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Investigadores descubrieron que había sido mezclada con potente sedante y sustancia para la producción de cauchos, plásticos o vulcanizados.

Noticias Internacionales.

Del asombro, miedo colectivo, luto y temor de las autoridades por la masiva intoxicación tras el consumo de cocaína adulterada, finalmente en Argentina descubrieron qué tenía la droga.

Desde el sur del continente informaron que se logró realizar el análisis para establecer con qué había sido envenenado el ilícito.

Indicando que contenía un sustancia conocida como carfentanilo: «un opiode extremadamente fuerte. Sus efectos son 10 000 veces más fuertes, o más, que la heroína o el fentanilo, por lo tanto su uso es totalmente controlado y exclusivamente veterinario», precisaron.

Por el caso recordaron las autoridades ya van 24 víctimas mortales y al menos 80 personas que resultaron intoxicadas.

Frente a ello la sustancia que tenía la droga, Sergio Saraco, presidente de la Asociación de Toxicología Argentina manifestó al diario La Nación de ese país, que el carfentanilo tiene dos campos de acción.

Suele ser utilizado en temas de producción de cauchos, plásticos y vulcanizados; como citó El Tiempo:

  • “Y en la industria farmacéutica, para la producción de anestésicos locales, analgésicos y otros fármacos”.
El caso se conoció el pasado 2 de febrero en Argentina
Foto: Ministerio de Seguridad de Buenos Aires

Los veterinarios acuden a ella para sedar a mamíferos, como elefantes o rinocerontes. Sin embargo, no está autorizada en ese país bajo ningún uso y se habla de que pudo haber ingresado de forma ilegal al territorio.

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Para su uso veterinario, explicaron que se utiliza con la finalidad de sedar a mamíferos, tal como elefantes o rinocerontes.

De igual forma, manifestaron que en ese país «no está autorizada bajo ningún uso y se habla de que pudo haber ingresado de forma ilegal al territorio».

 





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Argentina registró este lunes un nuevo episodio de ingresados por cocaína adulterada, similar al que la semana pasado mató a 24 personas en la periferia de Buenos Aires. Los casos se registraron esta vez en Rosario, la tercera ciudad más grande del país, ubicada a 300 kilómetros al norte de la capital argentina y epicentro del tráfico de drogas en la región central de Argentina. Desde el domingo por la noche, los hospitales de Rosario atendieron a seis personas, de las cuales cuatro están muy graves, conectadas a un respirador mecánico. Las víctimas compraron la cocaína en un barrio dominado por Los Monos, la banda narco que controla el comercio de drogas rosarino.

El Ministerio de Seguridad de Santa Fe, la provincia donde está Rosario, ya había advertido que la droga adulterada que mató en Buenos Aires podría llegar a su territorio. No hay, sin embargo, certezas de que se trate del mismo lote de cocaína. Las autoridades no saben aún con qué se cortó la partida vendida en Buenos Aires. Si bien en un primer momento se pensó en fentanilo, un opiáceo sintético 50 veces más potente que la heroína, los primeros estudios científicos han dado negativo. El ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Sergio Berni, ha dicho a medios locales que están seguros de que se trata de un opiáceo porque los pacientes que sobrevivieron a la intoxicación de la semana pasada respondieron al antídoto habitual, naloxona, pero no saben de cuál se trata. “Como a esa suerte de fentanilo casero no lo tenemos registrado, nos cuesta desmenuzar molecularmente la composición de esa droga. Lo más lógico es pensar es que se rebajó con algo similar al fentanilo”, explicó Berni, que es médico militar de profesión.

La cocaína contaminada en Buenos Aires puede contener hasta 200 opiáceos diferentes, y el sistema de detección necesita que le digan cuál buscar. De ahí la demora de los científicos que analizan la mezcla mortal. Tampoco es posible seguir la trazabilidad de la droga en el mercado ilegal, pero si se descubre que el corte en Buenos Aires y Rosario se realizó con la misma sustancia se sabrá al menos que se trata del mismo lote. De ser así, se descartará una de las primeras hipótesis de los investigadores: ya no se trataría de una guerra entre bandas locales por el control del territorio (y dispuestas a contaminar la mercancía del rival), sino de una mezcla que salió mal por parte de un proveedor regional que abastece al centro de Argentina.

Los pacientes ingresados en Rosario llegaron a los hospitales con los mismos problemas sensoriales y respiratorios que aquellos que murieron en Buenos Aires. La policía detuvo en menos de 24 horas al presunto distribuidor de la cocaína adulterada en Las Flores, un barrio marginal de Rosario dominado por la banda de Los Monos. El grupo controla toda la venta de droga en la ciudad portuaria, poderosa por ser la principal puerta de salida de las exportaciones de granos de la cuenca más fértil de argentina. Con los años, Rosario, cuna de Lionel Messi y Fito Páez, por nombrar a solo dos de sus vecinos ilustres, se ha convertido en reducto de mafias ligadas al narcotráfico.

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Las autoridades migratorias de Argentina ordenaron la expulsión del país del principal acusado de distribuir la cocaína envenenada que desde el miércoles ha matado a 24 personas. Joaquín Aquino, alias el Paisa, deberá regresar a su país, Paraguay, “cuando cese el interés de la Justicia sobre su persona”, explicó la Dirección Nacional de Migraciones en una comunicación oficial. Este viernes, el número de víctimas pasó de 23 a 24 tras el fallecimiento de un hombre que llevaba dos días agonizando en un hospital del extrarradio oeste de la ciudad de Buenos Aires. Fue en esa zona donde las víctimas compraron la droga, cortada con un potente opiáceo que les provocó la muerte.

Los investigadores sospechan de la presencia de fentanilo, un droga sintética 50 veces más potente que la heroína, pero 48 horas después de iniciadas las muertes el examen de laboratorio aún no está listo. Una fuente del ministerio de Salud aclaró que “no se trata de un estudio sencillo”. Las autoridades saben que el contaminante es un opiáceo porque los ingresados respondieron a la naloxona, su antídoto, pero no están seguros de cuál se trata. Carlos Damin, jefe de Toxicología del Hospital Fernández, duda de que se trate de fentanilo. “El fentanilo tiene una vida media corta y hemos visto que los pacientes a los que se le aplicó la naloxona se despertaban y volvían a dormirse. Hubo que aplicarla entonces por goteo, y eso habla de un opiáceo de vida más larga”, explica. En cualquier caso, el fentanilo en Argentina se utiliza solo en hospitales como anestesia, no se consigue en farmacias y no forma parte de la oferta de los narcotraficantes.

Las autoridades no saben aún por qué la droga estaba cortada con un componente que en el mercado local es más caro que la cocaína. Primero se sospechó de un ajuste entre bandas, pero crecen también las hipótesis de un ensayo para introducir los opiáceos en el mercado local o un simple error de manipulación. Llama la atención el perfil de las víctimas: gente muy pobre, de barrios marginales y adicta a una droga que compraban a menos de la mitad de su valor de mercado en Puerta 8, una pequeña barriada de corredores angostos de tierra donde funcionaba la “cocina” donde se cortó la droga envenenada. 23 intoxicados aún están ingresados y ocho sobreviven conectados a un respirador mecánico. Solo tres de las víctimas eran mujeres.

Al día siguiente de producidas las primeras muertes, la policía detuvo a una decena de personas en Puerta 8, ubicado en los alrededores de los hospitales donde se repartieron las víctimas. Luego cayó Joaquín Aquino, de 33 años. En la casa donde fue detenido, la policía incautó 5.000 dosis de estupefacientes embaladas en el mismo nailon rosa que tenían las muestras entregadas por familiares de las víctimas.

La banda criminal a la que pertenece Aquino, de acuerdo a la Policía, está encabezada por Max Alicho Alegre. Disputa el control de varias villas miseria del oeste de la periferia bonaerense a otra liderada por Iván Villalba, hijo del histórico narcotraficante Miguel Ángel Mameluco Villalba. Villalba está preso y Aquino sería el encargado de ejecutar sus órdenes en la calle. Llevaba un año y medio prófugo de una condena de cuatro años; enfrentaba además una expulsión del país y una prohibición de reingreso por ocho años. “Ahora se amplifica la prohibición de reingreso de manera permanente”, dijo la directora de Migraciones, Florencia Carignano, al canal de noticias A24. “Tendrá que cumplir una condena de cuatro años y habrá que ver cuánto más está preso [por esta nueva causa], pero el día que quiera salir en libertad no podrá estar un minuto en Argentina”, aclaró.

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Daniel Ramírez habla lento. Sorprende la cantidad de cicatrices que tiene en sus antebrazos, recuerdos de cortes realizados con paciencia, en orden, siempre paralelos uno de otro. Dice que vive de la venta del cartón que junta en la calle. El martes por la noche consumió una de las 20.000 dosis de cocaína adulterada que ya mataron a 23 personas en la periferia oeste de Buenos Aires. “Consumí solo y me empezó a agarrar mareo, se me nublaban los ojos”, dice ante la puerta del Hospital Carlos Bocalandro, en San Martin. Acaba de recibir el alta. “Hay siete, ocho que fallecieron tomando la cocaína esa. Tengo un amigo que falleció por esto, se llamaba Pata, y otros se sentían mal”, relata con una voz sin sentimiento.

La esposa de Daniel Ramírez tiene el cabello rojo fuego y gesticula cuando habla. “No vivimos en Puerta 8, nada que ver. Puerta 8 es para allá”, señala hacia el oeste, “y nuestra casa es para el otro lado”. Su esposo asiente con la cabeza, y sin dar detalles dice que compró la droga “en otro lado, bien lejos”. Nadie quiere hablar de Puerta 8, una barriada minúscula de calles de tierra y pasillos angostos donde se cortó la droga mortal. Las autoridades encontraron enseguida la casilla donde se había “cocinado” la cocaína, porque cuando se produjeron las muertes llevaba cuatro meses tras la pista de los narcos del lugar.

Este jueves, diluvió en Buenos Aires y para ingresar a Puerta 8 hay que caminar sobre barro. Unas 200 familias viven hacinadas en solo cuatro manzanas, ubicadas en un triángulo entre la autopista del Buen Ayre, un arroyo y la antigua ruta 8. El centro de la ciudad de Buenos Aires está a poco más de una hora en coche. Hay un almacén improvisado tras una ventana y una mujer vende frutas y verduras en un garaje. En la misma calle hay una iglesia evangélica. “Aguante Boca”, dice un joven que pasa delante de un mural con el escudo del club River Plate. Es todo lo que dirá. En Puerta 8 nadie habla, nadie ve y nadie escucha. El miércoles, la policía detuvo a una decena de personas a las que vinculó con la droga adulterada. Caminó entre casas de colores chillones mezcladas con otras de ladrillo a la vista. Un día después, los niños se ocultan detrás de las cortinas o hacen señas a los visitantes desde los pasillos. Una madre joven con un bebé en brazos pide no hablar. “Preguntá a otra vecina”, dice.

Vista aérea de la barriada Puerta 8, con el río y las autopistas que la rodean a las afueras de Buenos Aires.
Vista aérea de la barriada Puerta 8, con el río y las autopistas que la rodean a las afueras de Buenos Aires.EMILIANO LASALVIA (AFP)

El temor a los narcos se respira en el aire. Puerta 8 es un centro de narcomenudeo, adonde acuden en su mayor parte cartoneros y recicladores de basura que trabajan en el llamado “cinturón del Ceamse”, creado en esa zona en los años ochenta por la dictadura para administrar los residuos de la ciudad de Buenos Aires. La cocaína de Puerta 8 es barata, menos de la mitad del valor de mercado. A cambio, el cliente recibe una droga muy “estirada” con algún polvo inocuo, como ibuprofeno. Pero esta vez, fue distinto. Una decena de miembros del personal sanitario de la municipalidad intentaba este jueves detectar casa por casa a posibles víctimas de la droga adulterada, aunque saben que la mayoría no son del barrio. Como Ramírez, el cartonero que sobrevivió de milagro. El ministro de Seguridad, Sergio Berni, y el ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, Nicolás Kreplak, recorrieron el hospital que lo atendió. “Los vecinos sabemos dónde está la droga, sabemos todo”, le dice una mujer a Berni. Tiene a un familiar en grave estado y pide ayuda. Los funcionarios le dan ánimo y siguen su camino.

A media hora de allí está el hospital de Hurlingham, otro de los que recibió intoxicados. Mauro está ingresado, pero fuera de peligro. Su madre dice que desde el miércoles vive un calvario. “Lo trajimos después de ver las noticias. Es común verlo raro, pero esto era algo distinto. Mi hijo tiene 33 años, es un hombre, pero está pasando por una mala situación. Él está vivo, ¿pero los que perdieron a sus hijos? ¿Cómo se sigue?” Yo le pido a Dios que ayude a mi hijo”, dice entre lágrimas. Paola lleva una noche sin dormir por acompañar a su hermano Manuel, de 32 años, otro superviviente. “Están matando a los chicos como ratas y los transas (narcos) se llenan los bolsillos”, dice.

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Ochenta personas seguían ingresadas 24 horas después de consumir la droga, 20 de ellas en estado crítico, conectadas a un respirador. Qué sustancia los dejó al borde de la muerte aún no está claro. Las autoridades saben que la cocaína estaba mezclada con un potente opiáceo, posiblemente fentanilo, una droga sintética similar a la morfina que es 50 veces más potente que la heroína. Por qué los narcos usaron fentanilo para estirar la cocaína es aún un misterio: tiene efecto sedativo, es más cara y no se produce en Argentina. Se pensó entonces en una guerra entra bandas, que pronto fue descartada porque “nadie atenta contra su propio trabajo”, dice el ministro de Seguridad, Sergio Berni. O un ensayo para introducir el fentanilo en la provincia que salió mal. Lo único seguro, a la espera de los detalles de laboratorio, es la presencia de un opiáceo, porque los pacientes respondieron de inmediato a su antídoto, la naloxona. “Cuando el fentanilo se sintetiza en un laboratorio medicinal tiene garantías. Cuando se produce en una cocina ilegal puede tener cualquier efecto. Un mal cálculo y por estas mezclas que se están haciendo con las drogas sintéticas pasan estas cosas”, agrega Berni.

En Argentina, el fentanilo es de uso habitual en los quirófanos, como anestesia, y solo circula en hospitales y clínicas. “No se consigue en farmacias, como en Estados Unidos”, dice Carlos Damin, jefe de Toxicología del Hospital Fernández, uno de los profesionales que más sabe de opiáceos en Argentina. “Primero tenemos que ver si realmente la cocaína adulterada tenía fentanilo o algún otro opiáceo”, dice Dami. “Si se confirma que es fentanilo estaremos ante un hecho totalmente nuevo en el país, porque aquí nunca hubo ni siquiera heroína. No tenemos hospitales preparados para una epidemia de opiáceos”, advierte, “y sería un desastre”.

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La cocaína que este miércoles mató al menos 23 personas en Argentina y obligó a hospitalizar a 84 fue adulterada con un potente opiáceo, según han anticipado las autoridades de la provincia de Buenos Aires, si bien aún no se se ha confirmado de cuál se trata. Una de las hipótesis más extendidas apunta al fentanilo, un opiáceo sintético 25 veces más fuerte que la heroína, pero aún faltan los resultados de la pericia toxicológica para confirmarlo. Los investigadores buscan esclarecer también si la distribución de esa droga de alta toxicidad se debió a un error cometido por quienes la adulteraron o se hizo de forma intencional como ajuste de cuentas entre bandas de narcotraficantes.

Las autoridades esperan que las detenciones realizadas en las últimas horas aporten respuestas. “Pudimos detener a las cuatro de la mañana al cabecilla, a los encargados de la distribución, a su lugarteniente y a quien está sindicado como el cocinero [el que prepara la droga que después será fraccionada en dosis y vendida]”, dijo el ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Sergio Berni, en rueda de prensa desde el hospital Carlos Bocalandro, el más cercano al barrio donde se vendió la cocaína envenenada.

Según fuentes de la investigación reproducidas por medios locales, el presunto dueño de la cocaína adulterada es Joaquín Aquino, de 33 años y conocido como El Paisa. En el domicilio donde fue detenido, la policía incautó 5.000 dosis de estupefacientes embaladas en el mismo nailon rosa que tenían las muestras entregadas por familiares de las víctimas a la policía. Aquino, de nacionalidad paraguaya, estaba prófugo desde hacía año y medio y tenía una orden de captura por otra causa.

La banda criminal a la que pertenece Aquino, de acuerdo a la Policía, está encabezada por Max Alicho Alegre. Disputa el control de varias villas miseria (barriadas) del oeste de la periferia bonaerense a otra liderada por Iván Villalba, hijo del histórico narcotraficante Miguel Ángel Mameluco Villalba. Aun así, el ministro de Seguridad puso en duda que la cocaína adulterada sea una venganza o un ajuste de cuentas vinculado a esa disputa territorial, como se había especulado inicialmente. “Si fuera una guerra narco seguramente no estaríamos deteniendo a los que estaban distribuyendo esta droga”, afirmó Berni.

Las autoridades provinciales recorrieron esta mañana algunos de los hospitales donde están los consumidores internados. “Sabemos que es un opioide porque a los pacientes se les aplica el antídoto y reaccionan positivamente”, detalló Berni. “Estuvimos hablando con pacientes que hasta ayer estaban intubados con paro respiratorio y que a partir de la aplicación del protocolo se pudo revertir”, agregó.

Desde el Ministerio de Salud, han lanzado numerosos pedidos a través de redes sociales y medios de comunicación para advertir a los consumidores de cocaína de que, de haber adquirido la droga en las últimas 24 horas y sentir “dificultad para respirar, excitación psicomotriz o aumento del sueño”, acudan de forma inmediata a un centro de salud.

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Según Berni, se distribuyen cerca de 250.000 dosis de cocaína cada día en Buenos Aires y su área metropolitana. El titular de Seguridad apuntó a que la cifra de muertes podía aumentar mucho más. Poco después, Carlos Bianco, el jefe de asesores del Gobierno de Buenos Aires, contradijo a Berni al dar por estabilizada la crisis: “Hemos controlado la situación, podría haber sido una tragedia mucho mayor”.

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«Apenas consumieron la primera línea sintieron que se morían y confirmó que su proveniencia también era de Puerta 8. Ambas personas vomitaron, sintieron mareos y que se les movía el piso», informó TN.

Varios muertos y más de 50 hospitalizados, varios de ellos de gravedad e intubados tras consumo de cocaína adulterada, esa es la insólita emergencia que viven Buenos Aires, Argentina. ¿Guerra de narcos o entre carteles?

Noticias Internacionales.

En Buenos Aires, Argentina, hay conmoción por la emergencia que viven actualmente, al Hospital Bocalandro siguen llegando personas en mal estad, intoxicadas con cocaína adulterada. 

Sin una hipótesis clara, no descartan que pueda deberse a una ‘guerra’ entre narcos o distribuidores de drogas.

Una mujer que levó a dos jóvenes, de 19 y 21 años de edad aarrastras al hospital, contó que cayeron apenas «consumieron la primera línea» de la droga blanca.

Una insólita emergencia vive Buenos Aires, hasta autoridades pidieron a los consumidores desechar la cocaína que hayan comprado recientemente. Fotos: TN.

«Apenas consumieron la primera línea sintieron que se morían y confirmó que su proveniencia también era de Puerta 8. Ambas personas vomitaron, sintieron mareos y que se les movía el piso», informó TN.

La emergencia 

El ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires informó, que ya son 17 los muertos, mientras otras 50 personas debieron ser internadas tras consumir la cocaína envenenada o adulterada en las localidades de Hurlingham y Tres de Febrero, en el Conurbano.

Hay alerta epidemiológica.

De los 17 fallecidos, siete fueron en los hospitales de Hurlingham, otros siete en San Martín y los tres restantes en Tres de Febrero.

Droga ‘envenenada’

Los centros médicos deben reportar los casos que reciban de manera inmediata.

Advirtieron que los síntomas son: signos de shock, depresión del sensorio, dificultad respiratoria, excitación psicomotriz.

Hasta ahora, están atendiendo los casos con las urgencias, pero en autoridades temen que esta droga envenenada, pueda dejar secuelas a largo plazo.

Han pedido que quien en la Provincia de Buenos Aires haya comprado cocaína en las últimas 24 horas, la deseche.

Es decir, los intoxicados hasta ahora, no estaban todos juntos en una fiesta o reunión, sino que adquirieron la droga de algún vendedor en el mismo barrio.

Varios hospitalies de la provincia está en al borde, muchos no tienen insumos suficientes para atender esta emergencia.

«Mi hijo tuvo un paro cardíaco y apenas podía respirar. La ambulancia tardó media hora. Pero entiendo que es porque hubo muchas llamadas por el mismo problema, al mismo tiempo. Mi hijo es consumidor de drogas desde los 14 años, ahora está intubado, pero tengo esperanza», dijo una de las madres.

«Es un hecho excepcional, no tenemos ningún antecedente. Nos hace pensar que la sustancia se incluyó deliberadamente, no es un error del proceso», dijo el fiscal general de San Martín, Marcelo Lapargo.

Hasta ahora hay cuatro detenidos, y están evaluando la droga incautada en las viviendas de las víctimas, para determinar qué le echaron.

Esto además, está revelando otro grave problema en Buenos Aires, el alto consumo de cocaína.





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