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Las tropas rusas han entrado esta madrugada, en el octavo día de la ofensiva militar, en la estratégica ciudad de Jersón (unos 290.000 habitantes), en el sur del país, con puerto en el mar Negro. El alcalde del municipio, Igor Kolykhayev, aseguró en un comunicado que las tropas rusas habían entrado en la sede de Gobierno local y que estaban desplegadas por las calles, e hizo un llamamiento a los ciudadanos para que únicamente salgan de sus viviendas durante el día, de uno en uno o de dos en dos. “Hay visitantes armados en la sede del Ayuntamiento”, aseguró Kolykhayev. “No les he hecho ninguna promesa, solo les he pedido que no disparen a nadie”, añadió. Este jueves por la mañana, la información sobre si Rusia se ha hecho con el control total de la ciudad portuaria es contradictoria.

El Ministerio de Defensa ruso ha asegurado que sus tropas se han hecho con el control de la ciudad, informa Reuters, mientras el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, ha explicado en un vídeo que sus fuerzas siguen combatiendo en la urbe. “Hemos roto los planes del enemigo en una semana”. Unos planes, ha dicho Zelenski, que al Kremlin le ha llevado “años diseñar”. “Son mezquinos, odian a nuestro país y a nuestro pueblo”, ha protestado.

La conquista de Jersón facilitaría al Kremlin el ataque a Odesa, la otra gran ciudad del mar Negro, con 993.000 habitantes y, por tanto, el control de la salida al mar de Ucrania. Lo haría en unas aguas donde otros tres países tienen costas: Turquía, Rumania y Bulgaria. También abre el camino de las fuerzas rusas hacia Mykoláiv, una gran ciudad de medio millón de habitantes que ya está siendo atacada.

Las fuerzas rusas no han conseguido seguir avanzando hacia Kiev, pero en la madrugada de este jueves, alrededor de la una de la mañana, se han escuchado cuatro fuertes estallidos en el centro, mientras que horas antes otra fuerte detonación dañó una tubería que podría dejar sin calefacción a parte de la ciudad. La invasión rusa ha causado ya la muerte de 2.000 civiles, según los servicios de emergencia de Ucrania, en el mayor ataque a un Estado europeo desde 1945. En las últimas 24 horas, han perdido la vida 34 personas en la ciudad de Járkov como consecuencia de los duros ataques, según han informado este jueves esas mismas fuentes. La ONU cifró este miércoles las víctimas mortales en 227, aunque avisó de que los números podrían estar “subestimados”.

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Otro de los objetivos estratégicos de Putin es la gran localidad sureña de Mariupol, de 446.000 habitantes, ya casi rodeada por completo. Este jueves las autoridades locales han confirmado que se han agotado los suministros de agua y electricidad. Rusia ha bombardeado las subestaciones eléctricas de la ciudad y cortado así los suministros para facilitar el asedio. Es una ciudad con una estratégica industria naval, al noroeste de la península ucrania de Crimea, que Rusia se anexionó ilegalmente en 2014 y que el Kremlin ha utilizado como lanzadera en la invasión. El Ejército ruso, que atacaba la localidad desde hace varios días, entró este martes en la urbe y continúa con el asedio. Mariupol es una pieza preciada para Putin. Su toma le permitiría facilitar la construcción de un ansiado corredor que una Crimea y Donbás.

Resistencia

Desde que Estados Unidos publicara las imágenes de un enorme convoy ruso de más de 12 kilómetros a 60 kilómetros de Kiev, se esperaba que la caída de la capital fuera inminente. La inteligencia militar británica ha asegurado este jueves que el avance es lento, “progresa poco”, hacia Kiev. Esta situación se repite, según las mismas fuentes, en las ciudades de Járkov, Mariupol y Chernígov, que la inteligencia británica considera que siguen bajo control ucranio.

Una columna de humo se eleva desde un depósito de petróleo en Chernígov (Ucrania).
Una columna de humo se eleva desde un depósito de petróleo en Chernígov (Ucrania).Servicio de Emergencia de Ucrania (Reuters)

“La gran columna rusa que se dirige a Kiev sigue a 30 kilómetros del centro de la ciudad y se ha retrasado por la firme resistencia ucrania, problemas mecánicos y la congestión”, dice la Defensa británica. Esto significa que el convoy apenas ha avanzado en los últimos tres días. “Aunque los bombardeos rusos sobre Járkov, Mariupol y Chernígov han sido muy duros, las ciudades siguen bajo dominio ucranio y pese a que las tropas rusas han entrado en Jersón, la situación militar aún no está clara”.

Estados Unidos ha hecho un llamamiento a Rusia para que cese “de inmediato” el “derramamiento de sangre” y retire las tropas de Ucrania. Además, ha acusado a Moscú de lanzar una “guerra total contra la libertad de prensa y la verdad” bloqueando los medios de comunicación independientes y las redes sociales para evitar que los rusos escuchen las noticias de la invasión de Ucrania.

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El presidene cubano, Miguel Díaz-Canel, y el ruso, Vladimir Putin, en el Kremlin, en una imagen de 2018.
El presidene cubano, Miguel Díaz-Canel, y el ruso, Vladimir Putin, en el Kremlin, en una imagen de 2018.MAXIM SHEMETOV

Pese a que nunca las relaciones entre Moscú y La Habana podrán ser como antes, cuando la isla realizaba el 70% de sus intercambios comerciales con la extinta URSS —que hasta comienzos de los años noventa mantuvo en la isla una base de radioescucha y espionaje y una brigada militar—, estos días Rusia escenifica un notable acercamiento con su antiguo aliado en momentos que crecen las tensiones internacionales debido al conflicto en Ucrania. El lunes, el presidente ruso, Vladimir Putin, habló por teléfono con su homólogo cubano, Miguel Díaz-Canel, y durante la conversación ambos mandatarios expresaron su voluntad de profundizar “la cooperación estratégica” y “la disposición de trabajar estrechamente para fortalecer las relaciones bilaterales”, acordando “intensificar los contactos en diversos niveles con el objetivo de ampliar la cooperación en comercio, economía e inversión”, según versiones oficiales de ambos gobiernos. El mismo lunes por la noche, el embajador ruso en Cuba, Andrei Guskov, recibió en el aeropuerto de La Habana un avión con 20 toneladas de ayuda humanitaria para el sector de la salud, el quinto cargamento de este tipo que llega a la isla desde el pasado 31 de diciembre, y ya van 83 toneladas de donaciones en menos de un mes, a las que hay que sumar las más de 200 toneladas de ayuda humanitaria del año pasado.

“Rusia continuará brindando su ayuda a Cuba, no dejaremos de estar a su lado en estos tiempos difíciles”, dijo Guskov durante el acto de recibimiento de la carga. “Esperamos que este material solicitado por la parte cubana sirva de fuerte apoyo a los especialistas nacionales que luchan contra la pandemia de covid-19, que libran en complicadas condiciones a causa del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por EE UU”, aseguró el embajador, que anunció que está listo para zarpar desde su país un barco con una donación de 19.500 toneladas de trigo.

El intercambio telefónico entre Putin y Diaz-Canel llamó la atención por producirse en medio de las tensiones de Moscú con Estados Unidos y la Unión Europea, pocos días después de las declaraciones del viceministro ruso de exteriores, Serguei Riabkov, que no descartó un despliegue militar en Cuba y Venezuela como respuesta a la política de EE UU en Ucrania, que Moscú considera una amenaza a su seguridad. El asesor de Seguridad Nacional de EE UU, Jake Sullkivan, respondió de inmediato que si Rusia avanzaba “en esa dirección”, EE UU “lidiará” con ello “de forma decisiva”. Algunos analistas minimizaron el peligro y consideraron el cruce de declaraciones e intenciones parte del ajedrez geoestratégico entre ambos países —“fanfarronadas”, llegó a decir un alto funcionario del Departamento de Estado—, pero ahí quedaron las amenazas haciendo revivir el fantasma de la crisis de los misiles de 1962, cuando Moscú desplegó en Cuba cohetes nucleares y el mundo estuvo al borde de una guerra atómica.

Nada de eso parece probable en la actualidad, pero sí es obvio que, en medio de una crisis de caballo como la que atraviesa Cuba, con el embargo norteamericano recrudecido, la economía en quiebra y presentes los coletazos de la convulsión social provocada por las manifestaciones de protesta del 11-J, La Habana se deja querer por Moscú, aunque es consciente de que la ayuda rusa es limitada e incapaz de resolver la grave situación económica de Cuba. A mediados de los años ochenta del siglo pasado, los intercambios económicos anuales entre Cuba y la ex Unión Soviética alcanzaron los 8.000 millones de dólares. En los 10 primeros meses de 2021, los intercambios comerciales fueron de 100 millones de dólares. Las inversiones rusas reales en estos momentos son escasas, si bien en el pasado reciente se anunciaron planes importantes, como el de rehabilitar la red ferroviaria y un gran proyecto de ferrocarriles, que implicaría una inversión rusa de casi 1.900 millones de dólares —pero que de hecho ni ha empezado—. También hay intereses rusos en el sector energético y en la producción de crudo nacional, pero las cifras de las que se hablan son muy reducidas, si se compara con antes.

Tras la desaparición de la URSS, Moscú y La Habana transitaron por un periodo de grandes tensiones. Rusia acabó con las subvenciones e intercambios —el PIB cubano cayó un 35% en solo tres años—, se llevó a sus soldados, desactivó la base de espionaje de Lourdes —hoy Universidad de Ciencias de la Información, que durante la pandemia ha funcionado como centro de atención de pacientes de Covid-19— y paralizó el proceso de construcción de una central atómica en Cienfuegos. Poco a poco, ambos países fueron reconstruyendo sus relaciones sobre la base de cómo funciona en el mundo la economía real, y en 2014 Moscú condonó el 90% de la deuda cubana, valorada en más de 30.000 millones de dólares, suscribiéndose nuevos acuerdos de cooperación económica.

En lo político, en cambio, las relaciones son más sólidas, casi de aliados, y el respaldo ruso a La Habana es absoluto frente a EE UU. El Kremlin ha criticado las sanciones de EE UU a funcionarios cubanos por las represión durante las manifestaciones del 11-J, y considera los juicios que en estos momentos se desarrollan en la isla —ya han sido juzgados cientos de manifestantes, y algunos de ellos condenados a penas de hasta 30 años de cárcel por sedición— un “asunto interno” en el que no caben injerencias, pese a las críticas internacionales. Las donaciones de alimentos, medicamentos e insumos sanitarios en estos momentos de crisis son ahora uno de los pilares de la relación bilateral, pero nunca hay que olvidar el interés geoestratégico de Rusia en Cuba (y viceversa) mientras persista el enfrentamiento de ambos países con EE UU.

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