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El excanciller alemán Gerhard Schröder abraza al presidente ruso, Vladímir Putin, durante la inauguración del Mundial de Rusia 2018 en el estado olímpico Luzhnikí de Moscú.
El excanciller alemán Gerhard Schröder abraza al presidente ruso, Vladímir Putin, durante la inauguración del Mundial de Rusia 2018 en el estado olímpico Luzhnikí de Moscú.Alexei Druzhinin (Alexei Druzhinin/POOL/TASS)

El último dolor de cabeza del canciller alemán, Olaf Scholz, es otro canciller alemán, socialdemócrata como él y uno de los políticos más conocidos dentro y fuera de su país: Gerhard Schröder. A los 77 años, el antaño líder carismático se ha convertido en el mayor lobista de Vladímir Putin en Alemania, para bochorno de su partido y disgusto en el Gobierno de coalición que encabeza Scholz desde hace solo dos meses. Schröder, que fue canciller entre 1998 y 2005, lleva años acumulando cargos en empresas públicas rusas. Hace unos días fue nominado para otro más: miembro del consejo de administración del gigante gasista Gazprom. Pero no son sus abultadas nóminas las que tienen en vilo a Berlín, sino sus opiniones sobre el conflicto de Ucrania en plena escalada de tensión con Rusia.

Con Moscú apostando decenas de miles de soldados y artillería pesada en la frontera ucrania, Schröder ha acusado a Kiev de hacer “ruido de sables” por pedir a los aliados occidentales que le envíen armas defensivas. También ha criticado a la ministra de Exteriores, la verde Annalena Baerbock, por visitar antes Kiev que Moscú en su viaje inaugural y ha calificado el despliegue de tropas rusas como una “reacción” a las maniobras de la OTAN en los países bálticos y Polonia. Sus palabras han causado indignación y vergüenza en los líderes socialdemócratas, que han salido en tromba a distanciarse de ellas. Hay diputados que han sugerido retirarle la oficina y el personal pagados con dinero público al que tienen derecho todos los cancilleres cuando dejan el cargo.

Gerhard Schröder da un discurso tras la firma de un acuerdo en París para construir el Nord Stream 2, en 2017.
Gerhard Schröder da un discurso tras la firma de un acuerdo en París para construir el Nord Stream 2, en 2017. ERIC PIERMONT (AFP)

Schröder le ha creado un enorme problema de credibilidad al Gobierno de Scholz precisamente cuando Estados Unidos y los aliados occidentales se preguntan si tienen en Alemania un socio fiable frente a la amenaza rusa. En plena crisis de confianza, surgen las preguntas sobre cuánta influencia tiene realmente el excanciller y cómo de arraigadas están sus opiniones en el partido socialdemócrata alemán. El propio Scholz tuvo que responder a esas dudas en la entrevista que dio a la CNN tras visitar al presidente estadounidense, Joe Biden, la semana pasada. “No habla por el Gobierno, no trabaja para el Gobierno. No es el Gobierno. El canciller soy yo”, subrayó en inglés.

A diferencia de Merkel, que jugó un papel central de mediadora entre Putin y los aliados occidentales la última vez que Rusia invadió Ucrania, en 2014, el actual canciller ha adoptado hasta fechas muy recientes un perfil bajo que ha aprovechado el presidente francés, Emmanuel Macron, para tratar de ocupar ese puesto de liderazgo en Europa. Scholz intentará recuperar el terreno perdido con la visita a Kiev este lunes y a Moscú el martes tras semanas de críticas internas por haberse hecho invisible durante la crisis. En esa tesitura, Schröder, el señor del gas o el “padrino de Putin”, como también se le llama en Alemania, contribuye a dañar su imagen.

El excanciller, coinciden los analistas consultados, dinamita los intentos de dar una imagen de unidad con los socios occidentales. “Está afectando a la credibilidad de Alemania en un momento extremadamente difícil para el país”, señala Rafael Loss, investigador del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR). Su figura se ha relacionado con la resistencia de Scholz a decir públicamente que el gasoducto no entrará en funcionamiento si Putin invade Ucrania. Lo que él ha definido como “ambigüedad estratégica” contrastó la semana pasada con la contundencia de Joe Biden: “Le pondremos fin”, dijo el presidente estadounidense.

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La amistad de Schröder con Putin se remonta a sus años como canciller. Unos días antes de perder las elecciones de 2005 contra Angela Merkel, Schröder dejó sentadas las bases para la construcción del Nord Stream 1, el primer gasoducto que desde 2011 transporta gas directamente de Rusia a Alemania por el lecho del mar Báltico sin pasar por los tradicionales países de tránsito de gas, como Ucrania. Menos de tres semanas después de abandonar la cancillería protagonizó un embarazoso episodio de puertas giratorias del que muchos todavía se hacen cruces: se convirtió en presidente de la junta de accionistas de Nord Stream AG, el consorcio que iba a construir y operar el gasoducto que él mismo había aprobado. Con los años, sumó otro cargo en la petrolera rusa Rosneft y un tercero en el consejo de Nord Stream 2, el polémico gasoducto que duplicará la cantidad de gas que llega directamente de Rusia, actualmente en el centro del debate como posible herramienta de sanción contra Putin.

La actividad de lobista de Schröder no ha sido ningún secreto. Tampoco su amistad con Putin. En 2014 celebró su 70 cumpleaños en compañía del presidente ruso, en San Petersburgo, apenas unas semanas después de la anexión ilegal de Crimea por parte de Rusia. Ya entonces le llovieron las críticas. “Es evidente que representa los intereses de Rusia, pero usa la prominencia de su anterior cargo para influir en el discurso”, comenta Loss al teléfono.

El semanario Die Zeit ha publicado esta semana cómo una red de políticos socialdemócratas apadrinados por Schröder se han dejado seducir por el gas ruso contribuyendo a aumentar la dependencia energética de Moscú en los últimos años. Uno de ellos creó una fundación con supuestos objetivos medioambientales que en realidad se ha dedicado a ayudar a Gazprom a evitar las sanciones estadounidenses al Nord Stream 2.

La pregunta ahora es si el excanciller todavía tiene interlocutores en el SPD y en el Gobierno. “Schröder no tiene absolutamente ninguna influencia en la política alemana”, afirma Jens Geier, eurodiputado del SPD que conoció al excanciller durante su primera campaña electoral. Al teléfono, Geier reconoce que Schröder daña la credibilidad del Ejecutivo de Scholz, pero relativiza incluso el hecho de haber recibido por políticos del SPD en enero pasado. “Se le ve como lo que es, un lobista de Rusia, y sus opiniones, como equivocadas”, añade. Una fuente socialdemócrata que pidió no ser citada asegura que en el partido hace años que se ve a Schröder como ese familiar ya mayor que no anda del todo bien de la cabeza pero al que se sigue invitando a las reuniones por cortesía.

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Imagen de archivo de la sede de RT en Moscú.
Imagen de archivo de la sede de RT en Moscú.YURI KADOBNOV (AFP)

A la controvertida emisora estatal rusa RT, antes Russia Today, se le complica ofrecer su programación en Alemania. Este miércoles la autoridad de radiodifusión anunció que ha prohibido la emisión de la cadena al considerar que carece de la licencia correspondiente. En realidad, RT tampoco había pedido permiso para difundir sus contenidos. Pese a ello, el programa alemán de RT, considerada por muchos expertos una herramienta más de la propaganda del Kremlin, empezó a emitir el pasado 16 de diciembre a través de satélite y de internet en un intento de saltarse la regulación alemana.

El anuncio de la Comisión para la Supervisión de Medios de Comunicación (ZAK, por sus siglas en alemán) se produce en un momento de máxima tensión entre Rusia y Occidente por la presencia de tropas rusas en la frontera de Ucrania. Sin embargo, las reticencias de las autoridades alemanas respecto a RT vienen de antiguo. Varios informes oficiales acusan a esta televisión, financiada por Moscú, de difundir propaganda, teorías conspirativas y desinformación. De hecho, la plataforma está en el punto de mira de los servicios secretos internos alemanes, que la consideran un intento de socavar la confianza en las instituciones democráticas.

RT cuenta con varios programas en lenguas extranjeras y la emisión en alemán, RT DE, podía verse online desde hace tiempo. En diciembre pasado empezó además un programa de televisión en directo. La empresa matriz, TV Novosti, intentó obtener una licencia de emisión en Luxemburgo el año pasado, pero no la consiguió. Después probó de nuevo en Serbia, donde sí la obtuvo. RT entiende que con ese permiso puede emitir por satélite en Alemania, pero las autoridades de radiodifusión le han dejado muy claro ahora que no es así.

RT suele argumentar que el programa se produce en Moscú y se difunde desde allí y que por tanto no es necesaria la licencia de Berlín, pero lo cierto es que RT tiene instalaciones en la capital alemana y ha estado jugando al gato y al ratón con las autoridades. Poco después de empezar a emitir por satélite en diciembre interrumpió la transmisión y ha seguido con su programación en internet. Se avecina por tanto una disputa legal sobre dónde está la sede y si debe estar sujeta a la jurisdicción alemana.

La directora de RT, Margarita Simonyan, respondió en su cuenta de Twitter que el comunicado de la agencia alemana “es una completa tontería”. “No dejaremos de emitir”, aseguró. En varios tuits Simonyan trata de justificar que RT DE Productions —la productora a la que se refiere el regulador alemán— no emite en ningún sitio, sino que simplemente produce programas para RT DE TV, “que emite desde Moscú y tiene todos los derechos de emisión en Alemania y otros 32 países europeos”.

El Gobierno alemán ha calificado a RT y a otros medios similares como “actores clave en una red compleja que difunde sus narrativas en nombre de agencias estatales rusas, entre otras cosas para influir en el proceso de formación de la opinión política en Alemania”, según una respuesta dada al grupo parlamentario de los liberales en el Bundestag el año pasado. El Kremlin, por su parte, asegura que las presiones a estas plataformas forman parte de “una campaña antirrusa” y ha amenazado con responder impidiendo el trabajo de medios de comunicación alemanes en Rusia.

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RT suele dar voz a representantes del partido de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD) y a portavoces del movimiento negacionista autodenominado Querdenker, que se opone a las medidas restrictivas contra el coronavirus y propaga teorías conspirativas. La Oficina para la Protección de la Constitución, el servicio secreto interno alemán, ha mencionado específicamente a RT y a Sputnik como actores clave en esos intentos de desestabilización en informes recientes.

El año pasado, una investigación del Servicio de Acción Exterior de la UE (EEAS, en sus siglas en inglés) mostró que Alemania es el país de la Unión Europea que más ataques rusos en forma de campañas de desinformación recibe. Los medios financiados por el Kremlin tienen ambiciosos planes de expansión en Alemania, con más de 550 millones de euros de inversión entre RT y Sputnik.

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La exministra de Defensa alemana, Annegret Kramp-Karrenbauer, junto al contraalmirante Kay-Achim Schönbach, en una visita a Chipre en 2019.
La exministra de Defensa alemana, Annegret Kramp-Karrenbauer, junto al contraalmirante Kay-Achim Schönbach, en una visita a Chipre en 2019.TOBIAS SCHWARZ (AFP)

Un alto cargo de la Armada alemana, Kay-Achim Schönbach, ha dimitido este sábado tras unas polémicas declaraciones sobre el conflicto de Ucrania que han provocado una tormenta política en Alemania y desatado una pequeña crisis diplomática con la antigua república soviética.

El vicealmirante aseguró, durante una visita a la India, que el presidente ruso, Vladimir Putin, únicamente está exigiendo respeto y que probablemente lo merece. Y añadió que Ucrania puede dar por perdida la península de Crimea, territorio que Rusia se anexionó mediante un referéndum ilegal en 2014. Su afirmación contradice la postura occidental según la cual la anexión debe ser revocada.

Schönbach hizo estas declaraciones en un foro de expertos celebrado en la India el viernes y probablemente no sabía que estaba siendo grabado. El vídeo, colgado en YouTube, ha sido ampliamente difundido por los medios alemanes. Las declaraciones de Schönbach, inauditas en un militar de su posición, provocaron que el Ministerio de Defensa se distanciara y las calificara de “opiniones personales”.

En el vídeo, el vicealmirante también se describe a sí mismo como un “cristiano católico romano muy radical” y asegura que, debido a sus creencias religiosas, está convencido de que es bueno para Alemania contar con la Rusia cristiana como socia contra China. “Incluso si Putin es ateo, eso no importa”, añade.

En el Gobierno tripartito sentaron muy mal las palabras de Schönbach, según ha informado el semanario Der Spiegel, que cita fuentes del Ministerio de Defensa y del Ministerio de Exteriores. “Enseguida se vio que el vídeo en el que aparece haciendo esas manifestaciones no podía quedar sin consecuencias”, relata el medio. Un portavoz del Ministerio de Defensa alemán, consultado por Reuters, aseguró que las declaraciones “no reflejan, ni en el fondo ni en la forma, la posición oficial” alemana.

De vuelta en Alemania, Schönbach publicó este sábado a última hora un comunicado: “Acabo de pedir a la ministra federal de Defensa que me libere de mis funciones como inspector de la Marina con efecto inmediato”. El militar reconoce en el texto que “los comentarios irreflexivos” que hizo en la India sobre asuntos de seguridad afectan a su cargo. “Considero necesario este paso [la renuncia] para evitar perjudicar más a la Armada, a la Bundeswehr [el Ejército alemán], pero sobre todo a la república federal de Alemania”, añade.

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En Ucrania las palabras del jefe de la Armada han causado disgusto. Se producen en un momento de alta tensión, con Rusia desplegando sus tropas en las fronteras del país y con las potencias occidentales haciendo innumerables esfuerzos diplomáticos para evitar que la crisis derive en una guerra.

El ministro de Exteriores ucranio, Dmytro Kuleba, aseguró en su cuenta de Twitter que “Ucrania está agradecida a Alemania por el apoyo prestado desde 2014 y también por sus esfuerzos diplomáticos para resolver el conflicto entre Rusia y Ucrania. Pero las últimas declaraciones [las de Schönbach] son decepcionantes y perjudican todo ese esfuerzo y apoyo”.

El jefe de la Armada aseguró en el encuentro: “¿Realmente quiere Rusia una pequeña franja de suelo ucranio? ¿Quiere integrarlo en el país? No, eso no tiene sentido. Probablemente, solo está presionando porque sabe que puede hacerlo, y así dividir a la UE. Lo que realmente quiere es respeto, un respeto de alto nivel. Si me preguntan a mí, diría que es fácil darle el respeto que reclama y que probablemente merece”. Acto seguido añadió que Occidente necesita a Rusia: “Nosotros, Alemania, necesitamos a Rusia contra China”.

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