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Instalaciones de la reserva estratégica de petróleo de EE UU en Freeport (Texas), en una imagen de 2016.
Instalaciones de la reserva estratégica de petróleo de EE UU en Freeport (Texas), en una imagen de 2016.Richard Carson (Reuters)

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha anunciado este jueves que lanzará al mercado 180 millones de barriles de petróleo —un millón al día durante seis meses— procedentes de las reservas estratégicas del país para intentar rebajar el precio, según adelantó la Casa Blanca. Esta cantidad de crudo es el equivalente aproximado a dos días de demanda global. Tras conocerse la medida, el precio del petróleo cayó un 4,5%.

En una comparecencia en la Casa Blanca, el mandatario apeló a acelerar la consecución de la independencia energética para evitar crisis de suministro como la provocada por la contienda; instó a la industria a producir más “y no conformarse con sus beneficios récord” y pidió al Congreso que apruebe sus planes de transición energética hacia una economía verde. La subida del precio de la gasolina se enraíza en la recuperación pospandémica, al aumentar la demanda, pero se ha visto agravada por el conflicto de Ucrania, recordó el presidente. “Sé cuánto duele esto al bolsillo de los estadounidenses cuando van a la gasolinera”, declaró, por lo que prometió aliviar la presión alcista de los precios con un llamamiento, casi rayano en una orden, a incentivar la producción. A las empresas que han conseguido licencias de explotación pero no están operando, les advirtió, “tendrán que empezar a producir o pagar por su inactividad”.

“El 90% de la producción de yacimientos terrestres se realiza en terrenos que no son propiedad del Gobierno federal. Del 10% restante, terrenos federales, la industria del petróleo y gas tiene arrendadas millones de hectáreas. Actualmente disponen de 9.000 permisos para perforar ya aprobados. Podrían estar extrayendo ahora mismo”, se lamentaba Biden el 8 de marzo, cuando prohibió la importación de petróleo ruso como sanción por la invasión de Ucrania.

“La magnitud [de la medida] no tiene precedentes: nunca en el mundo se han liberado reservas a ese ritmo durante tanto tiempo. Esta salida récord servirá de puente hasta fin de año, cuando se consolide el aumento de la producción nacional”, recordaba en un comunicado la Casa Blanca.

No es la primera decisión de Biden que afecta al fondo de reserva de petróleo —en noviembre pasado anunció la salida al mercado de 50 millones de barriles para aliviar la presión sobre hogares y empresas—, pero sí la primera directamente vinculada a la guerra de Ucrania. El argumento más utilizado por el presidente estadounidense desde que empezó la contienda es que hay que culpar a su homólogo ruso, Vladímir Putin, del alza de los precios, en especial la subida de la factura de la energía. Idéntico argumento ha sido esgrimido en el anuncio de este jueves. “Los estadounidenses se enfrentan al aumento de los precios en las gasolineras debido al aumento de precios de Putin. Desde que aceleró su concentración militar en Ucrania [el despliegue de tropas en la frontera que precedió a la invasión], los precios de la gasolina han aumentado casi un dólar por galón [3,78 litros]. Debido a la guerra declarada por Putin, llega menos petróleo al mercado y la reducción en el suministro está aumentando el precio en los surtidores. El presidente Biden se compromete a hacer todo lo que esté en su mano para ayudar a las familias que, como resultado del conflicto, deben pagar más. Por eso, hoy, el presidente anunciará un plan en dos partes para aliviar la presión de las familias al aumentar de inmediato el suministro de petróleo y lograr una independencia energética duradera, que reduzca la demanda de petróleo y refuerce nuestra economía de energías limpias”, explica el comunicado de la presidencia.

Con la inflación en máximos históricos desde los años ochenta, el comunicado de la Casa Blanca subraya cómo, desde comienzos de año, el precio medio del galón de gasolina se ha incrementado casi un dólar: de 3,30 a 4,20 dólares. La prohibición de importar petróleo ruso, “una medida demandada y apoyada por republicanos y demócratas en el Congreso”, iba a tener un coste, advirtió Biden, que se traduciría en una mayor presión inflacionaria, pese a que el crudo ruso representaba solo en torno al 8% del suministro del país. Para compensar, Washington confía en que se acelere la producción interior de gas y petróleo.

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Esto preocupa a los grupos ecologistas, y representa una cierta contradicción frente a la apuesta por la transición energética de la que Biden ha hecho bandera. Estados Unidos se acerca a niveles récord de producción de petróleo y gas natural. “Se espera que aumente en un millón de barriles por día este año y casi 700.000 barriles por día el próximo año”, según el comunicado.

El Fondo de Reserva Estratégico, creado en 1975 después de que el boicot de países productores árabes desencadenase la primera crisis energética global, almacena 586 millones de barriles en cuatro lugares celosamente custodiados en la costa de Luisiana y Texas. Los presidentes del país pueden recurrir al fondo para calmar a los mercados en caso de guerra o cuando catástrofes naturales golpean infraestructuras energéticas, por ejemplo en el golfo de México.

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Joe Biden recibe su cuarta dosis de la vacuna de Pfizer, este miércoles en Washington.
Joe Biden recibe su cuarta dosis de la vacuna de Pfizer, este miércoles en Washington.Anna Moneymaker (AFP)

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, 79 años, ha recibido hoy su cuarta dosis de la vacuna contra el coronavirus un día después de que la FDA diera el visto bueno para esa segunda dosis de refuerzo para los mayores de 50 años. “No ha dolido nada”, dijo el demócrata a preguntas de los periodistas mientras el mandatario procedía a bajarse la manga de su camisa tras recibir la inyección. Biden ha declarado que debido a la estrategia de vacunación, pruebas y tratamientos llevada a cabo el año pasado, EE UU se encuentra en un nuevo momento de la pandemia. “Eso no significa que la covid-19 se haya acabado”, ha querido precisar el mandatario. “Significa que ya no controla nuestras vidas”.

Biden se ha puesto su segunda dosis de refuerzo cuando en Estados Unidos ya hay una subvariante altamente contagiosa de omicrón, BA.2, que representa casi el 55% de los positivos por coronavirus, según estimaciones de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, siglas en inglés). Además, la Casa Blanca ha recordado al Congreso de la nación que en junio se agotan los fondos que existen para hacer frente a la pandemia.

“Esto no es un tema partidista, estamos hablando de medicina”, ha declarado Biden desde la Casa Blanca. Antes de que se le inyectara el refuerzo de la vacuna, el mandatario ha instado al Capitolio a que actúe “inmediatamente”, ya que el país “no puede esperar” a que haya un nuevo repunte de la infección para abordar los problemas de financiación. El presidente fue muy claro al informar de que sin nuevos fondos empezará a haber problemas de suministro de vacunas a “finales de mayo”. Si el Congreso no proporciona más dinero, la administración no tendrá suficientes dosis de refuerzo este otoño “para garantizar que las inyecciones estén disponibles, sean gratuitas y de fácil acceso para todos los estadounidenses”.

BA.2 se ha convertido en la causa más común de los nuevos contagios por covid-19 en los estados del noreste del país. La semana pasada, la Organización Mundial de la Salud declaró que BA.2 era la versión dominante de Omicron en todo el mundo. Entonces, Rochelle Walensky, directora de los CDC, dijo que anticipaba que pronto sería dominante también en Estados Unidos.

A pesar de que la posición oficial de la Administración Biden era que no se esperaba un aumento de casos que provocase un nuevo pico, la presencia de BA.2 puede trastocar este planteamiento, lo que refuerza la posición de la Casa Blanca de que hay que aprender a convivir y adaptarse con el virus. Los científicos han estado muy atentos a BA.2, una de las tres variedades genéticamente distintas de omicron, que fue descubierta por investigadores sudafricanos en noviembre del pasado año. Anthony Fauci, principal asesor médico del Gobierno de Biden, ha dicho que la subvariante podría causar un aumento en los casos en EE UU, pero no contempla una gran escalada, como sucedió con la propia omicron a mediados de diciembre y el mes de enero.

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En el Reino Unido, que tiene un mayor volumen de población vacunada que EE UU, se ha vivido una nueva ola de casos provocados por esta versión BA.2 más contagiosa del virus. Tanto los casos, como las hospitalizaciones y las muertes por coronavirus han tenido una tendencia al alza desde finales de febrero. Sin embargo, las infecciones de BA.2 no han alcanzado los picos observados con BA.1. Durante toda la pandemia, Estados Unidos ha vivido lo que sucedía en el Reino Unido unas tres semanas más tarde. Las autoridades norteamericanas empezaron a tener en cuenta la tendencia del país europeo para preparar el camino aquí.

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Joe Biden, este martes en la Casa Blanca durante una comparecencia conjunta con el primer ministro de Singapur.
Joe Biden, este martes en la Casa Blanca durante una comparecencia conjunta con el primer ministro de Singapur.Patrick Semansky (AP)

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha prometido este miércoles en una llamada telefónica con su homólogo ucranio, Volodímir Zelenski, 500 millones de dólares más, unos 544 millones de euros, de ayuda directa al país atacado como respuesta a la invasión rusa. Ambos han hablado de los esfuerzos de Washington y sus aliados de la OTAN y de la Unión Europea “por brindar asistencia militar, económica y humanitaria a Ucrania y de imponer costos severos a Rusia por su brutal agresión”, según un resumen de la conversación, de unos 55 minutos, difundido por la Casa Blanca.

Biden le trasladó a Zelenski que Washington están “trabajando las 24 horas” para ver la manera de seguir asistiendo a Ucrania. Ambos, siempre según la Casa Blanca, han valorado en la llamada el efecto que la ayuda militar ha tenido sobre el desarrollo del conflicto, que comenzó el 24 de febrero con las perspectivas de Moscú de una victoria rápida y una conquista fugaz de Kiev, que pronto se vieron frustradas por la resistencia del ejército ucranio. “También han repasado”, concluye el comunicado, “las sanciones adicionales y la asistencia humanitaria anunciadas la semana pasada”, durante la visita de Biden a Bruselas y Polonia. Zelenski también ofreció a este un resumen de los progresos en la negociación que Rusia y Ucrania están celebrando en Estambul.

En el encuentro de este martes entre ambas delegaciones se observaron algunas razones para el optimismo. Rusia aseguró que reducirá “drásticamente” las operaciones militares en las áreas de Kiev y Chernihiv para avanzar en la resolución del conflicto. Ucrania, por su parte, ofreció su renuncia a la ambición de entrar OTAN, uno de los casus belli esgrimidos por el Kremlin para iniciar la invasión, a cambio de obtener garantías de seguridad en su territorio. Lejos de aflojar su intensidad militar, Moscú ha golpeado este miércoles, el norte del país vecino, al tiempo que ha endurecido la ofensiva en la región oriental del Donbás, en disputa desde 2014.

Estados Unidos recibió con escepticismo la promesa rusa. Biden dijo: “Veremos. No me creeré nada hasta que compruebe que lo respaldan con acciones”. Y el portavoz del Pentágono, John Kirby, fue después más allá al afirmar que sus servicios de inteligencia habían advertido el movimiento de “un número pequeño” de soldados rusos cerca de Kiev en los “últimos uno o dos días”. Pero descartó que se tratara de “una retirada real”. “Mantienen una abrumadora mayoría de sus tropas [en el terreno]. Creemos que estamos ante un reposicionamiento, no ante un verdadero repliegue. Deberíamos estar todos preparados para una gran ofensiva en otras zonas de Ucrania”, añadió.

El líder estadounidese mantuvo además el martes, a petición propia, una videoconferencia con los mandatarios francés, alemán, británico e italiano, en el que los cinco coincidieron en tomar con cautela las señales rusas.

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En otra demostración de que la comunicación entre los aliados es constante desde que comenzó la invasión rusa en Ucrania, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha mantenido este martes una videoconferencia con los líderes de Francia, Emmanuel Macron; Alemania, Olaf Scholz; Italia, Mario Draghi, y el Reino Unido, Boris Johnson. La convocatoria de la conversación a cinco bandas, que llega días después del viaje de Biden a Bruselas y Polonia, partió de la Casa Blanca para analizar los últimos avances de las negociaciones entre Kiev y Moscú, que han ofrecido signos de mejora en la forma y ciertos avances en el fondo este martes en Estambul.

Al término de la llamada entre aliados, que se ha prolongado durante una hora, Biden se ha mostrado cauteloso. “Veremos. No me creeré nada hasta que compruebe que lo respaldan con acciones”, ha dicho, en referencia al anuncio de Rusia de que reducirá “drásticamente” las operaciones militares en las áreas de Kiev y Chernihiv para avanzar en la resolución del conflicto. Ucrania, por su parte, ha ofrecido su renuncia a la OTAN a cambio de obtener garantías de seguridad en su territorio.

Después, el portavoz del Pentágono, John Kirby, ha asegurado que han observado movimientos de “un número pequeño” de soldados rusos cerca de Kiev en los “últimos uno o dos días”, pero ha descartado que se se trate de “una retirada real”. “Mantienen una abrumadora mayoría de sus tropas [en el terreno]. Creemos que estamos ante un reposicionamiento, no ante un verdadero repliegue. Deberíamos estar todos preparados para una gran ofensiva en otras zonas de Ucrania”, ha añadido. En el mismo terreno cauteloso se ha movido también el secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, que ha declarado que “hace tiempo” que su Gobierno sabe que “lo que Rusia dice y lo que hace son dos cosas distintas”. “Nosotros, de momento, nos concentraremos en lo que hace”, ha añadido.

Biden ha comparecido ante la prensa tras su reunión con el primer ministro de Singapur, Lee Hsien Loong, que ha viajado a Washington para tratar la situación en la región Indo-Pacífico, además de la guerra en Ucrania, “un conflicto inaceptable para cualquier país del mundo”, según el mandatario estadounidense. Biden ha dicho que está decidido a seguir con “las fuertes sanciones” y a continuar con el suministro de material militar al ejército ucranio para su defensa. También ha aclarado que los cinco líderes han coincidido en la necesidad de trabajar en conseguir mercados energéticos más estables, capaces de soportar crisis como la que ha desatado la agresión rusa, que ha disparado los precios del petróleo en todo el mundo y ha generado inquietud por el abastecimiento de gas natural en Europa, continente extremadamente dependiente del suministro ruso.

El símbolo de Mariupol

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Según un comunicado de la Casa Blanca, los aliados también “coincidieron en sus esfuerzos para brindar asistencia humanitaria a los millones de afectados por la violencia, tanto en Ucrania como en los países que están recibiendo a sus refugiados”. Y han subrayado la urgencia de establecer vías para hacer llegar la ayuda humanitaria a los civiles en Mariupol, ciudad que se ha convertido en el símbolo de la devastación de la guerra y de la resistencia ucrania.

Encima de la mesa estaba la iniciativa de Macron de organizar una operación humanitaria en el enclave del sudeste del país, que ha chocado este martes con la negativa de Vladímir Putin. “No se reúnen [las condiciones] en este momento”, declaró una fuente del palacio del Elíseo, sede presidencial francesa, tras una conversación de una hora entre Macron y el presidente ruso. El plan de aquel contemplaba una operación conjunta de Francia, Turquía y Grecia. La condición era una tregua en Mariupol que permitiese a la población civil salir de la ciudad de forma segura. La respuesta de Putin, según el Elíseo, ha incidido en la línea del Kremlin: que es Ucrania la que obstaculiza las operaciones humanitarias y que son las fuerzas armadas de este país las que impiden moverse a la población civil. Sin embargo, el presidente “escuchó las demandas” de Macron, y “dijo que iba a reflexionar en ellas”, añadió la citada fuente.

Un portavoz del Gobierno británico ha abundado tras la llamada con Washington en la idea de que al régimen de Putin hay que juzgarlo “por sus acciones, no por sus palabras”. “Putin está ensañándose en Ucrania en un intento de obligar al país y a sus aliados a capitular”, ha añadido. “Debemos ser implacables en nuestra respuesta”. Londres ha asegurado que los líderes convocados a la llamada han discutido sobre “la necesidad de trabajar juntos en remodelar la arquitectura energética internacional y en reducir la dependencia de los hidrocarburos rusos”. También, que se han mostrado de acuerdo en que no puede aflojar “la resolución occidental hasta que el horror infligido a Ucrania haya terminado”.

Alemania, por su parte, apuesta por mantener la presión de sanciones sobre Rusia, según el portavoz de la cancillería, y en trabajar por “permitir finalmente la entrega de la ayuda humanitaria que se necesita con urgencia para las personas en Ucrania y construir corredores humanitarios efectivos… especialmente en la ciudad de Mariupol”, ha indicado el Gobierno alemán en un comunicado hecho público tras la llamada.

La reunión de Biden con el primer ministro de Singapur ha servido también, según el primero, para tratar la posición de Corea del Norte, que la semana pasada informó del lanzamiento del misil “más potente” de su historia (extremo que Estados Unidos y Corea del Sur ponen en duda). El segundo ha aprovechado además para expresar su “preocupación” por la situación en Myanmar, donde las tropas del ejército tomaron el poder por la fuerza el 1 de febrero de 2021, provocando una crisis (y la resistencia de los birmanos) que aún permanece abierta.

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El presidente de EE UU, Joe Biden, presenta este lunes su propuesta de presupuestos para 2023 en la Casa Blanca.
El presidente de EE UU, Joe Biden, presenta este lunes su propuesta de presupuestos para 2023 en la Casa Blanca.Oliver Contreras / POOL (EFE)

La realidad de la guerra de Ucrania se ha colado en los presupuestos de Estados Unidos para 2023, por valor de 5,8 billones de dólares, con un aumento del 4% del gasto militar junto a numerosos programas sociales. El aumento de impuestos a las rentas más altas sufragará en parte el desembolso del Gobierno federal, en un contexto de incertidumbre por la alta inflación y las turbulencias geopolíticas internacionales, del curso de la contienda al precio y el suministro del petróleo.

La propuesta del presidente Joe Biden para el año fiscal 2023 puede reducir el déficit “en más de 1,3 billones este año”, según ha adelantado la directora de la Oficina de Administración y Presupuesto de la Casa Blanca, Shalala Young, en una llamada con periodistas. Para revitalizar su agenda y recortar el déficit en un billón en la próxima década, la Administración propondrá un gravamen a los estadounidenses más ricos. La presión se aplicaría a los hogares con rentas superiores a 100 millones de dólares, mediante un nuevo impuesto mínimo del 20% sobre los ingresos, así como sobre el valor de activos líquidos como las acciones, que actualmente se tributan solo al venderse.

El aumento fiscal, con todo, no es una novedad, sino una idea planteada desde los primeros compases de la presidencia demócrata para costear sus ambiciosos planes de infraestructuras. El nuevo impuesto para millonarios reducirá el déficit en 361.000 millones de dólares (328.315 millones de euros), mientras que las inversiones y reformas adicionales supondrán una rebaja de 1,413 billones de dólares (1,285 billones de euros).

El segundo presupuesto de la presidencia de Biden —una declaración de intenciones que luego será adelgazada por el Congreso, como sucedió el año pasado—, persigue promover la seguridad en el país y en el mundo, además de realizar las inversiones necesarias para “construir un EE UU mejor” (Build Back Better, el lema de su mandato), ha adelantado la Casa Blanca. En concreto, destina a las inversiones internas 1,6 billones de dólares, un incremento del 7%, en partidas tan dispares como la financiación adicional de viviendas asequibles, iniciativas contra la violencia armada y el apoyo a la industria local para paliar la congestión de la cadena de suministros, uno de los factores que han espoleado la inflación. Enfriar la presión de los precios, en máximos históricos, es otro de los objetivos que sobrevuela la propuesta. La ampliación de los programas de salud pública elevará, en cambio, el déficit en 365.000 millones de dólares (331.953 millones de euros).

Biden solicitará también al Congreso unos 813.000 millones en defensa, 31.000 millones más, o el 4%, con respecto al presente año fiscal, que concluye el 30 de septiembre. Entre las inversiones militares, se incluye el fomento de la investigación y el desarrollo de sistemas de alerta antimisiles, ante potenciales amenazas de países como Corea del Norte o Irán, y en medio de una coyuntura geopolítica al rojo vivo por la guerra en Ucrania y la incógnita de la respuesta final de Rusia.

Según el documento publicado este lunes por la Casa Blanca, el Gobierno federal estima que el déficit se reducirá en 2023 en 1,3 puntos porcentuales, hasta representar el 4,5% del producto interior bruto (PIB). Las cuentas prevén que el déficit presupuestario sea de 1,15 billones de dólares (1,05 billones de euros) en el conjunto de 2023, frente a los 1,415 billones (1,29 billones de euros) previstos este año. Este nivel de déficit es el resultado de registrar ingresos fiscales a nivel federal por valor de 4,638 billones de dólares (4,22 billones de euros) y 5,792 billones (5,27 billones de euros) de gastos.

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Pese a la abultada reducción del déficit en 2023 respecto a 2022, las previsiones para la próxima década se estancan en una tasa crónica en torno al 4,5%. Lo mismo sucede con la ratio de deuda pública sobre el PIB, que cerrará 2023 en casi el 102% y durante la próxima década continuará por encima del umbral del 100%. La deuda pública superó en 2021 los 30 billones de dólares por el sobrecoste de combatir la pandemia. El Gobierno federal destinó cinco billones, financiados con préstamos, a paliar los estragos de la crisis sanitaria, por lo que, en un contexto económico incierto —alta inflación y crisis energética—, la reducción es prioritaria.

“Los presupuestos son una declaración de objetivos, y el presupuesto que estamos presentando hoy envía un claro mensaje de que valoramos la responsabilidad fiscal, la seguridad en casa y en todo el mundo y las inversiones necesarias para continuar con nuestro crecimiento justo y construir un Estados Unidos mejor”, ha subrayado el presidente del país, Joe Biden, en la presentación.

El mandatario recupera su agenda doméstica tras la polémica diplomática por un comentario presuntamente favorable a desalojar a Vladímir Putin del poder, este fin de semana. Si desde el primer día de su mandato la recuperación económica y la reconstrucción del país tras la pandemia han sido prioritarias —con inversiones millonarias en infraestructuras, gasto social y energías limpias—, la guerra de Ucrania le ha obligado a corregir el paso.



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La Casa Blanca se ha visto obligada este domingo a matizar una frase del presidente Joe Biden que se podía entender como un llamamiento a desalojar Vladímir Putin del poder en Rusia. Durante un discurso en Varsovia, este sábado, Biden añadió de su cosecha al texto redactado por su equipo la frase: “Por Dios santo, este hombre [Putin] no puede permanecer en el poder”. No estaba en el guion, han subrayado fuentes de la Casa Blanca, ni se puede interpretar como una invitación a derrocar al líder ruso, sino que debe leerse en un contexto más amplio. “El comentario del presidente fue que a Putin no se le puede permitir ejercer el poder sobre sus vecinos de la región. [Biden] no hablaba del poder de Putin en Rusia, ni de un cambio de régimen”, matizó un alto funcionario, amparado en el anonimato.

Pero la aclaración, minutos después del desaguisado, no ha bastado para remediar el estupor de las cancillerías —Francia y el Reino Unido enseguida tomaron distancia, para no incrementar la tensión— ni apagar el incendio en las redes sociales. El secretario de Estado, Antony Blinken, ha tenido que salir al paso este domingo de la supuesta intención golpista del comentario de Biden. Desde Israel, donde participa en una importante cumbre con varios países árabes, el jefe de la diplomacia estadounidense ha enmendado la polémica sin apartarse un milímetro de la postura oficial de la Casa Blanca, formulada a principios de este mes, de que corresponde solo a los rusos decidir quién les gobierna.

El Secretario de Estado de EE UU, Antony Blinken, en su visita a Israel este domingo.Foto: Jacquelyn Martin / POOL / AFP | Vídeo: REUTERS

“Como bien saben, y nos han escuchado decir repetidamente, no tenemos una estrategia de cambio de régimen en Rusia ni en ningún otro lugar”, ha reiterado este domingo el jefe de la diplomacia estadounidense. “Creo que el presidente señaló anoche que, simplemente, Putin no puede verse facultado para hacer la guerra o participar en una agresión contra Ucrania o cualquier otro” país del entorno, ha subrayado Blinken.

Representantes de la Administración estadounidense se han lanzado este domingo a tapar la vía de agua; máxime después de comentarios como el del presidente francés, Emmanuel Macron, acerca de lo inconveniente de las palabras de Biden. “No, como ha dicho el secretario de Estado Blinken, Estados Unidos no tiene una política de cambio de régimen en Rusia. Punto”, ha reiterado la representante de EE UU en la OTAN, Julianne Smith, en una entrevista en la CNN, calificando de error el comentario del mandatario, que pocas horas antes había llamado carnicero a su par ruso.

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En una entrevista con la cadena France 3, Macron recomendó tanto a Biden como al Gobierno ruso que se abstuvieran de alimentar “ni con actos ni con palabras” el conflicto después de que el presidente de EE UU describiera a Putin como un “carnicero”. El presidente francés dijo que le gustaría protagonizar una solución negociada al conflicto. “No deberíamos inflamar este conflicto ni con actos ni con palabras”, reiteró el mandatario antes de distanciarse de la declaración de Biden. “Yo no usaría esas palabras”, añadió durante la entrevista. El portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, reprochó el sábado también el lenguaje de Biden. “Un líder de Estado debe mantener la sobriedad”, manifestó Peskov a la agencia TASS. “Cada vez que ocurren insultos personales de este tipo, la ventana de oportunidad para nuestras relaciones bilaterales se hace más pequeña”.

Hay división de opiniones, y multitud de interpretaciones, sobre la frase: que fuera un lapsus o bien una velada amenaza al Kremlin, cuando no una reacción emocional tras su visita a los refugiados en la frontera polaca con Ucrania, como sostienen muchos quitando hierro a la tensión. Mientras algunos republicanos jaleaban el arrojo de Biden, otros, más pragmáticos, alertaban de que sus palabras pueden causar aún más problemas a Ucrania. Entre los entusiastas está Bill de Blasio, exalcalde demócrata de Nueva York. “¿Está Biden diciendo algo controvertido al llamar a un cambio de régimen en Rusia? ¡No! No teniendo en cuenta que Putin se ha empeñado en socavar las elecciones de EE UU. Putin empezó el juego hace mucho tiempo. Es hora de responder, Vladímir. ¡Adelante, Joe!”, ha tuiteado el exalcalde.

El lapsus de Biden demuestra sus habituales enredos con el arte de la oratoria —“la frase fue un ejemplo de la retórica a veces inarticulada” del mandatario, según el diario The Washington Post—, contra la que los bomberos de la Administración poco han podido hacer en este caso. No es la primera vez que a Biden le traiciona el subconsciente o incurre en un comprometido lapsus linguae que la Casa Blanca debe corregir. Para algunos analistas, el borrón resultará indeleble esta vez. “La marcha atrás de la Casa Blanca [respecto al comentario de Biden] no parece que vaya a limpiarlo. Putin lo considerará una confirmación de lo que ha venido pensando hasta ahora. Un mal lapsus que puede extender el alcance y la duración de la guerra”, apuntó en Twitter Richard Haass, presidente del centro de estudios Consejo de Relaciones Exteriores. En la misma red social, Derek J. Grossman, profesor universitario y analista de Rand Corporation, ha juzgado también negativamente la frase. “El efecto neto será un mayor fortalecimiento de los lazos entre China y Rusia. Hoy se ha producido un cambio monumental en la política de EE UU y un error aún mayor”

De momento, Bill de Blasio se ha quedado solo dando palmas.

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El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, se ha reunido este sábado en Varsovia con los ministros de Exteriores y de Defensa de Ucrania, Dmitro Kuleba y Oleksii Réznikov, respectivamente, en un encuentro que no figuraba en el programa difundido por la Casa Blanca. Más que una reunión al uso, se ha sumado a los últimos 40 minutos (según la Casa Blanca) de la hora y media que ha durado el encuentro que los dos ministros ucranios mantenían con los secretarios de Estado y Defensa de EE UU, Antony Blinken y Lloyd Austin, que le acompañan.

Tras la reunión, la Casa Blanca ha emitido un comunicado en el que asegura que Biden habló con los dos ministros ucranios sobre “los futuros esfuerzos para ayudar a Ucrania a defender su territorio”, sin especificar medidas concretas. En otra nota, el Departamento de Estado señala que Blinken y Austin “prometieron continuar su apoyo para el cumplimiento de las necesidades humanitarias, de seguridad y económicas” de Ucrania.

A un lado de la mesa estaba la representación estadounidense y al otro, la ucrania. Los periodistas han podido escuchar cómo Kuleba le contaba al presidente de EE UU que había podido descansar en el tren de Kiev a Varsovia porque ha aprendido a “dormir en cualquier circunstancia” desde que empezó la guerra. Biden le respondió que él también podía dormirse en los trenes, porque cuando era senador los usaba a diario para trasladarse entre Washington y el Estado en el que residía, Delaware.

Biden se ha entrevistado posteriormente con el presidente polaco, Andrzej Duda, al que ha reafirmado el “compromiso sagrado” de Washington con el Artículo Quinto de la OTAN, el que obliga a socorrer a un Estado miembro si es atacado. Ambos países pertenecen a la Alianza Atlántica.

Biden también tiene previsto reunirse con refugiados ucranios en el estadio de fútbol PGE Narodowy, que ha sido reconvertido en centro de ayuda a quienes abandonan el país. Polonia ha recibido 2,2 millones de los 3,7 millones de refugiados ucranios, según los últimos datos de la agencia de la ONU para los refugiados, Acnur, actualizados este viernes. También conocerá a organizaciones que participan en la respuesta humanitaria.

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A las 18.00, dará en el patio del Palacio Real de Varsovia un discurso que su asesor de Seguridad Nacional, Jake Sullivan, ha definido como “importante”. Tratará de “los esfuerzos unidos del mundo libre para apoyar al pueblo de Ucrania, hacer responsable a Rusia de su brutal guerra y defender un futuro enraizado en principios democráticos”, según el programa de la Casa Blanca. Réznikov ha anunciado en su cuenta de Twitter que tanto él como Kuleba estarán allí presentes.

El viernes, tras aterrizar en la ciudad polaca de Rzeszów, a unos 80 kilómetros de Ucrania, se reunió con los soldados de la 82 División Militar Aerotransportada de las Fuerzas Armadas estadounidenses, desplazada para reforzar el flanco oriental de la OTAN, y les dedicó unas breves palabras que anticipan las bases de su discurso de este sábado. “Estáis en medio de una lucha entre democracias y oligarcas”, dijo. “Lo que está en juego ―y no solo en lo que estamos haciendo aquí para tratar de ayudar el pueblo ucranio y evitar que continúe la masacre―, sino más allá, lo que está en juego es: ¿a qué se va a parecer la libertad de vuestros hijos y nietos? Estáis involucrados en mucho más que simplemente si podéis aliviar el dolor y sufrimiento del pueblo de Ucrania”. En su anterior escala, en Bruselas, participó en tres cumbres, de la OTAN, el G-7 y la UE.

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Que un presidente de Estados Unidos viaje a Polonia no es extraordinario. George W. Bush y Barack Obama, por ejemplo, lo hicieron tres veces durante sus mandatos. Pero la visita que Joe Biden ha comenzado este viernes, al aterrizar al mediodía en la ciudad de Rzeszów, cerca de la frontera con Ucrania, se vive en el país como particularmente histórica por el momento en el que se produce. El asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca, Jake Sullivan, ya ha adelantado a los medios en el avión presidencial que el discurso que Biden dará el sábado en el Palacio Real de Varsovia será “importante”. Y el diario polaco Rzeczpospolita lo compara ya al que pronunció John Fitzgerald Kennedy en Berlín Occidental en 1963 ―dos años después de la apresurada construcción del Muro de Berlín― y en el que pronunció la emblemática frase “Ich bin ein Berliner” (soy berlinés).

Polonia, principal vía de entrada de los refugiados ucranios (2,2 millones de los 3,7 millones) y pieza clave del despliegue de la OTAN en su frontera oriental, es el único país que ha elegido visitar Biden en esta gira europea. A su anterior etapa, Bruselas, fue por una triple cumbre de la OTAN, el G-7 y la UE, lo que muestra cómo el mes de guerra en la vecina Ucrania ha reubicado a Varsovia en el tablero global tras años de polémicas en torno al Estado de derecho y a que el partido en el poder, el ultraconservador Ley y Justicia (PiS), no ocultaba su sintonía con Donald Trump.

Biden no ha sido recibido en Rzeszów por el presidente de Polonia, Andrzej Duda, como estaba previsto, porque el avión que lo transportaba se ha visto forzado a aterrizar de emergencia por un problema técnico. Le ha dado la bienvenida en su lugar el ministro de Defensa, Mariusz Blaszczak. Duda se dispone a unirse a ellos en otro aparato.

El presidente de Estados Unidos ha sido informado sobre la acogida de los refugiados y ha visitado (y compartido pizza) con miembros de la 82 División Militar Aerotransportada de las Fuerzas Armadas de su país. Han sido desplazados para reforzar el flanco oriental, al que la OTAN aprobó este jueves enviar cuatro nuevos batallones multinacionales. En Polonia están alrededor de 10.000 de los 100.000 militares que Washington mantiene desplegados en Europa con motivo de la crisis. Rzeszów se ha convertido estas semanas en centro logístico tanto para los refugiados como para el material militar y humanitario.

Biden tiene previsto llegar a las 18.40 a Varsovia, por cuyas calles se ven pasar de vez en cuando coches de policía en grupo. La policía ha pedido a la población que evite acercarse al centro en coche.

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El sábado, también en la capital, se reunirá con Duda, visitará un centro de refugiados y ―antes de regresar a Washington― dará el citado discurso. “Hablará de lo que está en juego en este momento, la urgencia del desafío que tenemos por delante […] y por qué es importante que el mundo libre se mantenga unido ante la agresión rusa”, señaló Sullivan. En otro acto simbólico, el presidente Duda ha recibido antes a Svetlana Tijanóvskaya, la principal líder de la oposición bielorrusa, refugiada en Lituania desde justo después de las elecciones fraudulentas de 2020 en su país.

Mano dura

Polonia aprovechará la visita para pedir más mano dura con Moscú. El pasado miércoles anunció la expulsión de 45 diplomáticos rusos (la mitad de la Embajada) por sospechas de espionaje y abandera a los partidarios de dejar ya de comprar hidrocarburos a Rusia. Biden se comprometió este jueves en Bruselas a aumentar un 68% sus envíos a la UE de gas natural licuado, para acelerar el cierre del grifo ruso, si bien el total apenas cubre un 10% de las importaciones de gas natural desde Rusia.

Además, el primer ministro de Polonia, Mateusz Morawiecki, y su vice primer ministro y líder del PiS, Jaroslaw Kaczynski, fueron dos de los cuatro dirigentes de países de la UE que viajaron en tren a Kiev para trasladar un mensaje de solidaridad al presidente ucranio, Volodímir Zelenski, en una iniciativa de la que se distanció Bruselas. En ese viaje, Kaczynski planteó establecer una fuerza de paz de la OTAN en Ucrania, una idea que Moscú considera “muy peligrosa”.

La sensación de punto de inflexión recuerda a otro viaje a Polonia de un presidente de Estados Unidos, simbólico aunque menos icónico que el de Kennedy a Berlín Occidental. Fue el que hizo George Bush a Varsovia y Gdansk en julio de 1989, un mes después de las primeras elecciones libres tras décadas de dictadura comunista en la órbita soviética.

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Bruselas, la capital de las instituciones europeas, se ha convertido este jueves en el gran teatro de Occidente, el buque insignia de una forma de concebir el mundo frente a la agresión de Rusia contra Ucrania. Es “el centro del mundo libre”, ha definido la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, poco antes de adentrarse en la sede del Consejo Europeo, donde ha arrancado la cumbre de los líderes de los Veintisiete, con el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, como invitado extraordinario. El estadounidense acude a la cita con la petición para sus aliados europeos de seguir torciendo el brazo a Moscú mediante un nuevo paquete de sanciones que acaben por asfixiar al régimen de Vladímir Putin: esta vez las importaciones de energía rusa se encuentran en el punto de mira. Biden llega también a Bruselas con una oferta jugosa que hacer a los europeos en forma de gas natural licuado (GNL). De algún modo, dos de los debates más calientes de la UE —las sanciones y la energía— parecen condenados a juntarse.

Los líderes se han movido por distintos escenarios de una ciudad atascada, surcada por caravanas de coches blindados y bajo el zumbido de los helicópteros. Los aliados internacionales que han plantado cara a Putin han cerrado filas con tres cumbres (OTAN, G-7 y Unión Europea) para coordinar los siguientes pasos de las represalias por la invasión rusa de Ucrania. Las citas han marcado el inicio de una cuenta atrás hacia el fin de las importaciones energéticas rusas, con el presidente de EE UU dispuesto a cubrir buena parte del gas consumido en Europa. Pero su presencia marca también la exigencia de un endurecimiento de las sanciones que podrían llevar a una ruptura casi total con Rusia.

“La idea de la unidad de Europa en su conjunto, no solo la OTAN, el G-7 y esta organización, realmente es lo más importante que podemos hacer para parar a este hombre que en nuestro país creemos que ya ha cometido crímenes de guerra”, ha asegurado Biden a su llegada al encuentro con los líderes de los Veintisiete.

El líder norteamericano lleva tiempo tratando de que los aliados europeos se le unan en los siguientes pasos de represalias frente a Moscú. Pero la UE parece reticente a seguir ese camino. Hasta la fecha se han aprobado cuatro paquetes de sanciones, algo que muchos países ya consideran un paso histórico y, algunos, incluso suficiente: de momento, se ha atacado a empresas estatales y vinculadas a lo militar; se ha golpeado la industria y el sector bancario; se ha cercado a las élites rusas vinculadas al Kremlin y hasta prohibido los productos de lujo. Ya no queda mucho más margen para golpear en la mesa con contundencia: el siguiente gran paso implicaría cerrar el grifo de las importaciones energéticas de Rusia, que le aportan unos 700 millones de euros diarios a las arcas rusas. La UE importa el 90% del gas que consume, del que Rusia proporciona más del 40%. Además, el 27% de las importaciones de petróleo y el 46% de las importaciones de carbón también proceden del vecino euroasiático.

Cerrar de un plumazo este comercio supondría un batacazo durísimo para Moscú. Y hay varios países, sobre todo los del Este, que sienten muy de cerca el aliento de la amenaza rusa en sus fronteras, dispuestos a darlo. El problema es que el zarpazo podría volverse un bumerán de consecuencias fatales para la UE. Y un buen puñado de países, con Alemania al frente, consideran que equivaldría a dispararse un tiro en el pie. Se corre el riesgo de provocar cierres de industrias y agravar aún más un escenario ya de por sí complicado. De momento, la unidad de los Veintisiete se encuentra cómoda en un escenario más tímido: profundizar en las sanciones ya existentes y cerrar posibles agujeros que haya encontrado Rusia para evitarlas.

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Tras la cumbre de la OTAN y del G-7, el canciller alemán, Olaf Scholz, ha reiterado que el embargo de gas, petróleo y carbón no entra en sus planes de momento. Y prefiere moverse en un campo en el que las sanciones ya impuestas sigan haciendo efecto: “Las mantendremos el tiempo que sea necesario y revisaremos su efectividad una y otra vez”, ha dicho Scholz.

Aunque desde Bruselas se niega que ambos debates —sanciones y energía— estén conectados, sí parecen funcionar como vasos comunicantes. La Comisión Europea tiene previsto emitir dos comunicados conjuntos con la Casa Blanca. El primero mencionará cómo profundizar en las represalias contra Rusia; el segundo contendrá una oferta en forma de miles de millones de metros cúbicos de flujo de GNL estadounidenses hacia el bloque comunitario.

Los detalles de esta oferta que Biden trae bajo el brazo aún no han sido desvelados. Pero podría moverse en el entorno de las cifras que se han visto en enero y febrero: si tradicionalmente Estados Unidos aportaba en estos meses en torno a 2.200 millones de metros cúbicos de GNL, este año, mientras los soldados rusos cercaban Ucrania con sus botas, los envíos se han duplicado: se mueven en el entorno de los 4.400 millones de metros cúbicos mensuales. “La idea es seguir con esta tendencia”, reconoce un alto funcionario del Ejecutivo comunitario.

Von der Leyen ha asegurado que se ha abierto “un nuevo capítulo” en los lazos energéticos con el otro lado del Atlántico con el que se prevé sustituir el GNL de Rusia con el estadounidense. Las cifras, en cualquier caso, son bajas: el grueso de este combustible aún viaja de Rusia a la UE por tuberías.

EE UU ya es el principal suministrador GNL en Europa con un 44% de las importaciones europeas en enero de 2022, según datos de la Comisión Europea. La aportación se ha disparado un 2.418% desde el acuerdo de julio de 2018, suscrito por los entonces presidente de EE UU, Donald Trump, y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. El volumen de exportaciones estadounidenses pasó rápidamente de 3.000 millones de metros cúbicos al año a más del doble. Y en 2021 se situaron en 22.100 millones de metros cúbicos, según la Comisión.

El GNL, sin embargo, es todavía una parte pequeña del mercado y solo representa el 18% del consumo total de gas, según cifras del centro de estudios Bruegel. De hecho, la Comisión calcula que las exportaciones de EE UU solo cubren el 6,6% del consumo energético en la UE, muy lejos del 45,6% que cubre Rusia.

La reunión del G-7 en Bruselas ha apostado por reducir esa dependencia de Rusia. Y las siete potencias industriales del bloque occidental se han comprometido “a apoyar activamente a los países que deseen eliminar progresivamente su dependencia del gas, el petróleo y el carbón rusos”.

Bruselas se ha propuesto prescindir de 155.000 millones de metros cúbicos de gas ruso antes de 2030, para lo que necesitaría, entre otras cosas, aumentar en 50.000 millones los metros cúbicos de GNL. La Comisión Europea considera que las importaciones de EE UU se pueden aumentar significativamente si se hacen a un precio competitivo y si Washington suprime procedimientos de licencia de exportación que complican y retrasan las compras.

Bruselas recuerda, además, que la UE ha aumentado sus infraestructuras de regasificación que este año (en enero de 2022) operaban al 74% de su capacidad. En 2021,según datos de la Comisión, 13 países de la UE importaron 80.000 millones de metros cúbicos, con España a la cabeza (21.300 millones), seguida de Francia e Italia.

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La jueza Ketanji Brown Jackson, ante el comité judicial del Senado de Estados Unidos.
La jueza Ketanji Brown Jackson, ante el comité judicial del Senado de Estados Unidos.Jacquelyn Martin (AP)

La declaración de intenciones de la jueza Ketanji Brown Jackson, aspirante al Tribunal Supremo de Estados Unidos, ha llegado al final de un día intenso en el Capitolio. Tras escuchar, pacientemente y en silencio, a 24 personas valorar sus logros y exponer sin temor a la reiteración lo que esperan de su trabajo en el alto tribunal, Jackson ha sentenciado: “He sido jueza durante casi una década y me tomo muy en serio esa responsabilidad y mi deber de independencia. Tomo decisiones sobre mis casos desde la neutralidad. Evalúo los hechos, e interpreto y aplico la ley en función de esos hechos, sin miedo ni predisposición, y siempre consecuentemente con mi juramento”.

Jackson respondía al final de una intervención emocionada, en la que ha recordado que su pasión por el derecho nació al ver a su padre estudiar leyes en la cocina del modesto hogar familiar de Miami, a una pregunta que ha sobrevolado desde el lado republicano la primera de las cuatro jornadas de audiencias para examinar su idoneidad para uno de los nueve puestos vitalicios del Tribunal Supremo. ¿Qué define filosóficamente su desempeño como jueza?

Los 11 miembros conservadores del Comité Judicial del Senado han exigido una y otra vez que se pronuncie sobre ese asunto, mientras lamentaban que el Supremo se haya politizado en demasía en los últimos tiempos. Con los demócratas, al menos, han estado de acuerdo en dos cosas: en la preparación profesional de la aspirante (que viene de servir nueve años como jueza federal en Washington y es la primera candidata con un pasado como abogada de oficio) y en el empleo del adjetivo “histórico”, tan gastado. Ha sido el más escuchado este lunes en el Senado.

La ocasión lo aconsejaba por una vez: Jackson, de 51 años, será, si prospera la designación del presidente Joe Biden, la primera mujer afroamericana en sentarse en el alto tribunal en 232 años. Contará también como la sexta jueza y como la tercera persona de raza negra entre las 115 elegidas para el cargo en la historia.

El proceso ha comenzado en uno de los comités de mayor relieve mediático de la Cámara; varios senadores de alto perfil, y, por qué no, ciertas aspiraciones presidenciales, están entre sus miembros, y este proceso, que los estadounidenses informados siguen con pasión, es un buen escaparate para mostrar su visión del mundo ante las cámaras. La nominación ha despertado estos días gran interés en Washington, pese a la prioridad informativa de la guerra en Ucrania (Biden había acariciado la idea de asistir al debate, pero una llamada con líderes europeos se lo ha impedido) y pese a que, aunque salga elegida (y todo indica que así será, pues en principio cuenta con el apoyo demócrata en bloque), Jackson no cambiará la dinámica del Supremo. El tribunal está compuesto por seis jueces conservadores y tres progresistas, después de que Donald Trump exprimiera su tiempo en la Casa Blanca logrando colar a tres magistrados de su cuerda en una sola legislatura. Eso ha dejado una supermayoría conservadora inédita en las últimas ocho décadas.

La nueva jueza sustituirá a Stephen G. Breyer, miembro de la terna progresista, que decidió jubilarse a los 81 años en enero pasado para permitir al Partido Demócrata buscarle sustituta antes de que sea demasiado tarde; es muy probable que en las elecciones legislativas pierdan el control de una o de las dos cámaras. De Breyer se ha acordado Jackson especialmente en su discurso. Ha sido en ese momento cuando ha podido contener el llanto. Trabajó en su equipo a finales de los años noventa y ahora está a punto de sucederlo. Jackson también se ha acordado de sus padres, dos profesores de la escuela pública que le dieron “un nombre africano que significa ‘la adorable” y la convencieron de que sería capaz de lograr lo que se propusiera. También, de su hermano, que se enroló en el Ejército tras el 11-S, de su tío policía, de su marido, que peleaba con el decoro para contener las lágrimas, y de sus hijas, a las que ha pedido perdón si a veces no ha sabido “conjugar su carrera” con sus “obligaciones como madre”.

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Cinco horas antes de que tomara la palabra, la expectación se sentía a eso de las 11:00 en los pasillos del Capitolio. Jackson, de 51 años, apareció puntual, con una sonrisa amplia que no la ha abandonado en todo el día y flanqueada por el presidente del comité, el senador demócrata Dick Durbin (Illinois), y por el más veterano de los republicanos, Chuck Grassley (Iowa). El comité está formado por 22 miembros, la mitad de cada partido, que hablaron alternamente, antes de escuchar la laudatio de dos personas escogidas por Jackson.

No una “activista”

Los demócratas, que defendieron que no se trata de una “activista”, ni de “una marioneta de la izquierda radical”, la felicitaron por su expediente y por lo que su nombramiento implica para este país. “No ha habido nunca en el Supremo una mujer afroamericana. Usted podría ser la primera. No es fácil ser la primera. A menudo eso implica tener que ser la mejor y, de alguna forma, la más valiente. Muchos no están preparados para enfrentarse a esa presión, a ese escrutinio a la vista de todos”, ha afirmado Durbin en su intervención introductoria.

Los republicanos, por su parte, han expuesto los argumentos que guiarán su estrategia y sus preguntas de las sesiones del martes y el miércoles, y que han ido adelantando en los últimos días. Buscarán evidencias de que se ha comportado con “suavidad con el crimen”; de que viene avalada por “grupos de extrema izquierda de financiación dudosa”, como ha dicho Grassley en referencia a la organización Demand Justice (Exige jutsticia); de que cuando era abogada de oficio defendió a terroristas en Guantánamo con una “sospechosa” dedicación; y de que ha demostrado benevolencia a la hora de juzgar casos de pornografía infantil. En ese último punto se ha fajado Josh Hawley, republicano de Misuri, que ha prometido un “interrogatorio franco” y ha detallado una serie de expedientes en los que Jackson impuso una pena por esos delitos menor a la propuesta por la fiscalía y a la recomendada por las pautas de actuación del sistema federal. Los ataques de Hawley han sido desacreditados como “demagogia” por la Casa Blanca y hasta por medios conservadores como la revista National Review.

Simpatizantes de la jueza Ketanji Brown Jackson se manifiestan este lunes a las puertas del Tribunal Supremo de Estados Unidos, en Washington.
Simpatizantes de la jueza Ketanji Brown Jackson se manifiestan este lunes a las puertas del Tribunal Supremo de Estados Unidos, en Washington.Samuel Corum (AFP)

Hawley es uno de esos senadores con aspiraciones presidenciales para 2024. Otro es Ted Cruz (Texas), que fue el más expeditivo al exponer uno de los argumentos más repetidos este lunes por los republicanos: no piensan convertir este proceso en un “circo político”. Paradójicamente, gran parte de la audiencia de esta mañana se ha ido en recordar cómo se desarrolló la designación en 2018 de otro juez, el conservador Brett Kavannaugh. Durante el proceso, una psicóloga llamada Christine Blassey Ford lo acusó de una agresión sexual sucedida décadas atrás, cuando ambos eran estudiantes del mismo instituto de las afueras de Washington. “Nosotros no le vamos a preguntar sobre con quién salía en el colegio”, le ha dicho Cruz a Jackson. Lindsey Graham (representante de Carolina del Norte) ha ido más allá al decir, con desafiante campechanía: “Lo quisieron pintar básicamente como a una especie de Bill Cosby”, en referencia al popular actor, caído en desgracia y condenado por delitos sexuales.

El proceso se prolongará hasta el jueves. Los demócratas, que tienen 50 escaños en el Senado, suficientes para una votación que no requiere mayoría cualificada, esperan que el nombramiento quede resuelto en el pleno de la Cámara antes del 8 de abril, día en que comienza el receso primaveral en las sesiones. También confían en que recibirá apoyo bipartidista. Jackson ha pasado ya por este trance en tres ocasiones: cuando fue nombrada vicepresidenta de la Comisión de Sentencias de Estados Unidos (una agencia independiente que vela por unificar los criterios de los tribunales federales) y al ser elegida jueza del Distrito de Columbia (donde se encuentra Washington) y de su corte de apelaciones (fue el año pasado, cuando obtuvo el respaldo de tres republicanos, incluido Graham).

Pero esta vez podría ser distinto. El Supremo es uno de los lugares más controvertidos y disputados del sistema estadounidense, por lo que influyen sus decisiones en asuntos como el aborto, la tenencia de armas o la discriminación positiva en las universidades (tres temas en cuestión ahora mismo), así como por la filosofía que las rige (sea originalista, fidelísima a la letra de la Constitución, o más libre en su interpretación). Quién lo compone afecta aquí a la vida de las personas. Personas como el centenar de ciudadanos (mujeres afroamericanas en su mayoría) que esta mañana se han citado frente al edificio del alto tribunal para manifestarse a favor de KBJ (Jackson ya ha recibido su acrónimo, como Ruth Bader Ginsburg tuvo el suyo: RBG) o, ciertamente menos, en contra. En los carteles podía leerse: “A Justice For All”, una jueza para todos, un deseo que jugaba con el doble sentido de la palabra justice, y con uno de los eslóganes más idealistas de la república estadounidense, que promete justicia para todos.

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Joe Biden, durante una videollamada con Emmanuel Macron, Boris Johnson y Olaf Scholz el pasado 7 de marzo.
Joe Biden, durante una videollamada con Emmanuel Macron, Boris Johnson y Olaf Scholz el pasado 7 de marzo.Adam Schultz (AP)

La Casa Blanca ha redoblado este lunes el frente diplomático occidental ante la guerra de Ucrania mediante una conferencia telefónica del presidente Joe Biden con su homólogo francés, Emmanuel Macron; el canciller alemán, Olaf Scholz, y los primeros ministros del Reino Unido, Boris Johnson, e Italia, Mario Draghi. El objetivo de la llamada, que se produce dos días antes de que Biden viaje a Europa para abordar in situ la situación con los aliados, era “discutir respuestas coordinadas al ataque injustificado y no provocado por parte de Rusia contra Ucrania”.

Según el comunicado difundido por la Casa Blanca, “los líderes intercambiaron su profunda preocupación sobre las tácticas brutales de Rusia en Ucrania, incluidos sus ataques contra civiles. [Los cinco] Subrayaron su continuo apoyo a Ucrania, brindando asistencia de seguridad a los valerosos ucranios que defienden su país de la agresión rusa y ayuda humanitaria a los millones de personas que han huido de la violencia. Los líderes también revisaron los esfuerzos diplomáticos recientes en apoyo del esfuerzo de Ucrania por alcanzar un alto el fuego”, explica lacónicamente el texto.

En Bruselas, Biden participará este jueves en una cumbre extraordinaria de la OTAN, en la que coincidirán todos ellos, así como en el Consejo Europeo. El único que no estará presente será Johnson. El mandatario demócrata, que acude en calidad de invitado, también asistirá a una reunión del G-7. El viernes y el sábado viajará a Polonia, donde mantendrá un breve encuentro con su homólogo, Andrzej Duda.

Desde el inicio de la guerra, hace casi un mes, Biden ha venido manteniendo contactos con dirigentes europeos de forma periódica varias veces por semana. Además de con los mandatarios citados, en algunas ocasiones se han sumado a las videollamadas la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel.

A medida que se prolonga la contienda —este jueves hará un mes de la invasión—, entre las preocupaciones de EE UU y sus aliados figura la imprevisible respuesta de Moscú, que ha hallado mucha más resistencia en Ucrania de la prevista. Por eso, entre las amenazas potenciales que contemplan destaca la posibilidad de una nueva andanada de ciberataques para yugular infraestructuras básicas en Occidente. Antes de conversar con los dirigentes europeos, Biden ha alertado este lunes de que Moscú podría redoblar sus ciberataques contra objetivos estratégicos estadounidenses a causa del “coste económico sin precedentes que hemos impuesto a Rusia”, ha dicho, en alusión a la batería de sanciones adoptadas contra el Kremlin.

La advertencia de Biden se producía al tiempo que la Casa Blanca recomendaba a las empresas que brindan servicios esenciales reforzar su defensa cibernética “por amenazas digitales en curso de Rusia”, explicó Ane Neuberger, responsable de ciberseguridad de la Casa Blanca. El Gobierno de EE UU ha visto una “actividad preparatoria de piratería [de Rusia] contra numerosas empresas estadounidenses”, aunque “no tiene certeza” de que los ataques vayan a concretarse. La potencial amenaza se basa en “datos de inteligencia actualizados”, indicó la funcionaria. La Administración ha impartido recientemente sesiones informativas a cientos de empresas que pueden ser objetivo de los piratas informáticos rusos. Los ataques contra uno de los mayores oleoductos del país, en mayo pasado, y una importante planta procesadora de carnes, un mes después, mostraron la vulnerabilidad de infraestructuras críticas para el aprovisionamiento de energía y alimentos en el país. Ambos fueron atribuidos a ciberpiratas rusos.

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