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El pasado 24 de febrero, Vladímir Putin, presidente de Rusia, anunció su decisión de invadir Ucrania a través de un discurso grabado en su despacho. En él, aseguró que “la ‘desnazificación’ de Ucrania” era uno de los motivos principales de la agresión militar. Además, el líder ruso ha repetido esta idea en todas sus intervenciones durante el transcurso del conflicto. Este vídeo explica por qué Putin ha utilizado este término tan a menudo para justificar la guerra, atacar al Gobierno de Volodímir Zelenski, presidente ucranio, y etiquetar como nazi a todo el país invadido.

La periodista de Internacional de EL PAÍS, Patricia R. Blanco, y especialista en desinformación, analiza en este vídeo los puntos clave del relato que el mandatario ruso ha tratado de implantar en toda la ciudadanía de su país. También comenta qué ha llevado a Putin a elegir esta apelación al régimen alemán de Adolf Hitler que provocó la Segunda Guerra Mundial —entre 1939 y 1945—. Blanco detecta y señala las falsedades que contiene el argumentario del presidente ruso y expone qué razones le han llevado a usarlo en cada una de sus apariciones públicas desde que declaró la guerra al país vecino.

¿Es útil esta estrategia? ¿Ha funcionado anteriormente? Como se detalla en el vídeo, ejemplos como la ocupación de Crimea en 2014 y su posterior anexión a la Federación de Rusia sirven como precedentes para entender el discurso que Putin ha articulado en torno a la vieja Unión Soviética —que llegó a ser la principal potencia del mundo junto a Estados Unidos— y su posterior descomposición con la caída del muro de Berlín. ¿Cómo ha utilizado la historia de Rusia en su discurso? Blanco responde a todas estas preguntas y desgrana la intención que tiene Putin al evocar el nazismo para defender su ataque a Ucrania.

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Joe Biden se ha dirigido a Estados Unidos —y al mundo— el martes por la noche (madrugada en España) para prometer que Vladímir Putin “pagará el precio” de su acción al invadir Ucrania, y ha defendido la unidad de los demócratas ante una crisis que contempla como un pulso entre la “tiranía y la libertad”. El presidente estadounidense ha pronunciado su primer discurso del estado de la Unión, una de las citas cumbre de la política americana, en un momento aciago para Europa y Occidente, mientras el Ejército ruso ataca las principales ciudades del país vecino, los civiles toman las armas y las cifras de muertos van en aumento. Biden ha calificado de “dictador” al dirigente ruso y ha asegurado que este ha cometido un “error de cálculo” al creer que los aliados no cerrarían filas.

“La guerra de Putin fue premeditada y sin provocación. Rechazó los esfuerzos diplomáticos. Creyó que Occidente y la OTAN no responderían. Creyó que nos podría dividir aquí, en casa. Putin se equivocó. Estábamos preparados”, ha resaltado el mandatario estadounidense.

En una intervención feroz, Biden ha advertido de que perseguirá a los oligarcas rusos. ”Vamos a por vosotros, cogeremos vuestros yates, vuestros jets privados, vuestros apartamentos de lujo”, ha señalado, desafiante. También ha anunciado el cierre del espacio aéreo del país a todas las aerolíneas rusas, en sintonía con lo decidido por los aliados, una acción que estrangulará aún más la economía rusa. El presidente de EE UU ha dejado en este punto un recado para Putin: “No tiene ni idea de lo que viene”.

La invasión rusa de Ucrania ha cambiado el guion de un discurso del estado de la Unión que Biden pensaba centrar en la política nacional, en reivindicar los logros económicos, amén de la inflación y reclamar al Congreso un paso adelante con las reformas pendientes. Putin ha cambiado, al fin y al cabo, el paso a medio mundo, ha colocado a Europa en un escenario bélico que no esperaba en 2022, con tanques avanzando por las calles, familias refugiadas en estaciones de metro y tiroteos por tierra, mar y aire. Brotan los recuerdos de la Guerra Fría, las comparaciones con la Segunda Guerra Mundial.

“Un dictador ruso, invadiendo un país extranjero, tiene costes en todo el mundo”, ha dicho Biden, si bien “en la batalla entre democracia y autocracia, las democracias están alcanzando su momento”, ha añadido. Ucrania ha provocado aplausos de todas las bancadas en el Capitolio, una rareza en este tiempo de fricción política en Washington. La embajadora ucrania en Estados Unidos, Oksana Markarova, invitada de honor y sentada junto a la primera dama, Jill Biden, recibió una larga ovación en pie de toda la Cámara, donde abundaban las banderas y los colores, amarillo y azul del país atacado.

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Biden, niño de la posguerra y testigo político del ocaso de la URSS, es además un viejo conocido de Putin —“No creo que usted tenga alma”, le dijo al presidente ruso, la primera vez que lo vio, en 2011—. Fue el vicepresidente estadounidense que vivió la toma de Crimea en 2014. El martes por la noche ha recalcado la necesidad de mano dura contra el jefe del Kremlin. “A lo largo de la historia hemos aprendido la lección: cuando los dictadores no pagan un precio por su agresión, causan más caos. Siguen adelante, y los costes y las amenazas a Estados Unidos y al mundo siguen creciendo”, ha advertido.

“Ese es el motivo por el que la alianza de la OTAN fue creada: para asegurar la paz y la estabilidad en Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos es miembro, junto con otras 29 naciones. Eso importa. La diplomacia estadounidense importa”, ha continuado, marcando las distancias del discurso aislacionista de Donald Trump, que más de un año después de dejar la Casa Blanca sigue con su estrategia de agitación, y que ha llegado a mostrar incluso en la actual situación más simpatías por Putin que por los aliados europeos. Biden ha insistido, no obstante, en que no se desplegarán tropas estadounidenses en territorio ucranio.

Se trata del primer discurso del estado de la Unión en 80 años centrado en el presente y el futuro del Viejo Continente. Y ha sido, por otra parte, el primer repaso de Biden a la situación del país, ya que su mensaje a las dos Cámaras del Congreso del año pasado no se considera como tal, puesto que apenas acababa de llegar a la Casa Blanca.

Esta es una de las ceremonias más pomposas de la política estadounidense, una de esas en las que a la burbuja de Washington le gusta recrearse. El líder habla en presencia de los legisladores, de los jueces del Supremo, del jefe del Estado de Mayor, de todos los miembros del Gobierno, salvo uno, el llamado “superviviente designado”, que se convierte en el jefe del Estado por si hubiera una masacre en el Capitolio, medida de prudencia que se remonta a la Segunda Guerra Mundial.

En el mismo acto cobran especial relevancia los acompañantes de la primera dama, que encarnan causas y se convierten en mensajes destacados. En esta ocasión estaban invitadas la embajadora ucrania, Oksana Markarova, y Frances Haugen, la exempleada de Facebook que ha denunciado las malas prácticas del gigante tecnológico.

Apenas se han visto mascarillas dentro de la Cámara, a la que todos los invitados han acudido previo test de coronavirus, y donde se han repartido abrazos en una impactante imagen de vuelta a la normalidad después de dos años. Los problemas internos del país, con todo, siguen muy presentes. Biden ha acudido al Congreso con la popularidad de capa caída. Si en su discurso de abril de 2021 el porcentaje de aprobación se situaba en el 53%, según el promedio de sondeos elaborado por FiveThirtyEight, una plataforma de referencia, ahora ha descendido al 41%.

Cuesta explicarlo en un país que el año pasado creció un 5,7%, la tasa más elevada desde 1984, y con el desempleo situado en el 4%. Pero la escalada de los precios ha hecho mella en el bolsillo de los estadounidenses. La inflación escaló hasta el 7,5% el pasado enero, el máximo en 40 años y, aunque es una tendencia global, los republicanos lo achacan en buena medida al plan de estímulos de Biden, que tachan de excesivo y causante de la falta de mano de obra que denuncian algunas empresas.

El presidente ha sacado pecho por las mejoras y se ha defendido con el siguiente razonamiento: “Una forma de luchar contra la inflación es recortar los sueldos y empobrecer a los estadounidenses, pero yo tengo un plan mejor: bajar vuestros costes, no vuestros sueldos. Fabricar más coches y más semiconductores en Estados Unidos”, ha señalado. Así, retomó también su discurso de apoyo a la industria local y llamó a reducir la dependencia de “las cadenas de suministro extranjeras”. “Hagámoslo en América”, ha resaltado.

Biden ha incidido también en las batallas que tienen al Congreso abierto en canal, como la ley de acceso al voto o el ambicioso programa social, ambos proyectos demócratas que han quedado empantanados por el rechazo republicano y también por la oposición de dos senadores de su partido, Joen Manchin y Kyrsten Sinema. En una noche de símbolos, Manchin, senador por Virginia Occidental, se sentó para escuchar al presidente con los republicanos, en lugar de ocupar un lugar al lado de los suyos, de los demócratas.

Fuera del Congreso, unidades militares de la Guardia Nacional custodiaban la zona. Su presencia hacía inevitable recordar el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021, que marcó un antes y un después en el templo de la democracia estadounidense. La alarma en esta ocasión tenía que ver sobre todo con una caravana de camioneros que se dirigía a la capital en protesta contra las medidas sanitarias obligatorias por la pandemia, inspirados por la de Canadá, deseosos también de sus propios símbolos.

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El presidente ruso, Vladímir Putin, ha intentado justificar el ataque de Rusia contra Ucrania, una invasión ilegal que contraviene la Carta de Naciones Unidas, con la construcción de un discurso que demuestre que la operación militar era ineludible. Según su narrativa, basada en razonamientos falsos y torticeros, Moscú pretende proteger a los ciudadanos ucranios, unidos a los rusos por “vínculos de sangre,” de las políticas del Gobierno ucranio, al que la propaganda del Kremlin tilda de “régimen neonazi”. Además, según su versión, trata de defender a su propio país de la amenaza de Ucrania, un Estado “artificial” que cuenta con el apoyo de la OTAN y Occidente y que ha llegado a infiltrar, asegura Moscú, comandos de sabotaje en territorio ruso.

Estos son algunos de los falsos argumentos con los que el Kremlin ha fabricado su casus belli para atacar a la antigua república soviética:

1. Ucrania es una amenaza para Rusia

En los días anteriores al comienzo de la invasión, tanto los líderes de las autoproclamadas repúblicas de Donetsk y Lugansk como las autoridades rusas denunciaron agresiones efectuadas por las fuerzas ucranias. Sin embargo, muchos de estos ataques parecen de falsa bandera, es decir, una ofensiva simulada para fabricar una excusa contra el adversario, según EUvsDinsinfo, un equipo de la Unión Europea especializado en combatir las mentiras rusas sobre Europa. Uno de ellos es el ocurrido el 21 de febrero, cuando los servicios de seguridad de Rusia informaron de un supuesto bombardeo de las fuerzas ucranias contra un puesto de control fronterizo ruso en la región de Rostov, según publicó la agencia de noticias rusa TASS. En el vídeo que acompañaba la información, de 37 segundos, aparecía una cabaña destruida en un lugar remoto, sin aspecto de construcción militar.

Ese mismo día, en cuentas rusas de Telegram, se difundió otro vídeo que supuestamente evidenciaba la entrada de saboteadores ucranios en territorio ruso y que mostraba la destrucción de dos vehículos blindados. Un análisis de ambas grabaciones, la de la destrucción de los tanques y la del puesto fronterizo, realizado por el Centro para la Resiliencia de la Información, demuestra que fueron realizadas en el mismo lugar, en concreto, en la frontera entre la zona de Donetsk bajo mando de los separatistas prorrusos y Rusia, no en un área controlada por fuerzas ucranias.

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Con narrativas tan “absurdas” y tal fácilmente desmontables, existe la posibilidad de que Putin pretenda, según analiza Eric Pardo, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Deusto y experto en Rusia y Ucrania, “reírse de los occidentales para caricaturizar nuestras ‘mentiras’, como la hipocresía Occidental en los conflictos de Kosovo o Irak”. Su objetivo, continúa, puede que sea hacer gala de su poder y “demostrar que también él puede decir y hacer lo que le venga en gana”.

2. Ucrania está cometiendo un genocidio en el Donbás

La denuncia que hizo Putin durante su discurso del 22 de febrero, en el que anunció la invasión de Ucrania, sobre el supuesto genocidio que Kiev está llevando a cabo en los territorios separatistas ucranios de Donetsk y Lugansk, no es nueva. Sin embargo, esta narrativa, que recurre al más letal de los crímenes contra la humanidad para retratar a Kiev como el peor de los villanos, se intensificó en los días previos al ataque. Según un análisis de EUvsDisinfo, las acusaciones de genocidio que los medios prokremlin han lanzado contra Ucrania en los días previos a la invasión se han multiplicado por cinco con respecto a los últimos seis meses.

Sin embargo, no hay informaciones imparciales sobre el supuesto genocidio. Amnistía Internacional y Human Rights Watch denunciaron en un informe de 2016 llamado You Don’t Exist (Tú no existes) que tanto las autoridades ucranias como las fuerzas separatistas habían detenido de forma ilegal y arbitraria durante el conflicto de 2014 a civiles a los que sometieron a torturas y malos tratos. No obstante, aunque estos crímenes suponen una violación de los derechos humanos no constituyen un genocidio, es decir, el exterminio sistemático de una población. No existe ninguna alusión al genocidio ni en los informes sobre Ucrania de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU ni en los de la Misión Especial de la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación Europea) en la región separatista ucrania del Donbás.

3. Ucrania es un régimen neonazi

Esta falsa narrativa, una de las favoritas del Kremlin, tiene su origen en la participación de grupos violentos de extrema derecha en las movilizaciones ucranias del Maidan y en los primeros tiempos de la guerra del Donbás. Elude mencionar, por ejemplo, que el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, es rusoparlante e hijo de judíos, como otros dirigentes del Gobierno, y que su partido defiende políticas contrarias a la ultraderecha como el aborto gratuito.

Sí es cierto que el Gobierno ucranio ha tenido vínculos con la ultraderecha. “Por poner un ejemplo, el G7 llegó a dirigirse a Ucrania durante las elecciones presidenciales del 2019 denunciando la cercanía del entonces ministro de interior, Arsén Avakov, con el Batallón Azov, de extrema derecha”, explica Eric Pardo. Pese a ello, y aunque la calidad democrática de Ucrania no se encuentre entre las mejores del mundo —el índice de The Economist califica al país como un régimen híbrido con una puntuación de 5,57 sobre 10, donde 10 supondría una democracia perfecta— la antigua república soviética dista de ser un régimen nazi.

Sin embargo, la narrativa que recurre a la memoria del nazismo es muy útil “para ganarse a la ciudadanía rusa”, continúa el experto. “Es muy fácil ver a Rusia como un abusón, pero, desde su percepción, la defensa ante un régimen nazi apela al sufrimiento de los ciudadanos de la antigua URSS ante la Alemania nazi, que provocó la muerte de entre 22 y 29 millones de personas” en la Segunda Guerra Mundial.

4. Los ucranios son nuestros familiares

Putin ha incidido en distintas ocasiones en los vínculos históricos entre Ucrania y Rusia, aunque en su discurso del pasado martes fue especialmente explícito: “Ucrania no es solo un país vecino, es una parte inalienable de nuestra historia, cultura y espacio espiritual. Son nuestros camaradas, amigos y personas que una vez sirvieron juntas, pero, además, familiares, gente unida por vínculos de sangre”. Y añadió a continuación: “La Ucrania moderna fue enteramente creada por Rusia o, para ser más precisos, por los bolcheviques, la Rusia comunista”. Es decir, desde la perspectiva de Putin, no intervenir en Ucrania sería como abandonar a tu propia familia.

Según explica Pardo, por un lado, Putin intenta “defender a los rusos en Ucrania” y por otro, subraya que es “una nación hermana, y podría tolerar que fuese un Estado siempre y cuando no se oriente demasiado hacia Occidente, es decir, la Unión Europea o peor aún, la OTAN”. Pero la alusión a la artificialidad de Ucrania es, según la opinión de este experto en Europa del Este, “un debate estéril e interesado por la propia naturaleza subjetiva del concepto de nación”. Y añade: “Se podría entrar en disquisiciones históricas sobre la solidez de los argumentos históricos que cada relato nacionalista elabora, pero una nación es real tan pronto se comparte un determinado relato. Esto es claramente el caso de Ucrania”. Y, aunque sea un Estado de reciente creación, es un país soberano y reconocido por la comunidad internacional.

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El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en la visita a Caracas del viceprimer ministro ruso, Yuri Borisov, el 16 de febrero.
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en la visita a Caracas del viceprimer ministro ruso, Yuri Borisov, el 16 de febrero.Rayner Peña R. (EFE)

Rusia está cerrando filas con sus aliados en Latinoamérica, una región en la que encuentra el respaldo internacional que no tiene en buena parte del mundo tras la invasión de Ucrania. Los Gobiernos de Cuba, Nicaragua y Venezuela se han alineado con Moscú y han legitimado la operación militar lanzada por tierra, mar y aire este jueves. “¿Qué pretende el mundo? ¿Que el presidente Putin se quede con los brazos cruzados y no actúe en defensa de su pueblo?”, cuestionó Nicolás Maduro —el más vocal entre los aliados del Kremlin en la región— este jueves en un mensaje por televisión en el que acusó directamente al “imperio norteamericano y la OTAN” de lo que sucede en la frontera ruso-ucrania.

La interpretación que hace Maduro de la decisión militar tomada por Vladímir Putin en contra de Ucrania ha sido adoptada sin fisuras por la dirigencia del Partido Socialista Unido de Venezuela. El aparato comunicacional del chavismo sostiene que el despliegue militar es “absolutamente legítimo” y que es Rusia quien ha visto amenazado su fuero por “potencias imperialistas”, lo que la obliga a defenderse. “Como lo ha dicho el presidente Nicolás Maduro, la paz de Rusia es la paz del mundo”, ha dicho el canciller, Félix Plascencia, en su cuenta de Twitter. La vicepresidenta, Delcy Rodríguez, ha reprochado a su vez las sanciones económicas impuestas a Moscú por Washington, mientras los medios controlados por el Gobierno repiten comentarios que llaman “fascista” al Gobierno de Volodímir Zelenski.

El Gobierno de Daniel Ortega también ha refrendado su alianza con Rusia y aplaudió desde el lunes pasado la decisión del Kremlin de reconocer la independencia de las regiones de Donbás y Lugansk. “Esta decisión tomada por el presidente Putin abre la posibilidad de que esta situación no tenga un desenlace mayor”, dijo Ortega esta semana, en línea con la narrativa rusa sobre el conflicto. El presidente nicaragüense censuró las sanciones impuestas a Rusia por parte de Europa y Estados Unidos.

En plena invasión a Ucrania, el presidente de la Duma estatal, Viacheslav Volodin, ha visitado Managua para reunirse con Ortega. El presidente de la Cámara baja viene de Cuba, donde agradeció el apoyo del Gobierno de Miguel Díaz-Canel y expresó “su rechazo a la injerencia en los asuntos internos de Rusia y a la histeria propagandística y comunicacional”. “Destacamos el excelente estado de las relaciones bilaterales y la voluntad de consolidar el alto nivel del diálogo político y los intercambios en varios sectores”, dijo, por su parte, Díaz-Canel.

Condena enérgica de México

El conflicto bélico en el extremo este de Europa ha movido el tablero geopolítico en Latinoamérica, pese a que se desarrolla a miles de kilómetros. La región tiene dos miembros no permanentes en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas: México y Brasil. “No estamos a favor de ninguna guerra”, ha señalado este jueves el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador. Su Gobierno ha dicho que la posición del país norteamericano es “muy enérgica en favor de la paz, de una solución pacífica, de la política en lugar de la fuerza”, de acuerdo con un comunicado de la Secretaría de Relaciones Exteriores, que anticipa una postura “más específica” en cuanto haya un proyecto de declaración del Consejo de Seguridad.

Por la mañana, el canciller mexicano, Marcelo Ebrard, dijo que no estaba contemplada una ruptura de relaciones con Rusia y señaló que la prioridad es garantizar la seguridad de unos 200 mexicanos en Ucrania. Más tarde, definió de forma más clara su posición al rechazar abiertamente la invasión de Rusia a Ucrania, según dijo el ministro en un video en el que, por primera vez, nombra y censura explícitamente la operación militar de Moscú.

“Tenemos muy claro que estamos ante una invasión, ya no hay ninguna duda sobre ello”, ha dicho Ebrard en un mensaje grabado este jueves y que sirve como adelanto de cuál será la posición del país latinoamericano en la próxima sesión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas este viernes. “Por historia y tradición, por nuestra formación como nación, tenemos que rechazar y condenar enérgicamente la invasión de un país como Ucrania de parte de una potencia como Rusia”, ha dicho el canciller.

Bolsonaro desacredita a su vicepresidente

Brasil ha hablado a través de su diplomacia y de su vicepresidente, aunque después han sido desacreditados por el presidente, Jair Bolsonaro, que aún no ha definido su postura frente a la invasión. Por la mañana, el Ministerio de Exteriores reclamó “el cese inmediato de las hostilidades y el inicio de unas negociaciones que conduzcan a una solución diplomática”. Su nota expresaba preocupación, pero no condenaba explícitamente lo que describe como “operaciones militares de la Federación Rusa contra objetivos en territorio de Ucrania”. Una semana después que Bolsonaro visitara a Putin y le expresara su solidaridad, Brasil busca un equilibrio complejo para no desagradar a Rusia ni a EEUU. Nada nuevo para un país que estuvo entre los neutrales en la Guerra Fría. Antes o después deberá definir más su postura conforme avancen las sesiones del Consejo de Seguridad de la ONU.

Bolsonaro, mientras tanto, parecía comprar tiempo. El presidente ignoró la noticia durante buena parte del día en sus mensajes públicos, aunque la guerra puede impactar la economía (para bien y para mal) ya que Brasil tiene una gran comunidad descendiente de ucranios. Quien sí que habló temprano fue el vicepresidente, Hamilton Mourão. Lo hizo de manera contundente. Para Mourão, general en la reserva, sancionar a Rusia es insuficiente. Opina que hace falta una respuesta militar porque “el mundo occidental está como en 1938 con Hitler. Putin no respeta el apaciguamiento”, dijo. Más tarde, durante su directo semanal en Facebook, Bolsonaro lo desacreditó al decir que la política exterior es competencia del presidente. El mandatario no ha aclarado, sin embargo, cuál es su postura frente a la invasión rusa de Ucrania. Por su parte, el expresidente Lula da Silva, líder en las encuestas de las presidenciales, se ha mostrado tibio. Ha criticado las guerras para resolver divergencias entre países y también a las potencias que emprenden invasiones sin mencionar al país agresor ni al agredido.

Chile ha expresado sin reservas su rechazo al ataque armado contra Ucrania. “Rusia ha optado por la guerra como medio para resolver conflictos. Desde Chile condenamos la invasión a Ucrania, la violación de su soberanía y el uso ilegitimo de la fuerza”, ha escrito el presidente electo Gabriel Boric en sus redes sociales. “Nuestra solidaridad estará con las víctimas y nuestros humildes esfuerzos con la paz”, ha agregado. El derechista Sebastián Piñera, que dejará la presidencia el próximo 11 de marzo, llamó a impulsar un esfuerzo de cooperación internacional para encontrar una salida negociada.

Después de varios días sin pronunciarse, Argentina ha roto el silencio que mantenía sobre la escalada bélica en Ucrania para sumarse a las condenas por el “uso de la fuerza armada” por parte de Rusia. “Las soluciones justas y duraderas sólo se alcanzan por medio del diálogo y compromisos mutuos que aseguren la esencial convivencia pacífica. Por ello llama a la Federación de Rusia a cesar las acciones militares en Ucrania”, ha señalado la Cancillería argentina en un comunicado. El Gobierno del peronista Alberto Fernández ha exigido también “que todos los involucrados actúen con la mayor prudencia y desescalar ya mismo el conflicto en todas sus aristas para garantizar la paz y la seguridad integral de todas las naciones”.

La reacción del Gobierno argentino da cuenta del golpe que supone el ataque a Ucrania para la diplomacia rusa en Sudamérica. A principios de febrero, Fernández viajó a Moscú y se reunió con Putin, a quien le ofreció que Argentina fuese su “puerta de entrada a América Latina”. La buena relación entre ambos países se hizo evidente también durante la pandemia, cuando Argentina fue el primer país de la región que apostó por la vacuna rusa Sputnik V y después comenzó a producirla en territorio nacional y la exportó a otros países, como Bolivia. El Gobierno de Luis Arce ha optado por una posición más neutra. “Bolivia hace un llamado a la paz y exhorta a las partes a la búsqueda de soluciones político diplomáticas en el marco del Derecho Internacional y la Carta de las Naciones Unidas”, ha señalado la Cancillería boliviana en un comunicado.

“Colombia rechaza categóricamente el ataque premeditado e injustificado que se ha perpetrado contra el pueblo ucranio por parte de Rusia, que no solo atenta contra su soberanía sino amenaza a la paz mundial”, ha dicho el presidente, Iván Duque, en un discurso grabado. En Centroamérica, Costa Rica manifestó que “condena el uso de la fuerza y la violación de la soberanía y la integridad territorial de Ucrania”, mientras que el Gobierno de Honduras ha exhortado en los últimos días a encontrar una salida negociada.

“Estamos en el Consejo de Seguridad en una de las crisis más severas que ha habido en tiempos recientes, para muchos desde la Segunda Guerra Mundial”, comenta Enrique Berruga, embajador de México ante la ONU entre 2003 y 2007. “Para América Latina sería sensacional tener una posición unificada en relación a este conflicto, pero persisten fracturas terribles”, dice Berruga ante las diferencias que existen entre los principales países de la región, aunque asegura que hay terreno para trabajar en una acción conjunta que tenga mayor incidencia en el sistema internacional. En la trastienda de la disputa entre las potencias, la región sigue paso a paso el desarrollo del conflicto ante posibles impactos económicos, en un complejo equilibrio entre la política interna y externa, y con un estrecho margen de maniobra en el sistema internacional.

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La Unión Europea ha reaccionado de inmediato al ataque del presidente de Rusia, Vladímir Putin, a Ucrania. “Una vez más en el centro de Europa, mujeres, hombres y niños inocentes están muriendo o temen por su vida. Condenamos este ataque bárbaro”, ha denunciado con gesto grave la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en una comparecencia este jueves poco después de que Putin lanzara de madrugada una incursión militar en toda regla en Ucrania, atravesando varios puntos de la frontera del país. Los Veintisiete se han citado este jueves en Bruselas en una cumbre extraordinaria de jefes de Estado y de Gobierno convocada de forma urgente para aprobar una nueva batería de sanciones de “graves y enormes consecuencias” para Moscú. “El presidente Putin está tratando de volver a los tiempos del Imperio Ruso”, ha subrayado Von der Leyen.

El Consejo Atlántico de la OTAN también ha celebrado a primera hora de este jueves una reunión urgente para condenar el ataque ruso. La reunión de consultas, a petición de varios aliados del este (Polonia, Bulgaría y los páises bálticos, entre otros) ha tenido lugar en base al artículo 4 del Tratado de la Alianza, que se activa en caso de amenazas graves. Y los aliados occidentales han advertido en un comunicado que mantienen un compromiso con el artículo 5, que garantiza una respuesta militar conjunta en caso de ataque exterior contra uno de ellos.

“Es un momento muy grave para la seguridad de Europa”, ha señalado el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, tras concluir la reunión de emergencia. Stoltenberg ha acusado a Putin de cometer “un acto brutal de guerra” y de llevar a cabo “una invasión preparada, a sangre fría, deliberada”. La OTAN celebrará mañana una cumbre a nivel de presidentes de gobierno o Estado.

“Son unas de las horas más oscuras para Europa desde la Segunda Guerra Mundial”, ha añadido el alto representante para la política Exterior de la UE, Josep Borrell, quien ha comparecido junto a la presidenta de la Comisión. “Una gran potencia nuclear ha atacado un país vecino y está amenazando con tomar represalias contra cualquier país que acuda en su rescate”, ha añadido con palabras contundentes, calificando el ataque de “violación de los principios básicos de la coexistencia humana”. Borrell ha censurado a Putin por su “grave y premeditada escalada, que ha conducido a la guerra” y ha reclamado que ponga fin a “esta agresión sin sentido”. Ambos han condenado de forma enérgica lo que consideran un ataque militar “sin precedentes” de Rusia contra Ucrania.

“Con sus acciones militares no provocadas e injustificadas, Rusia está violando gravemente el derecho internacional y socavando la seguridad y la estabilidad europeas y mundiales”, asegura un comunicado conjunto de Von der Leyen y del presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, emitido también a primera hora de este jueves. “Lamentamos la pérdida de vidas y el sufrimiento humano”, sigue el texto.

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La presidenta del Ejecutivo comunitario y el alto representante ultiman ahora el paquete de medidas punitivas con la intención de que el Consejo (el órgano donde se sientan los líderes de los Veintisiete) pueda adoptarlas rápidamente, previsiblemente este mismo jueves. La nueva batería de sanciones, también sin precedentes en la UE, según el jefe de la diplomacia europea, se ha mantenido bajo llave y en secreto durante semanas y busca “aislar” económicamente a Rusia.

La OTAN ha señalado que “los líderes rusos deberán asumir toda la responsabilidad por las consecuencias de sus actos”. Y ha acusado al Kremlin de crear “una grave amenaza a la seguridad euro-atlántica con graves consecuencias geoestratégicas”. Los aliados reforzarán su presencia militar en los países del este de Europa y aseguran que “Rusia pagará un precio muy alto en términos económicos y políticos”.

El castigo, según ha explicado Von der Leyen, pretende golpear los intereses del Kremlin y su capacidad de financiar la guerra, y apunta hacia sectores estratégicos de la economía rusa, bloqueando su acceso a tecnologías y a mercados claves para Rusia. “Debilitaremos la base económica rusa y su capacidad de modernización y, además, congelaremos los activos rusos en la UE y detendremos el acceso de los bancos rusos a los mercados financieros europeos”, ha dicho la jefa del Ejecutivo comunitario, quien ha explicado que las medidas se toman de forma “alineada” con Estados Unidos, Reino Unido y Canadá, y también con otros aliados como Japón y Australia.

La propuesta se coloca sobre la mesa después de que este miércoles se aprobara una primera andanada de penas más suaves como reacción al reconocimiento de la independencia de las provincias ucranias separatistas de Lugansk y Donetsk por parte de Moscú. Esta primera salva se ha dirigido contra una buena parte del Gobierno de Putin, la cúpula del Ejército ruso, 351 miembros de la Duma (el Parlamento ruso) y figuras prominentes de su círculo próximo de empresarios y del aparato de propaganda del Kremlin. Pero la “operación militar” de Putin que, según el líder ruso, busca desmilitarizar pero “no ocupar” Ucrania, parece ya una invasión a gran escala a ojos de Bruselas, lo que obliga a subir el tono de la reacción de la UE.

“Hacemos un llamamiento a Rusia para que cese inmediatamente las hostilidades, retire su ejército de Ucrania y respete plenamente la integridad territorial, la soberanía y la independencia de Ucrania”, asevera el comunicado de Von der Leyen y Michel. “Este uso de la fuerza y la coacción no tiene cabida en el siglo XXI”, añade un texto en el que el bloque comunitario reitera su apoyo firme a Ucrania y a su pueblo, al que se compromete a seguir prestando “una sólida asistencia política, financiera y humanitaria”.

Además de sanciones, la UE lleva semanas preparando planes de contingencia para paliar los efectos que estas penas y un eventual golpe de contramedidas de Moscú puedan tener sobre la Unión. Estas medidas de emergencia, también mantenidas en secreto, se centran sobre todo en el sector energético (los Veintisiete importan un 40% de su gas desde Rusia, y es también altamente dependiente del petróleo ruso), con herramientas extraordinarias para atajar alzas de precios radicales y fórmulas de aprovisionamiento alternativas, y tiene también muy en cuenta una posible crisis de refugiados que huyan del conflicto ucranio.

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Lloyd Austin, secretario de Defensa, y el general Mark Milley, responsable de la Junta de Jefes de Estado Mayor, este viernes en Washington.
Lloyd Austin, secretario de Defensa, y el general Mark Milley, responsable de la Junta de Jefes de Estado Mayor, este viernes en Washington.JOSHUA ROBERTS (REUTERS)

El secretario de Defensa de EE UU, Lloyd Austin, y el general Mark Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto, han reiterado este viernes la amenaza que supone la concentración en la frontera de Ucrania de más de 100.000 fuerzas rusas (en torno a 130.000, según algunos observadores). Es la primera vez que Washington confirma la extensión del despliegue, adelantada hasta ahora por analistas de inteligencia. Austin y Milley han advertido además de que, pese a que desconocen si el presidente ruso, Vladímir Putin, ha resuelto invadir el país vecino, “ahora tiene claramente la capacidad [militar] para hacerlo”, ha declarado Austin a los periodistas que han seguido la comparecencia de ambos en el Pentágono. Si Rusia finalmente opta por atacar, ha subrayado el general Milley, la acción tendría un resultado “horrible” que resultaría en un número de “bajas significativo”. El alto oficial aseguró que la acumulación de tropas y equipamiento rusos en la frontera, con capacidad para penetrar en el interior del país, es algo inédito “desde los días de la Guerra Fría”.

Es la enésima advertencia que emite Washington, horas después de que el presidente Joe Biden apuntara la posibilidad de una invasión de Ucrania por las tropas del Kremlin en febrero. A medida que Rusia acumula fuerzas y armamento en las fronteras postsoviéticas (en Ucrania y en Bielorrusia, este último país aliado de Moscú), la posibilidad de un conflicto abierto se cierne de manera más sombría sobre la Administración de Joe Biden, que afronta numerosos escollos en casa. La vía diplomática entre los dos países se obtura día a día, especialmente tras el rechazo de Washington y sus aliados de la OTAN a abandonar los planes de ampliación en el flanco central europeo, una amenaza a ojos del Kremlin.

Moscú había solicitado garantías escritas de la retirada de tropas de la OTAN del este de Europa, así como un veto a la entrada de Ucrania en la Alianza. No ha obtenido ninguna de esas demandas, por lo que una eventual acción bélica cobra fuerza, máxime tras la declaración de hoy del Pentágono. “Aunque no pensamos que el presidente Putin haya tomado una decisión definitiva acerca de usar esas fuerzas contra Ucrania, creemos que ahora está en disposición de hacerlo”, ha subrayado Austin.

“Hay múltiples opciones disponibles, incluida la toma de ciudades y territorios significativos, pero también actos coercitivos y actos políticos provocadores como el reconocimiento de la ruptura de territorios”, ha dicho Austin, en alusión a la amenaza del Kremlin de reconocer la independencia del territorio separatista prorruso del Donbás, en el este de Ucrania, que se rebeló contra Kiev en 2014, pocas semanas después de la anexión de Crimea por el Kremlin, y donde se desarrolla una guerra enquistada que se ha cobrado 14.000 muertos y un millón y medio de heridos, además de miles de desplazados internos.

Dado el tipo de fuerzas que Moscú ha desplegado en la frontera, ha advertido el general Milley, cualquier acción contra Ucrania “se sustanciaría en una cantidad significativa de víctimas (…) Pueden imaginar cómo acabaría eso en áreas urbanas densamente pobladas, en carreteras… Sería horrible, absolutamente horrible”.

El titular de Defensa estadounidense ha apuntado que Washington vigilará muy de cerca cualquier acto o intento de desinformación por parte de Moscú para contrarrestar cualquier pretexto para atacar Ucrania. El general Milley abundó en la idea de que el gran despliegue ruso va más allá de la acumulación de fuerzas terrestres, aéreas y navales e incluye unidades de guerra cibernética y logística.

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Austin reiteró el compromiso de EE UU de ayudar a Ucrania a defenderse de una hipotética agresión exterior, proporcionando a Kiev incluso armamento adicional anticarro. Atrapada en medio del choque de trenes de rusos y estadounidenses, las autoridades ucranias han mantenido hasta ahora una postura cauta, a la expectativa, para no desencadenar una respuesta por parte de su vecino oriental. El presidente ucranio, Volodímir Zelenski, no se cansa de repetir que hablar de guerra es peligroso.

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