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Una bolsa con fentanilo, del que deriva el carfentanilo, obtenida en el mercado ilegal de México.
Una bolsa con fentanilo, del que deriva el carfentanilo, obtenida en el mercado ilegal de México.Saúl Ruiz

El carfentanilo es un opiáceo sintético que tiene efectos devastadores sobre el ser humano. Es 10.000 veces más poderoso que la morfina y 100 veces más que el fentanilo, la sustancia sintética de la que deriva. Su uso es solo veterinario, limitado a animales grandes: los zoológicos lo usan cuando deben dormir a un elefante, un rinoceronte o un oso. La manipulación de la sustancia exige el uso de guantes, gafas protectoras y mascarillas, porque el contacto con la piel puede provocar la muerte. La justicia argentina encontró carfentanilo en la cocaína que la semana pasada mató a 24 personas e intoxicó a otro centenar.

Es la primera vez que Argentina registra muertes por carfentanilo, pero el consumo humano de este opioide ya tiene antecedentes en otros países, como Estados Unidos. En 2017, se detectó carfentanilo en un cóctel de drogas que había matado a 50 personas en Atlanta. Un año después, la Administración de Control de Drogas (DEA por su sigla en inglés) de Estados Unidos emitía un informe en el que advertía que los narcotraficantes estaban mezclando ese opioide sintético con heroína, “presumiblemente para hacer que la heroína sea más fuerte”.

“La presencia de carfentanilo en los mercados de drogas ilícitas de Estados Unidos es motivo de preocupación, ya que la potencia relativa de este fármaco podría conducir a un aumento de las sobredosis y muertes relacionadas con sobredosis, incluso entre los consumidores tolerantes a opioides”, decía la DEA ya en 2018, y advertía los riesgos que la manipulación de la droga suponía para el personal de salud. “La presencia de carfentanilo representa una amenaza significativa para los socorristas y personal encargado de hacer cumplir la ley que pueda entrar en contacto con esta sustancia. En cualquier situación en la que cualquier sustancia relacionada con el fentanilo, como el carfentanilo, pueda estar presente, la policía debe seguir cuidadosamente los protocolos de seguridad para evitar la exposición accidental”, recomendaba la DEA.

El carfentanilo se presenta como un polvo blanco que puede pasar por cocaína. Su consumo a dosis mínimas producen insuficiencia cardíaca y, de no mediar un antídoto como la naloxona, la muerte por paro respiratorio. Los pacientes intoxicados que murieron en los hospitales de la periferia oeste de Buenos Aires apenas podían respirar cuando ingresaron a emergencias. Como su uso es veterinario, no hay pruebas en humanos que midan la dosis mínima mortal. Pero según la DEA, basta con compararla con el fentanilo, del cual es un derivado: “El carfentanilo es aproximadamente 100 veces más potente que el fentanilo, que puede ser letal en el rango de los dos miligramos, según la vía de administración y otros factores”.

El jefe de Toxicología del Hospital Fernández de Buenos Aires, Carlos Damin, se mostró sorprendido con el hallazgo de carfentanilo en las muestras de cocaína que produjeron las muertes hace ocho días. “No es una sustancia usada como sustancia de abuso en Argentina. Se usa en Estados Unidos y algunos países de Europa para estirar la heroína, pero no tenemos casos en nuestro país ni su uso clínico está aprobado. Alguien vino con una bolsa y lo repartió”, dice. “Me preocupaba más que hubiese sido fentanilo, porque eso hubiese significado que estaban trayéndolo al país como droga de abuso”, agrega. La justicia argentina deberá averiguar ahora cómo fue que el carfentanilo terminó mezclado con la cocaína que mató en Buenos Aires.

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Los peritos argentinos han dado con la aguja en el pajar. Este jueves, identificaron la droga responsable de matar, la semana pasada, a 24 adictos a la cocaína en la periferia de Buenos Aires. Tras ocho días de pruebas a ensayo y error sobre la droga consumida por las víctimas, encontraron carfentanilo, un opiáceo 10.000 veces más potente que la heroína o el fentanilo, de donde deriva. El uso sedativo del carfentanilo está limitado a animales grandes, como elefantes o rinocerontes, y su uso en humanos está prohibida. La justicia argentina deberá ahora reconstruir cómo llegó ese opiáceo a la droga adulterada: si como elemento de corte para “estirarla”, por contaminación accidental o como parte de una mezcla que salió mal.

El martes de la semana pasada por la noche, los hospitales de la periferia oeste de Buenos Aires recibieron a un centenar de personas con graves problemas respiratorios. 24 de ellas murieron y el resto se salvó tras responder a la naloxona, un antídoto a opiáceos como el fentanilo, de uso común en los quirófanos como anestesia pero potencialmente mortal si se lo consume sin control médico. Durante una semana, los peritos buscaron fentanilo o alguno de los más de 200 opiáceos posibles en ensayos a ciegas que demandaron largas jornadas de trabajo. Una fuente judicial adelantó a EL PAÍS que, finalmente, los peritos habían tenido éxito: “Tenemos dos estudios que nos están dando carfentanilo”.

Un comunicado posterior de la Procuración General de la Provincia de Buenos Aires confirmó que “dos estudios periciales independientes han arribado a la conclusión de que la sustancia para estirar el clorhidrato de cocaína encontrada en diversas muestras secuestradas se trata de carfentanilo, un opiáceo extremadamente fuerte cuyos efectos son 10.000 veces más fuertes, o más, que la heroína o el fentanilo”.

Los intoxicados con la cocaína envenenada la habían comprado en un barrio marginal llamado Puerta 8, famoso por ser epicentro del narcomenudeo en esa zona del extrarradio de Buenos Aires. Eran todos muy pobres, dedicados a la venta de cartones y botellas recogidos de la basura, que pagaban por sus dosis menos de un euro.

La presencia de carfentanilo en el mercado de drogas ilegales en Argentina no tiene precedentes. Resta dilucidar qué buscaron los narcos con su uso. La manipulación de esa droga sintética es tan peligrosa que hasta el contacto con la piel puede causar la muerte por absorción. El cuadro de intoxicación por carfentanilo es similar al que produce cualquier opiáceo y por eso su antídoto es la naloxona. La reacción que los intoxicados tuvieron a la naloxona ya había hecho sospechar a los médicos de que estaban ante una droga más potente que el fentanilo, siempre primera en la lista de sospechosas porque, si bien en Argentina no se consigue en farmacias, circula en hospitales y sanatorios. “Nos llamó la atención su potencia, porque el fentanilo tiene una vida media corta y hemos visto que los pacientes a los que se le aplicó la naloxona se despertaban y volvían a dormirse. Hubo que aplicar el antídoto por goteo para que hiciese efecto, y eso hablaba de un opiáceo de vida más larga”, explicaba Carlos Damin, jefe de Toxicología del Hospital Fernández.

El capítulo del carfentanilo no está cerrado. Los peritos deberán ahora buscar su presencia en las muestras biológicas forenses extraídas de los muertos. Solo así podrán establecer una relación causa – efecto entre la sustancia encontrada y las víctimas de la cocaína envenenada.

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