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Una imagen con algunas de las candidatas en las lesgislativas, en las escalinatas del Congreso de la República en Bogotá.
Una imagen con algunas de las candidatas en las lesgislativas, en las escalinatas del Congreso de la República en Bogotá.Rumbo a la paridad

“Candidata a que hablen más de su apariencia que de su trabajo. Candidata a que la pongan en las listas para pedirle después que no haga campaña. Candidata a que le avisen cuando se juntan a tomar decisiones. Candidata a que su partido no la apoye con recursos. Candidata a trabajar y no figurar”. A pesar de esas barreras, reunidas en un video por el programa Más Mujeres, más democracia, rumbo a la paridad, 1.112 colombianas han decidido ser candidatas y aspiran a conquistar un espacio en el congreso colombiano el próximo 13 de marzo.

Las cifras indican que las mujeres representan un 40% del total de candidaturas para Cámara y Senado, apenas un 6% más respecto a las últimas legislativas de 2018. “En números, se encuentra un aumento de 178 candidaturas de mujeres y una reducción de 97 candidaturas de hombres”, indica el análisis de ONU Mujeres, una de las organizaciones que lideró la estrategia Rumbo a la paridad.

La iniciativa que reúne a la Mesa de Género de la Cooperación Internacional, el Ministerio del Interior, la Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer, la Registraduría Nacional del Estado Civil, el Consejo Nacional Electoral y la Comisión Legal para la Equidad de la Mujer del Congreso de la República tuvo reuniones con los directivos de los partidos políticos colombianos para insistirles en la importancia de la participación de las mujeres en las listas. Crearon también un contador de cuenta regresiva hasta el cierre de las inscripciones y enviaban alertas a los partidos para recordar la inclusión de candidatas mujeres, además de foros y otras acciones para impulsarlas. Ahora, sus historias y proyectos están contenidos en la página web, www.rumboalaparidad.co

“Es un aumento no enorme pero sí positivo, un avance en la búsqueda de equidad. Estoy convencido de que en los partidos colombianos hay un deseo de mejorar esa tasa, que están más conscientes de la necesidad de llegar a un equilibrio mayor”, dijo el embajador de Noruega y presidente de la Mesa de Género de la Cooperación Internacional, John Petter Opdahl. Para él, sin embargo, la tradición de la política colombiana, con pocos partidos y muchos hombres, es difícil de romper.

En Colombia existe una Ley de cuotas que obliga a que el 30% de los altos cargos públicos deben ser ejercidos por mujeres. Sin embargo, esto no siempre se cumple y existe, además, una infrarrepresentación en el Congreso. Por eso, entre otras razones, el Senado aprobó un nuevo Código Electoral que obliga a que las listas de los partidos tengan igualdad de hombres y mujeres aunque su implementación todavía está sujeta a un pronunciamiento de la Corte Constitucional. Sin esa ratificación del tribunal, la aplicación depende del compromiso de los partidos.

De cara a las legislativas del próximo domingo y de acuerdo con ONU Mujeres, de 16 listas al Senado, el 44% (siete listas) tienen como mínimo el 40% de mujeres como candidatas y el restante 56% de las listas apenas alcanzan el 30% de candidaturas de mujeres, cumpliendo con la legislación vigente. Solo tres listas superan el 50% de mujeres candidatas. Se trata de Estamos Listas Colombia, el Movimiento Unitario Metapolítico y el Partido Liberal Colombiano. “Se destaca el movimiento Estamos Listas Colombia, conformado por un 69% de mujeres, donde los primeros lugares están ocupados por mujeres y posteriormente por las candidaturas de hombres”, dice ONU Mujeres.

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Además del número de candidatas también importa el lugar que ocupan. De las 16 listas inscritas apenas cinco tienen a una mujer como cabeza: el Nuevo Liberalismo, con la periodista Mabel Lara; el Partido de la U, con la medallista olímpica Catherin Ibargüen; la Coalición MIRA – Colombia Justa Libres, con la economista y política Ana Paola Agudelo; Estamos Listas, con la historiadora y experta en urbanismo, Elizabeth Giraldo; y el Movimiento Nacional Sector Organizado de la Saludo SOS Colombia, con la médica Carolina McCormick.

La sola inclusión en las listas tampoco garantiza la llegada al Legislativo, ya que la mayoría de las listas son abiertas y los electores escogen libremente a los candidatos. En el Congreso actual hay una “subrepresentación de mujeres”, según ONU Mujeres. De los 270 cargos electos que hay en la legislatura que termina, apenas 55 son mujeres, es decir un 20%. “La próxima contienda electoral de 2022 debe permitir dejar atrás el actual 20% de participación en el Congreso y hacer historia con el mayor número de curules obtenidas por mujeres en una elección, acercándose a porcentajes de países vecinos como Bolivia (55,6%), México (49,2%) o Argentina (43,1%)”, indica la iniciativa Rumbo a la Paridad.

Opdahl dice que es sorprendente que Colombia no tenga una representación mayor. “Este país tiene una sociedad civil muy fuerte y organizada y, para mí, mejores organizaciones de mujeres que cualquier otro país del mundo, seguramente por el conflicto armado. Por eso es una sorpresa que esa capacidad no se refleje en el Congreso”, sostiene.

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La periodista Diana Calderón modera el debate entre los aspirantes presidenciales de la Coalición Centro Esperanza, este miércoles.
La periodista Diana Calderón modera el debate entre los aspirantes presidenciales de la Coalición Centro Esperanza, este miércoles.

La Coalición Centro Esperanza se ha acostumbrado a navegar en medio de la tormenta. Aunque en su acuerdo original los precandidatos se proponían hacer campaña de manera “fraterna y leal”, la alianza se ha caracterizado por la agitación y los desencuentros. Con esos antecedentes, los cinco aspirantes del bloque zanjaron sus diferencias este miércoles en el debate organizado por Caracol Radio y EL PAÍS, y cerraron filas en la defensa de Sergio Fajardo frente a los procesos que enfrenta, que todos coincidieron en tildar de persecución política.

Fajardo, seguido por Juan Manuel Galán y Alejandro Gaviria, parten como favoritos para llevarse la candidatura única en la consulta del 13 de marzo, con bastante distancia sobre Jorge Enrique Robledo y Carlos Amaya. La coalición se mantiene como una opción competitiva en la campaña electoral, pero los choques públicos entre precandidatos –el más reciente entre Galán y Amaya– han dejado en el aire una sensación de fragilidad que intentaron dar por superada.

El debate, moderado por la periodista Diana Calderón, comenzó con la exaltación del trabajo en equipo. “Colombia tiene miedo, y se merece un cambio con esperanza”, declaró Fajardo, que ha sido alcalde de Medellín y gobernador de Antioquia, al recordar el movimiento ciudadano que lo llevó al poder para liderar la transformación de la segunda ciudad de Colombia. “Tenemos una gran responsabilidad de gobernar con un liderazgo colectivo y con los mejores”, dijo por su parte Galán, al destacar que, gane quien gane, se proponen un Gobierno de coalición. “Tengo el conocimiento sobre los principales temas del país”, reivindicó Gaviria al destacar sus credenciales como académico y su reconocida visión liberal, mientras Robledo enfatizó la necesidad de hacer cambios en el modelo económico.

La Coalición Centro Esperanza agrupa a los políticos que se oponen a los extremos representados por el izquierdista Gustavo Petro, de un lado, y la continuidad de la derecha en el poder, por el otro. A pesar de los evidentes matices, las coincidencias no tardaron en aparecer cuando se debatió sobre el cambio climático y la política ambiental.

“Nuestra gran responsabilidad global tiene que ver con la deforestación, tenemos que parar la deforestación”, y mantener intacto el Amazonas, manifestó Gaviria, una apreciación en la que todos coincidieron. La militarización del problema, enfocada en atacar a los eslabones más débiles, no funciona, diagnosticó en una crítica al actual Gobierno. El exministro de Salud ha impulsado el tema en el debate público desde que sobrevoló la Amazonia colombiana en octubre, y otros miembros de la coalición también visitaron la zona, azotada en este nuevo año por las quemas de bosque, la semana pasada. Robledo enfatizó que la deforestación rompe con el ciclo del agua, y Fajardo la necesidad de trabajar con las comunidades. Todos rechazaron el fracking, a excepción de Gaviria, quien matizó que esperaría por la evidencia antes de tomar la decisión.

En la peor de las numerosas turbulencias que han atravesado, Ingrid Betancourt abandonó ruidosamente la alianza el mes pasado, después de haber puesto contra las cuerdas tanto a Alejandro Gaviria, con quien se enfrentó en un debate, como a los demás precandidatos con los que competía. Su salida dejó al bloque huérfano de candidatas mujeres, un déficit que han reconocido.

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Interrogados sobre sus políticas de género, Galán invocó la lista al Senado de su partido, el Nuevo Liberalismo, que incluye a figuras destacadas como la periodista Mabel Lara y la académica Sandra Borda y es lo que se conoce como una lista “cremallera”, que intercala mujeres y hombres. Gaviria subrayó la prevención del embarazo adolescente y recordó que, entre sus posturas liberales, ha apoyado decididamente la interrupción voluntaria del embarazo. A su turno, Fajardo recordó el papel protagonista que han tenido las funcionarias en sus administraciones, y se plantea como presidente crear un ministerio de las mujeres.

Al solventar la crisis por la salida de Betancourt, la coalición optó por enfatizar su carácter de oposición frente al Gobierno de Iván Duque. Ese carácter también se evidenció en el debate cuando Javier Lafuente, subdirector de EL PAÍS América, les preguntó si restablecerían las relaciones con la vecina Venezuela, rotas por completo en la actual Administración.

“La normalización de las relaciones con Venezuela no da más espera”, afirmó Galán, quien señaló la necesidad de convocar la solidaridad del mundo frente a la crisis migratoria que ha llevado a que 1,7 millones de venezolanos se asienten del otro lado de la frontera. “Colombia tiene que ser un protagonista de primera línea en la transición democrática que se viene en Venezuela”, lo secundó Gaviria, al tiempo que criticó la ideologización de la política exterior en el Gobierno Duque. “Estamos tan mal que el presidente va más a Europa que a Cúcuta”, le fustigó Amaya en referencia a la principal ciudad fronteriza. Los cinco consideraron un fracaso la actual política exterior.

Hubo espacio para ventilar las recientes diferencias entre Galán y Amaya. El precandidato del Nuevo Liberalismo le pidió explicaciones al exgobernador de Boyacá sobre nombramientos de personas cercanas en la Alcaldía de Bogotá, y este le preguntó por los méritos de sus parientes para ocupar diversos cargos públicos. “Nosotros como coalición queremos ser diferentes (…) diferenciándonos de esas otras dos coaliciones donde hay pactos de silencio frente a cuestionamientos tan graves como compra de votos”, dijo Galán, en referencia a las graves acusaciones que enfrenta el exalcalde de Barranquilla Alex Char. “Una cosa es vivir del Estado y otra es trabajar para el Estado”, se defendió en tono amable. “La gente que trabaja en el distrito lo hace por méritos”, le contestó Amaya. “Le doy la mano y le digo: confío en sumercé”, zanjó con esa expresión campesina muy usada en Boyacá.

Todos cerraron filas en defensa de Sergio Fajardo cuando le preguntaron por los dos procesos en su contra por sus actuaciones como gobernador de Antioquia, uno por no haber anticipado la volatilidad del dólar al adquirir un préstamo y otro por el megaproyecto energético Hidroituango. “Yo respondo por todas mis actuaciones”, sostuvo Fajardo, que ha denunciado una persecución política que busca mancillar su nombre por parte de los órganos de control en manos de personas cercanas al presidente Duque. “No me voy a dejar sacar por los corruptos”, añadió. El respaldo fue unánime. “La presencia de Sergio en el debate democrático colombiano es fundamental”, lo apoyó Gaviria.

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Para algunos candidatos al Elíseo, como la conservadora Valérie Pécresse, la socialista Anne Hidalgo o el actual presidente, el centrista Emmanuel Macron, es un puro trámite. Para otros, como el ultra Éric Zemmour, puede convertirse en una pesadilla.

En Francia la búsqueda de 500 firmas de alcaldes, parlamentarios y diputados en asambleas locales es el requisito ineludible para presentarse a la elección a presidente de la República. Es una manera de cribar los aspirantes potenciales para evitar candidaturas caprichosas, golpes de publicidad o simplemente que en las papeletas acabe habiendo decenas de nombres.

El constitucionalista Jean-Philippe Derosier, profesor en la Universidad de Lille, explica: “Cuando uno aspira a ser el primer responsable político del país, debe tener un anclaje, una representatividad y una repercusión territorial, y en una diversidad de territorios. Y hace falta una envergadura política”.

La ley impone que las 500 firmas procedan de un mínimo de 30 de los 101 departamentos franceses. El candidato no puede concentrar más del 10% de sus firmas en un solo departamento. Unos 42.000 cargos son susceptibles de conceder el aval.

La firmas para la elección presidencial a dos vueltas del próximo abril deben presentarse al Consejo Constitucional a partir del 30 de enero y antes del 4 de marzo. La carrera para afianzar estos apoyos ha comenzado.

Los partidos consolidados juegan con ventaja, aunque sus opciones para ganar la presidencia sean mínimas. Es el caso de Hidalgo, la alcaldesa de París y candidata del Partido Socialista (PS). En los sondeos no supera el 5% y los socialistas están sumidos en una crisis profunda, pero siguen disfrutando de un arraigo local que le permite obtener las firmas sin dificultad.

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En la situación opuesta de Hidalgo se encuentra Zemmour, un tertuliano de televisión y autor de ensayos polémicos sin un partido fuerte detrás y con nula experiencia política. En otoño los sondeos llegaron a darle una expectativa de voto del 17% y ahora se han estabilizado en torno al 13%, pero le está costando convencer a los alcaldes y cargos para que se comprometan a apadrinarle.

Como otros candidatos, buena parte del esfuerzo de Zemmour se concentra en hacer compaña en busca de avales. No es fácil: en la derecha, su terreno natural, algunos prefieren apadrinar a Pécresse la candidata de Los Republicanos (LR). Otros quieren evitar problemas: las firmas son públicas, y él es una figura incómoda, tanto por las condenas al tertuliano por promoción del odio racial como por sus salidas de tono contra los musulmanes.

La hipótesis de que Zemmour, o el populista de izquierda Jean-Luc Mélenchon, o la líder de la extrema derecha Marine Le Pen, no alcancen las 500 firmas ha llevado a algunos de estos candidatos a pedir que se suavizasen las normas. Se han presentado propuestas para que las firmas sean anónimas o para que se cree una especie de banco de firmas que ayudaría a quienes les queda poco para llegar a las 500.

“Es evidente que Mélenchon, Zemmour y Le Pen deben poder presentarse”, ha declarado a Le Figaro David Lisnard, alcalde conservador de Cannes y presidente de la Asociación de Alcaldes de Francia. “Si no lo pudiesen, habría un verdadero problema democrático”.

El constitucionalista Derosier defiende el sistema. “Funciona”, señala, “porque candidatos sin envergadura político-territorial no superan el umbral. Siempre hay y a veces son conocidos”. Y cita al exministro socialista Arnaud Montebourg, que acaba de renunciar a su candidatura independiente. Entre otros motivos, según Derosier, porque le habría resultado muy difícil recoger las 500 firmas.

El problema de Mélenchon es que, pese a ser el candidato de izquierdas con mejor posición en los sondeos, su partido, La Francia Insumisa (LFI), carece de implantación territorial en forma de alcaldes o de diputados en las regiones y departamentos. En las elecciones de 2017 y 2012, tuvo la ventaja de que el Partido Comunista Francés (PCF) no presentó a un candidato y sus cargos locales le entregaron las firmas; ahora el PCF sí tiene candidato, Fabien Roussel, y no parece dispuesto a compartirlas.

Respecto a Zemmour, Derosier opina: “No es un responsable político, es un polemista que, seré duro pero claro, ha venido para contaminar el debate democrático con sus ideas polémicas, y la escena de la elección presidencial no es una escena de teatro. Zemmour no tiene nada que hacer ahí y me parecería bastante lógico que no obtuviese las 500 firmas”.

Zemmour dice que tener ya unas 400 promesas de firma, cifra parecida a la de Mélenchon. Le Pen dice tener unas 450. “Como a muchos candidatos, nos cuesta, porque el sistema está totalmente gripado”, dijo hace unos días Le Pen en la cadena BFMTV. “Gastamos tiempo y energía en vez de dedicarlos a presentar nuestros proyectos a los franceses”.

Condena a antiguos consejeros de Sarkozy por el ‘caso de los sondeos’

Claude Guéant, quien entre 2007 y 2011 fue la mano derecha del presidente Nicolas Sarkozy en el palacio de Elíseo y después su ministro del Interior, fue condenado este viernes a un año de prisión, del que tendrá que cumplir ocho meses, por el llamado ‘caso de los sondeos del Elíseo’. Guéant, que ya se encuentra encarcelado por otro asunto, fue declarado culpable de favoritismo en el pago de millones de euros del erario público por sondeos y asesoría política sin concurso público. Los sondeos con frecuencia versaban sobre la vida personal del presidente o sobre cuestiones electorales. Los beneficiarios de los contratos eran consejeros oficiosos suyos. Dos de ellos, Patrick Buisson y Paul Giacometti, fueron condenados respectivamente a penas de dos años y a seis meses de prisión con libertad condicional, y a multas de 150.000 y 70.000 euros. Sarkozy, que declaró en el juicio como testimonio, estaba protegido por la inmunidad presidencial al haberse desarrollado los hechos en el ejercicio de sus funciones.

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