoreano ha declarado que la prueba del ICBM “representa una grave provocación que amenaza nuestra seguridad” y que se encuentra “en violación directa de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU”.

Moon, el presidente saliente surcoreano, ha condenado también el lanzamiento, que recuerda que viola la promesa de Kim Jong-un “a la comunidad internacional” poco antes de la primera cumbre entre el líder supremo norcoreano y el entonces presidente estadounidense, Donald Trump, en Singapur en junio de 2018.

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Aquella declaración puso fin formal a una racha de pruebas casi semanales de misiles —y una nuclear— a lo largo de 2017 que llevó a Corea del Norte y a Estados Unidos al borde de un conflicto militar.

El proceso de deshielo iniciado en 2018 con Seúl y la cumbre con Trump dieron paso a una etapa de negociaciones diplomáticas sobre la desnuclearización de la península. Pero el estrepitoso fracaso de la cumbre de Hanoi en febrero de 2019 dejó el proceso en suspenso.

Sin señales de recuperación de las negociaciones pese a una última cumbre entre Kim y Trump en junio de 2019, y sin que la Administración de Joe Biden las haya reactivado, el líder norcoreano dio órdenes el año pasado de desarrollar nuevo armamento de tecnología punta, una prioridad que se incluyó en el nuevo plan quinquenal (2021-2025). En septiembre del año pasado, Pyongyang completó la primera prueba de lo que aseguró que era un misil hipersónico. Hasta entonces, solo Estados Unidos, Rusia y China contaban con esa tecnología, que permite que los cohetes alcancen velocidades cinco veces superiores a la del sonido y puedan maniobrar en su trayectoria tras el disparo.

Desde el comienzo de este año, Corea del Norte ha llevado a cabo una docena de pruebas de misiles, un ritmo que no se veía desde los peores tiempos de 2017. En enero, el régimen había insinuado que se planteaba una nueva prueba de un ICBM: en una reunión de su Politburó, indicó que estudiaba “el reinicio de todas las actividades suspendidas temporalmente”.

El recurso al lanzamiento de un ICBM, tras un disparo fallido también desde Sunan la semana pasada, podría representar el preludio de un regreso a las tensiones de hace cinco años, que pusieron a Pyongyang y a Washington en pie de guerra. También podría asestar el golpe definitivo a la política de acercamiento por parte de Seúl, cuando está a punto de producirse el cambio de Gobierno.

Corea del Norte, que prepara un nuevo desfile militar para el 15 de abril —el 110 aniversario del nacimiento del fundador del régimen y abuelo del actual líder, Kim Il Sung—, ha ordenado la modernización del centro Sohae de lanzamientos espaciales. Imágenes vía satélite también parecen mostrar el inicio de trabajos de construcción en el centro de pruebas nucleares de Punggye-ri, según han denunciado expertos del James Martin Center for Non Proliferation Studies. Pyongyang había clausurado esas instalaciones durante el deshielo de 2018, cuando invitó a periodistas extranjeros a presenciar la voladura de algunos de los túneles y el sellado de los accesos.

En un comunicado, la Casa Blanca ha condenado el lanzamiento de este jueves, “una descarada violación de múltiples resoluciones de la ONU, que eleva las tensiones innecesariamente y que corre el riesgo de desestabilizar la situación de la seguridad en la región”.

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Por la mínima. En unos comicios que han puesto en evidencia las profundas divisiones políticas del país, el antiguo fiscal general y candidato del conservador Partido del Poder del Pueblo (PPP), Yoon Suk-yeol, será el nuevo presidente de Corea del Sur, tras una victoria por un margen del grosor de una hoja de papel frente a su rival, Lee Jae-myung, antiguo gobernador de la provincia de Gyeonggi, y representante del progresista Partido Democrático (PD), hasta ahora en el gobierno.

Tras el final del recuento en la madrugada de este jueves, Yoon, de 61 años, ha resultado ganador con el 48,56% de los votos, frente al 47,83% que logró Lee. En su discurso de victoria, el exfiscal se ha congratulado por la “gran victoria del pueblo surcoreano”. Su rival ha aceptado la derrota y ha pedido disculpas a sus votantes, al señalar: “He hecho lo mejor que he podido, pero no he estado a la altura de las expectativas”. “Espero que el presidente electo se sitúe por encima de las divisiones y conflictos e inaugure una nueva era de armonía y unidad nacional”, ha agregado.

El resultado rompe el ciclo de alternancia en el poder de diez años entre conservadores y progresistas que se había convertido en tradición en la historia democrática de Corea del Sur. El PD ha permanecido en el Gobierno cinco, los del mandato del presidente saliente Moon Jae-in. Moon no se presentaba porque la Constitución prohíbe que los jefes de Estado puedan concurrir a la reelección.

El triunfo de Yoon, debutante en política, representa también una sorprendente vuelta al poder del PPP tras una dura derrota en los comicios de 2017. Aquellas elecciones se celebraron tras la destitución en un juicio político de la presidenta conservadora Park Geun-hye, por un grotesco escándalo de corrupción en el que salieron a la luz los lazos de la dirigente con el chamanismo. Decenas de miles de personas se habían lanzado a la calle cada semana en las principales ciudades surcoreanas para exigir la marcha de la entonces jefa de Estado. Paradójicamente, como fiscal general Yoon fue el responsable de que Park fuera declarada culpable y acabara en la cárcel.

Las elecciones de este miércoles se celebraban tras una agria campaña llena de insultos, acusaciones de corrupción y escándalos. Pero aunque las encuestas indicaban que ninguno de los candidatos gozaba de una amplia popularidad entre los ciudadanos, la participación alcanzó el 77,1% en un censo de 44 millones de llamados a las urnas.

El presidente electo ha prometido luchar contra la corrupción y favorecer la igualdad. Durante la campaña, los votantes se habían declarado especialmente preocupados por el desempleo juvenil, los altos precios de la vivienda y la desigualdad.

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Las divisiones han quedado de manifiesto en la composición de su voto. Entre los menores de 30 años, un 59% de los varones se han decantado por el antiguo fiscal general, mientras que apenas un tercio lo hizo por el candidato progresista. En cambio, las mujeres en ese segmento demográfico se inclinaron mayoritariamente por Lee (un 58%), por un 34% para Yoon.

Esa fractura se explica por las posiciones del candidato conservador durante la campaña. Aunque se ha descrito como “feminista”, en unas polémicas declaraciones también ha indicado que, entre otras cosas, eliminará el Ministerio de Igualdad al considerar que la mujer no está discriminada en Corea del Sur. Una lectura en la que le contradice la OCDE: la brecha salarial de género en ese país es la más profunda de todos los Estados miembros y el sueldo de las mujeres es inferior en un tercio al de los hombres.

Acercamiento a EEUU y Japón

En política exterior, se espera que Yoon busque un acercamiento con Estados Unidos y con Japón. Las relaciones con el país vecino no atravesaron su mejor momento durante el mandato de Moon, debido a tensiones con raíces históricas y disputas territoriales. Se anticipa que uno de sus primeros desafíos será el comportamiento de Corea del Norte, que desde comienzos de este año ha retomado una intensa campaña de pruebas de misiles tras el fracaso de las negociaciones con Estados Unidos en torno a la desnuclearización de la península y después de que la política de acercamiento que caracterizó la era de Moon no arrojase resultados. El mes próximo se cumplen 110 años del nacimiento del fundador del régimen, Kim Il Sung, y es posible que Pyongyang quiera marcar la fecha con un lanzamiento.

En una primera rueda de prensa tras su triunfo, Yoon ha indicado que mantendrá la puerta “siempre abierta” para el diálogo con Corea del Norte, aunque también advirtió con una “severa” respuesta ante el país vecino si fuera necesario, informa Efe.

La jornada electoral se desarrolló marcada por la pandemia de covid, que hizo que los colegios permanecieran abiertos una hora y media más allá del horario habitual en unos comicios, para permitir que los infectados acudieran a las urnas. Corea del Sur vive una fuerte ola de la variante ómicron, que el miércoles dejó 340.000 nuevos contagios y que mantiene confinadas en sus domicilios a más de un millón de personas.

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Corea del Sur acude este miércoles a las urnas para elegir a su próximo presidente con la nariz tapada, tras una campaña electoral plagada de polémica, insultos y de acusaciones de corrupción y abuso de poder contra los dos principales candidatos, que acaparan según las encuestas el 90% de la intención de voto. El ganador marcará el rumbo de la política de la cuarta economía de Asia hacia Estados Unidos y hacia una Corea del Norte que reactiva sus pruebas de misiles, después de que en los últimos cinco años el jefe de Estado actual, el progresista Moon Jae-in, centrara la estrategia exterior del país en tender lazos con Pyongyang.

Cerca de 44 millones de personas están llamadas a decidir el ganador de una lista de candidatos que encabezan el conservador Yoon Suk-yeol, de 61 años y del Partido del Poder para el Pueblo (PPP) y el progresista Lee Jae-myung, de 57 años y del Partido Democrático (PD) actualmente en el gobierno. Los sondeos les consideraban en empate técnico, con distancias entre ellos inferiores al margen de error de las consultas, en un testimonio de la marcada división política, cada vez más profunda en los últimos años, que vive la sociedad surcoreana. Aproximadamente un 37% de los votantes ya habían emitido su sufragio por correo antes de esta jornada electoral, en un país que vive una fuerte ola de contagios por la variante ómicron de la covid, con 200.000 nuevas infecciones diarias.

Ambos candidatos han optado por el voto previo a distancia. Cada uno -y sus esposas-arrastran sus propios escándalos. Lee, un antiguo niño obrero que superó las dificultades para estudiar Derecho y llegar a gobernador de la provincia de Gyeonggi, la más poblada del país, se ha visto salpicado por una polémica operación inmobiliaria, en cuya investigación se han suicidado dos testigos clave. Su esposa, Kim Hye-kyung, es sospechosa de apropiación indebida de fondos públicos.

La esposa de Yoon, por su parte, ha sido acusada de malversación y de haber falseado su currículo para conseguir puestos en la Universidad. Ha debido disculparse después de haber declarado que las denunciantes del movimiento #MeToo en Corea del Sur han hablado porque “los hombres no las han pagado”. El propio Yoon, antiguo fiscal general asegura que si llega a la Casa Azul -la sede de la presidencia surcoreana- abolirá por considerar innecesario el Ministerio de Igualdad, en un país donde la brecha salarial entre hombres y mujeres es el mayor de la OCDE (ellos cobran un tercio más de media). Yoon, el hombre que llevó a la cárcel a la predecesora de Moon, Park Geun-hye, por un grotesco escándalo de corrupción que costó el puesto a la expresidenta en 2016 y en el que salió a la luz la relación de la antigua dirigente con el chamanismo, también ha sido criticado a su vez por aparentes vínculos con esas creencias. Ambos candidatos han intercambiado insultos a lo largo de la campaña y durante los debates sucesivos debates.

Los sondeos indican que para los surcoreanos, los asuntos de mayor preocupación en estas elecciones son los altos precios de la vivienda, el paro juvenil y la desigualdad social. Lee, que quiere convertir la economía surcoreana en la quinta del mundo (actualmente es la décima), propone, entre otras cosas, un ingreso universal mínimo y medidas como la inversión en transformación digital para crear dos millones de nuevos empleos. Yoon ha prometido investigar presuntas irregularidades durante el mandato del actual presidente Moon.

En el terreno de la política exterior, ambos ofrecen posturas completamente distintas sobre cómo gestionar la creciente rivalidad entre China y Estados Unidos, o la relación con una Corea del Norte que vuelve a efectuar frecuentes pruebas de misiles. Lee, heredero de la política de Moon de aproximación a Pyongyang, apoya el levantamiento condicional de sanciones al vecino del Norte si el régimen de Kim Jong Un da pasos hacia la desnuclearización. También aboga por no entablar una alianza militar con Japón y Estados Unidos, y rechaza ampliar el sistema antimisiles THAAD, de fabricación estadounidense, cuyo despliegue en suelo surcoreano desencadenó un boicot chino contra los productos de ese país en 2016. Pekín considera ese sistema una amenaza contra su seguridad.

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Yoon, por contra, es partidario de una mayor colaboración militar con Tokio y Washington, y se ha declarado dispuesto a un ataque preventivo contra las instalaciones norcoreanas si lo considera necesario.

La jornada electoral surcoreana comenzó a las 06.00 horas locales (22.00 del martes, hora peninsular española) . Las urnas cerrarán a las 18.00 (10.00 hora peninsular española) para el público general, pero permanecerán abiertas noventa minutos más para que puedan acudir a votar los contagiados de covid. Los resultados de las encuestas a pie de urna se darán a conocer a las 19.30 (11.30 en España), aunque los expertos piden cautela sobre los resultados que arrojen, dado lo ajustado de la intención de voto y que esos sondeos no tienen en cuenta el voto por correo.

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En vísperas de la llegada del nuevo año lunar, Corea del Norte ha retrocedido un lustro. Este domingo ha disparado lo que parece un misil de rango intermedio, el mayor desde 2017, el año en que una avalancha de pruebas de armamento balístico -y un ensayo nuclear- pusieron al mundo al borde de un conflicto militar entre ella y Estados Unidos.

El lanzamiento de hoy es el séptimo en lo que va de 2022, una racha de una intensidad que no se veía desde 2018, cuando un acercamiento hacia Corea del Sur y la apertura de negociaciones con Estados Unidos -que incluyeron tres cumbres entre el líder supremo norcoreano, Kim Jong Un, y el entonces inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump- llevaron a Pyongyang a proclamar una moratoria en sus pruebas.

Corea del Norte “ha estado a punto de destruir su moratoria”, ha indicado el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, en un comunicado emitido tras una reunión de urgencia de su Consejo de Seguridad Nacional. Según la Casa Azul, la presidencia en Seúl, Pyongyang parece haber adoptado un patrón de comportamiento “similar” al de 2017, cuando sus disparos de misiles alcanzaron frecuencias casi semanales. El próximo paso en esta escalada, considera el gobierno surcoreano, puede ser el abandono completo de esa moratoria y la reanudación del programa nuclear y de misiles de largo alcance.

Según el Estado Mayor surcoreano, el misil balístico de alcance intermedio lanzado este domingo alcanzó una altura máxima de 2.000 kilómetros y recorrió unos 800 kilómetros durante un vuelo de una media hora, antes de caer al mar de Japón, también conocido como mar del Este. El Gobierno japonés coincide en esos cálculos.

La última vez que Pyongyang disparó un cohete similar había ocurrido en 2017. Entonces, el ejército norcoreano lanzó un misil Hwasong-12 que alcanzó una altura de 2.111 kilómetros y recorrió una distancia de 787 kilómetros. Los expertos calcularon que, de haber utilizado un ángulo de lanzamiento que maximizara su trayectoria, ese proyectil podría haber recorrido hasta 4.500 kilómetros, lo que le hubiera permitido llegar a la isla estadounidense de Guam, en el Pacífico.

En lo que va de año, Corea del Norte ha completado dos pruebas de misiles hipersónicos y cuatro de misiles de crucero y balísticos de corto alcance. El súbito frenesí ha llegado cuando Pyongyang ha apuntado este mes que podría dar por zanjada su moratoria y reactivar sus pruebas, al no encontrar indicios de que el gobierno estadounidense vaya a cambiar sus “políticas hostiles”. Washington había impuesto una nueva ronda de sanciones contra funcionarios norcoreanos, la primera de la presidencia de Joe Biden, tras las pruebas de proyectiles hipersónicos este mes.

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El año pasado, dos después del estrepitoso fracaso de la cumbre de Hanoi con Trump que enterró el proceso negociador con Estados Unidos, Kim Jong Un reclamó a sus fuerzas armadas el desarrollo de nuevas armas estratégicas, incluidos misiles hipersónicos. En septiembre llevó a cabo la primera prueba con éxito de ese tipo de proyectil.

Desde entonces, el líder supremo norcoreano ha ido señalando un endurecimiento de sus posturas, tras haber llegado aparentemente a la conclusión de que el proceso negociador con Estados Unidos se encuentra en punto muerto y ninguno de sus conductores quiere meter una marcha.

A principios de enero Kim presenció una de las pruebas de misiles hipersónicos. Era la primera vez en meses que acudía a este tipo de actos, en un signo de su respaldo personal. La semana pasada inspeccionó una fábrica de munición que, según la agencia de noticias estatal norcoreana KCNA, desarrolla un “gran sistema de armamento” nuevo.

En un comunicado tras el lanzamiento de este domingo, el mando de EE. UU. en el Indo-Pacífico ha indicado que “condena esos actos y pide a Corea del Norte que se abstenga de nuevos actos desestabilizadores”. En Washington, el departamento de Estado subrayó que “como otras series de pruebas de misiles balísticos recientes por parte de Pyongyang, este lanzamiento representa una clara violación de múltiples resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU y demuestra la amenaza que los programas ilegales de misiles balísticos y armas de destrucción masiva norcoreanos representan para sus vecinos y toda la región”.

Las pruebas norcoreanas llegan en momentos complicados para la región, dos días antes del Año Nuevo lunar que paraliza gran parte de Asia y cinco antes de que China, el principal aliado de Corea del Norte, inaugure los Juegos Olímpicos de invierno de Pekín. El 16 de febrero, Pyongyang conmemorará el 80 aniversario del nacimiento de Kim Jong Il, predecesor y padre del actual líder: en el pasado, Pyongyang ha efectuado pruebas de misiles en torno a esa fecha. Y en marzo, Corea del Sur celebra elecciones presidenciales para decidir el sucesor de Moon, que por ley no puede presentarse a la reelección y que durante su mandato ha sido el gran defensor de una política de acercamiento hacia el vecino del norte.

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Tras sus cuatro lanzamientos de misiles en lo que va mes, Corea del Norte ha dejado la puerta abierta a “reanudar todas las acciones suspendidas temporalmente”, operaciones entre las que podrían incluirse ensayos nucleares y de misiles balísticos intercontinentales. La iniciativa, anunciada por el máximo órgano de Gobierno del país durante una reunión celebrada el miércoles y de la que hoy se hace eco la agencia de noticias estatal KCNA, tendría el objetivo de impulsar sus capacidades de defensa, tras considerar que debe prepararse para “una confrontación a largo plazo” con Estados Unidos.

El líder norcoreano Kim Jong-un presidió el miércoles una reunión del politburó del Partido de los Trabajadores para tratar “cuestiones políticas importantes”, entre las que se incluyeron la formulación de medidas para contrarrestar las “acciones hostiles” de Estados Unidos, de acuerdo con la información recogida por la KCNA. El máximo órgano ejecutivo norcoreano trató asuntos de “defensa nacional destinadas a potenciar y desarrollar sin demora los medios físicos más potentes”, entre los que se mencionó “reanudar con prontitud acciones suspendidas temporalmente”.

Analistas consideran que, de este modo, Pyongyang contempla reanudar las medidas que “por su propia iniciativa” puso en pausa con el fin de “generar confianza”, cuando en 2018 se abrió un proceso de deshielo con Seúl y se inició una etapa de negociaciones con Washington. El diálogo con Corea del Sur y Estados Unidos, sin embargo, lleva más de dos años paralizado, después del fracaso de la cumbre de Hanoi en febrero de 2019, cuando la parte estadounidense rechazó las exigencias de Corea del Norte de reducir las sanciones a cambio de una disminución parcial de sus capacidades nucleares.

Según el comunicado publicado por la KCNA, Corea del Norte acusa a Estados Unidos de sancionarles en “más de 20 ocasiones” y de proveer de armamento sofisticado a su vecina Corea del Sur, acciones por las que el politburó concluye en el texto que “deberíamos estar preparados para una confrontación a largo plazo con los imperialistas estadounidenses”.

El régimen de Kim Jong-un ya había advertido de que tomaría acciones más contundentes después de que la Administración de Joe Biden impusiese sanciones contra su país la semana pasada, tras los lanzamientos realizados los días 5 y 11 de enero. Esta última advertencia llega horas antes de que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas vuelva a reunirse a puerta cerrada para tratar las maniobras militares más recientes, de los días 14 y 17, que Pyongyang precisamente realizó en respuesta a las mencionadas sanciones. (de Estados Unidos)

El miércoles, durante su rueda de prensa para dar inicio a su segundo año de legislatura, el presidente Biden no mencionó en ningún momento a Corea del Norte. Un portavoz de la Casa Blanca, por su parte, evitó “hacer conjeturas” cuando se le preguntó cómo respondería Washington si Pyongyang reanudase los test de misiles balísticos intercontinentales y nucleares. “Seguimos comprometidos con una diplomacia seria y sin condiciones para lograr progresos tangibles”, expresó el portavoz, a lo que agregó que EE UU continuará coordinándose con la comunidad internacional para evitar avances en el programa armamentístico de Corea del Norte. “El objetivo principal continúa siendo la desnuclearización completa de la península”, expresó.

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Algunos analistas vaticinan que Corea del Norte podría realizar ensayos con misiles de largo alcance u otras armas de mayor potencia con motivo de la celebración en febrero del 80º aniversario del nacimiento de Kim Jong-il y en abril del 110º de Kim Il-sung, ambos fiesta nacional en el país. Otros, advierten que la situación podría evolucionar hasta convertirse en un círculo vicioso de provocaciones y sanciones como el de 2017.

Corea del Norte no ha vuelto a probar ningún arma nuclear ni misiles balísticos intercontinentales desde que lanzó un proyectil con capacidad para impactar en Estados Unidos en 2017. En noviembre de aquel año, en el que el ritmo de las pruebas militares era prácticamente semanal, Kim Jong-un declaró completado el programa de armamento nuclear de su país y una moratoria de sus lanzamientos. Las pruebas con misiles de corto alcance se retomaron en 2019, tras el estancamiento de las conversaciones.

Pyongyang sostiene que esta exhibición de músculo militar forma parte de su programa de autodefensa y ha acusado a Washington en reiteradas ocasiones de mostrar un doble rasero en lo que a pruebas armamentísticas se refiere. Sin indicios de aproximación diplomática, el líder norcoreano dio prioridad el año pasado al desarrollo de nuevo armamento de tecnología punta. En septiembre, llevó a cabo la primera prueba de un misil hipersónico, un tipo de armamento con el que solo cuentan Estados Unidos, Rusia y China.

Según los medios norcoreanos, los lanzamientos de los días 5 y 11 de enero también fueron misiles hipersónicos, aunque Corea del Sur calificó dichas alegaciones de “una exageración”. Seúl considera que, aunque alcanzaron una velocidad cinco veces superior a la del sonido y mostraron capacidad para maniobrar tras el disparo –características de los misiles hipersónicos–, la tecnología de dichos proyectiles era aún rudimentaria. El lanzamiento del día 14, por su parte, fue doble, de dos misiles de corta distancia disparados desde un tren, mientras que el día 17 se dispararon dos misiles de corto alcance.

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Vuelven los malos viejos tiempos. Aquellos de 2017, en los que Corea del Norte efectuaba pruebas de misil a ritmo casi semanal. Este lunes, el régimen de Pyongyang ha disparado lo que parecen ser dos nuevos misiles balísticos de corto alcance desde los alrededores del aeropuerto Sunan de la capital, el cuarto lanzamiento en lo que va de año y con el que busca -como los tres primeros- desarrollar sus nuevas tecnologías de armamento y aumentar la presión sobre Estados Unidos.

Los dos proyectiles, disparados poco antes de las 09.00 hora coreana (01.00 hora peninsular española) apenas tres días después de otro lanzamiento doble -aquel llevado a cabo desde un tren-, tuvieron un recorrido de unos 380 kilómetros y alcanzaron una altura de unos 42 kilómetros en un vuelo en dirección noreste, antes de caer sobre el mar, según el Estado Mayor surcoreano.

El ministerio de Defensa de Japón, por su parte, ha calculado que los misiles recorrieron una distancia de 300 kilómetros y llegaron a una altura de 50 kilómetros en una “trayectoria balística normal”.

La Casa Azul, la sede de la presidencia de Corea del Sur, calificó el nuevo lanzamiento de “muy lamentable” y convocó una reunión de urgencia de su consejo de seguridad nacional en Seúl.

Desde el comienzo del año Corea del Norte ha llevado a cabo otras tres pruebas de misiles, un ritmo que no se veía desde los peores tiempos de 2017, cuando las tensiones con Estados Unidos amenazaron con desatar un conflicto violento. Pero en noviembre de aquel año el líder supremo norcoreano Kim Jong Un declaró completado el programa de armamento nuclear de su país. En 2018 se abrió un proceso de deshielo con Seúl y se inició una etapa de negociaciones con Estados Unidos, dentro de la que Pyongyang declaró una moratoria en sus lanzamientos.

La serie de cumbres que Kim mantuvo con el entonces presidente estadounidense Donald Trump toparon con un estrepitoso fracaso en Hanoi en febrero de 2019. Desde entonces el proceso ha languidecido, sin que la nueva Administración de Joe Biden haya dado grandes señales de interés en retomarlo.

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Sin indicios de recuperación de las negociaciones, el líder supremo norcoreano dio órdenes el año pasado de desarrollar nuevo armamento de tecnología punta, una prioridad que se recogió en el nuevo plan quinquenal (2021-2015). En septiembre del año pasado Pyongyang llevó a cabo su primera prueba de un misil hipersónico, una tecnología con la que hasta el momento solo cuentan Estados Unidos, Rusia y China y que permite que los cohetes alcancen velocidades cinco veces superiores a la del sonido y puedan maniobrar en su trayectoria tras el disparo. Los dos primeros lanzamientos de este año también han sido de misiles hipersónicos, según los medios estatales norcoreanos. Seúl asegura que se trata de tecnología aún muy rudimentaria y que sus sistemas antimisiles están en condiciones de neutralizar esos cohetes si se dispararan contra su territorio.

El tercer lanzamiento en lo que va de este año llegó el viernes, dos misiles de corta distancia que se dispararon desde un tren en las cercanías de la frontera con China. Esa prueba llegó un día después de que Washington impusiera nuevas sanciones contra funcionarios norcoreanos implicados en el programa de armamento de ese país. Pocas horas antes del disparo, Corea del Norte había amenazado con una respuesta “más fuerte” a esos castigos, que consideró una “provocación”.

La nueva racha de pruebas, bien desde un tren o bien de misiles hipersónicos, indica que Corea del Norte “busca mejorar su tecnología y sus capacidades operativas para llevar a cabo lanzamientos secretos, con el fin de que otros países tengan problemas para detectar los indicios de que se prepara un disparo”, ha indicado el ministro japonés de Defensa, Nobuo Kishi, en una rueda de prensa. “No se puede hacer caso omiso del notable desarrollo de la tecnología de misiles de Corea del Norte, por el bien de la seguridad de Japón y del resto de la región”, ha añadido.

El nuevo y frenético impulso a la tecnología de armamento llega cuando el propio Kim ha reconocido dificultades en el suministro alimenticio, causadas por una combinación de las sanciones internacionales, desastres meteorológicos y el hermético cierre de las fronteras para proteger de la covid a la empobrecida nación.

Precisamente, este fin de semana un tren de mercancías norcoreano cruzó la frontera sobre el río Yalu y entró en China, según informó la agencia surcoreana Yonhap, en lo que podría significar la reactivación del comercio entre Corea del Norte y su gigante vecino, de donde procedía el 90% de los productos que importaba el régimen de Pyongyang.

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Corea del Norte ha efectuado un nuevo disparo de misiles balísticos este viernes, el tercero en menos de diez días. Según el Estado Mayor surcoreano, esta vez el Norte ha utilizado dos proyectiles de corto alcance, que lanzó desde la provincia de Pyongan, en el noroeste del país y en las cercanías de China. Tan solo horas antes, Pyongyang había advertido de que respondería de manera “cierta y más contundente” a lo que considera una “provocación” de Estados Unidos, la decisión de imponer una nueva ronda de sanciones contra el programa de armamento del Norte.

El lanzamiento, confirmado también por el servicio de guardacostas de Japón, llega apenas tres días después de que Corea del Norte disparara lo que ha descrito como un misil hipersónico, capaz de viajar cinco veces más rápido que el sonido, en una prueba a la que asistió el líder supremo, Kim Jong Un, por primera vez en cerca de dos años.

Los dos proyectiles de este viernes no parecen pertenecer al tipo de los disparados en los últimos días, misiles de “vehículo deslizante hipersónico”, según los ha descrito Pyongyang. El Estado Mayor surcoreano considera que recorrieron una distancia de 430 kilómetros y alcanzaron una altura máxima de 36 kilómetros. Siguieron una trayectoria noreste y se los detectó sobrevolando las cercanías de Uiju, en la frontera de Corea del Norte con China, antes de caer al mar. Los lanzamientos ocurrieron a las 14.41 y 14.52 horas locales (6.41 y 6.52 respectivamente en horario peninsular español).

En un comunicado, el Estado Mayor surcoreano ha indicado que vigila con gran atención los movimientos armamentísticos de su vecino del Norte. Por su parte, el primer ministro japonés ha reclamado a su Gobierno el “máximo esfuerzo” para obtener y analizar información sobre el lanzamiento, proveer información rápida y adecuada y “garantizar la seguridad de aeronaves, barcos y otros activos”, entre otras medidas.

Corea del Norte había limitado sus pruebas de misiles en los últimos tres años, desde que en noviembre de 2017 Kim declaró completado el programa nuclear nacional y en 2018 se inició un proceso de negociaciones con Estados Unidos para tratar sobre la desnuclearización de la península coreana. Pero las conversaciones se encontraban estancadas desde el fiasco de la cumbre de Hanoi en 2019 entre el líder supremo y el entonces presidente de EE UU, Donald Trump, sin que el cambio de Administración en Washington haya servido para romper el punto muerto.

Sin indicios de que el proceso pueda retomarse a corto o medio plazo, el año pasado Kim ordenó el desarrollo de armamento de ultimísima generación, incluidos misiles hipersónicos. En septiembre, Pyongyang disparó su primer proyectil de ese tipo, un Hwasong-8. Y este enero ha recuperado un ritmo de lanzamientos que no se veía desde 2017, cuando las tensiones con el Gobierno estadounidense de Trump amenazaron con el estallido de un conflicto en toda la regla.

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El 5 de enero y este martes 11, el Norte disparó sendos misiles balísticos, también hipersónicos según aseguró. Es probable que este tipo de lanzamientos vayan a continuar: según la agencia oficial KCNA, en la prueba del martes Kim dio instrucciones para que los científicos de armamento norcoreanos “aceleren los esfuerzos para reforzar gradualmente el músculo militar estratégico del país”.

Desde el fracaso de Hanoi y hasta ahora, Estados Unidos había optado por hacer más o menos la vista gorda en los ocasionales lanzamientos de misiles norcoreanos. Pero tras el disparo del martes, que Pyongyang ha descrito como la prueba de su cohete hipersónico más avanzado hasta el momento, Washington anunció la imposición de sanciones contra media docena de altos cargos del régimen norcoreano implicados en el programa de armamento. Era la primera vez que la Administración de Joe Biden recurría a este tipo de represalias contra el régimen de Kim. El secretario de Estado, Antony Blinken, calificó el jueves las últimas pruebas norcoreanas como “profundamente desestabilizadoras” y “peligrosas”, un intento de “atraer la atención”.

“Si Estados Unidos adopta una postura de tanto enfrentamiento, Corea del Norte se verá obligada a adoptar una reacción cierta y más contundente contra ella”, replicó por su parte un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores en Pyongyang, citado por KCNA.

La de los misiles hipersónicos es una tecnología de la que hasta ahora solo disponen Estados Unidos, China y Rusia. Los tres están enzarzados en una competición por el desarrollo de ese tipo de cohetes, cuya capacidad de adoptar una trayectoria variable y maniobrar a diferentes alturas los convierte en mucho más difíciles de detectar para los escudos defensivos de los países hostiles. Hasta el momento, parece ser Pekín quien se encuentra en la posición de partida en esa carrera.

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Corea del Norte ha lanzado este martes su segundo misil en apenas seis días hacia el mar de Japón, según las autoridades militares surcoreanas y japonesas. Los servicios de espionaje surcoreanos estiman que se trata de un proyectil “más avanzado” que el del pasado miércoles.

El Estado Mayor Conjunto de Corea del Sur cree que el proyectil lanzado este martes es un misil balístico y que fue disparado desde la provincia septentrional de Jagang en torno a las 7.27 de la mañana (23.27 del lunes en la España peninsular) en dirección al mar del Este (como se conoce el mar de Japón en las dos Coreas). Calcula el rango de vuelo del misil en más de 700 kilómetros, con una altura máxima de unos 60 kilómetros, y una velocidad máxima hasta 10 veces más rápida que la del sonido (Mach 10).

Este nuevo alarde de poderío militar de Pyongyang reafirma el mensaje enviado en Año Nuevo por el líder norcoreano, Kim Jong-un, en el que prometió “impulsar las capacidades de defensa del país” para “contrarrestar la inestable situación internacional”.

Seúl y Tokio no han tardado en condenar el lanzamiento como una clara violación de las resoluciones aprobadas desde 2006 por el Consejo de Seguridad de la ONU, que prohíben a Pyongyang desarrollar y utilizar misiles balísticos, además de adquirir la tecnología necesaria para ello.

El presidente surcoreano, Moon Jae-in, ha mostrado su preocupación por que Corea del Norte efectúe estos ensayos en un momento en el que la región necesita “estabilidad”. A Seúl le preocupa la frecuencia de las mismas y que se produzcan a tres semanas del inicio de los Juegos Olímpicos de Invierno en Pekín y a menos de dos meses de las elecciones generales surcoreanas. También ha solicitado al Gobierno elaborar una serie de medidas para prevenir futuras tensiones en las relaciones con el vecino del Norte.

El lanzamiento de este martes se produce un día después de que el Consejo de Seguridad de la ONU celebrase una reunión a puerta cerrada para debatir la prueba balística norcoreana de la semana pasada. El encuentro vino precedido de un comunicado de Estados Unidos, secundado por Francia, el Reino Unido, Irlanda, Albania y Japón, en el que se tachó el ensayo de “amenaza significativa a la estabilidad regional” y se instó a Pyongyang a dialogar. La embajadora de Estados Unidos ante la ONU, Linda Thomas-Greenfield, hizo hincapié en que el lanzamiento “muestra la determinación de Corea del Norte para expandir sus capacidades militares ilegalmente”.

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El pasado jueves, Corea del Norte comunicó a través de la agencia estatal de noticias KCNA que había disparado en la víspera un nuevo misil hipersónico que recorrió unos 700 kilómetros e hizo una maniobra de viraje de 120 kilómetros. El Ministerio de Defensa surcoreano, sin embargo, calificó de “exageradas” esas afirmaciones y aseguró que, aunque el proyectil mostró algunas características de un misil hipersónico, no puede calificarse técnicamente como tal. Seúl dudó, además, de que el régimen norcoreano haya adquirido la tecnología necesaria para trasportar armas hipersónicas.

Además, el pasado septiembre, Pyongyang lanzó su primer misil hipersónico, el Hwsong-8. Según precisó entonces la KCNA, era “uno de los cinco nuevos sistemas de armamento más importantes” incluidos en el plan quinquenal, que dirigirá la economía del país hasta 2025. Además del lanzamiento del Hwsong-8, Corea del Norte realizó en 2021 otros siete ensayos militares que generaron atención en Occidente, entre los que se incluyeron maniobras con misiles de crucero de largo alcance, con un proyectil disparado desde un tren y desde un submarino.

A pesar de que el régimen norcoreano está desarrollando proyectiles capaces de trazar trayectorias irregulares, que dificultan la labor de los radares y suponen un reto para los escudos antimisiles, el Estado Mayor Conjunto ha comunicado que el Ejército surcoreano puede “detectarlos e interceptarlos”.

Los esfuerzos de Moon Jae-in por firmar una declaración que ponga fin a la Guerra de Corea (1950-1953) ―que concluyó con la firma de un armisticio en lugar de un tratado de paz― parecen no resonar al otro lado del Paralelo 38, al tiempo que Kim Jong-un ha rechazado las invitaciones de la Administración estadounidense de Joe Biden para tratar de reactivar las negociaciones sobre desnuclearización, estancadas desde la fracasada cumbre de Hanói de 2019.

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Una cadena de televisión surcoreana emite las imágenes del lanzamiento de un misil norcoreano, el 28 de septiembre en Seúl.
Una cadena de televisión surcoreana emite las imágenes del lanzamiento de un misil norcoreano, el 28 de septiembre en Seúl.Ahn Young-joon (AP)

Pyongyang ha enviado este miércoles una presentación de cartas credenciales en el año nuevo. Corea del Norte lanzó esta mañana a modo de prueba un proyectil hacia el mar de Japón que el Ejército surcoreano ha identificado como un misil balístico. El ensayo, el primero desde octubre, se produce días después de que Kim Jong-un prometiese reforzar las fuerzas armadas de su país “para contrarrestar la inestable situación internacional” y horas antes de que el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, colocara la primera piedra de una línea de ferrocarril que, se espera, conecte la península coreana en un futuro. El proyecto fue uno de los puntos clave que los líderes de las dos Coreas trataron durante las negociaciones de 2018, que quedaron estancadas un año después.

El Estado Mayor Conjunto de Corea del Sur informó esta mañana de que Pyongyang había disparado alrededor de las 8.10 (0.10 de Madrid) hacia el mar del Este (como se conoce al mar de Japón en las dos Coreas) lo que en un primer momento se calificó de “proyectil no identificado”. Minutos después, las autoridades militares surcoreanas indicaron que parecía tratarse de un misil balístico lanzado desde el interior de Corea del Norte y que estaban haciendo un seguimiento estrecho de la situación, en cooperación con las fuerzas estadounidenses.

El Ejecutivo japonés también ha reaccionado rápidamente ante este alarde de poderío: “Es realmente lamentable que Corea del Norte haya lanzado reiteradamente misiles desde el año pasado”, criticó el primer ministro de Japón, Fumio Kishida. “El Gobierno reforzará más que nunca la alerta y la vigilancia”, agregó. Según el ministro nipón de Defensa, Nobuo Kishi, el misil voló casi 500 kilómetros antes de precipitarse en las aguas entre Corea del Norte y Japón.

Los medios estatales norcoreanos no han informado sobre el lanzamiento de este miércoles, así como tampoco se han pronunciado sobre si Kim Jong-un hizo mención a Estados Unidos o Corea del Sur durante la reunión de cinco días del Partido de los Trabajadores, que finalizó el 31 de diciembre en Pyongyang. Sí que recogen que el líder supremo de Corea del Norte puso el énfasis en que su país debía centrarse en aliviar la escasez crónica de alimentos, uno de los mayores problemas con los que ha tenido que lidiar durante su década en el poder, e instó a “impulsar las capacidades de defensa del país sin demora”.

La última vez que el régimen de Kim Jong-un realizó este tipo de maniobras militares fue el 19 de octubre, cuando probó un misil balístico lanzado desde un submarino. El desarrollo y uso de tecnología de misiles balísticos u otros dispositivos nucleares por parte de Corea del Norte constituye una violación a las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobadas desde 2006.

En un comunicado emitido por el Gobierno surcoreano y que recoge la agencia de noticias Yonhap, el Consejo de Seguridad Nacional expresó su preocupación por este ensayo nuclear “en un momento en el que la estabilidad es extremadamente necesaria tanto dentro como fuera del país”. China albergará a partir del 4 de febrero los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Invierno, mientras que Corea del Sur celebrará elecciones presidenciales el 9 de marzo. Los miembros del Consejo también enfatizaron la importancia de reanudar las negociaciones con Pyongyang cuanto antes.

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“Existe la preocupación de que las tensiones puedan aumentar y el estancamiento de las relaciones intercoreanas pueda agravarse”, advirtió ante los medios Moon Jae-in, quien ha hecho de la aproximación al Norte uno de los pilares de su legislatura. “Corea del Norte debería esforzarse con más seriedad”, añadió el mandatario.

Moon se encuentra en la ciudad costera surcoreana de Goseong, cerca de la frontera con el Norte, donde asistió este miércoles por la mañana a la ceremonia de inicio de la construcción de una línea de ferrocarril para reconectar las dos Coreas. Corea del Sur aspira a exportar sus productos por tren a China, Rusia y Europa atravesando su vecino en el Norte. En 2018, los líderes de ambas naciones acordaron unir las vías ferroviarias de los dos países, pero el proyecto quedó aparcado después de que las negociaciones de desnuclearización entre Pyongyang y Washington se truncaran en la cumbre de Hanoi de 2019.

El actual inquilino de la Casa Azul, firme en su empeño por lograr un avance diplomático antes de que termine su mandato de cinco años, ha calificado el arranque de las obras como “un peldaño para la paz y el equilibrio regional en la península coreana”.

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Una persona sin identificar logró burlar el día de Año Nuevo el sistema de vigilancia surcoreano y cruzar la frontera oriental del país hacia Corea del Norte, según han informado este domingo las autoridades militares surcoreanas. Aún se desconoce la identidad del individuo, así como el motivo que le ha llevado a acometer un acto de tamaña temeridad.

El Estado Mayor Conjunto de Corea del Sur ha confirmado este domingo que, a las 22.40 del sábado (14.40 de Madrid), una persona cruzó la Zona Desmilitarizada ―la franja de seguridad de cuatro kilómetros de ancho que protege el límite entre las dos Coreas― desde la provincia de Gangwon, en el este del país, y logró pasar hacia el Norte. El paso se produjo unos 80 minutos después de que el Ejército surcoreano detectase a través de las cámaras de seguridad que un individuo se encontraba dentro de esta área neutral, sobre la que ninguna de las dos naciones tiene control. En cuanto los soldados detectaron movimiento, sobre las 21.20, lanzaron una operación de búsqueda, la cual resultó infructuosa.

Tras una investigación posterior, se ha descubierto que las cámaras de seguridad habían captado al individuo cruzando la alambrada de púas para entrar a la Zona Desmilitariza a las 18.40, lo que evidencia que los soldados surcoreanos no tuvieron conocimiento sobre esta violación de la ley durante casi tres horas. Cruzar la frontera entre los dos países, que formalmente continúan en guerra después de que en 1953 firmaran un armisticio en lugar de un tratado de paz, está prohibido por ambas naciones.

De acuerdo con la agencia de noticias Yonhap, un funcionario del Estado Mayor Conjunto, que habló bajo la condición de anonimato, señaló que la respuesta inicial fue insuficiente y que el Ejército ha iniciado una pesquisa para determinar qué medidas son necesarias para mejorar la defensa fronteriza. Este oficial añade que las condiciones geográficas, como el terreno montañoso, complicaron la operación hasta el punto de que todos los esfuerzos para capturar a esta persona fueron en vano.

Las autoridades militares han comunicado que les resulta imposible confirmar si el individuo se encuentra aún con vida. Corea del Sur emitió el domingo por la mañana a través de su línea militar un aviso a su vecina del Norte pidiendo protección, pero aún se desconoce si ha habido respuesta. Tampoco se sabe si se trata de un ciudadano surcoreano o un desertor norcoreano, pero el Ejército sospecha que es un civil y no personal militar.

Bajo el pretexto de contener la pandemia de covid-19, Pyongyang implementó en agosto de 2020 la práctica militar de fuego a discreción: básicamente, disparar a toda persona que rebasase el área limítrofe a criterio de los soldados y sin necesidad de aguardar a una orden. Según el Estado Mayor Conjunto, por el momento no se han detectado movimientos militares inusuales por parte de Corea del Norte.

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Un mes después de que el Gobierno de Kim Jong-un diese luz verde a dicha práctica militar, propia de situaciones de conflicto bélico, la guardia fronteriza norcoreana disparó a matar a un funcionario de Pesca surcoreano, que desapareció de un barco patrulla cerca de la frontera del mar Amarillo y que acabó en aguas bajo el dominio de Corea del Norte.

No es la primera vez que se producen este tipo de cruces, que suelen generar gran repercusión mediática. En julio de 2020, un desertor norcoreano residente en Corea del Sur regresó a su país natal colándose por un desagüe y nadando hasta el Norte. En noviembre de ese mismo año, Seúl recibió un aluvión de críticas tras no lograr detectar a un norcoreano que cruzó la alambrada, como en esta ocasión, en la parte oriental de la frontera. El incidente se produjo pese a que el Ejército surcoreano se había comprometido a renovar su sistema de defensa fronterizo y a reforzar la vigilancia con el fin de prevenir cualquier tipo de fuga.

Toda la atención se centra ahora en la próxima declaración que pueda emitir Pyongyang. Corea del Norte ha implementado un cierre aún más hermético desde el inicio de la crisis sanitaria mundial. Oficialmente, el Norte no ha reportado ningún caso de covid-19 dentro de sus límites. La frontera entre las dos Coreas es una de las más militarizadas del mundo, repleta de minas, rodeada de una alambrada de seguridad electrificada y con púas, con cámaras de seguridad y guardas armados que deben permanecer alerta las 24 horas del día.

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