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El presidente electo de Chile, Gabriel Boric, participa de un evento por el Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo pasado en Santiago.
El presidente electo de Chile, Gabriel Boric, participa de un evento por el Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo pasado en Santiago.JAVIER TORRES (AFP)

Gabriel Boric jurará el viernes como presidente de Chile. El sábado, ya sentado en La Moneda, deberá mostrar finalmente cómo piensa satisfacer las demandas que dieron fuelle a las revueltas sociales de 2019. La primera medida de Gobierno será una reforma tributaria que permita al Estado recaudar más y, con ello, destinar nuevos fondos públicos a la educación y la salud. En un país profundamente presidencialista, Boric delegará buena parte de la gestión en su Gabinete, como hiciese en su día el primer presidente de la transición democrática, Patricio Aylwin (1990-1994). Otras urgencias heredadas quitarán el sueño a Boric: la crisis económica, el descontento popular con el sistema privado de pensiones, el conflicto con las comunidades mapuches del sur del país y la presión migratoria que Chile recibe en el norte. Mientras tanto, deberá acompañar el proceso constituyente y, antes de finales de año, someter a un referendo vinculante el texto que salga de allí.

El nuevo presidente ha armado un Gabinete de alto perfil, con nombres surgidos de la militancia estudiantil y dominado por mujeres. Cinco nombres liderarán la nueva estructura de poder: como ministra de Interior, Izkia Siches tendrá a su cargo resolver las contingencias del día a día; Giorgio Jackson delineará las políticas de mediano y largo plazo desde la Secretaría de la Presidencia; Mario Marcel, en Hacienda, trabajará para que esos cambios sean “ordenados y sostenibles en el tiempo”, como dijo en una entrevista reciente con EL PAÍS; la impronta feminista será responsabilidad de Camilla Vallejo, como portavoz, y de Antonia Orellana, al frente del ministerio de la Mujer. “Queremos mostrar gobernabilidad y ello abarca varios aspectos”, explicó Jackson esta semana al diario La Tercera. “Primero, dejar claro que podemos manejar bien los temas más urgentes, como la pandemia, el regreso a clases y todo lo relacionado con orden y seguridad, que se abordará de una forma distinta a como se ha hecho hasta ahora. Está el plan de estabilización económica y pondremos énfasis en los temas relacionados con los derechos humanos y todo lo que signifique reparación y soluciones para los conflictos que derivan del estallido social”, resumió.

El ministro Marcel adelantó que su prioridad estará puesta en una reforma tributaria “bastante ambiciosa”. “Las metas de recaudación que se han planteado de 5% del Producto en cuatro o cinco años es más que la suma de las dos grandes reformas que hemos tenido en democracia”, dijo. Prometió además “un programa de recuperación inclusiva, que asegure que nadie se quede atrás en la pospandemia”. “Hay sectores rezagados”, explicó, “y la necesidad de crear empleo”. El desafío de Marcel es que esos planes no agranden el rojo fiscal.

“El principal desafío del nuevo Gobierno será el deterioro económico que tendremos en los próximos meses”, advierte Max Colodro, analista político de la Universidad Adolfo Ibáñez. “Hemos estado viviendo durante los dos últimos años en una situación bien irreal, de explosión de consumo, porque en medio de la crisis por la pandemia el Gobierno permitió, porque no pudo impedirlo, retiros de fondos previsionales y una ayuda económica muy sustancial para aquellos que habían perdido el empleo. A los bolsillos de la gente fueron 80.000 millones de dólares, 50.000 millones de los retiros y 30.000 de las ayudas sociales que dio el Gobierno”, explica.

Agotado el combustible del consumo y sin fondos a los que recurrir, Boric tendrá que resolver una persistente subida de la inflación (registró 7,8% interanual en febrero, muy por encima del rango de entre 2 y 4% que había establecido el Banco Central), “y el deterioro inevitable de lo que está pasando con la guerra en Europa”, agrega Colodro. Chile es importador neto de petróleo y gas y cualquier subida en los mercados internacionales impacta en su mercado interno. No es un escenario simple para Boric, porque “frente a unas expectativas enormes, la situación económica se va a deteriorar fuertemente en los próximos mes”.

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El conflicto mapuche

Izkia Siches, la ministra estrella de Boric, tendrá en sus manos asuntos que impactan en la opinión pública, como el conflicto mapuche, la violencia urbana y la migración. “Para un Gobierno que se ha comprometido a no reprimir y no expulsar inmigrantes, la solución es compleja”, dice Max Colodro. El futuro Gobierno ha dado pocas pistas sobre qué piensa hacer, pero es de suponer que Siches no perderá demasiado tiempo. Esta semana, se reunió con autoridades de la Araucanía, la región más afectada por la cuestión indígena, y ya resolvió un cambio de paradigma: el Gobierno no renovará el estado de excepción en la zona, lo que supone sacar a las Fuerzas Armadas del control de la seguridad. En una entrevista televisiva, Siches dijo que “los resultados no serán inmediatos”, pero bastará al menos como señal que el abordaje ya no sea desplegar militares sobre el terreno.

Las reformas estructurales quedarán en manos de Giorgio Jackson y Marcel. El ministro de Hacienda dijo que habrá una reforma del sistema de pensiones, que desde la dictadura se basa en un sistema de capitalización administrado por empresas privadas, las AFP. Durante la campaña, Boric anunció el fin de las AFP y la creación de un sistema de reparto en manos del Estado. Marcel matizó la dimensión de la reforma y aclaró que la idea es “construir un sistema mixto, donde la capitalización siga siendo un componente pero ya no el único eje del sistema y con un rol más importante del Estado”. La ampliación de la gratuidad del sistema educativo, una de las principales demandas de los estudiantes que salieron a la calle en 2019, y la ampliación de las prestaciones de salud enfrentarán un largo debate político y legislativo.

Un Gobierno feminista

La cuestión de género será de vital importancia para el nuevo Gobierno. El círculo de poder más cercano a Boric estará en manos de mujeres, y serán ellas las que impregnen al resto de la administración con los nuevos lineamientos. “Les quiero pedir, en particular a los hombres, que nos lo tomemos en serio. El ser un gobierno feminista significa cambiar la manera en la cual nos relacionamos, con la cual vemos el mundo”, dijo Boric el viernes pasado tras una reunión entre ministerios. “Un Gobierno feminista debe reconocer la importancia de la acción colectiva de las mujeres”, sumó en una entrevista con este periódico Antonia Orellana, futura ministra de la Mujer. Su par en Interior, Izkia Siches, advirtió que piensa recorrer el país junto a su hija Khala, que cumplirá un año en abril. “El Estado tendrá que adaptarse a mí, a mi hija y a las ministras”, dijo. Camila Vallejo, exdiputada del Partido Comunista, será la voz del Gobierno.

“El otro gran desafío polítco de Boric está en la Convención” constitucional, dice Max Colodro. Los legisladores tienen hasta el 4 de julio para presentar un texto que reemplace al heredado de la dictadura de Pinochet. Concluido ese proceso, el Gobierno convocará a un referendo vinculante para aprobar o desaprobar la nueva Constitución. “Hay un riesgo bajo de que en el segundo semestre se pueda perder ese plebiscito y se imponga el rechazo. Todavía las encuestas confirman que es mayoritario el apruebo, pero también es cierto que ha ido bajando”, advierte Colodro. La redacción de una nueva Constitución fue la solución política a las revueltas de 2019 y el fracaso del proceso pondría a Boric ante una dura prueba de gobernabilidad.

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El presidente de la República de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, inició este martes la ronda de audiencias con los ocho partidos que han logrado representación en el Parlamento en las elecciones anticipadas celebradas el domingo. El contagio por coronavirus del primer ministro, António Costa, que se someterá a un aislamiento de siete días, le impedirá acudir a la audiencia del miércoles en el Palacio de Belém. Durante la campaña, el candidato socialista participó en numerosos actos y arruadas (paseos) con simpatizantes.

La expectación que generaba la ronda de consultas de Rebelo de Sousa en un escenario de gobierno minoritario, como vaticinaban las encuestas, ha desaparecido tras la mayoría absoluta del Partido Socialista. El presidente de la República pidió estabilidad política en su discurso de Año Nuevo y las urnas se la han concedido: “Una Asamblea de la República y un Gobierno con legitimidad renovadas para los próximos cuatro años”.

Desaparecida la inestabilidad, a Rebelo de Sousa se le reclamará ahora que ejerza de contrapeso para evitar los excesos que pueda cometer un Gobierno con las manos libres como el que tendrá António Costa tras lograr la segunda mayoría absoluta que alcanza el socialismo portugués desde 1975 [ha habido otras cuatro de la derecha]. Hasta ahora, la convivencia entre ambos, a pesar de que se sitúan en familias políticas antagónicas (Rebelo de Sousa fue líder del conservador Partido Social Demócrata), ha sido tan buena que los socialistas apoyaron la reelección presidencial de Rebelo de Sousa hace un año en detrimento de la candidata socialista, Ana Gómez. Esto no impide que haya habido fricciones entre Belém, sede de la Presidencia de la República, y São Bento, residencia del primer ministro, como ocurrió hace meses a propósito del relevo en la cúpula de la Armada.

En la noche electoral, António Costa tendió la mano al diálogo a los otros partidos, pero también fue claro sobre las líneas que marcarán su mandato: “Seremos fieles al programa socialista, sobre todo aquello que constaba en los Presupuestos del Estado que no fueron aprobados”. El apego de Costa al documento presupuestario frustrado quedó claro en campaña, cuando lo mostró en el plató de televisión al final de su debate con el candidato del PSD, Rui Rio, para señalarlo como el camino que seguiría si ganaba los comicios. Aunque respetaba el equilibrio presupuestario (las famosas “contas certas”, cuentas correctas), había concesiones a los antiguos socios de la geringonça (el acuerdo parlamentario con el Bloco de Esquerda y el Partido Comunista Portugués) en materia social y salarial y que fueron insuficientes para llegar a un acuerdo.

Entre las decisiones más inmediatas que el nuevo Gobierno podría tomar figuran la rebaja fiscal en la tributación de la renta para un millón y medio de hogares, el aumento de las pensiones más bajas o la gratuidad progresiva de las guarderías, así como medidas laborales acordadas con empresarios y sindicatos en la llamada Agenda del trabajo digno. En campaña Costa prometió poner en marcha reformas en materia de justicia y, sobre todo, en la economía para intentar sacar al país del furgón de cola de la UE. Aunque la cifra de paro es baja (6,1%), la tasa de riesgo de pobreza en 2019 era del 16,2%. En diciembre el Gobierno presentó una estrategia nacional para tratar de rebajar ese porcentaje al 10% (algo más de un millón de personas) antes de 2030. La subida de los sueldos es una de las medidas para atajar la pobreza entre trabajadores en activo. El salario mínimo para 2022 es de 705 euros, uno de los más bajos de Europa.

Los fondos de recuperación europeos (16.600 millones de euros) son el oxígeno que el Gobierno luso quiere trasladar a la economía para cambiar su modelo, con el refuerzo de las exportaciones, la apuesta por la energía verde y la transformación digital. “En Portugal conviven dos Portugales: el que se formó antes de 1974 en un sistema deficiente y el que lo hizo después con un modelo educativo bueno. Para cambiar el modelo económico necesitamos hacer una transformación digital y no queremos dejar a nadie sin un mínimo de competencias tecnológicas para evitar la exclusión social y económica”, explicaba días atrás en una entrevista a este diario el secretario de Estado para la Transición Digital, André de Aragão Azevedo. Un 23% de los portugueses nunca había utilizado internet en 2019. El porcentaje es ahora del 16%.

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En el ámbito social, Costa ha asegurado que quiere apuntalar el Sistema Nacional de Salud, exhausto tras la pandemia y renqueante desde los recortes de la troika. Más de un millón de portugueses no tienen médico de familia. En varios hospitales ha habido dimisiones en bloque por la falta de recursos y el agotamiento del personal. En educación, donde los indicadores han mejorado en los últimos años, se perfila como un problema grave la falta de profesores para cubrir las jubilaciones futuras.

António Costa pretende también abordar la reforma territorial, con un nuevo referendo sobre la división de la parte continental del país en cinco regiones. Ha prometido una consulta en 2023. En la anterior, realizada en 1998, la regionalización recibió un rechazo del 63%.

Para acometer los cambios el líder socialista ya avisó en campaña de que haría un Gobierno más reducido. El actual tiene 19 ministerios y 50 secretarías de Estado.

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El periodo de gracia ha expirado para el multimillonario Aziz Ajanuch, de 60 años, dueño de la segunda fortuna de Marruecos, después de la del rey Mohamed VI. El empresario venció en las elecciones legislativas de septiembre con la promesa del cambio, a pesar de que llevaba 13 años como titular del Ministerio de Agricultura y Pesca, clave en Marruecos. Ajanuch despertó la esperanza de mucha gente y provocó el mayor desplome en la historia del islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD, que llevaba una década en el poder.

Su formación, la liberal Agrupación Nacional de Independientes (RNI), comenzó el 7 de octubre a gobernar en coalición con el Partido Autenticidad y Modernidad (PAM, de ideología también liberal) y con el nacionalista conservador Istiqlal (PI). Ahora, tras cumplir el 15 de enero sus cien primeros días como primer ministro, la crítica más extendida es que Ajanuch aún no ha imprimido un cambio de rumbo en las grandes políticas de Estado.

En Marruecos están prohibidos los sondeos de opinión. Pero los medios han examinado de forma minuciosa los primeros tres meses. Y el resultado arroja críticas contundentes para Ajanuch. El semanario Maroc Hebdo, que suele acompañar las políticas del Palacio Real, sostiene que “el cambio tarda en llegar”. Y concluye: “El balance de etapa denota una falta de coraje político y una política económica que no se aparta de la vía clásica seguida por los antiguos Gobiernos”.

El semanario Tel Quel asegura que la vida cotidiana de los marroquíes ha cambiado muy poco. La revista citaba al dirigente opositor Nabil Benabdallah, secretario general del Partido del Progreso y del Socialismo (PPS), quien admitía que el Gobierno ha llegado en una situación difícil: inflación de precios en productos de primera necesidad, aumento de precios en los carburantes. “Lo que es llamativo es que no haya aún ninguna medida ni respuesta política a esas situaciones”, apuntaba Benabdallah.

El sitio digital Le360, estrechamente ligado al Palacio Real, tampoco ha ahorrado críticas hacia Ajanuch. Su columnista Adnan Debbarh resaltaba la “falta de ambición” del Ejecutivo. En otro artículo extraído a su vez del diario Al Ahdath, Le360 indicaba que el saldo de los cien primeros días en materia legislativa es más bien “reducido, por no decir muy modesto”. Y añade que solo ha puesto en marcha dos proyectos de ley.

El activista y economista Fuad Abdelmumni, miembro de la ONG Transparency Maroc advirtió a este diario de que “en Marruecos Gobierno no significa poder”. “Todo lo que es orientación estratégica o decisiones importantes depende directamente del rey”, añadió. “Así que son más bien los anuncios del Palacio los que podrían o no podrían cambiar la situación en el Estado”.

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Abdelmumni reconoce que las promesas económicas y sociales anunciadas por Ajanuch son “deseables”, pero será imposible de mantener, dada la coyuntura actual. “Sobre todo en lo que se refiere a la tasa de crecimiento”. Y augura: “El pobre señor Ajanuch va a ser echado a los pies de los caballos en cuanto la catástrofe social o económica exija echarlo”.

Por su parte, la marroquí Intissar Fakir, responsable para África del Norte del Middle East Institute, indica a este diario desde Estados Unidos que estos tres meses han dejado claro que el Gobierno de coalición se centrará en poner en marcha la visión del Palacio de forma silenciosa, sin hacer frente a una gran oposición. Pero advierte de que la población espera que se alivie la presión económica de la pandemia y de que la paciencia se está agotando.

Estragos en el turismo

El cierre de fronteras aéreas a causa de la variante ómicron está causando estragos en el sector turístico, que abarca hasta el 7% del Producto Interior Bruto (PIB). El Gobierno ha impulsado una ayuda de 200 millones de euros para el sector hostelero. Pero de esas ayudas han quedado excluidas las agencias de viajes. Este miércoles miles de personas vinculadas al turismo organizaron sentadas y concentraciones en las principales ciudades turísticas del país para pedir la apertura de las fronteras.

Fakir explica que el Gobierno aprobó en diciembre una ley de finanzas donde las prioridad es la creación de empleo, los programas de apoyo social, incluida la seguridad social universal, un proyecto que el rey anunció el año pasado. “Pero hay pocos detalles sobre cómo se va a poner en marcha esa ley, como se va a financiar”.

Hay también algunas voces que sacan un saldo positivo de los cien días. Tal es el caso de Mohammed Jadri, director del Observatorio de la Acción Gubernamental, organización que nació con la llegada de Gobierno de Ajanuch. Jadri indicó a este diario que el Gobierno ha logrado sacar adelante 18 decretos para la puesta en marcha de cuestiones relacionadas con la cobertura social. “Y está haciendo un esfuerzo considerable para relanzar la economía”, añade. Y destaca la ayuda de 200 millones para el sector turístico.

Entre los puntos negativos, Jadri destaca el de la comunicación. Asegura que el Gobierno no ha sabido explicar algunas medidas relacionadas con la pandemia u otras como el proyecto de ley que prohíbe a los mayores de 30 años presentarse a las oposiciones para profesor.

La mayoría de los críticas coinciden en la falta de comunicación del Gobierno. El primer ministro concedió su primera entrevista precisamente al cumplirse los cien días de su llegada a la jefatura del Gobierno. Y en ella Ajanuch no aclaró cuándo se abrirá el espacio aéreo, que permanece cerrado desde el 29 de noviembre, tras ser detectada la variante ómicron. En cuanto a la crisis diplomática con Madrid, Ajanuch se limitó a evocar, sin mencionar a España, un discurso del 6 de noviembre en el que el rey Mohamed VI reclamaba a sus socios posturas más “ambiciosas y claras” sobre el Sáhara Occidental.

Ajanuch declaró en esa entrevista que sus primeros cien días han estado marcados por “signos claros de fidelidad a las promesas y los compromisos anunciados”. La entrevista, para el sitio digital Le Desk, fue decepcionante. Y añadía varios adjetivos que abundaban en las redes: “Insípida, blanda, vacía”.

Por su parte, el sitio digital Yabiladi, elaboró un artículo de verificación sobre la entrevista de Ajanuch y sobre diez afirmaciones pronunciadas por el primer ministro, ocho resultaron falsas y dos imprecisas. La primera falsedad, según el citado medio, es que Ajanuch dijo que la decisión de cerrar el espacio aéreo corresponde a un comité científico sobre la pandemia y un comité ministerial. Sin embargo, el comité científico solo tiene un papel de consulta, según declaró en su día el propio ministro de Sanidad, Khalid Ait Taleb.

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