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Instalaciones de la reserva estratégica de petróleo de EE UU en Freeport (Texas), en una imagen de 2016.
Instalaciones de la reserva estratégica de petróleo de EE UU en Freeport (Texas), en una imagen de 2016.Richard Carson (Reuters)

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha anunciado este jueves que lanzará al mercado 180 millones de barriles de petróleo —un millón al día durante seis meses— procedentes de las reservas estratégicas del país para intentar rebajar el precio, según adelantó la Casa Blanca. Esta cantidad de crudo es el equivalente aproximado a dos días de demanda global. Tras conocerse la medida, el precio del petróleo cayó un 4,5%.

En una comparecencia en la Casa Blanca, el mandatario apeló a acelerar la consecución de la independencia energética para evitar crisis de suministro como la provocada por la contienda; instó a la industria a producir más “y no conformarse con sus beneficios récord” y pidió al Congreso que apruebe sus planes de transición energética hacia una economía verde. La subida del precio de la gasolina se enraíza en la recuperación pospandémica, al aumentar la demanda, pero se ha visto agravada por el conflicto de Ucrania, recordó el presidente. “Sé cuánto duele esto al bolsillo de los estadounidenses cuando van a la gasolinera”, declaró, por lo que prometió aliviar la presión alcista de los precios con un llamamiento, casi rayano en una orden, a incentivar la producción. A las empresas que han conseguido licencias de explotación pero no están operando, les advirtió, “tendrán que empezar a producir o pagar por su inactividad”.

“El 90% de la producción de yacimientos terrestres se realiza en terrenos que no son propiedad del Gobierno federal. Del 10% restante, terrenos federales, la industria del petróleo y gas tiene arrendadas millones de hectáreas. Actualmente disponen de 9.000 permisos para perforar ya aprobados. Podrían estar extrayendo ahora mismo”, se lamentaba Biden el 8 de marzo, cuando prohibió la importación de petróleo ruso como sanción por la invasión de Ucrania.

“La magnitud [de la medida] no tiene precedentes: nunca en el mundo se han liberado reservas a ese ritmo durante tanto tiempo. Esta salida récord servirá de puente hasta fin de año, cuando se consolide el aumento de la producción nacional”, recordaba en un comunicado la Casa Blanca.

No es la primera decisión de Biden que afecta al fondo de reserva de petróleo —en noviembre pasado anunció la salida al mercado de 50 millones de barriles para aliviar la presión sobre hogares y empresas—, pero sí la primera directamente vinculada a la guerra de Ucrania. El argumento más utilizado por el presidente estadounidense desde que empezó la contienda es que hay que culpar a su homólogo ruso, Vladímir Putin, del alza de los precios, en especial la subida de la factura de la energía. Idéntico argumento ha sido esgrimido en el anuncio de este jueves. “Los estadounidenses se enfrentan al aumento de los precios en las gasolineras debido al aumento de precios de Putin. Desde que aceleró su concentración militar en Ucrania [el despliegue de tropas en la frontera que precedió a la invasión], los precios de la gasolina han aumentado casi un dólar por galón [3,78 litros]. Debido a la guerra declarada por Putin, llega menos petróleo al mercado y la reducción en el suministro está aumentando el precio en los surtidores. El presidente Biden se compromete a hacer todo lo que esté en su mano para ayudar a las familias que, como resultado del conflicto, deben pagar más. Por eso, hoy, el presidente anunciará un plan en dos partes para aliviar la presión de las familias al aumentar de inmediato el suministro de petróleo y lograr una independencia energética duradera, que reduzca la demanda de petróleo y refuerce nuestra economía de energías limpias”, explica el comunicado de la presidencia.

Con la inflación en máximos históricos desde los años ochenta, el comunicado de la Casa Blanca subraya cómo, desde comienzos de año, el precio medio del galón de gasolina se ha incrementado casi un dólar: de 3,30 a 4,20 dólares. La prohibición de importar petróleo ruso, “una medida demandada y apoyada por republicanos y demócratas en el Congreso”, iba a tener un coste, advirtió Biden, que se traduciría en una mayor presión inflacionaria, pese a que el crudo ruso representaba solo en torno al 8% del suministro del país. Para compensar, Washington confía en que se acelere la producción interior de gas y petróleo.

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Esto preocupa a los grupos ecologistas, y representa una cierta contradicción frente a la apuesta por la transición energética de la que Biden ha hecho bandera. Estados Unidos se acerca a niveles récord de producción de petróleo y gas natural. “Se espera que aumente en un millón de barriles por día este año y casi 700.000 barriles por día el próximo año”, según el comunicado.

El Fondo de Reserva Estratégico, creado en 1975 después de que el boicot de países productores árabes desencadenase la primera crisis energética global, almacena 586 millones de barriles en cuatro lugares celosamente custodiados en la costa de Luisiana y Texas. Los presidentes del país pueden recurrir al fondo para calmar a los mercados en caso de guerra o cuando catástrofes naturales golpean infraestructuras energéticas, por ejemplo en el golfo de México.

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La tercera ronda de sanciones contra Rusia, anunciada este fin de semana por Estados Unidos, el Reino Unido, Canadá y la UE, supone una escalada considerable en la guerra financiera diseñada para parar los pies a Vladímir Putin en Ucrania. Occidente ha puesto al Banco Central de Moscú en el punto de mira, con un plan para dificultar que pueda echar mano de sus gigantescas reservas para financiar la guerra y sostener al rublo, y ha expulsado a una lista de bancos del sistema de pagos internacional SWIFT, clave para gestionar sus transacciones. Expertos estadounidenses y europeos coinciden en que se trata de una ofensiva económica sin precedentes para empujar Rusia hacia una salida negociada, pero dudan que logre detener la maquinaria militar invasora en Ucrania, al menos en el corto plazo. También apuntan a que habría una manera efectiva de intentarlo, pero de consecuencias impredecibles: atacar a sus exportaciones de energía.

Las medidas contra el Banco Central son una muestra de que Occidente quiere que Putin pague un alto coste por la guerra. “En los últimos días ha habido un claro cambio de paradigma en Europa en cómo se está percibiendo y procediendo ante el conflicto”, afirma Mujtaba Rahman, director para Europa de Eurasia Group. “La escalada de la violencia y la actitud claramente agresiva de Moscú han llevado a tomar a tomar medidas más duras para aislar a Putin; en especial ha habido un cambio de actitud en Alemania, que finalmente ha accedido a una expulsión de una lista de bancos del sistema SWIFT, no todos, pero es un comienzo”, añade.

Hace una semana, desconectar a los bancos de este sistema de pagos parecía impensable. Ahora, aunque parcialmente, se ha hecho. La desconexión total sigue lejos, porque los Estados europeos recurren a este sistema para pagar las facturas del gas y el petróleo. “Esa es una posibilidad, hoy por hoy, inviable”, advierte Ignacio de la Torre, socio y economista jefe de Arcano Partners. “La dependencia del gas y del petróleo es muy elevada”, añade. Cortar ese suministro “sería activar un botón nuclear”, según De la Torre, que Europa ahora no se puede permitir el lujo de soportar. Aun así, la combinación de congelar los activos del Banco Central en el extranjero y de otras instituciones está destinada a asfixiar el sistema, restringir su liquidez y, a su vez, también el de las empresas rusas. “No tener acceso a liquidez te puede provocar un infarto”, añade el economista.

El paquete de castigos impuesto en la última semana, en varias tandas, incluye la expulsión de los mercados financieros globales del Gobierno de Moscú, de sus principales bancos y de 13 de sus grandes compañías, así como el corte del suministro de tecnología, medida que afectará a varias industrias clave, de la defensa a la aeronáutica. Además, se congelaron los activos en el extranjero de oligarcas rusos, incluyendo a Putin y a su ministro de Exteriores, Seguéi Lavrov, a los que desde el viernes se les impide viajar a esos países, mientras el Reino Unido amenaza con hacer la vida imposible a los plutócratas cercanos al Kremlin que han hecho de Londres su patio de recreo. Otra medida consiste en prohibir a los ciudadanos rusos abrir depósitos en bancos europeos de más de 100.000 euros y restringir la emisión de los llamados pasaportes dorados, que permiten obtener la ciudadanía a cambio de invertir determinadas cantidades de dinero en el país.

Pero más allá de que la suspensión la semana pasada del gasoducto Nord Stream 2, proyectado para abastecer a Alemania de gas sin pasar deliberadamente por Ucrania, las sanciones siguen sin atacar directamente a la principal fuente de riqueza de Moscú: la energía. La tercera parte del presupuesto de Rusia, la undécima economía del mundo, que también destaca por sus exportaciones de níquel, paladio y trigo, proviene del gas y del petróleo. El problema es que Europa tendría serias dificultades para llegar siquiera al final de este invierno si se hiciera efectiva una medida tan drástica: es altamente dependiente de Rusia, a quien le compra el 40% de los combustibles fósiles que consume. No solo eso: la economía mundial sufriría un estrés inmanejable y el presidente Joe Biden ya dejó claro el jueves en su última comparecencia que su prioridad era “limitar el daño” para sus compatriotas “al pagar en la gasolinera”.

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El problema económico más acuciante de Estados Unidos es la inflación, que registra niveles nunca vistos en cuatro décadas, niveles que esta guerra agravará con toda seguridad. También la ola inflacionista azota a la UE, cuyas relaciones comerciales con Rusia son además más estrechas. “La cuestión es hasta dónde llegar para plantar cara a Moscú y, a la vez, hasta dónde estamos dispuestos que impacte el conflicto en la economía europea y estadounidense, porque todo indica que habrá más inflación y ya se está deteriorando el poder adquisitivo”, explica Raham.

Ese equilibrio casi imposible en un mundo globalizado (infligir el mayor daño posible al adversario causando el menor destrozo en casa) ha determinado inevitablemente el alcance y la efectividad de los castigos. “Las sanciones no restringen los flujos existentes de comercio de energía, pero [la paralización de Nord Stream 2] corta las compras adicionales de gas por parte de los consumidores europeos. Y las restricciones a las exportaciones de alta tecnología a Rusia afectarán con el tiempo la capacidad de explotar las reservas de combustibles fósiles en aguas profundas y en el Ártico”, aclara Jeffrey Schott, del Instituto Peterson de Economía Internacional.

Schott escribió a principios de mes un artículo titulado ¿Lograrán unas sanciones estadounidenses duras parar la agresión rusa en Ucrania? (y la respuesta corta a esa pregunta es que no). En ese texto, el experto acertaba con la mayor parte de las medidas que los aliados estaban preparando, y añadía otra que llegó este fin de semana, al menos en parte: la exclusión de Rusia del sistema mundial de magos SWIFT, que ordena y dota de seguridad a una buena porción del tráfico global de transacciones de dinero (realizado por 11.000 bancos en 200 países).

Cola para sacar dinero en un cajero de Alfa Bank en Moscú, este domingo.
Cola para sacar dinero en un cajero de Alfa Bank en Moscú, este domingo.Victor Berzkin (AP)

Cuando Rusia se anexionó Crimea en 2014, el castigo de expulsar al país del sistema SWIFT ya estuvo encima de la mesa, por lo que su Gobierno empezó a trabajar en su propio sistema de pagos (además, llegado el caso, podría recurrir a la alternativa china), aunque su operativa es hoy por hoy muy limitada. Por otra parte, el Kremlin lleva ocho años blindándose para hacer frente a posibles sanciones y ha acumulado reservas récord de divisas (más de 630.000 millones de dólares), las cuartas mayores del mundo, un tesoro estratégico para financiarse en caso de necesidad y apuntalar el rublo durante un tiempo considerable si fuera necesario. Las medidas contra los bancos anunciadas el fin de semana llevaron a miles de rusos a ir a sacar dinero a los cajeros ante el temor de falta de liquidez.

Moscú ha reducido en general su dependencia de Occidente: solo un 16% de las divisas de Rusia están en dólares, frente al 40% de hace cinco días, mientras el porcentaje en yuanes ha crecido al 13%. Aun así, contando dólares y euros, el 48% de sus reservas está vinculadas a Occidente (el 30% es oro y el resto moneda china) y su exposición a las nuevas sanciones sigue ahí. “La congelación de las reservas del Banco Central de Rusia es un punto de inflexión y creo que tendrá consecuencias bastante negativas para el sistema financiero ruso”, opina el economista Guntram Wolff, director del centro de análisis Bruegel, con sede en Bruselas. Sobre un posible corte del gas por parte de Rusia como represalia, el experto opina: “Putin podría cortar el grifo en respuesta a las sanciones y la UE podría lidiar con esta situación, pero tendría un elevado coste”.

Rusia también podría recurrir a las criptomonedas para evitar algunos de los efectos más gravosos de las sanciones, según los expertos, al poder ser utilizadas para realizar transacciones sin dejar rastro.

Robert Person, profesor de Relaciones Internacionales y experto en Rusia y en política exterior, discrepa sobre la imagen de Rusia como un país autárquico listo para ser confortablemente un “paria” en el orden internacional, adjetivo algo gastado que endosó Biden a Moscú en uno de sus dos discursos de esta semana. “Es cierto que Rusia ha tomado medidas desde 2014 para reducir su dependencia de las redes financieras occidentales y del dólar estadounidense, pero no puede separarse por completo de la economía global”, considera Person. “Además, las nuevas sanciones son más duras que las de 2014. Dañarán mucho más seriamente al Gobierno ruso, a los bancos y empresas estatales y a las élites rusas”.

“Claramente, en este tiempo han aprendido a vivir con las sanciones, y a sortearlas”, opina Paul Stronski, investigador especializado en las relaciones internacionales del Kremlin de la oficina de Washington del Carnegie Endowment for International Peace. “Desgraciadamente, esas medidas se ceban más en la gente corriente que en los oligarcas, plutócratas cercanos a Putin que acabarán sacando ventaja de la nueva situación, en la que sin duda crecerán los intercambios ilícitos con China. Rusia tendrá por fuerza que aumentar su dependencia de Pekín, que no parece muy feliz con la idea de que Putin haya violado la integridad territorial de otro país. China habría preferido una solución diplomática, y aunque quiere claramente dejar atrás un mundo dominado por Occidente, en su pragmatismo no estoy seguro de que desee una vuelta a la guerra fría”.

Cuánto tardarán en hacer efecto esas sanciones (y, por lo tanto, cuánto hará falta mantenerse unidos en su aplicación) y también cuánto le durará a Putin el dinero necesario para financiar una guerra. Ante el primer interrogante, Person responde que, pese a que las medidas han tenido efectos inmediatos para, por ejemplo, el rublo, “costará varias semanas o meses que el paquete se active por completo y las instituciones financieras occidentales relevantes cumplan con su parte”. Rahman añade: “¿Serán suficientes las sanciones? A corto plazo, no creo. El presidente ruso ha dejado claro que tiene una misión y nada le detendrá”.

Sobre la paciencia de Putin, Schott opina que los pasos que ha dado “para intentar mejorar sus defensas ante las sanciones occidentales, solo servirán para darle algo de tiempo”. “Tiene la la esperanza de que Estados Unidos y Europa desistirán para entonces en su apoyo político a esas medidas. Pero sospecho que en ese análisis se confunde”, añade. De la Torre advierte, por su parte, que “[el autócrata ruso] ha acumulado un superávit de cuenta corriente de 600.000 millones de dólares. Eso se guarda para cuando las cosas vienen mal dadas, pero también puede esfumarse muy rápidamente en un conflicto como este en el que se ha embarcado”.

La respuesta a cuánto le durara ese dinero está seguramente, como casi todo en esta historia, solo en la cabeza del propio Putin. Un espacio aparentemente insensible a las sanciones que se ha demostrado un enigma aún más indescifrable en estos meses.

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Las autoridades ambientales peruanas y cientos de pescadores alertaron este martes sobre la contaminación del mar y la fauna en dos áreas naturales protegidas a causa de un derrame de petróleo que se extiende por cuarto día consecutivo en la región Callao, costa central. Según el Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA), el crudo afecta a unos 18.000 kilómetros cuadrados en el mar. El ministro de Ambiente, Rubén Ramírez, aseguró la noche del martes que el derrame sería de 6.000 barriles de petróleo, y que la multa que podría recibir la subsidiaria de Repsol ascendería a 138 millones de soles, unos 35 millones de dólares. El vertido se produjo el sábado en una terminal de la refinería La Pampilla, operada por Repsol, horas después de la erupción de un volcán submarino en Tonga.

La empresa informó el domingo de que “la violencia del oleaje” ocurrió en plena faena de descarga del crudo del buque italiano Mare Dorium y que el “derrame limitado” fue “rápidamente superado” con brigadas que “lograron controlar el incidente”. Sin embargo, residentes del distrito de Ventanilla documentan en vídeos desde el fin de semana las playas cubiertas de petróleo y las aves marinas moribundas que intentaban rescatar en rocas y orillas.

La Marina no emitió en Perú una alerta de tsunami como lo hicieron oportunamente el sábado las autoridades en Ecuador y Chile, y solo por la noche comunicó la posibilidad de “oleajes anómalos”, después de conocida la muerte de dos mujeres que paseaban por la orilla de una playa en una camioneta que fue arrastrada por las olas en la costa norte, en la desembocadura de un río.

El Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Sernanp) reportó el martes que el derrame de crudo ha “comprometido” la Zona Reservada de Ancón y parte de la reserva nacional Sistema de Islas, Islotes y Puntas Guaneras, zona de refugio de aves marinas que producen guano, un abono natural cuya demanda creció en 2021 ante el incremento del precio de los fertilizantes importados.

Según el Sernanp, perteneciente al Ministerio de Ambiente, dicho sistema está compuesto por 22 islas y once puntas entre la costa y el océano, que conforman un área de conservación de las poblaciones de aves y de mantenimiento de la diversidad biológica de la Corriente de Humboldt que se genera en torno a las islas. En dicha reserva natural, las aves, mamíferos marinos y peces se alimentan de anchoveta. El organismo refirió en un comunicado que llevó un equipo de limpieza para apoyar las labores de remoción del crudo. Desde el lunes, veterinarios y especialistas del Servicio Forestal y de Fauna Silvestre (Serfor), adscrito al Ministerio de Agricultura, rescataron cormoranes y otras aves cubiertas de petróleo y las llevaron al Parque de la Leyendas, uno de los zoológicos de la capital.

“En mayor cantidad hemos encontrado las aves guanay, piquero, pingüino, zarcillo y el mamífero nutria”, informó por teléfono Pilar Ayala Rojas, especialista de la Administración Forestal y de Fauna Silvestre de Lima que trabajó en el rescate en el litoral. “Ayer estuvimos en las playas de Ventanilla -Bahía Blanca, Costa Azul, y Cavero, esta última es la más afectada- y hoy martes en Pocitas, Las Conchitas y el muelle de Ancón. En Las Pocitas se evidencia un alto porcentaje de petróleo en el agua y en la zona rocosa”, agregó la especialista en fauna.

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Según la funcionaria de Serfor Lima, los animales que rescataron estaban “totalmente embarrados en petróleo en el pico, el plumaje y las patas: por lo que no podían moverse. En ese caso, se hizo un baño de emergencia con un detergente antigrasa y luego los secamos en un ambiente cerrado y con temperatura para que no sufran de hipotermia”, explicó. Ayala detalló que las especies que lamentablemente hallaron muertas tenían “restos de petróleo en la zona de las cloacas o los picos, posiblemente hayan ingerido material contaminado y han muerto por ello”.

El lunes, la Fiscalía Especializada en Materia Ambiental (FEMA) de Lima Noroeste abrió una investigación por el presunto delito de contaminación ambiental a los representantes legales y funcionarios de la refinería de La Pampilla. Este martes, el fiscal Ariel Tapia recorrió la zona afectada en una lancha y sostuvo que “la alta cantidad de petróleo en el mar, que se viene obteniendo por succión en mangas de polietileno, difiere con la información preliminar alcanzada por la refinería La Pampilla, la cual señalaba que se derramaron siete galones de petróleo”, indicó la FEMA en Facebook.

El alcalde de Ventanilla, Pedro Spadaro, aseguró que son cuatro kilómetros de playa contaminada y cuestionó el trabajo de control del daño por parte de la empresa. “Vinieron 15 personas con escobas y recogedores para tratar de limpiar la playa. Se han ido a almorzar y nuevamente el mar se ha encargado de ensuciar esa parte que habían limpiado. Hay cuatro kilómetros de mar absolutamente negro, animales muertos que vuelven a las orillas. Este es un atentado contra la ecología”, reclamó en la emisora Radioprogramas. Cientos de pescadores iniciaron un plantón por la mañana en el exterior de la subsidiaria de Repsol en Ventanilla y hacia las siete de la noche eran cerca de 1.000 quienes protestaban por los perjuicios a su trabajo, según el canal estatal TVPerú.

Al final de la tarde, la refinería de La Pampilla informó de que ha instalado en el mar “1.500 metros de barreras de contención que cubren todas las zonas afectadas” y que personal en seis lanchas ha estado recuperando el crudo.

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