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Los esfuerzos diplomáticos para evitar un nuevo conflicto en Ucrania se multiplican. Disuadir a Rusia de una invasión se ha convertido en el principal objetivo de las potencias occidentales, que tratan de reducir la tensión con continuos viajes a los dos países enfrentados, llamadas entre altos cargos y la convocatoria de distintos formatos de conversaciones entre las partes afectadas.

“El riesgo de un conflicto es real”, subrayó este martes en Berlín el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. Tras reunirse con el canciller alemán, Olaf Scholz, el jefe de la Alianza lanzó varios mensajes a Moscú, todos en la línea de pedirle que reconsidere su postura y de recordarle las consecuencias que tendría un nuevo ataque contra Ucrania. Stoltenberg anunció que ha vuelto a convocar a los miembros del consejo OTAN-Rusia (NRC, en sus siglas en inglés) a nuevas conversaciones. “La tensión es muy alta y por eso el diálogo es especialmente importante. Debemos hacer todo lo posible por alcanzar una solución política”, añadió.

Stoltenberg y Scholz en una conferencia de prensa conjunta, este martes en Berlín.
Stoltenberg y Scholz en una conferencia de prensa conjunta, este martes en Berlín.HANNIBAL HANSCHKE (REUTERS)

Dentro de la ofensiva diplomática, el secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, comenzó este martes un viaje con escala en Kiev, Berlín y Ginebra. En la ciudad suiza tiene previsto reunirse el viernes con su homólogo ruso, el ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov. El mensaje que le transmitirá, según avanzan fuentes del Gobierno norteamericano, no dista mucho de lo que Washington ha advertido desde hace semanas: que es necesario asegurar “una respuesta diplomática”. Lo que ha cambiado es el contexto: el temor a que Rusia invada Ucrania es cada vez mayor.

Gira de Blinken en Kiev, Berlín y Ginebra

“Estamos en un momento en el que Rusia podría lanzar un ataque sobre Ucrania en cualquier momento”, señalan fuentes de la Administración estadounidense. “Estados Unidos no quiere conflicto, quiere paz”, añaden, si bien insisten en que la pelota está en el tejado del Kremlin. “Hemos sido muy claros, un progreso significativo en la vía diplomática solo puede ocurrir en un entorno de desescalada, pero hemos visto lo contrario por parte de Rusia”, concluyen las fuentes consultadas.

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La desescalada, para Estados Unidos y los aliados, consiste en que Putin rebaje la presión militar en la frontera con Ucrania, donde se calcula que ha situado alrededor de 100.000 soldados. Pero no solo ha ocurrido eso. EE UU acusa al Kremlin de operaciones de ciberataque y un complot para fingir una agresión en sus tropas que les sirva de pretexto para intervenir en la antigua república soviética.

Blinken habló con Lavrov el martes, conversación en la que el estadounidense recalcó el compromiso “inquebrantable” de Estados Unidos con la soberanía de Ucrania. El encuentro que ambas delegaciones mantuvieron la semana pasada en Ginebra también arrojó escasos resultados. En Kiev, Blinken se verá el miércoles con el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, y con su ministro de Asuntos Exteriores, Dmytro Kuleba. Al día siguiente se citará en Berlín con su homóloga alemana, Annalena Baerbock, para coordinar cualquier respuesta “si Rusia decide elevar la tensión”. El ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, recalcó este martes en Washington “el compromiso español y de los aliados” con la soberanía y la integridad de Ucrania “incluida Crimea”, península que Rusia invadió en 2014.

“Momento definitorio”

La reunión de los miembros de la OTAN con representantes del Gobierno ruso en Bruselas acabó la semana pasada con las posturas muy enfrentadas. La Alianza considera que las demandas de Putin son inasumibles. Entonces, como este martes en Berlín, Stoltenberg recordó lo que se juega Europa ante la exigencia rusa de impedir que nuevos Estados pasen a formar parte de la OTAN: “Estamos en un momento definitorio para la seguridad europea”.

Las nuevas charlas que plantea Stoltenberg permitirán “abordar las preocupaciones [de los países de la OTAN], pero también escuchar las de Rusia y tratar de buscar una salida a la crisis”, señaló en una breve rueda de prensa con Scholz. La Alianza tiende la mano al Kremlin para negociar una salida, pero la postura occidental sigue estando muy clara: “Cualquier nueva escalada en Ucrania tendrá un alto precio para Rusia”, advirtió el jefe de la OTAN. Stoltenberg defendió el derecho de la antigua república soviética a defenderse y recordó que los aliados de la OTAN están “unidos” y actuarán de forma concertada en caso de agresión. “Habrá costes muy elevados, tanto políticos como económicos”, subrayó el canciller.

Bautismo de la ministra alemana

Alemania no ha escatimado esfuerzos para mediar en la crisis. Al mismo tiempo que Scholz recibía a Stoltenberg en Berlín, la ministra de Exteriores, Annalena Baerbock se reunía en Moscú con su homólogo ruso en un encuentro que la prensa alemana ha calificado de auténtico bautismo diplomático para la política verde. El veterano Lavrov, que el año pasado mantuvo una tensísima rueda de prensa en Moscú con el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, tras la que Rusia expulsó además a varios diplomáticos occidentales, mantuvo un tono tranquilo y no demasiado ácido con Baerbock.

La ministra de Exteriores de Alemania, Annalena Baerbock, y su homólogo ruso, Sergei Lavrov, este martes en Moscú.
La ministra de Exteriores de Alemania, Annalena Baerbock, y su homólogo ruso, Sergei Lavrov, este martes en Moscú.RUSSIAN FOREIGN AFFAIRS MINISTRY (EFE)

Baerbock plantea una línea más dura respecto a Rusia que la defendida por los socialdemócratas con los que gobierna. El polémico gasoducto Nord Stream 2 es buen ejemplo de ello. La ministra fue mucho más contundente que Scholz a la hora de recordar a Rusia que su puesta en funcionamiento estará supeditada al respeto a las fronteras de Ucrania. El mes pasado, el canciller aún se refería a esta infraestructura —que transportará gas ruso directamente a Alemania bajo el Mar Báltico y sin pasar por Ucrania y cuya certificación está paralizada por no cumplir los trámites regulatorios europeos— como “un proyecto económico privado”, minimizando su importancia geopolítica.

Stoltenberg también se refirió al gasoducto y a la política energética europea este martes en Berlín. “No hay una posición común entre los miembros de la OTAN”, aseguró, pero a la vez animó a Europa “a diversificar sus fuentes de energía”, en clara referencia a la dependencia del gas ruso. Las razones para hacerlo son de índole climática, pero también “de seguridad”. La líder de Los Verdes alemanes advirtió también a Lavrov de que si Rusia utiliza la energía como arma habrá “consecuencias” que pueden incluir el controvertido gasoducto Nord Stream 2.

Scholz reafirmó este martes la negativa alemana a suministrar armas a Ucrania. El canciller recordó que Alemania “hace años” tomó la decisión de no exportar armas a zonas en conflicto y que tampoco su antecesora, Angela Merkel, consideró cambiar esa norma. Stoltenberg recordó que otros miembros de la OTAN tienen distintos puntos de vista sobre la cuestión, pero evitó pronunciarse. Ambos políticos reiteraron que Ucrania cuenta con su apoyo. Político en el caso de Alemania y de defensa en el de la OTAN. “Les apoyamos con el entrenamiento y la mejora de las capacidades de su marina”, dijo Stoltenberg.

La ministra de Exteriores alemana advirtió a Lavrov en Moscú de que el tiempo de las conversaciones diplomáticas se está agotando y que tanto Alemania como la Unión Europea se verán obligadas a tomar medidas contra Rusia ante cualquier amenaza a las normas de la UE, incluidas las de derechos humanos. Aunque eso tenga un coste económico, dijo Baerbock tras una reunión observada atentamente para analizar la futura relación del nuevo Gobierno alemán y el Kremlin tras la era Merkel.

“En las últimas semanas, más de 100.000 soldados rusos con tanques y armas se han reunido cerca de Ucrania sin una razón comprensible, y es difícil no entender eso como una amenaza”, dijo Baerbock con gesto serio junto a Lavrov en una rueda de prensa en la que también mencionó al opositor encarcelado Alexéi Navalni y los ataques a la sociedad civil rusa con la liquidación de la organización Memorial.

“No podemos aceptar demandas sobre nuestras fuerzas armadas en nuestro propio territorio”, subrayó Lavrov, que apuntó a que las maniobras y entrenamientos militares son algo común en todos los países. “No estamos amenazando a nadie, pero sí estamos escuchando amenazas hacia nosotros”, concluyó.

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Xu Zheng, un crítico del Gobierno de China, llamó a sus padres el año pasado desde los Países Bajos, donde residía. La videoconferencia apenas duró 14 segundos. Su madre aparecía pálida y nerviosa, agitando la cabeza como si quisiera advertirle. Su padre empezó a gritarle: “¡Maldito traidor, has traicionado a tu patria! ¡O vuelves a entregarte o márchate al infierno!” Tras el abrupto fin de la comunicación, su madre le mandó un mensaje de texto: la Policía china había estado escuchando la conversación.

Intimidación sobre los familiares que se han quedado en China. Presiones de agentes llegados expresamente desde ese país. En el peor de los casos, secuestro. Son los tres métodos principales con los que Pekín ha capturado y repatriado desde el comienzo de la pandemia a unos 2.500 “fugitivos”, bien disidentes o bien sospechosos de corrupción u otros delitos, según denuncia la organización de derechos humanos Safeguard Defenders en su informe INvoluntary Returns (Regresos INvoluntarios), publicado este martes. La cifra de los retornados forzosos se eleva a cerca de 10.000 desde 2014, cuando el Gobierno del presidente Xi Jinping lanzó las operaciones “Caza del Zorro” y “Red Celeste” para capturar a funcionarios corruptos en el extranjero. Pekín asegura que los retornos siempre se producen por voluntad propia.

Casos como el de Wang Jingyu, un joven de 20 años residente permanente en Estados Unidos que en febrero del año pasado colgó en su cuenta de Weibo, el Twitter chino, un comentario en el que ponía en duda el número de víctimas en un enfrentamiento fronterizo entre China e India. De inmediato, la Policía de Chongqing, su ciudad de residencia en el centro de China, declaró que el muchacho había “calumniado a mártires y causado impactos negativos” en la sociedad. Esa misma noche, la Policía fue a su casa, se incautó de los ordenadores familiares y se llevó a los padres de Wang a comisaría.

“Los retuvieron durante horas y solo les dejaron marcharse a medianoche. Al día siguiente los volvieron a detener. Y así durante días. Les decían que me llamaran para pedirme que volviera y me entregara. Pero ellos nunca lo hicieron”, explicó el joven a la ONG. Dos días más tarde de haber publicado el texto en Weibo, un agente le envió un mensaje de texto en el que le amenazaba con un “mal final” para sus padres si Wang no regresaba a China. Él perdió el contacto con sus padres: sus números de teléfono habían quedado desconectados. Pero los mensajes de amenaza continuaron durante meses.

En abril de 2021, cuando se encontraba en tránsito en Dubái para volar a Estados Unidos, fue retenido y amenazado con la deportación a China. Solo logró evitarlo porque los medios internacionales se hicieron eco de su caso. Hoy día vive en Europa, donde continúa el acoso. Otros miembros de la familia también han sufrido presiones tras su breve detención en Emiratos, asegura. Agentes de policía “fueron a la escuela donde estudia mi primo pequeño, le dijeron que soy un traidor y que usara el teléfono de su madre, mi tía, para decirme que volviera a China”.

El informe de Safeguard Defenders, que examina los casos de 62 individuos localizados en 18 países y de los que 36 acabaron de regreso en China, encuentra que los “retornos involuntarios” de los fugitivos han ido en aumento desde 2012, con la llegada de Xi al poder y el lanzamiento de una amplia operación contra la corrupción, utilizada en ocasiones como herramienta contra adversarios políticos.

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El lanzamiento de las operaciones Caza del Zorro y Red Celestial ha coincidido con un aumento del 700% en las solicitudes de asilo de ciudadanos chinos en el extranjero entre 2014 y 2021. Más de 175.000 han recibido el estatus de refugiados. Esa cifra no incluye los cerca de 88.000 hongkoneses que han solicitado residencia en el Reino Unido en 2021 dentro de un nuevo programa de acogida lanzado después de las protestas contra Pekín que sacudieron el territorio autónomo durante 2019.

La mayor parte de los casos de retornos involuntarios, o de presiones para el retorno, se han localizado en Estados Unidos, el Reino Unido y Australia, donde se concentran las mayores poblaciones de ciudadanos chinos expatriados. Pero pueden darse en cualquier parte del mundo.

Además de las presiones a los familiares en China o a los propios sospechosos en el exterior, otros métodos para forzar el regreso incluyen el rechazo a renovar el pasaporte del “fugitivo”, y el uso del sistema de alertas rojas de interpol para que se emitan órdenes internacionales de detención, como parece que fue el caso del joven Wang.

En el caso más extremo se encuentran lo que Pekín llama “métodos irregulares”, pero la ONG califica de secuestros con la autorización del Estado. Han ocurrido, sobre todo, en Asia o en otros países autoritarios. Pueden implicar el engaño a la persona buscada para que se traslade a un tercer país donde sí exista acuerdo de extradición, o bien operaciones de detención conjuntas con las fuerzas del país de residencia del sospechoso. El informe cita, entre otros casos, el del librero y editor Gui Minhai, desaparecido en Tailandia en 2015 y que reapareció detenido en China, sin que exista constancia de cómo cruzó la frontera.

El mensaje que envía China con estas acciones a sus personas buscadas, considera Safeguard Defenders, es que “no hay ningún lugar seguro: escapar al extranjero no te salvará, no hay escapatoria”. “No sorprende que un partido como el Partido Comunista de China, que siempre ha visto la oposición como una amenaza existencial, invierta recursos considerables en expandir su alcance en el exterior, donde se encuentra con una diáspora china cada vez mayor y a menudo crítica”, opina.

Pekín niega, por su parte, que perpetre secuestros en el exterior y asegura que respeta las leyes internacionales y las nacionales de cada país. “En el desarrollo de sus operaciones internacionales contra la corrupción, China siempre ha respetado escrupulosamente las leyes internas de los países implicados, las leyes internacionales y la práctica judicial y policial internacional”, subrayaba la Comisión Central para la Inspección de la Disciplina (CCID, el brazo policial del Partido Comunista) en noviembre de 2020.

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