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Los vehículos y las tropas de la Guardia Nacional se despliegan en el National Mall cerca del Monumento a Washington de la capital.
Los vehículos y las tropas de la Guardia Nacional se despliegan en el National Mall cerca del Monumento a Washington de la capital.STEFANI REYNOLDS (AFP)

El presidente Joe Biden ofrecerá este martes su primer discurso del estado de la Unión en un Congreso vallado por medidas de seguridad. Las rejas que rodearon durante meses el Capitolio tras el asalto del 6 de enero de 2020 han vuelto a levantarse “por precaución”, según informó este domingo la policía, que se prepara para una posible protesta de camioneros contra las medidas sanitarias obligatorias por la pandemia, inspirada en el caso canadiense. Mientras que el alcance de la manifestación está en el aire, el Pentágono ha aprobado el despliegue de 700 miembros de la Guardia Nacional y cincuenta vehículos militares blindados para ayudar a los agentes locales en caso de algún incidente.

La autodenominada Caravana del Pueblo está transmitiendo por Facebook su viaje de 4.000 kilómetros, desde California hacia la capital. En la transmisión se alcanza a ver una fila conformada por varios camiones y gente apoyándolos en las aceras con banderas estadounidenses. Está previsto que los activistas lleguen el 5 de marzo a Beltway, una carretera de circunvalación que rodea Washington. El despliegue de la Guardia Nacional, que ayudará a controlar el tráfico en los puestos designados y en los puntos que conducen al Capitolio, se ha aprobado hasta el 8 de marzo tanto dentro como fuera de la ciudad.

Kyle Sefcik, organizador de una de las principales caravanas que han salido de California rumbo a la capital estadounidense, ha publicado este lunes que la fila de vehículos se ha disuelto por la falta de participantes. “Se me ha interrogado, censurado, detenido y acusado por agencias del gobierno federal”, afirmaba sin pruebas Sefcik en el monumento a Washington, donde adelantó que estará este martes para reclamar que la Administración de Joe Biden ponga fin al estado de emergencia declarado por su antecesor para frenar el coronavirus.

La portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, y la alcaldesa de Washington, Muriel Bowser, han informado que la situación de las caravanas se está monitoreando de cerca, con un Plan de Respuesta a Incidentes Críticos para el Capitolio. “Solicité el apoyo de agencias policiales externas, así como de la Guardia Nacional, para que nos ayuden con nuestras precauciones de seguridad”, sostuvo este domingo el jefe de Policía del Capitolio,Tom Manger, en un comunicado. Los camioneros, según las informaciones, provienen de distintos puntos del país, no solo de California. Entre los participantes hay activistas que viajan desde Virginia Occidental, Pensilvania y Vermont.

Los camioneros estadounidenses decidieron organizar una caravana a la capital estadounidense cuando estallaron las manifestaciones en Canadá tres semanas atrás. Desde entonces, cada vez son más los Estados que han levantado las restricciones relacionadas con la pandemia y el pasado viernes los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) relajaron las recomendaciones sobre el uso de mascarillas. Además, el Tribunal Supremo rechazó en enero la orden firmada por Biden que exigía a los trabajadores de grandes empresas estar vacunados contra la covid-19.

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El centro de Ottawa recuperó al menos en parte su estampa habitual este lunes tras permanecer desde el 28 de enero ocupado por cientos de camiones cuyos conductores protestaban así por las medidas de contención de la covid-19, especialmente contra la obligatoriedad de contar con el pasaporte covid para atravesar las fronteras del país. Tras concluir la operación de desalojo de los últimos manifestantes que comenzó el viernes, el corazón de la capital canadiense amaneció sin camiones ni otros vehículos aparcados en medio de sus calles, pero rodeado de un perímetro vallado, con una presencia policial reforzada y en pleno trabajo de los equipos de limpieza que trataban de borrar el rastro de desperdicios que dejaron atrás los transportistas y los miles de antivacunas que después se les unieron.

La policía canadiense ya había anunciado el domingo que trabajaba para garantizar que “nadie vuelva a ocupar las calles” de la ciudad, recalcó el jefe de la Policía de Ottawa, Steve Bell, en una rueda de prensa. Desde el viernes, cuando comenzó la operación policial de gran envergadura que logró desalojar a los últimos manifestantes, 76 vehículos han sido remolcados y 191 personas detenidas, de acuerdo con datos de ese cuerpo de seguridad canadiense. Los agentes han desmantelado también el almacén que surtía de alimentos y otros bienes básicos a una parte de los miles de personas que llegó a haber acampadas en el centro de la ciudad y que pusieron al Gobierno de Justin Trudeau contra las cuerdas, hasta el punto de obligar a su Ejecutivo a declarar el estado de emergencia en la capital el 6 de febrero.

En una actuación inusual para unas fuerzas de seguridad que hasta hace pocos días habían afrontado el bloqueo con una actitud de diálogo con los manifestantes, este sábado, la policía utilizó gas lacrimógeno y otro material antidisturbios contra quienes habían hecho caso omiso de las advertencias policiales y de los pasquines distribuidos por los agentes durante los días anteriores en los que los conminaban a abandonar la zona. La intervención policial logró así despejar la mayor parte de la zona frente al Parlamento, cuya Cámara de los Comunes (baja) se había visto obligada el viernes a suspender su sesión ordinaria para evitar incidentes mientras se desarrollaba la operación de desalojo. Las temperaturas gélidas —la sensación térmica era de 20 grados bajo cero— y los copos de nieve que empezaron a caer contribuyeron a que los manifestantes más reacios a despejar el centro de Ottawa abandonaran el lugar durante la noche.

Entre las personas detenidas, figuran varios líderes de la protesta. Por ejemplo, Pat King, una de las figuras más reconocidas de los manifestantes. Otros dos organizadores de la denominada caravana de la libertad de los transportistas, Chris Barber y Tamara Lich, ya habían sido detenidos el jueves. Los tres líderes se enfrentan a cargos por incitación a cometer daños, obstrucción a la justicia y desobediencia a una orden judicial.

En su comparecencia, Steve Bell precisó que la operación policial aún no ha acabado y que “durará meses” pues los agentes seguirán “tratando de identificar e inculpar con cargos penales y sanciones financieras” a los organizadores de la protesta.

A principios de la semana pasada, la situación se había hecho insostenible en Ottawa. El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, invocó poderes de emergencia no empleados desde 1970 para hacer frente a las protestas, mientras que el viernes Chrystia Freeland, ministra de Finanzas y viceprimera ministra, defendió el uso de la Ley de Emergencia para desalojar el centro de Ottawa, subrayando que la economía y la democracia del país estaban bajo amenaza.

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La policía canadiense ya había desalojado por completo el 13 de febrero el paso fronterizo del puente Ambassador, que une la provincia canadiense de Ontario con el estado de Michigan, en Estados Unidos, que llevaba bloqueado varios días después de que la protesta de los camioneros de Ottawa se extendiera al cruce que concentra el 25% del comercio bilateral de mercancías entre ambos países. Este bloqueo fronterizo añadió presión al Gobierno de Justin Trudeau, pues las autoridades del país vecino cuestionaron la estrategia canadiense de no recurrir inicialmente al uso de la fuerza contra los manifestantes.

Los bloqueos de la protesta de la llamada caravana de la libertad han provocado también importantes pérdidas económicas. El Gobierno de Canadá ya ha anunciado ayudas por valor de 138 millones de euros (200 millones de dólares canadienses) para las empresas de Ottawa afectadas por las protestas. El Ejecutivo canadiense trabaja ahora para evitar nuevas manifestaciones, no solo blindando el centro de su capital, sino especialmente en el cruce fronterizo de Pacific Highway en Columbia Británica y en Prescott, Ontario. “El objetivo es poner fin de manera segura a estos bloqueos y ocupaciones ilegales y restaurar el orden lo antes posible para garantizar la seguridad de los canadienses y el fin de las perturbaciones económicas”, ha precisado el Gobierno canadiense en un comunicado.

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Los agentes forman un cordón policial frente a los manifestantes que apoyan a los camioneros que bloquearon el tráfico del puente Ambassador en Windsor, Ontario.
Los agentes forman un cordón policial frente a los manifestantes que apoyan a los camioneros que bloquearon el tráfico del puente Ambassador en Windsor, Ontario.Nathan Denette (AP)

Sleiman Iskandar, contratista de 28 años, tenía este sábado su camioneta aparcada, bloqueando el paso en el puente internacional que une Windsor, del lado canadiense, con Detroit, en Estados Unidos. Ante sí, permanecían apostados las decenas de coches y un par de camiones que llevan seis días obstruyendo el tráfico en señal de protesta contra la orden de vacunación obligatoria para conductores comerciales en trayectos transfronterizos. Un agente de la policía local se ha acercado a la ventana de Iskandar y le ha dicho: “Se acabó el juego, tienen que moverse”. El joven ha obedecido. No quería que lo “llevaran preso”. Cuando ha empezado a mover con estudiada parsimonia su vehículo, que le ha servido de refugio en las últimas y gélidas noches, el agente ha regresado. “Oye, ¿manejas tan lento porque esta mierda no soporta más velocidad?”, le ha preguntado a Iskandar. Y ambos se han echado a reír. Así es como se resuelve un conflicto a la canadiense.

Centenares de agentes de la policía de Canadá ha desalojado pacíficamente a quienes bloqueaban desde hace días el puente Ambassador, una de las vías de unión comerciales más ajetreadas entre ambos países. La rebelión de los camioneros por las medidas sanitarias impuestas el 15 de enero en Canadá ha tensado la relación entre el Gobierno de Justin Trudeau y el de Joe Biden, que ha visto con preocupación las consecuencias millonarias del bloqueo. Más del 25% del comercio bilateral pasa por aquí. Entre 8.000 y 10.000 camiones transportan a diario bienes por valor de 300 millones de dólares (unos 264 millones de euros). El subjefe de policía de Windsor, Jason Bellaire, ha asegurado este sábado que, pese a que han podido descongestionar el paso, no está claro aún cuándo se reabrirá el eje comercial.

Una de las industrias más afectadas por la caravana de la libertad, formada en esta tranquila localidad por no más de 10 camiones, decenas de camionetas y centenares de manifestantes, fue la automovilística, que tuvo que reducir su producción y enviar a los empleados de ambos lados de la frontera a casa. Los activistas antivacunas de este rincón de Ontario han protagonizado un sonoro spin off de la protesta madre, que desde hace 15 días tiene bloqueada Ottawa, la capital de Canadá, y ya ha sido replicada en lugares como Francia, Países Bajos o Nueva Zelanda. El departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos se teme que una protesta similar estropee la gran fiesta de la Super Bowl, que se celebra este domingo en Los Ángeles.

Con el termómetro clavado en los 6 grados bajo cero y azotados por una impiadosa nieve, decenas de manifestantes se daban por vencidos al mediodía ante el despliegue policial. Han cantado el himno canadiense un par de veces, emocionados hasta el punto de las lágrimas. “Yo conducía un camión hasta que las restricciones obligaron a cerrar restaurantes y mi empleador ya no me necesitaba”, comentaba Daniel Dalryple, de 54 años, plantado junto a una tranquila muchedumbre que pedía a la policía que se apartara de su camino. “Son mejores que esto. Los amamos, pero… compórtense como canadienses”, decían a los manifestantes. La mayoría no eran camioneros, pero apoyaban la causa contra las restricciones sanitarias.

Después de que un tribunal de Ontario ordenara el viernes el desbloqueo del puente fronterizo, los policías se acercaron a la autodenominada caravana de la libertad repartiendo panfletos en los que advertían de que si no se movían, se enfrentarían a consecuencias legales. Esa noche, la del viernes al sábado, hubo música y bailes. Por la mañana, la flota de coches en el puente se había reducido. Los que persistían lo hacían motivados por un declarado anhelo de “recuperar su libertad”. Entre bocinazos y gritos, han cedido sin que se registraran episodios de violencia ni detenciones.

Entre banderas canadienses colgadas en las camionetas y agitadas por los manifestantes, aparecía una de Trump 2024. “Él es maravilloso, es lo que necesitamos aquí”, ha afirmado un constructor de 22 años, que habló bajo condición de anonimato. También ha aprovechado para dejar una advertencia: “Que nos vayamos no significa que esto se acabe. No hemos terminado aún”. Nasir, de 28, comparte esa visión: “Vamos a seguir. Esto solo va a acabar cuando levanten el mandato de la vacuna obligatoria. Mucha gente vino a este país para ser libre y ese no está pasando en este momento. Tienen que vacunarse para continuar con su vida y asegurarse de que puedan alimentar a su familia”, agrega. Una pegatina en la ventana de su camioneta decía: “Fuck Trudeau”.

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La policía local informó este sábado de que habían arrestado a 26 personas y emitido más de 2.600 multas relacionadas con la protesta. El jefe de policía Ottawa, Peter Sloly, reconoció que sus agentes están cansados y que necesitan refuerzos. “Haremos cumplir [la ley] en la medida en que nuestros recursos nos lo permitan”, dijo el viernes.

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La tensión aumenta en la crisis provocada por la protesta de camioneros en Ottawa, capital de Canadá. En la mañana de este jueves, una caravana de manifestantes a bordo de sus vehículos ha marchado haciendo sonar sus bocinas y enarbolando banderas canadienses hacia el cercano aeropuerto internacional, entre gritos de “¡Libertad!” y “¡Fake news!”. Lo han retransmitido en directo por Facebook para una audiencia que ha alcanzado los 11.500 espectadores, y después han subido a YouTube los vídeos de la protesta, que ha provocado atascos y enormes retrasos en una ciudad asomada al caos desde hace dos semanas por la concentración de centenares de conductores que protestan por la obligación de vacunarse para atravesar la frontera con Estados Unidos y por otras medidas diseñadas para contener la pandemia. Poco después de esos incidentes, la policía del Estado de Manitoba, al Oeste del de Ontario, ha alertado del bloqueo de un tercer paso en la frontera sur.

Se trata del paso Emerson, que une ambos países a la altura, al otro lado, de Dakota del Norte. La acción coordinada de decenas de vehículos de grandes dimensiones ha ocasionado el cierre de esa vía de comunicación internacional. Hasta ahora, otras dos puertas de entrada, el puente Ambassador (que conecta Detroit, en Estados Unidos, con Windsor) y el cruce Coutts (entre los Estados de Montana y el canadiense de Alberta) han corrido parecida suerte.

Las autoridades de Ottawa han anunciado, en un intento de aplacar las críticas por su inacción en los primeros días, que podrían realizar detenciones “sin necesidad de orden judicial”. “Es una ofensa criminal construir, interrumpir o interferir en el uso y disfrute legítimo de la propiedad. […]. Bloquear las calles o ayudar a otros a que las bloqueen puede ser una conducta constitutiva de delito”, dijeron en un comunicado hecho público el miércoles. “Deben cesar inmediatamente en esa actividad ilegal o podrían enfrentarse a la ley”, asegura el escrito, titulado Mensaje de la Policía de Ottawa a los manifestantes.

De momento, según datos ofrecidos por The Washington Post, se han producido al menos 23 arrestos y se han iniciado 80 investigaciones criminales durante esta crisis. La policía también ha alertado de sabotajes de la línea telefónica de emergencias. En su Twitter ha colgado el siguiente mensaje: “Somos conscientes de un esfuerzo concertado para inundar [de llamadas] nuestro 911 con asuntos que no son urgentes. Eso pone vidas en peligro y es completamente inaceptable”.

En el decimocuarto día de las protestas, los vecinos de Ottawa han reducido sus desplazamientos a los viajes esenciales, por recomendación de las autoridades. En la ciudad, se han producido enfrentamientos entre manifestantes y transeúntes y dueños de comercios, cuya paciencia se halla al límite.

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El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, bestia negra de las protestas por su gestión de la pandemia, criticó en Twitter los bloqueos de los accesos fronterizos y los disturbios en la capital, donde se declaró el estado de emergencia durante el fin de semana. ”Están poniendo en peligro empleos, impidiendo el comercio, amenazando la economía y paralizando nuestras comunidades”, ha dicho Trudeau, a quien esta crisis ha sorprendido confinado después de anunciar que se había infectado con coronavirus a finales de enero.

Canadá destina el 75% de sus exportaciones a Estados Unidos, y una media de 8.000 camiones atraviesan cada día el puente Ambassador, a unos 765 kilómetros de Ottawa. Mercancías por valor de 323 millones de dólares (282 millones de euros) toman ese camino a diario, mientras que el 80% del suministro del Estado de Manitoba cruza por el paso Emerson. Los analistas no dudan de que estos incidentes agravarán aún más la crisis de desabastecimiento que están sufriendo este invierno ambos países, como parte de una emergencia global.

El autodenominado convoy de la libertad se citó en Ottawa el 28 de enero para oponerse a la norma del gobierno federal, adoptada el 15 de ese mes, de exigir la pauta completa de vacunación a los camioneros canadienses que cruzan la frontera de Estados Unidos, país que impuso una obligación similar una semana después. La protesta ha acabado convertida en una enmienda a la totalidad sobre las medidas de salud pública destinadas a combatir la pandemia. Sus organizadores insisten en que no cesarán en su empeño hasta que no se eliminen todas las medidas. Las autoridades de Estados Unidos están enviando estos días señales de que obligaciones de la nueva normalidad pandémica, como las mascarillas en interiores, están cerca de su final.

Las protestas han hallado su eco en lugares como Nueva Zelanda, Australia o Francia. El Departamento de Seguridad Nacional filtró esta semana a algunos medios estadounidenses un informe que alerta de un posible sabotaje al estilo del de Ottawa durante la Super Bowl, que paralizará este domingo la ciudad de Los Ángeles. Las autoridades sospechan que de ahí podría partir una caravana rumbo a Washington, con la vista puesta en el Discurso sobre el Estado de la Unión, que Joe Biden tiene previsto pronunciar el próximo 1 de marzo.

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París no quiere ser Ottawa. Y el Gobierno francés no quiere vivir, a dos meses de las elecciones presidenciales, una versión pandémica de las protestas de los chalecos amarillos que pusieron en jaque al Elíseo al inicio del mandato que Emmanuel Macron busca renovar en abril. Aunque el Ejecutivo trata de minimizar el alcance de esta nueva revuelta ciudadana, de manera preventiva, la Prefectura de Policía de la capital francesa ha anunciado este jueves la prohibición de los “convoyes de la libertad”, el movimiento motorizado que, inspirado en la protesta camionera contra la vacuna obligatoria que tiene desde hace días semiparalizada la capital canadiense, avanza ya desde todo el país rumbo a París.

El objetivo de este movimiento ciudadano organizado en redes sociales y servicios de mensajería como Telegram, donde sus cuentas tienen varios miles de seguidores, es protestar este fin de semana en París por las restricciones sanitarias y, muy especialmente, contra el pasaporte de vacunación. Luego continuarán rumbo a Bruselas para celebrar una “convergencia europea” de manifestantes procedentes de otros países el lunes 14. Desde la capital belga, sede de las instituciones europeas, también han reaccionado de forma preventiva frente al convoy. Las autoridades locales, regionales y federales han asegurado este jueves que ninguna manifestación ha sido autorizada, puesto que aún no han recibido ninguna solicitud formal. Pero que, en cualquier caso, se ha tomado la decisión de prohibir la caravana y se han tomado medidas para evitar el bloqueo de la capital comunitaria.

La Prefectura de París les ha puesto, sin embargo, el primer obstáculo. Desde este viernes, día previsto para la llegada de los primeros convoyes motorizados que empezaron a partir el miércoles desde varios puntos de Francia, se instalará un dispositivo específico para “impedir los bloqueos de las carreteras, sancionando y arrestando a los que contravengan esta prohibición de manifestación”, señala el decreto oficial.

La justificación de la medida, que prevalecerá desde el viernes 11 al lunes 14 de febrero, son los “riesgos de perturbación del orden público que podría causar esa manifestación”. Según la nota de la prefectura, su “objetivo declarado es bloquear la capital entorpeciendo la circulación carretera en las calles de París para promover sus reivindicaciones, antes de continuar su periplo en dirección a Bruselas el lunes 14 de febrero”.

Aunque más allá del rechazo a las restricciones sanitarias por el coronavirus —que no necesariamente a la vacuna en sí— es difícil hallar muchas coincidencias políticas en los participantes en los “convoyes de la libertad”, en Francia resuena fuertemente estos días el eco de las protestas de los chalecos amarillos (también de filiaciones políticas diversas, al menos en sus inicios), que protagonizaron fuertes manifestaciones desde finales de 2018 y a lo largo de buena parte de 2019, lastrando y marcando la agenda del Gobierno de Macron. Al igual que estas, las nuevas protestas tienen también como trasfondo el alza de los precios de la energía, un motivo de preocupación generalizada pese a las medidas gubernamentales tomadas, un cheque inflación y la fuerte limitación del incremento de la factura eléctrica, entre otros.

Según la emisora Franceinfo, que dice haber podido consultar una nota de los servicios secretos internos emitida el lunes, las antenas territoriales de este organismo siguen “con atención” un movimiento de fuerte “éxito virtual” que, a pesar de encontrarse aún “lejos de estar estructuralmente consolidado”, es capaz de dar un “nuevo impulso” a los “chalecos amarillos”, pero también a los seguidores de teorías de la conspiración y al movimiento de protesta contra el certificado covid, hoy transformado en pasaporte de vacunación.

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“Hastío” ante las restricciones

El portavoz del Gobierno, Gabriel Attal, aseguró el miércoles que el Ejecutivo es consciente de que hay “un hastío y fatiga de los franceses ante el virus y las medidas que hemos tenido que tomar desde el principio de la pandemia para proteger” a los ciudadanos. Pero advirtió en contra de aquellos “movimientos políticos a menudo radicales que han buscado capitalizar ese hastío y fatiga para intentar crear un movimiento” protestatario que va más allá de las fronteras galas y que, según Le Parisien, el propio Macron ha pedido “seguir de cerca”. De hecho, el objetivo declarado de la mayor parte de los participantes en los “convoyes de la libertad” es Bruselas.

La cabalgata, que podría amargar el San Valentín de la capital comunitaria, adonde tiene previsto llegar el 14 de febrero, se anuncia como una “acción pacífica”, pero en Bruselas ya cuentan con antecedentes de concentraciones promovidas por grupos contrarios a las medidas anticovid que acabaron yéndose de las manos. Hace algo más de tres semanas, unas 50.000 personas recorrieron las calles y las instituciones europeas para reclamar, entre otras cosas, el fin del pasaporte covid y reflejar su temor ante la vacunación obligatoria.

Los convocantes eran otros, pero de nombre muy parecido: la organización Europeans United for Freedom, también paneuroepa, logró atraer manifestantes de varios países y elevó la asistencia a cotas sin apenas precedentes. En aquella marea humana se mezclaba de todo, desde hippies a conspiranoicos, pasando por gente corriente fatigada tras dos años de pandemia; acabó con disturbios, choques con la policía y varios edificios públicos atacados, como la sede del Servicio Europeo de Acción Exterior, que lidera el español Josep Borrell, jefe de la diplomacia europea. El presidente del grupo Europeans United for Freedom, Tom Meert, ha dado también su visto bueno a la convocatoria del convoy. “Es realmente popular dentro de nuestro movimiento”, ha dicho, según ha recogido Politico.

Los convocantes del convoy con destino Bruselas aún no se han puesto en contacto con las autoridades belgas para solicitar oficialmente la manifestación, según ha informado Philippe Close, alcalde de Bruselas, pero estas ya han reaccionado anunciando su prohibición. La policía tiene previsto desplegar un anillo de seguridad en torno a la capital comunitaria para desviar “los vehículos de motor que lleguen a la capital a pesar de la prohibición”, según ha anunciado Close en redes sociales. El alcalde ha añadido en una entrevista en RTBF que es “inadmisible” que se paralice la ciudad, con camiones y otros vehículos, pero se ha mostrado abierto a una manifestación al uso, de las que se autorizan más de 1.000 al año.

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La protesta de cientos de camioneros canadienses contra la vacunación obligatoria contra la covid-19 para viajes transfronterizos que mantiene semiparalizada la capital, Ottawa, por undécimo día consecutivo se extendió el lunes al principal paso fronterizo con Estados Unidos, tras haber prendido en otras ciudades de Canadá, como Toronto y Quebec, e incluso más allá de las fronteras entre estos dos países. En Nueva Zelanda y Australia, grupos radicales y antivacunas han mostrado su solidaridad con la movilización de un sector de los transportistas canadienses. Camioneros neozelandeses bloquean desde el martes las calles aledañas al Parlamento de Wellington, según radio New Zealand. Tres manifestantes han sido detenidos este miércoles durante las protestas ante la sede de esta institución.

Mientras manifestaciones similares a la que provocó el lunes la declaración del estado de emergencia en Ottawa germinan de forma más modesta a miles de kilómetros, el bloqueo que padece la capital de Canadá —que ya ha llevado a la detención de más de 20 personas, según fuentes oficiales— se ha amplificado en los últimos días y amenaza incluso la cadena de suministros básicos del país. Camiones y furgonetas de la llamada Caravana de la Libertad bloquean desde el lunes el principal paso fronterizo entre Canadá y Estados Unidos, el que discurre por el puente Ambassador, que une la ciudad de Windsor, en la provincia canadiense de Ontario con Detroit, en el estado de Michigan, en EE UU.

Canadá destina el 75% de sus exportaciones a Estados Unidos, y una media de 8.000 camiones atraviesan cada día ese paso fronterizo, a unos 765 kilómetros de Ottawa. Más de 40.000 personas y mercancías por valor de 323 millones de dólares (282 millones de euros) transitan cada día por él. Pese a la reapertura parcial en el lado canadiense, el paso sigue bloqueado pues el Departamento de Transporte de Michigan mantiene cerrada la frontera estadounidense.

El martes por la noche, la policía de Windsor informó en sus redes sociales de que solo un número limitado de vehículos privados podía transitar en dirección a Estados Unidos. En su cuenta de la red social Twitter, la policía de esa ciudad canadiense exhortó al resto de conductores a buscar rutas “alternativas”, como el puente Blue Water, que conecta Sarnia, también en la provincia de Ontario, con Port Huron (Míchigan). Este largo desvío motivó las protestas de varios usuarios en las redes sociales. El 60% de los canadienses se opone a la movilización del sector antivacunas de los camioneros del país, de acuerdo con un sondeo difundido el lunes.

En una sesión de urgencia convocada el lunes en la Cámara baja del Parlamento del país, el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, había declarado que, tras más de una semana de ocupación del centro de Ottawa, la protesta de los camioneros “tenían que parar” e instó a los transportistas y a los miles de miembros de los grupos antivacunas que los apoyan a que regresaran a sus casas. Trudeau afirmó también que la protesta está “bloqueando” la democracia y la economía canadienses. Tras la paralización del tráfico en el paso con Estados Unidos, el ministro de Seguridad Pública de Canadá, Marco Mendicino, afirmó, por su parte, que las autoridades “seguirán trabajando” para “mantener las cadenas de suministro a través del puente Ambassador, así como las ruedas de nuestra economía en marcha”.

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El subjefe de la policía de Ottawa, Steve Bell, informó ese mismo día a los medios de comunicación de que los agentes han inmovilizado muchos de los vehículos pesados que participan en la protesta en las calles de Ottawa. Bell reveló también que, en una cuarta parte de los 418 vehículos contabilizados en la capital, la policía ha constatado la presencia de niños, expuestos al frío intenso del invierno canadiense, el ruido constante de las bocinas, la inhalación de monóxido de carbono y la falta de acceso a servicios de higiene y saneamiento. El alcalde de Ottawa pidió a principios de esta semana 1.800 policías más para contener la protesta.

Descontento de los residentes

Mientras cerca de 500 camiones siguen obstaculizando el tráfico en Ottawa, los residentes del centro de la capital han mostrado su indignación por las molestias ocasionadas por la protesta. Algunos habitantes de Ottawa han denunciado que los miles de manifestantes que invadieron el centro el fin de semana obligaron incluso a cerrar las tiendas. “Todos estamos hartos”, dijo a la agencia Reuters Marika Morris, una vecina del centro. “No tienen derecho a tomarnos como rehenes”, zanjó.

Los nervios de los residentes también se han visto alterados por el constante sonido de las bocinas. El lunes, un juez de Ottawa dictaminó que los camioneros debían dejar de tocarlas durante 10 días.

“Aquí no ha habido más que amor, unidad y paz”, declaró, por su parte, John Van Vleet, un camionero de Ontario. “Para mí es importante venir aquí a luchar por mis libertades”, afirmó este transportista, que negó las acusaciones de violencia contra el colectivo.

Las manifestaciones también se han extendido a otras ciudades canadienses, como Toronto y Vancouver. Desde el lunes, la protesta de los camioneros ha suscitado incluso el apoyo más allá de las fronteras canadienses con las concentraciones de Wellington, la capital de Nueva Zelanda, y en Canberra, Australia, bautizadas a su vez como caravanas de la libertad.

La protesta empezó el 29 de enero cuando unos 3.000 transportistas de todo Canadá llegaron con sus vehículos a la capital. A ellos se sumaron entre 10.000 y 15.000 manifestantes, entre los que figuran miembros de organizaciones radicales de extrema derecha. Dos semanas antes, el 15 de enero, el Gobierno canadiense había impuesto la vacunación obligatoria contra la covid-19 a los camioneros transfronterizos.

Aquellos choferes extranjeros que no se hayan vacunado tienen prohibida la entrada al país. En el caso de los camioneros canadienses sin pautas de inmunización, deben hacer una cuarentena de 14 días a su regreso a Canadá. Estados Unidos puso en marcha la misma medida el pasado 22 de enero. Justin Trudeau, primer ministro canadiense, señaló entonces que la aplicación de esta política representa una de las mejores maneras de mantener bajo control las nuevas infecciones relacionadas con los viajes. La Alianza canadiense de camiones, que se opone a la Caravana de la Libertad, calcula que unos 16.000 camioneros que cruzan a suelo estadounidense con regularidad no están vacunados (un 15% del total).

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Una manifestación de camioneros bloque una calle de Toronto, este domingo.
Una manifestación de camioneros bloque una calle de Toronto, este domingo.COLE BURSTON (AFP)

La ciudad canadiense de Ottawa fue escenario de nuevo este fin de semana de las protestas por parte de camioneros que se oponen a la vacunación obligatoria para trayectos transfronterizos. Las concentraciones convocaron también a distintos grupos que critican otras medidas sanitarias impuestas en la pandemia. Muchos de estos manifestantes, que forman parte de la denominada Caravana de la libertad, han permanecido en el centro de la capital de Canadá, paralizando en gran medida el centro. El alcalde de Ottawa, Jim Watson, manifestó este domingo que la ciudad se encontraba “fuera de control” y declaró el estado de emergencia. “Claramente, nos superan en número y estamos perdiendo esta batalla”, dijo Watson. “Esto tiene que revertirse, tenemos que recuperar nuestra ciudad”. Protestas con los mismos mensajes contra las restricciones del Gobierno de Justin Trudeau tuvieron lugar en distintas capitales de las provincias, ya que varias de las restricciones corresponden a competencias de índole provincial.

Canadá impuso la vacunación obligatoria desde el 15 de enero para los camioneros transfronterizos. Estados Unidos puso en marcha la misma disposición el 22 de enero. Centenares de conductores del oeste canadiense condujeron miles de kilómetros a Ottawa para protestar. Otras unidades procedentes de Ontario, Quebec y Nueva Escocia se sumaron, al igual que grupos que exigen el fin de distintas medidas, tales como el pasaporte de vacunación y el estado de urgencia sanitaria. De acuerdo a la policía de la capital de Canadá, la manifestación convocó el pasado fin de semana a más de 10.000 personas. La Alianza canadiense de camiones, que se ha opuesto al convoy de inconformes, ha estimado que más del 85% de los conductores que cruzan a suelo estadounidense están vacunados.

La policía de Ottawa indicó que unos 250 camiones llevan más de nueve días aparcados en zonas céntricas, provocando molestias por sus constantes ruidos de bocinas y alterando las actividades cotidianas. Jean-Yves Duclos, ministro federal de Salud, y Peter Sloly, jefe de la policía de la capital federal, han señalado que ya no se puede hablar de manifestación, sino de ocupación. Unas 5.000 personas participaron en las manifestaciones este fin de semana en la ciudad.

Sloly afirmó este miércoles que las tareas serían complicadas sin ayuda suplementaria, dejando abierta la opción de solicitar el apoyo de los militares. Un día después, Trudeau, primer ministro canadiense, declaró que no contemplaba por el momento dicha medida, aseverando que las fuerzas policiales cuentan con los recursos para hacer frente a la situación. Elementos de la Real Policía Montada de Canadá llegaron a la urbe para reforzar el operativo de seguridad. “Ya es tiempo de que los manifestantes regresen a sus casas”, señaló Trudeau, subrayando que este asunto está provocando muchas molestias a la gente de Ottawa. “Es inaceptable”, añadió. El premier canadiense ha dicho que la suspensión de la vacunación obligatoria para los camioneros está fuera de toda discusión.

En la ciudad de Quebec, una caravana formada, según datos de la policía, por unos 200 vehículos se instaló cerca de la Asamblea provincial; el cuerpo policial indicó que la protesta convocó a “miles de personas”. El primer ministro François Legault de Quebec dio marcha atrás el 1 de febrero a presentar un proyecto de ley para que los no vacunados pagaran un impuesto por los gastos médicos que generan. Legault explicó que había tomado la decisión para “preservar la paz social” y “evitar divisiones entre los quebequeses”, pero que las protestas en Ottawa no tuvieron que ver con el abandono de la iniciativa.

En Toronto, la policía prohibió el paso a vehículos de transporte y manifestantes a unos 200 metros de la sede de la Legislatura provincial. Varias arterias del centro estuvieron cerradas al tráfico para garantizar el acceso a cinco hospitales cercanos. Winnipeg (Manitoba), Regina (Saskatchewan) y Victoria (Columbia Británica) fueron también escenario de protestas considerables. En la provincia de Alberta, la circulación en el cruce fronterizo cercano a la población de Coutts (en los límites con Montana) ha sido perturbada desde hace varios días por un grupo de camioneros.

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Una campaña en GoFundMe recaudó 10 millones de dólares canadienses (unos 7,8 millones estadounidenses) para apoyar a los camioneros en sus gastos de alimentación, combustible y alojamiento. La plataforma había bloqueado los fondos el 25 de enero, señalando que debía presentarse un plan detallado sobre la forma de distribuirlos. Tres días después descongeló un millón de dólares para combustible. Sin embargo, este viernes efectuó el retiro definitivo de la campaña, señalando que las molestias a los residentes de Ottawa y otros actos contravienen a sus políticas. GoFundMe indicó que reembolsará a los donantes. Los organizadores de la Caravana de la libertad anunciaron la apertura de una campaña de recaudación en otra plataforma; ya supera el millón de dólares.

Candice Bergen, líder interina del Partido Conservador de Canadá, pidió este viernes a los camioneros seguir manifestándose de forma pacífica y denunciar todo acto de violencia, odio o racismo, aunque no exhortó a los choferes a abandonar la capital federal. Unos días antes, el diario The Globe and Mail publicó un correo de Bergen dirigido a parlamentarios de su agrupación donde señalaba: “Tenemos que convertir esto en un problema del primer ministro”. Por su parte, Donald Trump, ex presidente de Estados Unidos, volvió a hacer referencia a las manifestaciones de los transportistas canadienses. En un comunicado, Trump expresó que los camioneros protestan “contra las duras políticas del lunático de extrema izquierda Justin Trudeau”.

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