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La embajadora de EE UU, Linda Thomas-Greenfield, se dirige este miércoles a la Asamblea General de la ONU.
La embajadora de EE UU, Linda Thomas-Greenfield, se dirige este miércoles a la Asamblea General de la ONU.MIKE SEGAR (REUTERS)

Dos reuniones de signo contrario, y ningún resultado concluyente, han demostrado este miércoles la parálisis de la ONU a la hora de adoptar medidas que contribuyan a paliar el sufrimiento de la población de Ucrania cuando se cumple el primer mes de la guerra. Por la mañana, una convocatoria extraordinaria de la Asamblea General ha debatido una propuesta de “resolución humanitaria” -no ejecutiva al tratarse del plenario-, que fue tildada de antirrusa por el representante del Kremlin, Vasili Nebenzia. El embajador ruso presentó por la tarde un borrador alternativo ante el Consejo de Seguridad. El máximo foro de la organización sí tiene poder ejecutivo, aunque está neutralizado en la práctica por el derecho de veto de sus cinco miembros permanentes, entre ellos Rusia y EE UU.

El ejercicio de equilibrismo diplomático en la sede de Naciones Unidas en Nueva York se prolonga hasta la extenuación como un reflejo de intereses no sólo contrapuestos, sino irreconciliables. La propuesta de “resolución humanitaria” del embajador Nebenzia omitía que la crisis humana que se desarrolla en Ucrania se debe a la invasión rusa, y evitaba definir quién es el agresor y quién el agredido. El texto, eso sí, expresaba “su seria preocupación por las informaciones de víctimas civiles, niños incluidos, en y alrededor de Ucrania” que las informaciones sobre el terreno atribuyen mayoritariamente a las fuerzas rusas, el mismo día que EE UU acusaba a Moscú de crímenes de guerra en el país vecino.

“Condenamos enérgicamente los ataques dirigidos contra civiles e infraestructuras de carácter civil, incluidos los bombardeos indiscriminados y el emplazamiento de objetos y equipos militares en zonas densamente pobladas y cerca de bienes civiles, así como el uso de esos bienes con fines militares, [fines] que pongan en peligro la vida de la población civil en violación del derecho internacional derecho humanitario”, incidía el texto de la resolución, que solo ha logrado dos votos favorables (Rusia y China) frente a 13 abstenciones, incluida la de EE UU. “Esta maniobra no engaña a nadie”, dijo el representante de Francia en el Consejo. El embajador de República Dominicana dijo sentirse “completamente confundido” por la existencia de dos propuestas de resolución.

La iniciativa del Kremlin responde a la impulsada desde hace diez días por Francia y México, y secundada por la mayoría de los países occidentales, para garantizar el acceso a la ayuda humanitaria de la población afectada por la guerra. Fue trasladada al pleno de la Asamblea, en sesión extraordinaria, para burlar el veto de Rusia en caso de haber sido elevada al Consejo de Seguridad. Así se hizo igualmente con una resolución de condena -relativa, pues el término “condenar” fue sustituido finalmente por “deplorar” para convencer a más firmantes- adoptada por amplia mayoría en otra sesión de urgencia de la Asamblea. Con la celebrada en la mañana de este miércoles, son 12 las convocatorias extraordinarias del plenario de la organización en sus 70 años de historia; las dos últimas, en apenas 20 días.

Para acabar de corroborar la práctica inoperancia de la ONU en lo relativo al conflicto de Ucrania, a la convocatoria de la Asamblea se sumó esta mañana una tercera propuesta de resolución, presentada por Sudáfrica y que matizaba las críticas a Rusia. El embajador Nebenzia la calificó de cercana a los intereses de Moscú. Mientras algunos países han dado nuevas muestras de ambigüedad y ambivalencia, como la India, Brasil y Tailandia, otros, como Australia, Croacia, Japón o Georgia –que conoce bien lo que significa una invasión rusa, la de 2008-, han alertado de que el orden mundial se está desmoronando por la guerra de Ucrania. Pero ni siquiera el escenario más catastrofista o alarmista ha servido de estímulo para adoptar una medida, la que fuere, que saque a la ONU de su marasmo ante Ucrania.

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Joe Biden y Vladímir Putin se vieron cara a cara por primera vez en marzo de 2011, en Moscú. El primero era entonces vicepresidente de Estados Unidos y tenía la misión de convencer al ruso —primer ministro, por aquel entonces— de que no debía temer el nuevo despliegue de lanzamisiles en Europa, que estaban destinados a interceptar posibles ataques desde Irán. Biden recordaba que cuando George W. Bush conoció a Putin, dijo que había mirado en sus ojos y había captado “una idea de su alma”. Biden no encontró nada durante esa infructuosa cita. Al terminar, sonrió a su anfitrión y le dijo: “Señor primer ministro, le estoy mirando a los ojos. No creo que usted tenga alma”. El otro respondió: “Veo que nos entendemos”.

La guerra de Crimea estallaría tres años después. Biden había visto de primera mano las protestas contra el Gobierno prorruso durante un viaje a Kiev y contemplado con impotencia la posterior anexión ilegal de dicha península. Luego, los incumplimientos del tratado de Minsk. Pasó colgado del teléfono por la crisis ucrania el último Acción de Gracias que pasó con su hijo Beau, sentenciado por el cáncer. El demócrata cuenta todos estos episodios en Promise Me, Dad, una memoria del año de lucha contra el tumor de Beau, que coincidía con la deliberación sobre postularse a las elecciones presidenciales de 2016. En ellas, Putin es un personaje omnipresente. Beau murió en 2015. Biden no se presentó a los comicios. Luego, llegó Donald Trump.

Los putinólogos han establecido que Ucrania es algo casi personal para Putin. Putin y Ucrania son también una cuenta personal para Biden. Siete años después, la historia ha puesto al veterano político, casi octogenario, cara a cara de nuevo contra una de sus bestias negras, en medio de una monumental crisis europea. Frente a los pronósticos menos halagüeños, la tormenta ha fortalecido los maltrechos lazos trasatlánticos tras la tormentosa era de Trump, algo que solo se entiende a partir de un doble movimiento de Washington.

Biden, que viaja esta semana a Bruselas y Polonia, lanzó primero una arriesgada apuesta diplomática, la de compartir arsenales de información de inteligencia con los aliados europeos y de la OTAN sobre los planes del Kremlin, multiplicar los viajes de altos cargos a Europa durante los meses previos a la invasión para discutir las sanciones. Disparó las alarmas públicamente sobre la inminencia del ataque. Aireó los posibles castigos que aplicaría. Luego, una vez comenzada la guerra, dio un paso atrás y cedió el protagonismo a los socios europeos.

“Algo que Putin no quería hacer es unir el frente Occidental, pero ha fracasado. Biden es profundamente atlantista y ha hecho un trabajo fabuloso en coordinación, información y diálogo con los aliados. Ha hecho un esfuerzo especial en hablar no solo con los aliados de la OTAN; sino también con los líderes europeos y creo que los europeos han agradecido esto. Que la próxima semana acuda no solo a la cumbre de la OTAN, sino también al Consejo Europeo, es una señal de eso”, coincide Daniel Hamilton, profesor de la universidad Johns Hopkins y exdirector del Centro de Relaciones Trasatlánticas.

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“Obra maestra de la diplomacia”

Desde Bruselas, Rosa Balfour, directora del centro de análisis Carnegie Europe, califica de “obra maestra de la diplomacia pública y privada” la estrategia estadounidense con la información de inteligencia. “Los gobiernos europeos habían empezado las preparaciones, pero permanecían incrédulos porque consideraban que Putin no lanzaría esa apuesta y, en privado, se preguntaban por qué Biden no paraba de hablar de invasión”, afirma. “Cuando esto ocurrió, el 24 de febrero, todo cambió y todos estaban preparados para las sanciones. Desde entonces, la cooperación entre Estados Unidos, el Reino Unido y Canadá no tiene precedentes en intensidad y efectividad, según personas implicadas”, continúa.

Es entonces cuando Washington dejó el megáfono durante dos semanas cruciales. Acababa de demostrar un acierto trascendental de sus servicios de inteligencia, lo que consolidó la unidad del bloque, pero Estados Unidos anunció sanciones personales contra Putin solo después de que lo hiciera la Unión Europea; lo mismo ocurrió con el bloqueo al sistema internacional de pagos SWIFT, el cierre del espacio aéreo a las aerolíneas rusas o la cancelación del Nord Stream 2.

Que el presidente de Estados Unidos no fuera el rostro impulsor de las represalias a Moscú ayudó a la unidad europea, entre gobiernos, y dentro de los propios países, donde el recuerdo de aventuras belicistas con la guerra de Irak siguen esgrimiendo como argumentos casi 20 años después. Y que líderes como el francés Emmanuel Macron o el alemán Olaf Scholz hayan copado el protagonismo en estas dos semanas, sobre todo en las conversaciones directas con Putin, ha complicado que el dirigente ruso explique esta crisis a sus ciudadanos como un duelo con Washington, un viejo villano muy socorrido para la estrategia de comunicación del Kremlin.

“Es importante que se vea a los europeos como los responsables de la respuesta a Rusia, no solo porque el conflicto está pasando en Europa, sino porque la credibilidad de Estados Unidos no es la que era. En la opinión pública europea permanece el escepticismo sobre las motivaciones de Washington y, en una parte, también sentimientos antiamericanos y anti-OTAN. La Administración de Biden es consciente del problema de imagen que tiene desde que Estados Unidos intervino en Irak con argumentos falsos. Además de eso, las consecuencias económicas y humanitarias de las sanciones se van a sentir desproporcionadamente en Europa en precios de la energía y en flujo de refugiados”, explica Balfour.

Biden llegó a la Casa Blanca en enero de 2021 con la promesa de restablecer los vínculos con Europa y de enterrar los años de conflicto de su predecesor, Donald Trump, que trató a los viejos aliados como adversarios y mostró una complicidad desconcertante con el propio Putin. Tras aquella gira de la reconciliación de junio, las buenas palabras y gestos, Biden cometió dos tropiezos catedralicios: el desaguisado con la retirada de Afganistán en agosto y, acto seguido, el acuerdo para proveer de submarinos nucleares a Australia, que incluía al Reino Unido, y se hizo de espaldas a los socios europeos.

Esta crisis ha brindado a Biden la oportunidad de resarcirse, pero también ha mostrado, en opinión de Daniel Hamilton, un giro más profundo en la Casa Blanca: la vuelta de Estados Unidos “como poder europeo”, frente al “poder en Europa”, que había sido en la última década. Hamilton lo explica así: “Estados Unidos fue, durante 60 o 70 años un poder europeo, lo que significa que estaba completamente involucrado en cualquier cosa que los europeos hicieran entre ellos, siempre era una parte más de cualquier acuerdo, coalición o compromiso porque daba las garantías de que podría funcionar. Creo que, sin Estados Unidos, las viejas rivalidades europeas habrían resurgido”. “Esto —continúa—, cambió en los últimos 10 años o más, antes de la llegada de Trump. Se convirtió en un poder en Europa, que significa que solo te involucras en las cosas selectivamente, en función de un interés u otro. Biden entiende muy bien esto y quiere mostrar que Estados Unidos sigue siendo un poder europeo, que seguimos completamente implicados en lo que pasa. Eso es un cambio respecto a las dos últimas Administraciones. Lo que dure o no es otra cosa”.

Biden se encontró de nuevo con Putin el pasado junio, en una cumbre bilateral en Ginebra que sirvió de muy poco. En la rueda de prensa posterior a aquella cita, ante un paisaje verde deslumbrante propio del verano suizo, el estadounidense se negó a hacer balance de la cita o aventurar resultados. Mucho menos, responder si el exagente le inspiraba ahora más confianza. “Esto no va de confianza, va de interés mutuo”, dijo, “el verdadero test será dentro de seis meses”. Llegó, finalmente, a los ocho. También para las potencias occidentales.

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Joe Biden, este jueves en la Casa Blanca.
Joe Biden, este jueves en la Casa Blanca.DPA vía Europa Press (Europa Press)

Occidente gasta sus últimos cartuchos diplomáticos para evitar una invasión rusa de Ucrania mientras crece la tensión entre ambos países. Tras una noche de tensos combates y preocupantes intercambios de artillería en el este del país entre los separatistas prorrusos y el Ejército ucranio, cuyas escaramuzas siguen, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha convocado este viernes a un grupo de líderes europeos y de la OTAN a una videoconferencia para analizar las últimas informaciones de los servicios de inteligencia, que insisten en que el ataque militar puede llegar “en los próximos días”. Fuentes oficiales estadounidenses han advertido a los medios de que esa operación podría incluir el empleo de aviones de combate, tanques, misiles balísticos y un ciberataque coordinado.

La lista de convocados por la Casa Blanca la forman los miembros del G-7 salvo Japón —el canciller alemán, Olaf Scholz; el presidente de Francia, Emmanuel Macron; y los primeros ministros británico, Boris Johnson, italiano, Mario Draghi, y canadiense, Justin Trudeau—, así como los presidentes de dos países limítrofes con Ucrania, el de Polonia, Andrzej Duda, y el de Rumania, Klaus Iohannis. También se han sumado los presidentes de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y del Consejo Europeo, Charles Michel, y el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg.

Cabe encuadrar esa videollamada y su posterior comparecencia en la Casa Blanca, la segunda en esta semana, en la apuesta de Biden por mostrarse durante esta crisis como un líder con las lecciones de 2014 ―cuando Rusia se anexionó la península ucrania de Crimea― aprendidas y con iniciativa. También con un plan: su Administración ha decidido compartir casi al minuto con periodistas, senadores y el público en general la información de la que disponen sobre las intenciones de Rusia para, por ese medio, detener las aspiraciones expansionistas del presidente Vladímir Putin.

Entre tanto, Washington no hace sino aumentar sus cálculos sobre las tropas desplegadas por Moscú en su frontera con Ucrania, en Bielorrusia y en la Crimea ocupada. Michael Carpenter, embajador ante la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), ha elevado este viernes en Viena, en una reunión convocada por el organismo multilateral para tratar la crisis, a entre 169.000 y 190.000 el número de esos soldados. Es una cifra sensiblemente superior a la ofrecida el martes por Biden en una comparecencia en la Casa Blanca, cuando habló de 150.000. “Estamos ante la movilización militar más importante en Europa desde la Segunda Guerra Mundial”, ha asegurado Carpenter, que ha recordado que Estados Unidos fijaba el pasado 30 de enero en 100.000 el número de tropas.

La acumulación observada por Washington contrasta con los mensajes de Moscú de los últimos días sobre una supuesta retirada de sus tropas. Esos pronunciamientos contribuyeron a aflojar momentáneamente la tensión al principio de una semana decisiva, pero la Casa Blanca y la OTAN han insistido en estos días que no han podido verificar su veracidad.

Tanques rusos, cargados para el retorno a su base permanente en Rusia tras unas maniobras militares, el pasado miércoles.
Tanques rusos, cargados para el retorno a su base permanente en Rusia tras unas maniobras militares, el pasado miércoles. AP

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Putin ha afirmado este viernes que está preparado para seguir por el camino de la diplomacia. “Estamos listos para negociar, con la condición de que todas las aspiraciones se consideren por igual, sin separar las principales propuestas de Rusia”, ha dicho el presidente en una conferencia de prensa junto a su aliado, de visita en Moscú, Aleksandr Lukashenko, presidente de Bielorrusia, país en el que el Ejército ruso inició la semana pasada operaciones militares.

Mientras, se ha confirmado una reunión “para la próxima semana” entre el secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, y el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov. El anuncio de esa reunión contribuyó a calmar a los mercados. El secretario de Estado ha explicado que la conversación llega en un “momento peligroso para la vida y la seguridad de millones de personas”.

“Pretexto”

Blinken ha viajado a Múnich para participar en la Conferencia de Seguridad, foro que reúne con carácter anual en la capital bávara a decenas de líderes y ministros de Exteriores y Defensa. El jueves compareció en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas a petición de Biden. En ese foro, detalló los escenarios que Estados Unidos baraja para que Rusia “construya un pretexto” que justifique el ataque. Funcionarios estadounidenses han trasladado a los medios la sospecha de que algunas de las noticias que llegan desde el Este de Ucrania podrían ser parte de una operación de “falsa bandera” destinada a montar un escenario propicio para la invasión.

A Múnich ha viajado también la vicepresidenta Kamala Harris, en una de las misiones de más alto perfil desde que tomó posesión hace un año. Se ha visto ya con Stoltenberg y con los líderes de los países bálticos, claves en la crisis, y está previsto que se reúna durante varios días con Scholz, la ministra de Exteriores del Reino Unido, Liz Truss, o el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski. Harris ofrecerá este sábado un discurso en el que se espera que incida en que la OTAN y Estados Unidos están perfectamente alineados en esta crisis, y que las consecuencias para Rusia si invade Ucrania serán severas.

Blinken, que ha adoptado una actitud más beligerante en los últimos días, ha calificado en Múnich de “cínica” la evacuación de civiles del Este de Ucrania hacia Rusia, anunciada por los líderes separatistas prorrusos de las provincias ucranias de Donetsk y Lugansk. “Es cínico y cruel utilizar a seres humanos como peones, con el fin de distraer la atención del hecho de que Rusia está reforzando a sus tropas de cara a un ataque”, ha declarado Blinken. “Este tipo de anuncios constituyen nuevos intentos de tapar, con mentiras y desinformación, que Rusia es el agresor en este conflicto”, añadió.

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Xi Jinping, en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno, en Pekín, el 4 de febrero.
Xi Jinping, en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno, en Pekín, el 4 de febrero.POOL (Pool via REUTERS)

El presidente chino, Xi Jinping, ha reiterado este miércoles sus llamamientos a alcanzar una solución negociada a la crisis ucrania en una conversación telefónica con su homólogo francés, Emmanuel Macron, según la versión de Pekín que publica la agencia oficial de noticias china, Xinhua.

Entre dudas en Europa sobre el verdadero alcance de la retirada de tropas de la frontera que ha anunciado Rusia, Xi ha instado a todas las partes implicadas a utilizar por completo plataformas multilaterales como el Formato de Normandía, un grupo informal establecido en 2014 —el año en que Crimea fue anexionada por Rusia— entre Francia, Alemania, Rusia y Ucrania, apunta la versión de esa agencia.

Por su parte, Macron ha recordado “la importancia de respetar la soberanía y la integridad territorial de Ucrania”, según el comunicado francés distribuido por el Elíseo. Ambos líderes abordaron también otras cuestiones bilaterales e internacionales.

La conversación entre los dos presidentes ha llegado en el día en que, según los servicios de espionaje estadounidenses, podía comenzar una nueva agresión de Rusia a Ucrania, tan temida por Occidente. Sin embargo, Moscú ha mostrado vídeos en los que se ven tanques que cruzan el polémico puente construido tras la anexión de Crimea —que une la península y la región rusa de Krasnodar—, mientras asegura que esas tropas han concluido sus maniobras militares y regresan a sus bases.

El presidente estadounidense, Joe Biden, ha advertido de que más de 150.000 soldados rusos continúan desplegados en zonas fronterizas, pese a los anuncios de Moscú de una retirada parcial.

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En declaraciones previas a la conversación telefónica entre Xi y Macron, el portavoz chino de Asuntos Exteriores, Wang Wenbin, acusó a Estados Unidos y otros países occidentales de “exagerar la amenaza de guerra y crear tensiones”. “Esas exageraciones y desinformación persistentes crearán turbulencias e incertidumbre en un mundo lleno de desafíos, e intensificarán las tensiones”, agregó el portavoz.

China mantiene lazos cada vez más estrechos con Rusia desde la llegada al poder de Xi Jinping, en 2012. El pasado día 4, Pekín suscribió por primera vez su rechazo explícito a una ampliación de la OTAN —sumándose así a las posiciones de Moscú—, en el comunicado conjunto suscrito entre Vladímir Putin y Xi con ocasión de la visita del presidente ruso a la capital china para asistir a la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno.

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Una delegación de los talibanes, formada solo por hombres, ha llegado este sábado a Oslo para iniciar una ronda diplomática de tres días de duración y en la que pretende reunirse con representantes de Noruega, Estados Unidos, la Unión Europea y con grupos de civiles afganos. La finalidad de la cita es tratar la crisis humanitaria que atraviesa Afganistán desde la toma del poder de la milicia islamista. Al golpe brutal a los derechos de las mujeres, subyugándolas al control de los hombres e incluso con denuncias de desapariciones forzosas, se une ahora el temor a una hambruna. “Estas reuniones no implican una legitimización o reconocimiento de los talibanes”, ha remarcado la ministra de Exteriores noruega, Anniken Huitfeldt, “pero debemos dialogar con las autoridades del país; no podemos permitir que la situación política lleve a una catástrofe humana”.

El ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno afgano, Amir Khan Muttaqi, encabeza la delegación de la primera visita oficial que realizan representantes del Emirato Islámico, como los talibanes denominan el régimen que han instaurado. “Esta gira abrirá la puerta de un nuevo capítulo y de las relaciones con los países europeos”, aseguró Muttaqi en un vídeo difundido el domingo por medios afganos.

Poco después de su aterrizaje en Oslo, los talibanes tuvieron una primera reunión con miembros de la sociedad civil afgana. “Fue una reunión positiva para romper el hielo”, ha dicho la activista feminista Jamila Afghani en un mensaje enviado a AFP. “Los talibanes hicieron gala de buena voluntad. Veremos si sus palabras se traducen en actos”, agregó. La evolución de las conversaciones marcará la agenda del encuentro, que no ha sido desvelada. Las reuniones, que se celebrarán en un hotel de Oslo, serán a puerta cerrada, y no está planeada ninguna comparecencia pública al respecto, según informó el Ministerio de Exteriores noruego. El lunes, la comitiva se reúne con representantes de la UE, EE UU, Francia, Reino Unido, Alemania, e Italia. El martes se dedicará a Noruega.

Los islamistas tienen previsto discutir con la delegación estadounidense sobre los activos congelados; la salida de la lista negra en la que la ONU y EE UU inscribieron a decenas de sus líderes; así como de las relaciones diplomáticas entre ambos países. El Gobierno talibán culpa a la comunidad internacional de la actual crisis económica y humanitaria que vive el país por la suspensión de la entrada de fondos que ayuden a su reconstrucción. Noruega ha albergado en los últimos años varias rondas de negociaciones de los talibanes con otros grupos afganos y la comunidad internacional.

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Estados Unidos y la Unión Europea sospechan que Rusia solo intenta escenificar falta de flexibilidad por parte de Occidente cuando se siente para negociar una solución al conflicto con Ucrania, justificando así poner fin a la vía diplomática. Esto es, de forma indirecta, lo que hay detrás de las acusaciones de Washington a Moscú cuando achaca al Kremlin urdir un pretexto para invadir de nuevo a su vecino occidental. Y también son las conclusiones que sacan de sus encuentros con los negociadores rusos. “Habrá al menos una ronda más de negociación entre EE UU y Rusia para permitir a [Vladimir] Putin argumentar que ha intentado la vía diplomática. Serguéi [Riabkov, viceministro ruso de Asuntos Exteriores] tenía las instrucciones de dar la impresión de que las conversiones podrían no continuar más”, señala un documento diplomático europeo al que ha tenido acceso EL PAÍS sobre la reunión que mantuvo la subsecretaria de Estado, Wendy Sherman, con los embajadores de los Veintisiete en el Comité Político y de Seguridad del Consejo de la UE para informarles sobre el encuentro del pasado lunes en Ginebra con el citado viceministro.

El pasado martes 11 de enero, un día después de verse con Riabkov, Sherman acudió a Bruselas para preparar con sus socios de la OTAN el encuentro con Rusia que se iba a celebrar el día siguiente en la sede de la Alianza Atlántica en Bruselas. Les contó en privado cómo había ido el encuentro y les informó de las posiciones de Moscú. “Rusia muestra un 100% de rigidez en tres puntos clave de sus demandas subrayadas en los borradores de tratados compartidos en diciembre”, empieza el resumen de dos páginas del encuentro. Los dos primeros puntos, que son rechazados de plano, se refieren a la renuncia de una ampliación de la OTAN y la vuelta a las fronteras militares de 1997. El tercero, “casi imposible”, reclama la garantía de que no habrá armas ofensivas cerca de la frontera. Con esos tres naipes, como en la brisca, volvió a presentarse la delegación rusa en la sede de la Alianza, como esperaba Sherman.

En la base de las demandas rusas actuales, para las que el conflicto de Ucrania juega el papel de punta de lanza, está una interpretación radicalmente distinta a la que se hace de la Carta de París, firmada en 1990, y del acta fundacional de 1997 del Consejo OTAN-Rusia, el órgano que se reunió el pasado miércoles. La primera, todavía suscrita por la URSS, buscaba reforzar la democracia, los derechos humanos y el derecho a autodeterminación de los Estados, algo que choca ahora con la pretensión de Putin de la vuelta a “esferas de influencia” de la Guerra Fría, como denuncia el alto representante de la UE para la Política Exterior, Josep Borrell y que también apareció en la reunión de la que dio cuenta Sherman. La diplomática estadounidense le habría reiterado a su contraparte en Ginebra que “Rusia no tiene derecho de veto sobre el derecho de otros Estados soberanos a llegar a sus propios acuerdos de seguridad ni sobre esferas de influencia”. Sobre el acuerdo de 1997, fuentes occidentales subrayan que “el único compromiso fue el de no instalar misiles nucleares en los nuevos aliados del este y se ha cumplido totalmente”.

Las sospechas de Sherman se pudieron reforzar el pasado viernes, cuando el jefe de la diplomacia rusa, Serguéi Lavrov, recalcó que a Moscú se le ha “acabado la paciencia”. “Con buena voluntad siempre es posible encontrar una solución mutuamente aceptable”, añadió, pero a continuación subrayó que Rusia se estaba preparando para cualquier evento.

Esta última opción es la que ya ven como más probable en muchas cancillerías occidentales. “A Putin le va a ser muy difícil no hacer nada ahora. Ha llegado muy lejos”, apuntaba una fuente diplomática este sábado. Y a partir de ahí comenzaría el despliegue de “trucos” con los que buscar excusas para justificar la invasión que se teme desde que Estados Unidos hizo público que Moscú había apostado unos 100.000 soldados en la frontera con Ucrania. La misma fuente señala que la ocupación no es el único escenario que contempla Occidente, también están los ataques cibernéticos.

Precisamente esto es lo que sucedió el viernes pasado. Varias páginas web del Gobierno ucranio fueron atacadas y la Administración de Joseph Biden tienen claro por dónde empezar a buscar al culpable: “Forma parte de las herramientas de Rusia”, ha declarado este domingo una alta responsable del Departamento de Estado, Victoria Nuland, al diario Financial Times. La responsable estadounidense no llega a señalar inequívocamente a Moscú, pero sí recuerda que ya ha hecho cosas similares en el pasado y que forma parte de su modus operandi. Sí que da el paso Ucrania, según la agencia AFP, al afirmar que tiene “evidencias” de que su gran vecino oriental está detrás de lo sucedido.

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En la cita de Sherman con sus aliados también se habló de coordinar la comunicación por la “habilidad de Rusia para la desinformación”. Esto llevó a la estadounidense a pedir a los socios que se combata en este campo con “informes, llamadas telefónicas, conferencias de prensa”, incluso “retuiteándose” unos a otros y escenificando una gran unidad. Horas antes, Estados Unidos había emitido un comunicado en el que daba cuenta de, al menos, 100 tipos de contactos (reuniones, llamadas) con sus aliados sobre la crisis actual.

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