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tiburones San
«Ojo con ese tema porque los turistas llegan sin saber lo que practican» tirándoles comida y atrayendo los tiburones, sumado a la falta de señalización y controles, advierten.

«Ojo con ese tema porque los turistas llegan sin saber lo que practican» tirándoles comida y atrayendo los tiburones, sumado a la falta de señalización y controles, advierten.

Noticias Caribe.

En Johnny Cay habría quedado evidenciado como varias personas «se divierten» lanzándole comida a los tiburones, y no sería uno sino tres que llegaron hasta las rocas de la costa, en un punto atractivo para los turistas.

En el sector de La Piscinita, donde murió el turista italiano hace unos días, tras ser mordido por un tiburón tigre, han vuelto a ver estas especies.

Hay polémica porque se plantea que entre las medidas, se adopte el cierre temporal de esa área.

Muchos cuestionan que las autoridades no implementen otras medidas, y otros señalan que ha sido díficil «que la gente colabore». Son dos problemas: los que van a lanzarle comida a los tiburones, y desde algunos restaurantes siguen arrojando desechos al mar.

No alimentar a los tiburones

Coralina busca prohibir con medidas más severa, «el cebado de los animales».

“Es inaudito que en el parque natural regional Johnny Cay estén alimentando tiburones desde el muelle, a sabiendas que en el área contigua esta una zona de bañistas, por favor no contribuyan ni agraven más la situación”, fue llemado desde Coralina,

La entidad denunció que ha recibido vídeos, donde se ve a prestadores de servicios turísticos, «alimentado tiburones y otras especies que merodean el cayo y sobre todo en zona de bañistas».

Esto podría estar ocurriendo como una forma atraer turistas que quieren ver los tiburones.

Desde que ocurrió el mortal incidente, había habido otras ataques pero los bañistas sobrevivieron, ya han logrado detectar al menos cinco tiburones tigre en la zona.

A algunos ya lograron alejarlos y les pusieron rastreadores satelitales.

Capturan y reubican a tiburón que mordió a turista en San Andrés, causándole la muerte

El vídeo que evidenciaría las «malas prácticas ambientales» en San Andrés.



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Dirimo José fue el hombre que encontraron sin vida cerca de la clínica Proinsalud de Pasto

Se trata de un hombre de 54 años de edad que se dedicaba a cuidar vehículos.

Noticias Pasto

Conmocionados se encuentran los habitantes de Pasto, por cuenta del hallazgo del cuerpo sin vida de un hombre, cerca de la clínica Proinsalud.

De acuerdo con las autoridades, la víctima fue identificada como Dirimo José F. R.

Según señalan, se trata de un hombre de aproximadamente 54 años de edad de nacionalidad venezolana.

Dirimo José fue el hombre que encontraron sin vida cerca de la clínica Proinsalud de Pasto
Dirimo José F. R. fue el hombre que encontaron sin vida en Pasto

El reporte de las autoridades indica que el hombre fue encontrado sin vida por vecinos del sector, que de inmediato alertaron a las autoridades.

Al llegar al sitio efectivamente, se percataron de que José no tenía signos vitales.

«El sujeto murió por causas natuales. Sus familiares manifestaron que padecía de asma», agregaron.

 



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Hubo alerta de tsunami en la zona de la planta nuclear Fukushima, que ya vivía un desastre hace unos años.

Noticias Internacionales.

Este miércoles la emergencia por fenómeno natural es en Japón, por el sismo de magnitud 7,3 que se acaba de registrar y que ocurrió cerca a la perfectura de Fukushima, donde está la planta nuclear que ya una vez, se vio inundada por un tsunami provocando una grave emergencia ambiental.

Se emitió un aviso de tsunami para las prefecturas de Fukushima y Miyagi, ubicadas al este de Japón.

La Agencia Meterológica nipona, advierte que la altura del tsunami puede alcanzar hasta 1 metro por encima de los niveles normales de las mareas.

CNN informa que tras consultar con el Centro de Alerta de Tsunami del Pacífico de EE.UU., descartan un tsunami en toda la cuenca del Pacífico en este momento.





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Para la masa de mujeres y niños ucranios que huyen a la vecina Polonia en trenes abarrotados, la próxima estación se llama desconcierto. Las dos palabras que más se escuchan estos días en los puntos donde recalan los refugiados (estaciones de tren y de autobuses, centros de acogida temporal, pasos fronterizos…) es “no sé”. Se la dicen entre ellos cuando inquieren el nombre de la localidad polaca en la que se encuentran, adónde lleva el siguiente tren o si tienen que hacer algún trámite para entrar en Alemania o Italia, pese a encontrarse ya dentro de la zona Schengen de libre tránsito. Dudas que normalmente resuelven los voluntarios allí desplegados, varios de ellos ucranios, o polacos que hablan ruso, ucranio o inglés. También responden a menudo “no sé” a los periodistas que les preguntan adónde se dirigen. Algunos ucranios cruzan con una idea más o menos clara (que generalmente consiste en llegar a la casa de familiares o amigos que ya vivían en otras partes de Europa), pero muchos otros simplemente han metido a toda prisa lo imprescindible en maletas y bolsas de la compra sin más proyecto que escapar de una guerra que nadie sabe cuánto durará.

Ya en la UE, recobrado el aliento y con una tarjeta SIM polaca que reciben como regalo, comienza para muchos el dilema: Y ahora, ¿qué? ¿Quedarse en las zonas más próximas a Ucrania de los países fronterizos, con la esperanza, más visceral que racional, de que la guerra acabe en breve? ¿O pergeñar una nueva vida en un país desconocido?

Ya habían escapado de la guerra unos 2,6 millones de ucranios —de los tres millones que ya han huido— cuando Dasha Liniuk, que se resistía a hacerlo, tomó con su madre y su hermano el primer tren a la ciudad polaca de Chelm, a unos 20 kilómetros de la frontera. La madrugada del 11 de marzo, su ciudad, Lutsk, en Ucrania occidental, había sido bombardeada por primera vez desde el inicio del conflicto, el pasado 24 de febrero. “Honestamente, no tenemos ni la menor idea de lo que hacer. Nuestro único plan ahora mismo es reunirnos con mi padre. Conduce un camión y está trabajando por ahí; un día duerme en España; otro en Francia o Italia, así. La guerra le pilló fuera de Ucrania. Mi plan ahora es darle un abrazo y muchos besos”, asegura mientras hace cola ante una ventanilla en el vestíbulo de la estación, repleto de refugiados.

Refugiados ucranios abordan un tren con destino a Lublin, el pasado 11 de marzo en la estación de Chelm, en el este de Polonia.
Refugiados ucranios abordan un tren con destino a Lublin, el pasado 11 de marzo en la estación de Chelm, en el este de Polonia.MASSIMILIANO MINOCRI

“Quiero quedarme en Polonia porque está más cerca de Ucrania, para poder volver pronto. No nos hemos ido antes porque estábamos a salvo en nuestra ciudad. Pero vamos a volver a Polonia. Al 100%. Es mi patria. Y supongo que cada uno lo piensa de su país, pero para mí es el mejor del mundo”, dice con una risotada que relaja el preocupado rostro de su madre. Liniuk trabaja en Lutsk de camarera, pero ahora no va a buscar trabajo en la hostelería: vive su estancia en Polonia como tan temporal que no ve sentido a recorrer cafetería tras cafetería para obtener un salario que, además, sería en negro, por carecer de permiso de trabajo.

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Una ucrania se despide del voluntario polaco que la trasladó, el 11 de marzo en la estación de tren de Chelm (Polonia).
Una ucrania se despide del voluntario polaco que la trasladó, el 11 de marzo en la estación de tren de Chelm (Polonia).Massimiliano Minocri (EL PAÍS)

En el andén de la misma estación, pero en otro lugar mental, está Irina Klimkina. Tiene 20 años, viene de Kiev y arrastra una pesada maleta hacia el tren a Lublin, donde conectarán a Varsovia y, de allí, a Alemania. El mismo motivo ―su cuerpo menudo― por el que asegura que no se ha alistado en el Ejército, pese a sus ganas de “matar ocupantes rusos”, es el que la deja fuera del vagón cuando comienza la lucha por subir y se llena. Como le toca esperar al siguiente, tiene tiempo para contar su historia. “Calculo que la guerra durará medio año o un año, y que estaré en Alemania uno o dos años”, dice junto a la que llama su “bestie” (mejor amiga), Kasia. “Sentimos un dolor horrible de estar aquí. Quería unirme al Ejército y defender mi país y morir en nuestra tierra. Durante mucho tiempo pensamos que no podíamos tomar la decisión correcta. Y no sé si es esta”, señala. Klimkina tiene un familiar en Alemania y cuenta con que enchufe a ambas en la empresa empaquetadora de botellas en la que trabaja. “Será físicamente muy duro, pero nos servirá para sobrevivir en un país extranjero”, señala.

Klimkina muestra las dos frases motivacionales que tiene tatuadas en ruso (su primera lengua), una en cada muñeca. Son “No decaigas de espíritu” y “No envejezcas de corazón”. “Cuando termine la guerra, me haré un tatuaje con la inscripción ‘Buque ruso, vete a la mierda”, promete divertida. Es la frase ―convertida en símbolo de la lucha ucrania hasta el punto de inspirar un sello postal― con la que un militar que defendía una isla estratégica respondió al marinero ruso que le exigía la rendición. La joven la tiene también en su tarjeta de crédito virtual.

Irina Klimkina, a la derecha, y su amiga Kasia, en el andén de la estación de Chelm, el 11 de marzo.
Irina Klimkina, a la derecha, y su amiga Kasia, en el andén de la estación de Chelm, el 11 de marzo.MASSIMILIANO MINOCRI (EL PAÍS)

A la estación de tren de Chelm, a la de autobús en la cercana ciudad de Lublin o a los centros de acogida temporal de refugiados de la zona llegan estos días quienes han aguantado en la Ucrania más castigada hasta que la situación se ha vuelto insostenible. Proceden de sitios como la asediada Sumi ―en el este, cerca de Rusia― o Krvogi Rig, unos 100 kilómetros al oeste de Zaporiyia, la ciudad con la mayor central nuclear de Europa que las tropas rusas tomaron el pasado día 4.

Tras 20 días de bombardeos, más de la mitad de los 3,5 millones de habitantes de Kiev han escapado de la capital ucrania, según explicó este martes su alcalde, Vitali Klitschko. Lublin, con cerca de 350.000 habitantes, es la mayor ciudad en el este de Polonia a la que llegar desde la capital ucrania, casi directamente por la carretera E373. La capital polaca ―donde vive una importante comunidad ucrania y de cuyo aeropuerto salen ahora vuelos a numerosas partes del mundo― está a apenas dos horas por carretera, pero algunos refugiados prefieren quedarse en Lublin, más cerca ―física y emocionalmente― de su país.

Un autobús lleno de refugiadas ucranias sale del pequeño centro de acogida de Uchodzcow, en Polonia, cerca del paso fronterizo con Ucrania de Dolhobyczow, el 10 de marzo.
Un autobús lleno de refugiadas ucranias sale del pequeño centro de acogida de Uchodzcow, en Polonia, cerca del paso fronterizo con Ucrania de Dolhobyczow, el 10 de marzo. Massimiliano Minocri (EL PAÍS)

“No eligen venir aquí, solo cruzan desde Kiev. Pero luego algunas se quedan porque creen en su fuero interno que la guerra va a acabar pronto. Quieren estar cerca de sus familias y maridos. Algunas creen que los soldados ucranios van a poder cruzar la frontera, reunirse con ellas y luego volver a combatir”, explica Karolina Wierzbinska, coordinadora y cofundadora de la ONG polaca Homo Faber, que administra un centro de ayuda a los refugiados en Lublin al que los ucranios pueden llamar en su idioma cualquier día de la semana a cualquier hora.

Blanca Garcés, experta en migraciones e investigadora del think tank CIDOB, con sede en Barcelona, recuerda que “el 80% de refugiados en el mundo están en los países limítrofes, que son además con los que suelen tener más afinidad cultural, lingüística o histórica, y donde suelen tener redes, que son fundamentales”. “Por lo general, se quedan lo más cerca posible, porque muchos siguen pensando que van a volver pronto, incluso en unos días”, explica por teléfono. Polonia, un país de 38 millones de habitantes donde antes de la guerra ya vivía un millón de migrantes económicos ucranios y se habla una lengua similar, ha recibido el 60% de los refugiados ucranios, aunque muchos sigan luego hacia otras partes de Europa.

Libre movimiento

Este éxodo, el más rápido en el continente desde el fin de la II Guerra Mundial, está siguiendo un patrón parecido a anteriores, con una primera oleada de aquellos con “más posibilidades materiales, pero también capital social, que es muy importante”, y una segunda de quienes escapan de la guerra con menos dinero y redes de apoyo, señala Garcés, quien apunta, no obstante, una diferencia importante. Al no aplicarse a los ucranios el reglamento de Dublín ―que obliga al país de llegada a tramitar la petición de asilo y causó cuellos de botella en la crisis de refugiados y migrantes de 2015― “no está habiendo un debate sobre el reparto de responsabilidad, como pasaba antes, que hasta un barco con 200 personas originaba una crisis diplomática. Como se pueden mover libremente por la UE, acabarán eligiendo ellos dónde”.

Este movimiento más orgánico se refleja en los casos de Galina Kurnetsova, de 42 años, y Denis (prefiere no dar su apellido), de 39. No se conocen, pero tienen dos cosas en común: el punto de inflexión para su huida fue la toma rusa de Zaporiyia, y han acabado con sus familias el mismo día en un centro de acogida de refugiados en Hrubieszow (Polonia), a cinco kilómetros de su país natal. Mientras Denis se mueve acelerado, Kurnetsova mira al infinito con la cabeza apoyada en el poste de una portería de fútbol sala reubicada para hacer espacio a cientos de camas plegables, colchones y mantas. Ha llegado ocho horas antes, de madrugada, con sus dos hijos, dos hermanas, un sobrino y un nieto. Su localidad, Vasilivka, está a 50 kilómetros de Zaporiyia, bordeando hacia el sur el río Dnieper que baña ambas localidades. “En cuanto se supo [la toma de la central], las mujeres empezaron a llevarse a los hijos”, cuenta. “Yo, honestamente, no quería ni pensar lo que podría pasar, porque están siendo como animales”.

Galina Kurnetsova, en el centro de acogida de Hrubieszow, el 11 de marzo.
Galina Kurnetsova, en el centro de acogida de Hrubieszow, el 11 de marzo. Massimiliano Minocri

Kurnetsova y sus hermanas no tienen dinero ni plan. Solo “esperar a que pase el peligro y entonces volver a Zaporiyia”. Y hacerlo en Polonia porque “la lengua es más fácil y está más cerca de Ucrania”. Su preocupación más urgente es encontrar un trabajo. Lo repite tres veces y añade: “De lo que sea. Algo tendrán que comer estos niños”, asegura mientras los señala con una mueca para subrayar que no está precisamente en condiciones de elegir de qué. Quizás, señala, ensamblar televisores en la empresa de un conocido en Polonia, su único contacto en la UE. “Nos iremos de aquí [el centro de acogida] en cuanto encontremos un sitio en el que quepamos los siete y que podamos pagar”, dice. Hasta ahora no ha tenido que gastar dinero en Polonia. En los lugares de paso de los refugiados se puede obtener fácilmente alojamiento, comida, billetes de tren, pañales o medicamentos básicos gratis.

Denis hace justo lo contrario: alejarse “lo más posible” de su país. “Era un niño [tenía entre tres y cuatro años en 1986], pero recuerdo Chernobil”, subraya. Su familia hizo las maletas la misma noche de la conquista de Zaporiyia y salieron con el alba. “Oíamos bombas alrededor y rezábamos para que no cayese ninguna sobre el coche”, recuerda. Explica que se ha ido de la bombardeada Járkov, en el este del país y donde trabajaba de cocinero, “solamente por el peligro nuclear” y por sus hijos. Y que su objetivo es seguir hacia al oeste del continente. Solo ha dormitado un par de horas sobre un colchón del centro, pero ya encaja como puede el tetris de instalar en un coche humilde a su mujer, sus tres hijos (por los que está eximido de la obligación legal de quedarse en Ucrania), un perro y cinco gatos. “Ahora vamos hacia Gdansk [en el norte de Polonia] y supongo que allí alquilaremos algo, pero no sé… no es suficientemente lejos de Zaporiyia. Toda Polonia está demasiado cerca. O quizás los deje en un lugar seguro y vuelva a combatir. Pero volveremos a Járkov en cuanto acabe la guerra. Hace dos meses acabamos de pagar la hipoteca del piso. ¿Te das cuenta? Toda nuestra vida está allá. Toda. Amigos, casa, barrio… vida… todo”.

La familia de Denis, en su coche, a la salida del centro de acogida de refugiados de Hrubieszow (Polonia), el 10 de marzo.
La familia de Denis, en su coche, a la salida del centro de acogida de refugiados de Hrubieszow (Polonia), el 10 de marzo. Massimiliano Minocri

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Liubov aún no entiende cómo pudo sentir, desde el búnker de su edificio, la vibración del bombardeo ruso contra una base militar en la localidad ucrania de Yavoriv, a solo 25 kilómetros de Polonia, que ha causado este domingo al menos 35 muertos. Entonces estaba a cuatro metros bajo tierra en Solonka, un suburbio meridional de la ciudad de Lviv, en el oeste de Ucrania. Dos horas después, ella y sus tres hijos, de 10, 14 y 19 años, ya habían hecho las maletas y se habían coordinado con una vecina para huir hacia la frontera más cercana, la polaca, a menos de dos horas en coche. A las 14.00, hora polaca (una menos que en Ucrania), cruzaban el paso fronterizo de Budomierz-Hruszow para sumarse a los 1,65 millones de refugiados ucranios en Polonia y descansar en una carpa de emergencia con colchones, calefacción y una bombilla. El estruendo no solo conmocionó a la localidad ucrania afectada; al otro lado de la frontera, en territorio polaco, se sintieron con fuerza las explosiones. “Sentíamos que todo temblaba, que seguramente serían bombas. El cielo estaba todo rojo y nos hemos dicho ‘es demasiado cerca, no es posible”, relata la francesa Sreemati, que estaba a cinco kilómetros del paso por la parte polaca. El estruendo también despertó a la alemana Mona Gehring en una furgoneta camperizada cerca de Budomierz, en el lado polaco de la linde: “Pude sentir la explosión. La verdad es que dio mucho miedo”.

“Al principio no sabía lo que pasaba. Preguntaba a los demás ‘¿lo has sentido?’ Cuando subimos, los colegas nos dijeron que habían visto fuego. Dos días antes había ido allí a llevar ayuda médica uno de nuestros colegas”, señala Gehring, seguidora ―como Sreemati― de Mata Amritanandamayi, una gurú india conocida por sus abrazos y generalmente llamada Amma (madre), palabra que lleva impresa en el abrigo.

En Ucrania, el ataque despertó a Liubov sobre las seis de la mañana. “Me asusté mucho. Me cubrí la cabeza y me puse de cuclillas instintivamente”, asegura esta mujer de 38 años, que prefiere no dar su apellido por “miedo a Vladímir Putin”.

La zona en la que residen ha sido una de las más tranquilas para un país en guerra y allí se han refugiado desplazados procedentes de las más castigadas Kiev o Járkov. El pasado viernes, las fuerzas rusas ya bombardearon por primera vez dos ciudades del oeste, Lutsk e Ivano-Frankivsk. Las dos están a entre 100 y 150 kilómetros de la casa a la que Liubov quiere “volver y dormir en paz”. “No nos fuimos hasta hoy porque esperábamos que todo fuese bien y Putin entrase en razón. Amamos Odesa y Kiev [por la resistencia a la ofensiva] pero lo vemos como que está allá”, asegura. “Detrás de nosotros, en la cola [del paso fronterizo] había muchos bebes de dos o tres meses. No te imaginas cómo nos están presionando para que dejemos nuestra querida Ucrania”.

Polonia, el país miembro de la UE y la OTAN que ha recibido más del 60% de los 2,7 millones de refugiados en los países limítrofes, es uno de los abanderados de la línea dura contra Rusia. Su presidente, Andrzej Duda, ha advertido de que “cambiaría la situación” si Moscú utilizase armas químicas en Ucrania, en una entrevista a la BBC difundida este domingo.

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Refugiados ucranios en el lado polaco del paso fronterizo de Budomierz, este domingo.
Refugiados ucranios en el lado polaco del paso fronterizo de Budomierz, este domingo.MASSIMILIANO MINOCRI

Tres hermanos cruzan juntos la frontera. Con ellos viaja el hijo de la mayor, de seis años. Nadiya tiene 27 años y vive en Lviv. Sus dos hermanos menores, de 15 y 13, en casa de sus padres en Novoiavorivsk, una localidad a apenas quince kilómetros de la localidad que alberga la base militar bombardeada. Al primero, Sasha, le despertó el estruendo. “Oímos una explosión y la casa vibró. Vibró mucho. Vivimos en el sexto y a mi vecino del quinto se le rompió una ventana”, explica mientras sujeta la maleta. Atrás quedan sus padres. “Tenemos cuatro gatos y alguien tendrá que alimentarlos”, dice con sorna antes de explicar que, en realidad, simplemente han querido que sus hijos estén a salvo y unirse luego si la cosa se complica aún más. “La explosión ha sido claramente el punto de inflexión. Pensábamos en irnos, pero es que allí [Novoiavorivsk], la situación estaba tranquila”, añade.

Stas Sagala, su madre y sus dos hermanos menores escapan del mismo sitio y por el mismo motivo. Con una diferencia: no es un padre preocupado por sus hijos, sino un adolescente que quiere combatir, pero aún le faltan dos años para cumplir 18. “Tenemos miedo, es muy peligroso. Yo no quería irme, pero mi madre quería que estuviésemos a salvo. Yo quería proteger mi país”, dice. Justo habían regresado a su domicilio tras dos semanas en una casa de campo que les parecía más segura.

Los seguidores de Mata Amritanandamayi instalan cada día una carpa en la que ofrecen café o té a quienes cruzan y ayudarles con las maletas. Por la noche la recogen y llevan a un hostal unos cinco kilómetros más al interior de Polonia. Allí despertó a Sreemati la explosión: “A las cinco de la mañana [una hora más en Ucrania] hemos oído deflagraciones y mirado por la ventana. Nos costaba creerlo. Sentíamos que temblaba, que seguramente serían bombas. El cielo estaba todo rojo y nos hemos dicho ‘es demasiado cerca, no es posible”. Una vez despierta, ella y sus compañeros se ducharon y prepararon para instalar la carpa: “Hemos pensado: ‘Hoy va a hacer falta reconfortar a la gente”. Solo más tarde se enteraron de que el objetivo era un campamento militar en Ucrania. “En Francia no sabemos qué es algo así. Nunca he oído bombas. Sabemos que hay guerra, pero pensábamos que estaba mucho más lejos. En cualquier caso, sentíamos que no era algo normal”.

Refugiados ucranios tras cruzar el paso fronterizo de Budomierz, este domingo.
Refugiados ucranios tras cruzar el paso fronterizo de Budomierz, este domingo.MASSIMILIANO MINOCRI

El paso de Budomierz es pequeño. Aquí no hay grandes tiendas de campaña, ni hileras de coches atascados en el lado ucranio, ni una sucesión de autobuses y furgonetas descargando refugiados. Tan solo un goteo de personas que cruzan a pie y andan unos centenares de metros, algún autobús aislado y unos pocos vehículos, sobre todo de Cruz Roja, Animal Rescue o con matrícula diplomática. Lo usan sobre todo los ucranios con familiares que les esperan del lado polaco. Cada pocos minutos, una nueva familia se acerca lo más posible a la verja de seguridad mientras habla emocionada por teléfono con quienes se disponen a cruzar.

Es el caso de Natalia Svatovka, una ucrania de 42 años que salió en la noche del sábado de Berlín (nueve horas de trayecto) para asegurarse de que estaría presente cuando llegasen sus padres, de 60 años, y su abuela, de 87. Son de Kiev, pero hace tres días se desplazaron a una aldea próxima a Ivano-Frankivsk pensando que estarían a salvo. “Ya el primer viaje fue difícil para ellos con esa edad, sobre todo para mi abuela, que va en silla de ruedas. No querían irse. Es muy difícil para ellos dejar atrás no solo todo lo que han ido comprando poco a poco, como la casa o el coche, sino también lo que han ido heredando de sus antepasados”, explica junto a una policía polaca de fronteras que vigila el acceso. La acompaña un amigo al que pidió el favor pocas horas antes de salir. Vuelven este mismo domingo porque trabajan al día siguiente en la capital alemana. Los cinco suben al coche y ponen rumbo a la casa de Svatovka en Berlín. Sus padres y abuela vivirán allí “lo que haga falta”, aclara.

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Antes de meterse al agua a competir, Mikaili Sol (18 años, Preá, Brasil) parece que se aísla del mundo. Se engancha los auriculares inalámbricos, repite la misma tabla de calentamiento y se acomoda el arnés en silencio, con los ojos y la mente clavados en el mar. La constancia y la pasión le vienen desde que era una niña y le argumentó a sus padres que si su hermano podía hacer kitesurf a los seis, ella también. La dejaron a los ocho y desde entonces ya lleva cuatro mundiales ganados. El último, el GKA Freestyle, celebrado esta semana en el atlántico colombiano por primera vez. Esta también será la primera vez en la que Sol y Manoel Soares, campeón mundial en la categoría masculina, reciban el mismo premio: 25.000 euros. “Nos esforzamos y nos gastamos lo mismo en llegar hasta aquí. Es justo que no recibamos menos por ser mujeres”, dice la brasileña.

Estefania Rosa, me gusta lo que veo. Vamos, grande, grande…grande Brasiiiiil, gritaba el viernes al micrófono Jo Ciastula, comentarista del torneo.

La kitesurfista brasileña, agarrada a una cometa naranja, levanta el puño y echa para atrás la cabeza con una mezcla entre satisfacción y alivio. Sabe que bordó la 313 (una compleja maniobra de kitesurf) y que pasará a semifinales. En ese momento, dice que piensa en que está un paso más cerca. Y en todo lo que le costó llegar hasta aquí.

Estefanía Rosa, cuarta en el campeonato mundial GKA Freestyle, en la final, este sábado.
Estefanía Rosa, cuarta en el campeonato mundial GKA Freestyle, en la final, este sábado.Charlie Cordero

Estefania Rosa es muchas cosas. Madre adoptiva de dos niñas, instructora de kitesurf, campeona del mundo en 2018 y cuarta en 2022, pero, sobre todo, es su propia patrocinadora. Es la única participante que no tiene un sponsor, aunque lleva más de 15 años compitiendo y fue campeona del mundo en 2018. “A nosotras nos buscan para las fotos en bikini. A ellos los quieren para darles patrocinios. Y, si nos llegan, es cuando ya somos ganadoras, no para apoyarnos a subir”, critica desde un rincón de la playa y sin apartar los ojos de los chicos que se preparan para la siguiente ronda.

A nosotras nos buscan para las fotos en bikini. A ellos los quieren para darles patrocinios

Estefania Rosa, cuarta mejor del mundo en 2022

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Hace 15 años, un turista se acercó a ella en la playa de Cumbuco, a 25 kilómetros de Fortaleza, Brasil, y le prestó el equipo para que se subiera y probara. Ahora es ella quien hace lo mismo con pequeñas desde los cuatro años por todo el mundo, a través de su proyecto Rosa de los vientos. “Es necesario que haya referentes para que otras lo intenten. El problema no es que no podamos, es que nos sentimos excluidas. Y es agotador tener que estar demostrando todo el rato que podemos formar parte de esto. Y me pasa a mí incluso hoy en día”.

Para la española Rita Arnaus, bronce en la competición colombiana, la razón por la que las mujeres “no se atreven” tanto es herencia del patriarcado. “Se nos ha relegado siempre a los cuidados, a la casa… Pero ya estamos demostrando que valemos lo mismo y también merecemos lo mismo que ellos”. Ella se crió en el agua, viendo a sus padres –ambos campeones de España de windsurf– competir. “Yo era muy tímida y este deporte me ayudó a superarme. Y me da pena que aún se siga usando la excusa de que no atraemos tanto público cuando cada vez somos más”.

Desde la orilla, una niña baila con los pies en la arena mojada la música de Carlos Vives que suena en los altavoces repartidos por la playa. Da vueltas y ríe. Solo se detiene cuando alguna de las mujeres pega un salto. “¿Lo viste, mami?”, se gira. “El mundo del kitesurf es de los más paritarios. Cada vez hay más mujeres amateur en el agua y más mujeres como audiencia. Eso es algo que las marcas tienen que notar”, cuenta Alberto Masedo, organizador del evento. “Lo que hace falta es que sean más compitiendo”.

Tom Hartmann, manager del tour mundial de GKA, explica que el modelo de galardones que se usaba antes era en función de la proporción de jugadores. “Solían llevarse dos tercios del monto total, porque ese solía ser el porcentaje de ambos sexos”, dice, “pero, al menos por un tiempo, no tendremos un número equilibrado y no es justo que la ganadora, que pone el mismo empeño y esfuerzo económico, gane menos”. En el cartel de este año participaron 28 hombres y ocho mujeres.

La brasileña Bruna Kajiya, en el campeonato mundial de kitesurf, celebrado esta semana en Colombia.
La brasileña Bruna Kajiya, en el campeonato mundial de kitesurf, celebrado esta semana en Colombia.Charlie Cordero

Este sábado, en la paradisiaca playa de Salinas del rey, a 45 kilómetros de Barranquilla y 80 de Cartagena de indias, se sentían los nervios a flor de piel. Las reglas eran simples: siete intentos de maniobras de estilo libre y solo las cuatro mejores puntuaciones para la media final. Desde la arena, Manoel Soares (campeón mundial en esta convocatoria) no despegaba los ojos de Rosa, que se acercaba después de cada truco a que le recordara en qué puesto iba. “Inténtalo de nuevo. Te va a salir mejor, dale”, le decía el brasileño. Entre ellas, el compañerismo se suma a la sororidad. “Todas sabemos lo difícil que es para nosotras estar donde estamos”, cuenta Rosa, “las respeto y admiro mucho por ello”.

Después del veredicto, Sol sale del agua con una sonrisa permanente en la cara. La reciben un puñado de periodistas, su entrenador y sus amigas. Responde a cámara mientras se va desabrochando las botas. De pronto, Arnaus se le tira encima y le da la enhorabuena. “Pruébatelas”, la invita señalando las botas ancladas a la tabla. “Se equivocaron con la talla y me trajeron una 41. ¡Y calzo un 37!”, dice entre risas. Arnaus ríe y le susurra: “Y aún así lo conseguiste, campeona”.

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Varios proyectiles de mortero han caído a lo largo de la mañana del domingo en la carretera por la que están siendo evacuados a pie los civiles de la localidad de Irpin, en dirección a Kiev y a unos 20 kilómetros de la capital. En el vídeo que acompaña esta noticia puede ver las consecuencias de esta ofensiva rusa y la evacuación apresurada de los vecinos de Irpin con la ayuda de los militares ucranianos. Hay, al menos, tres muertos causados por uno de estos morteros en el cruce principal del pueblo de Romanov, según han confirmado a EL PAÍS varios reporteros presentes durante los ataques. Los cuerpos permanecían tapados delante de la iglesia y del monumento a los caídos en la Segunda Guerra Mundial, a escasos metros de donde el Ejército ucranio tiene un destacamento en retaguardia desde el que salen constantemente militares hacia la línea del frente.

Los morteros cayeron de manera repetida por el mismo lugar en el que en los últimos días pasan de manera constante miles de vecinos camino de Kiev, a tan solo 24 kilómetros de Irpin. La mayoría son mujeres y niños que, en algunos casos, son acompañados por los hombres que, posteriormente, regresan a la localidad y colaboran en su defensa. Romanov contaba hasta el comienzo de la guerra el 24 de febrero con unos 2.000 habitantes. Esta localidad tenía uno de los dos puentes que da acceso a Irpin y que los propios militares locales dinamitaron la semana pasada para tratar de frenar el avance de las tropas del Kremlin.

Rusia y Ucrania se han acusado mutuamente este mediodía del segundo fracaso consecutivo de un alto el fuego para establecer un corredor humanitario que permita a los civiles salir de la ciudad ucrania de Mariupol (sureste del país). Es la segunda vez —la primera fue ayer sábado— que las partes intentan establecer estas vías seguras para que la población pueda huir de la ciudad, sitiada desde hace días por las tropas rusas y sin electricidad ni agua.

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En Poblado Campestre de Candelaria hallaron cuerpo sin vida abandonado cerca de una quebrada

Autoridades adelantan el levantamiento del cuerpo que correspondería a una persona de sexo masculino.

Noticias Valle

Conmocionados se encuentran los habitantes del sector Manzanares del Poblado Campestre del municipio de Candelaria, por cuenta el hallazgo de un cuerpo sin vida.

Así lo reportó la Red de Apoyo, S.I.C, quien fue alertada de lo sucedido.

Indicaron que al llegar al sitio, efectivamente, encontraron el cuerpo sin vida a la orilla de la quebrada.

“La víctima sería de sexo masculino”, señalaron

Tras lo sucedido autoridades realizan el respetivo levantamiento del cuerpo para trasladarlo hasta Medicina Legal.

Sin embargo, hasta el momento se desconoce la identidad de la víctima  y los móviles de su muerte.





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‘Isla Pechuga’

El nuevo ‘atractivo turístico’ bautizado como ‘Isla Pechuga’ es también una fuerte crítica a Cormagdalena y autoridades que no tomaron medidas preventivas.

Noticias Caribe.

El islote denominado por la gente como ‘Isla Pechuga’, formado en por la sedimentación del río Magdalena y cerca a la zona portuaria, se ha convertido en una preocupación porque allí, han llegado visitantes a pasar un día de playa, incluyendo consumo de licor y el punto , es de riesgo.

Fotos y vídeos fueron enviados al director ejecutivo de Asoportuaria, Clemente Fajardo, quien no se demoró en pronunciarse ante Cormagdalena para un llamado de atención.

Fajardo indicó que este islote es producto del sedimento y la falta de dragado cerca a zonas de giro de los buques, próximo al Puente Pumarejo y por ello es un riesgo.

“Una muestra más de que @Cormagdalena solo reacciona, y muy tarde, a los problemas. No hace estudios, no se anticipa a nada y se entera por terceros de los que ocurre en su jurisdicción”, señaló Fajardo vía twitter.

Ante esto los internautas, reaccionaron de manera humorística ante el «nuevo atractivo turístico» Isla Pechuga.

Y un sin fin de burlas, en las que también señalan «la ineficiencia de Cormagdalena» por este ‘descuido’.

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Es que por el punto donde está ubicado, es un riesgo para realizar actividades de paseo.

Complicada situación 

“Una vez concluidas las labores de dragado en el Dique Direccional, en el kilómetro 14, la draga se dirigirá entre los kilómetros 17 y 21 para atender todas las necesidades para garantizar la seguridad náutica”, informaron desde Cormagdalena.

Desde el año pasado los Pilotos Prácticos de Barranquilla advirtieron sobre «la grave situación y el alto riesgo para las maniobras de las embarcaciones», indica Zona Cero.

Ahora, con la llamada ‘Isla Pechuga’ queda claro el problema.

Esta afloró frente a la Sociedad Portuaria Regional de Barranquilla, es un área de extensión de la Isla Rondón localizada en plena zona del Puente Pumarejo.

«Las formaciones que se observan se encuentran a una distancia de 72 metros entre el afloramiento propiamente dicho y el diseño del canal navegable., con una longitud de 200 metros», indicaron desde la institución.

“Estas áreas serán las próximas que serán intervenidas en el canal de acceso”, le dijeron desde Cormagdalena al medio local.





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Verdadera desescalada, señal o despiste. El Ministerio de Defensa ruso ha anunciado este martes que las unidades de los distritos miliares del oeste y del sur de Rusia, concentradas a lo largo de las fronteras con Ucrania desde hace meses, empezarán a volver a sus bases tras concluir su entrenamiento. El anuncio, que provocó una reacción positiva en los mercados y en el rublo, que ha estado bajo presión, coincide con la llegada a Moscú del canciller alemán, Olaf Scholz, para reunirse con el presidente ruso, Vladímir Putin, y se produce un día después de que el Kremlin señalase que aún hay espacio para el diálogo diplomático. Sin embargo, mientras anuncia que algunos grupos de tropas vuelven a sus cuarteles, Rusia mantiene las maniobras militares en varios sectores y sigue concentrando tropas en otras zonas cercanas a Ucrania.

En la primavera pasada, cuando Rusia anunció la retirada de militares que había concentrado en sus fronteras occidentales y que había desatado la alarma de la Unión Europea y la OTAN, dejó sobre el terreno a varios equipos y la mayoría del armamento pesado. Este martes, el portavoz del ministerio de Defensa ruso, Igor Konashenkov, ha hablado de retirada de contingentes de dos distritos, pero ha anunciado que las tropas rusas seguirán las maniobras “en varios sectores operativos”. “Las Fuerzas Armadas rusas continúan con una serie de ejercicios a gran escala que involucran prácticamente todos los distritos militares, las flotas y las Fuerzas Aerotransportadas”, dijo Konashenkov, citado por la agencia rusa Interfax. Defensa señaló que también se están desarrollando maniobras navales que involucran “barcos de superficie, submarinos y aviación marina en sectores operativos de los océanos del mundo y los mares adyacentes al territorio ruso”.

Rusia ha concentrado a unos 140.000 soldados a lo largo de las fronteras con Ucrania, en la península ucrania de Crimea, que se anexionó ilegalmente en 2014 y en suelo bielorruso, donde realiza maniobras conjuntas con tropas de Minsk, según las estimaciones del Ministerio de Defensa ucranio y de Estados Unidos. El Ejército ruso ha trasladado también hacia el oeste baterías de cohetes y ha desplegado más sistemas de misiles tierra-tierra Iskander. El comandante de las Fuerzas Armadas de Ucrania, Valeriy Zaluzhny, dijo este lunes que Rusia había movilizado entre 85 y 87 grupos tácticos de batallón cerca de Ucrania, con unos 20 más en constante movimiento.

Ante las alertas de Estados Unidos, que ha asegurado que esta semana es decisiva y que el Kremlin podría lanzar una invasión a gran escala en breve, Moscú niega que tenga intención de emprender otra agresión militar contra Ucrania, donde se desarrolla la última guerra de Europa, en el Donbás, ente el Ejército de Kiev y los separatistas prorrusos apoyados por el Kremlin.

Rusia argumenta que puede mover las tropas dentro de su territorio como desee y que es la OTAN la que amenaza la seguridad y la soberanía rusa y que la maniobras belicistas de la Alianza Atlántica (que invitó a Kiev a unirse en 2008, aunque esa membresía no ha avanzado) en Ucrania están provocando la crisis. Moscú acusa a Occidente de preparar provocaciones para iniciar una guerra, mientras Washington cree que Rusia podría estar preparando una operación de falsa bandera para intervenir en Ucrania con la excusa de defender a los ciudadanos de las regiones separatistas de Donetsk y Lugansk, donde ha entregado alrededor de un millón de pasaportes rusos, según estimaciones de altos funcionarios de Rusia.

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Frente a las alertas constantes de Estados Unidos —donde informes de espionaje han llegado a poner incluso fecha a la supuesta invasión, el 16 de febrero, este miércoles—, el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, se esfuerza por pedir calma a una ciudadania que parece tranquila. El Gobierno ucranio teme que en esta guerra de asfixia, Moscú logre su objetivo de desestabilizar el país. “Hoy están asustando a Ucrania con una gran guerra y, una vez más, están fijando la fecha para una invasión militar, pero nuestro estado es más fuerte que nunca”, dijo Zelenski en un discurso televisado el lunes por la noche. El presidente ucranio ha declarado el 16 de febrero como el Día de la Unidad de Ucrania y ha decretado que la bandera ondee en todos los edificios oficiales y que a las 10 de la mañana suene el himno nacional.

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Hallaron cuerpo sin vida

El cuerpo que fue se encontraba cerca de un afluente, corresponde a un hombre afrodescendiente de aproximadamente 30 años de edad.

Noticias Pasto

En avanzado estado de descomposición fue encontrado un cuerpo sin vida en la vía Pasto –El Encano.

Así lo dieron a conocer organismos de socorro, tras señalar que el rescate se registró cerca de las 6:00 de la tarde.

Explicaron que el cadáver se encontraba cerca de un afluente de agua, más exactamente en la vía que conduce al corregimiento de El Encano a la altura del crematorio Monte de los Olivos.

Hallaron cuerpo sin vida en vía a El Encano.

El cadáver en condición de no identificado, corresponde a un hombre afrodescendiente de aproximadamente 30 años de edad.

Enfatizaron en que se encontraba en avanzado estado de descomposición.

“Luego del rescate, el cuerpo fue trasladado hasta las instalaciones de Medicina Legal y Ciencias Forenses, por el Cuerpo Técnico de Investigación, donde buscarán establecer su identidad, edad y las causas reales de su muerte”, sostuvieron.

Noticia en desarrollo…





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se escapó de Medicina Legal en Barranquilla
El sujeto se encontraba en las instalaciones forenses para ser valorado en el proceso de legalización de su captura, y se escapó.

El capturado se encontraba sen las instalaciones forenses para ser valorado, y se escapó.

Noticias Barranquilla.

Este jueves reportan que un sujeto en calidad de capturado, se escapó de las instalaciones de Medicina Legal en la capital del departamento del Atlántico.

Alrededor de las 11 de la mañana, el hombre se fugó de la entidad forense ubicada en el barrio Los Andes de Barranquilla, en condiciones que las autoridades aún no explican.

El capturado fue llevado a Medicina Legal en una camioneta de la Policía junto a otro capturado, y escoltado por dos uniformados.

Esposado con las manos hacia adelante el detenido fue ingresado a la sala de valoración de la entidad forense para poder legalizar su captura, pero en un descuido de los custodios policiales y vigilantes de las instalaciones, se escapó.

Esposado se saltó los barrotes y emprendió la huida corriendo a alta velocidad por la carrera 25 hasta perderse entre las calles.

Sin embargo, uniformados de inmediato iniciaron con labores de búsqueda en el sector para recapturarlo.

Por otra parte, cabe añadir que se desconocen los motivos por los cuales el prófugo se encontraba capturado.

Noticia en desarrollo…
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Comandante de la Policía de Sucre.

El presunto victimario fue capturado por las autoridades.

Noticias Sucre.

La comunidad toludeña se encuentra consternada por el atroz crimen y abuso al que fue sometida una niña de apenas 8 años de edad, habitante del barrio Costa Azul.

Sus familiares la buscaron insistentemente en horas de la noche del pasado lunes 24 de enero a eso de las 6:30 pm, cuando no regresó de la tienda, a donde había ido a comprar un helado.

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En todos los rincones del sector escudriñaron para hallarla pero el esfuerzo fue en vano. Solo hasta el amanecer se supo noticias de la pequeña, pero lamentablemente para su familia un inescrupuloso le había quitado la vida.

De acuerdo a información del portal El Meridiano, en el lugar donde se halló el cuerpo, ya los habitantes del barrio habían buscado sin ningún resultado. Sin embargo, a la mañana siguiente se registró el hallazgo en ese mismo sitio.

Este detalle es investigado por las autoridades.

Se conoció que algunas prendas de vestir de la menor fueron halladas en esa vivienda que fue destruida por la comunidad enardecida reclamando justicia.

Por este repudiable hecho fue capturado un individuo de 29 años de edad,.

Este sujeto fue conducido hasta la URI de la Fiscalía para que responda por los delitos por los cuales se le acusa.

El siguiente es el reporte del Comandante de la Policía del departamento de Sucre, Coronel Ricardo Sánchez.

Máxima condena

Sucreños piden que se le castigue «con todo el peso de la ley».

La pena máxima en Colombia para este tipo de atrocidades es de 60 años, sin rebaja de condenna.

Cabe recordar que en junio de 2021 fue sancionada la Ley ‘Gilma Jiménez’, con el objetivo de encarcelar de por vida a abusadores y violadores de niño. No obstante, meses más tarde fue tumbada por la Corte Constitucional, esta medida de cadena perpetua.

El argumento de los magistrados de la Corte: «La Constitución no permite la cadena perpetua ni la pena de muerte (o pena capital)».

Es de recordar que en Colombia se encuentran privados de la libertad confesos asesinos y abusadores de menores. En su mayoría pagan condenas largas en la Cárcel de Máxima Seguridad de Valledupar, conocida como ‘La Tramacúa’.

Algunos de estos personajes son Rfaael Uribe Noguera y Luis Alfredo Garavito.

Foto de portada: Captura de video

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Robo Mocoa

Es la segunda vez que se registra un hurto similar. Exigen que se redoble la seguridad en la capital putumayense.

Noticias Putumayo

Preocupados por la inseguridad se encuentran los habitantes de Mocoa, por cuenta del millonario robo que se registró en una joyería de la capital

De acuerdo con los propietarios del establecimiento, delincuentes se habrían llevado más de 300 millones de pesos en joyas y objetos de valor.

Según versiones, varios sujetos habrían llegado al establecimiento en horas de la madrugada y tras mover una de las cámaras de seguridad, procedieron a violentar la cortina del acceso.

Posteriormente ubicaron los elementos y se llevaron todo lo que pudieron.

Ya en horas de la mañana el administrador del establecimiento llegó hasta el sitio y fue quien se percató de lo sucedido.

Al ingresar observó que la cortina había sido violentada y que los candados ya no estaban.

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Sin embargo, manifiestan que lo más indignante, es que el hecho se haya presentado a pocos metros del CAI de la Policía.

Señalaron que lo más preocupante es que este es el segundo robo que se registra en esta joyería.

Afirman que a finales del año pasado también ocurrió un hecho similar, razón por la cual hicieron el llamado a las autoridades, para que se pongan al frente de esta situación y den con los responsables de este robo

Sin embargo, las autoridades no se han pronunciado de manera oficial frente a lo ocurrido.



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En un ambiente cada vez más eléctrico por la acumulación de tropas rusas junto a las fronteras ucranias y las alertas de Occidente sobre otra invasión al estratégico país del este, Moscú eleva la tensión con nuevas maniobras militares conjuntas con Bielorrusia. Los ejercicios, que empezarán el 10 de febrero, añaden otro punto caliente al escenario en Ucrania, que comparte alrededor de un millar de kilómetros de fronteras con Bielorrusia, y se suman a otras maniobras rusas en el mar Negro, el Caspio y regiones del sur del Cáucaso próximas a Georgia. Blindados rusos han comenzado este martes a llegar a Bielorrusia. Se unen al movimiento de trenes cargados de decenas de vehículos y armamento que siguen avanzando desde lejanos puntos de Rusia hacia las fronteras orientales.

El Reino Unido, mientras, envió armas a Ucrania, un apoyo “defensivo” en respuesta al “comportamiento cada vez más amenazante de Rusia”, según el responsable de Defensa británico, Ben Wallace. “Hemos tomado la decisión de suministrar a Ucrania sistemas ligeros de armas defensivas antitanque”, dijo Wallace, que invitó a su homólogo ruso, Serguéi Shoigu, a Londres para conversaciones.

Además, “un pequeño número” de especialistas británicos entrenará al ejército ucranio en el uso del armamento suministrado. Instructores de Reino Unido han estado en Ucrania desde 2015, en programas de entrenamiento de las fuerzas armadas y Londres también ha vendido barcos a Kiev y le ha proporcionado un préstamo de unos 2.000 millones de euros para modernizar su armada. Rusia considera una provocación los acuerdos de defensa de Ucrania con sus aliados de Occidente y también la presencia de especialistas militares en el país que va a cumplir ocho años de guerra en la región del Donbás con los separatistas prorrusos apoyados militar y políticamente por el Kremlin. La última guerra de Europa se ha cobrado ya unas 14.000 vidas.

Las maniobras militares de los ejércitos ruso y bielorruso —las segundas importantes de este año, tras las del pasado septiembre— se realizarán entre el 10 y el 20 de febrero. Con el nombre de Determinación Aliada-2022, se desarrollarán en dos puntos: el borde occidental de Bielorrusia, cerca de Lituania y Polonia (ambos miembros de la OTAN), y a lo largo de la frontera con Ucrania, un escenario que la inteligencia de Kiev y de Occidente ya habían anticipado como uno de los puntos posibles de entrada de la amenaza rusa, cuando Minsk y el Kremlin están cada vez más cerca. También temen que estas maniobras sean una treta para colocar de manera semi-permanente botas rusas en Bielorrusia.

Moscú no ha revelado cuántos soldados participarán en las maniobras ni cuánto armamento pesado se va a trasladar, aunque el viceministro de Defensa ruso, Alexander Fomin, apuntó en una sesión informativa este martes con agregados militares que planea enviar 12 cazas Su-35 avanzados y dos baterías de sistemas antiaéreos S-400. Participarán en medidas de búsqueda y destrucción de “formaciones ilegales” y la defensa de la frontera contra “grupos armados de militantes”, según remarcó Fomin, citado por la agencia estatal Tass.

Aleksandr Lukashenko, que gobierna con mano de hierro Bielorrusia desde hace décadas, aseguró el lunes que las maniobras militares conjuntas son necesarias debido al supuesto incremento de fuerzas de la OTAN en Polonia y los Bálticos y por el aumento de soldados ucranios junto a las fronteras con Bielorrusia, una linde bastante porosa que Kiev empezó a reforzar recientemente. Lukashenko, que tradicionalmente había sido un amortiguador entre Rusia y Occidente, está cada vez más cerca del presidente ruso, Vladímir Putin, su apoyo fundamental desde las protestas contra el fraude electoral y por la democracia que sacudieron Bielorrusia en 2020 y que reprimió con dureza.

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El Gobierno ucranio ya ha advertido de que Rusia puede lanzar un nuevo ataque —en 2014 se anexionó la península de Crimea con un referéndum considerado ilegal por la comunidad internacional y celebrado con presencia militar rusa— desde varias direcciones, incluido desde Bielorrusia. Según los cálculos de la inteligencia ucrania y la de EE UU, Rusia ha concentrado unos 80.000 soldados junto a las fronteras ucranias y varios miles más en Crimea. Creen también que el Kremlin no ha tomado aún una decisión sobre otra intervención militar, pero también sostienen que podría estar esperando a que el lodoso suelo de sus fronteras orientales y el este de Ucrania se congele para operar sin problemas con los vehículos pesados.

Moscú, mientras, niega planes de invasión, argumenta que puede movilizar a sus tropas con total libertad dentro de sus fronteras y que lo hace por la “amenaza creciente” de la OTAN. Putin exige a la Alianza Atlántica y a Estados Unidos garantías por escrito de que Ucrania y otros países miembros de la antigua URSS (como Georgia) no se unirán a la organización, pese a que recibieron la invitación en 2008; una invitación que está lejos de materializarse.

El Kremlin busca, además, algún tipo de acuerdo legal que obligue a la OTAN a retirarse a las posiciones que ocupaba en 1997. Moscú, Washington y la Alianza han mantenido conversaciones diplomáticas este mes sobre el tema sin llegar a ninguna solución para desescalar una situación cada vez más caldeada.

Cuando la tensión aumenta, el Ministerio de Defensa de Ucrania ha anunciado este martes que acelerará los planes para formar batallones de reservistas, que permitirán el despliegue rápido de unos 130.000 reclutas para sumar a su ejército de unos 240.000 militares; batallones que incluirán a voluntarios de las Fuerzas de Defensa Territorial, a las que se han apuntado personas de entre 18 y 60 años.

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