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Foto cortesía Minerva Foods

Minerva Foods abre convocatoria de su Programa Trainee 2022 que tiene como finalidad brindar a jóvenes formación especializada en distintos aspectos del sector cárnico, en especial lo relacionado con compra de ganado, mercado interno, industria y logística.

Trainee está orientado a jóvenes que quieran profundizar y potenciar su conocimiento profesional y liderazgo en las áreas mencionadas. Serán seis las plazas abiertas para este programa que tiene una duración de un año y permite la  participación de profesionales de cualquier parte del país.

Como parte de este proceso de capacitación, los seleccionados podrán tener  conocimiento integral de la producción cárnica. Además de los aspectos teóricos tendrán la posibilidad de estudiar en detalle este negocio mediante prácticas en las plantas de la empresa en Ciénaga de Oro (Córdoba) y Bucaramanga (Santander).

De acuerdo con Leandro Protzen, COO de Minerva Foods Colombia “esta es una iniciativa para contribuir a la formación del recurso humano en Colombia, así como a la especialización de jóvenes colombianos en esta industria de alimentos. También hace parte de la contribución de la empresa con el país y responde a nuestros principios de responsabilidad social y ambiental”.

Las postulaciones estarán abiertas durante un mes a partir del 1 de abril de 2022 para egresados de las siguientes carreras: ingenierías industrial, de alimentos, de producción y agroindustrial; administración agropecuaria, agronomía y veterinaria. Se aceptarán candidatos con menos de un año de graduados.

Luego de la selección inicial los postulantes tendrán entrevistas con gerentes, realizarán pruebas de conocimiento y finalmente tendrán una reunión con los directores en Colombia de la empresa. Se tendrá en cuenta la experiencia profesional.

Los interesados pueden enviar sus postulaciones al correo electrónico [email protected], las cuales deben incluir hoja de vida, diploma que acredite su graduación y un documento de una página en el que se expliquen por qué tienen interés por participar en el Programa Trainee 2022.

Fuente: Minerva Foods


Una fila de motociclistas espera para cargar combustible en una gasolinera de Caracas, en agosto de 2020.
Una fila de motociclistas espera para cargar combustible en una gasolinera de Caracas, en agosto de 2020.Carlos Becerra (Bloomberg)

Si el acercamiento entre Estados Unidos y el Gobierno de Nicolás Maduro se traduce en los resultados esperados, algunas compañías petrolíferas internacionales obtendrán licencias especiales para incrementar su volumen de producción petrolera en Venezuela, país que hace esfuerzos por regresar al mercado internacional del crudo, recuperar sus ingresos ordinarios y retomar presencia internacional.

Aún no parece realista plantearse el fin de las sanciones estadounidenses al Gobierno de Nicolás Maduro, pero si gana terreno la tendencia a la flexibilización en el contexto de los problemas energéticos planteados con la guerra entre Rusia y Ucrania.

Entre estas corporaciones sobresale especialmente el caso de Chevron, una de las pocas petroleras estadounidenses que no ha abandonado el país, y que ha ejecutado, de acuerdo a fuentes conocedoras de sector, un largo lobby para que Washington concrete algún acuerdo político aperturista con las autoridades nacionales. Cálculos de analistas vinculados al negocio petrolero estiman que esta corporación podría aumentar su producción en Venezuela en un rango que va de los 200 a los 300 mil barriles adicionales diarios de petróleo para fines de este año. Lo mismo podría estar planteado, en el mediano plazo, para otras compañías, como la India Reliance, que tiene un interés especial en el crudo extrapesado nacional.

Hace dos meses, Nicolás Maduro anunció que Venezuela había arribado al millón de barriles diarios de producción petrolera, pero todas las fuentes vinculadas a la industria reseñan que el promedio de los últimos tres meses está cercano a los 800.000, independientemente de que, en diciembre, como afirma el economista petrolero Rafael Quiroz, “se llegó al millón de barriles por uno o dos días.”

Sin haber llegado al millón, ya Maduro está prometiendo que a fines de este año la producción de petróleo estará en dos millones. “Este año vamos a dos millones de barriles diarios, llueva, truene o relampaguee. Recuperamos la producción petrolera de la mano de la clase obrera”, dijo en una alocución televisiva en la cual comentó que su Gobierno estaba “muy atento” para intervenir y estabilizar favorablemente el mercado energético internacional.

Luego de un escandaloso derrumbe a causa de la corrupción desbordada, la ausencia de mantenimiento y las sanciones internacionales, el Gobierno de Nicolás Maduro ha venido incrementando trabajosamente los niveles de producción de crudo venezolano –que llegó a estar en apenas 300 mil barriles diarios en 2020- otorgando campos a compañías operadoras totalmente desconocidas en el negocio de la industria. Ha contado también con la ayuda de Irán, aliado estratégico de Caracas. El mercado interno de combustibles, en grave situación de escasez durante cuatro años, va camino a normalizarse, y se ha acometido trabajos parciales de reparación de refinerías nacionales.

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La circunstancia, de acuerdo a lo que informan las fuentes, ha permitido a la estatal Petróleos de Venezuela mejorar su capacidad productiva, recuperar sus cuentas internas y pagar algunas deudas en un contexto de altos precios internacionales.

Sancionada, la estatal ha comercializado en este tiempo su crudo en alta mar de forma subrepticia, apoyándose en intermediarios desconocidos, particularmente en los mares de Asia. Estas operaciones se ejecutan en el marco de la Ley Antibloqueo, sancionada por el parlamento chavista.

“Las sanciones contra Maduro no han tenido los resultados esperados, y ese tema es materia de análisis en el Gobierno de Estados Unidos”, comenta un importante ejecutivo vinculado a la industria que prefirió mantener su nombre en la reserva. “Con sanciones, Maduro ha recuperado la producción local, tiene identificada una ruta para comercializar el crudo nacional y ha logrado recuperar ingresos trabajando con actores desconocidos.”

Los socios internacionales tradicionales y las firmas privadas, incluyendo compañías rusas y chinas, han continuado produciendo, pero PDVSA no puede pagarles, ni ellos recibir ingresos a causa de las sanciones. Lo mismo sucede con empresas operadoras petroleras venezolanas privadas.

“Ninguna empresa internacional seria, obligada a rendir cuentas de todos sus procesos, se atrevería a firmar contratos de servicios en el marco de la Ley Antibloqueo”, comenta otra fuente que prefiere el anonimato. “No hay capacidad técnica ni músculo financiero para que estas empresas que trabajan con PDVSA, y que nadie conoce, aumenten la producción solas. No tienen recurso humano y no atienden normativas”.

Fuentes consultadas estiman que, sin las sanciones de Estados Unidos, la producción venezolana de petróleo podría estar arribando al millón 600.000 barriles diarios. En tiempos de normalidad, el promedio de la producción nacional de petróleo rondaba los 3 millones de barriles. La presencia de la estatal PDVSA en la gestión del actual aumento petrolero constituye un punto a favor del Gobierno chavista. En el alto Gobierno revolucionario hay un claro interés por modificar el marco legal actual para favorecer la actividad privada.

“Por sí sola, Venezuela podrá aumentar apenas muy moderadamente los 700.000 – 800.000 barriles diarios de petróleo que produce”, opina el economista Orlando Ochoa. Para Ochoa, la producción local de petróleo “tiene un techo” si no se concretan licencias internacionales en el contexto de un acuerdo político.

“La responsabilidad social empresarial debe tener amor por el ambiente, pero también por la dignidad de las personas y la democracia”, comentó por su parte el líder opositor Juan Guaidó. “Una cosa es comprarle petróleo a Maduro y otra a Venezuela. ¿Dónde están los ingresos petroleros venezolanos de estos años? El otorgamiento de licencias debe estar vinculado a los compromisos de Maduro por regresar a la legalidad”.

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Un grupo de niños juega en la P de un cartel de PDVSA en las calles de Caracas el 2 de enero.
Un grupo de niños juega en la P de un cartel de PDVSA en las calles de Caracas el 2 de enero.Matias Delacroix (AP)

Venezuela alcanza de nuevo una producción de un millón de barriles diarios de petróleo y el Gobierno saca pecho tras una drástica caída en los últimos años. El ministro de Petróleo de Venezuela, Tarek El Aissami, ha declarado que se ha revertido la tendencia a la baja, “a pesar de las amenazas del bloqueo criminal”, impuesto por Estados Unidos al Gobierno de Nicolás Maduro. El propio mandatario celebró el aumento en una entrevista concedida al periodista español Ignacio Ramonet, difundida por la televisión estatal el pasado sábado. De esta forma, el Gobierno considera que está cumpliendo con la meta que se había fijado para el año pasado tras el histórico desplome de estos años de crisis económica y política, que llegaron a colocar la producción local en apenas 350.000 barriles diarios en 2020. Venezuela, tradicionalmente una de las potencias energéticas del mundo, tenía una producción histórica de un promedio de tres millones de barriles diarios.

La información oficial ha sido recibida con cautela por analistas y observadores independientes, y en algunos casos directamente desmentida, aunque ninguna fuente niega que la recuperación de la producción es un hecho, y que el país probablemente se aproxime a la zona del millón de barriles diarios hacia el mes de febrero.

Los altos precios, y una política no declarada de flexibilización de sanciones por parte de Estados Unidos, han permitido a Caracas comercializar con un poco más de comodidad su petróleo, y fundamentan, en parte, el pequeño alivio de la dramática situación económica del país tras el desplome de la etapa de Maduro.

Rafael Quiroz, economista especializado en la materia y profesor de posgrado de la Universidad Central de Venezuela, asegura que el país se acercó a los 800.000 barriles diarios en diciembre, y que la recuperación se debe, en parte, a la alianza con el Gobierno de Irán, que ha proporcionado a Venezuela nafta y diluyentes para reactivar los pozos de crudo extrapesado de la zona de producción de la Faja del Orinoco. “Esto a pesar de que no deja de haber muchos inconvenientes por la calidad del crudo que se está diluyendo. La situación de la industria petrolera venezolana sigue siendo dramática. No hemos llegado al millón de barriles. El ministro El Aissami miente deliberadamente en este momento”, asegura.

“El aumento es real, pero es el resultado de abrir lo que se denomina la producción cerrada, con una inversión limitada. La producción había caído por causa de las sanciones internacionales, pero no la capacidad de producción local”, explica el especialista Francisco Monaldi, consultor internacional y profesor titular del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA). “No se ha perforado un nuevo pozo desde hace año y medio. Básicamente estamos volviendo a los niveles de producción de comienzos de 2020”.

Monaldi sostiene que el ministro El Aissami, y el actual presidente de PDVSA (petrolera estatal), Asdrúbal Chávez, han construido un sofisticado sistema para evadir las sanciones internacionales, comercializar crudo, y recibir, sobre todo, ayuda de Teherán, cuyo Gobierno es uno de los aliados geopolíticos de Caracas. El incremento actual de la producción de crudo se ha materializado, también, gracias a la reactivación de algunos proyectos con China y la estadounidense Chevron, que cuenta con un permiso especial de Washington para seguir operando en el país.

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“Algunos reportes informan de que en ciertos días se ha llegado al millón de barriles, pero eso es consecuencia de la incorporación de estos condensados que se han comprado a Irán”, añade el experto.

Maduro ha dicho que la meta de 2022 es llegar a los dos millones de barriles diarios, un horizonte que los expertos consideran muy remoto si no son levantadas las sanciones internacionales. “Venezuela está llegando al techo de su producción, que ciertamente viene subiendo, pero con una capacidad que tiene un límite”, afirma Monaldi. “Aumentarla requiere inversiones fuertes, perforar nuevos pozos y luego mantenerlos. Eso está por verse. Es cierto que los altos precios actuales le otorgan al Gobierno un margen y le ayudan. La producción está subiendo y puede subir más, sin duda, pero estimo que no va a ser demasiado. Sería necesario, además, que los chinos se animen a hacer nuevas inversiones con PDVSA”, añade.

Antes de las sanciones internacionales, la producción petrolera venezolana promediaba el millón y medio de barriles diarios. El otrora poderoso motor petrolero nacional fue usado por Hugo Chávez (fallecido en 2013) para fundamentar una agresiva diplomacia que perseguía ampliar el espectro político de la revolución bolivariana en América Latina, en el contexto de la estrategia “multipolar” que pretendía colocar contrapesos a los intereses de Washington en la región.

La politización de sus objetivos, la marcha de personal cualificado, y la corrupción durante las administraciones de Rafael Ramírez, Alí Rodríguez Araque y Eulogio del Pino al frente de Petróleos de Venezuela (PDVSA), produjo el declive progresivo de la que fue considerada la sociedad mercantil más poderosa de América Latina, según la revista América Economía, y, a la larga, sentó las bases del derrumbe económico nacional de los últimos seis años.

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