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Mariupol es un punto clave en el mapa de la ofensiva rusa. Se encuentra entre la península de Crimea, controlada por Rusia desde 2014, y la región separatista del Donbás, donde el presidente ruso Vladímir Putin ha declarado que centrará los esfuerzos de su invasión a partir de ahora. Mariupol es el “puente de tierra” entre las dos zonas, es decir, la conexión entre estas áreas separadas. Y, además, tiene un puerto en el mar de Azov.

A través de seis imágenes de satélite se puede observar el impacto de la invasión sobre esta ciudad, donde se han registrado 5.000 muertes en poco más de un mes como resultado de los ataques, según las autoridades locales.

8 de enero | Los focos de calor en la capital del acero

Un mes y medio antes de la invasión, los satélites Sentinel-2 de la Agencia Espacial Europea y Landsat de la NASA mostraban Mariupol como lo que era en tiempos de paz: una ciudad portuaria con una industria metalúrgica que le valía el sobrenombre de “capital del acero” de Ucrania. Los sensores de estos aparatos permiten captar focos de calor en la ciudad que normalmente se asocian a incendios o industrias cuya actividad emite calor visible, por ejemplo, en chimeneas.


Focos de calor procedentes

de la actividad industrial

Fábrica metalúrgica

de Azovstal

Focos de calor

procedentes de

la actividad industrial

Fábrica metalúrgica

de Azovstal


En la imagen se aprecian esos puntos en un día cotidiano en los altos hornos ubicados al norte y en la extensa fábrica de Azovstal, a orillas del mar de Azov, mientras en las zonas residenciales no se detecta nada. Tras el comienzo de la guerra, los focos de calor se han convertido en un diario de los bombardeos, explosiones y fuegos que rodean al conflicto.

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9 de marzo | Asedio y bombardeos

Los primeros pasos de las tropas rusas evidenciaron su avance hacia Mariupol desde diferentes direcciones. Según Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), el 26 de febrero ya habían tomado la vecina ciudad de Berdiansk, al oeste, y las localidades de Pyschevik y Pavlopol ubicadas al este, en el camino desde el Donbás. A lo largo de este mes, la intensa nubosidad sobre la región impidió las mediciones del satélite.


Primeros focos de calor fruto

de la guerra

Rusia se acerca por el este,

Livoberezhnyi comienza a

recibir ataques

Ataque al hospital

materno-infantil

El 9 de marzo se detectan los

primeros focos de calor fruto

de la guerra

Las tropas rusas se acercan

por el este y el distrito de

Livoberezhnyi comienza a

recibir ataques

Ataque al hospital

materno-infantil


A inicios de marzo, los primeros claros dejaron patente cerco a la ciudad y arreciaron los bombardeos dirigidos a infraestructuras críticas y zonas residenciales. El ISW interpretó esta estrategia como un intento de destruir la urbe o forzar la rendición de sus habitantes. El día 9, durante el alto al fuego que debía facilitar las evacuaciones en los corredores humanitarios pactados por Kiev y Moscú, las bombas alcanzaron un hospital materno-infantil. Tres personas murieron en el ataque, entre ellas un niño.

Una mujer entre las ruinas del hospital. Evgeniy Maloletka.

Una sanitaria en el interior del edificio. Evgeniy Maloletka.

14 de marzo | Brutalidad sin avances

Rodeada la ciudad, los rápidos progresos rusos de las semanas anteriores dieron paso a un tenso paréntesis impuesto por los arduos esfuerzos de ambos bandos en el ataque y defensa de la ciudad portuaria. Las tropas rusas lograron pequeños avances sobre el territorio. Uno de ellos fue la toma de la fábrica de Azovstal, que sufrió un intenso bombardeo cuatro días más tarde. El líder checheno, Ramzan Kadyrov, afirmó el 14 de marzo que 5.000 de sus soldados están luchando cerca de Mariupol.

Un análisis de imágenes satelitales de la misma fecha publicado por UNOSAT cifraba en 773 los edificios dañados en el transcurso del conflicto en los distritos de Livoberezhnyi y Zhovtnevyi Districts. Entre estos hay ocho colegios y cuatro hospitales.


Landsat 8 captura la estela de un avión y su sombra. Se ha interpretado como el rastro de un posible bombardeo

Los ataques rusos alcanzan también el oeste de la ciudad

El 14 de marzo Landsat 8 capturó la estela de un avión y su sombra. Algunos expertos lo han interpretado como el rastro de un posible bombardeo

Los ataques rusos alcanzan también el oeste de la ciudad

Misiles lanzados contra las instalaciones de Azovstal el 18 de marzo (destacados en amarillo).
azov.org.ua

19 de marzo | Destrucción del teatro de Mariupol

La completa desaparición de la actividad industrial en la ciudad se aprecia con claridad en la imagen del 19 de marzo. Las mayores concentraciones de focos de calor se ubicaban entonces en el centro, donde tres días antes se erguía el teatro de Mariupol. El bombardeo a este edificio se saldó con la muerte de unas 300 personas que se refugiaban en su interior, según las autoridades locales.

De acuerdo con el ISW, las tropas rusas se encontraban el 18 de marzo a diez kilómetros del centro y los barcos de guerra que cruzaban el Bósforo hacia el mar Negro era indicio de la proximidad de una operación anfibia pensada para rodear la ciudad por completo.


No se observa ninguna actividad en los complejos industriales

Los ataques rusos alcanzan también el oeste de la ciudad

No se observa ninguna actividad en los complejos industriales

Los ataques rusos alcanzan también el oeste de la ciudad



Vista del teatro de Mariupol (Ucrania). El 19 de marzo (a la izquierda) y el 14 de marzo.

Vista del teatro de Mariupol (Ucrania) el 19 de marzo (a la izquierda) y el 14 de marzo. AFP.

21 y 22 de marzo | Lento avance, constante bombardeo

Las imágenes superpuestas de los días 20 y 21 de marzo muestran una intensidad de la actividad bélica que, sin embargo, no se tradujo en progresos notables de las tropas rusas sobre el terreno. Lo que sí es apreciable es la huella de las deflagraciones: las áreas donde que los satélites ubican focos de calor aparecen al día siguiente oscurecidas por el fuego.

Imágenes publicadas en las redes sociales situaban entonces a los soldados chechenos en las inmediaciones del complejo industrial de Azovstal, y el ISW señalaba que el ejército de Putin estaba reforzando sus posiciones de artillería al noreste de Mariupol.


Las tropas rusas refuerzan sus posiciones de artillería

Las tropas rusas refuerzan sus posiciones de artillería


Vista aérea de Mariupol el 23 de marzo

29 de marzo | Caída inminente

El cambio de estrategia anunciado por Rusia el 25 de marzo, un día después de que las tropas entrasen en el centro de Mariupol, no redujo la intensidad de los ataques sobre la ciudad. Durante la última semana, las fuerzas rusas han continuado su avance, calificado como “lento y probablemente doloroso” por el ISW.

De acuerdo con las últimas estimaciones de las autoridades locales, 140.000 residentes habían abandonado la ciudad antes del comienzo del asedio y otras 150.000 se marcharon después, con lo que aún seguirían ahí unas 170.000 personas sin acceso a alimentos, agua, electricidad, calefacción o atención médica. El 24 de marzo, un ataque ucranio complicó la llegada de refuerzos enemigos al hundir dos barcos rusos que se encontraban en la vecina localidad de Berdiansk. Pese a la resistencia local, la caída de Mariupol se considera inminente desde hace días y un 90% de sus edificios han sido dañados, según la alcaldía.


El 24 de marzo las tropas rusas penetran en el centro de la ciudad

El 24 de marzo las tropas rusas penetran en el centro de la ciudad


Una profesora y un trabajador metalúrgico cocinan en la entrada de un sótano el 30 de marzo. Alexander Ermochenko (Reuters).

Un soldado prorruso camina entre las ruinas de un edificio residencial el 30 de marzo. Alexander Ermochenko (Reuters).

Una mujer monta en bicicleta ante los restos de un autobús quemado el 29 de marzo.Alexei Alexandrov (AP).

Un convoy prorruso en una carretera que lleva a Mariupol el 28 de marzo. Alexander Ermochenko (Reuters).

Metodología:

Los sensores de los satélites Sentinel-2 de la Agencia Espacial Europea y Landsat 8 de la NASA ‘ven’ más allá de las bandas espectrales que percibe el ojo humano. Gracias a estos sistemas, una imagen parecida a la que tendríamos desde la ventana de un avión se amplía con bandas espectrales adicionales que permiten obtener medidas como la vitalidad de la vegetación o, en este caso, los focos de calor visibles sobre el terreno.

En este análisis se han combinado las imágenes que muestran el color verdadero del terreno con los puntos de calor que se detectan combinando rangos espectrales de infrarrojo cercano y de onda corta.

Fuentes:

Sentinel-2 (Agencia Espacial Europea), Landsat 8 (NASA), Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), Center for Information Resilience (Cen4InfoRes)

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Las amenazas de Moscú esgrimiendo sus armas químicas, biológicas y nucleares calan. Tanto es así que la OTAN ha activado sus defensas contra ataques con este tipo de armamentos, según ha anunciado su secretario general, Jens Stoltenberg, tras la cumbre de la Alianza celebrada este jueves en Bruselas, en la que estaban presentes los líderes de los 30 Estados miembros, con el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, a la cabeza. Además, los aliados interpelan directamente a China en su comunicado final para que se abstenga “de dar a Rusia cualquier tipo de apoyo en la guerra y ayudarle a evitar las sanciones”.

El régimen de Vladímir Putin lleva casi desde que comenzó la invasión de Ucrania recordando que Rusia es una potencia nuclear y que si sienten que el Estado ruso está en peligro pueden recurrir a estas armas tan mortíferas. Estados Unidos y la OTAN ya han dejado claro en días anteriores que se toman en serio esta amenaza, al menos en el escenario bélico de Ucrania. De ahí que en la reunión que los líderes de la Alianza han mantenido en su cuartel general de Bruselas hayan acordado enviar a Ucrania material para protegerse de estas agresiones si llega el caso. No serán armas sino “material de protección, detección, descontaminación, sanitario, de entrenamiento…”, según ha explicado Stoltenberg.

Pero la Alianza va más allá: “El general Wolters [comandante supremo de las fuerzas aliadas] ha ordenado activar los elementos de defensas químicas, radiológicas y nucleares y las defensas [contra este tipo de armamento] de las fuerzas desplegadas en los países del este de la Alianza”, ha añadido Stoltenberg. Y los aliados “han desplegado defensas adicionales químicas, biológicas y nucleares para reforzar a nuestros batallones ya existentes y a los nuevos”.

La OTAN ha acordado este jueves desplegar cuatro batallones (en Rumania, Hungría, Eslovaquia y Bulgaria), que se suman a los cuatro desplegados en Polonia, Estonia, Letonia y Lituania. En total, hay unos 40.000 soldados a las órdenes directas de la Alianza y unos 100.000 soldados estadounidenses en suelo europeo.

La Alianza teme que Rusia lance un ataque químico en Ucrania utilizando como excusa la presunta intención del Gobierno de Volodímir Zelenski de recurrir a ese tipo de armamento. Moscú propaga desde hace días el bulo de que Ucrania se ha dotado, con ayuda occidental, de armas químicas, una acusación que China también ha contribuido a difundir. Los occidentales sospechan que se trata de asentar ante la opinión pública una coartada que permitiría justificar el uso por parte del Ejército ruso de armas prohibidas.

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El secretario general de la Alianza ha advertido de que si Rusia recurre a estas armas en Ucrania puede llegar a verse “contaminación” en los países de la OTAN. También ha recordado que el régimen de Vladímir Putin ya ha recurrido a estos ataques “en su propio territorio, contra sus oponentes, en Salisbury [en referencia al envenenamiento del exespía ruso Serguei Skripal] y en Siria”.

Misiles antibuques, armas antitanques y drones

Como en la cumbre de la Unión Europea, que se celebra en la tarde de este jueves también en Bruselas, en la de la OTAN ha intervenido el presidente de Ucrania, quien, siempre según la versión de Stoltenberg, ha agradecido la ayuda prestada a su país y ha pedido más apoyo. En esa petición se incluyen tanques y aviones de combate, algo que hasta ahora no se ha enviado a Ucrania. “Hemos sido honestos”, ha aclarado el mandatario de los aliados, “y le hemos dicho que no vamos a entrar en la guerra”.

Lo que sí van a enviar los países de la Alianza a Kiev son misiles antibuques de guerra, drones y armas antitanques para frenar el avance ruso hacia la capital ucrania y aliviar el asedio en la costa del mar Negro. El desarrollo de la invasión en Ucrania en sus últimos compases ha dado protagonismo a estos escenarios. El contraataque ucranio habría aflojado algo el asedio que intenta desplegar en la capital ucrania el Ejército ruso. En cambio, el cerco a la ciudad portuaria de Mariupol, en el mar de Azov, no deja de estrecharse, con consecuencias trágicas sobre la población civil, y, además, continúa el hostigamiento de otra ciudad portuaria, Odesa.

La reunión de este jueves ha concluido con la exigencia a Putin de que permita la apertura de corredores humanitarios para que los civiles puedan huir “de Mariupol y otras ciudades sitiadas” y que muestre que se toma en serio las negociaciones de paz decretando un alto el fuego. Entretanto, los aliados seguirán con la política mantenida hasta ahora: “Se han impuesto sanciones masivas y con un alto coste político a Rusia para poner fin a esta guerra. Seguimos decididos a mantener la presión internacional coordinada sobre Rusia. Continuaremos coordinándonos estrechamente con las partes interesadas y con otras organizaciones internacionales, incluida la Unión Europea. La coordinación transatlántica sigue siendo crucial para una respuesta eficaz a la crisis actual”.

A continuación, los 30 Estados aliados interpelan directamente a China, potencia que mantiene una neutralidad escorada hacia Rusia en este momento: “Hacemos un llamamiento a todos los Estados, incluida la República Popular China (RPC), para defender el orden internacional, incluidos los principios de soberanía e integridad territorial, consagrados en la Carta de las Naciones Unidas, a abstenerse de apoyar el esfuerzo bélico de Rusia de cualquier manera, y a abstenerse de cualquier acción que ayude a Rusia a eludir las sanciones. Estamos preocupados por los comentarios públicos recientes de los funcionarios de la República Popular China y pedimos a China que deje de amplificar las narrativas falsas del Kremlin, en particular sobre la guerra y la OTAN, y que promueva una resolución pacífica del conflicto”.

Entre los planes previstos que la guerra ha cambiado está también el relevo al frente de la Secretaría General de la OTAN, que se iba a decidir el próximo junio. Stoltenberg continuará en el puesto finalmente hasta el 30 de septiembre de 2023, según han aprobado este jueves los líderes de los 30 Estados de la Alianza. La invasión de Ucrania por Rusia ha llevado a los aliados a prorrogar su mandato. “Stoltenberg ha estado haciendo un trabajo fantástico, un día tras otro ha jugado un liderazgo crítico para la OTAN”, declaró el consejero de Seguridad de Estados Unidos, Jake Sullivan, un día antes. “Es un activo valioso para la Alianza”, concluyó.

La salida del noruego, después de ocho años en el cargo, estaba ya decidida y él mismo había sido ya elegido como próximo gobernador del Banco Central de Noruega a partir de finales de año, un puesto para el que se convocó un concurso al que él se había presentado. Stoltenberg es un político de larga trayectoria en el país nórdico, donde ha sido ministro de Finanzas y primer ministro, antes de llegar a Bruselas para dirigir la Alianza.

En principio, estaba previsto que la cumbre que la OTAN celebrará en Madrid en junio eligiera al sucesor a partir del 30 de septiembre. Incluso habían comenzado a sonar nombres, todos de mujer, porque había bastante consenso en que era el momento en que la mayor alianza militar tuviera una mujer al frente. Entre los nombres que se han oído estaban los de la ex primera ministra británica, Theresa May, la ex alta representante para la Política Exterior de la UE, Federica Mogherini o la exministra de Defensa alemana Annegret Kramp-Karrenbauer.

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La batalla en Ucrania contra la ciudadanía es cada vez más encarnizada. Dos bombardeos en Kiev y los disparos de soldados rusos para dispersar una manifestación en Jersón este lunes evidencian la crudeza de la guerra en medio del estancamiento de las negociaciones. Odesa, en el sur, ha soportado su primer ataque, lanzado también contra una zona residencial. En Mariupol, la ciudad que se ha convertido en símbolo de la destrucción y el ensañamiento con los civiles en esta guerra que cumple ya 26 días, las tropas ucranias han rechazado rendirse ante el ultimátum que les lanzó Moscú el domingo.

Al menos ocho personas murieron en el ataque llevado a cabo a última hora del domingo en el norte de Kiev. A las once de la noche del domingo la explosión se escuchó en varios kilómetros a la redonda. El amanecer, con el fin del toque de queda, trajo de nuevo la imagen de la devastación. Esta vez el blanco de los ataques fue el centro comercial Retroville, de reciente construcción. La galería se levanta en uno de los ensanches en el corte de la capital de Ucrania, no lejos de la zona en la que desde hace días el Ejército ucranio y el ruso se disputan el terreno de acceso a la capital. En la tarde de este lunes, desde la zona atacada todavía se escuchan en la distancia los combates.

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Los vecinos se agolpaban en la mañana del lunes lo más cerca que podían de la zona acordonada. “Fue como un terremoto”, explica Victoria, una de ellas, haciendo con las manos el gesto de la detonación que sacudió a todos los que viven en el barrio. “Estaba sentada en el sofá de casa cuando todo tembló y empezaron a caer pequeños trozos de las ventanas”.

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Alrededor del epicentro del ataque hay bloques de unos quince pisos de altura construidos hace pocos años con zonas ajardinadas en el medio. Muchas de las ventanas y cristales han saltado por los aires. También escaparates de los comercios. Los daños podían verse incluso a varios centenares de metros de la gran explosión que golpeó el centro comercial. Muchos de los carteles de grandes marcas de moda internacional, de la restauración o bricolaje se habían instalado en esta zona comercial que este lunes permanece rodeada por los equipos de seguridad y miembros del Ejército.

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Horas después, el alcalde de la capital, Vitali Klitschko, ha informado en una entrevista con TVE de otro ataque en el centro de la ciudad en el que ha muerto un civil y 10 personas han resultado heridas. “Esperamos nuevos ataques en las próximas 24 horas y nuestra prioridad principal es salvaguardar las vidas de los ciudadanos”, ha asegurado Klitschko.

Unas horas después del bombardeo, la capital de Ucrania vive un nuevo periodo de letargo impuesto por el Ayuntamiento. El nuevo toque de queda se extenderá desde la tarde del lunes hasta la mañana del miércoles. Durante la noche no está permitido salir ningún día. La finalidad de esta medida —que es la tercera vez que se impone a los ciudadanos desde el comienzo de la guerra, el pasado 24 de febrero— es combatir con mayor eficacia a supuestos grupos de enemigos infiltrados en la ciudad, según las autoridades.

Primer ataque a Odesa

En el frente sur, las autoridades locales han informado este lunes del primer ataque en la ciudad costera de Odesa, con alrededor de un millón de habitantes, y un puerto estratégico del mar Negro que el Kremlin ansía conquistar. El objetivo, también esta vez, fueron edificios residenciales, pero el ataque no causó víctimas mortales. La localidad, situada en un punto estratégico para Moscú, llevaba semanas blindándose ante la posibilidad de una invasión inminente.

Las autoridades de Ucrania han anunciado el cierre de los puertos del mar de Azov y el mar Negro. Tras semanas de intensos combates, Kiev ha perdido el control del mar de Azov, pieza clave geoestratégica para el Kremlin que trata de unir la península de Crimea, anexionada ilegalmente en 2014, con la región separatista y prorrusa del Donbás. Las tropas de Putin se han hecho con el puerto de Mariupol, el principal de esas aguas, y han entrado ya en la estratégica ciudad, donde combaten calle a calle con las fuerzas ucranias. El ultimátum lanzado por Moscú el domingo para que el Ejército ucranio entregue las armas y abandone la localidad arrasada por las bombas no ha surtido efecto. El plazo venció a las cinco de la madrugada del lunes y las autoridades ucranias se niegan a ceder la ciudad, como reclama el Kremlin.

Bombardeos constantes en Járkov

Además de Mariupol, Járkov, Sumi y Chernígov, en el este del país, son las ciudades que más han sufrido la táctica rusa de destruir zonas urbanas con artillería. El alcalde de Járkov, Igor Terekhov, asegura que muchos de los edificios reducidos a escombros en la segunda ciudad del país eran de viviendas. “Es imposible decir que hemos dejado atrás los peores días; estamos constantemente siendo bombardeados, anoche volvió a haber fuego de artillería”, ha manifestado Terekhov en declaraciones a Reuters.

Hasta ahora, se habían visto manifestaciones pacíficas de ciudadanos ucranios que protestaban por la invasión ante la mirada de las tropas rusas. Este lunes, sin embargo, los soldados han reprimido con fuego real una protesta en Jersón, según ha denunciado el ministro de Exteriores, Dmitro Kuleba. Según el ministro, han herido a un pensionista.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Ucrania también ha acusado a Rusia de trasladar a la fuerza a miles de niños y niñas desde la región del Donbás hasta Rusia. El portavoz del ministerio, Oleg Nikolenko, ha asegurado en sus redes sociales que 2.389 menores fueron apartados de sus familias solo el sábado.

En el oeste del país, a apenas 166 kilómetros de Polonia, varias personas han resultado heridas este lunes tras un ataque con misiles contra unas instalaciones militares ucranias en la región de Rivne, según ha informado el Ministerio de Defensa ruso y ha confirmado el alcalde de la localidad, Alexandr Tretiak, a través de su cuenta de Telegram. “Según las primeras informaciones, hay varios heridos. Informaremos con más detalle más adelante”, ha detallado el regidor de Rivne.

Mientras los ataques se suceden, los equipos negociadores han retomado las conversaciones este lunes. Los delegados de Moscú y Kiev han hablado esta mañana por videoconferencia durante 90 minutos. Según David Arajamia, líder del partido del presidente ucranio, Volodímir Zelenski, en el Parlamento, seguirán hablando con la delegación rusa durante todo el día.

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Los avances que este miércoles han sacado a relucir los equipos negociadores de Kiev y Moscú en torno a las conversaciones de paz contrastan con la cruda realidad de la guerra sobre el terreno. Dos incidentes han teñido de tragedia una jornada en la que se han cumplido las tres semanas desde que el presidente ruso, Vladímir Putin, ordenara a sus tropas invadir y atacar Ucrania. Por un lado, un grupo de civiles que esperaba su turno para comprar el pan ha sufrido un ataque en la localidad de Chernígov, al noreste de Kiev, según han denunciado fuentes diplomáticas de Estados Unidos. Por otro, un teatro de la ciudad de Mariupol donde desde hace días se refugiaban cientos de vecinos ha sido bombardeado, según denuncian las autoridades locales. Kiev ha culpado de las agresiones a Moscú, que niega su responsabilidad en ambos casos.

El Gobierno de Kiev ha calificado de “crimen de guerra” el bombardeo sobre el teatro de Mariupol “en el que se escondían cientos de civiles inocentes”, según ha denunciado el ministro de Exteriores, Dmitro Kuleba, a través de su cuenta de la red social Twitter. El tuit va acompañado de una fotografía del edificio antes de ser atacado y de una segunda en la que, supuestamente, aparecen las mismas instalaciones completamente destruidas. Hasta el momento no se ha hecho ningún balance oficial de víctimas. “Los rusos no podían no saber que se trataba de un refugio de civiles”, ha añadido el jefe de la diplomacia ucrania.

Las autoridades rusas, que niegan sistemáticamente que estén llevando a cabo ataques contra civiles en la antigua república soviética, han desmentido que su país haya llevado a cabo un bombardeo desde el aire este miércoles sobre ese teatro, según fuentes del Ministerio de Defensa citadas por la agencia RIA.

Fuentes del Parlamento de Ucrania dicen desconocer si hay supervivientes y añaden que en los alrededores del edificio se desató una fuerte batalla y que nadie puede acceder a la zona, informa la agencia Efe. Serhii Orlov, vicealcalde de Mariupol, aseguró que en el teatro se escondían entre 1.000 y 1.200 personas. La ciudad, a orillas del mar de Azov, lleva días siendo uno de los principales objetivos de los ataques del Ejército ruso, que en varias ocasiones ha impedido que se cumpla la promesa de facilitar corredores humanitarios para permitir la salida de la población. Mariupol ya fue escenario la semana pasada de un ataque de las tropas del Kremlin sobre un hospital.

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En el otro gran ataque que ha marcado la jornada del miércoles, 10 personas han muerto mientras esperaban su turno para abastecerse de pan en la ciudad de Chernígov, próxima a la frontera con Bielorrusia y a unos 140 kilómetros al noreste de Kiev. “Hoy, las fuerzas rusas dispararon y mataron a 10 personas que hacían cola para el pan en Chernígov. Esos horribles ataques deben acabarse. Estamos considerando todas las opciones disponibles para garantizar la rendición de cuentas por cualquier crimen atroz que se cometa en Ucrania”, señaló la Embajada de Estados Unidos en Kiev en un informe publicado en sus perfiles de Twitter y Facebook.

“A las diez de la mañana, soldados rusos dispararon contra la gente que hacía cola para comprar pan cerca de una tienda de comestibles en una zona residencial de Chernígov. Según el primer balance, 10 civiles fueron asesinados”, denunció la Fiscalía en un comunicado, informa la agencia France Presse. Se ha abierto una investigación por “asesinatos premeditados” cometidos con la ayuda de “armas de fuego”, agregó la misma fuente.

Como en el ataque sobre el teatro de Mariupol, ha sido el Ministerio de Defensa ruso el que ha afirmado que no han llevado a cabo esa acción, que califican de “engaño” de las autoridades de Kiev, según el portavoz Igor Konashenkov. “Ningún soldado ruso está o ha estado en Chernígov. Todas las unidades se hallan fuera de los límites de la ciudad” y no están participando en ninguna “acción ofensiva”, agregó, al tiempo que calificaba de “falsedad” el comunicado de Washington.

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El Ejército ruso ha intensificado los ataques contra varias ciudades ucranias este miércoles. En Kiev, los bombardeos han provocado el derrumbe de un edificio residencial de 12 plantas y otro de nueve pisos, causando al menos dos heridos, según el Servicio Estatal de Emergencia ucranio. Los ataques se han repetido en la asediada Mariupol, donde las autoridades ucranias denuncian que las tropas rusas han tomado como rehenes a 400 médicos y pacientes de un hospital, así como en Zaporiyia (sureste del país) y los alrededores de Odesa (suroeste). A pesar de ello, los representantes de Rusia y Ucrania continúan negociando una salida al conflicto y comienzan a acercar posturas. El ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, ha asegurado este miércoles que hay varias cuestiones en las que el acuerdo podría estar próximo, como el estatus neutral de Ucrania. Según fuentes del Kremlim citadas por France Presse, Suecia y Austria podrían ser un modelo de neutralidad. Mientras, el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, apuntó en la noche del martes que los encuentros seguirán en los próximos días y que “las posiciones en las negociaciones suenan más realistas”.

En la madrugada de este miércoles se han oído al menos tres fuertes explosiones en el oeste de la capital, una zona que ya había sido objetivo militar el día anterior. Hay al menos dos personas heridas y 35 han sido evacuadas del edificio de viviendas atacado, que se ha derrumbado, en una ciudad que está en pleno toque de queda y donde los ataques se centran en objetivos civiles. La bombardeada capital ucrania recibió el martes la arriesgada visita de tres jefes de Gobierno de países de la UE ―Polonia, República Checa y Eslovenia― para reunirse con Zelenski, que agradeció el gesto de apoyo. “Vuestra visita a Kiev en estos momentos difíciles para Ucrania es un claro signo de apoyo”, indicó a través de su canal oficial de Telegram, en un mensaje acompañado de un vídeo del encuentro. Los tres líderes se encuentran ya de vuelta en territorio de la UE.

Una de las ciudades más golpeadas por Rusia es Mariupol, una urbe situada en el mar Negro y que sufre una situación de catástrofe humana desde hace días. Allí, Ucrania denuncia que el Ejército ruso “ha tomado como rehenes a médicos y pacientes, y ha llevado a al menos 400 personas de las casas cercanas al sótano del hospital”, explicó este martes el comité de derechos humanos del Parlamento de Ucrania en un comunicado. La vice primera ministra, Irina Vereshchuk, ha señalado este miércoles que las tropas rusas están disparando desde allí y ha pedido la liberación de los rehenes.

Precisamente de Mariupol consiguieron escapar el día anterior unas 20.000 personas a través de los corredores humanitarios, pero “cientos de miles” permanecen en sus calles en una situación crítica. Antes de la guerra, la ciudad contaba con unos 450.000 habitantes. La urbe es una pieza clave para que Moscú enlace la península de Crimea, anexionada ilegalmente en 2014, con la zona separatista prorrusa del Donbás, al este del país.

Las fuerzas rusas han atacado objetivos civiles también este miércoles en la ciudad de Zaporiyia, en el sur del país, según ha informado en su cuenta de Telegram Oleksandr Starukh, responsable militar de la administración de la región del mismo nombre. En Zaporiyia se encuentra la central nuclear más grande de Europa, bajo control ruso tras la expulsión de las fuerzas ucranias del complejo con un ataque que puso en riesgo la seguridad de sus reactores, el pasado viernes. Según Starukh, los misiles lanzados este miércoles por las tropas rusas alcanzaron el área de la estación de tren Zaporiyia-2 y la zona donde se ubica el jardín botánico de la ciudad. Por ahora, no hay constancia de víctimas.

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Además de los bombardeos, la población está sometida a la presión psicológica constante que producen las alarmas antiaéreas. Esta pasada madrugada en Odesa, a orillas del mar Negro, los avisos han sonado en repetidas ocasiones desde las 4.30. Es un patrón que se repite estos días en prácticamente todo el país, donde los bombardeos rusos suelen ocurrir justo antes del amanecer. La población no solo sufre el terror de los ataques dirigidos a las viviendas, sino que también contribuyen al agotamiento de semanas en alerta y sin poder apenas descansar ni dormir.

Más cerca del acuerdo

A pesar de que la ofensiva militar sigue recrudeciéndose, la negociación entre Rusia y Ucrania parece este miércoles más cercana que el día anterior. El ministro ruso Lavrov, ha apuntado que ambos países están ahora más cerca de llegar a acuerdos en algunos compromisos, como el estatus de neutralidad de Kiev, es decir, que no entre a formar parte de la OTAN, una línea roja para Moscú. “Me guío por las evaluaciones de nuestros negociadores. Dicen que las negociaciones no son fáciles por razones obvias. Sin embargo, hay esperanzas de alcanzar a un compromiso”, ha señalado Lavrov. Sin embargo, también ha añadido a la televisión rusa RBC que siguen quedando otras cuestiones importantes por debatir, como el uso de la lengua rusa en Ucrania y la “libertad de expresión” en la antigua república soviética.

“Hay una serie de formulaciones de los acuerdos con Ucrania sobre el estatuto de neutralidad y las garantías de seguridad que han estado a punto de lograrse”, ha sostenido Lavrov, que ha lamentado que su homólogo ucranio, Dimitro Kuleba, “no presentó nuevas ideas” durante el contacto trilateral celebrado la semana pasada en Turquía. “Tras una hora y media de encuentro y pese a que recordé en tres o cuatro ocasiones que quería escuchar algo que no estuviera en la esfera pública, no presentó nuevas ideas”. Lavrov ha considerado que Estados Unidos tiene un papel decisivo en la definición de la posición de las autoridades ucranias y ha manifestado que no están viendo por parte de ese país ningún interés por resolver “con rapidez” el “conflicto”.

Por su parte, el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, ahondó este martes por la noche en la idea de que Ucrania nunca va a formar parte de la Alianza Atlántica. Tras días de exigir, sin resultados, que la OTAN impusiera una zona de exclusión aérea sobre el país para evitar los ataques aéreos de las fuerzas invasoras de Rusia, el mandatario ha recalcado que la ciudadanía empieza a darse cuenta de que el país depende de sí mismo y de la ayuda de sus aliados. También ha cargado contra la Alianza y ha advertido de que otros países pueden ser los siguientes en sufrir la agresión rusa. “Ucrania no es miembro de la OTAN. Lo entendemos”, ha dicho. “Durante años hemos oído hablar de la supuesta puerta abierta, pero ya hemos oído que no debemos entrar. Así es y debemos admitirlo”, se ha resignado Zelenski en una reunión por videoconferencia con los dirigentes de los países miembros de la Fuerza Expedicionaria Conjunta.

Mientras, los jueces del Tribunal Internacional de Justicia de Naciones Unidas (TIJ) se pronuncian este miércoles sobre las medidas cautelares solicitadas por Ucrania para “detener la actividad militar rusa” en el país. Kiev pidió estas medidas urgentes pocas horas después de la invasión rusa, el pasado 24 de febrero. Ucrania alega que Moscú ha retorcido la noción de genocidio contra la población de habla rusa de la región ucrania del Donbás, situada al este del país, para justificar la agresión. La decisión del TIJ no puede parar la guerra en sí misma, pero las medidas cautelares servirían para no agravar la situación. Rusia no se ha presentado a las audiencias de este caso, celebradas la semana pasada en La Haya.

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El estruendo de las bombas y los ataques en diferentes regiones de Ucrania sigue silenciando posibles avances en las conversaciones diplomáticas para llegar a un acuerdo que ponga fin a la guerra tras 19 días de invasión rusa. Un proyectil lanzado sobre un edificio residencial de ocho plantas en Obolon, un barrio al norte de Kiev, dejó este lunes al menos un muerto. Otro ataque cerca de la fábrica aeronáutica Antonov dejó otra víctima mortal. Es, de nuevo, una señal clara de que, aunque no haya conseguido todavía su objetivo de someter a la capital ni siquiera acercar sus soldados al centro urbano, el presidente ruso, Vladímir Putin, no se olvida de la principal urbe del país, que aparece cada vez más rodeada.

Aproximadamente la mitad de sus tres millones de habitantes han salido ya buscando un lugar más seguro, aunque allí aguanta sin mostrar intención de irse y con constantes apariciones en redes sociales el presidente Volodímir Zelenski. Varios de sus representantes volvieron este lunes a mantener contactos de manera telemática con el Kremlin, pero, de momento, no hay más anuncio que el de seguir tratando de avanzar este martes. El propio mandatario, que apuesta por verse cara a cara con Putin, reconoció en un vídeo que las negociaciones están siendo “difíciles”.

Mientras, en el este de Ucrania, donde la guerra no ha cesado desde 2014, los separatistas prorrusos apoyados por Moscú y enfrentados a Kiev han denunciado el lunes un bombardeo en la ciudad de Donetsk del que acusan a Ucrania y que dejó, al menos, 16 muertos. Kiev ha negado su responsabilidad. El acoso sigue en ciudades ya muy castigadas en estas casi tres semanas de guerra como Járkov, la segunda el país, en el noreste, o la portuaria Mariupol, a orillas del mar de Azov. El alcalde de Járkov, Igor Terejov, denunció un bombardeo incesante de la localidad. Al menos dos personas murieron en un ataque con misiles a un edificio residencial de la urbe, en el este de Ucrania. Los servicios de emergencia y rescatistas buscaron durante horas bajo los escombros para intentar localizar a los vecinos desaparecidos. El edificio, cercano al centro histórico, fue alcanzado por la mañana, lo que produjo un “incendio masivo” debido a los daños en las tuberías que suministran gas al inmueble, según información de los servicios de emergencia citada por la agencia Reuters. Járkov, una ciudad estratégica a escasos kilómetros de la frontera rusa, ha sufrido bombardeos desde el comienzo de la invasión rusa.

Unos bomberos tratan de apagar un incendio en un edificio golpeado por un proyectil ruso, este lunes en Járkov.
Unos bomberos tratan de apagar un incendio en un edificio golpeado por un proyectil ruso, este lunes en Járkov.Pavel Dorogoy (AP)

También en el oeste, zona por la que cientos de miles de personas han escapado del conflicto, sobre todo a través de la frontera con Polonia, los ataques se suceden en los últimos días. En los alrededores de Lviv se podía escuchar el paso de varios aviones y ver el trazo en el cielo de un misil. Hasta el momento, según cifras de la ONU, han salido del país 2,8 millones de habitantes. Otros dos millones son desplazados internos.

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Además, nueve personas han muerto y otras nueve han resultado heridas como consecuencia de un bombardeo de una torre de televisión en la ciudad de Antopil, al oeste de Kiev. El gobernador de la provincia de Rivne, Vitali Koval, ha indicado este lunes que aún hay personas bajo los escombros, por lo que el balance de muertos y heridos podría aumentar, según recoge el portal de noticias ucranio Babel.

“Tenemos que mantenernos firmes y luchar para ganar, para lograr una paz que los ucranios merecen, una paz honesta con garantías de seguridad para nuestro Estado, para nuestro pueblo. Y ponerlo por escrito durante las difíciles negociaciones”, señaló el presidente Zelenski este lunes en una grabación. Según señaló el negociador ucranio Mijailo Podoliak en Twitter, las autoridades de Kiev acudieron a la cita de esta cuarta ronda negociadora con la intención de lograr un alto el fuego, la retirada inmediata de las tropas rusas de su territorio y garantías de seguridad. Todo ello parece muy lejano según se están desarrollando los acontecimientos en el frente de batalla. “Se ha hecho una pausa técnica en las negociaciones hasta el martes” para que los grupos de trabajo puedan “aclarar definiciones”, añadió Podoliak.

“Las partes están expresando activamente sus posiciones, que ya han sido aclaradas, la comunicación es difícil, pero continúa”, explicó Podoliak, para quien “la razón de las discordancias” obedece a los sistemas políticos “muy diferentes” que tienen ambos países. “Ucrania es un país que mantiene el diálogo libre en la sociedad y un consenso obligatorio. Rusia practica, en definitiva, la supresión de su propia sociedad”, agregó. Pese a ello, negociadores de ambas partes detectaron algún pequeño avance. “Los rusos no están haciendo más ultimatums y escuchan nuestras propuestas”, dijo Podoliak. Por su parte, Leonid Slutsky, presidente del Comité de Asuntos Internacionales de la Duma [Cámara baja del Parlamento ruso], destacó un “progreso sustancial” en la marcha de las negociaciones.

El esfuerzo diplomático tuvo este lunes un segundo escenario en Roma, donde se han reunido enviados de Estados Unidos y China tras conocerse que Rusia solicitó ayuda económica y de material militar al gigante asiático poco después de iniciar la invasión de Ucrania. Desde China, el Ministerio de Exteriores ha calificado este lunes esta noticia de “desinformación”. El Kremlin también niega la petición de ayuda.

Zelenski señaló la noche del domingo que sus representantes estaban negociando un posible encuentro con Putin. “Nuestra misión es clara: hacer todo lo que sea posible para asegurar una reunión entre los dos presidentes”, dijo en un vídeo. Y destacó que una de las exigencias de Ucrania es la apertura de corredores humanitarios para las ciudades sitiadas. En total, unas 150.000 personas han sido evacuadas, según los datos ofrecidos este lunes por el alto funcionario de la presidencia de Ucrania Kirilo Timoshenko. Pese al elevado número de evacuaciones, Zelenski lamentó que todavía queda mucha gente atrapada en enclaves como Mariupol, en el sureste del país.

La alcaldía de esta ciudad señaló que unos 160 coches con civiles pudieron salir este lunes de la localidad. La información fue confirmada por la vice primera ministra de Ucrania, Irina Vereshchuk, quien también criticó que Rusia continúa bloqueando la entrada de ayuda humanitaria. Uno de los residentes de Mariupol que logró escapar del asedio y comunicarse con sus allegados en otro municipio del país explicó que el corredor humanitario estuvo abierto hasta las 17.00, hora local (16.00 horas en la España peninsular), pero que la mayor parte de la población de Mariupol no fue informada de la posibilidad de abandonar la ciudad. De acuerdo con esta fuente, las fuerzas del Kremlin impidieron que la población saliera de la localidad en autobuses y solo permitieron el uso de coches particulares, informa Margaryta Yakovenko.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmó este lunes un total de 31 ataques contra centros sanitarios desde el inicio de la invasión en Ucrania, en los que 12 personas murieron y otras 34 resultaron heridas. Una de las víctimas es la mujer embarazada que sobrevivió al ataque ruso contra el hospital materno infantil de Mariupol y cuya imagen dio la vuelta al mundo, tumbada en una camilla y sujetando su tripa. Tanto ella como su bebé murieron finalmente. Los bombardeos contra civiles, y muy especialmente contra hospitales, apuntan a la comisión de crímenes de guerra por parte de Moscú. Según la Fiscalía de Ucrania, al menos 90 niños han fallecido desde el inicio de la agresión.

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Los ataques lanzados por Rusia desde el viernes en la parte occidental de Ucrania, el último a solo 25 kilómetros del territorio de la OTAN, han elevado el riesgo de un “incidente” que desencadene una peligroso agravamiento del conflicto. Fuentes aliadas señalan que el principal temor es que la proximidad del frente derive en la caída en territorio de la OTAN de algún misil ruso. El percance, intencionado o no, colocaría a EE UU y sus aliados ante el dilema de responder militarmente, a riesgo de provocar una escalada bélica de proporciones catastróficas.

Fuentes aliadas reconocen que respiraban con cierta tranquilidad ante el hecho de que la ofensiva rusa se concentrase en la parte oriental de Ucrania en los primeros compases de la guerra. Esas posiciones, alejadas de las fronteras de la UE y de la OTAN, evitaban un choque fortuito entre fuerzas aliadas y rusas o un ataque inesperado a alguno de los aliados occidentales. Pero el desplazamiento de la violencia al oeste del río Dniéper aumenta el riesgo de escalada, según reconocen fuentes aliadas.

“Cuanto más cerca de la frontera occidental, mayor riesgo de que un simple error de cálculo provoque un incidente”, apuntan esas fuentes. También indican que, a medida que se prolonga la guerra, Rusia se ve forzada a utilizar armamento menos preciso porque el de máxima tecnología es mucho más caro. “El riesgo de un error de cálculo es así mayor”, añaden.

Estados Unidos ha enfatizado este domingo que la Alianza Atlántica responderá “con toda su fuerza” si la ofensiva alcanza territorio aliado. La advertencia la ha lanzado el asesor de seguridad nacional estadounidense, Jake Sullivan, que ha explicado que cualquier ataque activaría el artículo 5 de la OTAN, según el cual una agresión a un aliado se considera una agresión a todos. “Si hay un ataque militar en el territorio de la OTAN, provocaría la invocación de este artículo, y utilizaríamos toda la fuerza de la alianza para responder”, ha señalado en una entrevista a la cadena CBS.

El viernes ya se produjo “un incidente”, como lo ha definido la OTAN, todavía no aclarado, con la caída de un dron de fabricación rusa en plena capital de Croacia. El aparato, de seis toneladas y habitual en las fuerzas armadas ucranias, impactó en un parque público de Zagreb. El dron atravesó el espacio aéreo de tres países de la OTAN (Rumania, Hungría y Croacia) sin que fuera detectado ni interceptado.

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La aparente negligencia ha disparado las alarmas entre los países vecinos y el Gobierno croata, indignado, ha exigido explicaciones a la OTAN por la falta de información. Stoltenberg habló el sábado por teléfono con el primer ministro croata, Andrej Plencovik, y se acordó investigar el incidente para aclarar lo sucedido.

El presidente de EE UU, Joe Biden, advirtió el mismo viernes que un ataque ruso contra algún aliado de la OTAN supondría el inicio de la III Guerra Mundial. Y el secretario general de la organización militar, Jens Stoltenberg, subrayaba ese día que la Alianza ya ha doblado su presencia en los aliados del este, con miles de tropas y cientos de aviones y buques de guerra desplegados en el flanco oriental.

Las advertencias aliadas pretenden disuadir al presidente ruso, Vladímir Putin, de cualquier tentación de comprobar la reacción occidental con alguna incursión en Polonia, Letonia o Rumania. Pero el riesgo de un contacto entre las fuerzas aliadas y el Ejército de Moscú ha aumentado tras los ataques rusos del viernes contra la base aérea ucrania de Lutsk, a 80 kilómetros de la frontera polaca, y el de este domingo contra una base militar en la región de Lviv, a solo 25 kilómetros de la misma frontera.

El riesgo de un peligroso roce se eleva, además, por la amenaza rusa de atacar cualquier convoy europeo que suministre armamento a las fuerzas ucranias. Los bombardeos junto a la frontera polaca, así como el de un aeropuerto (Ivano-Frankivsk) a 150 kilómetros aliados, parecen destinados, precisamente, a frenar la llegada de ayuda militar y humanitaria procedente de los aliados europeos.

Polonia y Rumania son los dos miembros de la OTAN con más territorio fronterizo con Ucrania, más de 500 kilómetros. Rusia es consciente de que las armas y los suministros occidentales entrarán con toda probabilidad en Ucrania por esos dos países. De los otros dos aliados limítrofes con Ucrania, Hungría ha prohibido el paso de armamento y la frontera con Eslovaquia no llega a 100 kilómetros y puede ser vigilada con más facilidad por Moscú.

La OTAN ha negado una y otra vez cualquier intención intervenir en el conflicto y ha descartado la presencia sobre el terreno de tropas o fuerzas occidentales. La Alianza también ha rechazado la petición de establecer una zona de exclusión aérea como reclama el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, para librarse de los ataques con misiles rusos.

La OTAN considera que esa zona de exclusión requeriría la destrucción de las fuerzas antiaéreas de Putin, tanto en Ucrania como en Rusia, y el derribo de los aviones rusos que no respetasen la exclusión. Ese choque supondría, según la OTAN, una guerra total en Europa con la participación de cuatro potencias nucleares como son Rusia, EE UU, Reino Unido y Francia. La OTAN también hizo caso omiso de la decisión de Putin de poner en alerta sus sistemas de armamento nuclear, una bravuconada ignorada en Bruselas para no alentar la escalada.

“Tenemos la responsabilidad de asegurar que este conflicto no tiene una escalada más allá de Ucrania”, señalaba Stoltenberg el viernes en un mensaje dirigido a Polonia para celebrar el 23º aniversario del ingreso de ese país en la Alianza. El secretario general avisaba de que esa escalada sería “aun más peligrosa, destructiva y mortal” que la actual guerra de Putin contra Ucrania.

La OTAN reconoce, no obstante, que la violencia de Putin apunta más allá de Ucrania, como demuestran sus amenazas a Suecia y Finlandia si optan por ingresar en la Alianza. “Se trata de negar a cualquier nación en Europa el derecho a elegir su propio camino y convertirse en miembro de la OTAN”, ha señalado el secretario general de la organización.

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Rusia ha intensificado este sábado los ataques en Ucrania, con el foco puesto en su infraestructura estratégica y las ciudades. Al tiempo, estrecha el cerco en torno a la capital, Kiev. Cuando la guerra de Vladímir Putin ha superado ya las dos semanas, las tropas rusas han lanzado varios ataques contra aeródromos de distintos puntos del país y almacenes de suministros para tratar de dificultar la logística ucrania y el transporte. El Ejército ruso ha hecho algunos avances en el flanco este y trata de avanzar en el sur, donde busca arrebatar el control de la salida al mar a Ucrania.

Los bombardeos sobre Mikolaiv, una importante ciudad portuaria del mar Negro, bajo ataque desde hace días, han causado este sábado daños en un hospital oncológico y en varios edificios residenciales de la localidad, que Rusia trata de ocupar para lanzar y afianzar el asalto a Odesa, la perla del mar Negro. Es en este flanco sur donde el Kremlin ha hecho los avances más significativos.

Un día después de que el Kremlin bombardease varios puntos del oeste del país, con ataques cada vez cercanos a las fronteras de Rumania y Polonia, Moscú ha elevado su amenaza contra los aliados que suministran armas a Kiev. Cualquiera de esos convoyes serán “objetivos legítimos”, ha dicho el viceministro de Exteriores, Serguéi Riabkov, que acusó a Washington de calentar el conflicto. “La transferencia irreflexiva de armas como sistemas portátiles de misiles antiaéreos y antitanques” a Ucrania podría tener graves consecuencias, ha recalcado Riabkov en una entrevista con un canal estatal ruso.

El número de bajas civiles aumenta en Ucrania, donde varias ciudades, como la portuaria Mariupol, en el mar de Azov, están en una situación crítica por el asedio ruso; también crece el éxodo de quienes huyen de la guerra, que según la ONU roza ya los 2,6 millones. El presidente ucranio, Volodímir Zelenski, ha acusado al Kremlin de aterrorizar a la ciudadanía para doblegar su voluntad y emprender “una guerra de aniquilación”.

El líder ucranio ha asegurado este sábado que su Ejército ha infligido “pérdidas significativas” a las fuerzas rusas. En un nuevo videomensaje, Zelenski exigió a Moscú respetar el alto el fuego acordado para permitir las evacuaciones de la asediada Mariupol, y también la liberación del alcalde de la localidad sureña de Melitopol, Ivan Fedorov, quien supuestamente fue secuestrado por las fuerzas rusas que se hicieron con el control de la ciudad. El presidente ucranio aseguró que estaba al habla con el presidente francés, Emmanuel Macron, y el canciller alemán, Olaf Scholz, sobre el secuestro. “Hablaré con todas las personas necesarias para liberar a nuestra gente. Esperamos que los líderes mundiales nos muestren cómo pueden influir en la situación”, ha dicho.

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Se espera que Macron y Scholz hablen este sábado de nuevo con Putin, que también conversó el viernes con el presidente de Finlandia, Sauli Niinistö, que le pidió un alto el fuego para Ucrania. La vía del diálogo, sin embargo, ha fracasado y el Kremlin —que denomina la invasión “operación militar especial” y que ha prohibido utilizar la palabra “guerra” en Rusia para referirse a la ofensiva contra Ucrania— mantiene que todo va conforme a su plan de “desnazificar” y “desmilitarizar” el país de 44 millones de habitantes. Según sus palabras, Putin lanzó la ofensiva para “proteger” a la población rusoparlante y a la ciudadanía del Donbás, que aseguró que estaba sufriendo un “genocidio”.

Pese a la retórica del Kremlin, lo cierto es que en las zonas ocupadas no se ha recibido a los ocupantes con la alfombra roja de los supuestos liberadores. Este sábado, pese al temor a las fuerzas rusas, decenas de personas han salido a las calles en la ocupada Melitopol para protestar contra el secuestro del alcalde, según varios vídeos. La ciudad —muy cerca de Crimea, que Rusia se anexionó ilegalmente en 2014 y que el Kremlin ha utilizado como lanzadera en su invasión y la ofensiva al sur— fue de las primeras en caer. La protestas y la ira contra los ocupantes rusos se han repetido en otras ciudades controladas ahora por Rusia, como las costeras Jersón o Berdiansk, donde Moscú, además de ofrecer pasaportes rusos a la población, ya ha hecho varias detenciones y empiezan las represalias, según varias fuentes.

En Mikolaiv, las tropas ucranias resisten la ofensiva desde hace casi dos semanas. Este sábado, las fuerzas del Kremlin han endurecido la ofensiva con ataques a zonas residenciales del norte de la ciudad, de 475.000 habitantes, según las autoridades locales. La estratégica localidad es la pieza que le falta a Putin para avanzar a lo largo de la costa ucrania del mar Negro y lanzar una ofensiva contra Odesa, con una población de un millón de habitantes y con el puerto más importante del país. En esta ciudad han sonado en la mañana del sábado de nuevo las sirenas de aviso de ataque aéreo.

Posible corredor humanitario a Mariupol

Tras la condena internacional por el bombardeo de un hospital materno-infantil en Mariupol, las autoridades ucranias han vuelto a intentar este sábado enviar un convoy de medicamentos y bienes de primera necesidad. La ciudad —clave para las aspiraciones rusas de controlar las costas y de trazar un puente terrestre desde la península de Crimea y la zona del Donbás que controla a través de los separatistas prorrusos— lleva diez días sin suministros básicos, según las pocas organizaciones sanitarias sobre el terreno.

“Hemos visto personas que han muerto por falta de medicamentos y hay muchos casos así dentro de Mariupol”, explica Olexander, un trabajador de Médicos sin Fronteras, en un audio que ha escuchado EL PAÍS. “Hay muchas personas muertas y heridas, tiradas por el suelo. Los vecinos cavan el agujero en el suelo y ponen sus cuerpos dentro”, dice el sanitario, que explica que no hay agua potable ni medicamentos desde hace casi 10 días en la ciudad. La población carece de alimentos adecuados. Tienen que usar madera para preparar el fuego y para cocinar la escasa comida de la que dispone. Además, no hay ninguna higiene disponible, así que solo tenemos un poco de agua para lavarnos las manos”, apunta Olexander.

Al menos 1.582 civiles han muerto en Mariupol por el asedio, según el consejo de la ciudad, una cifra que no puede verificarse por el cerco al que la localidad portuaria está sometida.

La viceprimera ministra ucrania, Irina Vereshchuk, ha afirmado este sábado que algunos corredores humanitarios para evacuar civiles ya están funcionando, y que hay planes de agilizar las salidas de la población que lo desee de pueblos y alrededores de Kiev y Sumi y otras zonas cercanas a los combates más calientes. “Espero que el día transcurra bien, que todas las rutas previstas estén abiertas y que Rusia cumpla con sus obligaciones para garantizar el régimen de alto el fuego”, ha dicho Vereshchuk.

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