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El conflicto de Malí se ha recrudecido en el último mes en un contexto de retirada de las tropas francesas de la Operación Barkhane y reorganización de los grupos yihadistas que operan en esta zona, especialmente la rama local de Estado Islámico (EI). Los constantes ataques contra el Ejército y los enfrentamientos entre los propios grupos armados, que han causado decenas de muertos según Naciones Unidas en uno de los meses más sangrientos de un conflicto que dura ya una década, pero la tendencia más preocupante es el incremento de la violencia contra la población civil por todos los bandos. La organización Human Rights Watch asegura que el Ejército de Malí, que ya opera con el apoyo de instructores rusos, es responsable de al menos 71 víctimas civiles en el presente año, extremo que el Gobierno militar maliense niega. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, ha llamado a Malí y sus socios internacionales a respetar sus “obligaciones internacionales” durante las operaciones antiterroristas.

La retirada de la Operación Barkhane de Malí, acelerada por el desacuerdo entre las autoridades de Bamako y el presidente francés, Emmanuel Macron, está en marcha. Las bases galas de Kidal, Tessalit y Tombuctú ya han sido traspasadas a las Fuerzas Armadas malienses y lo mismo ocurrirá en las próximas semanas con las bases de Gossi, Gao y Ménaka. Además, Barkhane ha visto limitada su capacidad de intervención aérea ante las trabas puestas por el Ejecutivo maliense.

Frente a esta reducción de la operatividad de Barkhane, la rama local de Estado Islámico ha pasado por un proceso de reorganización interna e intensificación de su actividad. Tras la muerte de su histórico líder Abu Walid al Saharaui a consecuencia de un ataque aéreo francés en agosto de 2021 y el fallecimiento de su número dos por causas naturales, el poder ha sido asumido por dirigentes jóvenes y muy violentos procedentes de las comunidades peul y árabe. Desde el pasado 21 de marzo esta rama local, antes llamada Estado Islámico del Gran Sahara (EIGS), pasó a llamarse Provincia del Estado Islámico en el Sahel, lo que le da una mayor autonomía y apunta a una mayor relevancia en el seno de la organización terrorista.

Estado Islámico es el responsable de los brutales ataques contra los pueblos de Tamalat e Insinane del 8 y 9 de marzo, en el que según diferentes fuentes fueron masacrados decenas de civiles de la etnia tuareg a los que acusaba de complicidad con el Movimiento de Salvación de Azawad (MSA), un grupo armado tuareg con el que mantiene frecuentes choques. Ambos grupos se enfrentan desde hace tres semanas en la región de Ménaka, provocando también miles de desplazados. EI reclamó la autoría de la muerte de 250 combatientes y civiles, mientras que fuentes del MSA elevaron la cifra de fallecidos a 400. Una semana más tarde, los yihadistas asumieron el ataque contra el puesto militar maliense de Tessit del pasado 14 de marzo, en el que fueron asesinados 33 soldados y 14 resultaron heridos, según informó el Estado Mayor del Ejército.

Además de Malí, Burkina Faso y Níger han sido escenario también de recientes ataques yihadistas. En este último país, un doble atentado cometido el 14 de marzo contra un autobús y un camión provocó la muerte de 21 civiles mientras que el pasado día 24 fueron asesinados seis militares en el pueblo de Kolmane de la conflictiva región de Tillabéri. En Burkina, la ciudad de Djibo, en el norte del país, está bajo el constante asedio de la rama local de Al Qaeda.

El Estado Islámico no es el único grupo terrorista que opera en la zona. El pasado 4 de marzo, el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM), vinculado a Al Qaeda, atacó el cuartel maliense de Mondoro y asesinó a 27 soldados, según un recuento gubernamental. En el comunicado en el que se atribuye esta acción, JNIM aseguró que se trataba de una venganza por la masacre de civiles cometida supuestamente por el Ejército maliense cerca de Diabaly, donde unos 35 sospechosos de colaboración con grupos yihadistas que estaban presos en un cuartel militar fueron ejecutados de manera sumaria y sus cuerpos quemados.

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Instructores rusos

Un reciente informe de Human Rights Watch (HRW) destaca que estas ejecuciones, torturas y detenciones arbitrarias de civiles se habían intensificado en Malí en los últimos meses, cometidas por todos los bandos. Varios testigos aseguraron a esta organización que algunos de los crímenes descritos se habían cometido en presencia de instructores militares rusos que los países occidentales señalan como paramilitares del Grupo Wagner, en una evolución similar a la que vivió la República Centroafricana, donde Naciones Unidas denunció graves delitos contra civiles atribuidos a mercenarios de Rusia en 2018. El Gobierno maliense niega tanto las ejecuciones extrajudiciales, que califica de fake news para desacreditar a sus Fuerzas Armadas, como la presencia de paramilitares.

El informe de HRW señala que desde diciembre de 2021 tiene constancia del asesinato de 107 civiles, la mayoría ejecutados tras su detención, entre los que hay jefes de pueblo, comerciantes, líderes religiosos e incluso niños. De ellos, 71 implican a las fuerzas de seguridad malienses y 36 a grupos armados no estatales, sobre todo yihadistas. “Constatamos un crecimiento dramático del número de civiles, entre ellos sospechosos, asesinados por el Ejército maliense y por grupos islamistas armados”, aseguró Corinne Dufka, directora de HRW para el Sahel. “Este desprecio total por la vida humana, que se expresa en evidentes crímenes de guerra, tendría que ser objeto de investigación y las personas implicadas tendrían que ser castigadas por ello”, añadió.

Los incidentes se produjeron entre diciembre de 2021 y comienzos de marzo de 2022 en las regiones de Segou y Mopti, en el centro del país, y Koulikoro, en torno a la capital, Bamako. Uno de los más graves tuvo lugar a principios de marzo. En los días previos, el Ejército detuvo a decenas de civiles, casi todos de la etnia peul, supuestamente por complicidad con grupos yihadistas en diferentes pueblos próximos a Niono y los trasladó al cuartel militar de Diabaly. La noche del 1 de marzo, 35 de ellos fueron sacados de allí a la fuerza y sus cuerpos aparecieron quemados el día 3 cerca del pueblo de Danguere Wotoro, a 11 kilómetros de Diabaly. Muchos de ellos tenían las manos atadas a la espalda y los ojos vendados.

El alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Josep Borrell, expresó a través de su cuenta de Twitter el pasado 13 de marzo su “firme condena” ante “los recientes abusos cometidos en el centro de Malí” después de que aparecieran las primeras informaciones sobre la muerte de estos 35 civiles. Asimismo, mostró el respaldo de la Unión Europea a la investigación abierta por Naciones Unidas para esclarecer los hechos.

“Hay un empeoramiento de la situación en los últimos meses”, asegura Ornella Moderan, experta en el Sahel del Instituto de Estudios de Seguridad (ISS), “y es difícil investigar porque la información circula poco y mal, hay una atmósfera de silencio”. Asegura que ha tenido acceso a informes sobre abusos y violaciones de derechos humanos y que la investigación de HRW no le ha sorprendido. “Es difícil asegurar la participación de elementos extranjeros en todo ello, pero está claro que la intensidad de ejecuciones extrajudiciales no se había visto hasta ahora en este conflicto. Todo ello en los últimos tres o cuatro meses”. Es decir, coincide tanto en el tiempo como con la zona geográfica de despliegue de los uniformados rusos, mercenarios, según Francia y Estados Unidos, e instructores del Ejército, según el Gobierno maliense. “El riesgo de tener actores fantasma sobre el terreno que no tienen personalidad jurídica es que será difícil pedirles que rindan cuentas”, añade.

Bamako ha abierto pese a todo investigaciones y recoge información para averiguar quiénes eran los responsables de los crímenes denunciados por HRW. Prácticamente ninguna investigación anunciada sobre abusos y violaciones de derechos humanos cometidos por fuerzas de seguridad en Malí ha llegado a ninguna conclusión.

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El estruendo de las bombas y los ataques en diferentes regiones de Ucrania sigue silenciando posibles avances en las conversaciones diplomáticas para llegar a un acuerdo que ponga fin a la guerra tras 19 días de invasión rusa. Un proyectil lanzado sobre un edificio residencial de ocho plantas en Obolon, un barrio al norte de Kiev, dejó este lunes al menos un muerto. Otro ataque cerca de la fábrica aeronáutica Antonov dejó otra víctima mortal. Es, de nuevo, una señal clara de que, aunque no haya conseguido todavía su objetivo de someter a la capital ni siquiera acercar sus soldados al centro urbano, el presidente ruso, Vladímir Putin, no se olvida de la principal urbe del país, que aparece cada vez más rodeada.

Aproximadamente la mitad de sus tres millones de habitantes han salido ya buscando un lugar más seguro, aunque allí aguanta sin mostrar intención de irse y con constantes apariciones en redes sociales el presidente Volodímir Zelenski. Varios de sus representantes volvieron este lunes a mantener contactos de manera telemática con el Kremlin, pero, de momento, no hay más anuncio que el de seguir tratando de avanzar este martes. El propio mandatario, que apuesta por verse cara a cara con Putin, reconoció en un vídeo que las negociaciones están siendo “difíciles”.

Mientras, en el este de Ucrania, donde la guerra no ha cesado desde 2014, los separatistas prorrusos apoyados por Moscú y enfrentados a Kiev han denunciado el lunes un bombardeo en la ciudad de Donetsk del que acusan a Ucrania y que dejó, al menos, 16 muertos. Kiev ha negado su responsabilidad. El acoso sigue en ciudades ya muy castigadas en estas casi tres semanas de guerra como Járkov, la segunda el país, en el noreste, o la portuaria Mariupol, a orillas del mar de Azov. El alcalde de Járkov, Igor Terejov, denunció un bombardeo incesante de la localidad. Al menos dos personas murieron en un ataque con misiles a un edificio residencial de la urbe, en el este de Ucrania. Los servicios de emergencia y rescatistas buscaron durante horas bajo los escombros para intentar localizar a los vecinos desaparecidos. El edificio, cercano al centro histórico, fue alcanzado por la mañana, lo que produjo un “incendio masivo” debido a los daños en las tuberías que suministran gas al inmueble, según información de los servicios de emergencia citada por la agencia Reuters. Járkov, una ciudad estratégica a escasos kilómetros de la frontera rusa, ha sufrido bombardeos desde el comienzo de la invasión rusa.

Unos bomberos tratan de apagar un incendio en un edificio golpeado por un proyectil ruso, este lunes en Járkov.
Unos bomberos tratan de apagar un incendio en un edificio golpeado por un proyectil ruso, este lunes en Járkov.Pavel Dorogoy (AP)

También en el oeste, zona por la que cientos de miles de personas han escapado del conflicto, sobre todo a través de la frontera con Polonia, los ataques se suceden en los últimos días. En los alrededores de Lviv se podía escuchar el paso de varios aviones y ver el trazo en el cielo de un misil. Hasta el momento, según cifras de la ONU, han salido del país 2,8 millones de habitantes. Otros dos millones son desplazados internos.

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Además, nueve personas han muerto y otras nueve han resultado heridas como consecuencia de un bombardeo de una torre de televisión en la ciudad de Antopil, al oeste de Kiev. El gobernador de la provincia de Rivne, Vitali Koval, ha indicado este lunes que aún hay personas bajo los escombros, por lo que el balance de muertos y heridos podría aumentar, según recoge el portal de noticias ucranio Babel.

“Tenemos que mantenernos firmes y luchar para ganar, para lograr una paz que los ucranios merecen, una paz honesta con garantías de seguridad para nuestro Estado, para nuestro pueblo. Y ponerlo por escrito durante las difíciles negociaciones”, señaló el presidente Zelenski este lunes en una grabación. Según señaló el negociador ucranio Mijailo Podoliak en Twitter, las autoridades de Kiev acudieron a la cita de esta cuarta ronda negociadora con la intención de lograr un alto el fuego, la retirada inmediata de las tropas rusas de su territorio y garantías de seguridad. Todo ello parece muy lejano según se están desarrollando los acontecimientos en el frente de batalla. “Se ha hecho una pausa técnica en las negociaciones hasta el martes” para que los grupos de trabajo puedan “aclarar definiciones”, añadió Podoliak.

“Las partes están expresando activamente sus posiciones, que ya han sido aclaradas, la comunicación es difícil, pero continúa”, explicó Podoliak, para quien “la razón de las discordancias” obedece a los sistemas políticos “muy diferentes” que tienen ambos países. “Ucrania es un país que mantiene el diálogo libre en la sociedad y un consenso obligatorio. Rusia practica, en definitiva, la supresión de su propia sociedad”, agregó. Pese a ello, negociadores de ambas partes detectaron algún pequeño avance. “Los rusos no están haciendo más ultimatums y escuchan nuestras propuestas”, dijo Podoliak. Por su parte, Leonid Slutsky, presidente del Comité de Asuntos Internacionales de la Duma [Cámara baja del Parlamento ruso], destacó un “progreso sustancial” en la marcha de las negociaciones.

El esfuerzo diplomático tuvo este lunes un segundo escenario en Roma, donde se han reunido enviados de Estados Unidos y China tras conocerse que Rusia solicitó ayuda económica y de material militar al gigante asiático poco después de iniciar la invasión de Ucrania. Desde China, el Ministerio de Exteriores ha calificado este lunes esta noticia de “desinformación”. El Kremlin también niega la petición de ayuda.

Zelenski señaló la noche del domingo que sus representantes estaban negociando un posible encuentro con Putin. “Nuestra misión es clara: hacer todo lo que sea posible para asegurar una reunión entre los dos presidentes”, dijo en un vídeo. Y destacó que una de las exigencias de Ucrania es la apertura de corredores humanitarios para las ciudades sitiadas. En total, unas 150.000 personas han sido evacuadas, según los datos ofrecidos este lunes por el alto funcionario de la presidencia de Ucrania Kirilo Timoshenko. Pese al elevado número de evacuaciones, Zelenski lamentó que todavía queda mucha gente atrapada en enclaves como Mariupol, en el sureste del país.

La alcaldía de esta ciudad señaló que unos 160 coches con civiles pudieron salir este lunes de la localidad. La información fue confirmada por la vice primera ministra de Ucrania, Irina Vereshchuk, quien también criticó que Rusia continúa bloqueando la entrada de ayuda humanitaria. Uno de los residentes de Mariupol que logró escapar del asedio y comunicarse con sus allegados en otro municipio del país explicó que el corredor humanitario estuvo abierto hasta las 17.00, hora local (16.00 horas en la España peninsular), pero que la mayor parte de la población de Mariupol no fue informada de la posibilidad de abandonar la ciudad. De acuerdo con esta fuente, las fuerzas del Kremlin impidieron que la población saliera de la localidad en autobuses y solo permitieron el uso de coches particulares, informa Margaryta Yakovenko.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmó este lunes un total de 31 ataques contra centros sanitarios desde el inicio de la invasión en Ucrania, en los que 12 personas murieron y otras 34 resultaron heridas. Una de las víctimas es la mujer embarazada que sobrevivió al ataque ruso contra el hospital materno infantil de Mariupol y cuya imagen dio la vuelta al mundo, tumbada en una camilla y sujetando su tripa. Tanto ella como su bebé murieron finalmente. Los bombardeos contra civiles, y muy especialmente contra hospitales, apuntan a la comisión de crímenes de guerra por parte de Moscú. Según la Fiscalía de Ucrania, al menos 90 niños han fallecido desde el inicio de la agresión.

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El ataque contra Kiev no cesa. La capital ucrania, en el punto de mira del presidente ruso, Vladímir Putin, ha amanecido con tiroteos y detonaciones en las calles tras una noche en la que el retumbar de las explosiones no ha cesado. A primera hora de la mañana de este sábado se ha registrado un enorme impacto en un bloque de apartamentos, en la parte alta de la ciudad. El Gobierno ucranio asegura que ha sido atacado por un misil ruso. Un vídeo difundido por el Servicio Nacional de Emergencias muestra la detonación de lo que parece un cohete y las imágenes de las cámaras de seguridad caseras de uno de los apartamentos muestran el momento del alcance. Un total de 35 personas, incluidos dos niños, han resultado heridas en los intensos combates ocurridos durante la noche en Kiev, según el alcalde de la ciudad.

El ataque de Putin contra lo que ha denominado un “régimen nazi y de drogadictos” sigue adelante mientras miles de personas se refugian en el metro de la capital, de 2,8 millones de habitantes. Muchos otros ya la han abandonado. En Kiev, el Ejército ucranio ha volado varios puentes en un intento de frenar el avance de las tropas enviadas por el jefe del Kremlin. Disparos de armas pequeñas y explosiones en varios puntos de la capital evidenciaban las huellas de lucha urbana. El Ejército, con ayuda de civiles armados, está colocando barricadas de neumáticos para cortar calles y establecer controles. Hay tiroteos en varios puntos de la capital, que trata de resistir el ataque. El presidente ucranio, Volodímir Zelenski, había avisado antes de que se avecinaba una noche dura de asedio en la ciudad.

Pero los ataques se han repetido por todo el país. Las fuerzas rusas han lanzado un ataque coordinado con misiles y artillería contra varias ciudades de Ucrania. Las fuerzas de Putin han disparado también misiles de crucero desde el mar Negro en las ciudades de Sumi, Poltava y la portuaria Mariupol, en el mar de Azov, donde hay intensos combates. Rusia segura que se ha hecho con el control de la ciudad de Melitópol, una urbe del sureste de 150.000 habitantes, tras lo que sería un desembarco anfibio de infantería naval que facilitaría la toma también de Mariupol. El alcalde de la ciudad, sin embargo, emitió un comunicado en el que aseguró que Melitópol sigue bajo control ucranio. Si se confirma la toma de Melitópol, sería un avance importantísimo para Putin, que el jueves anunció una “operación militar contra el Donbás” que ha sido en realidad un ataque a gran escala en todo el país.

Un soldado ucranio en el centro de Kiev, este sábado.
Un soldado ucranio en el centro de Kiev, este sábado.Luis de Vega

El Ejército ucranio está resistiendo a la dura ofensiva rusa. Las autoridades han elevado sus peticiones a la ciudadanía para que se prepare para todos los escenarios, incluidos salir a la calle con cócteles molotov. En la radio, algunos programas explicaban el viernes cómo fabricar ese explosivo casero.

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En la parte del Donbás controlada por el Gobierno, territorio reclamado por el Kremlin para los separatistas prorrusos de Donetsk y Lugansk que controlan un tercio de la región minera, y en la región de Dnipro, decenas de vehículos blindados y camiones militares, algunos con misiles, siembran las carreteras. Cerca de Pavlograd, uniformados cavaban trincheras la mañana de este sábado en los bosques cerca de la carretera principal, donde también preparaban barricadas.

Zelenski rechaza abandonar el país

Tras otra noche dura y los rumores sobre la oferta de Estados Unidos de ayuda para salir del país al presidente de Ucrania, Zelenski ha difundido otro mensaje a través de un vídeo en sus redes sociales en el que ha instado a la ciudadanía a no creer las “noticia falsas” sobre que acepta una rendición. “Estoy aquí”, ha dicho en una grabación sin datar en la que aparece en el centro de la ciudad, vestido con ropa verde militar. “No depondremos las armas, defenderemos nuestro Estado”, ha recalcado este antiguo actor cómico que arrasó en las elecciones presidenciales de 2019.

El edificio residencial afectado por un bombardeo ruso, este sábado en Kiev.
El edificio residencial afectado por un bombardeo ruso, este sábado en Kiev. Luis de Vega

Mientras la batalla se encarniza y el Ejército ucranio lucha por resistir la durísima ofensiva, podría avanzar un canal de negociación diplomático. El viernes, cuando los ataques contra Kiev, el corazón del país, arreciaban, Zelenski reiteró su invitación a Putin de sentarse a negociar para “detener la muerte”. Tras largas negativas y con Ucrania al borde del abismo, el Kremlin aseguró que el líder ruso estaría dispuesto a volver a Minsk, donde se firmaron los acuerdos de paz en 2015 para el Donbás, que no trajeron la paz a un conflicto que ha causado 14.000 muertes desde entonces, pero que congelaron la línea de contacto que divide la zona controlada por los separatistas del resto de la región, controlada por el Gobierno. Bielorrusia ya no es, sin embargo, el amortiguador ente Rusia y Occidente que era en aquella época. El líder autoritario bielorruso Aleksandr Lukachenko, aliado de Moscú, está plegado a Putin y es cada vez más dependiente del Kremlin. A altas horas de la noche del viernes, Zelenski pidió al primer ministro israelí, Naftali Bennett, que organizara y ayudara a mediar en las negociaciones entre Ucrania y Rusia, aseguró a la CNN el embajador de Ucrania en Israel. En cualquier caso, Putin no cree en la legitimidad de Zelenski como presidente. El viernes hizo un duro llamamiento al Ejército para que tomase el poder, derrocase al presidente y se sentase a negociar.

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El estruendo de los proyectiles del Ejército ruso y el ulular de las sirenas son la nueva terrible banda sonora que amenaza la vida de los habitantes de Kiev, la capital de Ucrania, en el segundo día de la ofensiva lanzada contra todo el país por el presidente de Rusia, Vladímir Putin. “Es un milagro”, señala con la voz entrecortada Anatoli, de 50 años, delante de un edificio de diez plantas bombardeado en la madrugada de este viernes a una docena de kilómetros del centro de la ciudad. La fachada destrozada con un enorme cráter del impacto delante explica el porqué de ese milagro. Fuentes policiales sobre el terreno confirman a EL PAÍS que solo ha habido cinco heridos. Eran en torno a las cuatro de la mañana cuando “todo tembló y las ventanas de las casas saltaron todas hacia dentro”, relata este vecino. Olga, de 47 años, regresaba a su casa entre lágrimas y todavía incrédula ante la situación que está viviendo. Junto a ella, varios policías y militares rodean la zona mientras los bomberos acaban de recoger. Al menos 137 personas han perdido la vida en la primera jornada de la guerra abierta por Moscú en el país vecino. Mientras, los 27 países miembros de la Unión Europea y Estados Unidos han aprobado una nueva fase de sanciones contra el entramado político y económico de Putin.

Las fuerzas rusas atacan con especial intensidad este viernes la capital de Ucrania, Kiev. El Ejército ruso carga contra infraestructuras civiles para forzar a su homólogo ucranio, Volodímir Zelenski, a negociar y a capitular. El Gobierno de Kiev ha informado de decenas de muertos y heridos en ataques por todo el país. El último balance cifra en al menos 137 las víctimas mortales. Desde el sur y el este del país, las fuerzas especiales rusas y las tropas aerotransportadas tratan además de envolver al ejército ucranio en la región de Donbás, donde los servicios secretos ucranios creen que Moscú puede haber infiltrado además a grupos paramilitares para atacar desde dentro y hacerse con el control total de la zona. El plan podría repetirse, dicen, en otros puntos del país. El objetivo del jefe del Kremlin en Kiev podría ser descabezar a la cúpula del Gobierno. Miles de personas han huido desde el Este, más cerca de la frontera rusa, y de la capital, hacia el Oeste, a ciudades como Lviv, cerca de la frontera con Polonia, donde esta mañana se han oído también las sirenas de alerta por ataques. Decenas de miles de ciudadanos tratan de salir del país hacia Polonia y Hungría.

La vida de los habitantes de Kiev pende de un hilo desde que comenzó el asedio del Ejército ruso sobre la exrepública soviética. Nadie sabe dónde puede producirse el siguiente ataque aéreo, lo que multiplica la ansiedad y el caos. Al mismo tiempo, todos tratan de dar con información fiable para confirmar a cuántos kilómetros se hallan las tropas del Kremlin, que se acercan cada vez más a Kiev.

El gran socavón provocado por el bombardeo del inmueble de diez plantas de Kiev se ha convertido en un lugar de peregrinaje al que se acercan los ciudadanos para comprobar de primera mano la magnitud de los daños. Muchos fotografían la escena con sus teléfonos o graban vídeos para subir a redes sociales. Los cascotes han sembrado el parque infantil que hay justo delante del bloque. Los columpios y el tobogán son testigos mudos de una noche de carreras y alertas que todavía siguen a primera hora del día. Pocos minutos después de las siete de la mañana, las alarmas empiezan a sonar de nuevo. Los vecinos, a la carrera, se dirigen a los refugios más próximos, muchos de ellos al suburbano. En uno de los edificios cercanos al atacado, una treintena de personas se resguarda en silencio en el cuarto de las calderas. Algunos son niños todavía dormidos en el suelo ajenos a todo lo ocurrido.

En un nuevo discurso esta madrugada a la ciudadanía ucrania, el presidente Zelenski ha confirmado múltiples ataques con misiles rusos en varios puntos del país y ha asegurado que las agresiones del Kremlin tienen como objetivo infraestructuras civiles y militares. “Están matando gente y convirtiendo ciudades pacíficas en objetivos militares”, dijo. “Esto es el mal y nunca lo perdonaremos”, recalcó el presidente ucranio, que ha pedido a la OTAN y a sus aliados de Europa del Este asistencia para defensa.

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Mientras, el ministro de Defensa, Dmytro Kuleba, ha asegurado que la última vez que la ciudad de 2,8 millones de habitantes sufrió algo similar fue durante la Segunda Guerra Mundial. “La última vez que nuestra capital experimentó algo así fue en 1941, cuando fue atacada por la Alemania nazi”, ha dicho en las redes sociales. Hay ya unos 100.000 desplazados, según estimaciones del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. Y los países de la UE creen que se puede producir una gran oleada de refugiados.

Los bomberos trabajan en un edificio de viviendas dañado tras el ataque de Rusia.
Los bomberos trabajan en un edificio de viviendas dañado tras el ataque de Rusia. UKRAINIAN MINISTRY OF EMERGENCIE (via REUTERS)

Este viernes se puede convertir en el día más duro de la guerra, ha advertido Anton Gerashchenko, asesor del Ministerio del Interior de Ucrania, que ha asegurado que las fuerzas de Kiev están listas para defender la capital con misiles antitanque suministrados por aliados extranjeros. El ejército ucranio tiene, sin embargo, escasas capacidades en sus sistemas de defensa antiaérea. Con la ofensiva desde cuatro frentes, las fuerzas rusas podrían llegar hoy a las afueras de Kiev.

Ofensiva en el Donbás

El miércoles, poco antes del amanecer en Moscú, el presidente Putin anunció una “operación militar en el Donbás” que justificó como necesaria para defender a la población. “Las circunstancias requieren que tomemos medidas decisivas e inmediatas”, dijo el jefe del Kremlin, que acusó a las autoridades ucranias de “cometer numerosos crímenes sangrientos” y prometió represalias. Putin asegura que que el Gobierno ucranio, cuyo presidente es de origen judío y su abuelo luchó contra la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial, es un “régimen nazi”.

Tras recordar que Rusia es “una de las potencias nucleares más poderosas del mundo”, Putin advirtió de que cualquier intento de detener el movimiento de Rusia hacia Ucrania. Lo que anunció como una operación en el Donbás se ha convertido en una gran ofensiva contra todo el país desde tres flancos.

Zelenski, que aprobó el jueves la ley marcial, decretó durante la noche la movilización general de todos los reservistas y reclutas y prohibió abandonar el país a los hombres de entre 18 y 60 años. El presidente ucranio, que había reforzado el Ejército en el este ante la amenaza del Kremlin, que ha concentrado a 190.000 soldados en sus fronteras oriental y norte, está ahora llevando armas adicionales a Kiev, hacia donde avanzan las tropas de Putin que han entrado desde el norte, por zona rusa y Bielorrusa, un área donde se han hecho con el control de la estratégica zona de exclusión de Chernóbil, donde está el sarcófago accidentado de la central que explotó en 1986 en la mayor catástrofe de la historia.

El mandatario ucranio, que ha reiterado que está abierto a hablar con Putin de paz en cualquier lugar y en cualquier momento, cargó contra Occidente y advirtió a la ciudadanía ucrania de que no esperasen ayuda del exterior. “Estamos abandonados a nuestra suerte en defensa de nuestro estado. ¿Quién está listo para luchar junto con nosotros? Honestamente, no veo a nadie”, dijo en un discurso en ucranio, durante un mensaje a la nación en el que apareció con una camiseta militar verde y sin afeitar.

Zelenski afirmó que él es el objetivo número uno de Putin, que, según los servicios secretos ucranios y estadounidenses, puede tratar de capturar o eliminar a la cúpula del país para poner a un Gobierno títere de Moscú. “El enemigo me marcó como el objetivo número uno y mi familia como el objetivo número dos″, dijo. “Quieren destruir Ucrania políticamente destruyendo al jefe de Estado”, remarcó el líder ucranio que aseguró que está en la capital y que se quedaría allí. Zelenski dijo que su familia también está en Kiev, aunque en un lugar secreto. “También hay información sobre los grupos de sabotaje del enemigo que ingresan a Kiev”, advirtió.

En todo el país, las fuerzas de seguridad han instado a los ciudadanos a evitar vestir ropa militar y a reportar a personas con marcas rojas en la ropa. El servicio de espionaje ucranio cree que grupos paramilitares vinculados a la oscura compañía Wagner, gestionada por un aliado de Putin, y que ya estuvo involucrada en operaciones en la guerra de Ucrania de 2014, en Siria y en Libia, pueden estar ya dentro del país.

Varios vídeos y fotografías publicados por las autoridades ucranianas muestran feroces combates en todo el país, con aviones derribados y tanques dañados y vehículos blindados de personal de ambos lados. En Odesa, una ciudad portuaria y estratégica en el Mar Negro a 48 kilómetro de la costa, también se registraron ataques. Allí, en el mar, las fuerzas enviadas por Putin han logrado capturar la llamada Isla de las serpientes, donde el Ejército ucranio tenía un puesto avanzado. Todos los soldados que la custodiaban, 13, han muerto.

En Moscú, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, aseguró que Rusia está preparada para negociar con Ucrania si acepta convertirse en lo que llamó “un país neutral” y dejar de desplegar armas. “Nadie está hablando de ocupación”, aseguró. “Idealmente, Ucrania debería ser liberada y limpiada de nazis”, declaró ahondando en la retórica de Putin. Ucrania era un país neutral y con estatus de no alineado cuando Rusia se apoderó de la península ucrania de Crimea tras una rápida intervención y con un referéndum considerado ilegal por la comunidad internacional y cuando alimentó el conflicto del Donbás, que va a cumplir ocho años. Tras esto, en 2014, durante la guerra, Kiev votó para abandonar esa posición y establecer una agenda para su membresía de la OTAN.

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El río Atrato es uno de los ejes de la vida en Chocó.
El río Atrato es uno de los ejes de la vida en Chocó.Camilo Rozo

A pocas horas de comenzar un paro armado decretado por la guerrilla del ELN este miércoles en varias regiones de Colombia, en Chocó, una zona que ha sufrido la guerra históricamente, el temor se palpaba en cada conversación. Los conductores cancelaban viajes, los ríos, que son el eje de la vida en este departamento ubicado en el Pacífico, se vaciaban de lanchas y canoas y los pobladores se preparaban para varios días de confinamiento bajo las armas de ese grupo guerrillero. En otros departamentos, el ELN concretó sus amenazas. En la costa caribe dinamitaron una carretera; en Cúcuta, en la frontera con Venezuela, dejaron cargas explosivas en algunos lugares de la ciudad y en Santander, cinco trabajadores resultaron heridos al encontrar un explosivo abandonado.

“Oscurece en Istmina, Chocó. En doce horas inicia el paro armado del ELN pero ya el río está muerto. Nadie baja o sube por la cuenca del San Juan”, escribía Jorge Mantilla, director de Dinámicas del Conflicto de la Fundación Ideas para la Paz (FIP).

Tras ese silencio del río, se esconde el confinamiento, uno de los hechos más graves que viven los chocoanos actualmente, según fuentes de la Iglesia católica. Solo en un municipio llamado Litoral del San Juan hay 700 personas confinadas, que no pueden salir de su casa por los enfrentamientos entre el ELN y el Clan del Golfo, un grupo paramilitar cuyo jefe, alias Otoniel, fue capturado por el Gobierno hace unos meses. También están rodeados de minas antipersona. “Sí, el mismo Clan del Golfo que el Gobierno dijo que estaba acabado con la captura de Otoniel. Urge repensar la política de seguridad en Colombia”, alerta el experto en Colombia de Human Rights Watch, Juan Pappier.

En ese mismo municipio y en otras 72 comunidades, las personas viven aterrorizadas. “Siempre hemos estado en paro”, dice con resignación una líder social del Consejo Comunitario del San Juan (Acadesan). “Acá el que se enfermó en la noche no tiene opción más que morirse en la casa por la enfermedad o por las balas si decide salir. Los mismos grupos lo dicen así, el que se mueve de su casa se muere”, cuenta desde la zona.

El confinamiento hace que poblaciones enteras estén sin alimentos y se encarezcan los productos que alcanzan a llegar. “Sube el transporte por las vacunas (extorsiones) y por las dificultades de llegar a los territorios y entonces se disparan todos los productos de la canasta familiar”, agrega la líder, que enumera precios que indignarían a cualquier citadino: “Una libra de queso cuesta 16.000 pesos, una de azúcar 3.000”. Chocó es una de las regiones más diversas y al mismo tiempo una de las más pobres de Colombia. Por eso es una doble tragedia que la guerra que se ha recrudecido en los últimos años genere inseguridad alimentaria.

Desde 2017, explican fuentes en la región, no se presentaba un paro armado como el anunciado esta semana por esa guerrilla que impide la libre circulación de personas y vehículos. La guerrilla ha advertido en un comunicado que solo permitirá que la población se “movilice por razones humanitarias relacionadas con actividades funerarias y emergencias hospitalarias”.

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Tras el desarme de las FARC, después del acuerdo de paz entre la guerrilla y el Gobierno en 2016, se generó un vacío de poder y el ELN comenzó a tomar fuerza a pesar de las advertencias de los pobladores al Gobierno. A la vez, el Clan del Golfo se disputaba el territorio. Había una “calma tensa” que se rompió definitivamente en septiembre de 2021.

A mediados de ese mes, el Ejército lanzó operativos contra el ELN y en uno de ellos cayó alias Fabián, comandante del frente de guerra occidental del grupo. Según un comunicado de la guerrilla, fue herido durante un bombardeo y murió días después. En esa misma carta anunciaron represalias y como consecuencia varias poblaciones fueron desplazadas. Luego, según el ministro de Defensa, Diego Molano, cayó otro comandante, alias El Viejo y posteriormente alias Shumager o Marlon, segundo de otro frente del ELN y el encargado de reclutar menores de edad en la zona, una de las prácticas que más preocupan a los pobladores.

La instalación de minas antipersonales que también impiden la movilidad de los pobladores ya se ha cobrado víctimas, especialmente entre las comunidades indígenas. Pero no solo ocurre en las zonas rurales. En Quibdó, la capital chocoana, este lunes se desactivó un artefacto explosivo cerca de una escuela. “Estamos profundamente preocupados porque esto está alcanzando niveles jamás esperados en la capital de Chocó”, dijo Domingo Ramos, personero de Quibdó.

El ministro de Defensa Diego Molano durante un conseho de seguridad en Quibdó (Chocó) este martes.
El ministro de Defensa Diego Molano durante un conseho de seguridad en Quibdó (Chocó) este martes.Ministerio de Defensa de Colombis

Diversos líderes sociales y organizaciones de la sociedad civil denuncian “inacción” por parte del Gobierno de Iván Duque. “Más de un mes después (de haber denunciado el agravamiento de la crisis humanitaria), la respuesta del Estado son correos electrónicos con cartas vacías de contenido, puros formalismos, textos copiados y pegados, donde las entidades se lanzan la responsabilidad unas a otras y al final no pasa nada”, denunció la organización Acadesan. “En la vida real de las comunidades y el territorio, prácticamente no se ha implementado ninguna medida de prevención, protección ni de atención”, agregaron.

La Iglesia católica en El Chocó ha sido otra de las voces que ha insistido en la crítica situación. Sin embargo, hace una semana el ministro del Interior, Daniel Palacios, sugirió que las alertas de los obispos eran “falsas y extravagantes”. “El respaldo del pueblo es muy importante en momentos en que las instituciones pretenden desconocer la dura realidad de las comunidades de los diferentes municipios del departamento”, dijeron en un mensaje los obispos Mario Álvarez, de Istmina-Tadó; Hugo Torres, de Apartadó; y Juan Carlos Barreto, obispo de Quibdó, el pasado 19 de febrero.

Desde Quibdó, el ministro de Defensa, Diego Molano, aseguró este martes que el paro armado busca incidir en las elecciones legislativas y presidenciales que se realizan en Colombia a partir de marzo. “[El ELN] Afecta con su terrorismo a los colombianos para abrir falsas negociaciones de paz o para que otros les den perdón social, como dice hoy un candidato”, deslizó aunque sin eludir directamente a ningún aspirante a la presidencia.

La urgencia de una negociación con el ELN ha sido un pedido desde distintos sectores sociales de Chocó. Sin embargo, según fuentes de la zona, “ni el Gobierno quiere ni el ELN da señales. Por el contrario, esa guerrilla continúa con asesinatos selectivos, minas antipersonales y una fuerte campaña de reclutamientos”. Por ahora, en la zona no se vislumbran signos de paz.

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