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Anatoli Chubáis, uno de los hombres que marcaron la carrera de Vladímir Putin hacia el poder, es el primer alto cargo ruso que renuncia por la guerra contra Ucrania. El arquitecto de las privatizaciones postsoviéticas y pieza clave en la victoria in extremis de Boris Yeltsin en las elecciones 1996 ha abandonado el país junto a su esposa, según se ha confirmado este miércoles.

El economista, de 66 años, que actualmente ejercía como representante del Kremlin ante la ONU para el cambio climático, se encuentra en Turquía, donde el diario Kommersant ha obtenido una foto suya frente a un cajero. “Sí, Chubáis renunció al cargo por voluntad propia. Si se fue o no, es cosa suya”, admitió el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov. La noticia había sido adelantada por Bloomberg que, citando varias fuentes, atribuyó su marcha al desacuerdo con la campaña militar lanzada contra la antigua república soviética. Tras el inicio de la guerra, el pasado 24 de febrero, Chubáis colgó en Facebook una foto de Boris Nemtsov, un opositor a Putin asesinado, algo que fue interpretado como una crítica al Gobierno, aunque no había ningún comentario que acompañara la imagen y el político no ha hecho declaraciones ni antes ni después de dejar el país.

Días antes ya había dimitido como presidente de una fundación dedicada a la innovación tecnológica el ex vice primer ministro, Arkadi Dvorkóvich que trabajó una década en el Kremlin como asesor de Dmitri Medvedev. Presidente también de la Federación Internacional de Ajedrez en Rusia, Dvorkóvich abogó por la paz en Ucrania en una entrevista concedida al medio estadounidense Mother Jones. “Las guerras son una de las peores cosas a las que uno puede enfrentarse en la vida. Mis pensamientos están con los civiles ucranios”, respondió Dvorkóvich. El partido Rusia Unida, la formación de Putin, pidió entonces su cese inmediato al frente de la organización Skólkovo. “Esto es la traición nacional, el quintacolumnismo del que habló el presidente”, afirmó el secretario del Consejo General de la formación Rusia Unida, Andréi Túrchak, según recoge Nóvaya Gazeta. Esa misma semana, Vladímir Putin afirmó que al país le espera “una autodesintoxicación natural y necesaria de la sociedad”.

Más notoria ha sido la marcha de Anatoli Chubáis, que fue responsable de las privatizaciones de los años noventa que alzaron a la oligarquía rusa actual. En una entrevista concedida al diario Financial Times en 2004, defendió aquel proceso que permitió que gran parte de los recursos del país pasaran a estar en unas pocas manos. “No teníamos elección entre una privatización honesta y otra deshonesta, porque la primera significa reglas claras impuestas por un Estado fuerte. Si no hubiéramos hecho la privatización mediante préstamos por acciones, los comunistas podrían haber ganado en 1996 y esas habrían sido las últimas elecciones de Rusia. Ellos no habrían entregado el poder fácilmente”, dijo el economista.

Entre 1992 y 1994, Chubáis ocupó el cargo de vice primer ministro. Tras la reforma económica asumió la campaña electoral de Boris Yeltsin para las elecciones de 1996, en las que peligraba el segundo mandato del entonces presidente, por la guerra de Chechenia y la dura crisis económica. Chubáis y su Fundación de la Sociedad Civil lograron dar la vuelta a los pronósticos y Yeltsin ganó en segunda vuelta.

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Tras aquel éxito, Chubáis fue nombrado jefe de administración del Kremlin entre 1996 y 1997, donde acogió bajo su protección a Putin y a otros miembros del círculo de San Petersburgo de Anatoli Sobchak, político clave en la perestroika, redactor de la Constitución del país y mentor del actual presidente ruso.

Desde los años noventa, y a diferencia de otros colegas que habían estado cerca de Yeltsin, Chubáis logró sobrevivir a las distintas épocas del mandato de Putin. El economista, del ala liberal del Kremlin, fue elegido por el mandatario para emprender la reforma energética que acabaría con el monopolio eléctrico RAO UES en 2008. Posteriormente, asumió durante 12 años el mando de Rusnano, una institución creada para promover el desarrollo tecnológico del país. El año pasado fue elegido representante para el cambio climático ante la ONU, donde tuvo que defender los distintos intereses de la potencia energética. Su huida de Rusia no ha tenido un eco muy positivo entre los opositores a Putin, como el líder encarcelado Alexéi Navalni. Kira Yarmysh, su portavoz, puso en duda que la marcha del político sea un gesto de protesta contra la guerra y no una huida “para salvar su pellejo y su dinero”.

La huida de Chubáis no supone una fuerte sacudida para el Gobierno de Putin, como reconocieron fuentes diplomáticas occidentales. Aunque es un alegato significativo, el político se contaba entre los que podían tomar un paso de este tipo. La agencia Reuters se hizo eco de las declaraciones de un alto funcionario de Occidente, sin dar su nombre: “Resulta esperanzador que miembros veteranos de la clase política rusa estén haciendo este tipo de cosas, pero esto no me lleva a concluir que esto suponga una amenaza para Putin y el régimen que gobierna, dado el férreo control que ejerce”.

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Vehículos y manifestantes, en Ottawa, Ontario, Canada.
Vehículos y manifestantes, en Ottawa, Ontario, Canada.BLAIR GABLE (REUTERS)

Frente a la ola de críticas por su mal manejo de las protestas contra las restricciones de la covid que han paralizado la capital de Canadá, el jefe de la policía de Ottawa, Peter Sloly, ha comunicado su renuncia al cargo, informa la radiotelevisión pública canadiense (CBC). La renuncia de Sloly se enmarca también dentro de varias denuncias de maltrato laboral y comportamiento errático, lo que habría perjudicado las relaciones con sus superiores y así comprometido la capacidad de las fuerzas de seguridad para lidiar con la protesta de camioneros.

Sloly se convirtió en jefe del Servicio de Policía de Ottawa en octubre de 2019 con el mandato de ayudar a sus hombres a abordar el racismo sistémico, mejorar su respuesta a las llamadas de salud mental y reconstruir la confianza con la comunidad negra de la ciudad.

El pasado lunes, el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, decidió invocar poderes de emergencia no empleados desde 1970 para poder hacer frente a las protestas que ya duran casi 20 días y que han tenido cerrados algunos importantes pasos fronterizos con Estados Unidos. La gran pregunta es si esa decisión pondrá fin a las protestas de camioneros y otros que están furiosos por la decisión anunciada el pasado 15 de enero por Trudeau de que la vacuna contra la covid sea obligatoria para los trayectos transfronterizos.

Según fuentes de CBC, Sloly supuestamente menospreció y regañó a los oficiales superiores del Servicio de Policía de Ottawa frente a sus colegas, y en ningún momento presentó un plan de operaciones sólido para poner fin a la crisis. Esas mismas fuentes hablan de que el ya exjefe tiene mal carácter y suele emplear malos modos con su equipo.

“Necesitamos que la policía tome las riendas, utilice la Ley de Emergencias e imponga el orden”, declaró el primer ministro Trudeau el lunes. “Hemos dado nuevos poderes a la policía y necesitamos que actúen ya”. Lo que hasta la fecha se desconoce es cuándo y cómo será esa respuesta contra el autodenominado Convoy de la Libertad.

Tras la imposición de la vacunación para los camioneros que cruzan frecuentemente a Estados Unidos, centenares de transportistas condujeron hasta Ottawa para mostrar su rechazo, mientras distintas agrupaciones apoyaban sus reclamaciones. Las protestas también tuvieron lugar en algunas capitales provinciales (como Quebec, Toronto o Winnipeg), pero solo Ottawa —donde se declaró el estado de emergencia hace dos domingos— ha quedado paralizada. Ahora, el Gobierno podrá prohibir los bloqueos en los cruces fronterizos, los aeropuertos y Ottawa; congelar las cuentas bancarias personales y empresariales de los camioneros y suspender sus licencias; además de atacar los sitios de internet que recaudan fondos para apoyar los bloqueos.

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El diario The Globe and Mail señaló recientemente que, mientras era subdirector del Servicio de Policía de Toronto, Sloly fue acusado de hacer un mal trabajo al manejar las denuncias de misoginia y era conocido en los círculos policiales como alguien que rápidamente recurría a medidas de mano dura. “En este momento, la policía de Ottawa está paralizada”, según una fuente citada por CBC. “Están paralizados en la línea del frente. Han estado esperando instrucciones de su superior y están frustrados con la forma en que el público los ve debido al fracaso espectacular de su líder”. Apenas unos días después de que comenzara la protesta, Sloly sugirió que su fuerza no estaba equipada de forma adecuada para hacerse cargo de semejante desafío. “Cuanto más dure esto, más convencido estoy de que puede que no haya una solución policial a esta manifestación”, dijo entonces.

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Cressida Dick, este jueves en Londres.
Cressida Dick, este jueves en Londres.ANDY RAIN (EFE)

La comisaria general y jefa de la Policía Metropolitana de Londres (Scotland Yard), Cressida Dick, ha anunciado este jueves a última hora su dimisión, después de que el alcalde de la ciudad, el laborista Sadiq Khan, le retirara públicamente su confianza. “La semana pasada, dejé claro a la comisaria jefa la dimensión del cambio que era necesario llevar a cabo con urgencia para que los londinenses recuperaran su confianza en la Policía Metropolitana, y para erradicar el racismo, el machismo, la homofobia, los abusos, la discriminación y la misoginia que existen aún en su seno”, ha anunciado Khan en un comunicado. “No estoy satisfecho con la respuesta de la comisaria”, concluía. Dick, que este jueves por la mañana había dado una entrevista a la BBC en la que se había mostrado desafiante y anunciado que no pensaba dimitir, ha dado finalmente su brazo a torcer.

Ha aguantado cuatro años en el puesto, y nadie ha discutido su rigor, profesionalidad y defensa del personal a su cargo. Pero ha sido incapaz de adoptar decisiones firmes ante los escándalos que han salpicado recientemente al cuerpo policial. A principio de febrero se conoció el resultado de una investigación interna de la Oficina de Conducta Policial sobre las actitudes racistas y homófobas de varios agentes de la estación policial de Charing Cross, en Londres. Mensajes de WhatsApp lanzaban bromas macabras sobre supuestas violaciones y tenían frases de un insultante racismo. Tanto el alcalde como la ministra del Interior, Priti Patel, exigieron a Dick una respuesta dura y firme.

La comisaria ya estaba en la cuerda floja después del escándalo que supuso el año pasado la reacción de los agentes presentes en la vigilia por la muerte de Sarah Everard, la joven violada, asesinada y descuartizada por el oficial Wayne Couzens. La concentración de mujeres en el quiosco de un parque de Londres para protestar por la muerte de Everard, a la que acudió incluso la duquesa de Cambridge, Kate Middleton, había sido desaconsejada por las restricciones sociales derivadas de la pandemia. En vez de mostrar una actitud prudente ante los nervios del momento, los agentes desplegaron contra las manifestantes una violencia que provocó la irritación general de la ciudadanía.

Cressida Dick, de 61 años, tenía ya muchos enemigos cuando decidió, hace dos semanas, meterse en un nuevo avispero y ordenar que la policía investigara las fiestas prohibidas de Downing Street. Puso más presión sobre el primer ministro, Boris Johnson, pero a la vez indignó a los diputados que vieron cómo la injerencia policial retrasaba la publicación del informe sobre las fiestas de la funcionaria Sue Gray.

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El ahora exprimer ministro de Perú, Héctor Valer, esta semana en Lima.
El ahora exprimer ministro de Perú, Héctor Valer, esta semana en Lima.JUAN PABLO AZABACHE (AFP)

El enredo en el que se encuentra inmerso Pedro Castillo como presidente de Perú ha sumado un nuevo capítulo. El tercer primer ministro que había propuesto en siete meses, el ultraconservador Héctor Valer, ha dimitido tres días después de jurar el cargo por los continuos escándalos que han surgido tras saberse que iba a ser nombrado número dos del país. Valer agredió a su mujer y a su hija, a una psicóloga que le hizo un test y sus vecinos recogieron firmas para expulsarlo del edificio en el que vivía en Lima por su mal comportamiento. Sabido todo esto, Castillo se ha visto obligado a dar otro golpe de timón, uno más, y son ya más de veinte los altos cargos de su gabinete que por un motivo u otro han tenido que marcharse.

Lo ocurrido lleva a Castillo una situación inaudita: dos reformas de Gobierno en apenas una semana. El suyo es el gabinete más inestable de Perú en los últimos 40 años, que es decir mucho. El país andino es conocido en la región por ser una máquina de devorar ministros y presidentes. El profesor rural que ganó por sorpresa las elecciones el verano pasado va camino de ser una víctima más. La oposición maniobra en el Congreso para destituirle de una forma u otra. El presidente no ha contado con el favor del establishment desde que llegó al poder, pero las continuas crisis que enfrenta tienen que ver con el quehacer de su entorno. En esta ocasión se ha visto obligado a echar marcha atrás el nombramiento de Valer por la presión ciudadana, que ya había salido a la calle para repudiar su nombramiento, y el anuncio del resto de la cámara que había anunciado que no le daría su aprobación a Valer. Castillo no ha tenido escapatoria.

En un mensaje a la nación pasadas las seis de la tarde, el jefe de Estado ha anunciado la recomposición de su gabinete ministerial sin decir ni una sola palabra sobre la desacertada elección del agresor Valer como premier, pues tiene otras 15 investigaciones fiscales por delitos en su ejercicio como abogado y pequeño empresario.

“Estos cambios se harán teniendo en cuenta la apertura a las fuerzas políticas y profesionales de todo el país”, ha adelantado Castillo, luego de recordar que el país andino vive hace cinco años “en permanente incertidumbre”, con cuatro presidentes y un Congreso disuelto. “Los pobres ya no quieren ver más confrontaciones”, ha comentado en un mensaje televisado de cinco minutos.

Un par de horas antes del anuncio del presidente, decenas de activistas feministas realizaron un plantón afuera del Ministerio de la Mujer, con el lema Fuera gabinete Valer. No solo exigían la renuncia del abogado, sino también el cambio de la ministra de la mujer y poblaciones vulnerables, la congresista Katy Ugarte, una maestra de escuela ultraconservadora y que rechaza a la población LGTBI. Ugarte es militante de Perú Libre, la formación de ultraizquierda que preside el leninista y populista Vladimir Cerrón.

La movilización ciudadana se dirigió luego hacia Palacio de Gobierno, donde fueron reprimidas por la policía para evitar que se acerquen a la sede de la presidencia a la hora que estaba previsto el mensaje a la nación de Castillo. Entre el jueves y hoy, ocho bancadas -de once- del Congreso advirtieron al Ejecutivo que no darían el voto de investidura al gabinete Valer. Después de la juramentación de un nuevo primer ministro, el gabinete debe presentar al Congreso la política de Gobierno y pedir el voto de confianza. La mañana del viernes, en un callejón sin salida, el primer ministro fue en persona a pedir -por escrito- que el Parlamento programe un pleno este sábado para la comparecencia del Gabinete. La presidenta del Legislativo, María del Carmen Alva, respondió que decidirían esa fecha más adelante con la junta de portavoces.

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A mediodía del jueves, Valer echó más fuego a la indignación que ya había causado la difusión de las denuncias en su contra por agredir a sus parientes, a una psicóloga en una entrevista laboral y a un portero del edificio donde vivía. Mostrando a la prensa páginas del expediente por violencia familiar, dijo que la resolución judicial que otorgó medidas de protección a su esposa -fallecida en septiembre- era nula porque el certificado médico legal que valoró el juez “se puede falsificar” y porque el Poder Judicial no le había notificado el documento.

El parlamentario alegó además que la resolución judicial en su contra no citaba ningún testimonio de su esposa sobre el maltrato, y negó que ella lo hubiera demandado. Sin embargo, este diario hizo la consulta en el sistema de expedientes del Poder Judicial y quien fuera esposa de Valer figura como demandante en esa causa entre 2016 y 2017.

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El general de la Policía de Perú, Javier Gallardo, y el exministro de Interior, Avelino Guillén.
El general de la Policía de Perú, Javier Gallardo, y el exministro de Interior, Avelino Guillén.EL COMERCIO / ZUMA PRESS / CONTACTOPHOTO (Europa Press)

Avelino Guillén ha presentado su renuncia al frente del Ministerio de Interior este viernes después de más de un mes de tensión con el comandante general de la Policía, Javier Gallardo, quien dejó de despachar con él después de que el funcionario de Gobierno rechazó el retiro y cambio de colocación de agentes destacados y especializados. El conflicto llevó al ministro a pedir la destitución del jefe policial al presidente Pedro Castillo, según informó el medio digital IDL-Reporteros. Pero transcurridas unas semanas, la petición no se ha concretado.

La carta de dimisión de Guillén —el tercer ministro en ocupar la cartera del Interior en el Gobierno de Castillo— se produce el día en el que el mandatario cumple seis meses al frente del Ejecutivo, un tiempo en el que ha cambiado a más de la mitad de sus ministros, y mientras el país vive un incremento de delincuencia. El miércoles, las autoridades decretaron un estado de emergencia por 45 días en las regiones de Lima y Callao que permite que las Fuerzas Armadas colaboren con la policía en el patrullaje y la suspensión de ciertos derechos fundamentales como el de reunión o la inviolabilidad de domicilio.

Las desavenencias entre Guillén y Gallardo se remontan a finales del año pasado cuando, después de que el ministro rechazara los cambios de personal solicitados por el comandante de Policía, este insistió con nombramientos de personal sin mérito. Guillén fue el fiscal que investigó delitos cometidos por el autócrata Alberto Fujimori y su exasesor y jefe de facto de las Fuerzas Armadas, Vladimiro Montesinos, y logró la condena a 25 años de prisión por las masacres de La Cantuta y Barrios Altos, cometidas por el destacamento militar Colina en 1992 y 1991, respectivamente.

Según el semanario Hildebrandt en sus trece, desde septiembre, el general Gallardo sacó a más de 1.700 policías experimentados de unidades policiales clave —como la encargada de los operativos contra el crimen organizado y la lucha anticorrupción y la división antidrogas— y los trasladó, sin argumento, a otras áreas. Fuentes policiales aseguraron a ese medio que el incremento de los crímenes y la delincuencia en Lima y Callao se debe a dichos cambios.

A inicios de mes, Guillén había anunciado que, de aprobarse el estado de emergencia, policías de la Dirección de Operaciones Especiales patrullarían algunos distritos de la periferia de la capital y las fuerzas Armadas apoyarían en el centro de la ciudad, pero que eran necesarios protocolos de actuación. El jueves 13 de enero, el Congreso aprobó una moción —con 80 votos a favor y 22 en contra— que solicitaba al Ejecutivo declarar el estado de emergencia para contrarrestar la ola de inseguridad ciudadana y ordenar medidas excepcionales.

La inseguridad es una de las mayores preocupaciones de los peruanos. Según una encuesta realizada en diciembre por Ipsos Perú, un 56% de los ciudadanos consideraba que el control de la delincuencia estaría peor en los próximos doce meses, mientras que un 29% esperaba que se mantuviera igual. Además, un 30% de los consultados sobre qué regalaría al país en 2022, respondió la reducción de la delincuencia y el narcotráfico. Fue el cuarto problema mencionado luego de preocupaciones económicas y de salud vinculadas a la pandemia.

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Por el momento, el presidente Castillo no se ha pronunciado sobre la renuncia. Al final de la tarde del viernes, el jefe de Estado aún cumplía actividades en la región Ancash —al norte de Lima— y no había despachado con la presidenta del consejo de ministros, Mirtha Vásquez, sobre la carta de dimisión de Guillén. La primera ministra ha dicho públicamente que respalda la permanencia del ministro de Interior, y por lo tanto, el pase a retiro del comandante general de la policía. Fuentes del Ejecutivo proyectan que el desenlace se producirá el fin de semana.

Guillén asumió como el tercer titular de la cartera de Interior cuando el Gobierno tenía tres meses de instalado. El exfiscal fue miembro del equipo técnico de Castillo durante la campaña de la segunda vuelta electoral en junio pasado, y fue nombrado ministro a inicios de noviembre luego del escándalo que produjo una fiesta en la casa del entonces ministro Luis Barranzuela. Dicho funcionario había advertido a los peruanos en octubre que —para evitar las aglomeraciones y transmisión del nuevo coronavirus— estaban prohibidas las reuniones sociales por Halloween y el día de la canción criolla, que se celebran en la misma fecha en el país andino.

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La exministra de Defensa alemana, Annegret Kramp-Karrenbauer, junto al contraalmirante Kay-Achim Schönbach, en una visita a Chipre en 2019.
La exministra de Defensa alemana, Annegret Kramp-Karrenbauer, junto al contraalmirante Kay-Achim Schönbach, en una visita a Chipre en 2019.TOBIAS SCHWARZ (AFP)

Un alto cargo de la Armada alemana, Kay-Achim Schönbach, ha dimitido este sábado tras unas polémicas declaraciones sobre el conflicto de Ucrania que han provocado una tormenta política en Alemania y desatado una pequeña crisis diplomática con la antigua república soviética.

El vicealmirante aseguró, durante una visita a la India, que el presidente ruso, Vladimir Putin, únicamente está exigiendo respeto y que probablemente lo merece. Y añadió que Ucrania puede dar por perdida la península de Crimea, territorio que Rusia se anexionó mediante un referéndum ilegal en 2014. Su afirmación contradice la postura occidental según la cual la anexión debe ser revocada.

Schönbach hizo estas declaraciones en un foro de expertos celebrado en la India el viernes y probablemente no sabía que estaba siendo grabado. El vídeo, colgado en YouTube, ha sido ampliamente difundido por los medios alemanes. Las declaraciones de Schönbach, inauditas en un militar de su posición, provocaron que el Ministerio de Defensa se distanciara y las calificara de “opiniones personales”.

En el vídeo, el vicealmirante también se describe a sí mismo como un “cristiano católico romano muy radical” y asegura que, debido a sus creencias religiosas, está convencido de que es bueno para Alemania contar con la Rusia cristiana como socia contra China. “Incluso si Putin es ateo, eso no importa”, añade.

En el Gobierno tripartito sentaron muy mal las palabras de Schönbach, según ha informado el semanario Der Spiegel, que cita fuentes del Ministerio de Defensa y del Ministerio de Exteriores. “Enseguida se vio que el vídeo en el que aparece haciendo esas manifestaciones no podía quedar sin consecuencias”, relata el medio. Un portavoz del Ministerio de Defensa alemán, consultado por Reuters, aseguró que las declaraciones “no reflejan, ni en el fondo ni en la forma, la posición oficial” alemana.

De vuelta en Alemania, Schönbach publicó este sábado a última hora un comunicado: “Acabo de pedir a la ministra federal de Defensa que me libere de mis funciones como inspector de la Marina con efecto inmediato”. El militar reconoce en el texto que “los comentarios irreflexivos” que hizo en la India sobre asuntos de seguridad afectan a su cargo. “Considero necesario este paso [la renuncia] para evitar perjudicar más a la Armada, a la Bundeswehr [el Ejército alemán], pero sobre todo a la república federal de Alemania”, añade.

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En Ucrania las palabras del jefe de la Armada han causado disgusto. Se producen en un momento de alta tensión, con Rusia desplegando sus tropas en las fronteras del país y con las potencias occidentales haciendo innumerables esfuerzos diplomáticos para evitar que la crisis derive en una guerra.

El ministro de Exteriores ucranio, Dmytro Kuleba, aseguró en su cuenta de Twitter que “Ucrania está agradecida a Alemania por el apoyo prestado desde 2014 y también por sus esfuerzos diplomáticos para resolver el conflicto entre Rusia y Ucrania. Pero las últimas declaraciones [las de Schönbach] son decepcionantes y perjudican todo ese esfuerzo y apoyo”.

El jefe de la Armada aseguró en el encuentro: “¿Realmente quiere Rusia una pequeña franja de suelo ucranio? ¿Quiere integrarlo en el país? No, eso no tiene sentido. Probablemente, solo está presionando porque sabe que puede hacerlo, y así dividir a la UE. Lo que realmente quiere es respeto, un respeto de alto nivel. Si me preguntan a mí, diría que es fácil darle el respeto que reclama y que probablemente merece”. Acto seguido añadió que Occidente necesita a Rusia: “Nosotros, Alemania, necesitamos a Rusia contra China”.

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El primer ministro de Sudán, Abdalá Hamdok, anunció este domingo su dimisión en un discurso televisado, 42 días después de haber alcanzado un acuerdo para regresar al poder con los miembros de la Junta militar que lo expulsaron de la jefatura del Gobierno tras el golpe de Estado del 25 de octubre.

La renuncia de Hamdok, un economista y antiguo funcionario de Naciones Unidas, se produjo al término de una nueva jornada de manifestaciones populares contra la asonada militar y en rechazo del pacto político del hasta ahora primer ministro con el líder de la Junta, Abdelfatah al Burhan. En las últimas concentraciones del domingo, horas antes del discurso de Hamdok, las fuerzas de seguridad dispararon gases lacrimógenos contra los manifestantes en Jartum, mientras las marchas de protesta se dirigían al palacio presidencial.

Al menos dos personas murieron, elevando a 56 el número de fallecidos en las protestas desde el golpe de Estado del 25 de octubre, según un comité de médicos opositores sudaneses.

Durante las dos últimas semanas se habían publicado en varias ocasiones rumores sobre la inminente dimisión de Hamdok, sobre todo tras las últimas manifestaciones, en las que murieron varios manifestantes, principalmente por disparos de bala, y se denunció incluso las violaciones de varias mujeres por partes de las fuerzas de seguridad en una de ellas.

“He decidido devolver la responsabilidad y anunciar mi dimisión como primer ministro, y dar una oportunidad a otro hombre o mujer de este país noble para ayudar a pasar lo que queda del periodo de transición hacia un país civil democrático”, dijo Hamdok en su alocución, en un reconocimiento de su fracaso a la hora de formar gobierno.

La renuncia del primer ministro ensombrece aún más el futuro político de Sudán, un país sumido en la incertidumbre tres años después de la revuelta que condujo al derrocamiento del dictador Omar al Bashir.

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Aunque no explicó explícitamente la razón por la que ha tomado esta decisión, tuvo palabras de aprecio para “los hombres y mujeres jóvenes de los comités de resistencia”, los responsables de convocar las jornadas de protesta contra el golpe de Estado y a favor de un Gobierno civil.

“Lo habéis hecho bien y vuestra firmeza fue inspiradora y dio forma a las características de un nuevo Sudán”, afirmó.

Hamdok fue nombrado primer ministro en agosto de 2019 para liderar el proceso de transición acordado entre militares y fuerzas políticas y civiles tras el derrocamiento, en abril de ese año, del dictador Omar al Bashir. Tras el golpe de Estado del pasado 25 de octubre, en el que los militares disolvieron el Gobierno y detuvieron a varios de sus miembros y otros civiles que participaban en los órganos de transición, estuvo en arresto domiciliario durante varias semanas hasta que fue repuesto en el cargo el 21 de noviembre. Ese día firmó un acuerdo con Al Burhan para formar un gobierno de tecnócratas sin la participación de los partidos y fuerzas civiles que protagonizaron las protestas que llevaron a la caída de Al Bashir y que propusieron a Hamdok en 2019 para el puesto.

La mayoría de estas fuerzas consideró el pacto como una traición del primer ministro y siguió participando en las manifestaciones en contra de los militares. Además, tras estas seis semanas, Hamdok no había formado todavía gobierno. Durante su discurso defendió que su acuerdo con los militares fue ”un intento más de llevar a las partes a la mesa de diálogo y acordar una hoja de ruta para cumplir el resto del período de transición”.

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