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El fin de la guerra de Vladímir Putin contra Ucrania no parece cercano. Pese a las promesas de Moscú de reducir “drásticamente” los ataques en esa zona, las tropas del Kremlin han seguido bombardeando con fuerza Chernihiv, en el noreste del país, prácticamente sitiada por las fuerzas rusas y muy castigada por los bombardeos. Un día después de las conversaciones de paz en Estambul que ofrecieron pequeños avances en la senda del diálogo, Rusia también ha atacado los alrededores de Kiev pese a que, como en Chernihiv, se comprometió a no hacerlo para “aumentar la confianza mutua” en las conversaciones.

Ante la falta de avances en la capital y con sus tropas empantanadas y problemas logísticos, Moscú sigue presionando esas zonas, aunque centra sus esfuerzos en el este de Ucrania. Sobre todo en Donbás, donde han aumentado los esfuerzos para avanzar hacia la ciudad de Sloviansk, en la región de Donetsk, y progresa en la ofensiva sobre Mariupol, la localidad portuaria arrasada por las bombas de la que ya controlan una parte y donde están tratando de forzar una capitulación.

Las tropas rusas se han reorganizado también para desbaratar la contraofensiva ucrania en el sur, donde han hecho sus mayores avances hasta ahora con la captura de Jersón, la única capital regional que controlan. Moscú trata de mantener sus logros en ese flanco donde está usando como lanzadera militar la península de Crimea —que se anexionó ilegalmente en 2014— y avanzar sobre Mikolaiv y hacia el este, con el objetivo de rodear a las tropas ucranias en el Donbás desde el noreste y desde el sur, según el último análisis del Instituto para el Estudio de la Guerra.

El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, advirtió el martes por la noche que el país “no debería dejar de estar vigilante” tras el anuncio de Rusia de que reduciría sus actividades militares cerca de Kiev. El Gobierno ucranio y sus aliados occidentales son escépticos sobre los anuncios e intenciones de Putin. Este miércoles, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, ha recalcado que no hubo grandes avances en Estambul aunque ha señalado que la entrega de propuestas por escrito de Kiev es un “factor positivo”. “Todavía queda mucho trabajo por hacer”, ha insistido Peskov, que ha explicado que la delegación negociadora rusa se reunirá con Putin. Moscú trata de tener ventaja en la mesa de negociaciones.

Mientras, el ministerio de Defensa de Reino Unido ha señalado que las tropas de Putin se han visto obligadas a regresar a Rusia para reorganizarse y reabastecerse tras sufrir grandes pérdidas. El cambio de enfoque de Moscú hacia el Donbás es “probablemente una admisión tácita de que está luchando para mantener más de un eje de avance”. En su análisis, Londres ha advertido también de que Rusia “probablemente compense su reducida capacidad de maniobra terrestre a través de artillería masiva, ataques y misiles”.

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400 civiles muertos en Chernihiv

En Chernihiv, la situación es dramática, advierten las autoridades locales. En la ciudad han muerto unos 400 civiles desde que Putin lanzó la invasión. Quienes permanecen en la ciudad, con 285.000 ciudadanos censados antes de la guerra, una localidad tranquila y donde apenas nadie creía en la posibilidad de que el conflicto armado llegase a sus puertas, no tienen agua, electricidad ni gas. Esta noche y esta mañana han seguido allí los bombardeos. El gobernador, Viacheslav Chaus, y el alcalde, Vladislav Atroschenko, han acusado al Kremlin de mentir. “La ‘disminución de la actividad’ en la región de Chernihiv fue demostrada por el enemigo que realizó ataques en Nizhyn, incluidos ataques aéreos, y durante toda la noche atacaron Chernihiv”, ha alertado Chaus en un mensaje de Telegram. Chernihiv está a unos 140 kilómetros de Kiev.

Oleksiy Arestovich, asesor presidencial ucranio, ha advertido este miércoles de que Rusia está moviendo tropas del norte, sobre todo de la región de Kiev, al este para cercar a las fuerzas ucranias; pero no ha constatado retirada de la zona de Chernihiv. Mientras, han agudizado la ofensiva en el área del Donbás, la zona minera del sureste del país que da nombre a la operación de Putin para “desnazificar” Ucrania y liberar y “proteger” a la población rusoparlante.

Pavlo Kirilenko, el gobernador de Donetsk, una de sus dos regiones del Donbás, ha remarcado este miércoles que las tropas del Kremlin están bombardeando todas las ciudades a lo largo de la línea del frente que ha separado durante casi ocho años las fuerzas ucranias de las de los separatistas prorrusos a través de los que Moscú controla la autodenominaba “república popular” de Donetsk.

Las fuerzas de Kiev han combatido cuatro avances rusos en las regiones de Lugansk y Donetsk en los últimos días, según el Ejército ucranio. Las autoridades denuncian, además, que Rusia está bombardeando con “artillería pesada” zonas residenciales de la ciudad de Lysychansk, en la región de Lugansk. El Ministerio de Defensa de Rusia ha asegurado este miércoles que ha destruido con sus ataques “equipo militar ucranio” y dos almacenes en el Donbás.

En Mariupol, también en la región del Donbás, siguen produciéndose intensos combates. La ciudad lleva bajo asedio y cercada un mes y está prácticamente devastada. Las autoridades locales estiman en 5.000 los civiles muertos en la ciudad. Mientras, Moscú ha asegurado que no ataca a civiles y culpa a las “fueras nacionalistas” de la destrucción de la ciudad portuaria, símbolo ya del sufrimiento de la ciudadanía ucrania. Más de cuatro millones de personas han abandonado ya Ucrania por la violencia desatada por la invasión de Vladímir Putin, que pese a las grandes pérdidas de vidas humanas — y de sus propias tropas— y la condena internacional, insiste en que todo está saliendo según su plan.

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Una gran columna de humo se alza sobre una zona logística de Chaiky, a las afueras de Kiev. A media mañana del jueves, justo cuando arranca el segundo mes de guerra en la exrepública soviética, se escuchan intensas detonaciones en el lugar. Algunos de los militares ucranios que custodian la zona a unos metros de un retén de bomberos se muestran enervados por la situación. En primera línea de combate, a unos kilómetros de aquí, la estrategia del Ejército local sigue siendo golpear las columnas de suministro logístico de los rusos y tratar de rodear a sus tropas una vez desabastecidas, explica optimista a este periódico un portavoz militar en Kiev. Calcula que el Kremlin tiene desplegados unos 19.000 hombres en el noroeste de la capital ucrania, principal objetivo militar y político del presidente ruso, Vladímir Putin, desde que ordenó la invasión.

Un puñado de vecinos de las casas más próximas al polígono alcanzado por los proyectiles se paran apenas unos segundos mientras el sol queda por momentos eclipsado por la humareda. De inmediato siguen con su vida, como un hombre que no oculta que permanece en su casa junto a su mujer, sus hijos y sus nietos. No es el primer día que los continuos zambombazos son la banda sonora en estas calles de Petropavlivska Borschahivka, la localidad a la que pertenecen. Testigo privilegiado de los combates es la iglesia ortodoxa erigida en honor al nacimiento de la virgen María.

Las fuerzas de tierra que comanda el general Oleksandr Sirskii llevan días no solo impidiendo el avance de los rusos a las afueras de Kiev, sino que su intención es rodear la zona en la que se encuentran estancados en las disputadas localidades de Irpin, Gostomel, Bucha y Makariv con serios problemas logísticos, detalla Volodímir Fitio, uno de los portavoces del Ejército. La estrategia es cortar la llegada de apoyo a los rusos desde la retaguardia en forma de combustible, municiones o comida a la línea del frente.

Los mencionados son enclaves estratégicos que Rusia quiso tomar desde el principio como punta de lanza para meter a sus hombres en el centro de la capital. Los carros de combate del Kremlin llegaron hasta aquí muy pronto, apenas un par de días después de la invasión ordenada por Putin, pero lo que entonces parecía un progreso rápido y casi imposible de frenar se ha acabado estancando.

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El Ejército ruso “ha perdido el potencial de ataque, su estado moral y psicológico es bajo. Todo lo que pueden hacer ahora es saqueo, robar todo lo que pueden, destrozar todo lo que tocan”, afirma Fitio, que estima que hay unos 16.000 soldados rusos en la región noroeste de Kiev a los que hay que sumar unos 3.000 más dedicados a la defensa aérea y la logística. “Las Fuerzas Armadas ucranias intentan echar al enemigo de estas ciudades y sus alrededores y llevar a cabo una limpieza”, y “en el caso de que el enemigo decida atacar a Kiev, será parado y eliminado”. “Por ahora estamos intentando hacerles retroceder”, añade.

Ucrania está recibiendo ayuda desde el extranjero tanto en efectivos como en armamento, pero las autoridades prefieren que esos detalles se mantengan lejos del foco mediático. “Agradecemos a los países amigos el suministro de ayuda, que es muy necesaria. Pero no hay necesidad de hablar de ello”, ha comentado en Kiev este jueves Oleksandr Motuzianik, portavoz del Ministerio de Defensa, en una comparecencia pública.

Cadáveres abandonados

En Irpin, Bucha o Gostomel sigue habiendo estos días enfrentamientos, reconocen fuentes militares ucranias. No quieren referirse, sin embargo, a las bajas que están sufriendo las tropas locales, pero hablan de miles de rusos desperdigados por el campo de batalla cuyos cuerpos no están siendo recogidos.

“Necesitamos que el mundo vea cuántos cuerpos de los soldados rusos están tirados en los campos y que nadie quiere recogerlos”, comenta el portavoz militar, que incluso se refiere a “una catástrofe ecológica”, especialmente en la región de Sumy, donde no se retira ninguno. “La parte rusa no está interesada en recoger los cuerpos para que no se conozca el número real de los muertos y la parte ucraniana se ve obligada a hacer fosas comunes”, pero “no es siempre posible, porque no se puede hacer en las zonas del combate, ni tampoco es posible hacerlo en los territorios ocupados por las tropas rusas”.

Volodímir Fitio, uno de los portavoces del Ejército de Ucrania, este jueves en Kiev.
Volodímir Fitio, uno de los portavoces del Ejército de Ucrania, este jueves en Kiev.Luis de Vega

El pasado lunes el diario Komsomolskaya Pravda, un medio afín al Kremlin, publicó durante unos minutos que hasta el momento habían perdido la vida 9.861 militares rusos en la guerra de Ucrania y 16.153 habían resultado heridos. Las autoridades no han desmentido esas cifras, mientras que la dirección del tabloide asegura que aquel día fue pirateada la interfaz de su sitio web y alguien manipuló la pieza con “información inexacta”. Hasta el momento, Moscú solo ha informado oficialmente el pasado 2 de marzo de 498 muertos y 1.597 heridos en sus filas.

Volodímir Fitio reclama “apoyo internacional y de países miembros de la OTAN con armamento” y también: “Necesitamos que todos los negocios internacionales que todavía no han salido de Rusia, salgan del país y no paguen impuestos que financian las Fuerzas Armadas rusas y esta guerra”. El portavoz militar considera que si cae Ucrania, Putin pondrá en su punto de mira otros países europeos. “Y no será solo Polonia, irá hasta Alemania y aún más lejos”, pronostica.

Mientras, en las calles de Petropavlivska Borschahivka, bajo la columna de humo, los integrantes del cuerpo de defensa civil controlan la circulación y el tránsito de personas en los alrededores de la zona industrial atacada. Uno de ellos, Sasha, va con una mochila a la espalda y busca transporte hasta el centro de Kiev. Como muchos otros, tiene a su mujer y dos hijos en el oeste del país y, tras este mes de guerra con la defensa civil, ha decidido dar el salto al Ejército. Los zumbidos de misiles que rompen el cielo hacen al reportero maldecir mirando hacia arriba entre las risas de los presentes, que están más que habituados. “No pasa nada”, tranquilizan.

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Un hombre recarga gasolina a su automóvil, en Caracas, este 16 de marzo.
Un hombre recarga gasolina a su automóvil, en Caracas, este 16 de marzo.STRINGER (REUTERS)

Enormes filas de coches quedaron atascados en una protesta de transportistas de pasajeros en Caracas en reclamo a la eliminación del subsidio a la gasolina. Es una escena poco frecuente en la capital venezolana, mejor abastecida tras la crisis de 2020 cuando Nicolás Maduro debió racionar el suministro y recurrir al auxilio de sus socios iraníes para paliar la grave escasez. Pero, esta vez, el motivo de reclamo de estos días es general y comienza a expandirse.

Al menos un centenar de gasolineras en todo el país pasaron, sin mayores avisos oficiales, a despachar combustible a lo que el Gobierno de Maduro ha llamado “precio internacional” o “gasolina dolarizada”, que en realidad es una tarifa fija de 50 centavos de dólar por litro, una verdadera ganga frente al salto de los últimos días que viven algunos países a raíz de la crisis energética por la invasión rusa a Ucrania, pero que en un país con 96% de pobreza todavía resulta muy costoso para la mayoría.

Un grupo de motorizados y transportistas protestaba este miércoles en San Mateo, un pequeño pueblo del centro del país. La única estación de servicio que hay en ese municipio dejó de vender al precio subsidiado en bolívares y las de los poblados vecinos también. Lentamente, el Gobierno ha ido recortando el subsidio histórico a los combustibles que ha privado en Venezuela. Hasta hace unos años se llenaba el tanque y se pagaba con alguna galleta u otra especie al despachador, pues el precio quedó congelado durante años y fue rebasado por la inflación. Era la gasolina más barata del mundo.

Con la desaparición de las estaciones que venden a precio subsidiado, se hicieron cambios en la plataforma del Sistema Patria a través de la cual se accede a este cupo mensual de 120 litros de gasolina a prácticamente un dólar por un tanque lleno, pero con el precio adicional de pasar horas —y a veces días— en filas. Un nuevo requisito se ha impuesto: los conductores deben acudir a cargar combustible a 0,10 bolívares el litro un día específico del mes, según el terminal de la cédula de identidad, una medida que busca descongestionar las estaciones y que empieza a dar resultados. Antes, los cupos se actualizaban todos a principios de mes y en ese momento los conductores corrían a recargar.

Fue Maduro el que se atrevió en 2016 a subir el precio de la gasolina por primera vez en más de 20 años. Así conjuró el fantasma venezolano de que el alza de la gasolina podía desatar un estallido social como el vivido en 1989 en el llamado Caracazo, luego de un paquete de medidas de ajuste implementadas por el presidente Carlos Andrés Pérez.

Ahora el líder chavista comienza a hacer sus propios ajustes en la búsqueda de más ingresos y la gasolina, por la que Venezuela deja de percibir unos 12.000 millones de dólares al año al casi regalarla, es una vía. Luego de la escasez de 2020, y en medio de las sanciones a PDVSA, logró reactivar algunas refinerías y aumentar la producción con insumos y asesoría de Irán. En el último cuatrimestre de 2021 Venezuela estaba produciendo unos 85 mil barriles diarios de gasolina, suficientes para abastecer el mercado local, aseguran fuentes sindicales, pero los despachos a Cuba y el contrabando —pese al reciente desmantelamiento de algunas mafias de traficantes— siguen restando al consumo nacional.

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Impuestos y salario

Con el descalabro de las finanzas públicas por la merma en los ingresos y la reducción en casi 80% del PIB en siete años, Maduro busca una fuente de dinero en el bolsillo de los venezolanos a través de más tributos. La Asamblea Nacional también aprobó un nuevo impuesto a las transacciones hechas en moneda extranjera en un momento en que casi 70% de las operaciones en Venezuela se realizan en dólares, pesos colombianos e incluso reales. También se aumentaron este año las tasas de trámites en registros y notarías, las tarifas de algunos servicios que durante la mayor parte del chavismo han sido casi gratuitos, al costo del colapso de los mismos, y han reaparecido los peajes en las carreteras eliminados durante el Gobierno de Hugo Chávez.

La semana pasada, Maduro aumentó el salario mínimo de dos a casi 30 dólares, diez meses después del último incremento, y ha dicho que se financiará con la recaudación tributaria. “Al llegar el crecimiento de la economía, ahorrando parte de los impuestos y garantizando la emisión de bolívares con la riqueza petrolera y la venta de oro, vamos a un plan de recuperación del salario”, dijo.

Pese a que el ajuste figura como un incremento sustancial, en un momento en que la inflación está contenida, resulta poco para la economía venezolana. “No podemos seguir aceptando pensiones de muerte”, señala Pedro García, dirigente de la federación nacional de jubilados y pensionados. El ajuste del salario ha sido recibido con una masiva jornada de protestas de pensionistas y trabajadores del sector público realizada este miércoles, pues sigue siendo insuficiente para pagar una canasta alimentaria mensual que supera los 350 dólares.

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Un vehículo blindado de transporte militar, el pasado agosto en una exposición internacional de armamento en Kubinka, a las afueras de Moscú.
Un vehículo blindado de transporte militar, el pasado agosto en una exposición internacional de armamento en Kubinka, a las afueras de Moscú.Mikhail Svetlov (Getty Images)

Los años en los que Rusia aspiraba a convertirse en el mayor exportador mundial de armamento han quedado atrás. Desde que el valor de las ventas de material militar ruso alcanzó su pico hace un decenio, la India y China, los principales importadores, han reducido su dependencia de Moscú; mientras que las compras de otros socios tradicionales, como Argelia o Venezuela, han caído en picado. A un futuro negro para la industria armamentística rusa se suma la tremenda presión que Estados Unidos y la Unión Europea ejercerán sobre Egipto, Turquía y Serbia, entre otros, para que corten de raíz sus importaciones por la brutal ofensiva que el Kremlin ha lanzado sobre Ucrania.

Aun antes de la invasión de Ucrania, el valor de las exportaciones rusas de armamento se había reducido un 26% entre 2017 y 2021 respecto al quinquenio anterior, según un informe que publica este lunes el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI). El desplome no fue mayor porque Egipto —tercer importador mundial tras la India y Arabia Saudí— multiplicó por ocho sus compras al país durante ese periodo. De los datos del centro de investigación sueco se desprende que las exportaciones rusas sumaron en el último lustro menos de una quinta parte de las ventas globales (19%), algo que aún no había sucedido este siglo. También, que las exportaciones estadounidenses equivalieron a más del doble que las rusas por primera vez desde 1999.

Entre el casi medio centenar de países que aún reciben encargos de las fábricas rusas, muchos van a tener que reconsiderar sus planes. Como parte de la respuesta a la invasión de Ucrania, Washington y Bruselas elevarán su presión para que cancelen los contratos vigentes y no lleguen a ningún nuevo acuerdo con Moscú.

Egipto será uno sobre los que se ejerza una presión mayor. Desde la llegada al poder de Abdelfatá al Sisi, en 2014, el régimen ha transformado las Fuerzas Armadas con compras multimillonarias. Y en los últimos años, El Cairo ha mostrado predilección por el armamento ruso. Muchos analistas anticipan que EE UU amenazará a Egipto con cortar los 1.300 millones de dólares (1.190 millones de euros) anuales que le entrega en concepto de asistencia militar si no suspende sus compras a Rusia.

Turquía también se verá en una encrucijada. El segundo mayor Ejército de la OTAN desafió en 2017 al resto de sus socios con la compra del sistema de defensa antiaéreo ruso S-400, lo que provocó que Washington, con Donald Trump en la presidencia, impusiera sanciones a Ankara. El pasado septiembre, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, alertó de que la adquisición de más proyectiles rusos estaba sobre la mesa. Sin embargo, el periódico Sabah publicó en diciembre que Turquía había comenzado a desarrollar su propio sistema de misiles tierra-aire y antibalísticos. Siemon Wezeman, investigador del SIPRI y coautor del informe, sostiene por teléfono que “a Ankara no le queda otra más que realinearse con sus aliados transatlánticos”.

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La presión occidental tendrá menos repercusiones en la India y China, los dos principales compradores de armas rusas, pero el volumen de sus adquisiciones continuará disminuyendo. Los dos gigantes asiáticos han desarrollado en los últimos decenios su industria armamentística, y Nueva Delhi ha diversificado sus compras, con Francia y EE UU como países más beneficiados. Wezeman cree que China “ha cubierto durante décadas sus necesidades con importaciones rusas, como de motores o de helicópteros, pero hoy ya no hay prácticamente nada que Pekín no sea capaz de producir”.

La mayoría del resto de principales socios comerciales de Rusia también han reducido mucho sus compras por distintos motivos. En el caso de Argelia, el régimen las ha disminuido de manera notable tras un periodo de renovación de su arsenal. Y en otros, como los de Venezuela o Siria, el volumen de sus importaciones ha pasado a resultar irrelevante.

En Europa, solo Bielorrusia y Serbia compran armas rusas. Minsk, principal aliado del Kremlin en el ataque a Ucrania, prácticamente ha duplicado sus importaciones de armamento en el último quinquenio, y el 99,9% de lo recibido llegó desde Rusia. Belgrado, por su parte, también ha aumentado su gasto en material bélico desde 2016, siendo más del 85% de fabricación rusa o bielorrusa. Wezeman opina que la UE pondrá a Serbia entre la espada y la pared: “De no romper con Moscú, no solo dejará de recibir armamento de los países comunitarios; su roce con Bruselas afectará a distintos ámbitos”.

Un sistema de defensa antiaéreo Pantsir-S1, operado por el Ejército de Serbia en 2019 durante unas maniobras militares.
Un sistema de defensa antiaéreo Pantsir-S1, operado por el Ejército de Serbia en 2019 durante unas maniobras militares.Serbian Presidential Press Service

Los tentáculos de Washington influirán profundamente en receptores asiáticos de armas rusas como Vietnam, Malasia, Indonesia o Emiratos Árabes Unidos. Más complicado es que ejerzan una presión efectiva sobre la junta golpista de Myanmar, o sobre Armenia y Azerbaiyán, enfrentados militarmente desde la disolución de la Unión Soviética, y a los que Moscú continúa suministrando tanques y misiles a la vez que actúa de mediador entre ambos.

Tampoco parece que las repúblicas exsoviéticas de Asia Central vayan a realizar grandes encargos a la industria armamentística rusa. En Kazajistán, principal importador de la región, algunos expertos han percibido un cierto enfriamiento de las relaciones con Moscú en las últimas semanas, tras la represión sangrienta de las manifestaciones antigubernamentales en el país centroasiático y la guerra en Ucrania. Turkmenistán, cortejado por sus ingentes reservas de gas, ha optado en los últimos años por el material turco y chino en detrimento del ruso. Y el volumen de las compras de Uzbekistán, Kirguistán y Tayikistán roza la insignificancia.

Las ventas de armamento de fabricación rusa llegaron prácticamente a igualar el valor de las estadounidenses en 2002, y otra vez en torno a 2011, según los datos del SIPRI, cuyo sistema de cálculo no se refiere a los precios reales de compraventa, sino que está fundamentado en los costes de producción y no representa cifras exactas. Entonces, cada potencia copaba alrededor del 30% de las transferencias globales. Ahora, la brecha se amplía cada año y Washington cuenta con 103 países compradores, frente a los 45 de Moscú.

En cuanto a las importaciones, el armamento entregado a Rusia en los últimos 20 años ha sido muy limitado, equiparable al adquirido por Suiza o Sri Lanka. Aunque, paradójicamente, más del 85% de lo importado por Moscú en ese periodo llegó desde Ucrania. Además, en 2014 —el año en el que comenzó la guerra entre Kiev y los separatistas prorrusos de la región de Donbás— se alcanzó el mayor volumen de exportaciones ucranias a su actual invasor, principalmente motores y otros componentes para aviones de combate. La última entrega de armas de Ucrania a Rusia registrada en la base de datos del SIPRI se realizó en 2018.

Ucrania solo sumó el 0,1% de las importaciones globales en el último lustro

Los datos publicados este lunes por el SIPRI muestran que las importaciones de Ucrania de armamento entre 2017 y 2021 solo equivalieron al 0,1% de las compras globales. Sin embargo, desde el pasado enero, Occidente comenzó a suministrar armas a Kiev ante la amenaza de Moscú, y los esfuerzos se han redoblado en los últimos días, aunque EE UU y sus aliados europeos actúan con prudencia y cautela por temor a una réplica del Kremlin.

A pesar de que las importaciones de Ucrania han sido muy escasas desde 2014, destaca la compra de una docena de drones turcos que se han convertido en imprescindibles para el Ejército ucranio en su lucha por frenar la expansión de las tropas rusas. En los últimos días, los Bayraktar —cuya eficiencia ya había quedado demostrada en Siria, Libia o Nagorno Karabaj— han destrozado lanzaderas de misiles, tanques y convoyes de suministro, según el Pentágono. Ucrania comenzó a utilizar los aviones no tripulados de fabricación turca para atacar a los rebeldes del Donbás el pasado otoño. Semanas después, Kiev anunció un acuerdo para adquirir otros 24 drones; y en febrero, unos días antes del inicio de la ofensiva rusa, Ankara anunció que instalaría en Ucrania un centro para producir más Bayraktar y formar pilotos.

Wezeman cree que el volumen de armamento importado por Ucrania en los últimos cinco años habría sido muchísimo mayor si la situación económica no hubiera resultado asfixiante para el Gobierno de Kiev. El experto también recalca que los planes del Ejército ucranio estaban centrados en lidiar con las milicias de las provincias rebeldes de Donetsk y Lugansk, no con un ataque a gran escala de una superpotencia militar. 

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El verano de los últimos días ha provocado la sequía en el municipio de Orito, Putumayo, y ante ello, tomaron medidas. 

El verano de los últimos días ha provocado la sequía en el municipio de Orito, Putumayo, y ante ello, tomaron medidas.

Noticias Putumayo.

El suministro de agua de Orito, Putumayo, se ha reducido considerablemente por la sequía por la que atraviesa este municipio.

A la Bocatoma el Yarumito, antes le llegaba 210 Litros por segundo ahora solo llegan 30 litros.

Es por esto que la empresa de servicios públicos Emporito, adelantó un plan de contingencia para garantizar el servicio de agua en todo el municipio, y se realizará la conexión entre dos quebradas para abastecer la Bocatoma de Orito.

Se habilitará la Bocatoma la Fragua, que estará conectada con la quebrada el quebradoncito. Unión que llegara hasta la Bocatoma Yarumito.

Se espera generar 80 Litros de agua por segundo.

Además también se reducirán las horas del servicio de agua, gradualmente para que todo el sector pueda obtener el vital líquido.

Es decir que se reducirá la prestación del servicio en sus horarios habituales.

Orito es el municipio que tiene los servicios de acueducto alcantarillado y aseo, con la tarifa más económica del país.

«Nuestra recomendación para toda la comunidad para que tomen conciencia y nos apoyen economizando agua y buscando mecanismo diferentes para el uso de agua en el gasto diario», es la invitación que hacen desde Emporito.


Esta medida funcionará hasta que se normalice la contingencia por la sequía en este municipio del departamento del Putumayo.



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