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Las primeras consecuencias del reconocimiento por parte del presidente ruso, Vladímir Putin, de las regiones separatistas prorrusas del este de Ucrania llegan desde Berlín. El canciller alemán, Olaf Scholz, ha anunciado que el controvertido gasoducto Nord Stream 2 entre Rusia y Alemania no se pondrá en funcionamiento. El Gobierno federal ha decidido paralizar el proceso de aprobación de la infraestructura, controlada por el gigante gasista ruso Gazprom.

Scholz ha asegurado este martes que ha pedido al ministro de Economía, Robert Habeck, que tome las medidas administrativas necesarias para paralizar el proceso de certificación del gasoducto. “Y sin esta certificación, Nord Stream no puede entrar en funcionamiento”, ha señalado.

El canciller ha asegurado, en una rueda de prensa en Berlín, que el Gobierno alemán y sus socios de la Unión Europea irán anunciando a lo largo del día las sanciones que van a imponer a Rusia. Lo harán “de manera coordinada”, ha puntualizado. Scholz ha condenado la ruptura unilateral por parte de Moscú de los acuerdos internacionales firmados en las últimas décadas.

El Nord Stream 2 (NS2), un gasoducto diseñado para transportar directamente por el lecho del mar Báltico gas de Rusia a Alemania sin pasar por Ucrania, se había colado en el centro de las discusiones sobre las posibles sanciones que Estados Unidos y sus aliados podrían imponer a Moscú en caso de invasión. Berlín se había mostrado reticente hasta hace pocas semanas a amenazar a Rusia directamente con la viabilidad del gasoducto, pero abrió la puerta a esa posibilidad a finales de enero pasado. En su encuentro en Washington con el presidente estadounidense, Joe Biden, Scholz ni siquiera mencionó el NS2.

El canciller ha asegurado hoy que “la situación ha cambiado” tras el reconocimiento por parte de Moscú de las autoproclamadas repúblicas del Donbás y el envío de tropas a la zona. Scholz ha reconocido que la decisión de impedir la puesta en marcha del gasoducto tendrá consecuencias para el abastecimiento de Alemania, donde el 55% del gas natural que consume procede de Rusia. Sin embargo, ha recordado que hace semanas que empezaron los esfuerzos europeos para diversificar las fuentes energéticas.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, aseguró este fin de semana en la Conferencia de Seguridad de Múnich que la Unión estaba preparada para afrontar un eventual corte abrupto del suministro del gas ruso. En caso de necesidad, Europa importaría gas natural licuado (LNG, por sus siglas en inglés). Incluso en caso de disrupción total, dijo Von der Leyen, el suministro está garantizado para este invierno gracias a los acuerdos sellados con proveedores de LNG como Estados Unidos.

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La ministra de Exteriores alemana, Annalena Baerbock, también habló en Múnich de la posibilidad de impedir la entrada en funcionamiento del NS2, participado por empresas alemanas y de otros países de la UE. Advirtió que Berlín estaba dispuesto a “pagar un alto precio” en las sanciones a Rusia.

El NS2 está terminado, pero su certificación está paralizada desde noviembre por no cumplir los trámites regulatorios europeos. La infraestructura duplica la capacidad de su predecesor, el Nord Stream 1, y esquiva el paso por Ucrania, tradicional país de tránsito del gas ruso. Moscú lleva décadas usando la energía y los acuerdos de suministro como una herramienta para mantener la influencia en sus países satélite y en otros que dependen de su gas, también en la Unión Europea. Estados Unidos y socios europeos como Polonia llevan años criticando la infraestructura porque creen que aumenta la dependencia energética de Moscú y deja en situación de vulnerabilidad a Ucrania.

El NS2 tiene capacidad para suministrar 55.000 millones de metros cúbicos de gas a Europa cada año a través de 2.460 kilómetros de tuberías. Su construcción terminó en septiembre después de muchos avatares por las sanciones que el Gobierno de Estados Unidos impuso a las empresas participantes. Las tensiones con Gazprom han ido en aumento en los últimos meses y muchas voces, incluida la Agencia Internacional de la Energía, han acusado a Moscú de crear la crisis energética que vive el continente para tratar de acelerar la aprobación de la infraestructura. Desde antes del invierno, Rusia ha evitado exportar a Europa todo el gas que se necesitaba, sino que se ha limitado a bombear únicamente la cantidad a la que estaba obligada por los contratos a largo plazo. Como consecuencia, los precios se han disparado.

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Todos los focos estaban en el Parlamento ruso, que este lunes saltaba a escena con su petición al presidente para que reconozca la independencia del este de Ucrania. Sin embargo, fueron Vladímir Putin y su ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, quienes escenificaron minutos antes del debate un breve intercambio de palabras que arrebató todo el protagonismo en el drama que se escribe estos meses en el este de Europa. “¿Hay una oportunidad para llegar a un acuerdo con nuestros socios sobre los temas clave que nos preocupan o solo es un intento de arrastrarnos a un proceso de negociación interminable?”, comenzó el mandatario ruso. Lavrov admitió que las negociaciones se están demorando, pero abrió la puerta al optimismo. “Aun así, como jefe del ministerio de Exteriores, debo decir que siempre hay una oportunidad”. Y acto seguido Putin le ordenó seguir negociando.

Putin celebró este lunes dos breves reuniones televisadas con Lavrov y con el ministro de Defensa, Serguéi Shoigú. Pese a los ultimátums lanzados desde Moscú en los últimos meses sobre una cuenta atrás que se agotaba, el jefe de la diplomacia rusa fue rotundo al afirmar que aún hay espacio para el diálogo. “Tengo la impresión de que nuestras posibilidades están lejos de agotarse. Por supuesto, no se debe continuar indefinidamente, pero en esta etapa sugiero prolongarlas e intensificarlas”, dijo Lavrov al presidente, ambos separados por otra enorme mesa, como sucedió una semana antes con el presidente francés, Emmanuel Macron.

El Kremlin ya tiene preparada su contestación a las respuestas que ofrecieron Estados Unidos y la OTAN a sus exigencias de garantías de seguridad para Rusia. Lavrov confirmó que el documento está terminado y su extensión es de “unas 10 páginas”.

Shoigú pasó revista a los ejercicios masivos que están realizando las tropas rusas junto a Ucrania, tanto en el sur del país como en su aliada Bielorrusia. El ministro de Defensa señaló que parte de las maniobras acabarán pronto, aunque no entró en más detalles sobre la vuelta a casa o no de las tropas.

Estos encuentros han tenido lugar justo antes de que la Duma Estatal (Parlamento) abordase una nueva medida de presión sobre Kiev. Estaba previsto que esa cámara debatiese este lunes un proyecto de ley presentado en enero por el Partido Comunista para solicitar al presidente el reconocimiento de las autoproclamadas repúblicas de Donetsk y Lugansk, en Ucrania. Sin embargo, la formación de Putin, Rusia Unida, ha presentado otro borrador para que la iniciativa sea escrutada antes por Lavrov. El portavoz de la Cámara baja, Vyacheslav Volodin, anunció que los dos textos serán sometidos a votación este martes.

Hasta ahora, Moscú ha abogado por que la región estuviese dentro de Ucrania con un estatus especial, como figuraba en los acuerdos de paz firmados hace ya siete años. Los protocolos de Minsk fueron sellados por primera vez por Rusia, Ucrania y la OSCE en septiembre de 2014, cuando la ofensiva del Ejército ucranio puso contra las cuerdas a los separatistas, y revisados de nuevo en febrero de 2015 tras una exitosa contraofensiva de las milicias con apoyo ruso.

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Moscú exige a Kiev que dialogue con las autoridades de las autoproclamadas repúblicas de Donetsk y Lugansk para pactar la celebración de elecciones locales, como figura en el punto 12 de los protocolos. Además, el Kremlin insta al Gobierno ucranio a reformar la Constitución y dar un estatus especial al Donbás, cuestión que debía haber sido resuelta en 2015, según el punto 11. Sin embargo, Kiev exige a su vez que Rusia cumpla otros compromisos también claves, los puntos 9 y 10: la devolución a Ucrania del control de la frontera entre la zona separatista y Rusia y la retirada de todas las formaciones armadas y equipamiento militar de la región.

Movimiento de tropas ucranias

Pese a las llamadas al diálogo, el portavoz de Putin denunció este lunes “un agravamiento significativo de la situación” por el movimiento de tropas “de las Fuerzas Armadas de Ucrania y unidades de diferente naturaleza” junto a la línea de contacto del Donbás y la frontera con Rusia. Dmitri Peskov subrayó que estos despliegues no son menos importantes que los que han realizado las Fuerzas Armadas rusas en su territorio y Bielorrusia.

Con la tensión al máximo en el este del continente, el Kremlin ha recibido con deleite la entrevista concedida a la BCC por el embajador ucranio en Reino Unido, Vadym Prystaiko, quien afirmó que su país podría replantearse su adhesión a la OTAN, una de las líneas rojas del Kremlin. “Podríamos. Especialmente al ser amenazados de esta manera, chantajeados por ello y empujados a hacerlo”, dijo el diplomático.

Sus palabras fueron refutadas por el portavoz del presidente de Ucrania, Sergiy Nikifórov, quien respondió públicamente que este paso atrás no se ha planteado de ningún modo porque el deseo de incorporarse a la Alianza Atlántica figura en la propia Constitución. En ese mismo sentido se manifestó el propio presidente Zelenski tras reunirse este lunes en Kiev con el canciller alemán Olaf Scholz. Sin embargo, el portavoz de Putin no desaprovechó la oportunidad para traer a primer plano una de las principales exigencias de Moscú. “Esto sería sin duda un paso que contribuiría de forma significativa a dar una respuesta más significativa a las preocupaciones rusas”, subrayó el representante del Kremlin, aunque consideró “poco probable” que esta idea tenga más recorrido por parte de Kiev.

Peskov también se pronunció sobre la visita este martes a Moscú del canciller Scholz. En su encuentro con Putin, no solo abordarán toda la crisis que rodea a Ucrania y la búsqueda de un nuevo sistema de seguridad con Rusia, sino también la parálisis del gasoducto Nord Stream 2, cuyas obras concluyeron en enero, pero no ha recibido aún el visto bueno de Bruselas para operar debido a que su gestión pertenece al monopolio estatal ruso Gazprom y al riesgo de que se convierta en un instrumento de presión del Kremlin.

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Vestido de camuflaje verde y marrón, Oleksiy Shevchuk se cuida de no pisar el camino que bordea la frontera entre Ucrania y Bielorrusia, cubierto por un denso manto de nieve. “Así se ven mejor señales y rastros si alguien atraviesa”, avisa el primer subcomandante de la Guardia Fronteriza Ucrania de Dobryanka, mientras avanza por una estrecha senda perimetrada con un largo cable negro, que sirve de guía. “No se ven, están vestidos de blanco y gris para ocultarse mejor entre la nieve, pero tenemos desplegados hombres en esta zona”, asegura.

En Bielorrusia, al otro lado de la linde, decenas de miles de soldados rusos y bielorrusos han empezado las maniobras Resolución Aliada, que pueden reunir a más de 30.000 militares. Es el mayor despliegue ruso en Bielorrusia desde la Guerra Fría, ha alertado la OTAN. Con este último movimiento, que se une a los más de 100.000 militares que Rusia ha concentrado a lo largo de sus fronteras occidentales, desatando una mayúscula crisis de seguridad en Europa del Este, el Kremlin mantiene a Ucrania rodeada en todo su flanco oriental; como en una media luna de tropas.

En el cruce de Novi Yarylovychi, apenas unos cuantos camiones de mercancías y una familia cargada con fardos y bolsas de tela aguardan para atravesar desde Bielorrusia a través de la autopista E-95. Desde el punto de control hasta Kiev apenas hay 200 kilómetros, y recién asfaltados; dos horas y media en coche hasta la vibrante capital ucrania, la ruta más corta para una hipotética intervención, dicen los observadores. El jefe del Consejo de Seguridad de Ucrania, Oleksiy Danilov, asegura que no hay señales inmediatas de una agresión militar desde Bielorrusia, pero que no es descartable como posible “trampolín” para un ataque. Aunque los majestuosos bosques de pinos y abedules y el terreno pantanoso lo complicarían mucho, explica el subcomandante Shevchuk. “No siento la amenaza”, dice el militar, de 34 años.

Un guarda fronterizo ucranio patrulla en la linde con Bielorrusia.
Un guarda fronterizo ucranio patrulla en la linde con Bielorrusia.M. R. S.

Hasta hace no mucho, el Gobierno ucranio no había barajado la idea de reforzar su frontera con Bielorrusia, un país con el que históricamente ha mantenido buenas relaciones. Ahora, las cosas han cambiado por la cercanía del líder autoritario Aleksandr Lukashenko al presidente ruso, Vladímir Putin, y su dependencia cada vez mayor de Moscú, que le apoyó tras las protestas contra el fraude electoral y por la democracia que sacudieron la antigua república soviética en verano de 2020 y le sostiene con préstamos y gas a buen precio. “No importa lo que los demás quieran, devolveremos a Ucrania al redil del eslavismo”, dijo hace una semana Lukashenko en su discurso anual a la nación y al Parlamento. “Estamos obligados a hacerlo”, clamó el líder autoritario, que acusó a Occidente de intentar “ahogar” en sangre la hermandad ruso-ucrania. Aferrándose al salvavidas político que le ofrece Putin, prometió ir a la guerra por Moscú en caso de que Rusia fuera atacada.

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Con esa escena en el país vecino, Ucrania está ahora tratando de alguna forma de cubrir los 900 kilómetros de porosa frontera que le separan de Bielorrusia. En otoño, cuando Lukashenko orquestó la crisis migratoria, enviando a decenas de migrantes vulnerables hacia las fronteras de Polonia y Lituania en lo que la Unión Europea definió como una “guerra híbrida”, Kiev ya empezó a enviar refuerzos a la linde con el país vecino. Desplegó entonces a unos 8.500 soldados en patrullas formadas por policías de fronteras, guardia nacional y militares; aunque el grueso de las fuerzas militares ucranias sigue teniendo el foco en la protección de la línea de demarcación del Donbás, donde la guerra con los separatistas prorrusos apoyados por Moscú va a cumplir ocho años.

Hoy apenas se ven patrullas, aunque, según el jefe del Consejo de Seguridad, se están acelerando los despliegues y la entrega de munición, combustible y suministros. También se usan drones y puntos de observación, comenta la oficial de seguridad fronteriza Oleksandra Stupak. El 70% de la frontera está ya protegida con barreras, concertinas u otras estructuras, asegura el departamento de seguridad fronteriza. “De momento no vemos fuerzas bielorrusas o rusas cerca del puesto. Si viene alguna amenaza, el tiempo de reacción es rapidísimo”, asegura la oficial.

Puesto fronterizo de Novi Yarylovychi, Ucrania.
Puesto fronterizo de Novi Yarylovychi, Ucrania.M. R. S.

La patrulla ha colocado, además, una enorme estrella de hierro al costado de la carretera, junto al punto de control, para desplegarla como barricada en caso necesario. “Tenemos que estar especialmente alerta a las provocaciones”, dice el subcomandante Shevchuk, sin entrar en detalles. Este jueves, el Gobierno bielorruso ha acusado a Ucrania de espiar una instalación militar con un dron. Kiev ha desestimado las acusaciones y ha asegurado que se trata de “provocaciones”.

‘Maskirovka’ o maniobra de engaño

A suelo bielorruso lleva semanas llegando material militar desde Rusia para las dos fases de maniobras que está previsto que finalicen el 20 de febrero y que Moscú y Minsk han descrito como entrenamientos para “repeler la agresión extranjera”. Sobre el terreno, dice la OTAN, Moscú ha desplegado ya fuerzas de operaciones especiales (spetsnaz), aviones de combate SU-35, sistemas de defensa aérea S-400, misiles Iskander con capacidad nuclear, tanques y otros vehículos blindados. El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, ha acusado a Moscú de llevar a cabo otra acumulación de tropas “bajo el disfraz de maniobras” y envolver con ella a Ucrania. “Estas son tropas altamente capaces y listas para el combate, y no hay transparencia en estos despliegues. Se suma a las tensiones y demuestra que no hay desescalada. Por el contrario, en realidad son más tropas, más capacidades en más países”, dijo hace unos días en Bruselas.

El Kremlin, ha afirmado el ministro de Defensa ucranio, podría usar el territorio de Bielorrusia para amenazar no solo a Ucrania, sino a “toda Europa”. A algunos analistas militares les preocupa también que Moscú pueda emplear estos ejercicios militares —fuera de su calendario— para hacer una maniobra de engaño (lo que los rusos llaman maskirovka), posicionando fuerzas para una invasión bajo la tapadera de las prácticas militares, cuando acaben en algo menos de 20 días.

Este jueves, el ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigú, ha pasado revista a las tropas conjuntas de Resolución Aliada en Bielorrusia, donde tenía previsto reunirse con Lukashenko. Rusia niega que tenga intención de realizar una nueva agresión militar en Ucrania y ha acusado a la OTAN y a los aliados occidentales de Kiev de fomentar la tensión, armar a los ucranios para incitar a que intervengan militarmente para recuperar Donetsk y Lugansk y preparar “provocaciones”.

Putin ha exigido a la Alianza Atlántica y a Estados Unidos —a quien ha tomado como interlocutor ignorando a la Unión Europea— que se retire toda fuerza de Europa del Este, Asia Central y el Cáucaso, que considera su esfera de influencia, y que retire la invitación de membresía de la OTAN a Ucrania y a Georgia. En respuesta, Washington y la Alianza ofrecen a Moscú acuerdos de desarme, según los documentos a los que tuvo acceso EL PAIS; una oferta que Putin cree decepcionante.

Incluso con la acumulación de tropas en Bielorrusia, los expertos y el Gobierno ucranio consideran que Moscú aún no tiene números suficientes para una intervención a gran escala. Aunque hay otros escenarios sobre la mesa. Y uno de ellos implica también a Minsk. Y no solo como “trampolín”, como apuntaba el jefe del Consejo de Seguridad de Ucrania. El Kremlin ha amenazado con tomar medidas “político-militares” si no se atiende a sus demandas. Y una de esas medidas podría ser colocar armas nucleares en territorio bielorruso, que hace frontera con tres países de la OTAN (Polonia, Letonia y Lituania), además de con Ucrania.

La ciudad de Chernihiv, Ucrania, el pasado lunes.
La ciudad de Chernihiv, Ucrania, el pasado lunes.M. R. S.

En Chernihiv, a 60 kilómetros de los postes de madera y el alambre de púas que ribetean parte de la frontera, Nastia Lutshchenko dice que no le preocupa una posible invasión en absoluto. “Hace tiempo que dejé de ver las noticias. Prefiero no creer todo esto de la amenaza. No tengo miedo ninguno”, dice la joven de 25 años, empleada en una tienda de golosinas del centro de la ciudad, de 285.000 habitantes. En el terraplén de la catedral de Santa Catalina, donde decenas de niños y jóvenes se lanzan con trineo, Alexandr Skorapick, de 36 años, tampoco siente especial presión. “Es todo una gran paranoia. Todo está bajo control, llevamos viviendo así con esta tensión por la guerra del Este desde 2014″, dice Skorapick, gerente en una planta textil, que espera que las maniobras de Bielorrusia no deriven en nada más. “Además, qué iban a hacer en Chernihiv, una ciudad pequeña…”, plantea.

Dmytro Naumenko, director de la ONG de derechos humanos M.A.R.T., tiene una opinión algo más sombría. Le preocupa más la posibilidad de que Moscú coloque a escasos kilómetros armas nucleares. “Ese problema además, sería un problema para toda Europa no solo para Ucrania, aunque todo en esta guerra lo es”, apunta. En la unidad de cáncer del hospital infantil regional de Chernihiv, el oncólogo Egor Pavlenko comenta que prefiere no pensar en escenarios de una guerra caliente. Las maniobras de desestabilización o cibertaques ya serían suficientemente malos. Como la mayoría en Chernihiv, cree que no hay peligro y que toda esta escalada es un inmenso juego político de Putin. “Siempre hay que estar alerta, pero de momento no hay ningún plan de contingencia especial”, afirma, “y eso es buena señal”.

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Ante las quejas rusas por el despliegue de tropas aliadas cada vez más cerca de sus fronteras, Washington asegura en su respuesta escrita a Moscú, a la que ha tenido acceso EL PAÍS, que la presencia de fuerzas estadounidenses y de la Alianza Atlántica en el Este de Europa es “limitada, proporcionada y acorde con los compromisos” alcanzados en el marco del Consejo OTAN-Rusia.

Estados Unidos alega que se ha abstenido de desplegar “sustanciales fuerzas de combate adicionales o armas nucleares”, tal como prometió, y que sus tropas son actualmente la cuarta parte de las que había al final de la Guerra Fría. Advierte, no obstante, de que ulteriores aumentos de las posiciones de fuerza rusas o agresiones contra Ucrania “obligarían a Estados Unidos y sus aliados a reforzar” su despliegue defensivo en el Este de Europa.

También la Alianza combina la mano tendida con la advertencia. Por una parte, ofrece a Moscú un restablecimiento pleno de sus relaciones, volviendo a abrir sus respectivas embajadas, cerradas desde octubre pasado, y asegura que “la OTAN no busca la confrontación”, pero agrega que no puede comprometer los principios sobre los que se basa la seguridad euroatlántica, incluido el artículo 5º del Tratado de Washington, según el cual “un ataque contra un aliado sería considerado un ataque contra todos”. “Tomaremos todas las medidas necesarias para defender y proteger a nuestros aliados y no comprometeremos nuestra capacidad para hacerlo”, advierte.

Como la respuesta estadounidense, la de la OTAN propone una serie de medidas de confianza, entre las que incluye la propuesta rusa de establecer un teléfono rojo de carácter civil para contactos de emergencia, además de hacer pleno uso de los canales militares de comunicación para promover la previsibilidad y transparencia, y reducir riesgos. Mientras el documento de Washington acusa a Rusia de haber realizado grandes ejercicios militares sin aviso previo, la OTAN propone bajar el umbral de fuerzas a partir del cual las maniobras deben ser notificadas. También plantea la realización de consultas para prevenir incidentes en el aire y el mar, mientras que Washington denuncia las peligrosas maniobras de cazas rusos sobre buques aliados en aguas internacionales o la vulneración de la libre navegación en el mar Negro o el de Azov, al noreste de Crimea.

La OTAN pide a Rusia que reanude la aplicación del Tratado de Fuerzas Convencionales en Europa (CFE), volviendo a participar en el grupo de consultas y proporcionando información detallada sobre sus tropas, como establece el tratado.

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Las preocupaciones de la Alianza no se limitan a la guerra convencional. Propone a Moscú “promover un ciberespacio libre, abierto, pacífico y seguro”, mediante la realización de consultas para “reducir las amenazas en el ciberdominio”, asumiendo las obligaciones legales internacionales y los protocolos voluntarios de conducta responsable en el ciberespacio, “y desistiendo todos los Estados de realizar ciberactividades maliciosas”. No se trata de una demanda retórica: en plena escalada de la tensión bélica, Ucrania ha sido víctima de ciberataques atribuidos a Rusia.

La OTAN también propone a Moscú mantener consultas para reducir las amenazas a los sistemas espaciales, promoviendo un comportamiento responsable en el espacio. En concreto, reclama a Rusia que se abstenga de realizar pruebas de destrucción de satélites en el espacio, “que crean una gran cantidad de basura espacial”. Todos estos asuntos deberían abordarse en una serie de reuniones temáticas después de que, el pasado 12 de enero, se reuniera el Consejo OTAN-Rusia, por primera vez en casi dos años.

Cautela o pesimismo

A juzgar por su tono, la Alianza Atlántica aborda con gran cautela, cuando no pesimismo, las conversaciones con Rusia. “Durante más de 30 años, la OTAN ha trabajado para construir una asociación con Rusia”, se queja en su documento. No solo le tendió una mano amiga al final de la Guerra Fría, alega, sino que firmó el acta OTAN-Rusia y creó el consejo bilateral. “A ningún otro socio se le ha ofrecido una relación comparable o marco institucional similar”, subraya la Alianza Atlántica. “Frente a ello, Rusia ha roto la confianza en el corazón de nuestra cooperación y desafiado los principios fundamentales de la arquitectura de seguridad euroatlántica”, se lamenta.

“Continuamos aspirando a una relación constructiva con Rusia cuando sus acciones lo hagan posible”, agrega el escrito de la Alianza Atlántica. “Animamos a Rusia a comprometerse en un diálogo significativo sobre los asuntos que preocupan a los miembros de la Alianza en el Consejo OTAN-Rusia para conseguir resultados tangibles”. Pero, advierte, “la reversión del [actual] despliegue militar ruso en Ucrania y su entorno será esencial para [conseguir] progresos sustantivos” en las futuras conversaciones.

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Más de 300 palestinos resultaron heridos durante los enfrentamientos.

Aquí te damos 3 claves para entender la creciente tensión en Jerusalén.

1. El Día de Jerusalén

Los choques entre palestinos y fuerzas de seguridad israelíes desarrollados durante el fin de semana se agravaron este lunes alrededor de la mezquita de Al Aqsa. La mezquita se sitúa en una explanada conocida para los musulmanes como Haram al Sharif, o el Noble Santuario, y por los judíos como el Monte del Templo.

La fuerza policial de Israel dijo que miles de palestinos se atrincheraron en el lugar durante la pasada noche con piedras y cócteles molotov en anticipación de un enfrentamiento durante una marcha judía planeada para este lunes para conmemorar el Día de Jerusalén.

El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, defendió la actuación policial.

«Esta es una batalla entre la tolerancia y la intolerancia, entre la violencia sin ley y el orden», dijo. «Los elementos que quieren expropiar nuestros derechos nos obligan periódicamente a mantenernos firmes, como lo están haciendo los agentes de policía de Israel».

Por su parte, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmoud Abbas, condenó las acciones israelíes.

«El brutal asalto de las fuerzas de ocupación israelíes a los fieles en la sagrada mezquita Al Aqsa y su explanada es un nuevo desafío para la comunidad internacional», dijo su portavoz Nabil Abu Rudeineh.

La llamada Marcha de la Bandera conmemora la captura de la parte oriental de Jerusalén por parte de Israel en 1967, cuando, durante la Guerra de los Seis Días, tomó el control efectivo de toda la ciudad.

En Jerusalén Oriental se asienta la ciudad vieja, donde se ubican algunos de los lugares religiosos más sagrados del mundo: la Cúpula de la Roca y la propia mezquita de Al Aqsa de los musulmanes, el Monte del Templo y el Muro de las Lamentaciones de la religión judía y el Santo Sepulcro de la religión cristiana.

Y es considerada la ciudad más sagrada para el judaísmo y el cristianismo, y es la tercera ciudad más sagrada del islam.

Mapa Ciudad Vieja de Jerusalén

El destino de Jerusalén Oriental está en el corazón del conflicto palestino israelí, y ambas partes reclaman su derecho sobre ella. Israel considera a toda la ciudad como su capital, aunque no es reconocida como tal por la mayor parte de la comunidad internacional, y los palestinos reclaman a Jerusalén Este como la futura capital de un futuro Estado independiente.

Por lo general, durante la Marcha de la Bandera, cientos de jóvenes israelíes ondean banderas y se abren paso a través de áreas musulmanas, cantando canciones patrióticas.

Muchos palestinos lo consideran una provocación.

Más temprano, la policía israelí decidió prohibir que los judíos visitaran el complejo durante las conmemoraciones por el Día de Jerusalén.

Judíos conmemorando la Marcha de la Bandera.
La llamada Marcha de la Bandera conmemora la captura de la parte oriental de Jerusalén por parte de Israel en 1967 (foto de archivo).

2. Posible desalojo de familias palestinas

Gran parte de la última ola de violencia se debe a un esfuerzo legal de larga data por parte de grupos de colonos judíos para desalojar a varias familias palestinas de sus hogares en el cercano distrito de Sheij Jarrah, en Jerusalén Oriental.

El fallo de un tribunal inferior este año que respaldaba el reclamo de los colonos desató la ira de los palestinos.

El Tribunal Supremo de Israel debía celebrar una audiencia sobre el caso este lunes, pero la sesión se pospuso debido a los disturbios.

3. Tensiones durante el Ramadán

Esta nueva oleada de violencia tiene lugar en los últimos días del mes sagrado musulmán del Ramadán.

Barricada en Ramala.
Las tensiones llevan varias semanas y no solo en Jerusalén.

Las tensiones se han intensificado desde el comienzo de la festividad, a mediados de abril, con una serie de eventos que han provocado disturbios.

Cuando comenzó el Ramadán, estallaron enfrentamientos nocturnos entre la policía y los palestinos que protestaban contra las barreras de seguridad fuera de la Puerta de Damasco, en la ciudad vieja de Jerusalén, que les habían impedido reunirse allí durante la noche.

Pero los enfrentamientos no se han limitado a Jerusalén y también se registraron choques en la ciudad de Haifa, en el norte de Israel, y cerca de la ciudad de Ramala, en Cisjordania.

Los negociadores del Cuarteto para Medio Oriente —Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia y la ONU— han expresado su profunda preocupación por la violencia, instando a todas las partes a mostrar moderación.


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Cómo la violencia se tomó las calles de Colombia (y por qué Cali fue el epicentro durante días)

Tambien fueron atacados buses de Transmilenio, el sistema de transporte público. Según los últimos informes, los disturbos dejaron al menos 30 civiles y16 policías heridos.

La alcaldesa estuvo twitteando durante la noche y, aunque pidió al ministerio de Defensa que le ayudara a proteger las unidades de detención de la policía que eran atacadas, aclaró que eso no significaba que estuviera pidiendo militarizar la capital colombiana.

«En ningún caso hemos solicitado ni habrá militarización de la ciudad».

Protestas

Marchas en Bogotá
Aunque durante el día se realizaron manifestaciones pacíficas en Bogotá -como la muestra la foto- en la noche hubo disturbios.

Los disturbios se han presentado en el marco de las masivas protestas que vienen ocurriendo en todo el país desde la semana pasada.

Las protestas comenzaron para rechazar una reforma tributaria propuesta por el gobierno para enfrentar los efectos de la pandemia. Finalmente, el domingo el presidente Iván Duque retiró la propuesta de reforma y anunció que presentaría una nueva, concertada con diferentes sectores políticos y sociales del país.

El lunes se presentó a renuncia de Alberto Carrasquilla, el criticado Ministro de Hacienda. A pesar de que esto formaba parte de la petición de los manifestantes, las protestas continuaron, en rechazo a una reforma de la salud y pidiendo la implementación de los acuerdos de paz con las FARC y el desmonte del escuadrón antimotines conocido como ESMAD, al que se acusa de asesinatos y abusos.

De hecho otro paro nacional ha sido convocado para este miércoles 5 de mayo.

Hasta el momento, las protestas han dejado más de 19 muertos, 89 desaparecidos y cerca de 900 heridos en todo el país, según la Defensoría del Pueblo.

Bogotá

Pero mientras en Cali el martes se llevaban a cabo marchas pidiendo el fin de la violencia, los disturbios se trasladaban a Bogotá.

Desde la tarde, en el sur de la urbe se produjeron enfrentamientos con la policía y organizaciones sociales denunciaron «excesos» del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) en algunos sectores.

En el oeste de Bogotá, al menos tres personas quedaron heridas y un autobús fue quemado, según detalla esta agencia.

La alcaldesa publicó entonces en twitter que «Las 22 comisiones de derechos humanos que activamos han estado previniendo y protegiendo [de] abusos a los ciudadanos, pero la escalada violenta de esta noche es brutal«.

«15 CAIs [comandos de atención inmediata] vandalizados, policías abaleados, heridos con arma blanca, a 15 trataron de quemarlos vivos en CAI Aurora», añadió.

https://twitter.com/ClaudiaLopez/status/1389783786183872515?s=20

De acuerdo a agencias como AFP y EFE, decenas de personas atacaron estaciones de policías y una turba incendió la estación policial del barrio La Aurora, en el sur de la ciudad, en la que había 10 agentes, quienes lograron escapar.

El secretario de Gobierno de Bogotá, Luis Ernesto Gómez, dijo también este martes que había «una escalada de violencia en la ciudad».

«Aquí en Biblioteca Tintal acaban de incinerar un bus del SITP [Sistema Integrado de Transporte Público] y en otros puntos de la ciudad», agregó Gómez.

Manifestación pacífica

Pero no todas las actividades de protesta en Bogotá acabaron en violencia, ya que hubo «velatones pacíficas» en varios puntos de la ciudad.

Además, algunos frailes dominicos marcharon con carteles que decían «Ámense los unos a los otros«.

El gobierno de Iván Duque, que propuso este martes una mesa de negociación con todos los sectores incluyendo manifestantes, atribuye la violencia a infiltrados de grupos guerrilleros y terroristas, así como a vándalos que aprovechan para saquear el comercio.

La veintena de fallecidos y los más de 800 heridos que se han registrado en las protestas han hecho que hasta Naciones Unidas cuestione el accionar de las fuerzas de seguridad colombianas, sobre todo de la policía.


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