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Los contactos en persona entre los equipos negociadores de Ucrania y Rusia se reanudarán esta semana tras varias rondas llevadas a cabo de forma telemática. También cambiará el escenario de las conversaciones: si anteriormente se habían llevado a cabo en Brest, en Bielorrusia, país aliado del Kremlin, ahora lo harán en Estambul, Turquía, cuyo Gobierno está haciendo amplias gestiones diplomáticas para mediar entre ambos países ―Ankara ya dio cita en la ciudad de Antalya, el 10 de marzo, a los ministros de Exteriores de los dos países en el marco de un foro internacional―. El objetivo primordial de esta ronda, según explicó el portavoz presidencial turco, Ibrahim Kalin, a la cadena CNN-Türk, es lograr un “alto el fuego inmediato” y el establecimiento de “corredores humanitarios” en las ciudades ucranias sitiadas por fuerzas rusas.

Un miembro del equipo ucranio, David Arajamia, confirmó este lunes a la agencia UNIAN que las negociaciones se iniciarían este martes. Arajamia informó luego a otra agencia de noticias, Interfax Ucrania, de que las delegaciones estaban ya de camino a Turquía, pero que “debido a dificultades técnicas” llegarán probablemente “muy tarde”.

La parte ucrania ha dicho que el ambiente de estas negociaciones entre equipos técnicos está siendo “difícil”, y Vadim Denisenko, asesor del ministro de Interior ucranio citado por Reuters, ha admitido este lunes que no espera grandes avances de esta nueva ronda en Estambul. Sin embargo, los mediadores turcos han certificado ciertos progresos. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, aseguró el viernes que Moscú y Kiev estarían muy cerca del acuerdo en cuatro apartados de las negociaciones, esto es, la renuncia ucrania a la OTAN y su neutralidad; un cierto desarme ucranio sin llegar a la completa desmilitarización; un tratado de garantías para Ucrania, y el reconocimiento y protección oficial del idioma ruso en territorio ucranio.

Crimenna y Donbás alejan el acuerdo

Los puntos más alejados en la negociación serían el estatus de Crimea, que Moscú exige ver reconocida como parte de su territorio, y de Donbás, que el Kremlin pretende alcance la independencia de Ucrania o sea anexionado a Rusia. Con todo, el jefe de la diplomacia ucrania rebajó las expectativas y dijo que, en los puntos mencionados por Erdogan, “no se ha logrado el consenso” con Rusia.

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“Garantías de seguridad y neutralidad, estatus no nuclear para nuestro país. Estamos listo para ello”, dijo el presidente ucranio, Volodímir Zelenksi, en una entrevista con varios medios independientes rusos como Meduza o Kommersant emitida este domingo. También aseguró que está dispuesto a un “compromiso” sobre Donbás, la región parcialmente controlada por rebeldes prorrusos desde 2014 y que ahora Moscú ha convertido en objetivo principal de la invasión. “Entiendo que es imposible forzar a Rusia a liberar el territorio completamente, eso llevaría a la Tercera Guerra Mundial. Por eso digo: es un compromiso. Regresen a [las posiciones] en las que comenzó y nosotros trataremos de resolver el tema de Donbás, el difícil tema de Donbás”, afirmó el líder ucranio: “Quiero terminar esta guerra. No quiero tener cientos de miles de muertos. Así que no me planteo atacar por la fuerza ni en Donbás ni Crimea. Porque entiendo que muchos miles de los nuestros morirían”.

El cambio de sede de las negociaciones por Turquía, algo que había buscado la parte ucrania dada la implicación cada vez mayor de Bielorrusia en la campaña bélica rusa, se decidió durante el fin de semana tras varias gestiones turcas. El viernes, Erdogan telefoneó a Zelenski, y posteriormente certificó que se habían producido “avances” en las posiciones negociadores. El domingo, habló por teléfono con el líder ruso, Vladímir Putin, al que convenció de trasladar las negociaciones a Estambul. La reunión celebrada el pasado 10 de marzo entre los ministros de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, y ucranio, Dmitro Kuleba, en la ciudad turca de Antalya y bajo la mediación de su par turco, no dio resultados visibles, pero Ankara ha continuado sus esfuerzos de mediación e insiste en juntar a los presidentes de ambos países.

Turquía, pese a ser uno de los miembros más antiguos de la OTAN, es el único país de la Alianza que no ha secundado las sanciones contra Rusia. “No podemos romper los puentes con Moscú, de otra forma, ¿quién hablará con ellos? Nosotros hemos decidido mantener abiertos los canales”, dijo el lunes el portavoz presidencial turco, a la vez que explicó que su país está en permanente contacto con sus socios atlánticos para informarles del avance de la mediación entre Ucrania y Rusia.

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Hay políticos con carreras largas y variadas, pero que siempre quedarán definidos por un momento. Es el caso de Dominique de Villepin. El 14 de febrero de 2003, cuando era ministro de Exteriores de Francia con el presidente Jacques Chirac, pronunció un encendido discurso contra la inminente invasión estadounidense de Irak en el Consejo de Seguridad de la ONU. El discurso quedó en los anales de la oratoria y la diplomacia francesa.

Han pasado casi 20 años; Villepin (Rabat, 68 años) fue más tarde primer ministro, y después abandonó la política. Ahora, cuando entra en un café cerca de la Asamblea Nacional, en París, todavía mantiene el perfil de poeta aristócrata del siglo XIX. Y no ha abandonado las convicciones de entonces: el recelo ante un mundo de bloques entre democracias y regímenes autoritarios, la fe en la diplomacia para superar estas barreras, un fondo de desconfianza hacia Estados Unidos, y el rechazo a la idea de que Occidente puede impulsar cambios de régimen en el resto del mundo. También, claro, a la idea de que la invasión rusa de Ucrania y la guerra, que empezaron hace casi un mes, solo puedan terminar con la caída del presidente ruso, Vladímir Putin.

“No cometamos el error de hacer de la marcha de Vladímir Putin una condición previa a la negociación. Desde hace 20 años, hemos visto que la lógica del cambio de régimen no ha dado los resultados esperados”, dice Villepin en una entrevista concedida este lunes a EL PAÍS y los diarios de la alianza de medios europeos LENA. Y cita, para ilustrar el argumento, las fallidas guerras occidentales en Irak, Afganistán y Libia. “Ya en el siglo XIII”, continúa, “santo Tomás de Aquino decía que se podía cambiar al tirano de Siracusa, pero que el riesgo era que lo que viniese después fuese peor. Porque no es solo Putin. Hay un sistema, un pensamiento, un software, una cultura. Aquí radica todo el problema”.

No es que ahora Villepin muestre complacencia con Putin, aunque fue de los –muchos– que, antes de la invasión, la consideraba muy improbable porque, sostenía entonces, no respondía a los intereses rusos. Villepin cree que la Unión Europea, EE UU y la OTAN deben desplegar todos los esfuerzos posibles siempre que no franqueen “la línea roja” autoimpuesta de la “cobeligerancia”, es decir, de una entrada directa en guerra.

El objetivo, según el ex primer ministro, debe ser evitar una guerra larga. “Conocemos todas las consecuencias trágicas que esta tendría”, explica. Y enumera: “Un número creciente de víctimas, una amenaza de extensión territorial del conflicto o de intensificación de los ataques, un riesgo en el terreno químico, bacteriológico o nuclear”. Para evitar este escenario, aboga por sanciones más fuertes que fuercen a Putin a negociar.

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“Las reuniones de la OTAN, del G-7 y de la Unión Europea esta semana serán determinantes: son ocasiones para enviar mensajes claros a Vladímir Putin y mostrarle que no puede ganar militarmente ni dividir a europeos y americanos”, exhorta Villepin. El embargo energético a Rusia “podría obligar al Kremlin a reflexionar más rápidamente sobre una salida de la guerra”, argumenta. Y añade: “[Putin] puede sentir la tentación de redoblar la apuesta por miedo a que un fracaso signifique su caída. En la historia rusa, las derrotas militares siempre han conducido a consecuencias políticas mayores: después de la guerra de Crimea en el siglo XIX, después de la guerra ruso-japonesa, durante la Primera Guerra Mundial y después de la guerra de Afganistán en 1989. Hay que hacerle entender que redoblar la apuesta es una vía sin salida. E incluso desde su prisma belicista hay espacio para un mínimo de realismo. Esto podría conducirle a aprovechar las oportunidades salvando la cara y sin dar al pueblo ruso la sensación de haber perdido la guerra. Hay que presionar mucho para ayudar a esta evolución, a la vez con sanciones máximas y con una mano tendida para la negociación. Solo un acuerdo negociado restaurará los derechos de Ucrania y preservará la seguridad regional”.

Villepin, como tantos gobernantes y diplomáticos franceses, se reclama de la visión del general Charles de Gaulle: una Francia como potencia de equilibrio entre bloques antagónicos. De Gaulle no siempre fue gaullista en este sentido: en las crisis de los misiles y Berlín, durante la Guerra Fría, se alineó sin dudar con Occidente y contra la URSS. Pero esta visión la han reivindicado casi todos los sucesores de De Gaulle, hasta el actual, Emmanuel Macron.

Cuando Dominique de Villepin mira más allá de la guerra en Ucrania, y mira con el prisma gaullista, ve un riesgo: el enfrentamiento entre bloques antagónicos. “La clave en el periodo que se inicia es evitar el choque frontal e impedir que los términos del enfrentamiento se definan desfavorablemente para nosotros. No se trata de un conflicto entre Occidente y Oriente, y aún menos entre el Oeste y el resto, ni tampoco de un choque binario entre democracias y regímenes autoritarios, sino de dos concepciones del orden internacional: una fundada en el derecho y otra en la fuerza. Estoy convencido de que podemos unir a nosotros a muchas naciones en torno a un modelo de orden por medio del derecho”.

Para superar la lógica de los bloques ante la guerra de Ucrania, Villepin cree que los europeos, y Occidente, deben hablar con China, India, Israel o Argelia, países que, recuerda, mantienen buenas relaciones con Rusia. “No tenemos que hablar solo con nosotros mismos, convencer a nuestras opiniones públicas. ¡Hay que convencer al mundo!”, dice. “Era uno de los grandes objetivos de Francia con Jacques Chirac: evitar la confrontación, el choque entre mundos distintos, culturas o civilizaciones. Hay que deconstruir, ante estos países-pivote, el discurso de revancha de Vladímir Putin, porque algunos países del Sur podrían sentir la tentación de asumirlo como propio”.

Lo que está en juego, según el veterano político y diplomático, es lo que él llama “la reforma en profundidad del orden internacional”, y la amenaza de “un nuevo muro en el planeta”. Villepin regresa a su momento estelar, a 2003 y los prolegómenos de la ocupación de Irak por EE UU. “Entonces”, dice, “la diplomacia francesa se desplegó en todos los frentes para convencer de que el voto en el Consejo de Seguridad de la ONU no era solo a favor o en contra de Estados Unidos, sino que había otras cosas importantes, como la legitimidad de la ONU o la necesidad de evitar un frente entre Oriente y Occidente que ya se dibujaba. La crisis actual es el laboratorio del mundo en el que entramos”.

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A medida que la ofensiva de Vladímir Putin se intensifica y el jefe del Kremlin eleva sus amenazas, Ucrania se prepara para sentarse a conversar “sin condiciones previas” con una delegación enviada desde Moscú a un punto sin identificar en Bielorrusia, cerca del río Pripyat (en la región de Gomel), junto a la frontera con Ucrania. Las perspectivas de que las negociaciones lleguen a algún punto de resolución del conflicto, sin embargo, son bajas. El jefe de la delegación de negociación rusa, el exministro de Cultura Vladimir Medinski, ha asegurado que Moscú busca un acuerdo que beneficie a ambas partes. Se espera que la reunión empiece a las 12 horas local (las 10 en España). La delegación ucrania, que ya ha llegado al punto de encuentro, ha exigido un “alto el fuego inmediato” y la retirada de las tropas rusas de su territorio.

La delegación ucrania está encabezada por el ministro de Defensa, OleksiyReznikov, que ha acudido acompañado por el asesor del jefe de la oficina del Presidente, Myjailo Podoliak, entre otros altos representantes del Gobierno. ”Cada hora que el conflicto se prolonga, ciudadanos y soldados ucranianos mueren. Nos hemos propuesto llegar a un acuerdo, pero tiene ser en el interés de las dos partes”, ha lanzado Vladimir Medinski, un importante asesor del Kremlin.

Ayer, el presidente Putin ordenó poner en alerta sus fuerzas nucleares y tiene preparado un convoy de cientos de vehículos militares para lanzar otra ofensiva sobre Kiev, que hasta este lunes ha resistido el duro asedio. También sobre Járkov, la segunda ciudad del país, estratégica para hacer una pinza y tomar el Donbás.

Las fuerzas rusas han hecho un importante avance en el sur y controlan ya la ciudad portuaria de Berdiansk, según ha confirmado un portavoz del Ministerio el Interior. La toma de Berdiansk, de 100.000 habitantes, puede ser decisiva para que las fuerzas de Putin se hagan con el control de Mariúpol, la portuaria ciudad del Mar de Azov, que está sitiada. La maniobra permitiría a Rusia avanzar con la idea construir el deseado corredor desde la península ucrania de Crimea, anexionada por Moscú en 2014 con un referéndum ilegal, y el Donbás.

La invasión por tierra, mar y aire de las tropas enviadas por Putin ha causado ya más de 350 civiles muertos, según las autoridades ucranias. Los bombardeos se han incrementado durante la noche del domingo en Kiev, Zhytomyr (noroeste de la capital), Zaporiya (centro-sur del país), Chernihiv (en la frontera con Bielorrusia), según la oficina del Presidente ucranio. Además, Rusia trata de aislar a las fuerzas ucranias en el centro del país para tratar de evitar que avancen a la capital, proporcionen suministros a las tropas en el Este, en Járkov y en la línea de contacto con las regiones separatistas de Donetsk y Lugansk y también cortar el paso a los suministros enviados por Occidente a través de Polonia.

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El ejército ucranio, ayudado por brigadas formadas por civiles, ha logrado repeler la ofensiva rusa ahora, pero Putin no ha cargado con todo su potencial y las fuerzas ucranias empiezan a tener falta de suministros, municiones y van quedando aislados por franjas en distintos puntos del país. Además, el Estado mayor de las fuerzas armadas ucranias ha acusado a Moscú de atacar aeródromos civiles e infraestructuras críticas —como oleoductos o plantas de energía y suministro— en violación del derecho humanitario.

Pese a la ofensiva y al temor de que el jefe del Kremlin cargue con todo, Kiev ve como una pequeña victoria la celebración de conversaciones con Moscú sin condiciones. Hasta ayer, Putin se negó a hablar con una delegación ucrania sin que antes Kiev aceptara bajar las armas. “El enemigo esperaba un camino fácil, pero se encontró con un verdadero infierno”, aseguró ayer el primer ministro, Denys Shmygal. “[Putin] no entiende que está en guerra no solo con las fuerzas armadas de Ucrania, sino con todo el pueblo ucraniano”.

(Imagen publicada en la cuenta de Twitter del Ministerio de Asuntos exteriores de Bielorrusia en la que se ve la sala donde se celebrará la reunión entre la delegación ucrania y la rusa en una ciudad sin especificar en la región de Gomel, en Bielorrusia).

Zelenski, que, según los servicios de espionaje ucranios y de EEUU, es uno de los objetivos prioritarios del Kremlin, que busca descabezar el Gobierno, no asistirá personalmente a la mesa de diálogo este lunes. Ha enviado una delegación. “Realmente no creo en el resultado de esta reunión, pero haré lo que esté en mi mano. Que ningún ciudadano de Ucrania tenga ninguna duda de que yo, como presidente, no he tratado de detener la guerra”, ha dicho el líder ucranio.

Mientras tanto, Rusia ya nota los efectos de la condena internacional por la invasión. Las sanciones han derivado en el cierre del espacio aéreo de la Unión Europea a las aerolíneas rusas y a los aviones privados fletados por Rusia y que usan muchos de los oligarcas y personas de la órbita del Kremlin. Las duras penalizaciones han hundido además la moneda rusa, el rublo, se ha desplomado.

Los rusos observan con estupefacción cómo la guerra de Putin volatiliza sus ahorros. La moneda nacional, ya devaluada en los últimos años, se hundía en la preapertura de los mercados más de un 28%. Para hacerse una idea, antes de comenzar las sanciones con la anexión de Crimea de 2014 se cambiaba el euro a algo más de 40 rublos. Tras los castigos de estos años por la guerra de Ucrania, la injerencia externa o el envenenamiento de los Skripal, la moneda cotizaba a unos 85 rublos antes de comenzar la invasión la pasada semana, y este lunes por la mañana se hundía a 127 rublos por euro.

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Rusia ha dado este martes las primeras señales de distensión desde que la crisis en Ucrania alcanzó su punto álgido. En el plano político, el presidente Vladímir Putin dijo que las respuestas que le ofrecieron Estados Unidos y la OTAN a sus exigencias sobre la arquitectura de la seguridad en Europa —y que adelantó EL PAÍS en exclusiva— son un punto de partida aceptable para negociar. “Tienen una serie de consideraciones que hemos propuesto otros años y estamos listos para discutir”, afirmó el mandatario en la rueda de prensa posterior a su encuentro con el canciller alemán, Olaf Scholz. En el ámbito militar, el Kremlin ha anunciado la retirada de tropas de algunos de los puntos de la frontera con Ucrania. Pese a todo, la situación dista de haberse apaciguado. También en la misma jornada, el Parlamento ruso ha instado a Putin a que reconozca la independencia de Donetsk y Lugansk, las dos regiones separatistas prorrusas de Ucrania.

Las propuestas de EE UU y la OTAN incluyen negociar acuerdos de desarme y aportar medidas de confianza, aunque condicionan esos puntos a que se inicie una desescalada en la amenaza militar rusa sobre Ucrania. Sin embargo, Putin dejó claro que una de sus grandes preocupaciones es el futuro de Kiev y su relación con Rusia y la OTAN, alianza a la que la antigua república soviética quiere acceder aunque su membresía no está en la agenda. “Queremos resolver esa cuestión ahora”, ha dicho el mandatario, que ha exigido que la Alianza Atlántica garantice que nunca aceptará a Ucrania ni a ningún otro país miembro de la antigua Unión Soviética.

“Hoy vemos el equipamiento de la OTAN enfrente de nuestra casa. Hablan de que [la adhesión de Ucrania] no será mañana. ¿Cuándo? ¿Pasado mañana? ¿Qué cambia para nosotros en una perspectiva histórica?”, cuestionó Putin antes de responder a sus propias preguntas. “Para nosotros puede ser tarde”, aseveró el mandatario, que recalcó que con sus propuestas a Washington y a la Alianza Atlántica, que implican el repliegue a las posiciones de la OTAN de 1997, Rusia busca “garantizar la seguridad de todos”. Cuando son cada vez más sonoras las alertas de Occidente ante otra posible agresión rusa a Ucrania —en torno a la que ha colocado decenas de miles de soldados— y a la pregunta de si Rusia quiere una guerra, Putin ha respondido: “¡Claro que no!”.

Putin aseguró que Occidente interpreta a su favor el principio de indivisibilidad de la seguridad, que implica que un país no se refuerce a expensas de poner en riesgo a un tercero. “Vemos la disuasión de Rusia por la fuerza como una amenaza directa a nuestra seguridad nacional”, apuntó. Scholz compartió con el líder ruso la disposición europea para lograr un consenso sobre la seguridad común, pero recordó que es Rusia la que tiene más de 100.000 soldados alrededor de Ucrania “sin razón aparente” y advirtió de que “la soberanía, las fronteras y la integridad territorial de todos los Estados, incluido Ucrania, no son negociables”.

El primer viaje oficial a Moscú del líder alemán tuvo lugar la misma jornada en la que el Parlamento ruso (controlado por el Kremlin) instó a Putin a que reconozca la independencia de Donetsk y Lugansk, donde los separatistas prorrusos respaldados política y militarmente por el Kremlin luchan contra el Ejército de Kiev desde hace casi ocho años. La resolución no es vinculante (solo el presidente ruso puede reconocer ese estatus) pero esa vía parlamentaria ya empaña los acuerdos de paz de Minsk, impulsados por la entonces canciller alemana Angela Merkel. Tras acabar la reunión, Scholz consideró “una catástrofe política” esta decisión de la Duma (Cámara baja).

Imagen satelital del 19 de enero de 2021 del despliegue de cientos de tanques, lanzaderas y vehículos militares en la localidad rusa de Yelnya, a 260 kilómetros de Ucrania.

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Putin, que lleva meses afirmando que los rusohablantes son discriminados en Ucrania, volvió a insistir en que la ciudadanía de Donetsk y Lugansk, en el este de Ucrania, está sufriendo un “genocidio” para justificar el paso dado por la Duma. El presidente ruso instó a Francia y Alemania (mediadores en los pactos de Minsk firmados por Moscú, Kiev y representantes separatistas) a presionar a Ucrania para implementar los acuerdos de paz de 2015, que incluyen conceder un estatus especial a esas provincias, pero también la devolución del control de las fronteras al Gobierno ucranio y la retirada de todas las armas enviadas a la zona. Sin embargo, Kiev interpretó la petición parlamentaria rusa a Putin como una salida del pacto “de facto y de iure con todas las consecuencias correspondientes.” El canciller comparó la situación del Donbás con la guerra de los Balcanes, donde aseguró que se evitó un genocidio y se encontró “la dirección hacia la Unión Europea”. Su símil no gustó a Putin.

Scholz llegó a Rusia con más cuestiones pendientes. Por un lado, la apertura del controvertido gasoducto Nord Stream 2 —ya terminado, pero a la espera de que Bruselas autorice el funcionamiento del canal que llevará gas ruso directamente a Alemania— y la situación de otros gasoductos que cruzan Europa. Sobre esta cuestión, Putin aseguró que Moscú está preparado para bombear gas a través de Ucrania, pese a que el Nord Stream 2 evita ese territorio y también el de Polonia.

Gracias al excanciller Schröder

Una de las preguntas inevitables de la rueda de prensa aludió al reciente nombramiento del excanciller alemán Gerhard Schröder como miembro del consejo directivo de Gazprom. Putin recordó que no solo trabajó con Ucrania en la década de los 2000 para importar gas a través de aquel país, sino que también fue uno de los primeros impulsores del Nord Stream original. “El consumidor alemán obtiene el gas ruso cinco veces más barato. Que abra la billetera y que dé las gracias a Schröder por esto”, dijo Putin al defender la política rusa de firmar contratos de suministro a largo plazo, en vez de acudir al mercado y depender de su fluctuación.

Los dos mandatarios también abordaron la reciente prohibición de la actividad del canal alemán Deutsche Welle en Rusia tras el veto germano a RT (antes llamada Russia Today) en alemán por carecer de licencia. “No quiero dar detalles, pero hemos hablado de cómo resolver esto”, adelantó el presidente ruso.

El canciller alemán también mencionó la liquidación a finales del pasado año de la fundación Memorial, conservadora de la memoria histórica sobre los crímenes soviéticos. Frente a Putin, Scholz destacó la contribución de la ONG para esclarecer cuál fue el destino de muchos ciudadanos soviéticos deportados a Alemania. Y recriminó al Kremlin que “cada vez es más pequeño el margen para la sociedad civil” en Rusia.

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Las alertas de Estados Unidos y de la OTAN sobre el riesgo de un inminente ataque de Rusia contra Ucrania no han cerrado las vías para intentar poner un fin diplomático a la grave crisis de seguridad en Europa. La Unión Europea incluso se muestra dispuesta a negociar con Moscú los problemas de seguridad que, según el presidente ruso, Vladímir Putin, amenazan a Rusia por culpa de la expansión militar de los occidentales. La oferta de diálogo está recogida en la carta remitida el pasado jueves por el alto representante de Política Exterior de la UE, Josep Borrell, al ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov. La carta es previa a la videoconferencia celebrada este viernes, en la que EE UU y sus aliados han elevado el tono contra Moscú.

La misiva, a la que ha tenido acceso EL PAÍS, fue entregada en mano en Bruselas al embajador de Rusia ante la UE, Vladímir Chizhov, por un alto cargo del Servicio Europeo de Asuntos Exteriores (SEAE) de la UE, dirigido por Borrell. El texto, fechado el 9 de febrero, señala que la UE, junto a sus aliados de la OTAN, “está preparada para continuar el diálogo con Rusia sobre las vías para fortalecer la seguridad de todos”.

La carta, firmada por Borrell en nombre de los 27 Estados de la UE, ofrece incluir en el diálogo “el tema de la indivisibilidad de la seguridad” en Europa. Ese concepto de indivisibilidad es la pieza clave del orden europeo tras el final de la Guerra Fría y había garantizado hasta ahora la convivencia pacífica, no exenta de algún sobresalto y conato de conflicto, entre los países de la UE y la vecina Rusia.

La indivisibilidad, consagrada en varios tratados internacionales, supone el compromiso de los aliados occidentales de no preservar su seguridad con medidas que menoscaben la de Rusia. El compromiso es recíproco por parte de Moscú. Pero el Kremlin considera que la expansión de la OTAN, que engulló a partir de 1999 a gran parte del antiguo bloque soviético, ha violado ese principio de indivisibilidad. Y Moscú pide garantías de que Ucrania jamás pasará a formar parte de la Alianza porque Putin teme que esa adhesión dé la puntilla a la seguridad geoestratégica de Rusia en su flanco occidental.

Tanto EE UU como la OTAN han descartado dar por sentado que algún país tenga prohibida la entrada en la Alianza. Para Washington y Bruselas aceptar esa premisa equivaldría al retorno de un continente dividido en “esferas de influencia”, donde la soberanía de ciertos países europeos estaría tutelada por una potencia exterior.

Pero los occidentales están abiertos a negociar con Putin medidas sobre control de armas y despliegues militares que ofrezcan al Kremlin la tranquilidad que reclama. La carta de Borrell aboga por encauzar la negociación con Rusia a través de la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa). “Creemos que la OSCE es el foro apropiado para resolver las inquietudes de seguridad de todas las partes interesadas”, señala Borrell. Bruselas cree que el marco de negociación puede completarse con el diálogo a través del Consejo OTAN-Rusia, que se reunió el pasado enero después de casi ocho años paralizado por la anexión de Crimea por Moscú.

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Moscú, sin embargo, solo acepta como interlocutor a la Administración estadounidense de Joe Biden o a la Alianza Atlántica y se niega a reconocer el papel de la UE en la crisis de seguridad. Lavrov, de hecho, dirigió sus reclamaciones a cada uno de los 27 Gobiernos de la UE. La respuesta conjunta, coordinada y suscrita por Borrell, ha desbaratado la estrategia del divide y vencerás del ministro ruso. El cierre de filas de los Veintisiete ha sorprendido tanto como molestado a un Moscú cada vez más consciente de que se enfrenta a un bloque occidental dispuesto a permanecer unido frente a cualquier posible intento de chantaje.

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Objetos con la imagen de Daniel Ortega están a la venta en una avenida de Managua, la capital de Nicaragua.
Objetos con la imagen de Daniel Ortega están a la venta en una avenida de Managua, la capital de Nicaragua.OSWALDO RIVAS (AFP)

Los representantes de la principal cámara empresarial de Nicaragua han expresado su disposición a negociar con el régimen de Daniel Ortega. La directiva del Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP) ha afirmado en un documento interno filtrado por la prensa que está dispuesta a iniciar un diálogo para lograr la liberación de los empresarios encarcelados el año pasado, durante la fuerte represión contra las voces críticas que el Gobierno desató previo a las elecciones presidenciales en las que Ortega se declaró triunfador. Se trata de José Adán Aguerri y Michael Healy, expresidentes de la cámara y el banquero Álvaro Vargas. “Hoy tenemos que hablar de una negociación, diálogo, encuentro, todo debido a tres amigos que están desesperados y nos debemos a ellos”, dijo César Zamora, actual presidente del COSEP, según el documento filtrado el jueves por el medio Divergentes.

Esta misma semana, un grupo de familiares de presos políticos han pedido la libertad sin condiciones de los detenidos por el régimen, que incluyen a siete aspirantes a la presidencia, feministas, defensores de derechos humanos, activistas políticos, exdiplomáticos, estudiantes universitarios y tres exguerrilleros sandinistas, que fueron compañeros de Ortega en la lucha guerrillera contra la dictadura somocista. “La libertad de nuestros presos no es un asunto de preferencias partidarias, ni es una maniobra en una lucha por el poder. Su liberación, más bien, se puede ver como el paso inicial en un proceso que conlleve un mayor grado de serenidad para los hogares nicaragüenses, dentro y fuera de nuestras fronteras; y que ayude gradualmente a reducir grietas en nuestra sociedad”, dijeron los familiares en una carta hecha pública el pasado martes.

La filtración del comunicado de los empresarios ha generado molestias no solo entre los familiares de los presos políticos, sino entre otras organizaciones de la oposición cuyos liderazgos también han sido apresados por el régimen. De hecho, el mismo Zamora ha expresado que “hay un ambiente fuerte contra el sector privado, hay muy poca disposición para hacer el diálogo”. El líder empresarial es consciente de que cualquier acercamiento con el Ejecutivo de Ortega será visto con malos ojos en un país donde el 73% de la población considera injusta la detención de las voces críticas, según un sondeo divulgado en diciembre por la firma Cid Gallup.

José Adán Aguerri había afirmado en 2018 en una entrevista con este periódico que el presidente Daniel Ortega debe dejar “lo más pronto posible” el Gobierno. La afirmación era evidencia de la ruptura en la “relación de consenso” que durante más de una década mantuvieron los grandes empresarios del país con Ortega, en la que las grandes negociaciones sobre temas económicos se hacían entre esos dos bandos, sin interlocutores. El mandatario permitió que ellos hicieran negocios, garantizando una estabilidad sostenida con mano de hierro, mientras él se hacía con todo el poder político en este país centroamericano. “Los empresarios nos equivocamos con Daniel Ortega”, admitió entonces el ahora preso político.

Tras las críticas desatadas por el comunicado emitido el jueves, la patronal ha tenido moderar su posición y ha afirmado que de haber un acercamiento con el régimen, este debe ser sin condiciones previas y con la vista puesta en liberar a todos los detenidos y no solo a sus empresarios. El COSEP se unió al comunicado de los familiares y en una nota de prensa informó: “Nos sumamos a este llamado llenos de esperanza, con la confianza de que apoye un proceso que unifique a toda la ciudadanía nicaragüense”. Los empresarios agregaron que se comprometen “de manera franca a la búsqueda de soluciones viables, prontas y sin precondiciones, que prioricen solucionar la encrucijada que atraviesa la nación”.

El analista político Óscar René Vargas advierte de que si finalmente los empresarios negocian con el mandatario “van a hacerle el juego al dictador”. “Nadie sabe bien cuál será el próximo movimiento de Ortega. Es parte de su poder. Su capacidad de mantener ocultos sus próximas jugadas, de despistar a propios y extraños, de engañar al gran capital y a los poderes fácticos. Después de 15 años en el poder, los políticos siguen sin descifrar al dictador. La voluntad de quedarse en el poder sigue en su mente”, explica.

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La noticia del acercamiento de los empresarios se da mientras el régimen atraviesa su peor crisis de legitimidad tras los resultados electorales de noviembre. La mayoría de países del continente rechazaron esos resultados y han exigido que se repitan las elecciones, pero con garantías democráticas y sin presos políticos. Ortega está cada vez más aislado, por lo que ha tenido que recurrir a nuevos aliados en busca de legitimidad y oxígeno económico para mantener su modelo autoritario. Recientemente, el Gobierno ha anunciado acuerdos con Irán, Rusia y China, tras romper relaciones con Taiwán, isla que fue la principal donante del régimen. “Todo parece indicar que Ortega está dispuesto a seguir tirando de la cuerda (incrementando la represión, buscando el paraguas de sus nuevos socios estratégicos de Rusia y China, renunciando a la OEA, emitiendo declaraciones en contra de Colombia, considerando a EEUU un problema sistémico, etcétera), lo que indica que promueve una estrategia heavy metal para obtener concesiones internacionales que, desde su perspectiva, garanticen su permanencia en el poder y su papel en tablero político centroamericano”, afirma el analista Vargas.

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Estados Unidos se presenta con una de cal y otra de arena ante la nueva ronda de conversaciones con Rusia sobre Ucrania que tiene lugar este lunes en Ginebra. La Administración de Joe Biden abre la puerta a negociar con el Kremlin asuntos como el despliegue de misiles y el alcance de las maniobras militares de ambas partes en la región si afloja la presión sobre el país, según explicaron este sábado funcionarios estadounidenses en una llamada telefónica con periodistas, pero también plantea un abanico de sanciones económicas de calado si Vladímir Putin interviene, un temor que el dirigente ruso ha alentado al reforzar la presencia de tropas en la frontera ucrania.

Washington y Moscú se sentarán en la mesa siete meses después de la cumbre entre Biden y Putin, celebrada en la misma ciudad el pasado junio, y que expuso la tónica de lo que había sido la primera parte del año: tanto interés en no seguir escalando la tensión como desconfianza entre las partes. Esta vez no participarán los líderes. Encabezará la delegación estadounidense la subsecretaria de Estado estadounidense, Wendy Sherman, y la rusa, el viceministro de Exteriores, Serguéi Ryabkov. También ha cambiado el contexto: el Kremlin ha concentrado decenas de miles de soldados en el límite con Ucrania, y Estados Unidos ha subido el tono.

“Aunque preferimos, con diferencia, desescalar [esta crisis] por la vía diplomática, si Rusia escoge el otro camino, estamos más que preparados, y de acuerdo con nuestros socios y aliados, sobre la imposición de duros costes a través de sanciones financieras, controles a las exportaciones que tienen como objetivo industrias clave, refuerzo de las posiciones de la OTAN en territorio aliado y aumento del apoyo en materia de seguridad para Ucrania”, explicaron este sábado las citadas fuentes de la Administración estadounidense.

Rusia, sin embargo, excluyó este domingo cualquier “concesión” en las conversaciones con Estados Unidos en Ginebra , afirmó el viceministro de Relaciones Exteriores. “No aceptaremos ninguna concesión. Está totalmente descartado”, declaró a las agencias de prensa rusas Serguéi Ryabkov, que debe participar en las negociaciones.

Algunas de las restricciones que los aliados estudian afectarían a los productos estadounidenses que se exportan hacia el país, así como algunos fabricados en el extranjero, pero que están sujetos a jurisdicción del país norteamericano u otros con un porcentaje específico de composición estadounidense, según concretó a la agencia Reuters una fuente conocedora de este asunto. Rusia podría, en definitiva, pasar a formar parte del grupo de países más penalizado por Estados Unidos respecto a comercio exterior, un club del que forman parte Cuba, Irán, Corea del Norte y Siria.

La difusión de estos detalles sirve para preparar el terreno para la cita del lunes, a la que Washington asegura que llega con más “realismo” que pesimismo. Cualquier acuerdo sobre maniobras y misiles, eso sí, recalca el Gobierno de Biden, tendría lugar de manera consensuada con Ucrania y con los aliados de la OTAN. De hecho, los contactos proseguirán durante la semana en un ámbito ya multilateral. Tras las conversaciones de Ginebra, el miércoles tendrá lugar una reunión especial del Consejo OTAN-Rusia en Bruselas y, el jueves, una sesión de la Organización para la Seguridad y la Cooperación Europea (OSCE) en Viena.

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Moscú llega a la mesa con la petición de garantías legales de que la OTAN no llevará a cabo refuerzos militares en las fronteras europeas de Rusia, sobre todo en la de Ucrania. En un borrador de propuesta hecho público a mediados de diciembre, con motivo de una conferencia telefónica entre Biden y Putin, el Kremlin plantea que la Alianza Atlántica asuma “la obligación de impedir una ampliación de la OTAN a otros Estados, incluida la adhesión de Ucrania”, y renuncia a hacer ejercicios militares en esa región, el Cáucaso y Asia central. Fuentes de la Administración de Biden ya han advertido de que con lo primero han tocado hueso. No es posible, señalaron este sábado, que Moscú decida “de quién pueden ser aliados otros países”.

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